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Texto digital de Si amor mata, amor da la vida

Data de publicação: 22 de agosto de 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Si amor mata, amor da la vida. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/si-amor-mata-amor-da-la-vida.

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SI AMOR MATA, AMOR DA LA VIDA

Pag. 1

Mss 17053

Pag. 2

Yy 922

Mss.

17053

Pag. 3

Dr. Alejandro de Arboreda.

Si amor mata, amor da vida.

3 jornadas.

Jornada primera

Pag. 4

Personas

Aurora, princesa

Federico, príncipe de Hungría

Irene, su prima

Aristeo, príncipe de Transilbania

Laura, criada

Carlos, capitán de Federico

El rey de Boemia, viejo

Fineo, capitán de Aristeo

Arnesto, conde viejo

Salbañón, gracioso

Soldados, damas y acompañamiento

Salen Federico, Carlos y Salbañón.

Fede.

Seas, Carlos, bienvenido,

y dame a valer los brazos

que dignamente se emplean

en quien es leal vasallo.

Car.

Como yo logre la dicha

de besar tu mano, es cuanto

mi humildad desea atenta,

en premio de favor tanto.

Fe.

Levanta, Carlos, del suelo,

que eres mi amigo.

Car.

Y tu esclavo.

Sa.

Merezca yo que me deis,

señor Carlos, por un rato

las manos y pies.

Car.

¿Qué dices?

Pag. 5

Sa.

Sabañón,

pues ¿no está claro

que un sabañón vulgarmente

se halla en los pies y en las manos?

Car.

Siempre el buen humor te dura.

Sa.

Ya estuviera yo enterrado

si buen humor no tuviera.

Car.

¿De qué suerte?

Sa.

Si acabado

se hubiera el bueno, ¿no es cierto

que hubiera quedado el malo?

Pues para echarle, ¿hay más que

sangrías, purgas y emplastos?

No hay médico que más sepa.

Pues pregunto: ¿usted ha hallado

quien dé grati et pro Deo

todos estos embarazos?

No lo creo, luego es cierto

que si mi ración no alcanzo,

y el príncipe, mi señor,

después de festejos tantos

en que aplausos tan crecidos

de teatro, dos no me ha dado,

más que trabajo en cuidar

de galas, plumas, caballos,

y algunos vueltos de coces

que a cuenta me han estampado;

¿de dónde sacar podría

yo dinero para el gasto

de las dichas medicinas,

con que era fuerza que, dando

el mal humor en el cuerpo,

conmigo fuese acabando

hasta llevarme a la huesa?

Y así, por conclusión saco,

que si el buen humor faltara,

con que me entretengo a ratos,

estuviera el sabañón

comido ya de gusanos.

Car.

Bien has probado tu intento.

Fe.

Es verdad, y por si acaso

tal vez el buen humor pierdes,

para que vencer el malo

puedas con las medicinas,

toma este bolsillo.

Sa.

A santo

que en el viejo Testamento

haya vivido más años,

haga mi vida y la suya

iguales.

Fe.

Dime tú, Carlos,

¿qué hace mi hermano el infante?

Car.

Gobierna como su hermano;

pues en serlo, lo prudente,

lo justo, lo atento y sabio,

ha vinculado su acierto.

Pag. 6

Fe.

en el gobierno, que cuando

te partiste a la asistencia

de Aurora, heroico milagro

y de Bohemia princesa,

le encargaste a su cuidado:

pues en sus acciones logra

de toda Hungría el aplauso.

Y a ver, por tales nuevas,

te ofrezco, Carlos, los brazos.

Mas, ¿qué ciego, qué motivo

has tenido que, dejando

a Hungría, te obliga a dar

la vuelta a Bohemia, estando

tu persona allá de menos?

Pues ha de hacerle tu lado

falta a mi hermano en la corte.

Car.

A precepto de tu hermano,

señor, me obligo a venir,

porque si se ofrece algo

que a tu real servicio importe,

con más presteza y cuidado

en mi obediencia hallar puedas

la lealtad de tus vasallos;

y, advirtiendo que de Hungría

te partiste disfrazado

a Bohemia sin decirnos

motivo, intento o acaso

que te obligó a la jornada,

discurría el vulgo vano.

Mas viendo que en el festejo

de Aurora le sirves bizarro,

fino y amante, ofreciendo

por víctima y holocausto

el corazón en las aras

de Amor, he venido dando

muestra de mi afecto, pues,

en cualquier lance, fiando

de mi lealtad mis intentos,

podrás bien comunicarlos.

Mas permíteme, señor,

que sepa de tu cuidado

la causa, pues me parece

que puede ser, tan prendado,

hallarte de la princesa,

sin venir enamorado;

y si, herido de las flechas

de Amor, has venido cuando

sus arpones en tu pecho

amantes se ensangrentaron.

Sa.

Dios te pague la pregunta,

porque ha un siglo que rabiando

estoy por saber lo propio,

y no me he determinado

a preguntarlo porque

temía que, al preguntarlo,

mi señor me respondiese

al consonante.

Pag. 7

Car.

Y es malo

responder al consonante.

Sa.

Eso lo saben mis cascos,

pues el consonante que

sabañón tiene, es pelado.

Car.

Y ¿cuáles?

Sa.

Mogilón, miras

si a la duda satisfago.

Fe.

Pues me preguntáis la causa

de mi venida, fiado

en vuestra lealtad, pretendo

satisfaceros a entrambos,

refiriendo de mi amor

el principio y a la causa,

de mi pasión el origen,

y el volcán en que me abraso.

Sa.

Vaya pues, si no oye y di.

Car.

Y a ambos la atención damos.

Fede.

Era la estación más bella

del año cuando llegando

a despertar a las flores

de aquel pesado letargo

del yelo la primavera,

a humildes plantas y ramos

de verde esfera vistió;

ya a los montes, ya a los llanos

les dio librea a su costa

de felpa corta su mano.

Cuando el matiz al mostrar

la rosa, recata al campo

alimentándose solo

de las perlas, que con labios

de rosicler a los pechos

del aurora con halagos

chupa para darlas luego

al sol que la influye blando;

cuando el jazmín trascendiente,

blanca pastilla del prado,

en sus senos atesora

bellezas que me ha cautivo;

cuando atenta a su decoro

con botoncillos dorados

la azucena presurosa,

paloma blanca, mirando

que es su oficio en los jardines,

guarda flores de su grado;

cuando el jilguerillo alterna

sonoros quiebros, llamando

a su esposa, y al mirarle

entre colores tan varios,

aunque el sol a verle juzga,

le tiene por flor de mayo;

cuando risueños cristales

rompen los grillos helados

bordando con plata hilada

Pag. 8

Fede.

Tal vez de gala del prado,

cuando con espigas Ceres,

y cuando con ramos Baco,

cuando con sus flores Flora,

cuando Pomona con partos,

son del triunfo de Amaltea

bella envidia en frutos tantos.

Cuando con voz numerosa

en el facistol de un árbol,

sonoro clarín de pluma,

Filomena está mostrando

que sin lengua explicar puede

su amor un enamorado.

Cuando a las recién venidas

flores están alabando

las dulcísimas tiorbas

de los arroyuelos mansos.

Cuando el álamo de Alcides,

soberbia pompa del campo,

hace defesa de sus hojas

visera del sol a los rayos.

Y en fin para que lo diga

de una vez por no cansaros

con más señas, cuando hay tantas

era la estación del mayo,

en que permitiendo treguas

de mi gobierno a cansancios,

a los montes que dividen

con sus soberbios peñascos

a Hungría y Bohemia un día,

con monteros y criados,

salí a caza cuando el sol

de mil luces coronado

a las sombras desvanecía

los horrores con sus rayos,

y con un rayo de luz

la luz apagó a los astros,

diciendo a porfía al verle

las aves con dulce canto

plaza, porque el rey del día

sale del mundo al teatro.

Gastamos parte del tiempo

inquiriendo ramo a ramo,

peña a peña y planta a planta,

ya del humilde gazapo

la cama, del jabalí

la honda cueva y del venado

la habitación, porque fuese

despojo de nuestro brazo.

Cuando de junto a unas rocas

dos ciervos casi volando,

más que corriendo salieron

tomando caminos varios:

uno los bosques de Hungría

y otro la senda que a un llano,

que a la otra parte del monte

Pag. 9

Fede.

gia, en cuyos verdes lazos

descansa aquella sublime

pesadumbre de peñascos.

Elegí seguir a este,

y mis criados, turbados

en seguir al uno, solo

en el monte me dejaron.

Dile al caballo las riendas,

crucé el monte, corrí el llano,

seguíle hasta un bosque espeso,

tierra de Bohemia. Cuando

a un mismo tiempo noté

que la espesura de ramos

lugar al ciervo le dio

de ocultarse, y que llegaron

a mis oídos voces

de gente que iba cazando.

Fijé la atención por ver,

de lo curioso llevado,

hacia qué parte se oyeron;

mas dentro de breve rato

salí de la duda, viendo

que de un monte cercano,

persiguiendo un jabalí,

una mujer a caballo

venía hacia el sitio mismo

donde yo estaba. Admirado

quedé, viendo que venía

sola; y atando el caballo,

entre unas ramas enormes

me escondí, porque reparo

no hiciese en mí, y si lo hiciese,

movida de un recato,

llegó junto a mí. (¡Ay, amigos!)

Si yo supiera contaros

lo que sintió el corazón

al ver tan bello milagro;

pero no es fácil, porque

siempre de amor el cuidado

ha sido para sentido,

pero no para explicado.

Llegó, digo, junto a mí,

pero la fiera erizada

todo el cuerpo, y de los ojos

viva la sangre brotando,

arrojando espuma y fuego

por la boca, y afilados

los colmillos, se paró,

como quien dice: Esperando

estoy, atrevida deidad,

vuestros rigores; veamos

quién sabe mejor cumplir

lo que a esta vez toca a entrambos:

yo morir o vos matar.

Mas ¡ay! qué bruto reparo.

Pag. 10

Fede.

quien duda que de lo hermoso

los apetecidos rayos,

si con un descuido matan,

¿qué harán con un cuidado?

Parecióme esto soberbia

en la fiera, y admirado

quedé al ver que no temió

lo altivo y lo soberano

de sus hermosuras; mas luego

a mi duda satisfago,

pues es constante que el bruto

quedaba ufano logrando

morir a sus ojos, pero

viendo el peligro cercano

quiso resistirse, no

por no rendirse al milagro

de su belleza, sino

porque si moría a manos

que ninguno atribuyera

aquella muerte a cuidado

de su obsequio, sino a efecto

de su valor, y así, cuando

se vio arriesgada, se expuso

a defenderse mostrando

que lo hizo viendo que hubiere

para rendirla, apelado

de las flechas de sus ojos,

al venablo de su mano.

Embistióla, en fin, la fiera

y ella picando al caballo

hizo lo propio; mas ya

derribóla. Recelando

de el jabalí algún peligro,

salí cortándole el paso,

y él paróse cara a cara,

y ejecutando, arrojado,

con la espada dos heridas,

dio a la muerte paso franco.

Murió la fiera, y la dama

en mi valor reparando

me preguntó que quién era,

mas yo, el aliento turbado

y casi sin mí, que amor

tiene principios muy malos,

le dije que era de Hungría

un caballero, y que acaso

a los montes de Bohemia

cazando había llegado.

Miróme afable, y dijo:

"Si vos fuerais mi vasallo

premiara vuestro valor,

pues habiéndome librado

del peligro en que me he visto,

al rey, mi padre, obligado

Pag. 11

Fede.

os debiera agradecer

empeño tan entregado.

Respondíle: "No por premio

hace un noble agasajo,

sino por cumplir la deuda

de su sangre, y en tal caso,

aunque nunca se consiga,

si de merecerle alcanzo,

toda la fortuna queda

bastantemente premiado;

además que si de un riesgo

os sacó mi mano, es llano

que no me pagaréis bien

menos que con vuestra mano".

A este tiempo sus monteros,

subiendo por los collados,

la buscaban, pero yo,

por no ser de sus criados

conocido, la pedí

para tomar mi caballo

licencia, y partirme luego;

y solo, y decía, acaso,

a mi fortuna: "¡Oh, Bohemia,

oh, mujer, en ti he fiado,

quien mi sagrado cimiento

no faltará, pues yo parto

gustoso con tal palabra!".

Y después que dimos ambos

a los caballos las riendas

hasta que los dos llegamos,

ella a Bohemia con gusto,

y yo a Hungría, tan trocado

que las fiestas me cansaban,

lo que antes fue gusto, enfado

fue después, y solo áspero

era todo mi cuidado.

Viendo que mi queja admitía

ningún alivio o descanso

mi mal, resolví partirme

a su corte, deseando

competir con Aristeo,

que a quien queréis, deshumano.

Llegué, y conocióme luego,

disimuló, mas yo, osado,

le dije que a pretender,

de su hermosura obligado,

vine a su corte, sin más

méritos que ser su esclavo,

ni más padrinos que una

palabra que de sus labios

merecí, en quien de mi dicha

el cumplimiento afianzo;

en fin, siempre en asistirla

la ventaja he procurado,

mereciendo en mis servicios..."

Pag. 12

Fede.

la atención y agrado de Laura,

porque aunque desconfiados

abrasados e informados

están, ya por las palabras

que mal disimula el labio,

viéndose de ellas destituidos,

engendran nobles cuidados;

y a pesar que mudamente

los ojos han declarado,

puertas por donde se manda

de toda el alma el palacio,

con todo me ha hecho notorio

su cariño, recelando

no juzgues por ligereza

violencias de un dios vendado.

Esta es la pena que siento,

esta es la llama en que ardo,

y este en fin es un rigor.

Amar penoso entre cuantos

tiene el amor, pues la dicha

está con el sobresalto

de si la elección se hace

dichoso logrando ufano

lo que desea o si hace

el olvido desdichado.

Sa.

Adiós, Señor, si das

en estar enamorado,

envolviendo a Hungría toda,

quien gobierne tus estados.

Je.

¿Por qué?

Sa.

Porque no es lícito

voto, y el más acertado,

al eminente y antiguo

zambo, loco y corcovado,

sordo, o finalmente asno;

lo peor de todo callaba,

que a todas horas por muestra

una vejiga por zancas.

Car.

Para el logro de esta dicha

a su mérito no paso,

que si los cuento ha de ser

con nota de apasionado;

mas un reparo se ofrece

solo que pueda estorbarlo.

Je.

¿Y cuál es?

Car.

La enemistad

que tanto tiempo ha durado

entre Bohemia y Hungría,

y guerras que tantos años

han sido pena común

para vidas de vasallos.

Je.

Tu reparo con las paces

hechas queda saneado.

Car.

Aunque estén las paces hechas,

el odio que se ha engendrado

con tantas muertes no es fácil

Pag. 13

La.

se borre de un pecho airado

retíranse

Fe.

el rey a esta pieza sale

de Aristeo acompañado

pues retiraos a esta parte

que llegan ya

Car.

así lo hago.

Salen el Rey, el Conde Arnesto, Aristeo, y acompañamiento.

Rey.

Príncipes generosos,

que bizarros, valientes, y ingeniosos

vuestro valor y gala

ninguno al otro excede, pues le iguala;

siendo competidores

fuisteis a un tiempo entrambos vencedores,

pues por digno del lauro cada uno

no ha podido llevársele ninguno;

no quiero que quejosos

quedéis de mi elección, hagaos dichosos

Aurora sola, a cuyo arbitrio dejo

que haga experiencia, con sagaz consejo,

de vuestro afecto, y haga venturoso

al que estimare más por más esposo;

que un cetro soberano

quisiera dar a entrambos por mi mano.

Ari.

Yo, pues tanto interesa

mi amor, mi voluntad, y mi fineza,

en que un acierto sea

quien elija a su gusto el que desea;

vuestro designio admito,

y aun más lo solicito,

pues en mi amor espero

que por mayor le ha de admitir primero.

Ar.

Aunque desconfiado

de que elegido sea mi cuidado,

pues la elección previene

al mérito por fin, y a quien no tiene

mérito que su dicha le corone

desconfiado a la elección se expone;

solo porque en alteza

de dueño de la que es alta belleza,

el arbitrio es el mismo,

y así mi amor al competir animo.

Salen Aurora, Irene, Laura, damas, música y acompañamiento.

Mú.

Compitiendo de Aurora divina

la mano más bella, príncipes, venid,

consiguiendo el que fuere elegido

la dicha suprema del lauro feliz.

Re.

Pues que la elección, Aurora,

a mi albedrío se deja,

también los medios podrás

elegir para que sepas

quien más amante te estima

y a quien debes más fineza.

Pag. 14

Aur.

Supuesto que la razón

es quien con valor se premia

hoy, príncipes, quiero ver

quién con razón me festeja,

para que tan bien conozca

quién del interés se mueva;

y así vuestros fundamentos

Amor me manda que sepa,

para que la más amante

pretensión el premio tenga.

Músi.

Diga cada amante

la razón de amor,

pues en ella estriba

su felicidad,

y diga verdad

que ya rige Amor su razón.

Aparte

Vase

Rey.

Príncipes, pues que tenéis

para el festejo licencia

y pretendientes estáis

en la ingeniosa palestra,

empiece la lucha y muestre

quién ama con más firmeza;

y pues Aurora os coloca

el juzgar esta contienda,

yo me voy, a Federico

ruego al Cielo que aborrezca,

pues no ha de lograr su mano.

Ire.

No me dirás cuál de todos

te obliga más, porque es fuerza

que a tu voluntad alguno

destos príncipes prefiera.

Aparte

Aur.

Ninguno me obliga más.

Miente mil veces la lengua.

pues a Federico adoro;

Ire.

No es posible que te crea,

ojalá, Amor, que a Aristeo

a mi prima le parezca

tan mal como a mí bien, pues

le estimo aunque me desprecia.

Aparte

Aris.

Perdona, divina Irene,

que cara a cara te ofenda,

que aunque os amo mucho, Aurora

mucho más a Aristeo pena.

Aur.

Pues que se ha de dar principio,

diga la razón que lleva

para su amor Aristeo.

Aris.

Oh Señora, la más cuerda,

Músi.

Hablad, que Amor corona

a mérito por digno,

no dando para el premio

los ojos en oídos.

Aris.

Tanto ha servido mi amor,

que un don por premio atesora,

a mereceros, Señora,

por ser divino favor.

Está el corazón mejor

que para amaros presento,

sirviéndoos estoy contento,

porque os llegue a merecer,

mirad pues si puede ser

más noble otro fundamento.

Aur.

Aristeo, si me honráis

por merecerme, ya os niega

Pag. 15

Aur.

Sale con el premio, pues,

con ser dichos buenos, llevan

la paga en que merezcáis:

y en buen fundamento

pues que propone la duda,

estando pagada ya,

tenga su esperanza muerta.

Aris.

Quien a merecer premio

para mi amor, cosa es cierta,

pero yo, señora, quedo

sin él, en la competencia;

y cuando un amor merece

una prenda, es evidencia

que al dueño de aquel afecto

se le debe dar la prenda,

aunque satisfecho quede

su amor con que la merezca.

Au.

Luego, ¿dos premios queréis

lograr?

Aris.

Los mil deseo.

Au.

Pues no merecéis ninguno.

Aris.

No se queja con honor muda.

Au.

A la música atended,

que ella os dará la respuesta.

Musi.

Quien tantos premios pide

ninguno es bien que tenga,

que a quien desea mucho

el interés le ciega.

Au.

Diga también Federico

sus razones, tales sean,

amor que venza su ingenio,

pues procuro en su cabeza

aunque pese a la fortuna

poner a Lauro.

Fede.

Si atenta,

señora, notáis mi amor,

aunque deciros pudiera,

que una razón sola llevo:

no he de decirla.

Au.

¿Y qué intenta?

Fede.

Que un silencio en callar,

pues a vos no os acuerda,

no he de repetirlo yo,

porque en mí fuera bajeza

referir un beneficio

en que se funda.

Auro.

Bien, esta

palabra tengo en mi memoria,

mas solamente aprovecha

para medianera en mí;

mas en vuestro amor no prueba.

Fede.

Pues yo honor, valor no tengo.

Au.

Luego es evidente muestra

que no me pretendéis.

Fede.

pretendo.

Au.

¿Vuestro amor lleva

méritos?

Fede.

Ningunos.

Au.

¿Cómo?

Fede.

Amando de esta manera:

tan divina os considero,

que si a la pasión me advierto,

viendo que he de quedar corto,

a mayor timbre os prefiero.

Pag. 16

Fede.

adiós deidad y requiebro

vana toda mi esperanza

mas viendo que de amor alcanza

la gloria de pretenderos

pretende no mereceros

mi propia desconfianza

Au.

y lo que me proponéis

no es merecer

Fede.

Si la idea

de vuestra razón denota

méritos lo considera

vos lo habéis de juzgar

Au.

mas no mi amor

que se arriesga

en que vos me merezcáis

Fe.

Ved, que no es mi razón esa

que de mereceros yo

hay muy grande diferencia

a que sepa que os merezco;

y en esto está, porque apenas

sepa mi amor falta razón

os perderé

Au.

qué lo prueba

Fe.

el argumento mejor

que se funda en la experiencia

Faetón por hijo del Sol

es cierto que mereciera

regir los bellos caballos

que ilustran esas esferas

eso conocí, pues cuando

del mérito en la soberbia

quiso con ellos surcar

el golfo de las estrellas

por merecerlo alcanzó

siendo su desdicha mesma

pues al punto que lograrlo

pudo, entre las llamas densas

miserable polvo quedó

de su ardor hecho pavesas:

pues porque a mérito supo

al precipicio se entregó

perdiendo el logro feliz

de aquello que más desea:

esto recelo, señora,

pues si de vuestra belleza

mi amor sabe que soy digno

infiero por consecuencia

que en permanentes afectos

temo que mi afecto os pierda

apte

Au.

aunque lo finjo bien —

en mentir con la verdad,

a lo opuesto su agudeza

el argumento formando

en cada voz una flecha,

tened, pues, más confianza

que aunque amor también despeña

puede ser que el precipicio

Fe.

Cielos, mi ventura es cierta

apte

Au.

aunque por empeño, a Aurora

festejo, y a Irene quiera

viendo ajenos favores

celos el pecho revienta

apte

Ayre.

pues mi prima, a Federico

muestra inclinarse, y se queja

Pag. 17

Ayre.

sin esperanza, Aristeo,

a mi esperanza sujeta.

Aparte.

Au.

Mas advertid, Federico,

que mi voz solo os alienta

a competir, ocúltese más

lo que descubrió la lengua.

Aris.

En vano desmentir quiere

lo que los dos entienden.

Aparte.

Fede.

¡Oh, qué presto cesa el gusto!

Música.

Feliz un amante fuera

si los bienes alcanzaran

la duración de las penas;

y a la desconfianza

es prueba del amor,

y en ella no se pierde

si crece la pasión.

Aparte.

Au.

Príncipes, tan igualmente

vuestros discursos pelean,

que compitiendo ninguno

ha vencido en esta guerra.

Y pues que salís gloriosos,

pretendo en otra contienda

examinar el más digno

con más relevantes pruebas.

¡Ay, Federico, si puedo,

por el amor que me alienta,

con el laurel de mi imperio

he de ceñir tu cabeza!

Aparte.

Vanse.

Yre.

¡Ay, Aristeo celoso,

mi fe de mi fe se queja!

Música.

Proseguid pretendiendo bizarros

la mano divina de Aurora gentil,

que el amor para el mérito tiene

guardada la dicha del lauro feliz.

Vase.

Aris.

Ya Aurora se ha declarado

en favor de Federico;

y aunque es verdad que de Irene

los lazos amante sigo,

el interés del imperio

me obliga para que fino

me queje de que a otro quiera,

y así ahora determino

hablar al rey para que,

pues siempre Bohemia ha sido

tan opuesta a Hungría, que

por estatutos antiguos

reinar no puede en Bohemia

el rey de Hungría. Advirtiendo,

ponga remedio aunque

se halle más favorecido.

Cor.

Muy inclinada se ve

aquesta Aurora.

Fede.

¡Ay, amigo!,

que aunque es verdad que la debo

más atención y cariño

que Aristeo, a competir

no sé qué recelo admiro,

que aunque me alegra, hace bien;

casi te lloro perdido,

a vista de su cuidado

se olvida cualquier peligro.

Cor.

¿Quieres tomar mi consejo?

Fede.

Preguntas.

Sa.

Un cuentecillo

lo declarará mejor.

Pag. 18

Sa.

muy hambriento y amarillo

por una calle iba un hombre

imaginando en qué sitio

hallaría quien le dé

de cena a los intestinos;

miró el suelo, y vio que había

en él un real sencillo;

alzó los ojos al cielo

y empezó a decir a gritos:

loado sea, Señor,

que remedio al afligido;

bajóse pues a tomalle

codicioso, mas un niño

mientras él hizo a Dios gracias

tiró para sí de un hilo

donde estaba atado y él

al ver que le había visto

y que entonces no le hallaba,

la culpa se echó a sí mismo

de haber dado a Dios las gracias

sin haberle antes cogido;

y así, señor, no imagines

que esta dicha has conseguido

y le des gracias al cielo

en fe de que ya la has visto

cercana de tu poder,

que será cuento pulido

que al imaginar la tuya

otro se sirva del hilo.

Fede.

Frialdad como tuya, al fin.

Ja.

Soy sabañón, con que digo

que siendo fruta de invierno,

por fuerza he de ser muy frío.

Fede.

Ven, Carlos, que quiero que

con cuidado prevenidos

tengas vestidos y galas

por si mi dicha averiguo.

Car.

Vamos, señor.

Ja.

Quiera el cielo

no salgamos de ese abismo

desnudos de boda, estando

prevenidos los vestidos.

Vanse.

Salen el Rey, Arnesto y Aristeo.

Rey.

Príncipe, la queja es justa

y así, remediarla elijo.

Arn.

De la princesa se halla

señor, tan favorecido

Federico, que compite

con tal ventaja a su brío,

que la esperanza me quita

de esperar en el arbitrio

de su abuelo; y así yo,

rendido, señor, os pido,

o que deis para partirme

licencia, pues averiguo

que favorecerle así

resulta en desprecio mío,

y más cuando cara a cara

los favores examino;

y pues en Bohemia hay, Rey, ley,

en que, por ser enemigos

este reino y el de Hungría,

concederlos es delito,

que estatuye que este reino

Pag. 19

Arn.

jamás puede ser regido

por el engaño, o maldad

lo que habéis establecido

excluyendo de este empeño

con razón a Federico.

Re.

Es verdad, y pues por ley guarda

Boemia, lo que habéis dicho

y así a vos doy la palabra

de guardarla y vengativo

negarle de Aurora bella

la mano a este mi enemigo.

Ari.

Estimo tan gran favor.

Arn.

Mira señor que hay peligro

en esa resolución,

pues si Federico altivo

viendo este desprecio suyo

rompe la paz, e imagino

que ha de sernos mal, si vuelven

los escándalos antiguos.

Rei.

Conde, a resistir parados

tiene la prudencia, arbitrio.

Arn.

Tus conveniencias señor

solamente solicito.

Rei.

Bien está.

Arn.

Aurora señor

viene a esta cuadra.

Rei.

Pues idos

que hablarla pretendo solo.

Vase.

Ari.

El cielo os guarde mil siglos.

Sale Aurora.

Aur.

¡Ay Federico, las horas

que tardo en llamarte mío

siglos son para mi amor!

Y así ahora determino

declararme con mi padre

diciendo que te he elegido,

que está de más la experiencia

a vista de mi cariño.

Rei.

Y ya, Aurora, ¿cómo vas

de experimentar lo fino

de tus amantes?

Aur.

Bastante

el toque ya he conocido

y así a decírtelo voy

a quien mi amor ha elegido.

Rei.

Vengo ahora

yo me huelgo,

mas solamente te aviso

que en este empeño no puedes

elegir a Federico.

Aur.

¡Ay de mí!, pues ¿cómo así

mi señor, qué es lo que he oído?

Me dejaste sin estorbos

la elección a mi albedrío,

¿vueltas das ahora?

Rei.

Aurora

la ley, que en los turbados bandos ha sido

que dispone que el de Hungría

no pueda tener dominio

con el reino de Boemia...

Aur.

Luego yo...

Rei.

Esto es gusto mío.

Pag. 20

Au.

no tengo elección alguna

pues siendo dos averiguo

que si a uno elegir no puedo

el uno será preciso

Rey.

esto importó:

Au.

pues ¿por qué

diste lugar al principio

a que concurrir pudiese

a este empeño Federico?

Rey.

porque si resueltos paras

me viera con él malquisto

obligándole a romper

las paces, y a un desatino

que tu desprecio le excusan

con que por ningún camino

tendrá conmigo la queja

Au.

y es razón que habiendo sido

quien yo elegí

Vase

Rey.

basta, Aurora

y solamente te aviso

que le ha de costar la vida

si le festeja tu cariño

Van saliendo Federico y Labañón, escuchando

Vuelve

Au.

Válgame el cielo ¿qué escucho?

¿Que no ha de ser Federico

mi dueño, porque lo estorba

una ley? Cielos ¿ha habido

más ley que el gusto? pues ¿cómo

contra todo un albedrío

un estatuto se pone?

porque recelo, perdido

el cielo le he de negar

la mano a quien tanto estimo

el uno; piérdase todo

mas cielos, ¿qué es lo que digo?

¿no dijo mi padre, que

si mi afecto, amante y fino

a Federico elegía

le disponía el peligro

pues había de morir

el uno? Corazón mío

viva Federico y sea

quien muera yo, pues si elijo

aquel sus brazos, será

túmulo, el tálamo mismo.

viva Federico, y muera

yo por él, pero ¿qué miro?

Fed.

Si me atendéis ya os diré

señora lo que habéis visto:

al objeto del dolor,

al tropiezo de la suerte,

a una imagen de la muerte,

a un ultraje del rigor,

del escarmiento el mayor

ejemplo, que atentos ven

en ambos polos a quien,

con el que ves sin igual,

hoy le quitó el mayor mal

la gloria del mayor bien.

Llora

Au.

¡Ay Federico! ¿ya habrás

(¿cielo, que aquí me has oído?)

conocido que te quiera

y si el no ser tuya elijo

es porque estimo tu vida

harto con esto te he dicho.

Pag. 21

Fede.

¿Que en fin me dejas?

Au.

Esfuerza

para excusar tu peligro,

pues son Bohemia y mi padre

mis más severos enemigos.

Fede.

¿Que así te vas?

Vase.

Au.

A excusar

su rigor, con mi martirio.

Fe.

Fuese, suspiros seguidlos

y detened la fugitiva;

ojos llorad, tan deshechos

raudales que sumergido

quede de mi llanto propio:

Sabañón, pierdo el juicio.

Sa.

Pues me lo preguntas, digo

que es el real de marras

que le ha tirado de liso.

Dale.

Fe.

¿Ahora vienes con burlas?

¡Vive Dios!

Sa.

Ya he conocido

que sois niños los amantes,

pues una vez que contigo

burlarme he querido, luego

a la cara me ha salido.

Fe.

No me ha dicho Aurora aquí

que el dejarme, solo ha sido

porque peligra mi vida

si acaso soy elegido,

luego se infiere al contrario

que si casara conmigo

muriera yo, esto es sin duda,

pues Aurora, si esta ha sido

la causa por que me dejas,

muera yo, venga el cuchillo,

que si tengo de perderte

más que mi vida te estimo.

Sa.

Señor, juzgo que te burlas,

¿que tienes en el bolsillo

tres o cuatro vidas más?

Fe.

¡Ay Sabañón, pierdo el tino!

Sa.

Pues, di, ¿qué intentas?

Vase.

Fe.

Quejarme,

y con lastimosos gritos

publicar mi sentimiento,

ablandar montes y riscos,

para que al mundo publiquen

los anales de los siglos

del más infeliz amante

los hechos más conocidos.

Vase.

Sa.

Sí señor, harás muy bien,

porque digan al oído

que, pues lo metes a voces,

llevas el pleito perdido.

Fin de la primer jornada.

Pag. 22

+

Primera jornada de Si amor

mata, amor la vida 21

Pag. 23

S 4º H Si Amor mata, Amor da vida 22 2.ª

Jornada segunda

Pag. 24

Salen Federico, Carlos y Sabañón, de camino.

Car.

Olvida asedios de amor,

moderando el sentimiento,

y sirva al entendimiento

de templanza a tu dolor.

Sa.

Poco a tu discurrir iguala

el no discurrir astuto,

que no es razón te eches luto

de lo que Aurora hace gala.

Car.

Advierte, aunque no te cuadre,

que sin dar inconveniente

obedeció fácilmente

al precepto de su padre.

Sa.

Mira que con el exceso

de un sentimiento tan grave,

ha de volar como un ave

tu desventurado seso.

Car.

Paga desdén con desdén,

al amor la razón venza,

Sa.

y ahórquese de una trenza

si no te parece bien.

Fe.

¡Ay, Carlos! ¡Ay, Sabañón!

Dejad tan recias porfías.

Pag. 25

Fe.

que para las penas mías

poco vale la razón:

¿qué importa que me digáis?

y que al sentimiento crea,

que Aurora mudable sea,

cuando mis ansias miráis,

pues era fuerza, si fuera

mujer como las demás?

Mas Aurora, para amar

sublime y divina esfera,

y mi amor, por conclusión

destas premisas, se infiere

que Aurora amante me quiere

y concluye la razón.

¿Qué importa que digáis que

no propuso inconveniente

a su padre, si os desmiente

a mí mismo Lance, porque

le dijo al rey que homicida

de mi vida había de ser,

si me elige, y por no ver

mi triste vida perdida

elige a Aristeo ahora?

Luego es cierto en lance igual

que el rey no dijera tal

si no resistiera Aurora.

Dejadme por Dios que muera

entre mis ansias mortales,

que para tan graves males

alivio la muerte fuera.

Car.

Bien nos muestra la experiencia

lo que te he advertido ahora.

Sa.

No fiéis nada de Aurora,

porque es loca en mi conciencia,

y que no puede tener

juicio Aurora es muy llano,

si en invierno y en verano

se sale al amanecer.

Se.

¡Vive Dios, loco atrevido,

que he de sacarte la lengua!,

pues en Aurora pones mengua.

Sa.

Yo lo doy por bien sabido;

mas de esa agudeza celo

que mi apodo no se encierra

en la Aurora de la tierra,

sino en la Aurora del cielo.

Mas no me dirás, señor,

dónde vas de esa manera,

si el lauro tu fe no espera,

¿de qué te sirve el amar?

Se.

Antes de partirme a Hungría

de Aurora he de despedirme,

que quiero, antes de partirme,

decirle la pena mía.

Pag. 26

Se.

y en este ansio mayor

para escusallo

Ja.

y fuera

bien que aquí el novio se viera

hablar con ella entramos

para que con linda gala

eligiendo lo más malo

después de hartarnos de palos

nos inviara noramala

Fe.

necio discurso en rigor

porque no le debe hacer

ni en mí se puede entender

Ja.

aun eso es mucho peor

Fe.

por qué causa

Ja.

porque no

los podrán hacer en ti

y volviendo sobre mí

todo lo pagaré yo

Fe.

desatar necia locura

mas Aurora viene, cielos,

o cómo viven los celos

viendo ajena su hermosura:

parte Carlos, y prevén

cuanto a mi viaje importe

que os he de dejar la corte

de Bohemia

Car.

está muy bien

retíranse y sale Aurora llorando

Au.

quien logra feliz su amor

mucho a la fortuna debe

ay de quien por no perder

logralle, viviendo muere

ay Federico, más siento

que tu afecto ha de tenerme

por ingrata, que las ansias

que afligido el pecho siente:

yo con Aristeo, o muera

antes que al tálamo llegue,

he de casarme, o amor

pues mis ansias se deben

pues me dejas los sentidos

cuando deseo perderles

a dónde estás Federico

mas no me veas que al verte

el dolor de que te pierdo

ha de hablar nuevamente

cual verdugo de mi vida

a cuchillo de mi muerte

mas si al verte, he de morir

deste dolor: ven a verme

muera yo de haberte visto

y no viva estando ausente

sale Fe.

Fe.

encontrados los afectos

en vuestro pecho se advierten

unos que verme desean

y otros que no quieren verme

y así vine a vuestras plantas

mi amor, señora, obediente

Pag. 27

Fe.

no para que lastimada

albergue un infeliz se pierde

el menor ahogo, o riesgo

a vuestra vida le cueste,

sino para que logréis

los dos afectos, pues viene

rendido, a que le veáis

y luego, y inmediatamente

a que no le veáis más

aunque la vida me cueste.

Au.

Federico, si amor

algún cariño se debe,

y si de mi triste vida

el último plazo es este,

por él, por la estimación

que en mí vive eternamente,

te pido sola una cosa,

y es que de mí no te acuerdes,

pues aunque te pierda, (ay triste)

el amar me lo consiente,

no pienses que es el dejarte

olvidarte, no lo pienses,

que ultrajando mi fineza

también mi decoro ofendes.

El precepto de mi padre

me manda ser obediente,

saldré de Bohemia ingrata,

mas su amante, y fina siempre,

con mi padre, con la ley,

y con tu amor, triste suerte,

he de cumplir, (ay de mí)

con mi padre, y con las leyes,

siendo de Aristeo esposa,

y con tu amor, con que llegue

a ahogarme mi dolor

con las ansias de perderte.

Fe.

Ay Aurora, ay dueño hermoso,

qué tarde llegan los bienes

y qué ligeros los males

vuelan, para dar la muerte.

Ya sé que te debo mucho,

mas te ruego que me dejes,

porque el mirarte imposible

y viendo que he de perderte,

todas tus finezas son

con el halago crueles.

Au.

En fin Aurora te casas?

Fe.

Sí Federico, mas miente

la lengua, que no se casa.

Plegue a Dios, pero qué culpa

tienes en ser obediente.

Logra feliz a Aristeo,

pero no pretendo verte

en tus brazos, antes bien

de Bohemia, en las paredes,

al mismo tiempo que ufano

logre, lo que mi amor pierde,

desbocado mi caballo

Pag. 28

Fe.

sin que ha de tenerle acierto

chocando arrojado y fiero

hecho pedazos me deje

para que muriendo amante

lastimado el vulgo cuente

que al punto que ajena os ve

Federico, amante muere

Se va. Sale Aurora

Au.

Federico, mira, aguarda

Fe.

¿qué me quieres?, ¿qué me quieres?

más queda, adiós, deja que

gima, llore, muera y pene

Cae en los brazos de Federico

Au.

no has de partirte, (¡ay de mí!)

sin ver, (¡qué dolor tan fuerte!)

yo me muero, yo me muero

Federico, tenme y tente

Fe.

¿qué es lo que pasa por mí?

¿el sol en mis brazos muere?

pero con esto me dice

que si por sepulcro tiene

estos, al mar, al quedar

el sol de aurora luciente

en mis brazos sin sentido

mi amor con lágrimas debe

hacer dos mares mis ojos

que con mi llanto me aneguen

¡qué rigor es este, cielos!

¡Sabañón!

Sa.

¿qué es lo que quieres?

Fe.

mira, tú por ahí si hay agua

Sa.

ni aun vino, con ser excelente

Fe.

¡ay cielos que no respira!

y yerta estatua de nieve

no se le conoce pulso

Sa.

¿no ves que por ti se muere?

Fe.

privilegiarte en vano por divino

aurora bella su esplendor procura

que no goza, exención la hermosura

en las villanas leyes del destino

ya no respeta el cielo cristalino

de tu frente; y la rosa mal segura

ya viste la color de mi ventura

la madeja que ayer fue de oro fino

¡oh grosero peligro!, a la belleza

mudabilidad, se atreve ¿cuál cabello

de más valor eclipsa poderoso?

sí, que es afán de la naturaleza

temiendo su ojeriza con lo bello

cuántas desdichas del ser hermoso

Sa.

¡Cuerpo de Cristo conmigo!

¿qué hacemos aquí?, ¿no tienes

ni un adarme de juicio?

pretendes que nos derrenguen

a acercar las almohadas

Fe.

las almohadas se acerquen

que aunque no siente mal trato

será razón que se asiente

llega almohadas, y siéntala Federico, con la misma acción que la deja, y queda Federico arrodillado

Pag. 29

Sa.

vámonos ahora, pues.

Fe.

No es fácil, pues mira, advierte

que muere Aurora.

Mus.

Por ti.

Fe.

Voz que un acaso me ofreces

tan sensible a mi pasión,

¿por mí muere Aurora?

Mus.

Muere.

Fe.

¿Y quién es la causa?

Mus.

Amor.

Fe.

Voz que mi afecto suspendes,

¿veré más a Aurora?

Mus.

Amante.

Fe.

¿Cómo ha de ser, si la tiene

ocupados los sentidos

el letargo de la muerte?

Mus.

Por ti muere, amor amante,

de verte, que aunque le tienes

por ciego, nunca fue ciego

el amor, antes de verte.

Fe.

Acaso fueron los ecos

que escuché, o que vanamente

fijó la imaginación

en lo que acaso sucede.

Sa.

Señor, ¿qué hacemos aquí?

Cuando los pasos se sienten

de gente que viene, vamos

presto, porque diligente

importa escurrir la bola

antes que un cabe nos peguen.

Fe.

Aguarda.

Sa.

¿Qué aguarde? El diablo,

pues ya el ruido se siente

cerca de las alabardas

de los archeros que vienen

y nos han de hacer gigote.

Fe.

¿Cómo quieres, cómo quieres

que, cuando a Aurora así dejo,

ingrato de aquí me ausente?

Sa.

¿Cómo? Andando, y muy aprisa.

Fe.

¿No adviertes que el accidente,

aunque parece desmayo,

más que desmayo parece?

Sa.

Hombre, ¿eso te da cuidado?

Pues quieres que diligente

no haya un récipe que, si

no ha muerto, su vida abrevie.

Fe.

Vámonos, por Dios, aprisa.

¿Y qué dirá el que supiere

que así dejo a Aurora?

Sa.

¿Cómo

temes que pueda saberse,

si no hay persona nacida

que te vea? Si no temes

que esas figuras que ves

en los tapices, lo cuenten.

Y si el riesgo de dejarla

sin alivio te suspende,

salgamos del cuarto, que...

Pag. 30

Sa.

no faltará una sirvienta

a quien con algún pretesto

no la obliguéis a que entre.

Fe.

Y de no, fía de todo,

¡ay, Aurora!, pues que tienes

mi vida y alma rendida,

si con la tuya no puedes,

lleve a mi cuenta con ella

y muera yo de no verte:

muerto voy.

Vanse.

Sa.

Y yo con miedo

hasta que de estas paredes

esté más leguas que hay

en doscientos años meses.

Sale Laura.

Musi.

Por ti muere, amor amante,

de verte, que aunque le tienes

por ciego, nunca fue ciego

el amor, antes de verte.

Lau.

Jesús, lo que un casamiento

revuelve, todo son fiestas,

músicas, gozos y galas

en palacio que se ordenan

al aplauso de las bodas

que hoy Aristeo celebra

con Aurora, bien que juzgo

que la princesa quisiera

más que fuese Federico

a quien ella adora tierna;

mas de su padre el precepto

y decretos de Bohemia

la obligan bien que forzada

a que de su intento exceda

y que el sí le dé a Aristeo

más que de grado, por fuerza,

por lo cual aquestos días

llora muy triste y suspensa,

no hay razón que la sosiegue

ni fiesta que la divierta,

y por estar la hora ya

del desposorio muy cerca,

para cuyo efeto son

las músicas que suenan,

quiero ver si divertirse

trata, mas temo que sea

tanto el desenfado, como

su voluntad, por pequeña

para el pobre novio, que haya

hombres que por cosa cierta

saben que les aborrecen

y que porfiados quieran

casarse por fuerza, viendo

que el amor no quiere fuerzas.

Yo entro dentro, mas ¿qué miro?

Rendida al sueño se muestra

sobre aquestas almohadas,

yo la despierto aunque sea

verdad que los novios deben...

Pag. 31

(Llama)

(Grita)

Lau.

para que pasarla puedan

tener jornadas de sueño

adelantadas a cuenta.

Señora, recuerda y mira

que es tarde ya, y que te esperan:

no despierta, oh qué pesado

tiene el sueño, una princesa.

Señora, señora, ay triste!

qué helada, pálida, yerta,

sin pulsos, y sin aliento

yace imagen de sí mesma.

ay de mí! valedme cielos

que está mi señora muerta.

Sale el rey, Aristeo y Arnesto.

Rey.

Qué es esto, Laura?

Lau.

Señor,

mi señora la princesa

está muerta.

Rey.

Qué dices?

Lau.

Si vuestra Alteza

se quiere desengañar,

bien puede llegar a verla.

Rey.

Ay, hija del alma mía!

Arn.

Estatua de nieve fría

parece, y de tener pulso

la faltan todas las señas.

Yre.

Grave dolor!

Aris.

Ay, amor!

cómo de rasgar te precias

pues para negar lo ingrato

solo la dicha me enseñas.

Lau.

Señor, yo tengo por cierto

que la causa de la pena

que hoy lloramos es porque

vuestra majestad, que fuera

esposa de Federico

no permitió, y con tal fuerza

la oprimió este dolor

que en mis brazos medio muerta

la he tenido muchas veces.

Rey.

Ay, Laura, qué tarde llega

el desengaño en los males

que padezco, el cielo quiera

que sea desta desdicha

mi vida la recompensa.

Muera yo, pues cruel siempre

fui causa desta tragedia

mandando que se observase

ley tan injusta y severa.

Muera yo que fui la causa

de que su pena convierta

en violetas, los claveles

y en lirios las azucenas.

Arn.

Ojalá que mi consejo

eligiera vuestra alteza.

Rey.

Oh, qué tarde, conde Arnesto,

arrepentido me anegas.

Pag. 32

Rey.

y llanto; al ver que he perdido

la más adorada prenda

del corazón; retiradla,

retíranla

Rey.

no esté más en mi presencia

este cadáver helado,

que es tanto lo que me aqueja

el dolor de verla, que

temo que a la muerte sea

quien ponga fin a mis ansias

sin dar a mi vida treguas.

Hagan los médicos luego

cuanta humana diligencia

cabe en su ciencia hasta ver

si algún alivio me queda;

si bien no lo espero, pues

no hay bien que hoy en mí advenga

porque ya fui ingrato padre

no queriendo se rompiera

una ley, aunque

la pague mi vida misma.

Arm.

Afligido parte el Rey

de haber perdido tal prenda.

Voy a ver si consolarle

puedo, de tan justa pena.

Yre.

Aunque tanto sentimiento

muestre en esta tragedia,

más parte en ella tenéis,

pues ya señor os amaba vuestra

Aurora, y así, le doy

Arm.

El pésame a vuestra alteza

ay Yrene, aunque de ver

esta desdicha me pesa

no es porque he perdido, no

mi amor, porque es cosa cierta

que yo amé por empeño

solamente a la princesa:

y viviendo vos el dueño

vive que el alma desea

Vase.

Yre.

pocos avisos mostráis

ciegas a amantes finezas

más advertid, que no es tiempo

este, para estas materias.

Vase.

Arm.

Mucho la muerte he sentido

de Aurora, más que le cuesta

la vida, querer a otro

a mi amor aunque vuelva

de Yrene mi corazón

y pues la corona hereda

no importa que Aurora pierda.

Sale Federico y Labañón.

La.

Si la verdad señor he de decirte

la obligación que tienes es morirte

pues Aurora te paga de esta suerte

el que eligiese por su amor la muerte

y yo también cumpliera por amante

con dejarme de cuentos y enterrarme.

Fe.

Bien dices polvoriento

pues no muero, caiga en mí el sentimiento

Pag. 33

Le.

¡Ay, Aurora divina!

Ya que aquella fineza peregrina

de morir yo por ti, no me es debido,

débeme el que no olvido

la que hicistes por mí, y así obligado

vino a verte al sepulcro, mi cuidado:

adonde queda Carlos.

Ja.

Queda corriendo,

caballos y maletas previniendo,

pues partir no pudiera

sin que primero fuera,

con atenciones varias,

el alma a Cristo a darle gracias.

Le.

Primero que del sol el rubio coche

destierre las tinieblas de la noche,

determino partir, pidiendo al viento

las alas de mi triste pensamiento.

Ja.

Mas, señor, ¿dónde vamos?

Pues sin advertir primero, como ahora,

a las puertas del templo, donde Aurora

en el sepulcro yace,

aquí adoras.

Le.

Vamos a un nido de concha, a la más bella

perla, que pudo presumir de estrella.

Ja.

¿Luego a estrellas y perlas de esa suerte

hallan también los hados de la muerte?

Le.

Si morir no la viera,

querer, mujer, Aurora presumiera.

Ja.

Y pues, ¿qué hemos de hacer?

Le.

Abrir la puerta.

Pag. 34

Ja.

Juro a Dios, que me agotas, insertada

Fe.

Toma esta llave, que adquirió mi suerte.

Ja.

Pues para abrirla, aprieto fuerte.

Fe.

Ya está abierta.

Ja.

Ruego a Dios que algún muerto

no me lleve al infierno.

Fe.

Calla, loco,

y entra conmigo al templo.

Ja.

No haré poco.

Entran por una puerta y salen por la otra y descúbrese el sepulcro.

Fe.

¡Qué oscuro está! ¿Y no hay

una lámpara en el templo

que a Dios en la hostia suprema

le rinde el divino obsequio?

Aquí el pánico me mira.

¿Dónde, Aurora (¡ay, dulce dueño!),

yace, pagando a la muerte

de la vida el común feudo?

Jabañón.

Ja.

¿Qué es lo que mandas?

Fe.

Mira si en alguno de esos

altares hallas alguna

cerilla.

Ja.

Yo no entiendo,

¿para qué la vela quieres?

Fe.

No repliques.

Ja.

Ya obedezco,

aunque, si la verdad digo,

tengo muchísimo miedo.

Vase.

Fe.

Aurora muerta, y yo vivo,

que solo a mi amor le debo,

pues no permite que muera

a manos del sentimiento.

Sale Jabañón con luz.

Ja.

Aquí hay luz.

Fe.

Dámela, pues,

y quita esa losa luego.

Ja.

¿Qué he de quitar?

Fe.

Esa losa.

Ja.

Nunca he sido metemuertos

y recelo del oficio.

Fe.

Ea, acaba, o ¡vive el cielo!

Ja.

Cuerpo de Cristo conmigo,

qué mal huelen mis gregüescos.

Fe.

¿Qué te detienes? ¿No acabas?

Vaya tirando.

Ja.

Por nos, porque ahora en tirando...

Fe.

Ay, Aurora, debesle

esta fineza a mi afecto,

pues no pudiera partirme

si no te viera primero.

Ja.

¡Cómo pesa la bellaca!

¡Oh, qué poco siente un muerto,

pues no se queja jamás,

teniendo encima este peso!

Quita la tabla y quédase con ella en la mano.

Fe.

Muerte, ¡qué mal advertida

turbaste la dulce calma

de mi amor!, ¿cómo sin alma

me dejas, y estoy con vida?

Murió Aurora, ¡oh repetida

pena!, ¡oh inmortal dolor!

Pag. 35

Severo.

pues con recíproco amor,

de más finezas sediento,

no te animaba un aliento

cuando nos mató un rigor.

Nunca pena rigurosa,

a dos infelices, suerte airada,

se ha visto más envidiada

la muerte, ni más hermosa.

¡Ay amor, aquí reparo!

De el mayo la flor más pura

de esta breve sepultura

la hermosura ha de nacer,

si sembrada puede ser

vuelva a nacer la hermosura.

Aurora.

¡Ay de mí!

(Destápase la tapa y huye.)

Severo.

¡El cielo me valga!

Fabio.

Lo que te he dicho es hecho,

¿adónde podré esconderme?

Severo.

Oye, sabañón.

Fabio.

¡Qué bueno!

Vive Dios que no hago cuenta,

oiga un toro, que está cierto

que no han de volver al mundo

las almas de sus abuelos.

Severo.

No temas, vuelve,

quiérote acompañar.

Fabio.

No puedo.

Severo.

¿Qué, qué te detiene?

Fabio.

Sin que pongas duda en ello,

dos mil demonios que vienen

a llevarnos al infierno.

Severo.

¿No es esta la voz de Aurora?

Fabio.

Señor, mira que es el viento,

que la voz de Aurora solo

se escucha en amaneciendo.

Severo.

Pues, ¿qué será?

¿Alguna dueña

Fabio.

que por haber ya devuelto

el invierno, tiritando

por no sufrillos y hielos,

no se venga acá a meter

algún chisme entre los muertos?

Aurora.

¡Ay de mí!

Fabio.

¡Plégete Cristo!

Severo.

Escucha, espera.

(Vase.)

Fabio.

No puedo,

que parezco muerto, como

tan bellacamente muerto.

(Llega.)

Severo.

Ya no es ilusión la voz

que escuché, ¡viven los cielos!,

que es de Aurora; llegaré

más al sepulcro, que quiero

de la duda, que me asombra,

desengañarme yo mesmo.

Imagen pálida y triste,

ídolo de mi deseo,

si te quejas porque, ingrato

de ver tu muerte, no muero,

aquí estoy, quedar contigo

en el sepulcro pretendo;

y si no, dime la causa

de mi queja, que un acento...

Pag. 36

Fe.

me persuades a que vivas.

Aurora, querido dueño,

respóndeme.

Vuelve.

Fe.

Cielos, ¿qué es esto que veo?

Au.

¿Dónde estoy?

Fe.

No te asustes,

porque adonde estás no hay riesgo.

Sabañón está acechando.

Sa.

De buena conversación

está mi amo con los muertos,

mas yo no me acerco a hablarles

porque temo que me asienten.

Fe.

Perded el susto, señora,

y no os admiréis de veros

desta suerte.

Au.

Federico,

yo enterrada, no lo entiendo.

Pues vos, ¿en aqueste instante

no os estabais despidiendo

de mí, no estaba en palacio,

adonde del sentimiento

perdí el sentido?, pues ¿cómo,

cuando del desmayo vuelvo,

me hallo aquí de esta manera?

Fe.

Es el más raro suceso

que en los anales de amor

por singular guarda el tiempo.

Sa.

Vive Dios, que es la princesa,

y que está viva; o el santo

hoy ha cargado la mano

con el vino, pues fingiendo

me está lo que ser no puede.

Au.

Federico, ¿qué derecho,

por rumbos tan diferentes,

quiere que deba a tu aliento

la vida? Llámame de ingrata,

me culpará si con menos

que la vida, te pagara;

y así a tus plantas las ofrezco

para que...

Fe.

Divina Aurora,

el cielo propio al medio

para que yo no te pierda.

Au.

Mientras que a palacio volvemos,

a mi padre, mi enemigo,

y aun en este trance temo

que ha de impedir nuestro amor.

Fe.

Si fuera tu gusto, creo

que fuera más acertado

que llevándote a mis reinos

fueras mía, para que después,

dándole deste suceso

noticia, a tu padre ablande

de admitirlo su consejo.

Au.

Mucho me obliga mi amor,

solo tu gusto deseo.

Fe.

Oyes, Sabañón.

Sale Sa.

Sa.

¿Qué mandas?

Fe.

Ven y verás el más bello

prodigio que el alma adora.

Sa.

¿Aurora?

Fe.

Sí.

Pag. 37

Sa.

Lindo cuento.

Fe.

Pues no la enterraron?

Sa.

Es verdad;

pues yo a ver muerte

no quiero ir.

Fe.

No seas loco,

Sa.

que en fin está viva?

Fe.

Es cierto.

Sa.

Tú lo has visto?

Fe.

Yo lo he visto.

Sa.

Pues digo que no lo creo.

Au.

Viva estoy, Sabañón; besa.

Sa.

Pues ahora salgo y veo

todo lo que limpiamente

gran señora besar puedo,

y cree que he menester

para creer lo que veo

que me acuerde de que ha sido

este caso verdadero.

Fe.

Advierte que al mismo puesto

vuelvas la losa, porque

no se sepa este misterio.

Sa.

Así no nos entiendan

los dos; porque aqueste medio

ya corre el sepulcro.

Fe.

Pues, vamos, Aurora, que quiero,

antes que amanezca el sol,

ver la raya de mis reinos,

adonde quisiera darte

de todo el mundo el imperio.

Au.

Vamos, Federico mío,

donde logre mi deseo

la mayor dicha, que es ser

reina de tus pensamientos.

Sa.

Vamos, que no he de quedarme,

que en verano y en invierno

han de tener que rascar

con mi sabañón, mis dedos.

Salen Irene y Lauro.

Lau.

Que en fin te quiere Aristeo.

Yre.

Darme satisfacción quiso

de su ingratitud, mas yo

escucharle no he querido.

Lau.

Pues por qué, si te decía

que te tiene cariño?

Yre.

Es verdad.

Lau.

Pues cómo?

Yre.

Es olvido?

Engaño ha sido,

que no dejo de quererle;

pero, Lauro, estos desvíos

muestras dan de sentimiento,

y a su ingratitud, castigo.

Lau.

Luego, según eso, si él

porfía en quererte fino,

la fortuna logrará

de verse correspondido.

Yre.

No sé, puede mucho amor.

Lau.

Pues yo sin duda imagino

que ha de lograrlo.

Yre.

Por qué?

Lau.

Porque quiere hablarte; no es olvido.

Pag. 38

Lau.

tarde negar

Yre.

Cómo puedo

Lau.

y si porfía rendido

en disculparse querrás

Yre.

las quejas que el pecho mío

ha sentido, le diré

Lau.

luego habrá queja

Yre.

sí, pero no

Lau.

pues ¿qué amante cuya queja

ha llegado a los oídos

de su dueño volvió nunca

volvió nunca, sin quedar con el bienquisto

que tal voz del que se queja

viene de enojo aturdido

y no es sino que pretende

satisfacer su cariño

y el que satisfacción busca

muy pocas veces se ha dicho

que se haya vuelto sin ella

porque aunque sea el más tibio

modo de satisfacer

a quien desea el bien visto

y más cuando amor, señora,

tanto se precia de niño

que al primer auge olvida

todas sus quejas vencidos

aunque tenga de su llanto

el encono más subido.

Yre.

Ay Laura, no sé qué diga

yo confieso que le estimo

aunque no quiero escucharle

que el viento de mis suspiros

y su altiva ingratitud

que creciere más al vivo

en mí, el incendio de amor

Lau.

pues señora, hacia el retiro

se acerca

Yre.

mucho, me temo

Lau.

en lo dicho, me confirmo

Sale Aristeo.

Aris.

Merecida, divina Irene,

que vuestros ojos divinos

miren menos malogrados

y que me deis compasivos

los oídos para daros

disculpa, aunque no hay delito

Yre.

Aristeo, la razón

que de vuestra parte miro

no basta a satisfacerme

que mi vanidad no ha sido

para que me elijáis, cuando

otro dueño habéis perdido

Aris.

Si es tu queja porque a Aurora

pretendí, no la he querido

pues porque de esta silvania

vine a verla, fue preciso

proseguir en el festejo

hasta que de ella elegido

me vi, pero al mesmo tiempo

todo el corazón rendido

Pag. 39

Aris.

te adoraba, y en entrambas

el afecto dividido,

lo que en Aurora era empeño

en ti es rendimiento fino.

Yre.

Es engaño.

Aris.

Ruego al cielo,

adorado dueño mío,

que si te engaño me mate

infelizmente un desvío.

Ruego al cielo que tus ojos,

luz que mariposas sigo,

si te engaño, siempre airados

nunca me miren benignos.

Lau.

El rey viene.

Yre.

No quisiera,

Aristeo, que mi tío

te viese conmigo hablando;

Hace reverencia. Se retira.

Ari.

Y ¿cómo queda

mi afecto, Irene, contigo?

Yre.

Aristeo, bien te quise,

no sé más.

Ari.

No me retiro

si no me das esperanzas.

Yre.

Infiere de lo que digo

qué dirá, cuando le ruegas,

quien confiesa que te quiso.

Ari.

Pues con eso voy contento,

tan apriesa, plegue a Cristo.

Retírase.

Salen Arnesto y el rey.

Rey.

Eso Bohemia ha resuelto.

Arn.

Y yo de su parte lo pido,

pues será razón, señor,

ya que el cielo airado quiso

cortar en Aurora bella

de la tierna vida el hilo,

que nos debes sucesión

gozando el empleo digno

con la bellísima Irene,

que presente está a lo dicho,

y a quien por derecho toca

de este imperio el cetro altivo.

Dentro.

¡Viva nuestra reina Irene,

y nuestro monarca invicto!

Ari.

¿Qué es esto, cielos airados?

Siempre contra mí propicios.

Rey.

Gustos del rey no es intento,

ni le excluyo ni le admito.

No le excluyo, por mi parte,

ni admito, por ser preciso

que sea gusto de Irene.

Yre.

¿Qué he de hacer, que si resisto

convoco contra mí el pueblo

y despreciando a mi tío

doy causa a su indignación?

Mas ahora determino:

Pag. 40

Yre.

responder agradeciendo

de todo el reino el designio,

que después para librarme

buscaré el mejor camino.

Rey.

¿Qué le respondes al reino?

Yre.

¿Cuándo, señor, he tenido

yo voluntad propia, pues

está en vuestro mi albedrío,

y lo que vos elijáis

querré yo?

Ari.

Cielos, ¿qué he oído?

¡Ay, ingrata, que presto mudas

lo que fue premio en castigo!

Rey.

Pues con esta confianza

decid al reino que admito

sus designios, pues que quiero

dar lugar a que el olvido

borre el sentimiento en parte

de la prenda que he perdido.

Ari.

El cielo os guarde.

Vase.

Rey.

Id con Dios.

Adiós, sobrina, maldigo...

esposa quise decir.

Yre.

Guarde a vuestra alteza

el mismo.

Sale Arn.

Arn.

¿Esto querías, ingrata?

¿Qué escucharé yo?

Lau.

¡Qué lindo!

Fiesta tenemos aquí.

Hace que se va.

Ari.

¿Qué tal mudanza es esto?

Que solo para escarmiento

es bueno hacerme cariño.

Mas ¿qué digo? Estoy sin mí,

perdonad mis desvaríos.

Y goce de esta corona

vuestra alteza largos siglos.

Yre.

Detente, Aristeo, escucha,

que todo ha sido fingido.

Ari.

¿Cómo que es fingimiento,

aunque ahora me has oído?

Yre.

El fingir solo fue

para elegir el camino

de librarme.

Ari.

Luego, ¿no

te has de casar con tu tío?

Yre.

Solo ser tuya pretendo.

Ari.

¿Quién lo fía?

Yre.

Yo lo fío.

Ari.

¿Y el modo?

Yre.

Se me discurre.

Ari.

Pues llevarte determino

a mis reinos, donde goces

con paz del imperio mío.

Y para más confianza...

Pag. 41

Ari.

esta es mi mano

Yre.

ya admito

Lau.

Clori vamos allá

Yre.

y mire

Lau.

desastres

que busque quien haga migas

Ari.

que en fin eres mía

Yre.

alivio

tiene mi amor en pensar

que a mi centro me dedico

Ari.

pues Yrene a disponernos

Yre.

Aristeo a prevenirnos

Ari.

para buscar a Arsenia

Yre.

para huir deste peligro

Ari.

adiós pues querida esposa

Yre.

adiós Aristeo mío

vanse

Lau.

vamos que quede el viejo

a buscar quien compasivo

con una nuera le saque

al sol cuando esté más frío

Fin de la segunda jornada

Jornada tercera

Pag. 42

Salen el Rey, Arnesto y acompañamiento

Rey.

Vasallos leales míos,

de cuya valiente diestra

desde el alemán helado

hasta el etíope fiero;

cuya espada leal siempre,

si el rebelde tal vez niega

la obediencia a mi corona,

hace rendir la obediencia;

cuyos filos siempre finos

en la más sangrienta guerra,

si de herir nunca se cansan,

a embotarse jamás llegan;

cuya luciente cuchilla,

a la lealtad más atenta,

de espejo lince en quien

sin mancha se representa,

sin que de aliento contrario

se empañe, pues solo llega

a mancharse, si de sangre

Pag. 43

Rey.

enemiga, se ensangrienta.

Hoy empuñarlas os importa

más que nunca, a la defensa

de vuestro honor, ya perdido

a manos de la soberbia

de Aristeo, pues sacó

—¡oh, si callando pudiera

explicar mi sentimiento!—

a Yrene, el pecho revienta,

de palacio, omisión fácil,

llevándola a sus tierras.

Casado con ella vive,

de donde he tenido nuevas

que quiere que le corone

heredero de Bohemia.

Dos son, vasallos leales,

los motivos que a esta guerra

os incita, como dos

los agravios hechos sean:

el primero a vuestro rey,

pues le ha robado la prenda

que para mujer del reino

eligió, y es cosa cierta

que con tal acción le hizo

desprecio de mi grandeza.

El segundo, pues vosotros

quisisteis que Yrene fuera

mi esposa, y con tal enojo

infiero por consecuencia

que hizo de vuestro decreto

menor precio su soberbia,

y además que el valor vuestro

es bien que todos le teman,

y en Aristeo advertí

que le ultraja y menosprecia,

pues no se llevara a Yrene

si vuestro valor temiera,

conociendo que en vosotros

era la venganza cierta.

A esto mi enojo os incita:

conozca a Aristeo y vean

todos que cuando se enojan,

Fr.

asombra el mundo a Bohemia,

y yo en nombre de todos digo,

señor, que es justa la queja

y la venganza forzosa,

y así la jornada apresta,

que resueltamente irados

vengarte todos desean.

Jen.

¡Viva nuestro rey invicto!

Pag. 44

Rey.

Y el falso Aristeo muera.

Yo agradezco, como es justo,

vasallos, esa fineza;

conozcan la lealtad todos

que en vuestros pechos se encierra.

Suenan cajas y clarines en dos partes.

Rey.

Mas, ¿qué clarines son estos

que por dos partes diversas

la vaga región del viento

con roncos acentos pueblan?

Sale un criado.

Criado.

De Trasilvania y Hungría,

casi a un mismo tiempo, llegan,

señor, dos embajadores,

y solo esperan licencia

para entrar.

Rey.

¡Válgame el cielo!

Ya sé el intento que alienta

al de Trasilvania, pero

entre confusiones ciegas,

del embajador de Hungría

mil juicios el alma idea

diferentes, sin poder

afirmarse qué tal fuera;

que ofendido Federico,

de ver que de Aurora bella

le negué la mano ahora,

porque sabe que Aristeo,

cuya parte lo alienta;

decid que entren, así libre

de esta confusión me viera.

Salen Carlos y Fineo, cada uno por su puerta.

Los dos.

Dadme las plantas.

Rey.

Alzad.

Aparte.

Fineo.

Mas otro embajador llega.

Al mismo tiempo que yo.

No sé qué el alma recela.

Aparte.

Carlos.

A la par que llego yo.

Del rey viene a la presencia

otro embajador, que entiendo

es de Aristeo. ¡Oh, qué buena

ocasión para poner

a su atrevimiento rienda!

Rey.

¿Qué os suspendéis? ¿Qué esperáis?

Decid, ¿qué motivo os lleva

a dar vuestras embajadas?

Carlos.

Solo esperaba licencia,

y pues ya la tengo, oíd

mi embajada.

Fineo.

Ten la lengua,

porque el rey de Trasilvania

mi persona representa.

Pag. 45

Car.

En vano

a la pretensión te alientas,

que a Federico de Hungría

no hay quien preferirle pueda.

Rey.

Pues, ¿cómo, estando yo aquí,

alentáis la competencia,

descompuestos?

Fine.

Yo, no es bien

que mi derecho pierda.

Car.

Ni la que a mí se me debe

es razón que yo os la ceda.

Rey.

Bien está, y porque ninguno

pueda tener de mí queja,

hablad entrambos a un tiempo,

atento el oído apresta.

Car.

Bien sabes que Federico

a la divina belleza

de Aurora, que en mejor reino

descansa pisando estrellas,

en las aras de amor ciego

le rindió el alma en ofrenda.

Fine.

No ignoras que el reino todo

dispuso que Irene fuera

su esposa, porque advirtiendo

que sin heredero queda

esta corona, se lograse

gozando de Irene bella.

Car.

Y pues por el odio antiguo

que con Hungría y Bohemia

siempre ha tenido contienda,

a Federico le niegas

la mano de Aurora, siendo

tal demostración, en fuerza

de un estatuto que rompe

sin razón Bohemia, observa

que manda que a la corona

de Hungría, unirse no pueda

la de Bohemia, casando

herederos y herederas,

venganza indina, que un noble

de esta suerte no se venga.

Fine.

Admitióse de un reino

el disinio, y esa mesma

ocasión dos voluntades

finas con unión estrecha

en rey y reino, ya visto,

disparó de amor la flecha.

Car.

Debió de Aurora divina

Federico la fineza

mayor, que por sin segunda

tanto el amor la celebra,

pues del dolor oprimida

tanta es de un pesar la fuerza.

Pag. 46

Fine.

de la parca la guadaña

rindió la vida más bella.

Viendo pues los dos amantes

que no había diligencia

que del designio deste reino

a Federico suspendiera

de la causa tan valiente,

porque amor todo es cautelas,

sacándola una noche

fiándola a las tinieblas,

a secreto la llevó

a sus reinos, donde apenas

llegó cuando él mismo

la coronó por su reina.

Car.

Ya se ve cuánta razón

a Federico le alienta

para ofenderse de ti,

y que humanas no debieras

que antiguas enemistades

disueltas las paces vuelvan.

Fine.

Ahora pues, viendo que

desta corona heredera

es Irene, de su parte

vengo a pedirte prevengas

a coronarla en tus reinos,

y de lo contrario intentas,

a sangre y fuego pondrá

la corona en su cabeza.

Car.

Mas como de Federico

no consiente la nobleza,

deudores, pues es tan cierto

que la venganza le fuerza,

y estando en su pecho vivo

el amor de Aurora bella,

la fineza que por él

muriendo y no hacer intenta

mi rey por ti, y tú sabiendo

una acción tan poco atenta

que la que persuadistes

su embajador representa,

me manda que de su parte

todo su poder te ofrezca,

viniendo en persona él mismo

para hacerte resistencia

a tu enemigo, poniendo

abogado en tu defensa

la vida al riesgo por ver

si es que la muerte le encuentra,

y a la fineza de Aurora

le da su pago con esta.

Rei.

Válgame el cielo, ¿qué es esto?

Cuando imaginé que fuera

Federico mi enemigo,

es quien valiente me alienta,

y a mi favor se dispone.

Pag. 47

Rei.

que de cosas juzga y piensa

la imaginación confusa.

Car.

¿Qué responde vuestra alteza?

Sin.

La resolución aguardo.

Aparte.

Rey.

Bien clara está la respuesta,

pues a vos os doy los brazos,

y agradecido quisiera

poderle volver la vida

a Aurora, porque con ella

de mi reino dueño todos

a Federico le vieran:

y vos decidle a Aristeo

que no le temo, que es fuerza

que quien es traidor amigo

cobarde enemigo sea;

y que yo saldré a campaña

a defender mis fronteras

solamente por que trueco

en ofensa, la defensa.

¡Oh cómo no ha sido vano

mi recelo al ver que ordena

así vivir Federico!

Sine.

En fin, ¿que elegís la guerra?

Rey.

Eso resuelvo.

Sine.

Advertid

que son cortas vuestras fuerzas,

y las de mi rey muy grandes.

Car.

Si es corto el poder, o no,

la ha de decir la experiencia.

Vase.

Sine.

Pues en la campaña aguardo.

Car.

Yo me ofrezco a buscarte en ella.

Rey.

Y yo haré que inútil, vana

tema ofender a Bohemia.

Vase.

Car.

Pues yo a dar esta noticia

parto, con vuestra licencia.

Rey.

El cielo os guarde y permita

que algún tiempo pagar pueda

al invicto Federico

esta generosa deuda.

Vase.

Car.

No la admitiera si el rey

que vive Aurora supiera.

Rey.

Mucho a mi fortuna debo.

Vanse.

Arn.

El cielo, señor, intenta

sujetar con tal castigo

de un tirano la soberbia.

Sale Aurora.

Aur.

República de flores,

a quien el mayo con maestra mano

lisonjeros primores

comunicó con su pincel ufano,

decid, si vistes ahora

Pag. 48

Aur.

a Federico, a quien el alma adora.

Sale Federico.

Fe.

Florida estancia breve

a quien mi amada esposa atendiese,

pues al mirar sus huellas

la flor más vana de envidia poséese de,

decid, si viste a Ana.

Au.

Dime, clavel hermoso,

coronado monarca de las flores,

a quien el numeroso

gremio obediente rinde sus olores,

saber amante quiero

si viste a Federico a quien venero.

Fe.

Rosa, y florida rosa,

reina de tanto vulgo coronada,

di si viste a mi esposa

prenda del corazón idolatrada

añadiendo dos huellas

al cielo de abril bellas estrellas.

Au.

Mas aquí está mi esposo.

Fe.

Mas, qué dicha, mi esposa es la que veo.

Au.

Y a mi amor cariñoso

culpaba la tardanza en el deseo.

Fe.

Yo, al ver que no te hallaba,

tan triste ausencia el corazón lloraba.

Au.

Al jardín mi cuidado

te ha venido a buscar, porque dormido

el amor descuidado

suele estar de sus flechas divertido

y así, mi amor velando,

si dormido está el mío, va buscando.

Fe.

A mi aurora divina

a buscarte entre flores las más ciertas

razones quien me inclina

pues es justo que al verte mi fe advierte

que con tiernos primores

es tu beldad, la escuela de las flores.

Cuando pudiera vana

la rosa presumir de maravilla

sino es cuando, tirana,

supiera ladear a mi mejilla

entonces en tu trenza

la hiciera más hermosa la vergüenza.

Los jazmines ufanos

que a los rayos del sol se desvanecen

en llegar a tus manos

con tanta primavera se enloquecen

que malogrando alivios

nacen jazmines, a morir narcisos.

De tiernas maravillas

dos bandejas del mayo primorosas

Pag. 49

Fe.

tienes en las mejillas

donde aprenden su púrpura las rosas,

y con tiernos despojos

quieren ser mariposas de mis ojos,

amorosos agravios,

cariños que los sigan, y crueles

aurora sus dos labios,

pues bañados en sangre los claveles

cuanto más agonizan son más bellos.

Au.

Mucho te debo, estimo

tu fineza.

Se.

Solo trata

de adorarte mi cariño.

Sale Sabañón.

Sa.

Dios sea en aquesta casa.

Au.

Sabañón, ¿qué es de tu vida?

Tanta ausencia ya te echaba

menos, porque me divierten

notablemente tus gracias.

Se.

¿De dónde, Sabañón, vienes?

¿Qué has hecho?

Sa.

Linda cosa;

he estado un poco ocupado.

Au.

Pues, ¿cuál ha sido la causa

de no verte tantos días?

Sa.

Porque mi voluntad se halla

muy mal pagada de vos.

Pag. 50

Au.

Pues soy fea.

Sa.

Anda lisonjero,

no me entiende Vuestra Alteza,

antes digo que me agrada,

pero me agradara más

si mi afición me pagara.

Au.

Ya te entiendo.

Sa.

Yo también.

Au.

Pide, ¿qué quieres?

Sa.

Ya alcanza

un oficio de palacio.

Fe.

No hay plaza desocupada.

Au.

Pues este diamante toma.

Fe.

¿No era mejor que esperaras

a que un oficio vacase?

Sa.

Los enteros no me agradan.

Fe.

Es verdad, pero un oficio

lleva mayores ventajas

que un diamante.

Sa.

Es verdad, cuando se hallan

entrambas joyas potables,

pero cuando no, me encajan;

me dice el refrán que alabo:

trae lo que viene a la gana.

Au.

Tu buen humor me divierte.

Sa.

Me pago cada semana.

Fe.

Mas ¿qué es esto?

Clarines.

Sale Carlos.

Car.

Yo que llego

gran Federico a tus plantas.

Fe.

Amigo Carlos, me huelgo

que bueno llegado hayas.

Car.

Quien se emplea en tu servicio

felices logros alcanza;

y Vuestra Alteza, Señora,

me dé su mano.

Au.

Levanta,

Carlos, y dime, ¿qué hace

mi padre?

Car.

Como le engañas

pensando que te ha perdido,

la desgracia imaginada

llora triste.

Au.

Oh lo que siento

que padezca por mi causa.

Car.

Al mismo tiempo, Señor,

que llegué con tu embajada,

un embajador llegó

de Aristeo, y le demanda,

era que le coronase;

pues por ley hereditaria

le toca a su esposa Irene

el Reino, y maginaba

negarle su pretensión.

Pag. 51

[...].

que a las prevenidas armas

lo tomarían por fuerza

lo que pedía de gracia,

di mi embajada y el rey,

viendo mi fineza hidalga,

se me mostró agradecido

con demostraciones tantas,

que dijo que te daría

de Aurora la mano blanca,

a no advertido del gozo

de la muerte la guadaña.

Fe.

Pues, Carlos, a prevenidas

salgan todas mis escuadras,

para que así Roberto vea

sus esperanzas burladas.

Au.

Yo he de ser de Marte asombro,

y a tu lado, armadas galas.

Vase.

Ja.

Y yo seré quien, bizarro

en la desierta campaña,

un suelto caballo prenda

si no hay quien me diga nada.

Salen el Rey, Arnesto

y soldados.

Arn.

Ya tan cerca hemos llegado

que las trompetas y parches

del enemigo se escuchan

esparcir ecos al aire.

Noticia he tenido ya

de los jinetes que baten,

que no es bastante a ofenderse

aunque el ejército grande

es del enemigo, pues

quien una traición infame

defiende, es preciso que

se acredite de cobarde.

Rey.

Nunca mi valor desmaya,

y más cuando de mi parte

llevo la razón por timbre

en todos mis estandartes,

aunque aquestos enemigos

airado el orbe abortase;

pues cada soldado mío

lidia con ventaja tales,

por la razón que defiendo;

que mi cuchilla es bastante

a que un mundo de traidores

rinda a mis plantas reales;

mas es mucho que a la Corte

tanto Federico tarde.

Ar.

De los pueblos comarcanos

en escuadras a ayudarte

tantos vasallos acuden

que, aunque a tiempo no llegase

Federico, no echarás

menos.

Clarín.

Rey.

El que venga tarde,

sin duda es este Federico,

pues por el monte que parte

raya de Hungría y Boemia

Pag. 52

Pr.

si escucho estruendos marciales,

ya de la cumbre del monte

baja descendiendo al valle

ejército numeroso,

y haciendo vistoso alarde

las plumas de los sombreros

pican blandamente al aire.

Rey.

Húngaros son y del monte

ya asentaron los reales

en la falda.

Clarín.

Pr.

Y ya algunos

de las trincheras se salen

y vienen hacia nosotros,

sin duda embajada traen

pues a la voz del clarín

van llegando.

Sale Carlos y soldados.

Rey.

Los marciales

instrumentos de mi campo

festivos aplausos canten.

Car.

Otra vez a vuestras plantas

vuelvo, señor, a arrojarme.

Rey.

Levantad, Carlos, que estoy

confiado que ha de darme

victoria vuestra venida.

Car.

Con más de seis mil infantes

al valle vengo hoy llegado,

y mi rey por la otra parte

con otros tantos soldados

el paso quiere cortarles

al tiempo que se retire.

Rey.

Quiera el Cielo que pagarle

pueda, a Federico yo,

esta fineza.

Dentro Aristeo.

Car.

Bastante

paga será de su afecto

asistirle y ayudarle.

Aris.

Wasilbanos valerosos,

aquí el valor vuestro acabe

con Bohemia, mueran todos

y nuestra cuchilla alcance

con ira, lo que no puede

con el halago librarse.

Vase.

Car.

Ya el Wasilbano soberbio

dispone airado el combate,

y así, señor, alentad

los soldados arrogantes,

que yo parto a lo propio.

Tocan, vanse.

Rey.

El Cielo, Carlos, te guarde,

y vosotros, valerosos

soldados míos, marchitadle

a Aristeo el valor que

os incita, y marche el parche,

toca al arma.

Fe.

Húngaros míos a ellos

que huyen cobardes.

Aris.

Wasilbanos, mirad que

vuestro valor no desmaye.

Rey.

Vosotros, vea Aristeo

vuestro valor siempre grande.

Pag. 53

Dase la batalla y salen soldados de Federico y Aristeo

Ja.

¡Helos, cuerpo de Cristo,

enhorabuena se maten,

que yo quiero ver los toros

de donde a mí no me alcancen!

Mas, ¿qué dijo Federico,

mi señor, en el combate?

¿No está peleando? Pues

¿cómo no voy a ayudarle?

¿Cómo no voy? Porque tengo

un miedo considerable;

luego yo soy un gallina,

es verdad, soy un cobarde,

también es verdad, y luego

tenga remedio de hallarme

y camino a ser valiente;

¿no es mejor que a mí me maten

al lado de mi señor

peleando? ¡Zape, zape!

Que me maten dije, digo

que hable muy mal y esto baste.

Mas un escuadrón de gente

viene a este sitio, más vale

esconderme ahora a ver

si esta es buena o mala parte.

Escondese

Sale Aristeo y el Rey

Aris.

Rinda vuestra majestad

las armas, pues ya no cabe

la resistencia.

Rey.

Primero

la vida habéis de quitarme,

que mis canas, como el Etna,

sus encendidos volcanes

encubren con esta nieve.

Aris.

No quisiera que a culparme

llegaran de que no trato

a las personas reales como debo,

y será fuerza que con vuestra vida ataje

la deuda de la victoria

si a prisión no nos dais.

Rey.

Cobardes, yo he de morir y vencer.

Aris.

No será fácil.

Fe.

Bien de vuestra jactancia creo

que a ejecutarlo llegaré.

Sale Aurora

Au.

Acero de Marilbania,

soy de la mano de Marte,

¡muera el traidor Aristeo!

Aris.

Tente, espera, no me mates,

que a Bohemia el cielo ampara,

pues que contra mí le trae.

Retíranse todos y queda el Rey

Rey.

¿Qué es, los cielos, que miro?

Aurora, hija, escucha.

Dentro

Au.

Padre,

hasta que venza del todo

no puedo volver a hablarte.

Pag. 54

Rei.

Ay de mí, esto es quimera,

que Aurora murió y no cabe

verla aquí, cuando el sepulcro

guarda su yerto cadáver.

Sa.

Pues que las ramas me encubren,

un chasco pretendo dar

al buen viejo.

Rei.

No vi yo con el acero brillante

Aurora a mi lado, Cielos?

Sa.

Es verdad.

Rei.

Penas, dejadme,

qué nube o ilusión es esta?

No la vi.

Sa.

En contante.

Rei.

Pues cómo la he visto aquí?

Sa.

Pídemelas.

Rei.

En qué parte?

Sa.

Es que las quiere en dineros.

Rei.

Hacia aquí una voz se esparce,

y he de averiguar lo que es,

quién va?

Sa.

Es un pobrete vinagre,

un puerco, un babieca, un necio,

y todo lo que juzgaréis.

Rei.

Quién sois?

Sa.

Sirvo a Federico,

aunque si mal él lo sabe.

Dentro.

Victoria por Federico.

Otros.

Viva Bohemia.

Rei.

Ya aplauden

los soldados la victoria.

Por mi amor, mas ea, dejadme,

vanas ilusiones mías.

Y entre muchos que a esta parte

vienen, veo a Federico

que rendido y preso trae

a Rico con Irene.

Mas oh beldad e imagen,

oh Aurora, la que miro,

sacadme, Cielos, sacadme,

pues ya me doy por vencido

de confusión semejante.

Al Rey, los dos

Fe.

Y a mi valor, gran señor,

a vuestras plantas postrado,

pongo a Rico y a Irene,

dejando por dueño el campo,

sin quedar algún contrario

que a su pesar no publique

en favor vuestro el aplauso.

Prin.

Ya, padre y señor mío, pues

esta victoria se ha dado,

y ahora te reconvengo

con la palabra que a Carlos

agradecido le diste,

diciendo que de mi mano...

Pag. 55

Prin.

fuera, dueño Federico,

si no la escondiera el mármol,

y pues ves que vivo, cumple,

no el darte mi mano cuando

es fácilmente mi esposo,

sino que llegando entrambos

a su gracia, la piedad

de padre te merezcamos.

Reina.

Ay, hija del alma mía,

tú vives, llega a mis brazos,

que aun no creo lo que miro,

sin duda que estoy soñando.

Tú viva, pues no te vi

muerta, y no te enterraron,

pues ¿cómo viva te miro,

y fuera del sepulcro te hallo?

Aris.

Asombros son cuantos miro,

desdichas son cuantas paso.

Ire.

Mi desventura me aflige

y de verla me acobardo.

Fe.

Pues oye, renovar intento

los sucesos más extraños

que de amor la pluma ha escrito

en el papel de los años.

Tú, oye, señor, del amor

los más notables acasos

que con su influencia puede

obrar el poder del astro.

Bien sabes que desde Hungría

vine a Bohemia llamado,

no tanto de los edictos

que publicaste en tan varios

reinos, porque viniesen

los príncipes comarcanos;

sino es que de Aurora divina

del amor bello milagro,

influyendo en mi cariño

me condujeron los hados.

Llegué, y en la competencia

a mi navío quedó amor,

pero fue mi dicha tanta

que al competirnos entrambos

en tan amorosa lid

vine a conseguir el lauro

de la inclinación de Aurora,

pretendiendo fino cuando

daba fortuna las dichas

a quien las desea tanto.

Amábame en fin, mas movido

de los pasados odios,

mandaste le niegue

a Federico mi agrado.

Sentílo, no fuera fino

mi amor; lloré, pues el descanso

que tiene un pecho afligido

suspiros va desahogando

de la pena el corazón.

Pag. 56

Fe.

porque un pecho que está amando

alivio lograr no puede

al dueño de su cuidado

si no muere del dolor

por ver si podrá lograrlo

procura aumentar la pena

y va hallando en mi reposo

desahogo en los suspiros

del sentimiento y el llanto

Je.

Díjome Aurora que intento

diciendo que amenazado

había mi triste vida

y fui de su rebelión el blanco

era yo, y al fin por ser

obediente a su mandado

elijo, Aristea, que

amante y desesperado

resolví partirme a Hungría

mas antes de ejecutarlo

a despedirme de Aurora

quise subir a palacio

ejecutélo, hablé a Aurora

ella triste y yo llorando

yo amante, ella con amor

yo quejoso, y ella dando

miles suspiros al viento

del dolor apasionado

embargados los sentidos

quedó sin pulso en mis brazos

Au.

quedé desmayada y todos

por tan muerta me dejaron

que con funerales pompas

y reales aparatos

por orden suya mi cuerpo

al panteón trasladaron

Je.

yo pues idólatra amante

como fino lastimado

determiné no partirme

sin que en el fúnebre mármol

de Aurora divina viese

la imagen que adoré tanto

y franqueando una llave

del templo, con un criado

testigo de mi fineza

resuelto y determinado

y de graves cuidados

Sa.

yo entré a oscuras, voy buscando

y estando allí el sacristán

no hallo sin algún llanto

que del soplar de una vela

encontréla por milagro

enciéndola, traigo luz

y tomándola mi amo

me mandó que descubriese

el sepulcro, y temblando

le obedecí con lo cual

me desmentí de criado

Pag. 57

Sa.

descubierto el ataúd

de su alteza, al poco rato

vimos que se zabullía,

mas yo, colgada dejando

la tabla en el suelo, huí

más ligero que diez gamos.

Au.

Cobré el sentido, y quedé

triste y suspensa, mirando

trocado en sepulcro frío

el adorno de palacio.

Declaróme a qué suceso

se derivó, y a ley de amor

recelando que impidieras

el logro a nuestro cuidado

partió a su reino, adonde

nuestro amor lograse aplauso,

que tan amantes finezas

su unión han granjeado.

Fe.

Partimos a feliz mente,

nuestros deseos logrados

se vieron, pues luego que

a Hungría entrambos llegamos,

puse en las sienes de Aurora

la corona con mi mano.

Cuando supe que a sitio

después de asombrado

de palacio agravio y afrenta,

a cercar a sus estados

ofrecíte mis escuadras,

vine, vencí a tus contrarios,

sobre tu corona alzando

decoro del más villano,

que el mayor aplauso logres

de enemigos y vasallos.

Au.

Este señor de mi vida

es el que os amparaba.

Fe.

Éste es del amor más fino

el más amante milagro.

Au.

Y así, si mi vida puede

Fe.

si pueden ser dichos tantos,

Au.

si merece mi ser tuya

Fe.

si la vida que le has dado,

Aurora, sacándola

de los horrores de un mármol,

Au.

en tu amor

Fe.

en tu piedad

Au.

merecen

Fe.

consiguen algo,

Au.

te ruego

Fe.

yo te suplico,

Au.

humilde yo,

Fe.

yo postrado,

Au.

implorando un perdón,

Fe.

y logrando un agasajo,

Au.

quede la ley de Bohemia

deshecha;

Fe.

quede borrado

estatuto que se opone

al logro de amor tan casto.

Los dos.

Pues con qué designio pide

Amor mismo nos manda

Pag. 58

Los dos.

que amor después de morir

Rei.

solo es del amor milagro.

levantad, y por derecho

llegad ambos a mis brazos,

que lo que amor os concede,

mi rigor no ha de quitaros;

todo lo que me pedís

se ha de hacer, y en vuestras manos

el castigo de Aristeo

y de Yrene dejo.

Fe.

Cuando

tantas honras nos hacéis,

bien podré, no disgustándoos,

esposa amada, ofrecer

la libertad.

Au.

Es en vano

imaginar que yo ponga

en mi voluntad, reparo.

Ari.

humildes tus plantas beso.

Yre.

y o, prima, por favor tanto,

por esclava me confieso.

Rei.

Pues ahora marche el campo,

que a todos ofrezco dar

justos premios.

Car.

Y enretanto,

poniendo fin el ingenio

a este verdadero caso,

os ruego que al autor

cobije vuestro cuidado.