Texto digital de Si amor mata, amor da la vida
Data de publicação: 22 de agosto de 2026
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- Atribuição tradicional
- Atribuição estilométrica
- Alejandro Arboreda Segura
- Gênero
- Comedia
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- El texto procede de la transcripción automática del manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional de España, signatura MSS/17053.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Si amor mata, amor da la vida. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/si-amor-mata-amor-da-la-vida.
SI AMOR MATA, AMOR DA LA VIDA
Pag. 1
Mss 17053
Pag. 2
Yy 922
Mss.
17053
Pag. 3
Dr. Alejandro de Arboreda.
Si amor mata, amor da vida.
3 jornadas.
Jornada primera
Pag. 4
Aurora, princesa
Federico, príncipe de Hungría
Irene, su prima
Aristeo, príncipe de Transilbania
Laura, criada
Carlos, capitán de Federico
El rey de Boemia, viejo
Fineo, capitán de Aristeo
Arnesto, conde viejo
Salbañón, gracioso
Soldados, damas y acompañamiento
Salen Federico, Carlos y Salbañón.
Seas, Carlos, bienvenido,
y dame a valer los brazos
que dignamente se emplean
en quien es leal vasallo.
Como yo logre la dicha
de besar tu mano, es cuanto
mi humildad desea atenta,
en premio de favor tanto.
Levanta, Carlos, del suelo,
que eres mi amigo.
Y tu esclavo.
Merezca yo que me deis,
señor Carlos, por un rato
las manos y pies.
¿Qué dices?
Pag. 5
Sabañón,
pues ¿no está claro
que un sabañón vulgarmente
se halla en los pies y en las manos?
Siempre el buen humor te dura.
Ya estuviera yo enterrado
si buen humor no tuviera.
¿De qué suerte?
Si acabado
se hubiera el bueno, ¿no es cierto
que hubiera quedado el malo?
Pues para echarle, ¿hay más que
sangrías, purgas y emplastos?
No hay médico que más sepa.
Pues pregunto: ¿usted ha hallado
quien dé grati et pro Deo
todos estos embarazos?
No lo creo, luego es cierto
que si mi ración no alcanzo,
y el príncipe, mi señor,
después de festejos tantos
en que aplausos tan crecidos
de teatro, dos no me ha dado,
más que trabajo en cuidar
de galas, plumas, caballos,
y algunos vueltos de coces
que a cuenta me han estampado;
¿de dónde sacar podría
yo dinero para el gasto
de las dichas medicinas,
con que era fuerza que, dando
el mal humor en el cuerpo,
conmigo fuese acabando
hasta llevarme a la huesa?
Y así, por conclusión saco,
que si el buen humor faltara,
con que me entretengo a ratos,
estuviera el sabañón
comido ya de gusanos.
Bien has probado tu intento.
Es verdad, y por si acaso
tal vez el buen humor pierdes,
para que vencer el malo
puedas con las medicinas,
toma este bolsillo.
A santo
que en el viejo Testamento
haya vivido más años,
haga mi vida y la suya
iguales.
Dime tú, Carlos,
¿qué hace mi hermano el infante?
Gobierna como su hermano;
pues en serlo, lo prudente,
lo justo, lo atento y sabio,
ha vinculado su acierto.
Pag. 6
en el gobierno, que cuando
te partiste a la asistencia
de Aurora, heroico milagro
y de Bohemia princesa,
le encargaste a su cuidado:
pues en sus acciones logra
de toda Hungría el aplauso.
Y a ver, por tales nuevas,
te ofrezco, Carlos, los brazos.
Mas, ¿qué ciego, qué motivo
has tenido que, dejando
a Hungría, te obliga a dar
la vuelta a Bohemia, estando
tu persona allá de menos?
Pues ha de hacerle tu lado
falta a mi hermano en la corte.
A precepto de tu hermano,
señor, me obligo a venir,
porque si se ofrece algo
que a tu real servicio importe,
con más presteza y cuidado
en mi obediencia hallar puedas
la lealtad de tus vasallos;
y, advirtiendo que de Hungría
te partiste disfrazado
a Bohemia sin decirnos
motivo, intento o acaso
que te obligó a la jornada,
discurría el vulgo vano.
Mas viendo que en el festejo
de Aurora le sirves bizarro,
fino y amante, ofreciendo
por víctima y holocausto
el corazón en las aras
de Amor, he venido dando
muestra de mi afecto, pues,
en cualquier lance, fiando
de mi lealtad mis intentos,
podrás bien comunicarlos.
Mas permíteme, señor,
que sepa de tu cuidado
la causa, pues me parece
que puede ser, tan prendado,
hallarte de la princesa,
sin venir enamorado;
y si, herido de las flechas
de Amor, has venido cuando
sus arpones en tu pecho
amantes se ensangrentaron.
Dios te pague la pregunta,
porque ha un siglo que rabiando
estoy por saber lo propio,
y no me he determinado
a preguntarlo porque
temía que, al preguntarlo,
mi señor me respondiese
al consonante.
Pag. 7
Y es malo
responder al consonante.
Eso lo saben mis cascos,
pues el consonante que
sabañón tiene, es pelado.
Y ¿cuáles?
Mogilón, miras
si a la duda satisfago.
Pues me preguntáis la causa
de mi venida, fiado
en vuestra lealtad, pretendo
satisfaceros a entrambos,
refiriendo de mi amor
el principio y a la causa,
de mi pasión el origen,
y el volcán en que me abraso.
Vaya pues, si no oye y di.
Y a ambos la atención damos.
Era la estación más bella
del año cuando llegando
a despertar a las flores
de aquel pesado letargo
del yelo la primavera,
a humildes plantas y ramos
de verde esfera vistió;
ya a los montes, ya a los llanos
les dio librea a su costa
de felpa corta su mano.
Cuando el matiz al mostrar
la rosa, recata al campo
alimentándose solo
de las perlas, que con labios
de rosicler a los pechos
del aurora con halagos
chupa para darlas luego
al sol que la influye blando;
cuando el jazmín trascendiente,
blanca pastilla del prado,
en sus senos atesora
bellezas que me ha cautivo;
cuando atenta a su decoro
con botoncillos dorados
la azucena presurosa,
paloma blanca, mirando
que es su oficio en los jardines,
guarda flores de su grado;
cuando el jilguerillo alterna
sonoros quiebros, llamando
a su esposa, y al mirarle
entre colores tan varios,
aunque el sol a verle juzga,
le tiene por flor de mayo;
cuando risueños cristales
rompen los grillos helados
bordando con plata hilada
Pag. 8
Tal vez de gala del prado,
cuando con espigas Ceres,
y cuando con ramos Baco,
cuando con sus flores Flora,
cuando Pomona con partos,
son del triunfo de Amaltea
bella envidia en frutos tantos.
Cuando con voz numerosa
en el facistol de un árbol,
sonoro clarín de pluma,
Filomena está mostrando
que sin lengua explicar puede
su amor un enamorado.
Cuando a las recién venidas
flores están alabando
las dulcísimas tiorbas
de los arroyuelos mansos.
Cuando el álamo de Alcides,
soberbia pompa del campo,
hace defesa de sus hojas
visera del sol a los rayos.
Y en fin para que lo diga
de una vez por no cansaros
con más señas, cuando hay tantas
era la estación del mayo,
en que permitiendo treguas
de mi gobierno a cansancios,
a los montes que dividen
con sus soberbios peñascos
a Hungría y Bohemia un día,
con monteros y criados,
salí a caza cuando el sol
de mil luces coronado
a las sombras desvanecía
los horrores con sus rayos,
y con un rayo de luz
la luz apagó a los astros,
diciendo a porfía al verle
las aves con dulce canto
plaza, porque el rey del día
sale del mundo al teatro.
Gastamos parte del tiempo
inquiriendo ramo a ramo,
peña a peña y planta a planta,
ya del humilde gazapo
la cama, del jabalí
la honda cueva y del venado
la habitación, porque fuese
despojo de nuestro brazo.
Cuando de junto a unas rocas
dos ciervos casi volando,
más que corriendo salieron
tomando caminos varios:
uno los bosques de Hungría
y otro la senda que a un llano,
que a la otra parte del monte
Pag. 9
gia, en cuyos verdes lazos
descansa aquella sublime
pesadumbre de peñascos.
Elegí seguir a este,
y mis criados, turbados
en seguir al uno, solo
en el monte me dejaron.
Dile al caballo las riendas,
crucé el monte, corrí el llano,
seguíle hasta un bosque espeso,
tierra de Bohemia. Cuando
a un mismo tiempo noté
que la espesura de ramos
lugar al ciervo le dio
de ocultarse, y que llegaron
a mis oídos voces
de gente que iba cazando.
Fijé la atención por ver,
de lo curioso llevado,
hacia qué parte se oyeron;
mas dentro de breve rato
salí de la duda, viendo
que de un monte cercano,
persiguiendo un jabalí,
una mujer a caballo
venía hacia el sitio mismo
donde yo estaba. Admirado
quedé, viendo que venía
sola; y atando el caballo,
entre unas ramas enormes
me escondí, porque reparo
no hiciese en mí, y si lo hiciese,
movida de un recato,
llegó junto a mí. (¡Ay, amigos!)
Si yo supiera contaros
lo que sintió el corazón
al ver tan bello milagro;
pero no es fácil, porque
siempre de amor el cuidado
ha sido para sentido,
pero no para explicado.
Llegó, digo, junto a mí,
pero la fiera erizada
todo el cuerpo, y de los ojos
viva la sangre brotando,
arrojando espuma y fuego
por la boca, y afilados
los colmillos, se paró,
como quien dice: Esperando
estoy, atrevida deidad,
vuestros rigores; veamos
quién sabe mejor cumplir
lo que a esta vez toca a entrambos:
yo morir o vos matar.
Mas ¡ay! qué bruto reparo.
Pag. 10
quien duda que de lo hermoso
los apetecidos rayos,
si con un descuido matan,
¿qué harán con un cuidado?
Parecióme esto soberbia
en la fiera, y admirado
quedé al ver que no temió
lo altivo y lo soberano
de sus hermosuras; mas luego
a mi duda satisfago,
pues es constante que el bruto
quedaba ufano logrando
morir a sus ojos, pero
viendo el peligro cercano
quiso resistirse, no
por no rendirse al milagro
de su belleza, sino
porque si moría a manos
que ninguno atribuyera
aquella muerte a cuidado
de su obsequio, sino a efecto
de su valor, y así, cuando
se vio arriesgada, se expuso
a defenderse mostrando
que lo hizo viendo que hubiere
para rendirla, apelado
de las flechas de sus ojos,
al venablo de su mano.
Embistióla, en fin, la fiera
y ella picando al caballo
hizo lo propio; mas ya
derribóla. Recelando
de el jabalí algún peligro,
salí cortándole el paso,
y él paróse cara a cara,
y ejecutando, arrojado,
con la espada dos heridas,
dio a la muerte paso franco.
Murió la fiera, y la dama
en mi valor reparando
me preguntó que quién era,
mas yo, el aliento turbado
y casi sin mí, que amor
tiene principios muy malos,
le dije que era de Hungría
un caballero, y que acaso
a los montes de Bohemia
cazando había llegado.
Miróme afable, y dijo:
"Si vos fuerais mi vasallo
premiara vuestro valor,
pues habiéndome librado
del peligro en que me he visto,
al rey, mi padre, obligado
Pag. 11
os debiera agradecer
empeño tan entregado.
Respondíle: "No por premio
hace un noble agasajo,
sino por cumplir la deuda
de su sangre, y en tal caso,
aunque nunca se consiga,
si de merecerle alcanzo,
toda la fortuna queda
bastantemente premiado;
además que si de un riesgo
os sacó mi mano, es llano
que no me pagaréis bien
menos que con vuestra mano".
A este tiempo sus monteros,
subiendo por los collados,
la buscaban, pero yo,
por no ser de sus criados
conocido, la pedí
para tomar mi caballo
licencia, y partirme luego;
y solo, y decía, acaso,
a mi fortuna: "¡Oh, Bohemia,
oh, mujer, en ti he fiado,
quien mi sagrado cimiento
no faltará, pues yo parto
gustoso con tal palabra!".
Y después que dimos ambos
a los caballos las riendas
hasta que los dos llegamos,
ella a Bohemia con gusto,
y yo a Hungría, tan trocado
que las fiestas me cansaban,
lo que antes fue gusto, enfado
fue después, y solo áspero
era todo mi cuidado.
Viendo que mi queja admitía
ningún alivio o descanso
mi mal, resolví partirme
a su corte, deseando
competir con Aristeo,
que a quien queréis, deshumano.
Llegué, y conocióme luego,
disimuló, mas yo, osado,
le dije que a pretender,
de su hermosura obligado,
vine a su corte, sin más
méritos que ser su esclavo,
ni más padrinos que una
palabra que de sus labios
merecí, en quien de mi dicha
el cumplimiento afianzo;
en fin, siempre en asistirla
la ventaja he procurado,
mereciendo en mis servicios..."
Pag. 12
la atención y agrado de Laura,
porque aunque desconfiados
abrasados e informados
están, ya por las palabras
que mal disimula el labio,
viéndose de ellas destituidos,
engendran nobles cuidados;
y a pesar que mudamente
los ojos han declarado,
puertas por donde se manda
de toda el alma el palacio,
con todo me ha hecho notorio
su cariño, recelando
no juzgues por ligereza
violencias de un dios vendado.
Esta es la pena que siento,
esta es la llama en que ardo,
y este en fin es un rigor.
Amar penoso entre cuantos
tiene el amor, pues la dicha
está con el sobresalto
de si la elección se hace
dichoso logrando ufano
lo que desea o si hace
el olvido desdichado.
Adiós, Señor, si das
en estar enamorado,
envolviendo a Hungría toda,
quien gobierne tus estados.
¿Por qué?
Porque no es lícito
voto, y el más acertado,
al eminente y antiguo
zambo, loco y corcovado,
sordo, o finalmente asno;
lo peor de todo callaba,
que a todas horas por muestra
una vejiga por zancas.
Para el logro de esta dicha
a su mérito no paso,
que si los cuento ha de ser
con nota de apasionado;
mas un reparo se ofrece
solo que pueda estorbarlo.
¿Y cuál es?
La enemistad
que tanto tiempo ha durado
entre Bohemia y Hungría,
y guerras que tantos años
han sido pena común
para vidas de vasallos.
Tu reparo con las paces
hechas queda saneado.
Aunque estén las paces hechas,
el odio que se ha engendrado
con tantas muertes no es fácil
Pag. 13
se borre de un pecho airado
retíranse
el rey a esta pieza sale
de Aristeo acompañado
pues retiraos a esta parte
que llegan ya
así lo hago.
Salen el Rey, el Conde Arnesto, Aristeo, y acompañamiento.
Príncipes generosos,
que bizarros, valientes, y ingeniosos
vuestro valor y gala
ninguno al otro excede, pues le iguala;
siendo competidores
fuisteis a un tiempo entrambos vencedores,
pues por digno del lauro cada uno
no ha podido llevársele ninguno;
no quiero que quejosos
quedéis de mi elección, hagaos dichosos
Aurora sola, a cuyo arbitrio dejo
que haga experiencia, con sagaz consejo,
de vuestro afecto, y haga venturoso
al que estimare más por más esposo;
que un cetro soberano
quisiera dar a entrambos por mi mano.
Yo, pues tanto interesa
mi amor, mi voluntad, y mi fineza,
en que un acierto sea
quien elija a su gusto el que desea;
vuestro designio admito,
y aun más lo solicito,
pues en mi amor espero
que por mayor le ha de admitir primero.
Aunque desconfiado
de que elegido sea mi cuidado,
pues la elección previene
al mérito por fin, y a quien no tiene
mérito que su dicha le corone
desconfiado a la elección se expone;
solo porque en alteza
de dueño de la que es alta belleza,
el arbitrio es el mismo,
y así mi amor al competir animo.
Salen Aurora, Irene, Laura, damas, música y acompañamiento.
Compitiendo de Aurora divina
la mano más bella, príncipes, venid,
consiguiendo el que fuere elegido
la dicha suprema del lauro feliz.
Pues que la elección, Aurora,
a mi albedrío se deja,
también los medios podrás
elegir para que sepas
quien más amante te estima
y a quien debes más fineza.
Pag. 14
Supuesto que la razón
es quien con valor se premia
hoy, príncipes, quiero ver
quién con razón me festeja,
para que tan bien conozca
quién del interés se mueva;
y así vuestros fundamentos
Amor me manda que sepa,
para que la más amante
pretensión el premio tenga.
Diga cada amante
la razón de amor,
pues en ella estriba
su felicidad,
y diga verdad
que ya rige Amor su razón.
Aparte
Vase
Príncipes, pues que tenéis
para el festejo licencia
y pretendientes estáis
en la ingeniosa palestra,
empiece la lucha y muestre
quién ama con más firmeza;
y pues Aurora os coloca
el juzgar esta contienda,
yo me voy, a Federico
ruego al Cielo que aborrezca,
pues no ha de lograr su mano.
No me dirás cuál de todos
te obliga más, porque es fuerza
que a tu voluntad alguno
destos príncipes prefiera.
Aparte
Ninguno me obliga más.
Miente mil veces la lengua.
pues a Federico adoro;
No es posible que te crea,
ojalá, Amor, que a Aristeo
a mi prima le parezca
tan mal como a mí bien, pues
le estimo aunque me desprecia.
Aparte
Perdona, divina Irene,
que cara a cara te ofenda,
que aunque os amo mucho, Aurora
mucho más a Aristeo pena.
Pues que se ha de dar principio,
diga la razón que lleva
para su amor Aristeo.
Oh Señora, la más cuerda,
Hablad, que Amor corona
a mérito por digno,
no dando para el premio
los ojos en oídos.
Tanto ha servido mi amor,
que un don por premio atesora,
a mereceros, Señora,
por ser divino favor.
Está el corazón mejor
que para amaros presento,
sirviéndoos estoy contento,
porque os llegue a merecer,
mirad pues si puede ser
más noble otro fundamento.
Aristeo, si me honráis
por merecerme, ya os niega
Pag. 15
Sale con el premio, pues,
con ser dichos buenos, llevan
la paga en que merezcáis:
y en buen fundamento
pues que propone la duda,
estando pagada ya,
tenga su esperanza muerta.
Quien a merecer premio
para mi amor, cosa es cierta,
pero yo, señora, quedo
sin él, en la competencia;
y cuando un amor merece
una prenda, es evidencia
que al dueño de aquel afecto
se le debe dar la prenda,
aunque satisfecho quede
su amor con que la merezca.
Luego, ¿dos premios queréis
lograr?
Los mil deseo.
Pues no merecéis ninguno.
No se queja con honor muda.
A la música atended,
que ella os dará la respuesta.
Quien tantos premios pide
ninguno es bien que tenga,
que a quien desea mucho
el interés le ciega.
Diga también Federico
sus razones, tales sean,
amor que venza su ingenio,
pues procuro en su cabeza
aunque pese a la fortuna
poner a Lauro.
Si atenta,
señora, notáis mi amor,
aunque deciros pudiera,
que una razón sola llevo:
no he de decirla.
¿Y qué intenta?
Que un silencio en callar,
pues a vos no os acuerda,
no he de repetirlo yo,
porque en mí fuera bajeza
referir un beneficio
en que se funda.
Bien, esta
palabra tengo en mi memoria,
mas solamente aprovecha
para medianera en mí;
mas en vuestro amor no prueba.
Pues yo honor, valor no tengo.
Luego es evidente muestra
que no me pretendéis.
Sí
pretendo.
¿Vuestro amor lleva
méritos?
Ningunos.
¿Cómo?
Amando de esta manera:
tan divina os considero,
que si a la pasión me advierto,
viendo que he de quedar corto,
a mayor timbre os prefiero.
Pag. 16
adiós deidad y requiebro
vana toda mi esperanza
mas viendo que de amor alcanza
la gloria de pretenderos
pretende no mereceros
mi propia desconfianza
y lo que me proponéis
no es merecer
Si la idea
de vuestra razón denota
méritos lo considera
vos lo habéis de juzgar
mas no mi amor
que se arriesga
en que vos me merezcáis
Ved, que no es mi razón esa
que de mereceros yo
hay muy grande diferencia
a que sepa que os merezco;
y en esto está, porque apenas
sepa mi amor falta razón
os perderé
qué lo prueba
el argumento mejor
que se funda en la experiencia
Faetón por hijo del Sol
es cierto que mereciera
regir los bellos caballos
que ilustran esas esferas
eso conocí, pues cuando
del mérito en la soberbia
quiso con ellos surcar
el golfo de las estrellas
por merecerlo alcanzó
siendo su desdicha mesma
pues al punto que lograrlo
pudo, entre las llamas densas
miserable polvo quedó
de su ardor hecho pavesas:
pues porque a mérito supo
al precipicio se entregó
perdiendo el logro feliz
de aquello que más desea:
esto recelo, señora,
pues si de vuestra belleza
mi amor sabe que soy digno
infiero por consecuencia
que en permanentes afectos
temo que mi afecto os pierda
apte
aunque lo finjo bien —
en mentir con la verdad,
a lo opuesto su agudeza
el argumento formando
en cada voz una flecha,
tened, pues, más confianza
que aunque amor también despeña
puede ser que el precipicio
Cielos, mi ventura es cierta
apte
aunque por empeño, a Aurora
festejo, y a Irene quiera
viendo ajenos favores
celos el pecho revienta
apte
pues mi prima, a Federico
muestra inclinarse, y se queja
Pag. 17
sin esperanza, Aristeo,
a mi esperanza sujeta.
Aparte.
Mas advertid, Federico,
que mi voz solo os alienta
a competir, ocúltese más
lo que descubrió la lengua.
En vano desmentir quiere
lo que los dos entienden.
Aparte.
¡Oh, qué presto cesa el gusto!
Feliz un amante fuera
si los bienes alcanzaran
la duración de las penas;
y a la desconfianza
es prueba del amor,
y en ella no se pierde
si crece la pasión.
Aparte.
Príncipes, tan igualmente
vuestros discursos pelean,
que compitiendo ninguno
ha vencido en esta guerra.
Y pues que salís gloriosos,
pretendo en otra contienda
examinar el más digno
con más relevantes pruebas.
¡Ay, Federico, si puedo,
por el amor que me alienta,
con el laurel de mi imperio
he de ceñir tu cabeza!
Aparte.
Vanse.
¡Ay, Aristeo celoso,
mi fe de mi fe se queja!
Proseguid pretendiendo bizarros
la mano divina de Aurora gentil,
que el amor para el mérito tiene
guardada la dicha del lauro feliz.
Vase.
Ya Aurora se ha declarado
en favor de Federico;
y aunque es verdad que de Irene
los lazos amante sigo,
el interés del imperio
me obliga para que fino
me queje de que a otro quiera,
y así ahora determino
hablar al rey para que,
pues siempre Bohemia ha sido
tan opuesta a Hungría, que
por estatutos antiguos
reinar no puede en Bohemia
el rey de Hungría. Advirtiendo,
ponga remedio aunque
se halle más favorecido.
Muy inclinada se ve
aquesta Aurora.
¡Ay, amigo!,
que aunque es verdad que la debo
más atención y cariño
que Aristeo, a competir
no sé qué recelo admiro,
que aunque me alegra, hace bien;
casi te lloro perdido,
a vista de su cuidado
se olvida cualquier peligro.
¿Quieres tomar mi consejo?
Preguntas.
Un cuentecillo
lo declarará mejor.
Pag. 18
muy hambriento y amarillo
por una calle iba un hombre
imaginando en qué sitio
hallaría quien le dé
de cena a los intestinos;
miró el suelo, y vio que había
en él un real sencillo;
alzó los ojos al cielo
y empezó a decir a gritos:
loado sea, Señor,
que remedio al afligido;
bajóse pues a tomalle
codicioso, mas un niño
mientras él hizo a Dios gracias
tiró para sí de un hilo
donde estaba atado y él
al ver que le había visto
y que entonces no le hallaba,
la culpa se echó a sí mismo
de haber dado a Dios las gracias
sin haberle antes cogido;
y así, señor, no imagines
que esta dicha has conseguido
y le des gracias al cielo
en fe de que ya la has visto
cercana de tu poder,
que será cuento pulido
que al imaginar la tuya
otro se sirva del hilo.
Frialdad como tuya, al fin.
Soy sabañón, con que digo
que siendo fruta de invierno,
por fuerza he de ser muy frío.
Ven, Carlos, que quiero que
con cuidado prevenidos
tengas vestidos y galas
por si mi dicha averiguo.
Vamos, señor.
Quiera el cielo
no salgamos de ese abismo
desnudos de boda, estando
prevenidos los vestidos.
Vanse.
Salen el Rey, Arnesto y Aristeo.
Príncipe, la queja es justa
y así, remediarla elijo.
De la princesa se halla
señor, tan favorecido
Federico, que compite
con tal ventaja a su brío,
que la esperanza me quita
de esperar en el arbitrio
de su abuelo; y así yo,
rendido, señor, os pido,
o que deis para partirme
licencia, pues averiguo
que favorecerle así
resulta en desprecio mío,
y más cuando cara a cara
los favores examino;
y pues en Bohemia hay, Rey, ley,
en que, por ser enemigos
este reino y el de Hungría,
concederlos es delito,
que estatuye que este reino
Pag. 19
jamás puede ser regido
por el engaño, o maldad
lo que habéis establecido
excluyendo de este empeño
con razón a Federico.
Es verdad, y pues por ley guarda
Boemia, lo que habéis dicho
y así a vos doy la palabra
de guardarla y vengativo
negarle de Aurora bella
la mano a este mi enemigo.
Estimo tan gran favor.
Mira señor que hay peligro
en esa resolución,
pues si Federico altivo
viendo este desprecio suyo
rompe la paz, e imagino
que ha de sernos mal, si vuelven
los escándalos antiguos.
Conde, a resistir parados
tiene la prudencia, arbitrio.
Tus conveniencias señor
solamente solicito.
Bien está.
Aurora señor
viene a esta cuadra.
Pues idos
que hablarla pretendo solo.
Vase.
El cielo os guarde mil siglos.
Sale Aurora.
¡Ay Federico, las horas
que tardo en llamarte mío
siglos son para mi amor!
Y así ahora determino
declararme con mi padre
diciendo que te he elegido,
que está de más la experiencia
a vista de mi cariño.
Y ya, Aurora, ¿cómo vas
de experimentar lo fino
de tus amantes?
Bastante
el toque ya he conocido
y así a decírtelo voy
a quien mi amor ha elegido.
Vengo ahora
yo me huelgo,
mas solamente te aviso
que en este empeño no puedes
elegir a Federico.
¡Ay de mí!, pues ¿cómo así
mi señor, qué es lo que he oído?
Me dejaste sin estorbos
la elección a mi albedrío,
¿vueltas das ahora?
Aurora
la ley, que en los turbados bandos ha sido
que dispone que el de Hungría
no pueda tener dominio
con el reino de Boemia...
Luego yo...
Esto es gusto mío.
Pag. 20
no tengo elección alguna
pues siendo dos averiguo
que si a uno elegir no puedo
el uno será preciso
esto importó:
pues ¿por qué
diste lugar al principio
a que concurrir pudiese
a este empeño Federico?
porque si resueltos paras
me viera con él malquisto
obligándole a romper
las paces, y a un desatino
que tu desprecio le excusan
con que por ningún camino
tendrá conmigo la queja
y es razón que habiendo sido
quien yo elegí
Vase
basta, Aurora
y solamente te aviso
que le ha de costar la vida
si le festeja tu cariño
Van saliendo Federico y Labañón, escuchando
Vuelve
Válgame el cielo ¿qué escucho?
¿Que no ha de ser Federico
mi dueño, porque lo estorba
una ley? Cielos ¿ha habido
más ley que el gusto? pues ¿cómo
contra todo un albedrío
un estatuto se pone?
porque recelo, perdido
el cielo le he de negar
la mano a quien tanto estimo
el uno; piérdase todo
mas cielos, ¿qué es lo que digo?
¿no dijo mi padre, que
si mi afecto, amante y fino
a Federico elegía
le disponía el peligro
pues había de morir
el uno? Corazón mío
viva Federico y sea
quien muera yo, pues si elijo
aquel sus brazos, será
túmulo, el tálamo mismo.
viva Federico, y muera
yo por él, pero ¿qué miro?
Si me atendéis ya os diré
señora lo que habéis visto:
al objeto del dolor,
al tropiezo de la suerte,
a una imagen de la muerte,
a un ultraje del rigor,
del escarmiento el mayor
ejemplo, que atentos ven
en ambos polos a quien,
con el que ves sin igual,
hoy le quitó el mayor mal
la gloria del mayor bien.
Llora
¡Ay Federico! ¿ya habrás
(¿cielo, que aquí me has oído?)
conocido que te quiera
y si el no ser tuya elijo
es porque estimo tu vida
harto con esto te he dicho.
Pag. 21
¿Que en fin me dejas?
Esfuerza
para excusar tu peligro,
pues son Bohemia y mi padre
mis más severos enemigos.
¿Que así te vas?
Vase.
A excusar
su rigor, con mi martirio.
Fuese, suspiros seguidlos
y detened la fugitiva;
ojos llorad, tan deshechos
raudales que sumergido
quede de mi llanto propio:
Sabañón, pierdo el juicio.
Pues me lo preguntas, digo
que es el real de marras
que le ha tirado de liso.
Dale.
¿Ahora vienes con burlas?
¡Vive Dios!
Ya he conocido
que sois niños los amantes,
pues una vez que contigo
burlarme he querido, luego
a la cara me ha salido.
No me ha dicho Aurora aquí
que el dejarme, solo ha sido
porque peligra mi vida
si acaso soy elegido,
luego se infiere al contrario
que si casara conmigo
muriera yo, esto es sin duda,
pues Aurora, si esta ha sido
la causa por que me dejas,
muera yo, venga el cuchillo,
que si tengo de perderte
más que mi vida te estimo.
Señor, juzgo que te burlas,
¿que tienes en el bolsillo
tres o cuatro vidas más?
¡Ay Sabañón, pierdo el tino!
Pues, di, ¿qué intentas?
Vase.
Quejarme,
y con lastimosos gritos
publicar mi sentimiento,
ablandar montes y riscos,
para que al mundo publiquen
los anales de los siglos
del más infeliz amante
los hechos más conocidos.
Vase.
Sí señor, harás muy bien,
porque digan al oído
que, pues lo metes a voces,
llevas el pleito perdido.
Fin de la primer jornada.
Pag. 22
+
Primera jornada de Si amor
mata, amor la vida 21
Pag. 23
S 4º H Si Amor mata, Amor da vida 22 2.ª
Jornada segunda
Pag. 24
Salen Federico, Carlos y Sabañón, de camino.
Olvida asedios de amor,
moderando el sentimiento,
y sirva al entendimiento
de templanza a tu dolor.
Poco a tu discurrir iguala
el no discurrir astuto,
que no es razón te eches luto
de lo que Aurora hace gala.
Advierte, aunque no te cuadre,
que sin dar inconveniente
obedeció fácilmente
al precepto de su padre.
Mira que con el exceso
de un sentimiento tan grave,
ha de volar como un ave
tu desventurado seso.
Paga desdén con desdén,
al amor la razón venza,
y ahórquese de una trenza
si no te parece bien.
¡Ay, Carlos! ¡Ay, Sabañón!
Dejad tan recias porfías.
Pag. 25
que para las penas mías
poco vale la razón:
¿qué importa que me digáis?
y que al sentimiento crea,
que Aurora mudable sea,
cuando mis ansias miráis,
pues era fuerza, si fuera
mujer como las demás?
Mas Aurora, para amar
sublime y divina esfera,
y mi amor, por conclusión
destas premisas, se infiere
que Aurora amante me quiere
y concluye la razón.
¿Qué importa que digáis que
no propuso inconveniente
a su padre, si os desmiente
a mí mismo Lance, porque
le dijo al rey que homicida
de mi vida había de ser,
si me elige, y por no ver
mi triste vida perdida
elige a Aristeo ahora?
Luego es cierto en lance igual
que el rey no dijera tal
si no resistiera Aurora.
Dejadme por Dios que muera
entre mis ansias mortales,
que para tan graves males
alivio la muerte fuera.
Bien nos muestra la experiencia
lo que te he advertido ahora.
No fiéis nada de Aurora,
porque es loca en mi conciencia,
y que no puede tener
juicio Aurora es muy llano,
si en invierno y en verano
se sale al amanecer.
¡Vive Dios, loco atrevido,
que he de sacarte la lengua!,
pues en Aurora pones mengua.
Yo lo doy por bien sabido;
mas de esa agudeza celo
que mi apodo no se encierra
en la Aurora de la tierra,
sino en la Aurora del cielo.
Mas no me dirás, señor,
dónde vas de esa manera,
si el lauro tu fe no espera,
¿de qué te sirve el amar?
Antes de partirme a Hungría
de Aurora he de despedirme,
que quiero, antes de partirme,
decirle la pena mía.
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y en este ansio mayor
para escusallo
y fuera
bien que aquí el novio se viera
hablar con ella entramos
para que con linda gala
eligiendo lo más malo
después de hartarnos de palos
nos inviara noramala
necio discurso en rigor
porque no le debe hacer
ni en mí se puede entender
aun eso es mucho peor
por qué causa
porque no
los podrán hacer en ti
y volviendo sobre mí
todo lo pagaré yo
desatar necia locura
mas Aurora viene, cielos,
o cómo viven los celos
viendo ajena su hermosura:
parte Carlos, y prevén
cuanto a mi viaje importe
que os he de dejar la corte
de Bohemia
está muy bien
retíranse y sale Aurora llorando
quien logra feliz su amor
mucho a la fortuna debe
ay de quien por no perder
logralle, viviendo muere
ay Federico, más siento
que tu afecto ha de tenerme
por ingrata, que las ansias
que afligido el pecho siente:
yo con Aristeo, o muera
antes que al tálamo llegue,
he de casarme, o amor
pues mis ansias se deben
pues me dejas los sentidos
cuando deseo perderles
a dónde estás Federico
mas no me veas que al verte
el dolor de que te pierdo
ha de hablar nuevamente
cual verdugo de mi vida
a cuchillo de mi muerte
mas si al verte, he de morir
deste dolor: ven a verme
muera yo de haberte visto
y no viva estando ausente
sale Fe.
encontrados los afectos
en vuestro pecho se advierten
unos que verme desean
y otros que no quieren verme
y así vine a vuestras plantas
mi amor, señora, obediente
Pag. 27
no para que lastimada
albergue un infeliz se pierde
el menor ahogo, o riesgo
a vuestra vida le cueste,
sino para que logréis
los dos afectos, pues viene
rendido, a que le veáis
y luego, y inmediatamente
a que no le veáis más
aunque la vida me cueste.
Federico, si amor
algún cariño se debe,
y si de mi triste vida
el último plazo es este,
por él, por la estimación
que en mí vive eternamente,
te pido sola una cosa,
y es que de mí no te acuerdes,
pues aunque te pierda, (ay triste)
el amar me lo consiente,
no pienses que es el dejarte
olvidarte, no lo pienses,
que ultrajando mi fineza
también mi decoro ofendes.
El precepto de mi padre
me manda ser obediente,
saldré de Bohemia ingrata,
mas su amante, y fina siempre,
con mi padre, con la ley,
y con tu amor, triste suerte,
he de cumplir, (ay de mí)
con mi padre, y con las leyes,
siendo de Aristeo esposa,
y con tu amor, con que llegue
a ahogarme mi dolor
con las ansias de perderte.
Ay Aurora, ay dueño hermoso,
qué tarde llegan los bienes
y qué ligeros los males
vuelan, para dar la muerte.
Ya sé que te debo mucho,
mas te ruego que me dejes,
porque el mirarte imposible
y viendo que he de perderte,
todas tus finezas son
con el halago crueles.
En fin Aurora te casas?
Sí Federico, mas miente
la lengua, que no se casa.
Plegue a Dios, pero qué culpa
tienes en ser obediente.
Logra feliz a Aristeo,
pero no pretendo verte
en tus brazos, antes bien
de Bohemia, en las paredes,
al mismo tiempo que ufano
logre, lo que mi amor pierde,
desbocado mi caballo
Pag. 28
sin que ha de tenerle acierto
chocando arrojado y fiero
hecho pedazos me deje
para que muriendo amante
lastimado el vulgo cuente
que al punto que ajena os ve
Federico, amante muere
Se va. Sale Aurora
Federico, mira, aguarda
¿qué me quieres?, ¿qué me quieres?
más queda, adiós, deja que
gima, llore, muera y pene
Cae en los brazos de Federico
no has de partirte, (¡ay de mí!)
sin ver, (¡qué dolor tan fuerte!)
yo me muero, yo me muero
Federico, tenme y tente
¿qué es lo que pasa por mí?
¿el sol en mis brazos muere?
pero con esto me dice
que si por sepulcro tiene
estos, al mar, al quedar
el sol de aurora luciente
en mis brazos sin sentido
mi amor con lágrimas debe
hacer dos mares mis ojos
que con mi llanto me aneguen
¡qué rigor es este, cielos!
¡Sabañón!
¿qué es lo que quieres?
mira, tú por ahí si hay agua
ni aun vino, con ser excelente
¡ay cielos que no respira!
y yerta estatua de nieve
no se le conoce pulso
¿no ves que por ti se muere?
privilegiarte en vano por divino
aurora bella su esplendor procura
que no goza, exención la hermosura
en las villanas leyes del destino
ya no respeta el cielo cristalino
de tu frente; y la rosa mal segura
ya viste la color de mi ventura
la madeja que ayer fue de oro fino
¡oh grosero peligro!, a la belleza
mudabilidad, se atreve ¿cuál cabello
de más valor eclipsa poderoso?
sí, que es afán de la naturaleza
temiendo su ojeriza con lo bello
cuántas desdichas del ser hermoso
¡Cuerpo de Cristo conmigo!
¿qué hacemos aquí?, ¿no tienes
ni un adarme de juicio?
pretendes que nos derrenguen
a acercar las almohadas
las almohadas se acerquen
que aunque no siente mal trato
será razón que se asiente
llega almohadas, y siéntala Federico, con la misma acción que la deja, y queda Federico arrodillado
Pag. 29
vámonos ahora, pues.
No es fácil, pues mira, advierte
que muere Aurora.
Por ti.
Voz que un acaso me ofreces
tan sensible a mi pasión,
¿por mí muere Aurora?
Muere.
¿Y quién es la causa?
Amor.
Voz que mi afecto suspendes,
¿veré más a Aurora?
Amante.
¿Cómo ha de ser, si la tiene
ocupados los sentidos
el letargo de la muerte?
Por ti muere, amor amante,
de verte, que aunque le tienes
por ciego, nunca fue ciego
el amor, antes de verte.
Acaso fueron los ecos
que escuché, o que vanamente
fijó la imaginación
en lo que acaso sucede.
Señor, ¿qué hacemos aquí?
Cuando los pasos se sienten
de gente que viene, vamos
presto, porque diligente
importa escurrir la bola
antes que un cabe nos peguen.
Aguarda.
¿Qué aguarde? El diablo,
pues ya el ruido se siente
cerca de las alabardas
de los archeros que vienen
y nos han de hacer gigote.
¿Cómo quieres, cómo quieres
que, cuando a Aurora así dejo,
ingrato de aquí me ausente?
¿Cómo? Andando, y muy aprisa.
¿No adviertes que el accidente,
aunque parece desmayo,
más que desmayo parece?
Hombre, ¿eso te da cuidado?
Pues quieres que diligente
no haya un récipe que, si
no ha muerto, su vida abrevie.
Vámonos, por Dios, aprisa.
¿Y qué dirá el que supiere
que así dejo a Aurora?
¿Cómo
temes que pueda saberse,
si no hay persona nacida
que te vea? Si no temes
que esas figuras que ves
en los tapices, lo cuenten.
Y si el riesgo de dejarla
sin alivio te suspende,
salgamos del cuarto, que...
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no faltará una sirvienta
a quien con algún pretesto
no la obliguéis a que entre.
Y de no, fía de todo,
¡ay, Aurora!, pues que tienes
mi vida y alma rendida,
si con la tuya no puedes,
lleve a mi cuenta con ella
y muera yo de no verte:
muerto voy.
Vanse.
Y yo con miedo
hasta que de estas paredes
esté más leguas que hay
en doscientos años meses.
Sale Laura.
Por ti muere, amor amante,
de verte, que aunque le tienes
por ciego, nunca fue ciego
el amor, antes de verte.
Jesús, lo que un casamiento
revuelve, todo son fiestas,
músicas, gozos y galas
en palacio que se ordenan
al aplauso de las bodas
que hoy Aristeo celebra
con Aurora, bien que juzgo
que la princesa quisiera
más que fuese Federico
a quien ella adora tierna;
mas de su padre el precepto
y decretos de Bohemia
la obligan bien que forzada
a que de su intento exceda
y que el sí le dé a Aristeo
más que de grado, por fuerza,
por lo cual aquestos días
llora muy triste y suspensa,
no hay razón que la sosiegue
ni fiesta que la divierta,
y por estar la hora ya
del desposorio muy cerca,
para cuyo efeto son
las músicas que suenan,
quiero ver si divertirse
trata, mas temo que sea
tanto el desenfado, como
su voluntad, por pequeña
para el pobre novio, que haya
hombres que por cosa cierta
saben que les aborrecen
y que porfiados quieran
casarse por fuerza, viendo
que el amor no quiere fuerzas.
Yo entro dentro, mas ¿qué miro?
Rendida al sueño se muestra
sobre aquestas almohadas,
yo la despierto aunque sea
verdad que los novios deben...
Pag. 31
(Llama)
(Grita)
para que pasarla puedan
tener jornadas de sueño
adelantadas a cuenta.
Señora, recuerda y mira
que es tarde ya, y que te esperan:
no despierta, oh qué pesado
tiene el sueño, una princesa.
Señora, señora, ay triste!
qué helada, pálida, yerta,
sin pulsos, y sin aliento
yace imagen de sí mesma.
ay de mí! valedme cielos
que está mi señora muerta.
Sale el rey, Aristeo y Arnesto.
Qué es esto, Laura?
Señor,
mi señora la princesa
está muerta.
Qué dices?
Si vuestra Alteza
se quiere desengañar,
bien puede llegar a verla.
Ay, hija del alma mía!
Estatua de nieve fría
parece, y de tener pulso
la faltan todas las señas.
Grave dolor!
Ay, amor!
cómo de rasgar te precias
pues para negar lo ingrato
solo la dicha me enseñas.
Señor, yo tengo por cierto
que la causa de la pena
que hoy lloramos es porque
vuestra majestad, que fuera
esposa de Federico
no permitió, y con tal fuerza
la oprimió este dolor
que en mis brazos medio muerta
la he tenido muchas veces.
Ay, Laura, qué tarde llega
el desengaño en los males
que padezco, el cielo quiera
que sea desta desdicha
mi vida la recompensa.
Muera yo, pues cruel siempre
fui causa desta tragedia
mandando que se observase
ley tan injusta y severa.
Muera yo que fui la causa
de que su pena convierta
en violetas, los claveles
y en lirios las azucenas.
Ojalá que mi consejo
eligiera vuestra alteza.
Oh, qué tarde, conde Arnesto,
arrepentido me anegas.
Pag. 32
y llanto; al ver que he perdido
la más adorada prenda
del corazón; retiradla,
retíranla
no esté más en mi presencia
este cadáver helado,
que es tanto lo que me aqueja
el dolor de verla, que
temo que a la muerte sea
quien ponga fin a mis ansias
sin dar a mi vida treguas.
Hagan los médicos luego
cuanta humana diligencia
cabe en su ciencia hasta ver
si algún alivio me queda;
si bien no lo espero, pues
no hay bien que hoy en mí advenga
porque ya fui ingrato padre
no queriendo se rompiera
una ley, aunque
la pague mi vida misma.
Afligido parte el Rey
de haber perdido tal prenda.
Voy a ver si consolarle
puedo, de tan justa pena.
Aunque tanto sentimiento
muestre en esta tragedia,
más parte en ella tenéis,
pues ya señor os amaba vuestra
Aurora, y así, le doy
El pésame a vuestra alteza
ay Yrene, aunque de ver
esta desdicha me pesa
no es porque he perdido, no
mi amor, porque es cosa cierta
que yo amé por empeño
solamente a la princesa:
y viviendo vos el dueño
vive que el alma desea
Vase.
pocos avisos mostráis
ciegas a amantes finezas
más advertid, que no es tiempo
este, para estas materias.
Vase.
Mucho la muerte he sentido
de Aurora, más que le cuesta
la vida, querer a otro
a mi amor aunque vuelva
de Yrene mi corazón
y pues la corona hereda
no importa que Aurora pierda.
Sale Federico y Labañón.
Si la verdad señor he de decirte
la obligación que tienes es morirte
pues Aurora te paga de esta suerte
el que eligiese por su amor la muerte
y yo también cumpliera por amante
con dejarme de cuentos y enterrarme.
Bien dices polvoriento
pues no muero, caiga en mí el sentimiento
Pag. 33
¡Ay, Aurora divina!
Ya que aquella fineza peregrina
de morir yo por ti, no me es debido,
débeme el que no olvido
la que hicistes por mí, y así obligado
vino a verte al sepulcro, mi cuidado:
adonde queda Carlos.
Queda corriendo,
caballos y maletas previniendo,
pues partir no pudiera
sin que primero fuera,
con atenciones varias,
el alma a Cristo a darle gracias.
Primero que del sol el rubio coche
destierre las tinieblas de la noche,
determino partir, pidiendo al viento
las alas de mi triste pensamiento.
Mas, señor, ¿dónde vamos?
Pues sin advertir primero, como ahora,
a las puertas del templo, donde Aurora
en el sepulcro yace,
aquí adoras.
Vamos a un nido de concha, a la más bella
perla, que pudo presumir de estrella.
¿Luego a estrellas y perlas de esa suerte
hallan también los hados de la muerte?
Si morir no la viera,
querer, mujer, Aurora presumiera.
Y pues, ¿qué hemos de hacer?
Abrir la puerta.
Pag. 34
Juro a Dios, que me agotas, insertada
Toma esta llave, que adquirió mi suerte.
Pues para abrirla, aprieto fuerte.
Ya está abierta.
Ruego a Dios que algún muerto
no me lleve al infierno.
Calla, loco,
y entra conmigo al templo.
No haré poco.
Entran por una puerta y salen por la otra y descúbrese el sepulcro.
¡Qué oscuro está! ¿Y no hay
una lámpara en el templo
que a Dios en la hostia suprema
le rinde el divino obsequio?
Aquí el pánico me mira.
¿Dónde, Aurora (¡ay, dulce dueño!),
yace, pagando a la muerte
de la vida el común feudo?
Jabañón.
¿Qué es lo que mandas?
Mira si en alguno de esos
altares hallas alguna
cerilla.
Yo no entiendo,
¿para qué la vela quieres?
No repliques.
Ya obedezco,
aunque, si la verdad digo,
tengo muchísimo miedo.
Vase.
Aurora muerta, y yo vivo,
que solo a mi amor le debo,
pues no permite que muera
a manos del sentimiento.
Sale Jabañón con luz.
Aquí hay luz.
Dámela, pues,
y quita esa losa luego.
¿Qué he de quitar?
Esa losa.
Nunca he sido metemuertos
y recelo del oficio.
Ea, acaba, o ¡vive el cielo!
Cuerpo de Cristo conmigo,
qué mal huelen mis gregüescos.
¿Qué te detienes? ¿No acabas?
Vaya tirando.
Por nos, porque ahora en tirando...
Ay, Aurora, debesle
esta fineza a mi afecto,
pues no pudiera partirme
si no te viera primero.
¡Cómo pesa la bellaca!
¡Oh, qué poco siente un muerto,
pues no se queja jamás,
teniendo encima este peso!
Quita la tabla y quédase con ella en la mano.
Muerte, ¡qué mal advertida
turbaste la dulce calma
de mi amor!, ¿cómo sin alma
me dejas, y estoy con vida?
Murió Aurora, ¡oh repetida
pena!, ¡oh inmortal dolor!
Pag. 35
pues con recíproco amor,
de más finezas sediento,
no te animaba un aliento
cuando nos mató un rigor.
Nunca pena rigurosa,
a dos infelices, suerte airada,
se ha visto más envidiada
la muerte, ni más hermosa.
¡Ay amor, aquí reparo!
De el mayo la flor más pura
de esta breve sepultura
la hermosura ha de nacer,
si sembrada puede ser
vuelva a nacer la hermosura.
¡Ay de mí!
(Destápase la tapa y huye.)
¡El cielo me valga!
Lo que te he dicho es hecho,
¿adónde podré esconderme?
Oye, sabañón.
¡Qué bueno!
Vive Dios que no hago cuenta,
oiga un toro, que está cierto
que no han de volver al mundo
las almas de sus abuelos.
No temas, vuelve,
quiérote acompañar.
No puedo.
¿Qué, qué te detiene?
Sin que pongas duda en ello,
dos mil demonios que vienen
a llevarnos al infierno.
¿No es esta la voz de Aurora?
Señor, mira que es el viento,
que la voz de Aurora solo
se escucha en amaneciendo.
Pues, ¿qué será?
¿Alguna dueña
que por haber ya devuelto
el invierno, tiritando
por no sufrillos y hielos,
no se venga acá a meter
algún chisme entre los muertos?
¡Ay de mí!
¡Plégete Cristo!
Escucha, espera.
(Vase.)
No puedo,
que parezco muerto, como
tan bellacamente muerto.
(Llega.)
Ya no es ilusión la voz
que escuché, ¡viven los cielos!,
que es de Aurora; llegaré
más al sepulcro, que quiero
de la duda, que me asombra,
desengañarme yo mesmo.
Imagen pálida y triste,
ídolo de mi deseo,
si te quejas porque, ingrato
de ver tu muerte, no muero,
aquí estoy, quedar contigo
en el sepulcro pretendo;
y si no, dime la causa
de mi queja, que un acento...
Pag. 36
me persuades a que vivas.
Aurora, querido dueño,
respóndeme.
Vuelve.
Cielos, ¿qué es esto que veo?
¿Dónde estoy?
No te asustes,
porque adonde estás no hay riesgo.
Sabañón está acechando.
De buena conversación
está mi amo con los muertos,
mas yo no me acerco a hablarles
porque temo que me asienten.
Perded el susto, señora,
y no os admiréis de veros
desta suerte.
Federico,
yo enterrada, no lo entiendo.
Pues vos, ¿en aqueste instante
no os estabais despidiendo
de mí, no estaba en palacio,
adonde del sentimiento
perdí el sentido?, pues ¿cómo,
cuando del desmayo vuelvo,
me hallo aquí de esta manera?
Es el más raro suceso
que en los anales de amor
por singular guarda el tiempo.
Vive Dios, que es la princesa,
y que está viva; o el santo
hoy ha cargado la mano
con el vino, pues fingiendo
me está lo que ser no puede.
Federico, ¿qué derecho,
por rumbos tan diferentes,
quiere que deba a tu aliento
la vida? Llámame de ingrata,
me culpará si con menos
que la vida, te pagara;
y así a tus plantas las ofrezco
para que...
Divina Aurora,
el cielo propio al medio
para que yo no te pierda.
Mientras que a palacio volvemos,
a mi padre, mi enemigo,
y aun en este trance temo
que ha de impedir nuestro amor.
Si fuera tu gusto, creo
que fuera más acertado
que llevándote a mis reinos
fueras mía, para que después,
dándole deste suceso
noticia, a tu padre ablande
de admitirlo su consejo.
Mucho me obliga mi amor,
solo tu gusto deseo.
Oyes, Sabañón.
Sale Sa.
¿Qué mandas?
Ven y verás el más bello
prodigio que el alma adora.
¿Aurora?
Sí.
Pag. 37
Lindo cuento.
Pues no la enterraron?
Es verdad;
pues yo a ver muerte
no quiero ir.
No seas loco,
que en fin está viva?
Es cierto.
Tú lo has visto?
Yo lo he visto.
Pues digo que no lo creo.
Viva estoy, Sabañón; besa.
Pues ahora salgo y veo
todo lo que limpiamente
gran señora besar puedo,
y cree que he menester
para creer lo que veo
que me acuerde de que ha sido
este caso verdadero.
Advierte que al mismo puesto
vuelvas la losa, porque
no se sepa este misterio.
Así no nos entiendan
los dos; porque aqueste medio
ya corre el sepulcro.
Pues, vamos, Aurora, que quiero,
antes que amanezca el sol,
ver la raya de mis reinos,
adonde quisiera darte
de todo el mundo el imperio.
Vamos, Federico mío,
donde logre mi deseo
la mayor dicha, que es ser
reina de tus pensamientos.
Vamos, que no he de quedarme,
que en verano y en invierno
han de tener que rascar
con mi sabañón, mis dedos.
Salen Irene y Lauro.
Que en fin te quiere Aristeo.
Darme satisfacción quiso
de su ingratitud, mas yo
escucharle no he querido.
Pues por qué, si te decía
que te tiene cariño?
Es verdad.
Pues cómo?
Es olvido?
Engaño ha sido,
que no dejo de quererle;
pero, Lauro, estos desvíos
muestras dan de sentimiento,
y a su ingratitud, castigo.
Luego, según eso, si él
porfía en quererte fino,
la fortuna logrará
de verse correspondido.
No sé, puede mucho amor.
Pues yo sin duda imagino
que ha de lograrlo.
Por qué?
Porque quiere hablarte; no es olvido.
Pag. 38
tarde negar
Cómo puedo
y si porfía rendido
en disculparse querrás
las quejas que el pecho mío
ha sentido, le diré
luego habrá queja
sí, pero no
pues ¿qué amante cuya queja
ha llegado a los oídos
de su dueño volvió nunca
volvió nunca, sin quedar con el bienquisto
que tal voz del que se queja
viene de enojo aturdido
y no es sino que pretende
satisfacer su cariño
y el que satisfacción busca
muy pocas veces se ha dicho
que se haya vuelto sin ella
porque aunque sea el más tibio
modo de satisfacer
a quien desea el bien visto
y más cuando amor, señora,
tanto se precia de niño
que al primer auge olvida
todas sus quejas vencidos
aunque tenga de su llanto
el encono más subido.
Ay Laura, no sé qué diga
yo confieso que le estimo
aunque no quiero escucharle
que el viento de mis suspiros
y su altiva ingratitud
que creciere más al vivo
en mí, el incendio de amor
pues señora, hacia el retiro
se acerca
mucho, me temo
en lo dicho, me confirmo
Sale Aristeo.
Merecida, divina Irene,
que vuestros ojos divinos
miren menos malogrados
y que me deis compasivos
los oídos para daros
disculpa, aunque no hay delito
Aristeo, la razón
que de vuestra parte miro
no basta a satisfacerme
que mi vanidad no ha sido
para que me elijáis, cuando
otro dueño habéis perdido
Si es tu queja porque a Aurora
pretendí, no la he querido
pues porque de esta silvania
vine a verla, fue preciso
proseguir en el festejo
hasta que de ella elegido
me vi, pero al mesmo tiempo
todo el corazón rendido
Pag. 39
te adoraba, y en entrambas
el afecto dividido,
lo que en Aurora era empeño
en ti es rendimiento fino.
Es engaño.
Ruego al cielo,
adorado dueño mío,
que si te engaño me mate
infelizmente un desvío.
Ruego al cielo que tus ojos,
luz que mariposas sigo,
si te engaño, siempre airados
nunca me miren benignos.
El rey viene.
No quisiera,
Aristeo, que mi tío
te viese conmigo hablando;
Hace reverencia. Se retira.
Y ¿cómo queda
mi afecto, Irene, contigo?
Aristeo, bien te quise,
no sé más.
No me retiro
si no me das esperanzas.
Infiere de lo que digo
qué dirá, cuando le ruegas,
quien confiesa que te quiso.
Pues con eso voy contento,
tan apriesa, plegue a Cristo.
Retírase.
Salen Arnesto y el rey.
Eso Bohemia ha resuelto.
Y yo de su parte lo pido,
pues será razón, señor,
ya que el cielo airado quiso
cortar en Aurora bella
de la tierna vida el hilo,
que nos debes sucesión
gozando el empleo digno
con la bellísima Irene,
que presente está a lo dicho,
y a quien por derecho toca
de este imperio el cetro altivo.
¡Viva nuestra reina Irene,
y nuestro monarca invicto!
¿Qué es esto, cielos airados?
Siempre contra mí propicios.
Gustos del rey no es intento,
ni le excluyo ni le admito.
No le excluyo, por mi parte,
ni admito, por ser preciso
que sea gusto de Irene.
¿Qué he de hacer, que si resisto
convoco contra mí el pueblo
y despreciando a mi tío
doy causa a su indignación?
Mas ahora determino:
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responder agradeciendo
de todo el reino el designio,
que después para librarme
buscaré el mejor camino.
¿Qué le respondes al reino?
¿Cuándo, señor, he tenido
yo voluntad propia, pues
está en vuestro mi albedrío,
y lo que vos elijáis
querré yo?
Cielos, ¿qué he oído?
¡Ay, ingrata, que presto mudas
lo que fue premio en castigo!
Pues con esta confianza
decid al reino que admito
sus designios, pues que quiero
dar lugar a que el olvido
borre el sentimiento en parte
de la prenda que he perdido.
El cielo os guarde.
Vase.
Id con Dios.
Adiós, sobrina, maldigo...
esposa quise decir.
Guarde a vuestra alteza
el mismo.
Sale Arn.
¿Esto querías, ingrata?
¿Qué escucharé yo?
¡Qué lindo!
Fiesta tenemos aquí.
Hace que se va.
¿Qué tal mudanza es esto?
Que solo para escarmiento
es bueno hacerme cariño.
Mas ¿qué digo? Estoy sin mí,
perdonad mis desvaríos.
Y goce de esta corona
vuestra alteza largos siglos.
Detente, Aristeo, escucha,
que todo ha sido fingido.
¿Cómo que es fingimiento,
aunque ahora me has oído?
El fingir solo fue
para elegir el camino
de librarme.
Luego, ¿no
te has de casar con tu tío?
Solo ser tuya pretendo.
¿Quién lo fía?
Yo lo fío.
¿Y el modo?
Se me discurre.
Pues llevarte determino
a mis reinos, donde goces
con paz del imperio mío.
Y para más confianza...
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esta es mi mano
ya admito
Clori vamos allá
y mire
desastres
que busque quien haga migas
que en fin eres mía
alivio
tiene mi amor en pensar
que a mi centro me dedico
pues Yrene a disponernos
Aristeo a prevenirnos
para buscar a Arsenia
para huir deste peligro
adiós pues querida esposa
adiós Aristeo mío
vanse
vamos que quede el viejo
a buscar quien compasivo
con una nuera le saque
al sol cuando esté más frío
Fin de la segunda jornada
Jornada tercera
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Salen el Rey, Arnesto y acompañamiento
Vasallos leales míos,
de cuya valiente diestra
desde el alemán helado
hasta el etíope fiero;
cuya espada leal siempre,
si el rebelde tal vez niega
la obediencia a mi corona,
hace rendir la obediencia;
cuyos filos siempre finos
en la más sangrienta guerra,
si de herir nunca se cansan,
a embotarse jamás llegan;
cuya luciente cuchilla,
a la lealtad más atenta,
de espejo lince en quien
sin mancha se representa,
sin que de aliento contrario
se empañe, pues solo llega
a mancharse, si de sangre
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enemiga, se ensangrienta.
Hoy empuñarlas os importa
más que nunca, a la defensa
de vuestro honor, ya perdido
a manos de la soberbia
de Aristeo, pues sacó
—¡oh, si callando pudiera
explicar mi sentimiento!—
a Yrene, el pecho revienta,
de palacio, omisión fácil,
llevándola a sus tierras.
Casado con ella vive,
de donde he tenido nuevas
que quiere que le corone
heredero de Bohemia.
Dos son, vasallos leales,
los motivos que a esta guerra
os incita, como dos
los agravios hechos sean:
el primero a vuestro rey,
pues le ha robado la prenda
que para mujer del reino
eligió, y es cosa cierta
que con tal acción le hizo
desprecio de mi grandeza.
El segundo, pues vosotros
quisisteis que Yrene fuera
mi esposa, y con tal enojo
infiero por consecuencia
que hizo de vuestro decreto
menor precio su soberbia,
y además que el valor vuestro
es bien que todos le teman,
y en Aristeo advertí
que le ultraja y menosprecia,
pues no se llevara a Yrene
si vuestro valor temiera,
conociendo que en vosotros
era la venganza cierta.
A esto mi enojo os incita:
conozca a Aristeo y vean
todos que cuando se enojan,
asombra el mundo a Bohemia,
y yo en nombre de todos digo,
señor, que es justa la queja
y la venganza forzosa,
y así la jornada apresta,
que resueltamente irados
vengarte todos desean.
¡Viva nuestro rey invicto!
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Y el falso Aristeo muera.
Yo agradezco, como es justo,
vasallos, esa fineza;
conozcan la lealtad todos
que en vuestros pechos se encierra.
Suenan cajas y clarines en dos partes.
Mas, ¿qué clarines son estos
que por dos partes diversas
la vaga región del viento
con roncos acentos pueblan?
Sale un criado.
De Trasilvania y Hungría,
casi a un mismo tiempo, llegan,
señor, dos embajadores,
y solo esperan licencia
para entrar.
¡Válgame el cielo!
Ya sé el intento que alienta
al de Trasilvania, pero
entre confusiones ciegas,
del embajador de Hungría
mil juicios el alma idea
diferentes, sin poder
afirmarse qué tal fuera;
que ofendido Federico,
de ver que de Aurora bella
le negué la mano ahora,
porque sabe que Aristeo,
cuya parte lo alienta;
decid que entren, así libre
de esta confusión me viera.
Salen Carlos y Fineo, cada uno por su puerta.
Dadme las plantas.
Alzad.
Aparte.
Mas otro embajador llega.
Al mismo tiempo que yo.
No sé qué el alma recela.
Aparte.
A la par que llego yo.
Del rey viene a la presencia
otro embajador, que entiendo
es de Aristeo. ¡Oh, qué buena
ocasión para poner
a su atrevimiento rienda!
¿Qué os suspendéis? ¿Qué esperáis?
Decid, ¿qué motivo os lleva
a dar vuestras embajadas?
Solo esperaba licencia,
y pues ya la tengo, oíd
mi embajada.
Ten la lengua,
porque el rey de Trasilvania
mi persona representa.
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En vano
a la pretensión te alientas,
que a Federico de Hungría
no hay quien preferirle pueda.
Pues, ¿cómo, estando yo aquí,
alentáis la competencia,
descompuestos?
Yo, no es bien
que mi derecho pierda.
Ni la que a mí se me debe
es razón que yo os la ceda.
Bien está, y porque ninguno
pueda tener de mí queja,
hablad entrambos a un tiempo,
atento el oído apresta.
Bien sabes que Federico
a la divina belleza
de Aurora, que en mejor reino
descansa pisando estrellas,
en las aras de amor ciego
le rindió el alma en ofrenda.
No ignoras que el reino todo
dispuso que Irene fuera
su esposa, porque advirtiendo
que sin heredero queda
esta corona, se lograse
gozando de Irene bella.
Y pues por el odio antiguo
que con Hungría y Bohemia
siempre ha tenido contienda,
a Federico le niegas
la mano de Aurora, siendo
tal demostración, en fuerza
de un estatuto que rompe
sin razón Bohemia, observa
que manda que a la corona
de Hungría, unirse no pueda
la de Bohemia, casando
herederos y herederas,
venganza indina, que un noble
de esta suerte no se venga.
Admitióse de un reino
el disinio, y esa mesma
ocasión dos voluntades
finas con unión estrecha
en rey y reino, ya visto,
disparó de amor la flecha.
Debió de Aurora divina
Federico la fineza
mayor, que por sin segunda
tanto el amor la celebra,
pues del dolor oprimida
tanta es de un pesar la fuerza.
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de la parca la guadaña
rindió la vida más bella.
Viendo pues los dos amantes
que no había diligencia
que del designio deste reino
a Federico suspendiera
de la causa tan valiente,
porque amor todo es cautelas,
sacándola una noche
fiándola a las tinieblas,
a secreto la llevó
a sus reinos, donde apenas
llegó cuando él mismo
la coronó por su reina.
Ya se ve cuánta razón
a Federico le alienta
para ofenderse de ti,
y que humanas no debieras
que antiguas enemistades
disueltas las paces vuelvan.
Ahora pues, viendo que
desta corona heredera
es Irene, de su parte
vengo a pedirte prevengas
a coronarla en tus reinos,
y de lo contrario intentas,
a sangre y fuego pondrá
la corona en su cabeza.
Mas como de Federico
no consiente la nobleza,
deudores, pues es tan cierto
que la venganza le fuerza,
y estando en su pecho vivo
el amor de Aurora bella,
la fineza que por él
muriendo y no hacer intenta
mi rey por ti, y tú sabiendo
una acción tan poco atenta
que la que persuadistes
su embajador representa,
me manda que de su parte
todo su poder te ofrezca,
viniendo en persona él mismo
para hacerte resistencia
a tu enemigo, poniendo
abogado en tu defensa
la vida al riesgo por ver
si es que la muerte le encuentra,
y a la fineza de Aurora
le da su pago con esta.
Válgame el cielo, ¿qué es esto?
Cuando imaginé que fuera
Federico mi enemigo,
es quien valiente me alienta,
y a mi favor se dispone.
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que de cosas juzga y piensa
la imaginación confusa.
¿Qué responde vuestra alteza?
La resolución aguardo.
Aparte.
Bien clara está la respuesta,
pues a vos os doy los brazos,
y agradecido quisiera
poderle volver la vida
a Aurora, porque con ella
de mi reino dueño todos
a Federico le vieran:
y vos decidle a Aristeo
que no le temo, que es fuerza
que quien es traidor amigo
cobarde enemigo sea;
y que yo saldré a campaña
a defender mis fronteras
solamente por que trueco
en ofensa, la defensa.
¡Oh cómo no ha sido vano
mi recelo al ver que ordena
así vivir Federico!
En fin, ¿que elegís la guerra?
Eso resuelvo.
Advertid
que son cortas vuestras fuerzas,
y las de mi rey muy grandes.
Si es corto el poder, o no,
la ha de decir la experiencia.
Vase.
Pues en la campaña aguardo.
Yo me ofrezco a buscarte en ella.
Y yo haré que inútil, vana
tema ofender a Bohemia.
Vase.
Pues yo a dar esta noticia
parto, con vuestra licencia.
El cielo os guarde y permita
que algún tiempo pagar pueda
al invicto Federico
esta generosa deuda.
Vase.
No la admitiera si el rey
que vive Aurora supiera.
Mucho a mi fortuna debo.
Vanse.
El cielo, señor, intenta
sujetar con tal castigo
de un tirano la soberbia.
Sale Aurora.
República de flores,
a quien el mayo con maestra mano
lisonjeros primores
comunicó con su pincel ufano,
decid, si vistes ahora
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a Federico, a quien el alma adora.
Sale Federico.
Florida estancia breve
a quien mi amada esposa atendiese,
pues al mirar sus huellas
la flor más vana de envidia poséese de,
decid, si viste a Ana.
Dime, clavel hermoso,
coronado monarca de las flores,
a quien el numeroso
gremio obediente rinde sus olores,
saber amante quiero
si viste a Federico a quien venero.
Rosa, y florida rosa,
reina de tanto vulgo coronada,
di si viste a mi esposa
prenda del corazón idolatrada
añadiendo dos huellas
al cielo de abril bellas estrellas.
Mas aquí está mi esposo.
Mas, qué dicha, mi esposa es la que veo.
Y a mi amor cariñoso
culpaba la tardanza en el deseo.
Yo, al ver que no te hallaba,
tan triste ausencia el corazón lloraba.
Al jardín mi cuidado
te ha venido a buscar, porque dormido
el amor descuidado
suele estar de sus flechas divertido
y así, mi amor velando,
si dormido está el mío, va buscando.
A mi aurora divina
a buscarte entre flores las más ciertas
razones quien me inclina
pues es justo que al verte mi fe advierte
que con tiernos primores
es tu beldad, la escuela de las flores.
Cuando pudiera vana
la rosa presumir de maravilla
sino es cuando, tirana,
supiera ladear a mi mejilla
entonces en tu trenza
la hiciera más hermosa la vergüenza.
Los jazmines ufanos
que a los rayos del sol se desvanecen
en llegar a tus manos
con tanta primavera se enloquecen
que malogrando alivios
nacen jazmines, a morir narcisos.
De tiernas maravillas
dos bandejas del mayo primorosas
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tienes en las mejillas
donde aprenden su púrpura las rosas,
y con tiernos despojos
quieren ser mariposas de mis ojos,
amorosos agravios,
cariños que los sigan, y crueles
aurora sus dos labios,
pues bañados en sangre los claveles
cuanto más agonizan son más bellos.
Mucho te debo, estimo
tu fineza.
Solo trata
de adorarte mi cariño.
Sale Sabañón.
Dios sea en aquesta casa.
Sabañón, ¿qué es de tu vida?
Tanta ausencia ya te echaba
menos, porque me divierten
notablemente tus gracias.
¿De dónde, Sabañón, vienes?
¿Qué has hecho?
Linda cosa;
he estado un poco ocupado.
Pues, ¿cuál ha sido la causa
de no verte tantos días?
Porque mi voluntad se halla
muy mal pagada de vos.
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Pues soy fea.
Anda lisonjero,
no me entiende Vuestra Alteza,
antes digo que me agrada,
pero me agradara más
si mi afición me pagara.
Ya te entiendo.
Yo también.
Pide, ¿qué quieres?
Ya alcanza
un oficio de palacio.
No hay plaza desocupada.
Pues este diamante toma.
¿No era mejor que esperaras
a que un oficio vacase?
Los enteros no me agradan.
Es verdad, pero un oficio
lleva mayores ventajas
que un diamante.
Es verdad, cuando se hallan
entrambas joyas potables,
pero cuando no, me encajan;
me dice el refrán que alabo:
trae lo que viene a la gana.
Tu buen humor me divierte.
Me pago cada semana.
Mas ¿qué es esto?
Clarines.
Sale Carlos.
Yo que llego
gran Federico a tus plantas.
Amigo Carlos, me huelgo
que bueno llegado hayas.
Quien se emplea en tu servicio
felices logros alcanza;
y Vuestra Alteza, Señora,
me dé su mano.
Levanta,
Carlos, y dime, ¿qué hace
mi padre?
Como le engañas
pensando que te ha perdido,
la desgracia imaginada
llora triste.
Oh lo que siento
que padezca por mi causa.
Al mismo tiempo, Señor,
que llegué con tu embajada,
un embajador llegó
de Aristeo, y le demanda,
era que le coronase;
pues por ley hereditaria
le toca a su esposa Irene
el Reino, y maginaba
negarle su pretensión.
Pag. 51
que a las prevenidas armas
lo tomarían por fuerza
lo que pedía de gracia,
di mi embajada y el rey,
viendo mi fineza hidalga,
se me mostró agradecido
con demostraciones tantas,
que dijo que te daría
de Aurora la mano blanca,
a no advertido del gozo
de la muerte la guadaña.
Pues, Carlos, a prevenidas
salgan todas mis escuadras,
para que así Roberto vea
sus esperanzas burladas.
Yo he de ser de Marte asombro,
y a tu lado, armadas galas.
Vase.
Y yo seré quien, bizarro
en la desierta campaña,
un suelto caballo prenda
si no hay quien me diga nada.
Salen el Rey, Arnesto
y soldados.
Ya tan cerca hemos llegado
que las trompetas y parches
del enemigo se escuchan
esparcir ecos al aire.
Noticia he tenido ya
de los jinetes que baten,
que no es bastante a ofenderse
aunque el ejército grande
es del enemigo, pues
quien una traición infame
defiende, es preciso que
se acredite de cobarde.
Nunca mi valor desmaya,
y más cuando de mi parte
llevo la razón por timbre
en todos mis estandartes,
aunque aquestos enemigos
airado el orbe abortase;
pues cada soldado mío
lidia con ventaja tales,
por la razón que defiendo;
que mi cuchilla es bastante
a que un mundo de traidores
rinda a mis plantas reales;
mas es mucho que a la Corte
tanto Federico tarde.
De los pueblos comarcanos
en escuadras a ayudarte
tantos vasallos acuden
que, aunque a tiempo no llegase
Federico, no echarás
menos.
Clarín.
El que venga tarde,
sin duda es este Federico,
pues por el monte que parte
raya de Hungría y Boemia
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si escucho estruendos marciales,
ya de la cumbre del monte
baja descendiendo al valle
ejército numeroso,
y haciendo vistoso alarde
las plumas de los sombreros
pican blandamente al aire.
Húngaros son y del monte
ya asentaron los reales
en la falda.
Clarín.
Y ya algunos
de las trincheras se salen
y vienen hacia nosotros,
sin duda embajada traen
pues a la voz del clarín
van llegando.
Sale Carlos y soldados.
Los marciales
instrumentos de mi campo
festivos aplausos canten.
Otra vez a vuestras plantas
vuelvo, señor, a arrojarme.
Levantad, Carlos, que estoy
confiado que ha de darme
victoria vuestra venida.
Con más de seis mil infantes
al valle vengo hoy llegado,
y mi rey por la otra parte
con otros tantos soldados
el paso quiere cortarles
al tiempo que se retire.
Quiera el Cielo que pagarle
pueda, a Federico yo,
esta fineza.
Dentro Aristeo.
Bastante
paga será de su afecto
asistirle y ayudarle.
Wasilbanos valerosos,
aquí el valor vuestro acabe
con Bohemia, mueran todos
y nuestra cuchilla alcance
con ira, lo que no puede
con el halago librarse.
Vase.
Ya el Wasilbano soberbio
dispone airado el combate,
y así, señor, alentad
los soldados arrogantes,
que yo parto a lo propio.
Tocan, vanse.
El Cielo, Carlos, te guarde,
y vosotros, valerosos
soldados míos, marchitadle
a Aristeo el valor que
os incita, y marche el parche,
toca al arma.
Húngaros míos a ellos
que huyen cobardes.
Wasilbanos, mirad que
vuestro valor no desmaye.
Vosotros, vea Aristeo
vuestro valor siempre grande.
Pag. 53
Dase la batalla y salen soldados de Federico y Aristeo
¡Helos, cuerpo de Cristo,
enhorabuena se maten,
que yo quiero ver los toros
de donde a mí no me alcancen!
Mas, ¿qué dijo Federico,
mi señor, en el combate?
¿No está peleando? Pues
¿cómo no voy a ayudarle?
¿Cómo no voy? Porque tengo
un miedo considerable;
luego yo soy un gallina,
es verdad, soy un cobarde,
también es verdad, y luego
tenga remedio de hallarme
y camino a ser valiente;
¿no es mejor que a mí me maten
al lado de mi señor
peleando? ¡Zape, zape!
Que me maten dije, digo
que hable muy mal y esto baste.
Mas un escuadrón de gente
viene a este sitio, más vale
esconderme ahora a ver
si esta es buena o mala parte.
Escondese
Sale Aristeo y el Rey
Rinda vuestra majestad
las armas, pues ya no cabe
la resistencia.
Primero
la vida habéis de quitarme,
que mis canas, como el Etna,
sus encendidos volcanes
encubren con esta nieve.
No quisiera que a culparme
llegaran de que no trato
a las personas reales como debo,
y será fuerza que con vuestra vida ataje
la deuda de la victoria
si a prisión no nos dais.
Cobardes, yo he de morir y vencer.
No será fácil.
Bien de vuestra jactancia creo
que a ejecutarlo llegaré.
Sale Aurora
Acero de Marilbania,
soy de la mano de Marte,
¡muera el traidor Aristeo!
Tente, espera, no me mates,
que a Bohemia el cielo ampara,
pues que contra mí le trae.
Retíranse todos y queda el Rey
¿Qué es, los cielos, que miro?
Aurora, hija, escucha.
Dentro
Padre,
hasta que venza del todo
no puedo volver a hablarte.
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Ay de mí, esto es quimera,
que Aurora murió y no cabe
verla aquí, cuando el sepulcro
guarda su yerto cadáver.
Pues que las ramas me encubren,
un chasco pretendo dar
al buen viejo.
No vi yo con el acero brillante
Aurora a mi lado, Cielos?
Es verdad.
Penas, dejadme,
qué nube o ilusión es esta?
No la vi.
En contante.
Pues cómo la he visto aquí?
Pídemelas.
En qué parte?
Es que las quiere en dineros.
Hacia aquí una voz se esparce,
y he de averiguar lo que es,
quién va?
Es un pobrete vinagre,
un puerco, un babieca, un necio,
y todo lo que juzgaréis.
Quién sois?
Sirvo a Federico,
aunque si mal él lo sabe.
Victoria por Federico.
Viva Bohemia.
Ya aplauden
los soldados la victoria.
Por mi amor, mas ea, dejadme,
vanas ilusiones mías.
Y entre muchos que a esta parte
vienen, veo a Federico
que rendido y preso trae
a Rico con Irene.
Mas oh beldad e imagen,
oh Aurora, la que miro,
sacadme, Cielos, sacadme,
pues ya me doy por vencido
de confusión semejante.
Al Rey, los dos
Y a mi valor, gran señor,
a vuestras plantas postrado,
pongo a Rico y a Irene,
dejando por dueño el campo,
sin quedar algún contrario
que a su pesar no publique
en favor vuestro el aplauso.
Ya, padre y señor mío, pues
esta victoria se ha dado,
y ahora te reconvengo
con la palabra que a Carlos
agradecido le diste,
diciendo que de mi mano...
Pag. 55
fuera, dueño Federico,
si no la escondiera el mármol,
y pues ves que vivo, cumple,
no el darte mi mano cuando
es fácilmente mi esposo,
sino que llegando entrambos
a su gracia, la piedad
de padre te merezcamos.
Ay, hija del alma mía,
tú vives, llega a mis brazos,
que aun no creo lo que miro,
sin duda que estoy soñando.
Tú viva, pues no te vi
muerta, y no te enterraron,
pues ¿cómo viva te miro,
y fuera del sepulcro te hallo?
Asombros son cuantos miro,
desdichas son cuantas paso.
Mi desventura me aflige
y de verla me acobardo.
Pues oye, renovar intento
los sucesos más extraños
que de amor la pluma ha escrito
en el papel de los años.
Tú, oye, señor, del amor
los más notables acasos
que con su influencia puede
obrar el poder del astro.
Bien sabes que desde Hungría
vine a Bohemia llamado,
no tanto de los edictos
que publicaste en tan varios
reinos, porque viniesen
los príncipes comarcanos;
sino es que de Aurora divina
del amor bello milagro,
influyendo en mi cariño
me condujeron los hados.
Llegué, y en la competencia
a mi navío quedó amor,
pero fue mi dicha tanta
que al competirnos entrambos
en tan amorosa lid
vine a conseguir el lauro
de la inclinación de Aurora,
pretendiendo fino cuando
daba fortuna las dichas
a quien las desea tanto.
Amábame en fin, mas movido
de los pasados odios,
mandaste le niegue
a Federico mi agrado.
Sentílo, no fuera fino
mi amor; lloré, pues el descanso
que tiene un pecho afligido
suspiros va desahogando
de la pena el corazón.
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porque un pecho que está amando
alivio lograr no puede
al dueño de su cuidado
si no muere del dolor
por ver si podrá lograrlo
procura aumentar la pena
y va hallando en mi reposo
desahogo en los suspiros
del sentimiento y el llanto
Díjome Aurora que intento
diciendo que amenazado
había mi triste vida
y fui de su rebelión el blanco
era yo, y al fin por ser
obediente a su mandado
elijo, Aristea, que
amante y desesperado
resolví partirme a Hungría
mas antes de ejecutarlo
a despedirme de Aurora
quise subir a palacio
ejecutélo, hablé a Aurora
ella triste y yo llorando
yo amante, ella con amor
yo quejoso, y ella dando
miles suspiros al viento
del dolor apasionado
embargados los sentidos
quedó sin pulso en mis brazos
quedé desmayada y todos
por tan muerta me dejaron
que con funerales pompas
y reales aparatos
por orden suya mi cuerpo
al panteón trasladaron
yo pues idólatra amante
como fino lastimado
determiné no partirme
sin que en el fúnebre mármol
de Aurora divina viese
la imagen que adoré tanto
y franqueando una llave
del templo, con un criado
testigo de mi fineza
resuelto y determinado
y de graves cuidados
yo entré a oscuras, voy buscando
y estando allí el sacristán
no hallo sin algún llanto
que del soplar de una vela
encontréla por milagro
enciéndola, traigo luz
y tomándola mi amo
me mandó que descubriese
el sepulcro, y temblando
le obedecí con lo cual
me desmentí de criado
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descubierto el ataúd
de su alteza, al poco rato
vimos que se zabullía,
mas yo, colgada dejando
la tabla en el suelo, huí
más ligero que diez gamos.
Cobré el sentido, y quedé
triste y suspensa, mirando
trocado en sepulcro frío
el adorno de palacio.
Declaróme a qué suceso
se derivó, y a ley de amor
recelando que impidieras
el logro a nuestro cuidado
partió a su reino, adonde
nuestro amor lograse aplauso,
que tan amantes finezas
su unión han granjeado.
Partimos a feliz mente,
nuestros deseos logrados
se vieron, pues luego que
a Hungría entrambos llegamos,
puse en las sienes de Aurora
la corona con mi mano.
Cuando supe que a sitio
después de asombrado
de palacio agravio y afrenta,
a cercar a sus estados
ofrecíte mis escuadras,
vine, vencí a tus contrarios,
sobre tu corona alzando
decoro del más villano,
que el mayor aplauso logres
de enemigos y vasallos.
Este señor de mi vida
es el que os amparaba.
Éste es del amor más fino
el más amante milagro.
Y así, si mi vida puede
si pueden ser dichos tantos,
si merece mi ser tuya
si la vida que le has dado,
Aurora, sacándola
de los horrores de un mármol,
en tu amor
en tu piedad
merecen
consiguen algo,
te ruego
yo te suplico,
humilde yo,
yo postrado,
implorando un perdón,
y logrando un agasajo,
quede la ley de Bohemia
deshecha;
quede borrado
estatuto que se opone
al logro de amor tan casto.
Pues con qué designio pide
Amor mismo nos manda
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que amor después de morir
solo es del amor milagro.
levantad, y por derecho
llegad ambos a mis brazos,
que lo que amor os concede,
mi rigor no ha de quitaros;
todo lo que me pedís
se ha de hacer, y en vuestras manos
el castigo de Aristeo
y de Yrene dejo.
Cuando
tantas honras nos hacéis,
bien podré, no disgustándoos,
esposa amada, ofrecer
la libertad.
Es en vano
imaginar que yo ponga
en mi voluntad, reparo.
humildes tus plantas beso.
y o, prima, por favor tanto,
por esclava me confieso.
Pues ahora marche el campo,
que a todos ofrezco dar
justos premios.
Y enretanto,
poniendo fin el ingenio
a este verdadero caso,
os ruego que al autor
cobije vuestro cuidado.
