Texto digital de Todo está sujeto a amor
Data de publicação: 22 de agosto de 2026
Metadados da obra
- Atribuição tradicional
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- Gaspar Saravia y Mendoza Provável
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- Comedia
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- El texto procede de la transcripción automática de un manuscrito de la BNE (signatura MSS/14890).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Todo está sujeto a amor. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/todo-esta-sujeto-a-amor.
TODO ESTÁ SUJETO A AMOR
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Jornada primera
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Todo está sujeto a amor. Comedia. De don Gaspar de Saravia y Mendoza. Daciano, príncipe de Roma. Pompeyo, general. Un infante. Severo, emperador bárbaro. Pomete, gracioso. Ptolomeo, segundo bárbaro. Astrea, reina de Atenas. Lucelinda, su prima. Lamia, infanta. Livia, graciosa. Criadas. Músicos. Jornada primera.
Salen por las dos puertas Daciano y Pompeyo con bastones de la mayor gala que puedan
A rústica montaña,
cuya elevada frente, de cabaña
servir al sol pudiera,
cuando devana luces su carrera,
cuyos trópicos bellos
gigante asaltas al discurrir en ellos?
Rudo embarazo en bruta monarquía,
que al primer esplendor saluda al día.
A de ese altivo risco,
pirámide de flores y obelisco
soberbio que atesora
el aljófar que el alba al salir llora,
si ya no es que la noche,
que al ver predominar
de rico coche,
tirando luces y esgrimiendo rayos,
llena de envidia, en pálidos desmayos.
A de ese monte, al fin vegetativo,
república de fresnos, donde esquivo
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A ese laurel corona tu cabeza,
imitando de Dafne la aspereza,
atalaya del alba que registra
cuanto cóncavo seno el sol ministra.
Pero, ¿quién va, Pompeyo?
Es una alteza.
Yo soy que, agradecido a tu fineza,
con los brazos te espero.
¿Indigno soy, señor?
Llega, y primero
que gastes ceremonias excusadas,
dime si has conseguido las deseadas
noticias que esperamos
de esa injuria a Venus que buscamos.
De esa rara altiveza
que peregrino agravió su belleza,
vive a su culto, y el desempeño toma
a cargo mi cuidado, pues a Roma
(en su opulento templo me decida)
no volveré sin ofrecer su vida,
víctima de sus aras;
a cuyo fin, mandé que tú tomaras
noticia por la parte
de ese fragoso bosque, a quien el arte
no supo delinear a su camino,
¿siendo fragante senda del destino?
Y yo, por la ribera
de aqueste risco, a quien la primavera
pulió con tal cuidado
que aun a la admiración se ha adelantado,
dejando nuestra armada
hasta volver nosotros retirada.
Nadie hallar he podido,
por más que todo el monte he discurrido.
Nadie, Pompeyo, mi planta diligente
pudo encontrar tampoco; pero vente
hacia aqueste alcázar opulento
a quien corona la región el viento.
Sale encima de un montecillo que ha de haber de yedra Ptolomeo.
¿Quién ha penetrado
lo intrincado del monte, y me ha llamado?
Ven, venerable anciano,
desciende aquesa cumbre, baja al llano.
De ese monte eminente
a quien corona el sol su adusta frente,
cuya elevada punta
si a los cielos no escala, está tan junta,
gigante organizado, cuando sube
que es tapete a su planta aquella nube,
que a la región del fuego la atraviesa,
¿y subiendo vapor, baja pavesa?
Antes que os obedezca, saber quiero,
quién sois, y a qué venís, hablad primero.
Daciano es quien te ha hablado,
Augusto en Roma, príncipe jurado.
Y yo Pompeyo soy, que de severo
César Augusto, su bastón adquiero.
¿Qué esperas, si quién soy, el lauro dice?
¿Qué te detienes, baja?
¡Ay, infelice!
Baja.
Qué grave daño el alma ha recelado,
pues la mar de bajeles ha poblado,
y de tropas marciales la campaña.
Ya la nieve del rostro el llanto baña.
No solo obedecido
estás de mí, pero a tus pies rendido
tienes a Ptolomeo.
Alza del suelo,
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que norte has de servir de mi desvelo.
¿Qué es lo que mandas
(mi confusión es mucha)
que pendiente me tienes?
Pues escucha;
¿cuyo es palacio
que en suntuoso espacio
el aire le embaraza,
a cuyo chapitel verde se enlaza
aquel laurel, que en tosca pesadumbre,
por rey de los demás, jura la cumbre
de aquel arisco elevado
que en sus ramas se mira coronado?
Es alcázar de Astrea,
hija infeliz de Delfo, y Clariquea,
rey de Atenas, adonde
el más divino sol su centro esconde?
Hasta que pase el plazo señalado
de una amenaza, que le influye el hado.
Esta es, Pompeyo, la que Venus dice
que vive a agravio suyo, y nos predice,
y puesto que por víctima su vida
en aras de su templo, está ofrecida,
prisionera la hagamos.
Guía tú, Ptolomeo.
¿Qué esperamos,
si en desenojo suyo la ofreciste
víctima a su deidad?
¡Ay de mí, triste!
Atajad lo intrincado, y la maleza,
los que no huya del riesgo su belleza.
¡Oh deidad varia! ¡Oh trágica fortuna!
¡Imagen imitada de la luna!
Señor, atiende; advierte;
Ven con nosotros, o te daré la muerte.
Quítame a mí la vida
como la suya dejes concedida.
Por la suya he venido
que en las aras de Venus la he ofrecido
en desagravio, pues quiso su locura
competir su deidad con su hermosura.
¡Oh amenaza del hado!
¿En vano intenta huir un desdichado
tu rigor enemigo,
pues huyendo te lleva a ti consigo?
Dígalo Astrea, pues por más guardada
la trujeron aquí, donde arriesgada
más debe su beldad en tiernos años
para dejar al tiempo desengaños
y entre trágica historia
lamentable suceso a la memoria.
¿Qué te detienes, Tolomeo? Guía.
Ya, deidad, ha llegado el feliz día
que a tus injurias siga la venganza,
y en mí la posesión a la esperanza,
cumpliendo tu promesa en mi fineza,
dándome esposa de Lamia la belleza.
Vanse y salen huyendo Astrea, Lucelinda, Livia y criadas, diciendo los dos versos dentro.
¡Justicia, dioses!
¡Júpiter, clemencia!
¡Piedad, si eres deidad, en mi inocencia!
Ved, dioses, no es decente
víctima sea, sangre de inocente.
¿Qué culpa he cometido
a tal castigo? Si el haber nacido
es el delito, y ofendí naciendo,
¿a qué nací, si he de pagar muriendo?
Los que me disteis vida
para vivir del hado perseguida
desde mi primer cuna,
en el vario desdén de la fortuna,
¿qué gloria, qué victoria, triunfo o palma
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es dar, para quitar, aun mortal alma,
ni infundirle el aliento en densas venas,
si apenas nace, cuando nace apenas?
No respondáis que ya me satisface
el saber que naciendo a morir nace.
¡Ataja!
Al valle.
Al monte.
A la aspereza.
Salen Daciano, Pompeyo, y soldados con armas.
Prendedla, ¿que aquí está rara belleza?
Llevadlas, mas tened; ¿prodigio hermoso?
¿cómo he de ser con ella riguroso?
¿ceda el rigor, mi amor, en mi desvelo?
¿que si es Venus deidad? ¿esta es el cielo?
¿qué importara, no darla esta victoria,
si ella queda sin cielo, y yo con gloria?
mas ¿cómo facilito
usar de la piedad, en su delito?
Primero en Venus son sus desenojos
miento mil veces, primero son sus ojos;
viéndola enternecida
pues compra en cada lágrima una vida;
y si su vida es culpa, libre quede,
que ella sola, dar vida a mi ser puede.
Arrodíllase Astrea.
A Vuestra Alteza, Daciano heroico, Príncipe glorioso,
gloria de Roma, asunto de la fama;
que aun más allá el vuelo caudaloso
del águila imperial tu voz se aclama
¿obra como señor, no riguroso?
por postrarme a tus pies, llorando, y dama,
¿pues el saber vencerse en sus pasiones
es el mayor blasón, de los blasones?
Con quien tanto rigor, con quien airado,
tanta tropa conduces belicosa,
con quien tanto bajel, con que poblado,
tienes el mar, campaña procelosa
con quien tanto valor muestras osado
contra una mujer, no, que aunque no hermosa,
basta ser mujer en tus trofeos
¿a no manchar tu acero tus deseos?
¿qué triunfo, qué renombre, qué victoria,
es blandir la cuchilla, que templada,
terror fue airado en una, y otra gloria,
de tanta armada lid, desbaratada?
Pues el ser contra mí, más que memoria
fuera nivelo, que en tu luz borrada
dijera por padrón: este sañudo,
mató mujer que el llanto fue su escudo.
Príncipe eres, luce en lo piadoso;
¿galán naciste, muestra tu fineza?
¿Señor te miras, obra generoso?
Discreto eres, usa tu agudeza.
¿Valiente vives, no seas riguroso?
Valor te asiste, vence tu flaqueza,
¿poder te sobra, mira tu decoro?
Por mujer; por postrada; y por que lloro.
No se humille tu hermosura.
¿Alza en mis brazos, Astrea?
que nunca tener al cielo
ha merecido la tierra;
no desperdicien tus ojos
las perlas, que tanto cuestan,
¿que a cada lágrima, un alma
aun no se compra con ella?
¿el gusto de obedecerte,
al pesar disculpa sea?
Que no es mucho llegue ciego,
el que, a tu presencia llega;
No lloréis más, bellos ojos.
si vengar queréis mi ofensa;
baste venir yo a quitaros
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la vida, y volver sin ella,
¿qué más castigo queréis
de quien a un delito yerra!
que, ¿quién vino a arrastrar triunfos?
A ser despojos apela.
Admitidlos vos por tales
y quedarán satisfechas
como vos de mis piedades
mis piedades de las vuestras.
¿No os había visto, que a veros,
el no veros, conveniencia
fuera del alma, si acaso
el no perderse quisiera?
Mas nunca más bien hallada
está, que cuando se pierda,
¿porque de interés de veros
está bien quista su queja?
Y antes que no con la duda
culpada la acción se entienda;
es bien que quien notar supo
la acción, la disculpa sepa;
en Roma, ciudad ilustre
cuya Babilonia nueva
gigantes segunda vez
escalar el cielo intentan
tantas elevadas torres
que del alba centinelas,
luz a luz, y rayo a rayo,
¿registran la luz primera?
De tanto Augusto monarca
corte al fin, sin competencia;
pues no hay con quien competir
sino es que contigo mesma
lauro a la deidad de Venus
el Augusto Julio César,
un templo, cuyo opulento
edificio, pero deja
de ponderar mi cuidado
su suntuosa grandeza,
pues con decir que era suyo
¿acreditada se queda?
Tiberio Augusto después
edificó otro, a la puesta
colina, porque a su culto
¿su veneración creciera?
Colocó en su panteón
su imagen, y por grandeza
entre las preciosas joyas
que la adornan, fue una perla
hermana de la que tuvo
Cleopatra, gitana bella?
que con áspides al pecho
hizo la mayor tragedia?
Dádiva tan como suya
que ella por sí sola, pesa
media onza, a cuyo valor
corto el guarismo se cierra.
A cuyo culto, y a cuyo
oráculo, por respuesta
acude todo el imperio.
Próspero, o adverso sea
el suceso, o bien temido
o deseado, ¿quién dijera
que habiendo deidad con alma,
se diera culto a una piedra?
¿Quién no os ha visto, que a veros
a su deidad desmintiera,
restituyéndoos a vos
lo que usurpó para aquella?
Perdone Venus su injuria
si es injuria, la que es fuerza
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de mérito, en otros, o los
por de superior esfera;
o vengue en mí sus agravios,
que si ya mi vida es vuestra,
el amenazado anuncia
no muda ser, sino esencia;
en efecto lo uno de ellos
hice en víctimas sangrientas
holocaustos a sus aras,
porque grata concediera
a mi ruego, ¿escuchó el ruego?
y las ceremonias hechas,
respondió que sí propicia
quiero, a mi ruego conceda
en ser de Lamia divina,
hija de Agen., Rey de Grecia,
esposo y feliz amante,
que a sus injurias atienda
primero, y que a sus venganzas
¿mi cuidado la ofreciera?
ofrecílo, y atendiendo
obediente a mi promesa
me dijo, (aquí el labio duda)
que erais vos, (el pecho tiembla)
quien en baldón suyo vive
¿a negarla el culto opuesta?
y que así por el castigo
al delito se siguiera;
porque viesen sacrificio
la que antes se animó ofensa;
con la armada prevenida
vuestra persona prendiera,
y siendo posible, viva
¿os llevase, o si no muerta?
porque menos que mi aliento
vuestra vida no ofreciera,
no lograría los brazos
de la que fue amada prenda;
lo amante, porque en diciendo
ser amante, es consecuencia
que lo fino se le siga
al que de serlo se precia;
atendiendo a aquel amor
sin mirar otra belleza,
lo ofrecí segunda vez,
y enterado de las señas
del palacio que habitarais,
partí, a toda diligencia.
esta, Astrea, fue la causa
de mi venida, y aquesta
la disculpa que mi amor
os previene, y si perdiera
no Lamia, no la corona,
que hija de Severo hereda
mi valor, pero la vida
y mil vidas, que tuviera,
si se conspirara el cielo
contra mí, y si sus estrellas
influyeran más desdichas
¿que tiene esa mar arenas?
si Venus, si las deidades,
contra mi vida pusieran
tormentos, crueldades, ansias,
calamidades, y penas,
al fin, si conjuración
vil, todas juntas hicieran
por vos, lo he de padecer
primero que os ofendiera.
¿Segunda vez a tus plantas?
Cesa, Astrea, no agradezcas
lo que es interés del alma.
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que si paga tu belleza
con ese agradecimiento
quita el mérito a la deuda,
otro rumbo, otro designio,
ha de tomar tu fineza
si quieres pagar la mía.
¿Cuál ha de ser?
Que merezca
tu divina mano en vez
de la que me espera en Grecia.
Señor, repara
Pompeyo,
calla y obedece.
Advierta
vuestra Alteza.
Bien está.
Que eso es dar disgusto al César,
mi señor.
¿Mas que te quito
la vida, si me aconsejas?
Señor, con menos pasión,
y con más razón, es fuerza
que vuestra Alteza repare
primero, que se resuelva,
que hay muchas dificultades
(aunque sean verdaderas
sus finezas) en cumplir
lo que ofrece su grandeza.
Ninguna dificultad
halla mi amor, que no venza
mi poder, y para que
no se acuse
Aparte.
Yo estoy muerta.
Que sin salvarlas primero
tu hermosa mano pretenda,
proponed, responderé.
Es, gran señor, la primera
atender que han de seguirse
por vos las precisas guerras
que, si os quedáis, amenazan
a esta provincia, ¿en qué deja,
siendo tan cierto el peligro,
disculpa a la resistencia?
¿Siempre mi padre a mi gusto
mirará más, que a su queja,
viéndome también empleado?
Es la segunda propuesta
esperar, Lamia divina,
que deis a Roma la vuelta
para entregaros su mano,
y estando vos de sus prendas
tan enamorado, es cierto
que de ingrato acuse a aquella
vuestro amor, y de mudable.
Razones, que por las mismas
es fuerza, que si os admito
que de poco firme os tema.
¿Por qué?
Porque encareciendo
tanto, su rara belleza,
y ahora olvidando sus ojos
por la mía, es consecuencia
que sea mudable conmigo
quien fue ingrato con aquella.
Ese argumento os dará
la acción disculpa, y respuesta;
pues consecuencia es también
que quien pudo en mi fineza
que revocara el pretexto
que me condujo a esta empresa,
pudo arrebatarme el alma
con mayor poder, más fuerza,
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de hermosura, pues es cierto
que si en sí no la tuviera
no cediera, y no era símil
tuviera el pecho de cera
para usar de la piedad
y para amaros de hiedra.
Yo me abraso.
¿Aquesse incendio
ausentándose se hiela?
(dado que en tan breve tiempo
materia hallara dispuesta
para esse fuego).
El de Amor
no al de material materia
se compara, porque tiene
su voracidad, opuesta
causa al efecto que aquel
consume, y este conserva?
Aquel tiene actividad
mientras reducidos deja
en ceniza los efectos!
Aqueste tiene violencia
mientras que más se retira
de la causa que le aqueja?
Porque el incendio de Amor,
no es llama por ser hoguera
ni es fuego por ser incendio;
es arder en la apariencia
que introduce entre sí el Alma,
que como se ve sujeta
al desdén, de aquel objeto
que arrebató sus potencias
luchando con su albedrío
se enciende en sus impaciencias
y consumiéndose en él,
en los arriesgos de perderla
en lo interior del afecto
no arde en sí, pero se quema?
Aunque lisonjas, la estimo;
La tercera es que se arriesga
vuestra persona, si a Venus
no le cumplís la promesa.
Si a ofensa de los Dioses
como sea tuya; viviera,
al interés de mi dicha
a su poder no temiera?
Demás que si este peligro
anunciado, se cumpliera,
en tu vida, y si mi vida
estriba en que tú la tengas?
siendo tan tuya, la mía,
(en lo preciso) ofreciera
primero que no la tuya
a sus Aras mi cabeza;
que si es un ser y una vida
dos que se quieren de veras;
viva la mitad que adoro
y la mitad mía muera.
¿Quién me asegura?
Mi Amor.
¿Y la Armada?
Que se vuelva.
¿Y tu Padre?
Que se enoje.
¿Y Lamia?
Mas que se pierda.
¿Y Venus?
Mas que se irrite,
¡Y si el Cielo!
Nada fuera
posible a que me mudara,
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que lo que pudiera adversa
mi fortuna, es no te goce;
pero no que no te quieras,
admite mi mano.
¡Cielos,
cómo sufrís esta ofensa!
Deidades, cuando el poder
en vuestro rigor se ostenta,
¿si permitís tanto agravio?
Sale Soruete y, mientras habla con Daciano, hablan aparte Lucelinda y Astrea.
Señores, vuestra Princesa
es de plomo, mas ¿qué miro?
por Baco, que se requiebran.
¿Quién ha entrado aquí?
Soruete,
que mirando que te quemas
en los ojos de la Infanta,
he entrado porque me bebas.
Escucha, Soruete.
Escucho.
Mira.
Miro.
Llega, llega.
Llego, llego.
Óyeme.
Oigo.
¿Qué te ha parecido Astrea?
¿Y para eso, señor,
eran tantas advertencias?
Mujer como las demás.
Loco, ¿así me la desprecias?
A no ver que eras bufón,
te sacara aquí la lengua.
Mira aquel pelo que en ondas
el hermoso cuello anega,
donde el ébano se adula
entre sus lisonjas crespas;
Mira que estoy yo presente,
¿no tanto me la encarezcas?
Mira la espaciosa frente
entre cuya plata tersa,
hace relieves el aire
de algunas perdidas hebras;
mira sus divinos ojos
entre cuyas luces negras
el Sol dormido se acoge,
¿o lascivo se recrea?
Mira su hermosa pestaña
que en cada punta una flecha
vibrado arpón amenaza.
Según eso será cuerda.
Mira en diluvios de copos
aquella nevada sierra
de su torneada garganta.
¿La mía es Sierra Morena?
¿Y cómo anegar se mira
aquella cándida felpa?
Al serenar de sus ojos
dos Iris su cielo enseñan.
Mira.
Detente, señor,
¿quieres casarme con ella?
Porque según me la alabas
no sé qué otra cosa sea.
Mira la nariz que baja
a dividir competencias
del nácar de sus mejillas
en dos tan rapaces guerras.
Mira aquel breve carmín
donde dio naturaleza
tósigo fragante al labio
en golosinas sedientas;
Bolsillo de miserable.
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parece según se cierra.
Mira el talle que garboso
hace temer si se quiebra,
por la delgada cintura.
Para poeta era buena,
porque discurre delgado.
Mira el pie, que por la arena
nevado copo se mira,
y a la cinta que la asea
dibujada flor parece
que bordó la primavera.
¿Y en qué para todo aquesto?
¿En qué me quedo?
¿Te quedas?
¿A ser Clicie de sus rayos?
¡Pesia al alma de tu flema!
¿Acabarás de decirlo?
Que como yo coma, y beba,
cualquiera parte es mi patria,
como coma, vista, y duerma.
Vuélvese Astrea.
Señora, es loco, y su tema
es hablar conmigo a veces.
Lucelinda, tus promesas
desterrando mis temores
¿a que te admita, me alienta?
Vive segura de mí,
que si dejarte quisiera,
a mis mágicos conjuros
me obedeciera la tierra,
la mar, el fuego, los vientos;
y en fatales apariencias,
que de el postrer parasismo
el mundo en tu enojo hiciera
caducar a aquese velo,
y de sus constantes ruedas
se desquiciaran los ejes
a mi mando, y al fin vieras
que todos cuatro elementos,
al oír mi voz, perdieran
su natural curso, el cielo
fuera lúgubre tiniebla,
el aire se encapotara,
y con súbita violencia
el más opulento risco
a mi mandado huyera;
la mar, torre de Niembrot,
en rizada espuma vieras,
y el bajel, Babel de lino,
que escalar el cielo intenta,
y luego precipitada
al través consigo diera
en el más oculto abismo
que sus entrañas encierra;
en fuego ardieran los montes,
la tierra se estremeciera;
¿si me tienes tú, qué temes?
¿si soy tuya, qué recelas?
Daciano, aquesta es mi mano,
tuya el alma se confiesa.
Pompeyo, vuelve a embarcarte,
y toma a Roma la vuelta,
di a mi padre lo que adoro,
y si quiere que no pierda
su imperio su sucesor,
y su perdón me conceda,
que Astrea ha de ser mi esposa,
aunque el mundo se opusiera.
Presto verás el castigo
seguido a la inobediencia.
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Vase.
¡Tocad a embarcar, soldados!
Entra, tú, divina prenda,
porque a vista de tus ojos
experimentes mis finezas.
Entra tú.
Ya yo te sigo.
Vase.
Qué fortuna.
Vase.
Qué belleza,
qué disculpado delito.
Dime, Livia, ¿la despensa
de aqueste palacio corre
por ventura por tu cuenta?
Sí.
Pues acá de los míos,
que soy tan perro de muestra,
que lo eché de ver al punto.
¿En qué, sorrete?
En ser puerca.
Vanse, y salen Severo Emperador, Seta, Infante y Acompañamiento.
Del Príncipe cuidadoso
vive el pecho en esta ausencia.
Presto vendrá a tu presencia
como verás victorioso.
No lo dudo, mas quejoso
viviera de mí, mi amor,
a no sentirlo.
Señor,
son pasiones naturales
de afectos tan paternales
como tuyos.
Su valor
no solo sabría vencer
triunfo tan corto, en que fundo
mi sosiego, pero el mundo
ámbito breve ha de ser.
No es tan fácil, señor, tanto
como a ti te ha parecido.
¿Pues en qué lo has presumido?
Son grandes armas el llanto,
y una mujer ofendida
llora, y el que tiene honor,
¿cómo ha de tener valor
si la mira enternecida,
de más que si su beldad
es como dice la fama?
Mal podrá con una dama
usar Daciano crueldad.
Tocan un clarín.
Eso fuera si intentara
el quitarla la corona,
que allí, viendo su persona,
su pretexto revocara;
porque mi hijo no fuera
quien a una dama ofendía,
y a usar de la tiranía
al Príncipe aborreciera.
¿Qué es esto?
Un clarín tocaron,
y ya más cerca se escucha.
Mi alegría ha de ser mucha
si es el Príncipe, y la hallaron,
quien duda que prisionera
a su mano ha de venir.
Salgámosle a recibir.
Sale Pompeyo.
Detente, señor, espera,
déjame besar tu planta,
y permíteme licencia
pues que llegue a tu presencia,
que hables.
¡Pompeyo, levanta!
¿Adónde el Príncipe queda?
¿Viene presa Astrea, di?
Dímelo presto, ¿si es sí?
No sé qué decirte pueda.
Pag. 15
que todo soy turbación.
Habla, y no en vano penado
el veneno dilatado
me des con la confusión.
Pues lo deseas saber
valeré de tu cordura.
Ya temo mi desventura
que ha llegado a suceder.
Ya sabes, César Augusto,
(hoy los episodios callen,
que en día de sentimientos
no es justo,) a lo esencial pasen
cómo salimos de Roma
su Alteza, (que el Cielo guarde)
y yo como General
de tus Armas, una tarde
con la prevenida Armada
que en trofeos militares
la tierra y la Mar oprimen
siguiendo tus Estandartes,
de blanda lisonja al viento
con las Águilas que Reales
venera el Tíber, y el Nilo
tiemblan dende el Janto al Ganges?
Llegamos a Atenas pues,
adonde en sus Campos yace
dividido quince millas
un Palacio que Gigante
aspira, por su soberbia
ser de los Cielos Atlante
o Escala tan elevada?
que en las Regiones del Aire
no se permite a los ojos,
pues, su encumbrado remate
toca la región del fuego?
y luego por otra parte
por no abrasarse a su incendio?
del Mar, con las aguas bate
su primor al fin, que estaba
en este Alcázar (o falte
la voz en mi sentimiento
por que el tuyo no te acabe)
Astrea aquella hermosura
que en el templo inexpugnable
de Venus fue presidida
por injuria de su imagen?
Llegamos a su contorno
en cuya apacible margen
parece que vistió el Mayo
de Ambar las flores que lamen
aun despeñado Arroyuelo;
que con cristalinos trastes
era cítara de plata,
a cuyo compás las aves
con facistoles de pluma
cantan en sus soledades
dulces endechas; a quien
(por que lo acorde no falte)
el contrapunto le echaba
las verdes ramas de un sauce?
conducidos de una guía
(quien aprisionamos antes)
llegó a sus soberbias puertas
cuyo pórtico admirable
era en extremos de oro
labrado a buril un Jaspe.
en sus cornisas estaba
fabricadas de metales
de las Atenienses Armas,
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su Escudo, y más adelante
colocada la fortuna
a un nicho que el maridaje
de ébano, y marfil guarnecen
a trechos varios Diamantes?
entramos pues, en su busca
pero al instante que sabe
nuestro intento, en vez de fuga
a recibir agradable
(sin recelar el peligro
de su persona, nos sale)
El Príncipe mi Señor
orden da a sus Capitanes
que la prendan, pero al punto
que sus ojos Celestiales
los vio, revocó su intento
y vieras en un instante
ser despojos, el que triunfos
arrastrar presumió antes?
Llevado en su hermosura
queda inmóvil siendo Cárcel
de sus sentidos, la que
fue prisionera a buscarse?
no has visto furioso arroyo
que entre alisos y Jarales
destroncarlos suele algunos
por gala de su coraje;
y cuando precipitado,
mide el monte, baja al Valle.
tan veloz, que ni la vista
tal vez puede examinarle,
chocando con una peña
su mismo curso combate
y Retrocediendo en sí
Discurriendo amenidades
para Galán de las flores
se sangra por varias partes,
y luego tan quedo pulsa
las rosas de que es amante
que parece que ha robado
los que son propios raudales?
así su Alteza atendiendo
tus órdenes que inviolables
observar debió, se arroja
precipitado en su Alcance?
las altivas puertas rompe?
las Salas pisa arrogante;
los estrados atropella,
sin que el ser mujer le ampare,
y embrazando el fuerte escudo
con el acero brillante,
terror de tantos contrarios,
nadie le para delante;
Pero apenas su Belleza
miró a sus pies, cuando amante
el escudo desembraza,
vuelve el acero a envainarle,
y el ímpetu, que furioso
fue de tanto aliento examen
le fue recobrando a pausas
en parasismos mortales;
sin Alma quedó al mirarla
y Yo viendo que a trocarse
llega su afecto tocando
dos extremos tan distantes
como hay del odio al Amor,
y del rigor a lo afable,
le aconsejo, y persuado
que en tu respecto repare
Pag. 17
que a Venus la desenoje,
y de Lamia se acordase
que atienda a quien es; mas fueron
todos consejos en valde,
(Que, en quien esta enamorado
que poco la razon vale.)
Bolvi por segunda vez
gran Señor, a suplicarle
que la hiciesse prisionera
di lugar que se enojasse;
y al fin, mando que partiese
y te diga de su parte
que ha de ser su esposa Astrea.
Apesar de las Deydades,
de Lamia, y de tus enojos;
y si el Mundo lo estoruase
dara la vida al cuchillo
primero, que a su Amor falte.
Diole la mano de Esposo,
y yo, tocando a embarcarme
he venido a darte quenta
para ver si como Padre;
con el mucho Amor le obligas,
como Rey, que se lo mandes
como Señor te obedece,
y como Amigo lo alcances.
Que esto en mis mayores años
guardauais Sacras Deydades
y di Pompeyo, es hermosa.
Peregrinas son sus partes.
Vien temi lo que sucede.
Que a ser obediente falte
mi hijo, que digo, es engaño
que no puede ser mi sangre
quien vive desobediente,
mas que a mis hordenes Reales,
al precepto de los Dioses.
viven los Cielos que antes
que el Sol sepulte sus rayos
al lecho que le da el Calpe
he de partir en persona
no a euitar, a castigarle
sus mal fundados intentos,
y quien no me temio Padre
me temblara Rey Severo,
por que no ha de coronarse
quien no saue en sus pasiones
vencer las dificultades.
Mira Señor.
Vasse.
Ven Pompeyo
y toque a marchar el parche.
Que enojado que va el Cesar.
Vasse.
Miedo me ha dado el mirarle.
Que condicion tan entera.
Vasse.
Que horroso semblante.
Salen por una Puerta Daciano y Pomete, y por otra Astrea, Lucelinda, y Libia.
Vienes cansado vien mio.
O dulce prenda, en quien tiene
el Amor todo su Imperio;
por que en mi, en llegando a verte,
las fatigas de la caza
se oluidan.
Sientase.
Junto a esta fuente
que con lenguas de cristal
murmura entre sus corrientes
mio Amor, quiero sentarme
y mientras cena preuienen
en mi regazo descansa.
Recuestase.
Por llegar a merecerte
a precio de mas fatigas
volviera a caza mil veces.
Pag. 18
Cantad vosotras por ver
si como la voz suspende
los sentidos, con lo dulce
de los acentos se duerme;
haz tú prevenir las mesas
en esta estancia Soruete.
¿Mal podrá dormirse quien
te adora tan firmemente,
que el rato que no te mira
es el siglo que padece?
¿Qué has hecho tú, prenda mía,
en este tiempo aunque breve,
que a tus ojos he faltado?
Digo, Amor, en lo aparente,
que como en el pecho vive
siempre me tienes presente.
Desde aquesas galerías
registraba los vergeles,
de aquese florido parque
por ver si verte pudiese.
¿Vísteme?
Sí, (Cantad)
no viviera yo a no verte.
Voy a prevenir la cena,
que es lo que a mí me conviene.
De Siquis en el regazo
Cupido estaba una noche,
que aun del amor no se libra
quien es Dios de los amores,
sus más que perfectas manos,
porque todo lo aprisionan,
de una colonia a la cárcel
ondeadas hebras recoge.
¿Buena letra, dueño mío?
Proseguid.
¡Qué feliz hombre!
Al halago de sus brazos
el arco y flechas depone,
y entre lascivas caricias
al dulce sueño se acoge.
Elevada mira Siquis
a sus altas perfecciones,
viendo que duerme, dice
a las aves, y a las flores:
Quedito, pasito,
que el mejor Adonis
recobra en caricias
¿fatigas o arpones?
Parece que se ha dormido,
que como cansado viene
se duerme, porque en su gusto
sabe que me favorece.
Cuna puede ser el sueño,
dulce mi bien, en quien quiere,
si cuando ve lo que adora
aquello que duerme pierde.
Salen Soruete y criados con la mesa.
Ya sacan aquí las mesas.
¡Qué brevedad!
Di que esperen.
¡Lindo melindre!
¿Por qué?
Porque, porque si tuvieses
la mitad del hambre mía,
no anduvierais tan corteses,
que me comiera a mi padre.
¡Sorvete, tal hambre tienes!
Pag. 19
A poderte la pagar
lo vieras.
Que es accidente.
esse en ti nuevo
Es verdad.
Darte mi mano te ofrece
quatro platos de la mesa;
sientate?
Asta que te sientes
no lo he de hacer
Cumplimientos
no andeis los dos tan corteses?
Ap.
Quiero a Soruete burlarle
Esta Soruete junto a los paños y al darselo se lo buelan con uno
toma Soruete ten este..
Venga, pero tengan quenta
que aunque ha venido se buelue
y quede de oratefratres.
Que es esso.
Que ha de ser, fuesse
y dejome en tentacion.
Lucelinda hace esto
buelue
toma, y mira lo que haces
que no se te vaya, tente.
buelanle
Este no, que es un Capon
y los Capones no deuen
levantar tanto las alas
que Gordo estas, que no fuesses
racionero, me a admirado.
mas ay?
Que fue
Que le lleuo
dos mil demonios tambien.
A señor comen los duendes.
Por que
Por que aquí sin duda
algun estudiante tiene
fundado su Mayorazgo
en el que no deja verse.
Cantad.
Que linda comida
Laura a quien el Sol le deue
Arma Arma.
Que es aquesto.
Guerra, que ahora viniesse
contra mis tripas son todas.
Que ruido de Armas y jente
es esta.
Sale Ptolomeo.
levantanse
Assi descuidados estais,
cuando a vajeles
la Mar se mira poblada
y el Cesar tu Padre, viene
por su Jeneral.
Que dices
El resto ha echado mi suerte
Ap.
Que temes Astrea mia
temo mi bien el perderte
No sera, que de este modo
hare yo que no se arriesgue.
Espiritus infelices
que en el Reyno de clamores
llamas con fuego y sin luz
Avitan vuestras prisiones,
os conjuro, apremio, y mando
que obedientes a mi orden
invisible este Palacio
hagais sus ojos le ignoren?
Y en esse erizado bruto
compuesto de espuma indocil,
que con el freno de Arena
se oprime, reporta, y corre,
Pag. 20
Sin dar sepulcro a sus naves
unas con otras se choquen.
A cuyo pavor y susto
turbando sus intenciones,
a Roma segunda vez
conduzcáis sus escuadrones,
lúgubre capuz se vista
el Sol, y el día en horrores,
pierda el curso de sus luces
y unos con otros los montes,
estremezcan a la tierra.
[Ruido de tempestad]
Qué pavor.
Qué tristes voces.
No temáis sus amenazas
pues nos amparan los Dioses.
Ay que me llevan los diablos
asido por los talones.
[Corren un lienzo con bastidor pintado de hiedras dejando dentro mesa y gente]
Dentro.
Piedad Dioses que me anego
pues otra causa me expone
al peligro, en el peligro
gratos escuchad mis voces.
[Salen Severo, el Infante, Pompeyo y Soldados, oscureciéndose el patio con tempestad.]
Qué horror.
Qué susto.
Qué asombro.
El día se desconoce
y opuestos los elementos
nada es ya luz, todo es noche.
Allí en huracán de fuego
baja cenizas un monte,
brama el aire, y al gemido
casi que caduca el orbe.
Al Mar Gigante de espuma
al uno, y al otro golpe
de las erizadas olas
hace que las naves choquen.
Primero que no mi riesgo
es la causa de los Dioses,
Pompeyo, dónde el Palacio
dices que está?
En los horrores
de la tempestad, Señor,
el tino ha perdido el orden
lo mismo que sigo ignoro.
Yo he de ceder aunque borren
sus luces al Sol.
Señor,
retírate, que te expones
a gran peligro.
La tierra en sus entrañas temblores
da, a cada turbada planta
lloviera en exhalaciones
perdiendo el natural uso
hace que llamas aborte.
Acojámonos con tiempo
antes que se nos malogren
gran Señor, las esperanzas?
y por el rumbo que tome
en tan deshecha fortuna
sigamos.
[Tocan instrumentos]
Tente, no oyes
voces, aunque suenan lejos
en cuya música acorde
parece que entre las olas
las ninfas cantan canciones.
Si será anuncio de Venus
para que sirva de Norte.
Pag. 21
Canta dentro una.
Aleva, leva, leva,
antes que no se enojen
Deidades que propicias
sus vidas, hoy socorren.
Aleva, leva, leva,
Ceded las intenciones
antes que la amenaza
miréis ejecuciones.
Antes que la amenaza
miréis ejecuciones.
Pues a embarcar, que en su templo
haré que sus Sacerdotes
al oráculo consulten
lo que debo hacer, y entonces
más remiso, o más osado
acudiré a mis pasiones.
Vanse diciendo dentro.
Iza.
Iza.
Sale Lucelinda.
Corren el velo del Patio.
Ya a mi voz
obedecieron conformes
Espíritus inferiores,
saque su esplendor el Sol;
el día, sus luces goce;
Vuelva a su ser lo visible,
Vuelva a su Pompa las flores,
a su curso los arroyos.
las plantas a sus Verdores,
A su armonía las Aves,
Y los dos, a sus Amores.
Fin.
Jornada segunda
Pag. 22
Salen Daciano y Soruete por una puerta; Astrea y Lucelinda por otra.
Astrea.
Mi bien.
turbado
solo esta vez decir puedo
conocí la cara al miedo
nunca vi tan enojado
el cielo, y los aguaceros
segundo Diluvio ofrecen
si las nubes permanecen.
Gran día de taberneros
Ya el Iris en su arrebol
paz promete prenda mía?
y ahora sereno el día
las luces que le da el Sol.
Mi Padre en la tempestad
se hizo al Mar sin duda alguna.
Favorable la fortuna
ayuda mi voluntad.
Aunque el cielo conjurara
su ceño, prenda querida?
diera primero la vida
al riesgo, que te dejara.
Debeslo a mi Amor.
Los Cielos
saben de mí, Dueño hermoso
que de verme tan dichoso
de mí misma, tengo celos,
Pag. 23
¿Qué hay Pomete, dónde estás
de mis ojos escondido,
cómo a mi vista te has ido?
Porque no he podido más,
pues como cual Faraón
de las ranas acosado
todo el cuerpo me han dejado
de Pomete en salchichón;
que como el nombre maldito
es bebida, a mí vinieron
y nido en mi cuerpo hicieron
siendo mi nombre el delito.
Vuelve, mi bien, con tus brazos
a coronar tu favor.
Con ellos teja el Amor
eternos aquestos lazos,
mas si tu padre volviera.
¿Qué importa, si yo te adoro
y es primero tu decoro
que su gusto?
Así quisiera
por fuerza, volverse a Roma.
No hay contra el Amor poder.
¿Es padre al fin?
Y tú el ser
has dado a mi vida, como
segunda vez, esta mano
¿y pues de aquesos recelos?
que ofendes, viven los Cielos,
mi constante amor.
Daciano,
mi esposo, señor, mi dueño,
no nace en lo que me adoras
temer perderte.
Lloras,
¿pues en qué?
En aquel empeño
y en tu obediencia.
Bien mía,
ya no puedo seguir yo
su voluntad.
¿Por qué no?
Porque estoy sin albedrío.
Si a tu hermano corona
y le da el imperio tuyo.
Más que el imperio sea suyo
como tenga tu persona.
¿Y Lamia?
No me la acuerdes,
que es aumentar mis enojos;
serena los bellos ojos,
que aquesas perlas que pierdes
envidiando está el Ceilán,
y más que el imperio valen,
no te aflijas.
Antes salen
de alegría, ¿dónde están?
¿Cómo?
¿Cómo mi tristeza
temiendo, me enterneció?
Mas como me aseguró
este temor, tu fineza;
el corazón satisfecho
hacia fuera las envía,
Pag. 24
Porque solo la alegría
se quede dentro del pecho.
Ay, mi bien.
Hablan aparte.
Mientras que hablando
se arrullan como palomos,
Livia acá, que también somos
de los que estamos penando.
Pues los ves tan derretidos
tú has de hacer, si has de querer
¿Qué es lo que tengo de hacer?
Perder por mí los sentidos.
A ti otra fineza toca
que sin estudio lo harás
y al natural amarás.
¿Qué he de hacer?
Volverte loca.
Embido.
dale, y dala.
Quiero.
Bufón.
Si la mano das
mi resto, vuelvo a embidarte.
¿Qué es esto?
Jugamos al abejón.
No he visto más dura polla,
¿llora, y enternecerás?
No acierto, que es por demás.
Úntate bien con cebolla.
Un mirador ve a ocupar,
mira el campo, no estés triste,
que solo por divertirte
saldré una garza a volar.
En aquesos miradores
que del mar parecen ojos
voy a mirar los despojos
de donde me vienen los temores
Sorvete, vente conmigo.
Así das
lo que me debías.
Los ojos contigo llevas,
El alma queda contigo.
Vanse los dos, y sale Lucelinda.
¿Sola está, Astrea, señora?
sola tú
Sí, Lucelinda.
¿Y el Príncipe,
salió a caza?
Con rara melancolía
he quedado de mirar
obras, ¿la mágica tuya?
todavía mi temor no
he perdido. Y
¿Qué fingidas
apariencias son, no sabes,
que hace el estudio a la vista?
Sí, pero tan verdaderas
a los ojos se las pinta
que duda lo que no ignora.
De la gran voluntad mía
por servirte, ¿qué desuelo
mi ciencia no emprendería?
¿Y el Emperador, si acaso
peligro
No, ¿que tranquilas
las aguas le obedecieron?
y si de mí no te fías;
la una porque lo veas
en su palacio, y prevista
Pag. 25
su intención, también tengamos
para vivir prevenidas
de los acasos, conmigo
sube, a aquesas galerías
y en un espejo verás
lo que el César determina;
o está disponiendo ahora
por que adversas, o propicias,
no falte en nuestra defensa
al peligro, las noticias.
Sube conmigo.
Repara
que mi temor
Ofendidas
las dejas a mis finezas,
cuando a solo que te sirvan
de asegurar mis temores
mi atención los encamina.
Ya te sigo.
Salen por junto a los paños a un balcón y dicen en él.
En este espejo
formará la fantasía
sus personas, y verás
en él de la suerte misma
que presentes, sus intentos.
Hace la imitación de delinear el espejo.
Gran ciencia, pero quería
saber de adónde su origen
le tuvo y quién primitiva
persona, fue de ella autor.
Ya están dispuestas las líneas;
pues que saberlo deseas,
oye, en razones sucintas
te lo diré; fue el primero
aquel que por su desdicha
pasó a sucesor del Sete
bezrain, que se deriva
de Caín, a este mudaron
el nombre, a quien la latina
lengua, llamó Zoroastres,
de cuyo varón declina
el origen del Persiano
que siguió la ciencia misma;
el Babilonio, y Citano,
la cursaron, y extendida
pasó al Persa, y pasó al Medo.
Es ciencia tan peregrina
que obra sobrenatural
en cuanto el sol predomina.
Tiene su imperio en la noche,
tiene poder en el día,
sujeta los elementos,
la mar a su voz se humilla,
el voraz fuego, en su aliento
en sí se apaga, o respira
sus exhalados volcanes
a su orden; el aire vira
o ya céfiro apacible
o ya huracán que derriba
los más empinados olmos
que aquesas cumbres habitan.
La tierra que inmóvil nace
le participa noticias
de lo que ocultan secretas
en sus entrañas sus minas,
Pag. 26
A su mandado divide
la unión que la fertiliza,
lo indisoluble que ciñe?
y lo firme en que se estriba,
esta es la ciencia, señora,
que yo tengo deprendida!
el cómo, a ti no te importa?
sino solo que te sirva;
llega, mira en este espejo
con atención; qué te admira?
qué ves.
Un palacio veo
en cuya opulencia aspira
el capitel de sus torres,
escalar a las vecinas
estrellas, que son antorchas
de esa sacra monarquía.
Oye, que salen ahora
hablando, no divertida
estés más, puesto que importa
tanto, que tomes noticia.
Salen músicos cantando la copla que se sigue y por una puerta un criado con una corona de laurel en una fuente. Pompeyo, el Infante, y Severo; y por otra criadas y Lamia enternecida.
Miente quien dice que quiso
si lo que quiso lo olvida
que si es inmortal amor
y como es mudable una vida.
Vuestra Alteza, Lamia hermosa,
una y mil veces reciba
el parabién de llegar
a esta corte, donde os sirva,
como padre, y como amante?
No os mostréis enternecida
de que un ingrato perdieseis
antes han sido benignas
con vos, las sacras deidades
pues si a tus ojos se olvida
sin la posesión, con ella
se viera más ofendida.
Bien quien os pierde, en sus brazos
asimismo se castiga.
Pues de su fortuna cede
lo que alcanzáis de divina?
Presente al Infante tienen
vuestras prendas peregrinas
a quien sucesor declaro
de mi imperio, y por que os sirva
con más méritos, señora,
el sacro laurel se ciña.
Premiar su obediencia quiero
y entre salvas y armonía
de cajas y de clarines
su coronación repitan?
En tanto que de un ingrato
con la templada cuchilla
por hijo desobediente
la cabeza le derriban
por despique de mi enojo
y desempeño en que cifra
mi amor, vuestro desempeño
no lloréis, pues aun su vida
no es precio para pagar
perlas que el Ceilán envidia.
Presto veréis su castigo
Pag. 27
mal a mi poder se libra
quien fugitivo a su enojo
que se asegura imagina.
Hablan aparte.
Señor, Cesar poderoso,
si merece mi porfía,
si es que mi ruego algo vale
a vuestras plantas se humilla,
mi persona; Intercessora
del perdon de aquella vida,
Esta merced os suplico;
no al Infante desestima
mi atencion, que de sus prendas
no era mi persona digna;
Pero ya puso los ojos
en Daciano la fee mia
el solo ha de ser mi Esposo
y caso que me lo impida
mi Estrella; primero elijo
el ser (si aun triste ay que elija)
firme cadaver de Amor
que amante inconstante viva;
que en las Damas de mi nombre
las mudanzas no despican
Antes espires primero
que goces lo que imaginas?
Lucelinda que es aquesto,
este pesar me das, quita
el espejo, de mis ojos
y no mis celos repita?
O lo al incendio que exalo
te reducire en cenizas?
Quita.
Señora, Señora
Oye, escucha, advierte, mira,
que si prudente no atiendes
hoy tus respectos peligran
E de ver que a lo que adoro
otra tan tierna le admira?
ni aun pintada he de mirar
a mujer que es mi enemiga?
Si el te adora, poco importa
que ella lo quiera, o lo diga,
recobrate, que te pierdes
Ya no puedo estar perdida
mas de lo que estoy.
Señor.
no en vos, crueldad tan impía
ha de caver, reparad
que es en vos accion indigna
el dar rienda a las passiones
sin que las acciones midan,
los enojos; advertid
que no podeis en Justicia
desheredar a Daciano,
Pues si a un cariño delira
no vive desobediente
quien a una beldad se echiza;
Desatento si, mas esso
tiene enmienda, con que sirva
vuestra prudencia de espejo
a aquel que se precipita?
Pues vos amparais su causa
Si Señor que vengativas
no son Damas, que nacieron
con tantos timbres.
Ay hija
lo que me obligan tus ojos
Pag. 28
los de un ingrato me irritan.
No has visto señor, no has visto,
dos, en cuyo odio se animan
ensangrentadas venganzas
que el coraje facilita
mas si por tercera mano
castigarse determina
con ventaja el uno, el otro
en su defensa se incita,
dando el pecho a sus aceros
cuya piedad vengativa
no es librarle, que es querer
en la venganza a que aspira,
que se le deba a su aliento
triunfar de aquel que le irrita;
así yo, que en su desaire
me miro, tan ofendida
quiero ver si a mí me debo
la victoria, por mí misma.
quiero ver si es que a mis ojos
el que de mí se desvía,
le atrae mi corta nobleza,
porque al ser como imaginas,
nada al mérito se deja
si el poder le solicita?
Qué cordura; esto conviene
Aunque que más merecía
mi ruego con vos señor;
ya de hacerle estoy corrida.
Por qué.
Porque en vuestras canas
si la prudencia se mira
no hay disculpa a tal desvío,
que en Daciano no me admira
que es mozo, y al fin los mozos
la edad, el delito alivia?
Dadme licencia a que parta
otra vez a mis provincias
donde mi fortuna llore?
Baste Lamia, inadvertida
anduvo mi ceguedad?
Vivas pues queréis que viva.
Reines pues queréis que reine.
Y porque ahora es precisa
hacer la consulta a Venus
para ver cómo encamina
el rumbo, para buscarle?
y también porque su injuria
derogue en los sacrificios
en sus aras ofendidas
víctimas haga el poder,
y su persona aprendida
os dé la mano, pues vos
os declaráis por tan suya.
Deja que tus plantas bese
que para ver si le obliga
el mirarme en su presencia,
a buscarle determina
ir mi persona contigo
que puede ser que a mi vista
olvide, lo que ahora adora,
si por lo que adora olvida.
Vamos hijos; vos Pompeyo
haced que esté prevenida
mi armada, porque en saliendo
del templo, haré mi partida.
Ya es Daciano mi enemigo
Pag. 29
Aparte.
pues por él la tiranía
de su desdén la padezco?
venganza celos?
Propicias
deidades, sed favorables
a un triste, que os solicita.
Vanse, y van bajando las dos a el tablado.
Hora desahoga el pecho,
de las pasiones que lidian
con tu amor, y con tus celos,
pero mientras que yo viva
ni ella ha de gozar sus brazos
ni tú perder sus caricias.
Mucho me aseguras, mucho
te deberá el alma. Prima,
tu duelo, es el duelo mío;
y pues que tu causa es mía.
o no ha de lograr su intento
o no he de ser Lucelinda.
Vanse y salen Daciano y Pomete solos.
Vase.
Cándida Garza, que a los Cielos subes
a querer coronarte de las nubes,
y cometa de pluma,
por la vaga región de tanta suma
te remontas tan alta
que a las luces del sol tu vuelo asalta?
o huyendo tus recelos
fijarte estrella quieres de los cielos?
En vano tu belleza
burlar quiere al neblí su ligereza,
o que airado el pirata,
el vapor de las nubes las desata,
batiendo airoso la corvada ala
cuyo matiz en su coraje es gala;
la en tornos defendida,
parece copo en sí desvanecida,
cuya felpa nevada
una nube engañada
espera recoger; cuando en el viento
burla al neblí, y la nube, el pensamiento
la abate el vuelo a un monte, donde pierde
el neblí su esperanza, entre lo verde,
tras ella precipita
el remontado curso, y solicita
con más saña y coraje hacer la presa,
y cuando al monte baja, le atraviesa,
burlando sus intentos
y toca los extremos de los vientos;
pero la Garza exhalación de nieve
los primeros candores al sol bebe;
o cómo se defiende
sino es que en la región del fuego entiende
que acogida a sus rayos
segura quedas y en pálidos desmayos
baje el neblí valiente?
ya la atrapa, y se pone frente a frente
ya el estirado cuello
encrespa, airosa al bello
y en sangrienta porfía
una saña a otra saña desafía;
ya la acomete, y por estotra parte
burla al neblí, valiéndose del arte
tras ellos he de ir, por ver si puedo
ver en qué para.
Vas? Pues yo me quedo!
que haya quien ande por un jamón rendido
aun vaya que el sabor disculpa ha sido
que haya quien por su Dama
falte una, y muchas noches de su cama,
Pag. 30
[Saca lo que dice]
mal gusto tiene en ser verdugo injusto,
de su regalo pero aspira a un gusto?
que un ladron se desuele por un rrobo
ya se aprouecha; pero que aya bobo
que ande tras un neblí, dando de ocicos
con unos zapaticos
que no digo que un clauo
pero pueden passarse con un nauo,
a pique de quedarse sin narices;
Hombre por que, Señor, por dos perdices
por un Conejo, o una triste liebre,
que pueden del sudor hacer la preue.
luego tras una Garza embelesado
con un Neblí en el brazo, que baldado,
pareze que le lleua.
y brazo de rreliquia esta echo a prueua;
andando fatigado a puro trote,
que era mejor en el el Capirote;
Yo sí que cazo con genio diferente
étele un pie de puerco;
echole el diente.
hize la presa, bueluole a las manos;
vaya este trago; esto es de cristianos,
esto sí, que merece que se alaue,
o como es viejo el Vino lo que saue.
Sorvete,
Ya Sorvetea
ya voy que otro sorvete me recrea.
Vasse, y salen Astrea, y Lucelinda.
Ya que sufriste tus celos
por que estes assegurada
de su voluntad Señora
una experiencia te falta
y es que tomando la forma,
con mis Estudios de dama
he de salirle al encuentro
pues diuertido en la caza
se ha alejado del palacio;
y tu escondida en las rramas
de aquessa hermosa Arboleda
cuya sombria emboscada
de claueles, y Azucenas
tributa al Mayo fragancias?
sin ser vista escuchar puedes
lo que dice rretirada
A lo que Yo te proponga.
pues es euidencia clara
que si ama como pondera;
en este examen se salva
o se condena, y en ambos
medios, conuiene a tu fama
examinar la verdad,
que los afectos del Alma
en el fine, son mas finos
en ausencia de su Dama.
si te adora, por que viuas
de su Amor assegurada;
que poco al rriesgo supone
de su Padre la amenaza,
y si de Lamia a sus ojos
en sus memorias passadas
procura que sus Cenizas
vuelva a Reducirse llamas,
primero eres tu, y primero
que el ni los dos lo lograran
sino bastaran tus prendas
tus cariños no bastaran!
tus alhagos no obligasen
y tanta deuda olvidara,
Pag. 31
Donde no vale el Amor
aunque del rigor se usara
para escarmiento de ingratos
a toda luz disculpada,
quedara la acción; atiende
lo esencial a mis palabras
para que saques por ellas
lo que te obliga, o te agravia;
Él viene, yo me retiro
hasta que a este sitio salga.
[Vase y sale Daciano y Pomete solos]
Valiente Neblí Pomete
hizo la presa en la Garza
por más que se defendió,
bello animal, no alargara
por la Diadema del Mundo
a otra mano tal Alhaja.
Vaste, y dejásteme a mí
churruscado entre las ramas
en tan notorio peligro.
¿Cuál ha sido?
¡Eso faltaba!
darte por desentendido
y que ahora lo preguntaras
no cogí un lobo en el monte.
Pues di, si no tienes armas
cómo pudo ser.
Señor
valiéndome de la maña
yo vi que se me atrevía
y con cantidad de agua
le dejé por aturdido
y después.
¡Ay de mí!
Calla,
que allí una voz he escuchado
y juzgo que se ha quejado
y es de mujer; si es Astrea:
Esto solo te faltaba
para ser con esa acción
Don Quijote de la Mancha.
[Dentro Lamia]
¡Ay de mí! Socorro Dioses
Mujer es, voy a ampararla,
¡Ay infeliz si es el Dueño
que adorando están mis ansias,
si es mi idolatrada Astrea
la que se queja; mal haya
hombre, que cuando bien quiere
de lo que adora se aparta.
[Al paño Astrea]
¿No va muy malo el principio
si tan tiernamente acaba?
[Sale Lamia]
La voz; ¿quién va?, mas ¿qué miro?
¿eres ilusión del Alma?
¿por dicha, eres fantasía
que las especies retrata
¿quién eres?
¿No me conoces
ingrato, pues así agravias
a un amor de tantos años
cuando solo por tu causa
sin Guarda, sin Padre, y Cetro?
perdida en aquestas Playas
me dejó el emperador
la noche de la borrasca
que quizás por ti; los Cielos
viendo ingrato que faltabas
a un amor tan verdadero,
a una fineza tan casta;
a una inocencia tan pura,
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quiera tomar la venganza,
perdida sin luz, sin norte,
ni saber quién me guiara
todo ha sido precipicios
y las delicadas plantas
todo abrojos todo heridas;
sin hallar por desdichada
una fiera que en mi muerte
ejecutase su saña?
para cuando son los rayos
Deidades si ahora faltan;
para cuando lo sañudo
silvestres brutos se guarda?
que no quitáis el aliento
a vida tan desdichada?
Lamia soy, no me conoces,
eres tú, quien apostabas
con los riscos, en firmezas;
eres tú quien veces varias,
dijo, faltara en los cielos
esas antorchas bordadas
relevadas en sus luces?
o en sí mismas recamadas?
clara; primero el fuego,
primero abrasara el Agua,
que en el menor punto ceda
el Amor que tengo Lamia?
Eres tú, quien impediste
que mi Padre me casara
con aquel, sino más digno;
más atento que de Esparta
y Lacedemonia es Rey?
Pues como Villano faltas?
Pues como Bárbaro ofendes?
Pues como fácil agravias?
Pues como mudable irritas?
Pues como tirano ultrajas?
Pues como ingrato desprecias.
Prendas nobles, deudas tantas?
Que ignores quién soy, no admiro
porque si consideraras
quién era Yo, es imposible
que ofendieras a mi fama;
Demás, que siendo tan otro
de lo que fuiste; que extraña
cosa, será que me ignore
quien en sí, ignora su infamia.
Por ti partí de mi reyno,
de mi Padre acompañada
hasta tu Corte; por ti
me miro tan desdorada
de aquella antigua grandeza
de mi Laurel, cuyas ramas
al Sol repite desdenes
en mi esplendor heredadas,
que primero que volviese
a mi Corte desairada?
Átomos será del Viento
mi vida, despedazada
entre mis sangrientas manos.
Por ver si en el pecho halla
aquel antiguo, retrato
tuyo, porque si le guarda
con el corazón a un tiempo
pedazos del pecho salga
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salga en golfos despedida
de mis venas delicadas
mi sangre; porque a los Cielos
mejor le pidan venganza.
Ruega a los Dioses tirano
que un rayo, mas voy errada,
no es mucho, que siempre yo
viví, de tu gusto esclava.
Príncipe, Señor, mi Dueño,
Esposo, cuya palabra
es mas dulce que las otras.
vuelve por ti, no te ablandan
estos ojos hechos fuentes,
estos suspiros que alcanza
el corazon; estas quejas
que toda el Alma me passan?
que culpa tuve en amarte
y si acaso estoy culpada,
dímelo por que yo labre
en mí, mi castigo ayrada?
[Al paño.]
Aunque esto es fingido; en celos
el corazon se me abrasa?
bueno era que le apretase;
mas no que tanto apretara.
[Al ir a arrodillarse, va volviéndola la espalda.]
Mira Señor mi Inocencia
abre los ojos no haya
de poder un gusto leve
borrar firmezas tantas?
no mas, que Divinas Leyes
puedan passiones humanas?
cobrese el entendimiento
de la ceguedad del Alma
despiertense los sentidos
del letargo en que se hallan?
mira cual simple avecilla
mi inocencia que postrada
solo con quejas te ofende.
solo con suspiros habla
assi te vas, y me dejas
Ingrato, vuelves la espalda.
[Al paño.]
Albricias corazon mio
que por mi esta declarada
hasta aquí una victoria.
Vuelve Señor, y repara
si mi llanto no te obliga
que soy quien soy, y soy Dama.
y no de mis sumisiones
tus altiveces se valgan.
Quiero por si duerme acasso
quitarme las telarañas.
si es ilusion o mujer?
ahora bien quiero tentarla;
[Al paño.]
Atenderé a su respuesta
[Vuelve.]
Lamia, Señora, y Infanta,
si tantos agravios mios.
y tantos despegos hallas
en mi Amor, por que me quieres?
Por que estoy enamorada.
Pues de esa misma Razon
en ti, mi disculpa saca;
Yo no te puedo querer
por que tengo ajena el Alma;
perdoneme tu decoro.
Pues dime no ponderavas
lo mucho que me querias
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en una y en otra carta,
Fue respecto más que amor
de urbanidad cortesana,
y fue no haber visto a Astrea
que es la disculpa del alma;
Yo al fin estoy ya casado
Y si el mundo lo estorvara
no he de ofender lo que estimo,
porque si atiendo a ambas causas
es fuerza quedar mal puesto
(dado que en mí la mudanza
hallara lugar) con una;
Y siendo esta circunstancia
precisa, ¿quién fue tan necio
que lo que adora dejara?
siguiendo lo que no sigue,
y si ha de ser acusada
la acción en una de Ingrato
la que adoro, es quien me llama;
Demás, que Astrea incapaz
está ya de que casara
con otro, porque en su Dueño honor
soy su Dueño, en ti no falta
el tuyo, ni tu Corona,
con que a toda luz alcanza,
disculpa aqueste desvío
mira sobre deudas tantas
ser enamorado, cómo
acudiré a tu esperanza.
Bastimentos y criados
con la nave que fletada
está, al Puerto, te daré,
Porque buelva assegurada
tu persona, esto me toca,
y porque Astrea me aguarda
y podrá culpar mi ausencia
si ve que mi amor se tarda;
elige antes que me ausente.
Nada te mueve.
Es constancia
que debo al Dueño que adoro.
¿Y si tu Padre intentara
dar el Imperio al Infante?
Otro Imperio el gusto alcanza
de hermosura, que es mayor.
¿Y si es que toma las Armas
y te prende?
Con morir
a sus cariños pagará.
¿Y las injurias de Venus
Nada recela quien ama?
No ay remedio.
¿No ay remedio?
Pues ya que tan despechada
me parto de tu presencia
altas y opuestas montañas
que Columnas de los orbes
os miráis tan elevadas
Desde vuestra cumbre altiva
Recivid precipitada
una mujer infelice.
Vase.
Oye, Lamia, espera, aguarda
que ya me has enternecido
buelve a mis ojos.
Sale Astrea al tiempo que va a entrar.
¿Quién llamas?
El huego dio en la ceniza.
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Espera, detente,
Aparta,
déjame pasar, Astrea.
¿Con ese desdén me hablas?
Enójala a estotra ahora
¿y te quedarás sin ambas?
Tus despegos
¿Déjame?
¿De cuando acá esta mudanza?
[Vase.]
Astrea, no es ser mudable,
sino no tener entrañas
de un león sañudo.
Soruete.
Dime.
Cogióme entre cabras
como entre puertas a otros;
no te arrimes, suelta, y habla,
que sudo, y huelo muy mal.
¿Pues con quién?
¿Andallo pavas?
Hablaba Daciano aquí;
No sé,
Si me niegas nada,
villano, ¡viven los cielos!
¡Ay Señores! Y qué bascas
me dan, por echar la purga,
que la tengo rebalsada.
¿No lo dices?
No, Señora,
no es razón que te contara
que Lamia habló con mi amo.
¡Hombre! ¿Qué me has dicho? ¿Lamia?
La mismísima en persona.
¿Qué me dices?
Cómo se espanta.
¿Pues cómo vino?
Pregunta ese cómo fue, a la maña
del que me botó los platos
que desde la mesa dabas.
¿Y qué quería?
No sé,
bueno fuera no callara
lo que oigo, bueno fuera
Señora, que te contara
que le pidió en cortesía
que con ella se casara,
y que más blando que un nabo
ya mi Señor la escuchaba;
bueno fueras que también
te dijera.
[Vase.]
Calla, calla,
villano, esto es ser criados
que cuentan lo que no pasa.
[Sale Daciano.]
Soruete, ¿dónde está Astrea?
Ahora fue desesperada.
¿Adónde?
A sentarse, es boba,
como la inocente Lamia;
precipitada de un monte
Sin duda fue despeñada.
[Sale al paño Lucelinda.]
No usó Caín con Abel
tal crueldad, sino dejarla,
a Astrea, y mudar de ropa,
y con eso te hallarás
en el juego de Amor
tahúr con nueva baraja,
y volvieras a tu imperio
[Al paño.]
Este villano me enfada,
mas no te valdrá de balde,
pues de esa suerte gozarás
el antiguo mando tuyo
y de tu Padre la gracia.
Confieso que me ha afligido.
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Lee.
súplicas, ni sumisiones,
ruegos, ni otras circunstancias,
que se le sigue al que pide
con aquel que libra o paga?
Aquesta sí, y no otros diablos
que asisten en otras casas
de príncipes, que parece
en ellos, preñez la manda,
pues le traen a un hombre encinta
las ocho, y las nueve faltas;
pero veamos cuánto libra,
y en quién es, para que vaya.
Tesorero General
dad por esta, (gran palabra)
al portador mil escudos
por una vez; yo la Infanta.
Beso y rebeso mil veces
la firma, el papel, y cuantas
letras hay, una por una,
los puntos, comas, y rayas,
salto, y brinco de contento,
esto es vida; aquí se campa,
¿loco estoy?
Sale Livia.
¿Quién lo niega,
mas de qué es tanta algazara?
Mujer, eres tentación,
¿por qué te echaré en la zarza?
Adiós, que voy muy de prisa
a un negocio, pero aguarda
que eres una reprobeta,
ven acá, llega cuitada,
lee aquí.
Suelta.
Es juramento
desde que estuve en la cama
a la muerte, por soltar
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una sangría del arca;
no soltar nada mi mano;
léela, y no des en cansada,
que no ha menester anteojos
la que la vista no cansa;
Hace que lee y dice.
que he de tocar yo.
En cobrando
puedes llegar a mi caja
y de todo este dinero
serás la cuenta tocada.
Vaya.
Vase.
Mas vale irme yo
que no me des tú la vaya.
Salen Lucelinda y Astrea.
Socarrón. Dejo su Alteza.
Lucelinda, ¿quién pagara
con el alma el desengaño?
Pídeme albricias, que tarda
mi vida; corona, joyas,
cuanto tengo, y cuanto valga,
todo es tuyo, nada es mío.
Con que lo agradezcas basta,
y con que estime tu afecto
Señora el mío, te pagas.
Ven, que hasta ver a Daciano
la vida está tan en calma,
que a mí no me hallo a mí misma,
aquel instante que falta.
Aquesa pensión, Señora,
tiene una alma enamorada.
Señora.
¿Qué quieres Livia?
Una queja muy fundada
tengo contigo.
¿Conmigo?
si es que yo puedo enmendarla,
¿dí cuál es?
Es gran Señora
que siendo yo tu criada
tan antigua, y en tu gusto
un Argos de desvelada,
el día que haces mercedes
de todos memoria hagas,
y de mí te olvides.
Cómo.
Aparte.
Esta sabe lo que pasa.
Pues si libras a Sornete
mil escudos, ¿no es bien clara
consecuencia, de mi queja?
Mas te ignoro.
Yo no; basta
que al cobrar tú lo verás.
Ya porque en balde no salga
tu ruego, haz, prima, la den
dos mil escudos.
Vivan, aya,
tu generosidad.
Vanse y sale Sornete y paséase.
Ven,
y te daré la libranza
y ve a cobrarlos, que importa
cobres cuando al otro pagan.
Que aguarde me ha mandado Ptolomeo
y eso lo ha de alcanzar con mi deseo,
que está desesperado de impaciente.
¡Oh, qué lástima tengo a un pretendiente!
pues ¿no es grave desdicha ver a uno
que para conseguir tiempo oportuno
ande incesable quitándose el sombrero
a pajes, a lacayos, y a cochero;
que uno le estafa, y otro se hace grave,
y no hay maldito aquel, que no le clave
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y molido después, parte y se deja
en ellos el dinero, en el la queja.
Sale Libia con la libranza.
Ahora Lucelinda dijo
que viniesse, y si se passa
esta ocasion, no se cuando
podre bolver a lograrla.
Y assi vengo; mas sorete
aqui tu, no te despachan?
Rabiando estoy por hacer
dinero, aquesta libranza
que ser hombre de Papeles
no lo ha llevado mi casta?
mas, a que me sigues.
Trayme
que esta cantidad librada
por su Alteza se me de,
Veslo aqui dicho en sustancia
A ver, Livia.
Vesla aqui
que no soy desconfiada
como tu?
Dejame leerla
por si conmigo te iguala
dice assi: mi thesorero
dad a Libia (el Doña falta,
por que en teniendo dinero
el Don se tiene de estampa)
por lo bien que me ha servido
por esta Dos mil patadas!
Yo la Infanta! Solo aqui
falto, que seran bien dadas.
Daca loco
toma cuerda
que llevas muy linda Alhaja?
mas ya sale.
Quiero hablarle.
Sale tholomeo y dos Criados.
Mujer mira que te clavas
Que es lo que buscais.
Yo vengo
a pedir que esta libranza
mandeis pagar.
Dad aca
Que seais todas tan malas
mujeres, que por tomar
aun los paxaros no alargan.
Lee tholomeo.
Mi thesorero por esta
dad a Libia mi Criada
por lo bien que me ha servido
Dos mil escudos: la Infanta.
O Yo estoy borracho o sueño
o este Viejo pollo en calzas
tiene adobados los ojos.
Ahora ireis despachada
que quereis vos
Yo Señor.
Otra traygo aqui
Mostradla.
Si el mil, diez mil le parecen
echo Coche, y compro Casa.
Lee thol.
thessorero General
dad por esta
Ahora encaja
el Non plus
Lee thol.
Al portador
por una vez.
Mermelada
Lee thol.
Mil patadas
que combiene a mi servicio
Zarazas.
Lee thol.
Yo la Infanta
Usted se espere.
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que está la suerte trocada
y no es mi libranza naipe
para meterla en baraja
Está bien, hola.
Dos criados.
Señor.
Esta cantidad contadla
a esta mujer, y a este hombre,
llevad, y haced lo que manda
su Alteza; vos que esperáis
llevadle, y ejecutadla.
Criado 1.
Bien está.
Ni medio bien
está; y así no se trata
a los Sovetes, que son
del solar de cuantas casas
ilustres, tiene Castilla.
Lea bien, porque se engaña
vuesa merced, que su Alteza
nunca fue desmesurada
para andar a puntapiés.
Y así vuelva a repasarla,
que mi dinero ha de darme
sin salir de aquesta sala
muy contado, muy florido,
muy sahumada.
Basta, basta,
llegad, que para que loco
no gastéis necias palabras
os quiero satisfacer.
Sobre eso anda la danza.
Leedla vos.
Lee para sí.
Viven los cielos
que la paciencia se acaba;
y que aquesto ha de volverme
más loco que lo estaba;
yo no solté de mi mano
la mía, para trocarla,
yo la leí tantas veces
como escudos señalaba;
oh infame y vil libramiento
si fueras amigo, vaya.
Que ya en el mundo se usa
el ser los más de dos caras
Pero tú, que insensitivo
uno ofreces, y otro mandas,
hoy juro, vive el cielo,
que te ahorcara a tener alma.
Vos la tenéis deservida
pues daros castigo trata
Esos son mis ruines tratos
para quien, laurel se enlaza.
Vase.
Quitadle de mi presencia
y en la isla despoblada
le entregad, para que quede
con castigo su ignorancia
convertido en lo que Ovidio
Polifemo de su estancia
le transforme.
Criado 1.
Vamos.
Criado 2.
Vamos.
Díganme ustedes, qué traza
de gente habita la isla.
Criado 1.
Leones, osos, lobos,
Ascuas.
Criado 2.
Serpientes, tigres.
Fuego.
Criado 1.
Lagartos, culebras,
Agua.
Criado 2.
Áspides y basiliscos
y un salvaje que la guarda.
Gente es de conciencia toda
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no hay que recetarse nada.
pese al alma que me hizo
codicioso, y pese al alma
de aquella aleve Iscariote
que con beso de paz falsa
me libró para venderme.
Vase
Yo voy casi embelesada
adiós mi señor Pomete
pésame de su desgracia,
pero no puedo llorar
que a poder yo lo excusara.
Ay qué lástima señores
que se malogra esta cara.
Vanse, y salen Ninfas, con guirnaldas de flores cantando y danzando y detrás Pompeyo, el Infante, Lamia, y Severo.
Hoy que el poder hace
alarde el empleo
víctimas consagre
a tu sacro templo.
Ya a ti Deidad de Venus
mueva en dulces cadencias mis lamentos.
Vaya de júbilo, vaya de obsequio
porque crezca tu culto al rendimiento.
Vase Pompeyo.
Ya que las ceremonias se han cumplido
y el oráculo Lamia ha respondido
movida a tanta víctima, y al celo
con que invoco piedades mi desvelo.
y pues grata consiente
el perdón suplicado a un delincuente
sacrílego, que osado
a su veneración ha profanado
con tal que sea de tus bellos ojos
esposo; perdonando sus enojos,
a la mar nos hagamos,
y los cuatro en su busca nos partamos,
que no es dudable viendo tu hermosura
ceda en su devaneo, su ventura,
apréstese la armada prevenida
porque luego ha de ser nuestra partida.
Gracias te doy Deidad, porque piadosa,
depusistes la airada y rigurosa
sentencia, predecida
cuando pende mi vida, de su vida,
yo fío gran señor, que ha de obligarle
ver que voy yo en persona hoy a buscarle,
Y yo a tomar venganza parto,
pues que perdí ya mi esperanza.
Vamos Infante, ven hija adorada.
Sale Pompeyo.
Ya gran señor dispuesta, está la armada.
Ay hijos que de penas
costáis a un padre.
Ya de las almenas
las romanas, señor, como vas fuera
hacen sus edificios primavera,
y por ver a la Infanta mi señora
(que por su fama a todas enamora)
no hay calle, no hay balcón, en su fineza,
que variedad no ilustre de belleza.
Adiós Lamia querida
que presto la verás restituida
mi persona, a tu centro?
Ay, hijo, si te encuentro
cómo por verte llevaré gozoso
los pesares con que vivo quejoso.
tocan cajas y clarines
Haced la salva, que nuestro César sale
Voy a buscarte amante, y si es que vale
algo contigo, usar esta fineza
mira mi amor, no mires mi belleza.
Pag. 41
¡Oh, quién le diera muerte,
pues que viviendo él, he de perderte!
Grave delito ha sido
el de Daciano; por enternecido
el César, se ha ausentado,
al fin es hijo, y como padre ha obrado.
(Vanse, y delante va la música repitiendo.)
Ay, que el poder hace, etc.
Fin.
Jornada tercera
Pag. 42
Salen Sorete y Livia.
¿A mí convertirme en asno?
Estás loca.
Aquesto es cierto,
yo te vi.
Fuiste mi albarda.
Lo que heredaste te dieron.
Sin duda que estás borracha,
¿y con un cuento lo pruebo?
Envió un señor a un criado,
a media noche con pliego
para la estafeta, el
que llevaba en el celebro
un zorro, con cuya cola
limpiar las cubas pudieron.
Viendo alumbrar a la luna
la mitad de lo terreno
del Prado, juzgó por agua
lo que era luz, y al momento
despojando los vestidos
se echó a nado, con intento
de que en dejando la carta
volvería a recogerlos;
Nadaba la trucha en vino,
pero mirándose seco,
¿prosiguió a llevar la carta
lo más del camino encueros?
Diciendo: milagro ha sido
(a los que le estaban viendo)
librarme, y a no saber
Pag. 43
nadar, ¿me quedara muerto?
Ya es fácil que otro saliera
de tal peligro tan presto,
Si Usted me juzga por rana
de este charco, aplique el cuento.
Bestia convertida en hombre
o hombre en Bestia que es lo mismo
óyeme, esta aplicación;
criaba una Gata Venus,
y viéndola con las partes
de su fineza, y aseo,
en Dueña la convirtió;
Hubo un convite el Cielo
y salió muy reverenda
a dar los platos primeros
al estrado de las Diosas,
y haciendo el acatamiento
la alabaron todas; ella
llamada del ser primero
pasó un ratón, y soltando
el manjar que iba sirviendo,
llevada del natural
corrió tras él, descendiendo
al Suelo desde el Estrado
platos, dulces, copas y cuerpo;
hasta volver con la presa
en la boca, de que hicieron
mil melindres sus Deidades
trocando en Asco el festejo;
mandó castigarla ella
huyó, y saltó por medio
Buf dijo; ¿espantó las Diosas?
y enojada Venus de esto
vuélvete a tu ser la dijo
y redújola en lo mismo?
tú fuiste sin duda alguna
bestia de tu nacimiento,
hablaste desmesurado
y en tu ser te redujeron.
Pues Livia qué he dicho yo.
Repliconcito; otro cuento.
tuvo un compañero tuyo
un Labrador en su Pueblo,
pidiéronle prestado
él respondió no le tengo
en mi casa, a esta ocasión
el Borrico comiendo
estaba, ¿rebuznó entonces?
Díjole el Amigo, ¿eso
es no querérmele dar
pues que yo le estoy oyendo?
ha de decir más verdad
(respondió entonces su Dueño)
el Pollino, que no yo;
no le tengo, pues le niego;
fuese, y el Dueño enojado
de su descomedimiento,
dijo, de comer tratarás
y no desmentirme, y luego
le echó de su casa, Usted
si es que acaso tiene Dueño
comerá, beberá, y callará,
Pag. 44
¿y excusará ese suceso?
Mujer, que a un arrendador
tocabas, pues eres cuentos.
¡Arma, arma!
¡Guerra, guerra!
Mas, ¡qué sonoroso estruendo
rompe el coro a la quietud,
como la paz al sosiego!
Dentro.
Salen Severo, Jeta, Lamia y Pompeyo.
Ningún soldado se atreva
a desocupar el puesto
que le dio el orden, que yo,
con Jeta y con Lamia, quiero
llegar solo a su palacio,
conducido de Pompeyo.
para ver si mi amor puede
moverle, mejor que el riesgo.
Llegad.
El emperador.
Huyamos, Livia.
Coge a cada uno del brazo.
Tenedlos.
Decid, villanos, decidme,
(que en vuestro temor lo infiero)
¿dónde está Astrea y Daciano?
Dicen que cuadro del Griego.
¿No respondéis?
Habla, Livia.
Di tú, Soruete.
No quiero.
Ese lo dirá, señor.
Ella, señor, que es de adentro,
sabrá mejor lo que pasa.
No apuréis mi sufrimiento.
Yo, señor
Pues, señor, yo
Temblando estoy.
¡Ay, que tiemblo!
Esa es segunda de Astrea.
Y el de Daciano tercero.
Ella te informe.
Él lo diga.
Villanos, ¡viven los cielos,
que os haga quitar las vidas
si faltáis a mi respeto,
¿adónde los dos asisten?
En la cama están durmiendo.
¿Pues duermen juntos?
¡Qué flema!
Como dos palomos tiernos
se arrullan todas las horas.
Dale.
Calla.
¡Mal hayan tus dedos!
O si como sumes boca
dieras en un sumidero.
Di, ¿o es esto verdad, mujer?
Sí, señor.
Llevadlos luego
y ahorcadlos desde una entena.
Ser tu entenado no quiero.
¡Ay, señores!, y qué cara
pone el demonio del viejo
de breva por madurar.
¿Qué esperáis?
Mira primero
que no es bien de tu presencia
salga para hacerte gestos.
¿Qué delito cometí
en responder a tu intento?
Venid.
Pag. 45
Siéntase.
Usted ha de llevarme.
Alza villano.
No entiendo
a qué me convida usted
para alzarme muy ligero.
Hola llevadle arrastrando
Señor muévate mi ruego.
lo que ha de ser con cariño
no con crueldad empecemos,
válgale su buen humor.
Viva pues que gustáis de ello.
Oh lamias de cuantas Lamias,
láminas están lamiendo;
Lamia abogada de ahorcados
en oraciones de ciego,
que no estás en calendario
por ser milagros modernos?
Vase.
Venid los cinco conmigo
a ese castillo soberbio
que al sol le bebe los rayos
clisé de jaspe compuesto.
O quiera Amor que le obligue
la fineza de mi pecho.
Vase y Pompeyo.
O el cielo me dé venganza
del incendio de mis celos.
Viva yo, y ahórquente Livia.
Viva yo, y ahórquente luego.
Dentro.
Prended a Astrea soldado.
Sale sacando la espada Daciano oponiéndose.
No harán, que yo lo defiendo.
Sacrílego que atrevido
no obedeces mis decretos,
tú, en mi presencia te atreves
con tan loco arrojamiento
más que me admiro, que mucho
falte al paternal respecto
quebrante leyes humanas
quien no guarda las del cielo.
Lo defiendo una inocencia
que no mi vida defiendo
si mi vida te ha ofendido
aquí estoy pásame el pecho?
Qué culpa ha tenido un ángel
en ser hermosa, qué imperio
si uso mal de su poder
no fue tirano, qué deseo
mi albedrío ha cometido
contra ti, Lamias, ni el cielo,
si he nacido racional
en adorarla perfecto?
O el cielo no la criara?
o a mí sin entendimiento
me formara, pero quien
mirando un divino objeto
no se ha inclinado a sus prendas
siendo el amor casto, luego
si es casto, al cielo no agravia?
y si soy libre no ofendo
(en usar de mi albedrío)
a Lamia, en estar sujeto
de aquellos divinos ojos
en el apacible incendio
mariposa de sus luces
que rayo a rayo las bebo?
si una tiranía evito
a su poder, antes pienso
que más te sirvo, que enojo;
que si tú eres el espejo
mío, por que yo no hierre
Pag. 46
¿Escusar tus celos quiero?
¿Qué delito cometió
en ser bella, contra Venus?
¿a quién la formó la queja
debe dar, que no al sujeto?
¿Si a competencias la iguala
o la excede; aquese exceso
de perfección, no elegido
fue por ella; que fue empeño
de los Dioses, que en hacerla
mostrar su poder quisieron?
¿Si de ingrato me disfamas?
para que impere, no es bueno
un desobediente, dale
Señor al Infante el cetro,
dale a Lamia por esposa,
que yo viviré contento
en la ruda monarquía
de aqueste silvestre Imperio
donde tiene sin lisonjas
la verdad todo su centro.
Y si algún traidor adula
tus mal fundados intentos
en mi ausencia.
Calla, calla,
que ya sufrirte no puedo
delante de mí, no tiemblas,
Que yo de verme a mí, tiemblo;
¿pues heredó el natural
más que el nombre lo severo?
Mi Rey, mi Señor, mi Padre,
¿cuyo nombre es el más tierno?
no pido que me corones,
no te suplico que el cetro
depongas en mí, no digo
que me perdones, no intento
que derogues tus enojos?
que si en amarla te ofendo
yo postrado, la garganta
daré al cuchillo sangriento?
Solo su vida te pido
para que publique el tiempo,
y en sus anales la fama
que hubo amante verdadero
que aun más allá de la muerte
adoró firme, muriendo?
Aparte.
Vanse.
(Cielos, en tal confusión
lo que he de hacer no resuelvo,
pensarlo será mejor,
que aunque en su culpa, me enciendo.
en su castigo me entibio,
soy padre al fin, y le quiero).
Daciano, no te respondo
porque a mí mismo me debo
esta atención, y por ella
¿si aqueste rato me templo?
¿era acrecentar mis iras
el arriesgar mi consejo?
Ciego estás, pulsa la luz
con tiento, pues estás ciego,
si estás dormido despierta,
¿mira que yo te recuerdo?
quédese Lamia contigo
para obligarte; y te advierto,
que tu vida es admitirla,
y tu muerte, su desprecio.
Ya te avisé, no te quejes
pues mi castigo suspendo
Venid vosotros conmigo.
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Vasse
Que prudente
Vasse
Que severo.
Al paño.
Con Lamia a solas Daciano
ay infeliz escuchemos.
Al paño.
Para ver que la responde
cuidadosa el Alma, vuelvo.
Valgame todo mi Amor.
Valgame todo mi aliento
Muerta estoy.
Sin Alma animo.
Que pena.
Que sentimiento.
Puede haber como querer
a quien esta aborreciendo.
Puede haber como querer
que quiera, lo que no quiero.
Daciano Señor mi bien.
Mi bien dijo, ahora Celos.
Lamia, causa de mis penas
Dios te pague esse consuelo
Enigma, ilusion del Alma
que ni te ignoro, ni entiendo
como estas viva.
Bien dices
pues si a tu desayre atiendo
o la vida esta demas
o el dolor esta de menos.
No te despeñaste
Si,
que mi Amor es un despeño?
Con sentido equivocado
a medida del deseo
a respondido.
Señor
esposo, y querido Dueño
recuerda de aquesse sueño.
paga tan constante Amor,
use la Razon su oficio
y no te olvide de ti
un halago, un frenesi,
que te arrastra tras un vicio
primero que a tu pasion,
antepon a tu cordura,
cuando no por hermosura
por tu misma obligacion;
lo que me debes repara
pues por ti constante muero.
Que importa, si no te quiero.
La Respuesta ha sido clara,
pero passar de un Desden
a grosero, es ofender
mi grandeza, y es querer
que voces mis quejas den
en mi venganza a los Cielos
pues sufrir Celos es mucho;
mas no sufrir lo que escucho
que es agravios, sobre Celos.
Ya no se puede sufrir
tan barbara sinrazon
donde no cabe el perdon
que espero; quiero salir.
Respondedme mas discreto
y hablad con menos rigor
que no Amar, toca a mi Amor,
y ofenderme a mi rrespecto;
y si en vos una Corona
os espera Soberano
otra por daros la mano
deja en Grecia mi persona.
y puede ser que ofendida
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lleguéis, Señor, a perder,
Padre, Corona, y mujer,
y con todos tres la vida.
¿Quién asegura eso?
Sale Severo.
Yo,
que soy quien el ser te ha dado,
ingrato.
Lo amenazado
a lástima se pasó.
¿Qué es lo que llego a escuchar?
Hoy nos perdemos los dos.
¿Estos enojos en vos,
y en Astrea han de parar?
Si a mí mismo me temí
estando en vuestra presencia,
como vuestra inobediencia
no está temblando de mí,
yo, que como Padre he usado
con vos, la piedad de amigo,
hoy usaré del castigo
como Rey, como enojado.
Al paño el Infante.
Cuidadoso de saber
lo que responde mi hermano,
vuelvo a inquirirlo.
Villano,
tú tienes mi Augusto ser;
no es posible que no usaras
tan cegado en tu albedrío,
mirando que es gusto mío
que con la Infanta casaras.
¡Albricias, alma!
¡Ay, linaje
de penas, como la mía,
o qué presto una alegría
se pasó a pesar!
Que ataje
a el César conviene ahora,
Señor, con menos pasión.
Sois quien sufrís su baldón
y volvéis por él, Señora;
Esto toca a mi grandeza
aunque yo lo esté sintiendo.
¿Qué importa me esté queriendo,
si no basta su fineza?
Pues favorable mi estrella
se muestra, la he de ayudar
y a Daciano he de animar
a que no case con ella.
Aunque me veis enemigo,
la piedad de Padre abono.
Con eso me corono,
y así su mano consigo.
Mirad que es último examen
que quiere hacer mi cordura.
Sale el Infante.
Salgo a ayudar mi ventura.
(Que tanto los Padres amen)
¿no os obliga la belleza
de Lamia, que está llorando?
Sí, Señor, pero ostentando
estoy aquí mi fineza.
¿No soy yo el César, no soy
a quien Padre conocéis?
Por eso me debéis
estos suspiros que doy.
¿No os mueve de mi Corona
tanto dilatado Imperio
del uno y otro Hemisferio?
Es más el de su persona,
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Ya que ni ella, ni el Dosel,
no os mueve; un castigo,
no teméis, siendo enemigo
coronado de laurel.
Si como tengo una vida,
mil tuviera, todas diera
primero que la ofendiera
o la viera enternecida.
Al paño.
¿Ejemplo puede tener
el mundo mayor de amante?
Nada vale.
Soy constante.
Esto es lo que he menester.
Hombre, ¿qué fiera mayor
que los hombres te ha admirado,
qué hechizo te ha sujetado?
Todo está sujeto a Amor.
Pues no vale su belleza
ni la piedad que hay en mí,
Infante, traedme aquí
la que debe su fineza.
Veamos qué hechizo, qué encanto,
tiene en sí.
Sale Astrea.
Aparte.
No es menester
que a tus pies.
Bella mujer.
Riegan humilde mi llanto.
Aparte.
No me admiro.
Aquestos suelos
que pisas he de besar.
Aparte.
Celos llegan a llorar,
mas hay esperanza, y celos
que es su hermosura divina.
Aparte.
Mostró el Cielo su poder
que es deidad, y no mujer.
Qué mujer tan peregrina.
A tus pies, César Augusto,
Monarca invicto de Roma,
llorando está una mujer,
más desdichada que todas
y más dichosa.
Levanta.
Que aunque es la razón impropia
en mí, quien padece, y hace
en su fortuna, ¿soy sola
desdichada, en darte enojos?
¿en verme a tus pies dichosa?
que si hay mérito en la culpa,
ésta lo fue meritoria;
¿Qué delito he cometido
en nacer (si soy) hermosa,
que si el cargo fue del Cielo
por qué la culpa me toca?
Al amenazado riesgo
que anuncian esas antorchas
al primer albor, mi vida
a un sepulcro con dos bocas
o dos puertas, fue entregada;
reducida por lisonja
de la muerte; o fantasía
de la vida, pues ignora
qué es morir, o qué es vivir;
El morir porque no corta
aqueste vital estambre
de una vez la segur sorda,
pero cuando un desdichado
lo que dicha fuera, logra,
si aun parasismo, lo era
que acabasen mis congojas;
vida tampoco conozco
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por destinguida a las otras,
que quien vive padeciendo,
solo la aparente sombra
del ser, y el no ser adquiere;
del ser, por lo que le informa
el sentir, de sus sentidos;
el no ser por que no goza
de aquel comun Privilegio
que Aves, y peces le logran?
con que entre el ser, y el no ser
si la vida esta dudosa
lo que es duda, es un acaso,
lo que es acaso no es forma,
gusto es vivir, y si el gusto
falta en la vida, ella propia
es conseqüencia de que
lo mismo que ánima, ignora;
Atendiendo al vaticinio
(doblemos aquí la hoja
hasta su ocasion) mi Padre
receloso, poco importa
decir su cuydado puesto
que en ser Padre se denota.
me trujo a aqueste Palacio
donde en mi primer Aurora
sirvio de cuna y sepulcro,
cuya carcel tenebrosa
ignoro la luz del dia
por tres lustros, que suponga
decirte, que dada a libros
en la fatiga amorosa
estudie de humanas Letras
lo que aun politico, sobra,
no importa, digolo por que
viví tan conmigo a solas
que no solo a competencias
me negue pero a la ociosa
adulacion de los ojos
que en aquel que se enamora
suele dar a lo perfecto;
pues que viví por mí propia
tan altiva, tan sovervia;
tan inexpugnable roca
que siendo desvanecida
de las partes que me adornan
aposte posteridades
en mi aspereza con todas;
pago su fatal tributo
mi Padre, de cuyas glorias
embarazada la fama
mas calla, que no pregona
viendo los sabios del Reyno
que la Corona me toca,
pusieron Governadores
por no arriesgar mi persona
hasta cumplirse el anuncio
(o que error, como si importa
huir el riesgo, si el riesgo
en cualquier parte se doma;
sin duda que de las culpas
que se cometen, de todas
es la mayor, lo infelice
pues en las otras si lloran
ablandar suelen los Cielos
y sus Decretos revocan?
mas la inocencia, (que pena?)
y que el llanto no supongan,
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(qué dolor) de que me admiro
si es ofensa que aborta
contra un objeto los Astros
y en que se cumpla se abonan?
En este tiempo Señor
Daciano (aquí me perdona
que me recree en su nombre)
que tanto el Alma le adora
que es el tiempo que no vive
el rato que no le nombra.
Daciano, mi amado esposo,
trato, pero no me toca
decir de casarse, pues
presente Lamia, es viciosa
la recordación; demás
que si mis celos provoca
baste el dolor de sentirlos
sin renovar la memoria;
Predijo Venus, aquí
también ceda a la forzosa
causa paso, porque el tiempo
que me dilata, me estorba,
obediente a tu decreto
partió con marciales tropas
en mi busca, pero al punto
que me miró, el Alma absorta,
se quedó, pero ¿el efecto
lo diga sin ceremonias?
Propúsele con cordura
dificultades que ahora
en tu presencia subceden
gran Señor, tan a mi costa.
Prevínele sus peligros,
y salvándomelas todas,
atropellando imposibles
me pidió mano de esposa;
yo viendo (negar no quiero
que me enamoré) quejosa
del desdén mi voluntad
me rendí, que poco importa
si lo publican los ojos
que lo recate la boca,
enlazamos nuestras vidas
en tan dulce unión, que logran
el ser un Cuerpo, y dos Almas,
un cariño, una persona,
un querer, un albedrío,
y al fin al nudo que forja
una vida, y dos alientos
a que indisoluble embota
aun su Cuchillo la muerte,
pues era cossa notoria
que aun más allá de la vida,
el ser inmortal blasona:
Ya en las Latinas, ya en Griegas,
ya en las Romanas Historias,
ninguna competir puede
de tanta Ilustre matrona
a mis firmezas, y así
Rompe, despedaza, corta,
quita, ejecuta, castiga,
al Cuchillo, a la ponzoña,
al suplicio, al agua, al fuego,
La vida, el ser, la Corona,
el Aliento, y albedrío,
que ningún temor me assombra,
o ya cruel me castigues.
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o benigno me perdonas,
que si en el Alma dominio
no tienes; y ella me informa
de lo mucho que te adoro
el dar la vida es lisonja
si queda el Alma conmigo
y el Alma es la que adora.
Mirándola vase yendo.
Disculpa tuvo en quereros
pero no en desobediente
sabe el cielo el Alma siente
el haber llegado a veros;
Pues en forzoso castigo
está la razón neutral;
si perdono, es quedar mal
con Venus, sino conmigo.
Pues bastaba ser mujer
y sobre mujer llorosa,
que es ser dos veces hermosa
para llegar a ceder,
de mi Justicia, si fuera
Astrea la causa mía,
de mis piedades confía
perdonara si pudiera.
mas de Venus los enojos
miro, y de Lamia la queja;
Que haya corazón que deja
llorando tan bellos ojos
en estas dos torres. Presos
del Palacio los llevad.
Señor, vuestra Majestad
repare, que son excesos
del poder, cuando están llenos
aquellos ojos de llanto.
Vase.
No lo sentirás tú tanto
pero no puede ser menos
¿Que haya yo de ser cruel
con una mujer tan bella?
tú Lamia ten cuenta de ella
tú Pomete sé Alcaide de él.
Así vengaré mis celos
muera pues me mata a mí
Yo le ayudaré y así
se lograrán mis desvelos.
Venid y no os detengáis
y os dejaré en la prisión.
Primero dad permisión
le abrace, pues me lleváis,
mi dulce esposo.
Acabad
venid, que no es tiempo ahora
Astrea mi bien Señora.
venid, ¿qué hacéis?
Esperad
Capitán, que se despidan
no uséis de tanto rigor
Vos los amparáis Señor
Sí, que basta que lo pidan.
Es mi cargo
Ten mi gusto,
es cargo de mi grandeza
el quitaros la cabeza
si me diereis un disgusto.
Vos a Daciano podéis
detener, no a Astrea.
No.
No que me la llevo yo.
¿No tanta crueldad uséis?
Aparte.
Qué falta me hace mi Alma.
mi Dueño.
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¿Mi bien?
Venid.
Vos, Señora, permitid.
A muy buen árbol se arrima.
Vida y Amor, perdí hoy.
Esposo, que te he perdido.
Te pierdo, y no mi sentido.
desde el paño
Mirad que esperando estoy.
Ojos, vamos a sentir.
Corazón, a padecer.
A empezar, Alma, a temer.
Vida, a acabar de morir.
Por si morimos los dos,
toma el abrazo postrero.
vuelve Lamia.
Tal sufro, ¿no veis que espero?
Pues a Dios, esposa.
Vanse Lamia, Astrea y Pompeyo.
A Dios.
No el sentimiento, Daciano,
dé riendas al corazón,
pues tienes en tu prisión
de tu parte Alcaide hermano;
Adórala, que te ofrezco
cuanto valgo en tal rigor,
que ya sé lo que es Amor,
pues de lo mismo adolezco.
A tus brazos.
aparte
No agradezcas
el hacer esto por ti,
porque está muy bien a mí
el que a Lamia la aborrezcas.
Vanse, y salen Pomete y Livia.
El Diablo anda en Cantillana,
Livia.
Sorvete, ¿qué hay?
Muchas cosas que decir,
pero nada que contar.
¿Por qué?
Porque mi ración
mi Amo, debiéndome esta,
y pienso que de esta vida
ya se quiere descasar,
con que ha volado mi finca
que era ración al quitar
como Juro.
A mí me pesa,
pero no puedo llorar.
Pues si eres de corazón
dura, hay más de reventar.
Yo me pusiera una toca
sin ser tu mujer, por dar
muestras de lo que te quise
si te llegaras a ahorcar;
mas volviendo al caso, sabe
que a Lucelinda dejar
la entraron en la prisión
porque pueda acompañar
a mi Señora.
Vive el Cielo,
que es esa una tal por cual,
y que a usarse Inquisiciones
que la había de acusar.
Paso a la torre por ver
si a mí me dejan entrar.
Yo ni entrar, ni salir quiero,
pues que no puedo sacar
más que una carga de palos.
Vase cada uno por su puerta, y salen Severo, e Infante, Lamia, y Pompeyo.
En efecto, está tenaz
en no mudar de su amor.
Deducirle es por demás,
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Lamia divina, de Astrea
como en reducirla os va.
Que enfríe el fuego es más fácil
que de pretexto mudar.
Pues ya Lamia que un ingrato
no es bueno para galán
y es contra vuestro decoro
con forzada voluntad
admitirle por marido,
pues parece que no hay
mérito en vos, cuando todas
las prendas están de más.
A luz de vuestra hermosura?
Otro rumbo he de tomar
que no es bien que sin castigo
los dos, se hayan de quedar;
Muera Astrea, que aunque miro
su inocencia, en ella está
desquitar vuestro desaire,
y también por que quizás
quitada aquella esperanza
vuestra mano admitirá
y dado que esté constante
en tan loca ceguedad
a Livia daréis la mano
a quien he de coronar
a sus ojos, por que viendo
que lo que amó, falta ya,
que la corona la pierde
y qué estado vos tomáis?
tantos intereses pueden
la esperanza asegurar;
Yo esta noche en su prisión
con vos Señora he de entrar
y darla un veneno.
Cielos,
cuánto me huelgo escuchar
el riesgo de su hermosura
para poderla librar.
Repara Señor.
Venid
pues que descendiendo va
en los brazos de la tarde
las luces del Sol al Mar
que esto ha de ser y lo mismo
lo tengo de ejecutar.
Vanse los dos.
A tanta resolución
no tengo que replicar.
Vase, y ha de haber dos rejas altas, a los lados de los paños de forma, que a un medio bofetón se junten cuando avisa, y sale a la una, Daciano, y en otra Astrea, y Lucelinda.
Yo intercediera por ella
pero si en mi mano está
para qué he de agradecer
lo que yo puedo lograr.
Triste prisión, y cárcel miserable
qué vida, dueño, y gusto me limitas?
de dichas breves, de penas infinitas
donde mi mala suerte se ha hecho estable,
Para quitarme el bien, fuiste mudable
y mientras más me animo, más me incitas,
di, qué quieres de mí, qué solicitas
que has hecho fijo, lo que fue variable.
Al severo dolor de un sentimiento
quieres rendir un corazón altivo
con fatales señales de mi suerte?
No lo has de conseguir, aunque lo siento
y no lo has de lograr mientras que vivo
porque mi amor, no rinde ni la muerte.
Llorad ojos llorad, y al sentimiento
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ved que son contradiciones
ser Dioses, y ser tiranos,
no vuestras Veneraciones
desluzcais siendo crueles
por que si os falta el renombre
o atributo de piadosa
dejareis de ser, y entonces
vere, que tiene poder
mas que vosotros un hombre,
Amor, Sagrada Deydad
cuyo poder reconoce
por mas Imperioso el Cielo?
por mas soberano el Orbe.
como no escuchas mis quejas
para cuando tus harpones
en el Carcax embotados
se guardan, que no deponen
fustrados estos intentos,
vengados estos rigores
para cuando son tus Iras
vendada Deydad.
No oyes.
segunda vez sus lamentos
al compas de sus prisiones?
luz a quien mis ojos siguen
Alma, del Alma, responde
si me escuchas, no el Consuelo
me niegues de oir tus voces
ya que no puedo mirarte.
Que aquestas rrejas me estorven
a no verla, a Ierros duros
que en vivas imitaciones
del corazon de mi Padre
teneis sin duda lo indocil?
Echizo de mis sentidos
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Astrea, mi bien, Amores?
Dichoso yo, pues te escucho?
[Júntanse]
A gran peligro se exponen,
si los atienden; y así
por que escucharlos no logren.
haced se junten las rejas
espíritus Inferiores
que esperáis, no obedecéis.
Pero qué es aquesto; unióse
una con otras las Rejas?
Todo fuera admiraciones
a no pedir tanto el tiempo
esposo, no le malogre
dame los brazos aunque
aquestos yerros lo estorben
que te veo.
Qué te miro
Que aún amor que nació noble
de delincuente se acuse
Que no ablanden sus rigores
el mirar esta hermosura.
oh Padre cruel no tome
la venganza de mi causa
contra tu vida los Dioses?
Ahora venga la muerte
que si es por ti, el duro golpe
qué vida, como morir;
que aunque el Alma no te goce;
no dejará de adorarte
en medio de sus horrores?
Venga la muerte bien mío
para que en ella se apoye
que aún mas allá de la vida
te adorarán mis pasiones.
[Dentro]
Astrea.
[Dentro]
Daciano.
[Dentro]
Haced
que bajen los dos
[Dentro]
A dónde
estás, que no has respondido.
[Dentro]
Dónde estás que no respondes
[Vuélvense a dividir]
El césar, tu Hermano, y Lamia.
os entran buscando; tomen
otra vez, su natural
puesto las rejas, y entonces
acudid, no os echen menos.
Fuese Astrea, el día es noche,
A Dios mi Bien.
A Dios Dueño.
Qué desdichados amores.
[Vanse y tocan Cajas, y clarines, Salen dos criados uno con una fuente y una Corona de Laurel, y otro con una Salvilla y copas, Sorbete, Livia, Lamia, Astrea Lucelinda El Infante Daciano Pompeyo y Severo]
Aquí de todo el valor
pues tanto le necesito;
que aunque miro su delito;
miro también a mi Amor,
deme el Cielo su favor,
deme mi enojo prudencia;
deme mi afecto, paciencia,
pues que miro enternecido
al extremo que ofendido
para intimar su sentencia?
[a ella.]
Astrea, de aquel Veneno
no temas, que es con ficción.
La mitad del corazón
hoy a la muerte condeno.
Por el Amor de mi hermano
compite pues lo merece,
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que aunque veneno parece
es triaca de mi mano.
Sea o no sea, constante
me he de hallar, en muerte o vida.
Ahora de lo ofendida,
me vengo de un necio amante
Aparte.
En las sombras de mi muerte
tropezando está mi horror
piedad si eres Dios, Amor.
Solo sentiré perderte
Ya que irreducible estás
hijo ingrato, (mal he dicho
que no seré riguroso
si me acuerdo que es mi hijo)
Daciano desobediente
(mal a rendirle me animo
o qué mal sabe enojarse
quien como Padre ha querido)
que sacrílego a los Dioses
faltando al culto Divino
a Venus, faltas también
a mi imperioso dominio
que por Rey y Padre tengo
dos veces en tu albedrío?
pues no bastó, mi prudencia,
pues no alcanzó el amor mío,
a que estimes mis consejos
despreciando mis avisos,
hoy siendo Juez, siendo Padre,
acudiendo a ambos oficios,
porque de mí no te quejes
en dos mitades divido
a mi amor, y mi poder?
los que en ellas solicito
ser Padre, para el perdón?
ser Rey, para tu castigo;
y así para que de ingrato
no acuses a mi cariño
diciendo que no cumplí
como Padre, y como Amigo;
y que me di a lo severo
aun antes de lo preciso?
Quitadle de mi presencia
advirtiendo, que te estimo
que un hora te doy de vida,
para usar de tu albedrío,
porque el término pasado
si en él no te has reducido
querer moverme, será
mover a piedad un risco?
Id vos Infante con él,
no te quejes, ya te aviso.
En vano haces el examen
si he de responder lo mismo.
Llévanle.
Llevadle; que en tanto logro
atendiendo al vaticinio
de Astrea, que en su primera
Cuna, fue el nacer delito;
como primer causa en todo
y como primer motivo
de tanto atrevido yerro
tan suyo, como tan tuyo;
cumpliendo en ejecutar
lo que el oráculo dijo
que en su suntuoso templo
contra su vida fue anuncio?
hoy al rigor de un veneno
de el postrero parasismo;
y así antes que vuelva, dadla
esa copa que he traído,
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A Astrea.
Señor, clemencia.
No hay piedad en lo preciso.
Mira por Daciano ya,
que yo por mí no te obligo,
que solo morir lo siento,
no por vivir, que no estimo
la vida tan desdichada;
sino que esos ojos míos,
es fuerza, que si yo muero,
el dolor muera conmigo.
A tus pies con este llanto,
que está corriendo hilo a hilo,
en campo de mis tormentos,
al aire de mis suspiros,
su vida pido, Señor,
que la mi vida no pido.
Llevadla de mi presencia,
y ejecutad lo que he dicho.
Tómale, y bebe.
Cae.
Murió.
No es menester; que corrida
de que ya no haya valido
a mover con este llanto
pecho tan endurecido,
y corazón tan tirano,
más fiero, mayor vestiglo,
que el de cuanta airada fiera
habita el entretejido
de esos erizados montes
y de esos silvestres riscos?
lo tomaré por mi mano,
para dejar a los siglos,
memoria, gloria, y renombre,
ya todo me lo he bebido,
ya se desmayan las fuerzas,
ya carecen los sentidos,
del uso, ya de los ojos
la luz es horror, ya miro
desunirse el alma, y ya
revueltos entre gemidos
los espíritus vitales
se desatan; dueño mío,
¿adónde estás, que a tu esposa
dejas, en tanto peligro?
¡Daciano, ay de mí!
¿Y yo más muerto respiro?
Salen Daciano y el Infante deteniéndole.
¡Oh pesar de mi crueldad!
Quítasela a Severo.
Astrea (¿qué es lo que miro?)
¿qué quieres? (¿qué es lo que veo?)
¿que a tu voz, (en balde animo
el alma, ¡ah, tirano padre!)
volvió en sí, cual expelido
rayo, que busca su centro
contra su ser vengativo?
¡Ay de mí! ¿mortal estoy?
¿qué has hecho, bárbaro impío,
que no es mi padre, el que corta
la vida, a un ángel divino,
ya el más hermoso lucero
de esos velos cristalinos
se apagó, ya la más bella
azucena, pasó a lirio,
ya el más fragante clavel
de su boca, está marchito?
¿cómo vivo, si esto veo?
si está muerta, ¿cómo vivo?
Dame esta espada, villano.
Para lo que me ha servido
tome usted, que no hace falta.
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Tienenle.
tenedle, antes que al delirio
precipitado se mate
Oye Daciano, oye hijo
Dejadme, oh viven los Cielos
que al incendio que respiro
os abrase con mi aliento
mas no que los ojos mios
le apagaran, pues que llevan
aun mas agua, que no el Nilo.
tenedle, y escucha atento,
Ya fallecio aquel cariño?
aquel alagoso encanto?
aquel afectado echizo?
sino me obedecieres
hare contigo lo mismo?
La Corona en una mano
te ofrezco, si compassivo
a mis ansias obedeces?
si admites como he querido
para ser tu Esposa, a Lamia;
En otra mano previno
mi rigor esse veneno;
Por que si das al destino
de tu muerte, tu lo elijes,
que Yo tu muerte, no elijo,
miralo vien, que a no hacerlo,
tu hermano, al Imperio mio
subcedera, y Lamia vella,
le admitira por marido.
Alli ganas la Corona,
Alli el mando, Alli el Dominio,
Alli ganas en tus brazos
a Lamia, alli prevenido
se deposita mi Amor
para ser espejo tuyo?
Aqui pierdes la Diadema,
Padre, Esposa, Vida, y
Digo
que no te canses, la muerte
es solo la que Yo elijo;
que muerta Astrea, no esta
vien quista el Alma conmigo?
Matame, que lo que tardo
en morir, falto a ser fino?
y quiero mas parecerlo
que cuanto me has ofrecido?
oh Amor, oh Dioses, oh Cielos,
para cuando sois propicios
si estais sordos a mis quejas;
para cuando lo benigno
guardais. si del corazon
no es mucho lo que destilo
en Inundacion de llanto
que se congela en si mismo.
Pues antes que mueras; empiecen
(por que mas llegue a sentirlo)
las usadas ceremonias
de Coronar, el que ha sido
de subcessor de mi Imperio
mas que no un Ingrato digno.
Tocan Instrumentos y bajan desplegandose dos nubes desde lo alto y en ellas Venus, y Amor cantando.
tened esperad
Suspended al Impio
la ejecucion Sangrienta
que el llanto obliga, a mas que no el delito.
oid, y mirad
revocado el anumpcio
Obedeced mis voces
pues el obedecer es sacrificio
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El cielo se rasga a luces.
Dioses, ¿qué sonoro ruido
en dulces acentos rompe
a mi intento los designios?
Con templados instrumentos
acorde música ha sido
la causa que nos eleva.
¿Qué admiración?
¿Qué prodigio?
Venus.
Yo soy la Deidad de Venus
a cuyo culto ofendido,
el anuncio ejecutado,
mi oráculo te predijo.
Amor.
Yo el Amor, cuyo poder
con imperioso dominio;
sujetar puede los astros
y revocar vaticinios.
Venus.
Movida de sus lamentos.
Amor.
Yo de sus quejas movido.
Venus.
Compasiva le derogo.
Amor.
Los amparo compasivo.
Venus.
Van subiéndose.
Vuelva del mortal letargo
la que yace sin sentidos.
Amor.
Y goce tan firme amante
sus merecidos cariños.
¡Todo está sujeto a Amor
y ya su anuncio cumplido!
Venus.
Yo me doy por bien servida,
Severo, del celo tuyo.
Amor.
Desaparecen.
Favor pediste, Daciano,
a mi Deidad afligido;
y movido de tus quejas
en tu favor he venido.
Levanta él a Astrea.
Ya recobrada en su ser
Astrea, se ha reducido.
Las dos desaparecieron.
Pues perdón han merecido,
en hora dichosa vuelvan
a mis brazos.
Por Mercurio,
que hecho una bestia he quedado.
Pues cuándo, tú, no lo has sido.
Lamia divina, pues ves
que deponen lo ofendido
su deidad, porque dichosos
volváis a Roma conmigo,
¿admites al Infante esposo?
Con mi mano lo confirmo.
Dichoso mil veces yo.
Yo sí, porque el regocijo
ha de matarme.
¿Y a mí
el gusto de verte vivo?
Y yo, Astrea, si merezco
el vivir en tu servicio,
la mano de Lucelinda,
tu hermosa prima, te pido.
Aparte.
Lleva usted muy linda alhaja,
lleve el diablo a quien la hizo.
Yo lo otorgo.
Tuya soy.
¿Quieres casarte?
Abernuncio.
Fin.
Y aquí tenga fin dichoso
(si es que ha acertado a serviros)
Todo está sujeto a Amor,
dándole al ingenio un víctor.
