Nicaula de Sabá
Reina de Sabá, emperatriz oriental y sibila inspirada, que viaja a Jerusalén para conocer a Salomón, pone a prueba su sabiduría, intercede por dos condenados y profetiza el destino sagrado del madero.
Pedro Calderón de la Barca
Data de publicação do resumo: 18 de junho de 2026
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Citação sugerida
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Jerusalén, durante el reinado de Salomón y en el marco de la construcción del Templo, el monarca recibe de Dios la misión sagrada y envía a Candaces al Líbano y a Irán a Sabá para reunir materiales y riquezas. En la India oriental o Etiopía de la ficción dramática, Nicaula, reina de Sabá y sibila profética, oye la fama de Salomón, anuncia misteriosamente un madero salvador y viaja a Jerusalén, donde intercede por Joab y Semey y admira la sabiduría del rey. Entre el Líbano, los jardines y el puente del Cedrón, la acción enlaza amor, justicia y profecía, hasta que la reina revela que el árbol traído para la obra de Salomón está destinado en realidad a la futura Cruz del Mesías.
La obra comienza con una revelación divina a Salomón, a quien Dios encomienda la construcción del Templo de Jerusalén y le concede sabiduría extraordinaria para gobernar y cumplir esa misión. Ya convertido en rey pacífico tras las guerras de David, Salomón convoca a Candaces, rey de Egipto, y a Irán, rey de Tiro, para que colaboren en la empresa: el primero deberá talar los árboles del Líbano y el segundo viajar a Sabá para pedir a su reina, Nicaula, maderas aromáticas, bálsamos y riquezas para el santuario. Mientras tanto, en el reino de Sabá se presenta a Nicaula como soberana sabia, profetisa y sibila inspirada por un solo Dios, retirada a veces a la soledad para pronunciar misterios que luego ella misma no recuerda con claridad. Ante su pueblo y ante personajes de su corte, entre ellos Irisile, Mandinga y el cautivo Livio, la reina anuncia oscuramente la venida de un madero singular que será remedio del primero que trajo la muerte y tendrá relación con la salvación y el juicio universal. Poco después llega Irán por mar, refiere a Nicaula la grandeza de Salomón y le transmite su embajada; admirada por la fama de su ciencia y de su poder, la reina decide acudir personalmente a Jerusalén, llevando dones y proponiéndose comprobar si el rey hebreo es verdaderamente superior a ella en saber y majestad.
En la segunda jornada, el trayecto de Nicaula hacia Jerusalén se cruza con el Líbano, donde Candaces dirige la tala de los árboles destinados al Templo. Allí la reina encuentra a Joab, antiguo general de David, fugitivo y oculto como un salvaje en una cueva, y oye de su boca la historia de su culpa: haber dado muerte a Absalón contra la voluntad expresa del rey. También aparece Semey, condenado por haber maldecido a David. Ambos viven esperando la ejecución decretada por Salomón, y Nicaula se compadece de ellos y promete interceder por sus vidas. En ese mismo lugar se destaca un árbol extraordinario, asociado por tradición a los tiempos antiguos desde Noé y Jericó, hijo suyo; la reina lo reconoce como sagrado y, cuando intentan cortarlo, ocurren prodigios de sangre y confusión visual, pues unos lo ven palma, otros cedro y otros ciprés. Nicaula interpreta esa triple apariencia como figura de un misterio divino, y aun así el árbol es llevado a Jerusalén como cosa admirable. Llegada la reina a la ciudad santa, contempla la magnificencia de la corte, del Templo en construcción y de Salomón, y ambos se reciben con mutua admiración y un evidente afecto amoroso. En presencia del rey, Nicaula solicita como primera merced el perdón de Joab y Semey; pero Salomón, prudente y justiciero, aplaza la decisión y le ordena escoger después cuál de los dos ha de vivir, pues no piensa conceder indiscriminadamente vida a ambos.
La tercera jornada desarrolla el trato más íntimo entre Salomón y Nicaula en los jardines de Jerusalén, donde la reina somete al monarca a juegos de ingenio, enigmas y pruebas de discernimiento, que él resuelve con facilidad, reforzando su fama de sabio. Al mismo tiempo crece entre los dos una atracción amorosa que el propio Salomón ve como peligrosa, pues un sueño o visión le advierte contra el amor a mujeres extranjeras. Cuando por fin se reabre el pleito de Joab y Semey, Nicaula se inclina por salvar a Joab, atendiendo a los servicios prestados y a la aparente menor gravedad de una acción impetuosa frente a una maldición verbal; sin embargo, Salomón corrige ese juicio y decide perdonar a Semey por haber ofendido solo al rey, mientras condena a Joab por el homicidio de Absalón, que considera agravio contra Dios y no mera injuria personal. Poco después, al disponerse ambos a pasar sobre un puente improvisado con el árbol desechado del Líbano, Nicaula se detiene sobrecogida y, arrebatada por el espíritu profético, revela la historia completa del madero: procede del árbol mostrado a Set como cifra de la misericordia futura, nace ligado a la muerte de Adán, pasa por el diluvio y el Líbano y llega a Jerusalén no para el Templo de Salomón, sino para una fábrica más alta. La sibila anuncia entonces que ese leño sostendrá al Mesías crucificado, verdadero Hijo de Dios, y describe de modo anticipado la Pasión y los trastornos cósmicos que la acompañarán. Reconocido el carácter sagrado del árbol, Salomón y Nicaula lo adoran y ordenan depositarlo con veneración, de manera que la obra concluye uniendo la historia de la reina de Sabá y de Salomón con la prefiguración cristiana del árbol de la Cruz.
Reina de Sabá, emperatriz oriental y sibila inspirada, que viaja a Jerusalén para conocer a Salomón, pone a prueba su sabiduría, intercede por dos condenados y profetiza el destino sagrado del madero.
Rey de Jerusalén e hijo de David, elegido por Dios para construir el Templo y dotado de sabiduría singular; dirige la acción política, juzga a los culpables y recibe la revelación final sobre el árbol.
Antiguo general de David, perseguido por haber matado a Absalón; su causa sirve para mostrar el criterio de justicia de Salomón y provoca la petición de clemencia de la reina.
Personaje condenado por haber maldecido a David; contrasta con Joab en el juicio final, pues su delito resulta perdonado por Salomón como ofensa personal del rey y no como crimen mayor.
Rey de Egipto, colaborador de Salomón en la tala del Líbano; participa en el hallazgo y traslado del árbol prodigioso a Jerusalén.
Rey de Tiro y embajador de Salomón ante la reina de Sabá; lleva a Jerusalén la noticia de la llegada de Nicaula y media entre ambos mundos cortesanos.
Criado o acompañante cómico de la reina de Sabá, importante en varias escenas por su presencia continua, su habla peculiar y su función de contraste con la solemnidad profética.
Dama cercana a la reina de Sabá, interlocutora en escenas de corte y de jardín, útil para presentar la situación afectiva y los juegos de ingenio entre Nicaula y Salomón.
Rey de Palmira vencido y cautivo en Sabá, cuya conversación inicial ayuda a caracterizar a Nicaula como soberana profética y poderosa.
Centro político y religioso de la obra, donde reina Salomón, se construye el Templo y se desarrollan la recepción de la reina de Sabá, los juicios y la revelación final.
Monte boscoso del que se extraen los árboles para el Templo; allí aparecen Joab y Semey escondidos y se descubre el madero prodigioso que luego será llevado a Jerusalén.
Reino oriental de Nicaula, presentado como tierra rica, aromática y abrasada por el sol; es el punto de partida de la reina y el primer marco de sus profecías.
Espacio cortesano de descanso, diálogo amoroso y pruebas de ingenio entre Salomón y Nicaula, donde madura el conflicto entre sabiduría, pasión y juicio.
Lugar decisivo del desenlace, pues allí se coloca provisionalmente el madero rechazado para el Templo y allí la reina reconoce su destino futuro como Cruz.
Espacio sagrado asociado a la misión dada por Dios a Salomón; representa el gran proyecto material y religioso que, sin embargo, queda superado simbólicamente por el destino del otro madero.
Paraje de soledad desde el que Nicaula sale arrebatada por el furor profético para anunciar enigmas sobre la historia sagrada y la redención.
Toda la acción converge en la identificación de un madero extraordinario que no sirve para el Templo de Salomón, sino que queda destinado al futuro sacrificio del Mesías y a la redención humana.
La obra insiste en la fama de Salomón como rey sabio, capaz de discernir enigmas, gobernar con prudencia y decidir entre justicia y piedad en el caso de Joab y Semey.
Nicaula aparece como sibila inspirada que anuncia misterios divinos de difícil comprensión inmediata, y su palabra profética ordena retrospectivamente toda la trama.
El argumento presenta el contacto entre Jerusalén, Egipto, Tiro y Sabá mediante embajadas, viajes y ceremonias que subrayan el prestigio político y simbólico de Salomón y de la reina oriental.
La petición de perdón para los condenados permite examinar los límites de la misericordia y la diferencia entre la ofensa personal al rey y el delito que se considera agravio contra Dios.
La atracción entre Salomón y Nicaula recorre la obra y se expresa en elogios mutuos y escenas cortesanas, pero también aparece sometida a advertencia religiosa en la visión del rey.
El drama enlaza a Adán, Set, Noé, David, Salomón y el Mesías en una misma cadena providencial, de modo que el pasado bíblico queda orientado hacia su cumplimiento futuro.