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Texto digital de San Pascual Bailón

Data de publicação: 22 de agosto de 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de San Pascual Bailón. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/san-pascual-bailon.

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SAN PASCUAL BAILÓN

Jornada primera

Pag. 1

Comedia Nueva de San Pascual Bailón

del Doctor Paulino Omedes, vecino de Valencia

Personas San Pascual Bailón La Avaricia Martín Bailón, su padre Un Ángel Anarda, dama La Caridad Domingo, gracioso La Humildad Tarabato, gracioso La Pobreza El Demonio Un hereje La Lujuria Música La Soberbia Y acompaña.

Primera Jornada

Dentro

Unos.

¡Qué horror!

Otros.

¡Qué pasmo!

Otros.

¡Qué susto!

Otros.

¡Qué asombro!

Otros.

¡Qué indignación!

Pag. 2

Música.

Sucedan las luces

a la confusión.

Unos.

Cielos, piedad.

Otros.

¡Ay de mí!

Todos.

Que muere la luz del sol.

Música.

Y sea la alegría

de tantos afanes luciente esplendor.

Ábrese un monte de llamas y sale el Demonio.

Demonio.

Sea lo que yo quisiere

efectos de aquel ardor

que empieza por amenazar

y en escarmiento acaba.

¡Ah, de la oscura oficina,

cuya lástima no atiendo

más que a la ley del gemir,

en cuyo tormento atroz,

cuando acaba la paciencia,

se empieza por la aflicción!

¡Ah, de la mansión martirio,

donde sabe el corazón

lo que puede el padecer,

porque nunca se escuchó

más voz que la del llorar,

cuyo mísero clamor

de sus lágrimas fabrica

incendios al dolor!

¡Ah, del infernal palacio,

cuya hidrópica ambición

a las llamas que respira

su majestad erigió!

Mis tristes ansias oíd,

escuchad mi infausta voz,

que os busca mi vanidad

para la empresa mayor

que vieron desde los cielos

la luna, estrellas ni el sol.

¿No respondéis?

Dentro

Las tres.

¿Quién nos llama?

Demonio.

Vuestro príncipe, que hoy

ha menester de vosotros,

la Soberbia, ¡oh, cruel dolor!,

la Avaricia y la Lujuria.

Salen las tres.

Las tres.

Obedientes a tu voz

estamos ya aquí las tres.

¿Qué pretendes? Di, señor.

Demonio.

Atentamente escuchad.

Pag. 3

Demonio.

Y sabréis en conclusión

para qué os buscan mis ansias,

hijas de mi indignación.

En Torrehermosa, esta villa

obispado de Sigüenza

en el Reino de Aragón

(por hermosura ostenta

mi historia, quiera el infierno

que no se calle por fiera,

en horror, asombro, pasmo,

desmayo, susto y tragedia),

sabed que viven los puros

Martín Bailón, que relevan

los atributos de Dios,

e Isabel Jubera,

su consorte, porque todos

cuantos cursan la miseria

o el afán necesitado

en sus piedades encuentran

remedio, asilo y refugio,

hijos de su providencia.

Entre todas las virtudes

que causalmente frecuentan

es la caridad tan dada

a remediar la pobreza,

viven, que a veces sucede

llevar del horno la cena

o el pan preciso a su casa

para el alimento de ellas,

encontrando con los pobres

repartir toda la cesta

volviendo a su casa solos

con el mérito de la ofrenda,

sin otras muchas acciones

heroicas en que se emplean.

Yo, que envidioso rabio

de tan nobles excelencias,

infundiendo mi coraje

en uno de estos que llevan

de un santo celo vestida

mi infernal inteligencia

(que hay especie de demonios

que viven acá en la tierra),

hice que a Martín Bailón

unos excesos hiciera

noticioso, para que

Pag. 4

Demonio.

mirarse, mas por su arriendo

advirtiendo prevenidos

que era casi irreverencia

que a costa de su trabajo

su mujer tan llana y necia

repartiese su caudal

con tal fervor y largueza

que aunque él sudara trabajando

en consumirse era fuerza

y aun otro que se fundase

en más cuantía, en más renta.

A quien Martín respondió

con virtuosa modestia:

"Señor, yo vivo gustoso

de que mi trabajo pueda

ser alivio de los pobres,

y que mi consorte atenta

de aquello mismo que sudo

alivie al pobre sus penas".

Quedó corrido Tomás

con tan cristiana respuesta,

siendo su diadema ilustre.

¡Oh dolor que me atormenta!

¡Oh mal haya mi coraje!

¡Oh furor, hijo del Etna!

Y que eternizando las llamas

venga a fenecer pavesa.

No creáis que esto me aflige,

pues otra causa hay más nueva

que al dolor me precipita;

y que mi astucia nunca supiera

por dónde empieza, porque

es tan sagaz mi cautela,

que lo que empiezo por agua

hago que en fuego fenezca.

De Martín y de Isabel

nació Pascual (¡oh, quién fuera

insensible roca para

no sentir de sus afrentas!)

en duro pesado golpe

que me aflige y atormenta,

para mi ultraje, en el año

mil quinientos y cuarenta,

de aquel misterio que callo.

Pag. 5

Demonio.

Conoce la común miseria

el hombre, su esclavitud,

el día de aquella fiesta

que en memoria de la Pascua

hoy los cristianos celebran.

Por lo que Pascual Bailón

le nombraron, porque fuera

por el nombre y el misterio

el que dos veces me ofenda.

Tan dado a toda virtud

salió al mundo, que su tierna

edad fue asombro de cuantas

le miran y le veneran,

porque, habiéndole llevado

su madre al templo, ¡oh, quién fuera

víbora que muere airada

de aquello mismo que engendra!

tan bien hallado en el culto

estuvo de aquella ofrenda,

que vosotros la entendéis

sin que la diga mi lengua,

que después a cada instante

se iba Pascual a la iglesia,

sus paredes adorando;

y aunque por la edad tan tierna

pasos formar no podía,

iba las manos por tierra,

supliendo lo que a los pies

les negó naturaleza;

sin que bastara el castigo,

la amenaza ni la queja,

para que del templo sacro

la propensión Pascual pierda.

Creció, y con él tan constante

la virtud de la modestia,

que el ver su aspecto admiraba,

siendo luz que en luz atenta

ilustró los corazones

de operaciones más rectas.

Su pureza era un espejo

en quien la misma pureza

para desengaño suyo

se miraba tan contenta,

que a Pascual bebió candores

Pag. 6

Soberbia.

Para hacerse más excelsa,

su caridad, ¡ay de mí!

se colocó a la alta esfera,

más sublime, más heroica,

y con presagios de reina

de sus obras se corona

por más vistosa diadema.

Y como a fiel salamandra

el ardor que la fomenta

crece respirando incendios,

y en su cristalina hoguera

lo que empieza por gran llama

fenece en lucida estrella.

En la humildad, mas ¿por qué

inútilmente grosera,

bastardamente cobarde

quiere mi atrevida lengua

elogiar al que sus obras

es la más común afrenta?

Arda en dolores mi rabia,

y mi tormento allí crezca,

que todo el infierno junto

fabrique la infiel cadena

de mi cautiverio duro,

y entre mi propia fiereza,

de mis dientes y mis manos

yo mismo escarmiento sea.

Baste el deciros ahora

que es Pascual con quien se encuentra

la caridad, la humildad,

la castidad, la pobreza,

el conocimiento, aprecio,

amor de Dios y obediencia;

Lujuria.

y en fin de todas virtudes

una virtud muy perfecta;

hoy a estos montes se sale

porque su padre le entrega

el cuidado de un rebaño,

fiando a su diligencia

Avaricia.

de su caudal no muy grande

la parte no más pequeña.

Yo también salgo a estos montes

como una rabiosa fiera,

a vengar ultrajes míos,

a castigar mil afrentas.

¡Oh montes, oh cielo, oh tierra!

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Demonio.

Desmayos el sol padezca,

ráfagas el aire gima,

volcanes forme la tierra;

y pues, fieles compañeros,

os busca mi inteligencia,

contra todas sus virtudes

formad escuadrón de guerra.

Caiga este fiero gigante,

baje de más noble esfera,

en eternos precipicios

cayó también mi soberbia,

no quede industria ni engaño

que no se intente, no crezca.

A ser atlante el que ahora

por heroico olimpo empieza.

Y con esto cesarán

en mí las rabiosas penas,

los estragos, los desdenes,

el vilipendio, la afrenta,

el desasosiego, el susto,

el odio, rencor y queja;

porque sea horror del mundo,

y estrago del cielo sea.

Soberbia.

Pues escuché tus agravios,

digo que pondré banderas,

y de abierta campaña arda

como otra Troya esta selva.

Todos los vicios llamo,

que me asisten y veneran,

contra Pascual guerra griten,

y conozca en su miseria

que a pesar de su humildad

yo soy la altiva Soberbia.

Lujuria.

Yo te asistiré gustosa

que soy la sutil torpeza,

con músicas, con halagos,

y con mansas cautelas;

el que ahora es fuerte roble

le pondré más que de cera.

Avaricia.

Y yo, que soy la avaricia,

verás que en toda edad vana

haré del oro y la plata

lazos en que tantos tropiezan;

que la franqueza en los pobres

sea lucro y no excelencia.

Todos.

Pues tengo por mío el triunfo,

pues por mía era la empresa.

Pag. 8

Demonio 2 y Soberbia.

hoy Pascual Bailón conozca

Lujuria y Avaricia.

hoy Pascual Bailón entienda

Vanse.

Los cuatro.

que si hay virtudes que exaltan,

hay pecados que despeñan.

Ábrese un trono de gloria y baja un Ángel cantando.

Ángel.

Sacras hermosas luces,

del mismo sol afrentas,

oíd de mis voces

la voz que os alienta.

¡Ah de la mansión más noble!

¡Ah de la mansión más bella

donde es el morir reinar,

donde es el vivir querella!

¡Ah del solio más heroico

cuya majestad excelsa

rayo a rayo se corona,

luz a luz y estrella a estrella!

¡Ah del palacio más docto

cuya política ordena

que el que se aparta de Dios

por inobediente muera!

A todas las virtudes,

mis voces oíd, que con ellas

el mayor triunfo os aguarda,

el mayor lustre os espera.

Los cuatro.

¿Quién llama?

Ángel.

Ángel. Salid, salid,

que aquí os lo dirá mi lengua.

Salen las virtudes cantando.

Virtudes.

Aquí a tu obediencia estamos,

dinos qué mandas y ordenas.

Ángel.

Yo soy el fiel custodio

que por la virtud eterna

a Pascual Bailón asisto;

y sabiendo que desean

los vicios con el demonio

quitaros vuestra diadema,

que con él aseguradas

os hace lucir más bellas,

vengo a oponerme triunfante

a su diabólica empresa.

Y pues el vicio se vale

hoy de vosotras y repara

que con Pascual son las virtudes

en todo tiempo primeras;

y puesto que se ha valido

de la lujuria, soberbia

y avaricia, de vosotras

pretendo dotes y fuerzas

para que queden vencidas.

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Ángel.

esos monstruos que desean

de Pascual Bailón ruinas,

de Pascual Bailón afrentas.

Castidad.

Si tú eres nuestro caudillo,

ilustre victoria esperan,

de Pascual la fe constante,

de nosotras la obediencia.

Ángel.

Pues ya contra las astucias

de aquella engañosa fiera

estáis todas prevenidas,

a vuestro cuidado queda

la oposición de los vicios,

en cuya fiel competencia

logrará el demonio estragos,

del vicio logrará afrentas,

por lo que podéis gustosas

decir en cláusulas tiernas:

Todas.

Mueran hoy los vicios;

contra los vicios, guerra.

Y solo las virtudes

en Pascual se coronen como excelsas.

Vuela el ángel y las virtudes y sale Martín Bailón barba, Pascual Bailón y Garabato graciosos y labradores.

Martín.

A tu cuidado, Pascual,

ha de entregar hoy mi amor,

de mi hacienda lo mejor,

lo mejor de mi caudal.

Cualquiera he ideado

para que mejor se arguya,

que corra por cuenta tuya

la parte de mi ganado.

Pero prevéngoos, Pascual,

que aunque en el monte viváis,

muy en memoria tengáis

toda virtud celestial.

Y aunque ovejas me ganéis,

si la virtud se perdió,

¿qué importa que gane yo,

si vos, Pascual, lo perdéis?

Y pues que yo ando con vos

en preveniros tan fiel,

mirad no seáis infiel,

primero que todo es Dios.

San Pascual.

Señor, en este ejercicio,

si Dios me asiste y ayuda,

haré que el cuidado aluda

al encargo de mi oficio.

Pag. 10

San Pascual.

Pastor, de Cristo el amor

fue desta oveja perdida,

yo aprenderé de su vida.

Candil.

Como celoso buen pastor

así Cristo, buen pastor,

la vida ha dado por mí,

yo para servirte así

daré mi vida y mi amor.

Amaro.

Fiado, aunque soy tan bobo,

de mí te puedes quedar,

yo procuraré velar

porque no nos mate el lobo.

Martín.

¡Ay, hijo de mis entrañas!

Descanso a mi edad prolija.

San Pascual.

Padre mío, no se aflija,

de la escarcha las mañanas

ni de la noche el sereno

me hará mal.

Martín.

¡Ay, confusión!

San Pascual.

Deme vuestra bendición,

que procuraré ser bueno.

Tarabato.

Y aunque yo soy tan débil,

encomiéndeme a mí el hato,

ya que me hallo Sarabato,

haga que llegue a Candil.

Porque quedando sin hato,

donde ordinario va el vino

me quedo sin luz, sin tino,

sin Candil ni Sarabato.

Para aliviar las fatigas

destos montes y estos cerros,

yo guisaré muy bien los puerros,

las natas, las coles, migas,

los garbanzos y pepinos.

Amaro.

A pagar de mis dineros

lo gastaré en los pucheros

con el renombre de finos.

Martín.

¿De guisar estás contento?

Tarabato.

¡A qué llega a imaginar,

que tendremos de ir a parar

en motilones de un convento!

Martín.

Sírvanle en todo a Dios.

San Pascual.

No me hará Dios tanto bien.

Tarabato.

Aunque pastores nos ven,

frailes seremos los dos,

que está recién empezada

la comedia y no es razón

salgamos ya con cordón.

Pag. 11

En la primera jornada

Martín.

Pues yo a vos te encomiendo

y de mi hijo el cuidado.

Tarabato.

Te seré leal criado.

Echaré al bote un remiendo

porque el vino esté seguro,

que aunque mi virtud es fragua,

nunca bebo gota de agua

porque siempre he bebido puro.

Martín.

Vamos, hijo, a prevenir

aquello que has de llevar,

porque se ha de madrugar.

San Pascual.

Estoy muy pronto a servir.

Tarabato.

Y yo en mi agreste oficina

en la prevención convengo,

y por no faltar, prevengo

los trastos de mi cocina.

Vanse y sale la Lujuria, Anarda y Dominga gozosas.

Canta.

Lujuria.

Al monte, zagalas,

donde las delicias

sosiegos procuran,

amor solicitan,

de Anarda pesares

y melancolías

mejoren, descansen

lo que la fatigan,

por lo que las voces

suaves, benignas,

al aire armoniosas

con mi voz digan:

A cuatro.

Que es Anarda hermosa

del sol envidia,

de las flores muerte,

de la muerte envidia.

Anarda.

Callad, y no, lisonjeras,

irritéis más mi sufrida

indignación, ¡ay de mí!

¿Con quién queréis que compita

una mujer que en sus ansias

míseramente vendida

se ve de una pasión loca,

sin que tenga para su vida

consuelo de una esperanza?

Porque el objeto a que aspira

es mar de mi llanto,

aunque barca combatida.

Lujuria.

No desespere, señora,

Pag. 12

Lujuria.

que muy más arduas conquistas

se han vencido a los halagos,

cuya gustosa porfía

reduzca a cariños dulces

las resistencias altivas,

a ocasión de ser tu dueña

absoluta de esta quinta.

Sabiendo que Pascual sale

a estos montes, donde alinda

a cuidar de su rebaño,

donde es preciso que asistas,

días y noches no sales.

¿Por ver si la repetida

ocasión, el trato afable,

podrá vencer la porfía?

¿No te asistimos nosotras?

¿Y yo como más tu amiga

procuro logres tu intento?

¿Pues qué temes? ¿Qué suspiras?

Anarda.

Si hoy se resiste, mañana

se vencerá, más es mía

ya que tuya aquesta empresa;

yo no me doy por vencida.

Aparte

Demonio.

¡Oh fragilidad humana,

que, cuanto más presumidas,

no conozca que la matas

lo mismo que la acaricias!

La torpeza hoy que tengo

de Lucifer inducida

a que mueran a mis manos

Pascual y Anarda en un día.

Dominga.

Si no, ¿para qué están

en el mundo las Domingas?

¿No sabes que son el ardil

de todas las chilindrinas?

Aquestos dos dicen precor

y ellas muy carifrunzidas,

como andan con garabato,

luego al punto se encandilan,

y enseñan el corambobis

como los naipes por pintas.

Yo haré que Pascual Bailón

te escuche, te haga visitas,

te regale, te corteje,

te diga que eres muy linda.

Pag. 13

Dominga.

que de la mano te abrace.

Deja ahora las chanzas frías

y el remedio discurramos

de mis amantes fatigas,

pero escucha que en el valle

se oye sonora armonía.

Dentro canta

Castidad.

Virtudes al monte

donde se encamina

con pasos errantes

la estrella más fina;

los vicios la buscan

como a su enemiga

y quieren quitarla

la luz con que brilla;

por lo que vosotras,

virtudes divinas,

decid con mis voces

al aire que diga:

temed vuestro estrago,

infernales iras,

que en Pascual vosotros

quedaréis vencidas.

Hacia esta parte invisibles hemos de estar prevenidas que los Vicios de Pascual buscando van la ruina.

Lujuria.

Ya Pascual guiando al monte

las ovejuelas camina

hacia nosotras armado

de mi mortal enemiga,

la Castidad; no por eso

mi coraje desconfía,

en el laberinto verde

desta espesura escondidas

a la ocasión estemos.

Dominga.

Vamos, porque no dirija

hacia esta parte sus pasos

al vernos, bien solicitas.

Sale San Pascual de pastor, con su cayado, en el cual ha de llevar una imagen de la Virgen embutida en el extremo del cayado, y un cordel en la cintura, hecho nudos en forma de rosario.

San Pascual.

Pasmos en estos montes

cría Pascual donde aspira

a conocer quién sois Vos

buscando sabia doctrina

en los troncos que florecen,

en las fieras que horrorizan,

en las aves que gorjean,

y en los peces que no chillan.

Pag. 14

San Pascual.

porque todos juntos hacen.

Anarda.

En vuestra eterna y propicia

providencia ejemplar docto

a las ignorancias mías.

¿Quién, sino vos, pudo hacer

la fábrica peregrina

de tanto vulgo de plantas

con diversas y distintas

propiedades cada una,

cuya alma vegetativa,

reconociéndoos criador,

su efeto os dan por primicias?

¿Quién, sino vos, pudo hacer

que a las aguas cristalinas

les deban noble alimento

para que logren la vida

del nutritivo licor

que las alienta y anima?

¿Quién, sino vos, en las flores,

cuando el aura matutina...

Cantan dentro.

Cuidado en las flores,

que el áspid se abriga

entre los perfumes

de aquello que admiras.

San Pascual.

Pero, ¿qué interior impulso,

infausto suceso avisa,

que el corazón en el pecho

sobresaltado palpita?

Mudar quiero de vereda.

¿Dónde queda, ánima mía,

con más quietud, más sosiego,

a alabar a Dios?

Anarda.

Amiga,

¿no reparas que se va?

Lujuria.

Aquí valdrá industria mía.

Canto.

Pastor que admiras gallardo

flores y plantas que miras,

¿para qué de ahí te retiras?

Anarda.

Como de alabar no acabas,

cuando la ocasión buscabas

de mirar para prender,

vuelves sin llegar a ver

lo que más hay que admirar.

Vuelve, vuelve a caminar,

si mueres por conocer.

San Pascual.

¡Válgame Dios, qué dulzura!

Pag. 15

San Pascual.

Causa esta acorde armonía,

seguiré de tus acentos

la voz pues que me encamina.

Canta la Castidad.

Coro segundo.

Pastor, que admiras las obras,

flores y plantas que miras,

si esos pasos no retiras

hoy en la alabanza acabas.

Si es que las caricias buscabas

de mirar para aprender,

mira que hay gran riesgo en ver;

por aquí has de caminar,

porque en llegando a mirar

morirás por conocer.

San Pascual.

Que el paso atrás vuelva; estotra

también de mí solicita;

sin duda que en la elección

mi torpe acierto peligra.

¡Ay de mí, Señor! ¿Qué haré?

Vuestra bondad no permita

yerre la elección, quien solo

al sagrado acierto aspira.

Coro primero.

Sigue mis voces.

Coro segundo.

Sus voces no sigas.

Coro primero.

Que si no te pierdes.

Coro segundo.

Que si no peligras.

Coro primero.

¡Ay de ti si huyes!

Coro segundo.

¡Ay de ti si miras!

A 8.

Que serán tus pasos

tu propio homicida.

Sale Anarda, la Luz y Dominga.

San Pascual.

No sé qué hacerme, ¡ay mi Dios!

Perdido estoy, ¡qué desdicha!

Anarda.

Esta es la senda, Pascual,

que más segura y más rica

de yerba para el ganado

todo tu bien solicita.

San Pascual.

Señor, valedme, que bien

anunciaba mi desdicha

estotra voz; como Anarda

en este monte, atrevida,

sin Dios, sin ley, sin respeto,

tan fácil se precipita.

Ya en la campaña valiente

contra los errados mira

a dejarme quizás un poco

porque corona más linda

adquiera.

Anarda.

Venid vosotras.

Las dos.

Nuestra obediencia es precisa.

Anarda.

Parece que te has turbado,

Pascual, al verme tan tibia;

juzgabas que eran mis ansias,

que sabiendo que salías

a ser pastor de estos montes

(aunque culpes de atrevida

mi resolución constante),

había de estar dormida.

Pag. 16

Anarda.

mi pasión, sin que salieses

a ablandar tus tiranías?

¿De qué fiera, de qué bruta

es posible que se escriba

lo que tú conmigo obras?

San Pascual.

De Pascual Bailón se escriba.

Anarda.

Pues, ¿mis caricias no escuchas?

San Pascual.

Son muy caducas caricias,

caricias busco yo eternas.

Anarda.

Serán eternas las mías.

San Pascual.

Para otra las guardo yo,

que me será agradecida.

Anarda.

¿Para otra di? ¿Para quién?

San Pascual.

Para la Virgen María,

Madre del mi Dios, que por mí

padeció tanta ignominia.

Anarda.

Yo acaso te persuado

más que a ser mi esposo, mira

que a la virtud no se opone

lo que Anarda solicita,

sabes que yo soy mujer

liberal, noble y rica,

y que a tus plantas pondré

cuánta riqueza en sus minas

engendra el Ofir más rico,

y cuánta perla propicia

engendra en conchas de nácar

en el licor que destilas.

San Pascual.

Si yo, Anarda, te dejara

por otra mujer, tendrías

justificada tu queja;

pero si adviertes, si miras

que por Dios dejo tu halago,

¿de qué te quejas? Reprima

la razón y lo cristiano

tu pasión, porque si irritas

de Dios el blando sosiego,

hallaremos en sus iras,

en vez del amor que premia,

el azote que castiga.

Domingo.

Vaya, quiera a mi señora,

señor Pascual, no amancillas

su amor, la ley soberana

de Dios.

Lujuria.

Las plantas no estimas

porque son hechuras tiernas

del sumo hacedor que envidias.

Pag. 17

Lujuria.

debajo de su gran poder,

sabiduría infinita.

Pues si Anarda es tu retrato,

por ser racional su vida,

el original ofendes

si la imagen desestimas.

San Pascual.

En cuanto hace relación

Anarda a la luz divina

de Dios, la estimo y la adoro;

pero su amante porfía

este término atropella.

Anarda.

Luego yo seré querida

de ti como a criatura.

San Pascual.

Es verdad.

Anarda.

¿Qué mayor dicha?

Lujuria.

Pues en fe de esa palabra

mejora ya tus fatigas,

que el que hoy confiesa que quiere,

mañana dice que estima.

San Pascual.

En gran peligro, Señor,

mi fragilidad se mira;

asístame vuestro amparo,

no miréis las culpas mías.

Anarda.

Pues la palabra de esposo

me has de dar, en quien estriba

mi quietud, mi paz, mi gusto,

mi contento y mi alegría.

San Pascual.

Eso no haré aunque me mates.

Anarda.

¿Pues no dices que me estimas?

San Pascual.

En Dios te quiero yo mucho,

pero nada por ti misma.

Anarda.

Eso ha de ser.

San Pascual.

No será.

Anarda.

¿Qué, mi ruego desestimas?

San Pascual.

Es veneno que me mata.

Anarda.

Triaca es que te da vida.

¿Cómo has de librarte?

San Pascual.

¿Cómo?

Resistiendo tus porfías.

Anarda.

Incendios serán mis voces,

en cuyas llamas activas

arderán tus resistencias,

pues mi favor desestimas.

San Pascual.

Yo a su ardor opuesto, al fuego,

seré nieve helada y fría

con quien desmaye el volcán

ardiente que ciega anima.

Pag. 18

Anarda.

¿No adviertes mis nobles amores?

San Pascual.

¿No temes de Dios las iras?

Anarda.

Mi amor, mi desdén perdona.

San Pascual.

Teme de Dios la justicia.

Anarda.

Ten de mí piedad, Pascual.

San Pascual.

Tú eres tu mayor ruina.

Anarda.

¿Que no escuchas?

San Pascual.

No he de oírte.

Anarda.

¿De mis males?

San Pascual.

¡Qué porfía!

Anarda.

Lo severo...

San Pascual.

Eso es cansarte.

Cobra las luces divinas

a los cristianos y verás

cuán fácil se precipita.

Demonio.

Pastor que valiente escuchas,

mira que esta llama activa

con la resistencia crece

y con el trato se aviva.

San Pascual.

No ha de servirme de halago

esa villana armonía,

que si al resistir constante

crece esa llama encendida,

con el cortés trato afable,

más los cristianos peligran.

Anarda.

Pues di, ¿qué es lo que resuelves?

San Pascual.

Lo que mi amor determina,

es seguir a las virtudes

la dulce voz que eterniza.

Coro segundo.

Victoria, por nosotros,

que a luces cristalinas

para Pascual hacemos

airosas las fatigas.

Anarda y Floridano.

Pues contra las virtudes

los vicios hoy se alistan,

sean sangriento estrago

al golpe de sus iras.

San Pascual y Coro segundo.

Pues hoy contra los vicios

las virtudes conspiran,

y sean de sus triunfos

esclavas las delicias.

Anarda y Coro primero.

¡Mueran las virtudes!

San Pascual y Coro segundo.

¡Las virtudes vivan!,

logrando en sus aras

el triunfo mayor de sus conquistas.

Pag. 19

Sale Turuleca, Minga, y una cantora, Pascual de zagal ciego adelante, y pónese en la eminencia, y aunque le hallen no le lleguen, diciendo que este cántico todo era de armonía.

Cantora.

Porque dice, hallan a quien

el mudo amor, no menos,

mas dulce invención cantada,

que aquella voz desmayada

que Minga en su pecho formó.

Porque huye de zagal.

Turuleca.

Salte y brinque del corral.

Vele don Juan Caballero

que le ciega el interés,

como si a fuerza de desdén

viera a Pascual a la fe.

Minga.

Mas Pascual, como buen zagal,

logre a Pascual sin igual

en fe de haberse perdonado

su encanto a la Pascuala.

Jornada segunda

Pag. 20

Sale Tarabato.

Tarabato.

Muy buena cuenta daré

de Pascual; porque ha dos días

que le busco por los montes

sin que le hallen mis fatigas,

y oyendo que este contorno

poblado está de armonías,

vengo a ver si hallaré quien

que me dé alguna noticia.

Mas si no mienten los ojos,

hacia allí baja Dominga,

que viene como una fiera

por lo que tiene de linda.

Salto y brinco de contento.

Yo le diré unas cosillas

que le pongan las orejas

como si fueran de almíbar.

Pero si Pascual lo sabe

me pondrá como unas guindas.

Sale Dominga.

Dominga.

Sin que a Pascual alcance,

voy por el monte perdida,

sin encontrar la vereda.

Pag. 21

Dominga.

Al camino de la quinta,

hacia allí un pastor descubro

y si no miente la vista

parece que es Garabato.

Él es; temores, alivio.

Diga, ucé, señor Garabato.

Tarabato.

Diga, uced, señora Dominga.

Dominga.

¿Quién le trae por el monte?

Tarabato.

Quien por aquí la encamina,

que a mí Pascual y las cabras.

Dominga.

A mí el ser una perdida,

¿sabes la quinta de Anarda?

Tarabato.

La sexta, cuanto y más quinta.

¿Hasme visto tú a Pascual?

Dominga.

Aqueso fue mi desdicha.

Tarabato.

¿Haberle visto no más?

Dominga.

O que le perdí de vista.

Tarabato.

¿Hacia dónde fue, no sabes?

Dominga.

Por esos montes huía.

Tarabato.

¿De quién huía?

Dominga.

¿De quién?

De Anarda, Clori y Dominga.

Tarabato.

Pues qué, Anarda ¿dónde está?

Dominga.

Ciega de amor, que se acriba,

y sabiendo que Pascual

a esos montes se salía,

salió también a buscarle,

y apremiándole a que admita

su mano, se fue corriendo

saltando montes y cimas.

Tarabato.

Mal pleito tiene tu ama,

porque su virtud activa,

es una cosa que asombra;

a los pastores predica

cada hora y cada instante;

y si acaso se descuida

el ganado, y algún daño

hace a las mieses vecinas,

por muy pequeño que sea

lo paga, y por si se olvida,

cuando los trigos se siegan

trabaja diversos días,

sin que en satisfacción suya

admita ni aun la comida.

Es continuo en la oración

todas las noches y días.

Pag. 22

Tarabato.

sin temer al sol ardiente

ni a la escarcha helada y fría,

y en fin para no cansarte

es un ángel en quien brilla

de la virtud más heroica

la sacra prerrogativa.

Domingo.

Tú estarás de él muy ufano.

Tarabato.

Es una cosa que admira,

dame arrobos cada instante

con el licor que destila

la fruta más sazonada

que en el otoño se cría.

Creo de ver yo dos soles

y estrellas a medio día;

no creas que coja el cilicio

o me dé una disciplina,

pero dejando esto a un lado,

dime, ¿hacia dónde caminas?

Domingo.

A la quinta voy de Anarda,

si tú me enseñas.

Tarabato.

Y a este monte pequeño

que a un paso de aquí dista,

yo voy buscando a Pascual.

Domingo.

Pues a Dios.

Vanse.

Tarabato.

A Dios, Domingo,

ya hablaremos otra vez

despacio, que voy de prisa.

Sale el Santo con su cayado, solo.

San Pascual.

Gracias os doy, infinitas,

Señor, que me habéis librado

por vuestra misericordia

de aquel engañoso lazo

que previno mi enemigo

para mi cruel estrago;

huyendo aquel laberinto

os busco aquí en lo intrincado

y fragoso de estas peñas

para que con más descanso

os alaben y os bendigan

a todas horas mis labios;

solo siento que hoy es fiesta

y que me he alejado tanto

del lugar, que es imposible

asistir al sacro y santo

sacrificio de la misa,

pero si vos, soberano...

Pag. 23

La hostia y elevación.

Hinca el cayado en tierra y saca el retrato de la Virgen.

San Pascual.

Señor, asistes, Creador inmenso,

todo lugar ocupando,

donde vos estáis está

el templo heroico y sagrado.

Esta sin duda es la hora

en que se está celebrando

y desde aquí quiero atento

contemplar misterio tanto.

Y porque más dignamente

lo ejecute mi cayado

sea el portátil altar

del ara aquel Sol más claro,

que da luz a las estrellas,

honor al cielo y espanto

al horroroso concurso

hijo de eterno trabajo.

Madre sois de pecadores,

no desestiméis mi llanto,

que yo quisiera ofreceros,

conociendo mis pecados,

en cada lágrima mía

del corazón un pedazo.

Y vos, Señor, que os quedasteis

por mi amor Sacramentado

bajo las blancas especies

porque yo no quede en blanco,

¿qué podré hacer que equivalga

a ese volcán tan hidalgo

que a un tránsito de conocerle

no alcanza ningún humano?

¡Quién pudiera ver tan solo

de aquel misterioso arcano

los cándidos accidentes

en donde representados

estáis de nuestra Pasión

los tormentos mal pagados!

Pero, ¿qué dulce armonía

los aires está poblando

de consuelos y aun el cielo

de luces está formando

excelso trono de glorias

a inundaciones de rayos?

Descúbrese un globo de nubes con la efigie del Sacramento. Se va elevando el Santo mientras va bajando la tramoya y canta un Ángel.

Pag. 24

Cantan Ángeles.

Atiende, Pascual,

del sol más hermoso y claro

las luces benignas,

en donde su agrado

victoria corona

de invictos soldados,

que a fuerza valientes

sus triunfos sagrados

son corona ilustre de sus agasajos,

agradece sus finezas

porque hallarás en su amparo

segura la recompensa

de tus heroicos trabajos.

Atiende al Sacramento

lo excelso, lo soberano,

ven a contemplar las glorias

con que Dios te está premiando,

porque en su adoración

no temas los asaltos

de tu común enemigo

pues que Dios te da la mano.

San Pascual.

Aguarda, espera, detente,

Señor, yo cómo, mas cuándo

llegaron a merecer

tanta dicha tus esclavos?

Mirando al que despierta

de algún profundo letargo,

que de aquello que ha dormido

no sabe dar el descargo,

despierto yo de estas glorias.

Seáis por siempre alabado

Dios eterno, Padre mío,

pues a este humilde gusano

tan crecido favor dais

cuando yo tan mal os pago.

Sale Garabato.

Tarabato.

Gracias a Dios que te encuentro.

Por dónde, Pascual, has andado,

tu persona que me hiciste

trepar montes y barrancos

ansioso, triste y confuso?

San Pascual.

Cómo te va, Garabato?

Tarabato.

Sin tu compañía mal.

Voy por los montes temblando,

porque cada noche tengo

cien lobos fieros y airados,

que me dejan sin sentido

solamente al escucharlos.

Pag. 25

Tarabato.

mas no me dirás con quién

estabas ahora hablando

diciendo espera, detente

Señor, yo como mas cuando

de luces y armonías

todos los montes formaron

otro nuevo Paraíso

y en tu cara estoy mirando

tal golfo de resplandores

que me dejan asombrado

San Pascual.

debes de soñar despierto

pero dejando esto a un lado

¿desde que yo no lo he visto

tiene buen paso el ganado?

Tarabato.

Está tan gordo y tan bueno

que esto es cosa de milagro

siempre por una vereda

encuentra fecundo pasto

y sin salir de aquel coto

está más ancho que largo

San Pascual.

Pues hacia allá caminemos

que quiero verle

Tarabato.

Pues vamos

mas cómo lo haremos di

que de sed estoy rabiando

y no hay agua en todo el monte

ni la hay tampoco en el llano

San Pascual.

También me aflige la sed

tan humilmente pidamos

socorra nuestra miseria

Dios, su nombre invocando

de entre aquestas peñas duras

saquemos agua en las manos

Tarabato.

Charcos hay de ratones

¿agua quieres de un peñasco?

fuente

toca con el báculo y salta agua

San Pascual.

Señor que a Moisés le distes

por verle necesitado

agua para vuestro pueblo

y si son muchos mis pecados

la misma misericordia

que ha de hacerme favor tanto

dándonos con que aliviar

la sed, ardor y cansancio

pero ¿quién llega a pediros

que quede desconsolado?

gracias os den oh los cielos

el sol, la luna, los astros

Pag. 26

San Pascual.

y todo cuanto sea hechura

de vuestra liberal mano.

Llega y bebe.

Tarabato.

¡Ay tal, señores!

El Pascualillo es un santo,

mas, si he de decir verdad,

¿sabes en lo que reparo?

Que yo fui gran majadero

en pedirte agua, que tanto

te hubiera costado el vino

como el agua te ha costado,

y hubiera sido mejor,

porque no se hubiera aguado

un milagro tan crecido,

que por grande es gran milagro.

San Pascual.

Lo que te prevengo es

que lo que has visto y mirado

a nadie digas, porque

me ofendiera el publicarlo;

que como Dios es tan bueno,

para hacer bueno al que es malo

se vale de él para hacer

estos prodigios tan raros.

¡Ay, Señor, y quién pudiera

rendiros en holocausto

el corazón que os adora

con afectos más cristianos!

Tarabato.

¿Cómo quieres tú que yo mismo

calle, si el agua va hablando,

y de mi ilustre silencio

se va riendo y saltando?

Dios me libre de que yo

lo diga más que en claro,

cuando todos los pastores

estén juntos, encargando

a cada uno el secreto,

para que más divulgado

se quede el milagro al punto;

porque este tiene el encargo

del secreto, que al instante

revientan por declararlo.

San Pascual.

Calla y déjate estar quieto.

Tarabato.

Tienes un gusto muy malo.

San Pascual.

Y agora vamos, amigo,

a buscar nuestro ganado.

Tarabato.

Vamos, y si tú no quieres...

Pag. 27

Tarabato.

Diré que es mío el milagro,

que yo también lo he pedido,

he beudo y he rogado.

Vanse. Salen Anarda, Dominga, Luxbel.

Dominga.

Suspende el llanto, señora,

no amontones tu tormento,

acabando con la vida,

acabes con el remedio.

Demonio.

A más de que el padecer

el amor es merecimiento.

Con la esperanza se vive,

aunque se viva gimiendo.

Anarda.

Dejad que con mis pesares

se acabe el mal que padezco,

porque esta vida se pasa

de la muerte a los afectos.

Si a reducir a Pascual

en su obstinación severa

no bastan halagos míos,

ni bastan merecimientos,

las finezas, la hermosura,

las caricias, ni los ruegos,

a su resistencia altiva

mi amor, gigante creciendo,

ni la razón le corrige,

ni le alumbra el escarmiento.

¿Cómo queréis que mitigue

las ansias que de mi pecho

para acabar con mi vida

son mis verdugos sangrientos?

¿Pues veis que estoy sin juicio,

para qué me dais consejos?

Dejad que desesperada,

pues me miro sin remedio,

dé la garganta a un cordel,

mi corazón a un acero.

El acabar con mi vida

aún será piedad en ellos,

que no encuentra con la muerte

quien la busca por consuelo.

Demonio.

Si tú hicieras tal acción,

fuera para mí el trofeo,

pero de mis triunfos grandes

aún no se ha llegado el tiempo.

Eso es desesperación,

todo mejora viviendo.

Y ahora pues la armonía

te suspende los afectos,

Pag. 28

Música.

solamente con morir;

pues no pretendo vivir,

lisonjeando mi herida,

ven, muerte, tan escondida,

Música.

que no te sienta venir,

se apaga el penar muriendo,

en vivir crece mi pena,

en esta infeliz cadena

solo padecer pretendo;

yo, como mi mal entiendo,

puedo fácil colegir,

amando yo mi sentir,

qué saco en este anhelar:

porque del vivir, pesar,

Música.

porque el placer del morir,

con el afán repetido

de un alma infeliz que adora,

crece el gusto cuando llora

las lástimas del sentido;

si un afecto fementido

en mi pasión recibida

será mi alegre homicida,

escondida ha de venir,

porque el placer del morir

Música.

no me vuelva a dar la vida.

Pag. 29

Anarda.

Si el morir me ha de alegrar

del vivir con interés,

¿por qué no encarecer

lo que me suele aliviar,

si es el morir acabar

con esta continua herida?

Con la música.

Vanse.

Música.

Ven muerte tan escondida

que no te sienta venir,

porque el placer del morir

no me vuelva a dar la vida.

Y así conmigo decid,

añadiendo el fuego alas,

la noble pasión que arde.

Flores bellas oprimidas,

sentid, corazón, sentid,

que de hermosas os preciáis,

del perfume que exhaláis

al sol ardiente centella,

fabrique con vuestra estrella

el premio de lo que amáis.

Sale Garabato solo con una bota colgada y vestido a la misma manera que anda el santo.

Tarabato.

Con las señas de Pascual

vestido por estos cerros,

piensan todos que soy santo

siendo tan grande embustero;

y para desahogarme

de los milagros que he hecho,

me salgo aquí con mi bota

que es el libraco que llevo.

¡Oh, qué de casos tan raros

de mí se irán escribiendo!

En el libro de mi vida,

al capítulo primero,

dirá el autor mesurado

con cierto docto misterio

la patria y padres del santo:

los padres van descendiendo

por línea de muchos lustres

de los candiles hebreos,

que lucen por cuatro partes

como por una pudieron;

la patria fue la ciudad

que está vecina a los pueblos

moriscos, por lo que el santo

bebía como un tudesco;

en el segundo dirá:

que es de algunos correos.

Pag. 30

Tarabato.

que dijo este varón santo,

porque de su nacimiento

esta virtud el mentir

la tuvo muy en su centro.

De la abstinencia el Padre,

miente, en el capítulo tercero,

dirá qué tal el ayuno

de su lánguido larguero,

que a colación se comía

de migas todo un caldero,

bien que al beber se templaba

el fuego que ardía dentro.

Pero hacia allí viene un hombre.

Póngome de santo; bueno

es, señor, cuanto quisiere,

pero es el vino rebueno,

que alegra los corazones

y nos fomenta el celebro.

Sale el Demonio.

Demonio.

Muerto de ira, no respiro,

rabiando de enojo vengo,

que contra mi ciencia docta

consiga un pastor grosero

tantos invictos blasones,

tantos celestes trofeos.

Para que voraz la llama

se aguarde en tu frío centro,

tierra infeliz, si conmigo

no acaba mi mal severo.

Tarabato.

Desesperado está el hombre.

Señor mío Padre nuestro,

me canso ya de tener

los brazos en cruz abiertos.

Voto a Dios, que este despecho,

ya de su flema reniego.

Demonio.

Pero allí está Garabato,

que en el vestido fingiendo...

Tarabato.

Ello es hecho, yo soy santo;

miren, y con qué respeto

el hombre se va acercando.

Demonio.

San Pascual, a daros incendio

Tarabato.

Hombre, el diablo, me canso

de estar en cruz.

Demonio.

Y su aspecto,

solo por la semejanza,

de horrores abisma el pecho.

Pero sea deshecho,

de mi rencor escarmiento

el villano.

Tarabato.

¿Con quién habla?

Pag. 31

Tarabato.

¿No ve que soy santo?

Demonio.

Bueno.

¡A esto para mis males!

Levántate, don peraucho,

tu juicio has perdido o el seso.

Tarabato.

No sé, que agora no puedo,

que estoy fraguando un milagro

que ha de ser de gran provecho.

Demonio.

¿Pues qué milagro has de hacer?

¡Cómo me sufro a mí mesmo

con tantas indignaciones!

Tarabato.

He de dar alma a este cuerpo,

que el pobre ya no respira;

y como era compañero

de mis trabajos, sin él

paso trabajos inmensos.

Demonio.

¿Piensas que no te conozco?

Porque de Pascual fingiendo

estás el traje y falso,

hipocritón embustero,

y pues eres su retrato,

ya que vengarme no puedo

en él, tú me pagarás.

Tarabato.

Atrevido, ¿das aprietos?

¿Cómo tú me pagarás?

¿Cómo no guardas respeto,

voto a Dios, que estoy temblando,

a un santo, cara de perro?

¿Tiene este diablo de hambre

que hace su vida en el yermo?

Demonio.

Desta manera, traidor...

Tarabato.

¡Ay, ay, ay, qué olor de azufre!

¡Vite, vite a los infiernos!

Hágase allá, no me toque,

que vivo entre llamas ardiendo.

Demonio.

Allá has de venir conmigo.

Tarabato.

¿No hay quien me socorra, cielos?

¡Yo estoy sin mí, que me matan!

Martinazo.

Demonio.

¡Ojalá pudiera hacerlo!

Veamos si deste modo

te irá bien a la cruz, serrano.

Calla, infame,

que mi coraje sediento

a las venganzas que busco

contra Pascual, sin aliento,

porque estás en traje suyo

te dejará, mas no puedo.

Tarabato.

Pues digo a este señor diablo

que si en este punto al momento

me desgarrapalizare...

Pag. 32

Tarabato.

que aun parecerle no quiero.

Demonio.

Ya tiemblo, ¡ay de mí!

Tarabato.

¡Pascual, que me matan!

Demonio.

Necio,

calla ya, Pascual no llames.

Tarabato.

Le llamo por mi remedio,

a ¡Pascual, Pascual!

Demonio.

Pues toma.

Tarabato.

¡Pascual!

Demonio.

A furias...

Sale San Pascual.

San Pascual.

¿Qué es esto?

Tarabato.

¿Qué ha de ser? Llevarme el diablo,

porque soy tu compañero.

Demonio.

Temblando estoy a tu vista.

San Pascual.

Pues, ¿cómo tú, dragón fiero,

bestia horrible, infiel criatura,

te atreves, bárbaro y ciego,

a ultrajar cenizas mías,

sin que temas tu escarmiento?

Tarabato.

Hable ahora este vergantajo,

que le pondré como un cuero.

San Pascual.

Y con el nombre de Dios,

y con mi auxilio, al infierno

te mando vayas al punto.

Tarabato.

Váyase luego al momento.

Vuela.

Demonio.

Yo me iré a eterno retiro,

porque a tu vista no puedo

estar sin padecer más

que en el infierno padezco.

San Pascual.

Pues, ¿qué ha sido, Sarabara?

Tarabato.

¿Qué ha de ser? Por ti me ha muerto.

¡Ay de mis pobres costillas!

Voto a Dios con el locuelo.

San Pascual.

El nombre de Dios, hermano,

con tan poco fundamento

ha de tomar en la boca.

Tarabato.

¿Ahora sales con eso,

cuando de todo este lado

parece que me derriengo?

Botaré yo ahora más

que una pelota de viento.

San Pascual.

Pues dime, ¿qué ha sucedido?

Tarabato.

Escucha en breve el suceso:

querer parecer yo santo,

imitar tu traje, y luego

salir el demonio y darme

unos golpes tan tremendos,

que si no hubieras salido...

Pag. 33

Tarabato.

me matará sin remedio.

San Pascual.

Pues váyase a descansar.

Tarabato.

Irme desde aquí no quiero,

y que vuelva aquel diablazo

con sus manos de esqueletos

y vuelva a ponerme encima

lo que llevar ya no puedo,

no es cuenta que me está bien,

que yo a su lado no temo

de todo el infierno junto

los rigores ni escarmientos;

pero en hallándome solo,

solo de pensarlo tiemblo.

San Pascual.

No tema y vaya a la choza,

que Dios le dará su esfuerzo.

Tarabato.

Ya me voy, pues que no impide

el que me vaya mi miedo.

San Pascual.

Ahora que me miro

en esta soledad, en el retiro

de esta verde espesura,

de quien el sol el rostro nunca apura,

es bien, Señor, que os pida

con profunda humildad, con fe rendida,

deis a este un favor que procuro,

cuál ha de ser el puerto más seguro,

si al monte salgo, en el monte encuentro

un áspid en las flores de su centro

que engañoso procura

hacer mi resistencia mal segura,

y yo de sus impulsos impedido

cada instante me miro tan perdido

que, aunque me cause enojos,

mi muerte encuentro con mis propios ojos.

¿Qué importa que las flores olorosas

me tributen, preciándose de hermosas,

en cada aliento su risueño halago,

si encubriendo venenos a mi estrago

en la victoria infiel de mi desgracia

me amenazan ruina en vuestra gracia?

Y viendo yo el engaño de este abismo,

aún no vivo seguro de mí mismo,

porque en esta crueldad que el hombre encierra

a sí mismo se hace injusta guerra;

si el auxilio divino no procura,

quedará su firmeza mal segura.

Y así, Señor, con humildad os pido

inclinéis a mis voces vuestro oído,

Pag. 34

San Pascual.

Y haced con providencia sacrosanta

que en Vos y para Vos crezca esta planta.

Al decir este verso se descubren San Francisco y Santa Clara en un trono de gloria con dos ángeles cantando a los lados o como mejor pareciere.

Música.

Francisco

San Pascual.

¿Quién pronuncia y declara?

Música.

Y Clara

San Pascual.

¡Ay, qué remedio a mi mal!

Música.

A Pascual

San Pascual.

De sus voces lo leal

y mi sosiego procuran

pues que dicen que aseguran.

Música.

Francisco y Clara a Pascual

ofrecen lo que procura,

que el llegar a ser su hechura

es el remedio a su mal.

1º.

Atiende a mis voces.

2º.

Mis voces escucha.

1º.

Pues que dicen

2º.

Pues pronuncian

Los dos.

Francisco y Clara a Pascual.

San Pascual.

Sagradas inteligencias,

que de mis ansias confusas,

a mis ruegos tan benignos

serenidades pronuncian;

declarad a los preceptos

la inteligencia que duda;

en vuestra neutralidad

la idea fiel que dibuja

diciendo a mis tristes ansias,

cuando vuestro acierto buscan.

Música.

Francisco y Clara a Pascual,

en su religión sagrada,

de las ansias que le asustan

hallará el feliz suceso

que eternos bienes vincula.

San Pascual.

Ya, Señor, de las piedades

los raudales que fecundan

misteriosamente afables

me enseñan para que acuda

a buscar vuestra clemencia

en los favores que anuncian;

en la casa de Francisco

mis aciertos hoy procuran

asegurar los vaivenes

Pag. 35

San Pascual.

desta nave que fluctúa

corriendo montes de riesgos,

corriendo campos de espumas,

en donde miserablemente

quiere la torpe coyunda

que sea infeliz oprobio,

para que siguiendo astuta

mi inclinación sus engaños,

encuentre en la horrible lucha,

cuando piense la victoria,

la prisión eterna y dura.

Sean pues de mi alegría

testigos las plantas mudas,

las aves que el aire pueblan,

las flores que al sol dibujan

con carmines y fragancias,

cuando por el sol se mustian

en las copas de sus hojas

los alientos que perfuman.

Venza pues con mi constancia

aquella cárcel obscura

donde todo es tristezas,

y la aflicción más confusa

se priva del mayor bien,

que es ver de Dios la hermosura.

Y así con vuestras piedades

Clara y Francisco aseguran

felicidad mis temores,

que si benigna me ayuda

vuestra protección sagrada

el riesgo que me circunda,

ni me acobardan horrores,

ni tentaciones me asustan,

ni los vicios me amedrentan,

ni los peligros me turban;

pues que con voces celestiales

mi felicidad escucha,

animando mis temores

del tropel de tantas dudas,

para alivio de mi mal.

Con la música

Música.

Francisco y Clara a Pascual

ofrecen lo que procura,

que en llegar a ser su hechura

obrará el remedio a su mal.

Fin de la segunda jornada.

Jornada tercera

Pag. 36

Sale S. Pascual y Sarabato de Religiosos, y el Santo con unas cartas de camino.

Tarabato.

No hiciera tal disparate,

Pascual hermano, un romero

a Francia, siendo nosotros

frailes, y más frailes legos,

que peligran nuestras vidas.

¿No sabes que aquellos perros,

herejotes infernales,

sectarios de aquel Lutero,

que con su infame doctrina

ha enriquecido el infierno,

luego al punto que nos vieren

nos darán por gran consuelo

unos cuatrocientos palos

desde el cogote al pescuezo?

San Pascual.

Todo lo sé, Sarabato,

pero tal razón no encuentro

con que pueda faltar yo

al voto que tengo hecho.

Manda que lleve a París

Pag. 37

San Pascual.

Otras cartas con secretos

a mi Provincial, porque importan

negocios de grande empeño.

Que el Prelado me manda

pretender que yo indiscreto

discurra ahora en peligros,

en amenazas, en miedos,

en castigos, ni en temores.

Tarabato.

Pero dime, ¿no fuera bueno

que el Provincial enviara

otros de más desempeño

y nos dejara a nosotros?

San Pascual.

A mí no me toca eso,

yo he de cumplir lo que manda,

sin discurrir si fue bueno

el mandármelo a mí, o no,

que se parecen en esto

la fe y la obediencia, pues

el que procurare atento

cumplir con sus tributos

ha de ser como ellas ciego.

Tarabato.

Que a tu padre Provincial

le obedezcas en el huerto,

en la cocina, en la iglesia,

en la bodega, en el fuego,

y en el agua, está muy bien,

porque allí no tienes riesgo

de que te mate ninguno,

o que te escalabre uno,

mas que por obedecerle

a morir vayas, no creo

has de encontrar con alguno

diga te obligue a este exceso

el voto de la obediencia.

San Pascual.

En Cristo tengo el ejemplo,

que obedeció hasta la muerte

sin que fueran sus tormentos

parte para que él dejara

de obedecer los preceptos

de su Padre y de mi Padre,

cuya obediencia siguiendo

iré a hacer lo que me manda

sin que me asusten los riesgos.

Tarabato.

Que tú fueras, bien está,

mas que yo vaya, no es yerro,

que yo no sé hacer milagros,

y si me aprietan aquellos

herejes, yo luego al punto

renegaré.

San Pascual.

No digas eso,

Pag. 38

San Pascual.

de quien he de renegar

Tarabato.

del alma de todos ellos.

San Pascual.

Vamos, que Dios proveerá.

Tarabato.

Así dice aquel proverbio,

pero yendo yo contigo

vergüenza es que tenga miedo.

Vanse y salen los Vicios y Virtudes cada uno por su puerta y el Demonio y Ángel.

Ángel.

Ya que son mías las glorias

Demonio.

Pues son míos los pesares

Ángel.

que en Pascual hoy resplandecen

Demonio.

que de Pascual hoy renacen

Ángel.

ayudando a mis victorias

Demonio.

animando a mi coraje

Ángel.

Decid con voces benignas

Demonio.

Decid con voces fatales

Ángel y músicos.

que de Pascual hoy renazcan

Demonio y músicos.

que de Pascual hoy apaguen

Todos y músicos.

los triunfos misteriosos

que coronan sus memorias inmortales.

Ángel.

Mas como infame enemigo

Demonio.

Mas como enemigo infame

Ángel.

Contra mis sacros impulsos

Demonio.

Contra mis ciencias sagaces

Ángel.

a Pascual Bailón te atreves?

Demonio.

tú contra mí a Pascual vales?

Ángel.

Pues no miras

Demonio.

Pues no adviertes

Ángel.

Pues no escuchas

Demonio.

Pues no sabes

Ángel.

que si me indignas, perverso

Demonio.

que si hoy llego a irritarme

Los dos.

serás de mis escarmientos

el más fementido ultraje?

Ángel.

Qué has conseguido?

Demonio.

Yo, penas.

Ángel.

Pues qué pretendes?

Demonio.

Vengarme.

Ángel.

Cómo ha de ser, si Pascual

tiene un cielo que le guarde?

Demonio.

Yo me valdré de los Vicios.

Ángel.

De las Virtudes se vale.

Demonio.

Que a pesar de vosotros

Ángel.

De vosotros a pesares

Demonio.

será ejemplar infeliz

de todas las sequedades.

Ángel.

Será fénix que en sus aras

hoy de sí mismo renace.

Demonio.

No está en casa de Francisco?

Ángel.

En su casa, si bien se guarde,

para que esté más seguro.

Pag. 39

Demonio.

No va a Francia.

Ángel.

A Francia parte.

Demonio.

Pues yo haré que mis desdichas

todas juntas allá pague.

Ángel.

Si ya no es que a tus iras

nuevos no añades,

que si tú ultrajes le buscas

Dios le ampara en los ultrajes.

Demonio.

Pues a la lid.

Ángel.

A la empresa.

Los dos.

Y digan ya mis parciales,

A ocho.

que de sus nuevos vigores

no hay que temer los embates,

que de mi brazo al valor

no hay valor que le contraste.

Vanse, y salen Anarda y Dominga.

porque a tus desdichas / remedio no haya de hallarse / no procures porque logren / tus penas de irremediables

Anarda.

Aquí acabó mi esperanza,

aquí acabaron mis males;

porque llegaron a esfera

que no puedan conservarse,

porque la muerte es la línea

última de los pesares,

y con morir de mi pena

a todos los hago iguales.

Dominga.

Advierte...

Anarda.

Ya no hay que advierta.

Dominga.

Repara...

Anarda.

No hay que repare.

Dominga.

Que no es bien...

Anarda.

No me aconsejes.

Dominga.

Que de ti misma...

Anarda.

No acabes

de apurarme la paciencia.

Dominga.

Venganza tomes tan grande.

Anarda.

Di, ¿qué he de hacer, si Pascual

ya en la religión no cabe

que pueda llegar a verle

ni pueda llegar a hablarle?

Y este frenesí tan loco

está ahora más constante

que nunca. ¡Amor, ay de mí!

Fuentes que bordáis la margen

de este verde paraíso,

honor de las cuatro edades,

perla a perla, queja a queja,

pues de las flores amantes

lisonjeáis los perfumes

en la brisa que reparte.

Entre ellas, cuánta franqueza,

mirad mi dolor, miradle.

Pag. 40

Anarda.

y de piadosas siquiera

enternecidas lloradme,

vuestras corrientes porque

las lágrimas no me falten.

Y al aire hermosas lisonjas,

dulces y canoras aves,

que con retóricos picos

cantáis las felicidades,

de la fe correspondida

sin que lleguen a quejarse

del desdén vuestras pasiones,

y en vuestro maridaje

enlazáis vuestras finezas,

en vuestras toscas piedades

compadeceos de mis penas,

y en armónico discante

sirvan de trágico elogio

vuestros corteses pasajes.

Hermosas claras estrellas,

del cielo eternos diamantes,

cuya influencia propicia

en heroicas verdades

hacéis los movimientos

cuando os presumís errantes;

sagrado vínculo airoso

de santas felicidades,

tened de vuestros progresos

la hermosa luciente imagen,

porque el dolor que me aflige

es tan cruel, es tan grande,

que consolarle no pueden

estrellas, fuentes ni aves;

¿qué he de hacer, ay de mí triste?

Torpes ideas dejadme.

Domingo.

Si no lo quieres curar

sigue esta vez mi dictamen,

y para darle un enojo

hazte monja si él es fraile.

Anarda.

Primero esta noble antorcha,

luz del cielo, al cielo falte,

y vistiendo horror al mundo

en sus mismas ceguedades,

a la materia confusa

vuelva su aurora imagen.

Primero ese monstruo horrible

del mar, haciendo gigantes

de espuma contra los cielos,

su sañudo orgullo levante,

y a cintarazos de perlas

Pag. 41

Anarda.

de sus polos desencajen

la antigua noble firmeza

que le acreditaron grandes

entre sus mismas ruinas

cuando quiera asegurarse

cuando presuma tenerla

su seguridad le falte,

no es buen medio el que procuras,

mal, Dominga, persuades,

porque si la ausencia lloro

cómo quieres que restauren

esta enfermedad que lloro

las mismas enfermedades;

vamos, que amor me dará

la que ha llegado a empeñarme

o cómo alivie mis penas

o cómo mi vida acabe.

Dominga.

Vamos, señora, que a mí

también el amor me trae

picada y aun ofendida

de aquel garabato infame,

que suelto Joseph candil

en quien mis amores arden,

me ha dejado a malas noches.

Porque os tan buen día alcances

y así por ser tu criada

y compañera me cabe

seguir de tus infortunios

la rueda siempre inconstante.

Anarda.

Dios quiera que con lo que intento

mi precipicio no alcances.

Danse. Suena ruido de palos y piedras.

Dominga.

Dios quiera que mis pasiones

otra vez se engarabaten.

Unos.

¡Al papista!

Otros.

¡Vaya, huarte!

Otros.

¡Amigos, dadle!

San Pascual.

No desamparéis, Señor,

vuestro siervo en este trance.

Otros.

Vayan fuertes aquesas piedras

hasta que le descalabren.

Sale Sarabar con alforjas y la bota al lado.

Tarabato.

Ya yo soy muerto, ¡ay, Jesús!

¡Reniego de vuestras madres,

herejes, perros traidores!

Voto a Dios que vuestra sangre

he de beber, si se vuelve

el vino de a cuatro reales.

Dentro.

Ya que se van con las vidas,

¡calcadles fuertes, calcadles!

Pag. 42

Sale San Pascual

San Pascual.

Por vuestro amor sea todo,

no hay ley alguna que mande

que el esclavo sea mejor

que el Señor; si por librarme

de mi eterno cautiverio

Redentor mío pasasteis

por tantos palos y piedras,

más baratas de piedades

que por vuestras merecían

que el hombre las estimase,

yo que soy esclavo vuestro,

yo que soy gusano infame,

rebelde a vuestros auxilios,

ingrato a vuestras piedades,

¿qué mucho que a mí los hombres

se atrevan a pedrearme,

cuando con Vos el respeto

fue tantas veces ultraje?

Y aun os debo agradecido,

como a favores bien grandes,

estimar estas injurias,

pues el modo de encontrarme

con Vos, más cierto es seguir

vuestras divinas señales.

Tarabato.

¿Hermano?

Hermano no soy;

¿han visto con qué me sale

después que llevo el pellejo

más mal zurrado que un guante?

Por el cordón que me ciñe

que os hago pleito homenaje,

bugres, malvados, mastines,

caras de cara vinagre,

que si yo en campaña os viere

os he de dar, porque os cuadre,

más patadas que a un podenco,

más crozadas que a un rozel,

más puñadas que a un corchete

cuando a un inocente agarre.

San Pascual.

Calle, hermano, no se inquiete;

a Dios las gracias le cante

porque nos quiso librar

deste peligro tan grande.

Tarabato.

¿Pues no es grande atrevimiento,

no es desvergüenza notable

que azoten dos embajadores

así estos perros maltraten?

San Pascual.

¿Embajadores nosotros?

Mira que somos dos frailes.

Pag. 43

San Pascual.

ansí indignos de vestir

el hábito venerable

de mi Padre San Francisco.

Tarabato.

Dime ¿qué a Francia nos trae?

San Pascual.

La obediencia.

Tarabato.

Ansí es verdad.

¿No te mandó que entregases

al general, mi señor,

por un negocio bien grave,

nuestro Padre Provincial

unas cartas?

San Pascual.

Innegable

es lo que dices.

Tarabato.

Pues

¿no has cumplido vigilante

con haberlas ya entregado

con puntualidad notable

en sus manos? Luego tú,

papel de embajador haces.

Y si volvieran ahora,

está en punto mi coraje,

que no temía de todos

para empezar a vengarme

por vida...

San Pascual.

Detenga, espere,

no llegue, hermano, a inquietarse.

Prosigamos el camino,

diciendo con fe constante.

Sale el Hereje con una lanza.

Hereje.

¿Cómo vosotros, traidores,

os atrevéis a llegaros

a pisar estos países?

Tarabato.

Otro demonio hay que dance,

yo estoy de miedo que apenas

respiro.

San Pascual.

Señor, libradme,

porque sois de tanto ciego...

Tarabato.

¡Qué cara tiene de cafre!

Hereje.

Pues, ¿no sabéis que sin más

delito que veros traer,

he de acabar con las vidas

que os animan, sin que basten

a refrenar mis furores

las fingidas humildades?

Tarabato.

Pascual es quien tuvo culpa,

que yo ya quise quedarme,

y él me mandó que viniese.

Hereje.

Hoy, de los dos, mi coraje,

para la rabiosa sed

que dentro en mi pecho arde,

ha de hacer pasto, aunque vil.

Pag. 44

Hereje.

de vuestra torpe sangre,

a inundaciones purpúreas,

para que las flores manche,

y para escarmientos a otros

fabrique de sus corales,

espejo que sirva a muchos

de horror el más formidable.

Tarabato.

¡La piel del Diablo, y el hombre!

¡Ay si pudiera escaparme!

San Pascual.

Pues ¿en qué, señor, nosotros

pudimos tanto enojarles?

Hereje.

En que al Papa la obediencia

dais, no más.

Tarabato.

Pues no te espantes,

que si solo eso es tu enojo...

¡El Papa!

San Pascual.

¡Calla!

Tarabato.

¿Que calle?

Es un obispo de Roma.

San Pascual.

Pues, ¿habrá razón que mande

que la obediencia se niegue

a un vice Dios, que reparte

de los celestes tesoros

el valor más admirable?

Que hay iglesia, es infalible;

que hay Cabeza, es innegable;

que es el sucesor de Pedro,

es cierto como constante;

que a Dios se debe, es de fe;

y que es de Dios una imagen

el Pontífice, no hay duda.

Pues ¿cómo quieres que cuadre

a Dios darle la obediencia,

y negársela a su imagen?

Claridad, que en decirlo avisa,

salid de esas ceguedades,

que el que no ve el sol no es ciego,

si el que no quiere mirarle.

Hereje.

Cierra esa lengua atrevida,

o vive Dios que te mate.

Tarabato.

Tiene vuestra merced mucha razón,

que es Pascual un ignorante,

calla con dos mil Demonios.

San Pascual.

La ley que profeso, que hable

me manda; mira qué error

es lo que sigues, muy grande.

Hereje.

Con tu vida el desengaño,

Pag. 45

Hereje.

Esta vez he de comprarte.

Enristra la lanza y suspende el brazo sin poder ejecutar el golpe

San Pascual.

Repara.

Hereje.

Mas, ¿cómo, cielos?

Tarabato.

Deténgase, por San Jaime,

por seiscientas mil agujas

y cuarenta mil dedales.

Hereje.

¿Quién, ay de mí, quién me impide?

San Pascual.

En todo sois admirables,

piadosísimo Señor.

Hereje.

El brazo torpea, pesares,

mover no puedo, ¿qué es esto?

San Pascual.

Ea, acaba de vengarte.

Vase

Hereje.

Por más que lo solicito,

hay quien mi soberbia ultraje.

¡Qué corrido, vive Dios!

De sus ojos ausentarme

quiero.

San Pascual.

A mis beneficios,

tanto beneficio añades,

que por ser de tanta monta

no puedo, Señor, pagarte.

¿Quién sino tu brazo fuerte

así pudiera estorbarle

que no me diera la muerte?

Haced que se desengañen

estos enemigos nuestros;

dadles luz con la cual hallen

el camino que han perdido,

divinas seguridades.

Tarabato.

¡Deo gratias!

San Pascual.

¿De qué te quejas?

Tarabato.

De que viniera el paso a marqués,

porque no ha habido en el mundo

quien todas las rescatare

o si no le dejaré, y

con estas temeridades,

pues quiere meterse un lego

en aquello que no sabe,

en venir otro diré

si a caso de amordazarme

queda el Papa.

San Pascual.

¿El Papa, qué es?

Tarabato.

De la Iglesia un Santo grande.

Sale el Demonio

Demonio.

Afrentado de mí mismo,

por mi mano he de vengarme

deste villano que tiene

tanto dominio en mis males.

Tarabato.

¡Andaló! Ya viene otro.

Pag. 46

Tarabato.

qué olor a pez, que son, jamás

aquí dio fin la comedia.

El paciano nos valga.

San Pascual.

No me asustan estos riesgos,

Señor, mientras me ampare

vuestra protección divina.

Tarabato.

¡Ay, qué hace de aspavientos!

Demonio.

Muere a mis manos, traidor.

Cúbrese el Demonio con el manto y baja el Ángel con vuelo rápido, con una espada en la mano, y el Demonio se hunde.

Ángel.

No hará, Pascual, se guarde.

Demonio.

¡Ay de mí, rabiando muero!

Ángel.

Los incendios infernales

te sepulten, mal asombro,

y tú, Pascual, no te espantes,

que Dios te asiste y ampara,

te aseguran sus piedades

hasta que a tu casa llegues,

previniendo a tus lealtades

la corona que mereces,

pues con breve das notables

iras, a gozar el reino

de eternas felicidades.

Vuela.

San Pascual.

Aguarda, espera, detente,

no tan ligero te apartes

de mis ojos, ¡qué dulzura!

¡qué bien, qué favor tan grande!

Sarabato, vamos luego.

Tarabato.

Yo no quiero.

San Pascual.

¿Vengan males?

Tarabato.

¿Por qué?

San Pascual.

Porque también

por mí ha de venir un ángel

con subida ligereza

y me ha de decir que marche,

que yo no soy algún puerco

para que así me dejasen

sin decir oste ni moste

volando por esos aires;

pero no sea que vuelva

aquel cara de vergante

con su lanza y el pellejo

justo o no justo me pase.

San Pascual.

Vamos, y a Dios gracias demos

de la merced que nos hace.

Tarabato.

Vamos, que en llegar al pueblo

quiero mojar el gaznate.

Vanse y salen Anarda y Dominga y Gemano.

Anarda.

Ya que de tanto obstáculo

el duro, arrugado ceño

venció mi porfía amante,

permite, amor, que mi intento

Pag. 47

Anarda.

que algún descuido pequeño

prende fuego en una casa

y que afligido su dueño

las alhajas que tenía

más guardadas en secreto

a la calle las arroja

porque el voraz elemento

no las reduzca a ceniza,

y cuando parece medio

para librarlas cruel

las expone a mayor riesgo,

o rompiéndolas al golpe

o su dominio perdiendo?

Así yo de mi recato

tuve un descuido pequeño,

prendió amor fuego en mi casa,

fue a mis suspiros creciendo,

y mi honor guardaba yo

como alhaja de más precio;

y porque no peligrara

al rayo, a la llama o fuego,

quise sacarle de casa,

y cuando a buscarle vuelvo,

o le busco más perdido

o hecho pedazos le encuentro.

Pag. 48

Anarda.

Y así vamos poco a poco

a Villareal porque intento

la acción más desesperada,

el más infame remedio

que una mujer de mis prendas

puede elegir, suponiendo

que ya la razón perdida

ni repara con los riesgos

ni con perder el recato

ni aun con la vida, creyendo

que si he perdido a Pascual

todo lo demás es menos.

Dominga.

Vamos, señora, que a mí

no me toca dar consejos

sino tan solo servirte;

pero que adviertas prevengo

a los riesgos que te expones

para que evites los riesgos.

Vanse y descúbrese una portería de convento y sale Garabato.

Tarabato.

Gracias a Dios que con vida

a este convento me veo,

en donde pueda mi hambre

vengarse de aquel estrecho

ayunar que en el camino

he pasado, no comiendo.

He aquí, ustedes, que voy

empezando a dar bostezos,

y antes que al coro, mi hambre

va a la cocina primero;

allí encuentro yo los nabos

como si fuera en Adviento,

más gustosos que un chorizo

y más blandos que un buñuelo.

Voy aflojando el cordón,

porque, como están soberbios,

el vacuo in rerum natura

me va llenando de viento.

Para principio me como

cuatro mil pares de huevos,

y no hay que quitarme uno,

que reñiré con San Pedro.

Los unos los hago asados

con un calorcillo lento,

porque queden sazonados

sin que gaste mucho fuego;

los otros cojo y ablando

con siete hornos que tengo

prevenidos para el caso,

y los otros voy haciendo...

Pag. 49

Tarabato.

un bigote, un estofado

y un capirote tan hueco

que puede servir al grado,

de un bachiller de mi tiempo.

Saco mi quitapesares,

me pongo como un flamenco

la cara de tabardillo,

y de modorra el celebro;

esto es vivir y no andar

huyendo de riesgo en riesgo.

Aquí el ciego me amaga,

allá me casca Lutero,

Calvino aquí me provoca,

y por remate de cuento,

no hay tal vida como ser

un Sarabato portero.

A todas horas Pascual

con los cilicios severos,

con la continua oración

y la abstinencia haciendo

una viuda de su vida,

que es peor que la de un suegro.

Pero, ¿qué es esto, ay, señores?

Embozadas tenemos;

cuánto va que el Sarabato

se vende por seis dineros.

Salen Anarda, Dominga y la Lujuria tapada, que esta se ha de convertir en olmo y ha de verse la efigie de la muerte a su tiempo.

Dominga.

Pues, ¿no reparas, señora,

que te pierdes sin remedio?

Anarda.

No me aconsejes, Dominga,

que más contigo no puedo.

Aparte.

Lujuria.

Muy bien discurres, Anarda,

que quien se ve sin consuelo

no ha de reparar en males,

en ansias, penas y riesgos,

para lograr sus ruinas,

tan locamente aconsejo.

Tarabato.

Ahora bien, póngame grave,

y en el andar circunspecto,

Deo gracias, hermanas mías,

¿qué buscan en el convento?

Anarda.

Díganos a dónde está

su hermano Pascual.

Tarabato.

Yo creo

que está en el coro rezando

por el alma de mi abuelo.

Pag. 50

Tarabato.

que en su primera edad

fue muy bellaco ventero.

Anarda.

¿Cómo, a la obediencia falta?

¿No es el hermano portero?

Tarabato.

Sí, señora, pero ahora

está la casa entendiendo,

y a mí me la ha encomendado

mientras que reza el salterio.

Anarda.

Pues mire que he de hablarle.

Tarabato.

¿Le ha de hablar vuestra merced en secreto?

Anarda.

Con muchísimo.

Tarabato.

Pues diga

lo que le quiere.

Anarda.

No puedo.

Tarabato.

Si es hacer algún milagro,

dígalo, que yo iré a hacerlo.

Dominga.

Vaya y llámele, ¡oh, buen padre!

Tarabato.

Su nombre digan.

Dominga.

Es un necio.

Anarda.

Diga que quieren hablarle

en cosas de mucho peso,

y no le diga más.

Tarabato.

Si es esto,

y se descubra un poquito

de su cara, yo me pierdo.

Con esta tentación, ¡Jesús!,

hacerme cien cruces quiero,

que en acordarme del Diablo

apenas respirar puedo,

que es una figura horrible.

Voy y le aviso al momento.

Anarda.

No ha de resistirse ahora,

porque es el último esfuerzo

de amor que en mí ha achacado.

Se va por puntos muriendo.

Lujuria.

Yo le induciré a que caiga

en este torpe deseo.

Dominga.

Al ver las resoluciones

voy cubierta de un velo.

San Pascual.

¿Qué se les ofrece, hermanas?

Anarda.

Decirle mi sentimiento,

y lo mal que me ha tratado,

pues la cara encubriendo

está ahora. Mis pesares

consigan lo que no es nuevo.

Anarda soy, que he vivido

de tus amores muriendo,

y por huir de mi halago

Pag. 51

Anarda.

fue tu retiro el convento.

Pero ahora...

Va a abrazar al Santo

San Pascual.

No, profana,

manches el sacro respeto

que debes a este lugar,

y en nombre del Dios te advierto

reprimas de tus locuras

los bárbaros devaneos,

antes que Dios ofendido

de tan crueles intentos

corrija tus sinrazones

con el fuego del infierno.

Anarda.

Estatua sin ánimo, helada,

apenas respirar puedo.

Demonio.

¿No advierte, hermano Pascual,

que no merece desprecios

Anarda tan excesivos?

Alíviele sus tormentos,

dele siquiera esa mano.

San Pascual.

Se la daré para el cielo,

si Dios me asiste y ayuda,

dando a mis voces acierto.

¿Es posible, Anarda, que

haya de vivir tan ciego

tu frenesí, loco y vano,

que te olvidas de los fueros

del honor? ¿Ya que de Dios

no te oprime lo severo,

quién soy yo? ¿Sabes quién soy?

Pues soy un vil esqueleto,

hijo de la podredumbre

y de la miseria nieto.

Mira por quién has dejado

aquel apacible rango,

donde todo es paces, gustos,

felicidad y recreo.

¡Oh, y qué, si ya hubieses logrado

de tu pasión los excesos!

Sería más que un vil humo

que se pasó en un momento,

y por él te quedaría

la eternidad del tormento.

Pues si tan presto se apaga

un momentáneo deseo,

que aún no empieza a ser halago,

cuando da pasos a escarmientos,

¿cómo buscas un castigo

y dejas un bien eterno?

Anarda.

Yo, Pascual, sí, porque el amor...

Pag. 52

Anarda.

de turbada hablar no acierto.

Descúbrela.

San Pascual.

Y para que el desengaño

alumbre tu entendimiento

y del engaño en que vives

conozcas mejor los riesgos,

esta que en nombre de amiga

fomentaba tus tropiezos

llega y mírala la cara.

Anarda.

¡Ay, Jesús! Pascual, ¿qué veo?

Yo estoy muerta, ¡ay de mí triste!

Domingo.

Yo estoy temblando de miedo.

Anarda.

Pues, ¿cómo yo en este engaño

pude vivir tanto tiempo?

Apenas la voz animo,

sin mí estoy, sin alma quedo.

A Dios he ofendido mucho,

su piedad no merezco;

ruégote que tus oídos

escuchen hoy mis lamentos,

y que las lágrimas doy

en sacrificio más cierto,

cieguen mis ojos llorando

de sus lágrimas haciendo

un mar en que de mis culpas

se lave el borrón más feo.

Haya en mí piedad, Señor,

que ya mis culpas confieso,

no os valgáis de vuestras iras,

que aunque sé que las merezco,

en vuestras misericordias

os buscan mis desaciertos.

Pequé, Señor, escuchad

la ansiosa voz de mis yerros,

y pues me habéis esperado

con mis vicios tanto tiempo,

ahora vuestra bondad

oiga mi arrepentimiento.

Yo de vos me aparté, Señor,

por un loco devaneo,

siguiendo de mis errores

escandalosos tropiezos,

pero ya desengañada,

y arrepentida a vos vuelvo.

Admitidme como a Padre,

y sean mis escarmientos

del naufragio que he corrido

la tabla en que llegue al puerto.

Y vos, varón prodigioso,

Pag. 53

Anarda.

rogad por mí, que con eso

aseguro de mis culpas

perdonados los efectos.

Y para que se conozca

que es mi dolor verdadero,

si os parece, voy de aquí

a ponerme en un convento

de esta religión sagrada,

donde llorando y gimiendo

borre de vida tan mala

tantos lascivos defectos.

Dominga.

Y pues yo por tu criada

ayudaba tus intentos,

con desengaño tan grande

contigo ser monja quiero.

Vanse.

Anarda.

No se perdonan pecados

que contra Dios cometieron

los torpes delitos propios

con solos ruegos ajenos;

a Dios ofendiste mucho,

y será dichoso acierto

que de manchas tan horribles

procure el dolor severo

lavar con lágrimas puras

lo detestable, lo feo

de vida tan licenciosa.

Y en lo que yo te aconsejo,

sujeta a la culpa propia

el propio arrepentimiento;

y aunque mala, de mi parte

rogar por ti a Dios prometo.

Sigue el cristiano dictamen,

su religión sea el centro

que a tanto delito injusto

asegure los remedios,

que el Dios que castiga airado

los pecados justiciero,

convierte en eterna gloria

el que era castigo eterno.

Anarda.

Ya que mis ciegas pasiones

esclava torpe me hicieron

del Príncipe de las Sombras,

en las suyas sucediendo

mi duro dolor, revoquen

mis lágrimas el decreto

que contra mí se previno

por el tribunal supremo.

Sea antorcha que me alumbre

hoy de Francisco un convento,

Pag. 54

Anarda.

que son sus leyes sagradas

sus más cristianos preceptos.

Quede la vanagloria

para amantes, que si fueron

criadores los lazos

que mi ruina erigieron,

dar ejemplar a las otras

podrán servir de escarmiento.

Solo a Dios busco, a Dios amo,

y de su justicia apelo

a su gran misericordia;

valga el conocimiento

de que contra ti, Señor,

y pues mi culpa confieso,

logre el perdón que ya busca

mi grande arrepentimiento.

Vamos, Dominga.

Vanse y sale el Demonio y los Vicios

Dominga.

Señora,

seguir tus pisadas quiero,

porque a mí también me alumbra

la luz del conocimiento.

Demonio.

Pues ¿cómo, infames traidores,

no teméis de mi tormento

el rigor que os amenaza?

Ese que respira incendio,

Pag. 55

Demonio.

Si aun así venció constante

su valor, ¿qué sentimiento

te puede quedar conmigo?

Soberbia.

Si eres príncipe supremo

de los vicios, y has quedado

vencido, ¿cómo podremos,

cuando tú no logras triunfos,

lograr nosotros trofeos?

Avaricia.

Si por ti vive en nosotros

el valor y el ardimiento

y eres tú quien nos anima,

nuestro no, tuyo fue el yerro.

Demonio.

No tan solo de vosotros,

aun de mí mismo me quejo.

¡Los cielos sobre mí caigan,

sepúltenme los infiernos!,

pues una vil criatura

ultraje es de mis alientos.

Pero aun me queda recurso

a este dolor que padezco.

Venid conmigo, ¡ay de mí!,

que está Pascual tan enfermo

que ya en su vida fluctúan

los parasismos postreros.

Ahora es tiempo a penares

que se haga el último esfuerzo

para que mis males logren

a tanto dolor consuelo.

Ángel.

Vamos luego, porque yo

también asistiros quiero,

y hacer que pierda en un punto

lo que logró en tanto tiempo.

Los tres.

Vamos, que más vigilantes

hoy todos te asistiremos.

Sale Sarabanda.

Tarabato.

¡Ay de mí!, ¿qué me sucede?

Yo pierdo el entendimiento.

Lágrimas mías, salid.

Pero estos ojos que tengo,

aun para llorar no valen

las coplas de don Gaiferos.

Pero el no poder llorar

la causa es, según infiero,

que las lágrimas son agua,

y como yo no la bebo

no encuentra el dolor de qué

las pueda formar, y creo

que si lloro será al agua.

Pag. 56

Retírase y sale el Ángel solo cantando.

Tarabato.

que ofenden a los taberneros,

grave mal, desdicha grande,

que se esté Pascual muriendo

y que yo no me ahorque al punto

para irme tras él al cielo.

Hola, pero esto de ahorcarse

no es muy cristiano remedio

y han de quejarse de mí

el gaznate y el pescuezo.

Grave dolor de costado

está el pobre padeciendo,

y su paciencia no toma

más alivio que el remedio

que le dicta lo cristiano

de su cristiano deseo.

Su paciencia es de paciencias

tan sin ejemplar ejemplo

que si otros de su mal huyen,

está de su mal contento.

Pero ¿qué dulce armonía

suspende el vago elemento?

Sin duda que le festejan

los cortesanos del cielo;

aquí quiero retirarme

por si acaso lograr puedo

ver de sus felicidades

el más dichoso trofeo.

Ángel.

Virtudes hermosas,

al triunfo feliz,

siguiendo mis voces,

gustáis venir.

Corred, llegad,

que os aguarda el abril,

las luces del cielo, del campo el carmín.

Las tres.

Tus pasos seguimos,

por nuestro adalid,

buscando en las voces

las sienes ceñir.

Ángel.

Pues ya que las huellas

sagradas seguís,

en voces afables

conmigo decid:

A cuatro.

Corred, llegad,

que os aguarda el abril, etc.

Tarabato.

¡Ay, qué hermosos angelitos

se van viniendo hacia aquí!

De gozo estoy que reviento.

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Tarabato.

pues he merecido oír.

A cuatro.

Corred, llegad,

que os aguarda el abril, etc.

Ángel.

En forma invisible quiero

que se corone la lid,

que contra los vicios torpes

tanto tiempo ha que siguió.

De la vida de Pascual

llegó el decreto, dirá el fin,

y empezando eterna vida

la caduca ha de morir.

Y conjurados los Vicios,

pretenderán conseguir

en sus últimos alientos

su último frenesí.

Por lo que yo, puntual,

he querido prevenir

seáis vosotras primeras

y últimas en el rendir;

por lo que mi voz ansiosa

os dijo en cláusulas mil:

A cuatro.

Corred, llegad, etc.

Caridad.

Que ya el amor de Dios

no cabe dentro de mí.

Castidad.

A tus voces obediente

intentaré competir.

Humildad.

Con el Príncipe amoroso

de aquel eterno zenit,

también nosotras constantes

ofrecemos desde aquí

el ser en servicio tuyo,

quien mejor te sirva a ti.

Sale el Demonio con los Vicios.

Demonio.

Ya, ya, lisonjeras mías,

llegó la hora en que intentan

satisfacción mis agravios;

y aunque mi ambición sedienta

llore la vida que busca,

logre la muerte que espera.

Y puesto que os animan

invisibles apariencias,

como a las virtudes hagan

las astucias lisonjeras

que sirvan de precipios,

porque yo el dolor no sienta;

y aunque mi enemigo airado

las escuadras, severas

las iras logren estragos

donde los triunfos esperan.

Y tú, que al dolor que sufro

fabricas dura cadena,

si imaginas que el valor...

Pag. 58

Demonio.

¿Desmayas y titubeas?

Te engañas, si ansí lo juzgas,

antes, con industria nueva,

los triunfos que he perdido

quiero cobrar, las banderas.

Ya Pascual muere, y agora

verás de mi inteligencia

que, si a costa de nosotros

fue Pascual mi indigna afrenta,

he de cobrarme en su daño

nuestras victorias severas;

de los vicios asistido,

haré que desta carrera,

si fue feliz la distancia,

sea el término tragedia.

Ángel.

No sabes, horrible monstruo,

que hallarás mi heroica diestra

tan constante a tus engaños,

tan valiente a tus cautelas,

que, con el castigo airado,

llores y no te arrepientas,

por más que airado respires,

pues que serán las primeras

Soberbia.

que de su alcázar heroico

despeñó mi soberbia?

Tarabato.

Aquí ha de haber gran batalla,

sí, que Dios no lo remedia.

Ángel.

Aunque ella por sí dominar,

tu horrorosa citación ciega

causa así que es mucho más

tal vez lograr tus laureles,

por el varón en que avivan,

que tú nunca fíes dellas.

Pero Pascual es constante

varón, en donde se elevan,

porque procura guardallas

allá a la sublime esfera

donde las luces y rayos

siempre alumbran, nunca queman.

Demonio.

Pues, al certamen, virtudes.

Ángel.

Pues, vicios, a la contienda.

Demonio.

Diciendo, entre horror y espanto.

Ángel.

Diciendo, en nobles cadencias.

Todos y músicos.

¡Al arma, al arma, que es guerra!

Y sean mis victorias

el triunfo más feliz de mis diademas.

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Tarabato.

Mucho me holgaré de ver

esta ingeniosa pendencia,

si alguna bala perdida

aquí donde estoy no llega.

Descubre el Santo sobre una pobre camilla un crucifijo en las manos.

San Pascual.

Señor, que por mis culpas,

roto el amante pecho,

hiciste mar undoso

en que lavar mis yerros.

Escúchame piadoso

los últimos alientos

que son de toda un alma

que os busca noble incendio.

Si a costa de una vida

rompió mi cautiverio

vuestra bondad sagrada,

¿no querrás, dulce dueño,

que pudiendo en mis ansias

vivir de un noble afecto,

vivir de solo amaros,

me muera de perderos?

Las espinas agudas

que os rompen el cerebro

son solo mis pecados,

más que no ellas, fieros.

Soberbia.

Pues, dime, ¿no conoces

que tus virtudes fueron

fragantes, dulces flores

que a Dios nunca ofendieron?

Humildad.

Mira lo que del justo

escribe el sacro texto:

tú eres frágil barro

que se lo lleva el viento.

San Pascual.

Así es, que ya conozco

que este mortal imperio,

ceniza y polvo es todo,

y aun polvo lisonjero.

Si algo bueno hice,

a vos, Señor, lo debo,

que no da tan buen fruto

el árbol que está seco.

Sin vuestro auxilio sacro,

el alma está sin riego,

pues ¿qué pudiera daros

sin agua mi aniego?

En mi pobreza humilde,

rico tesoro encuentro

en vuestras dulces llagas,

que púrpura vertieron.

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Avaricia.

No alegues tu pobreza,

que nunca pobres fueron

los que dejar por Dios

riquezas no tuvieron.

San Pascual.

Es verdad que mis padres

de su caudal pequeño

apenas alcanzaban

el mísero alimento.

Pobreza.

Pero de un desengaño

bien grande los desprecio,

Pascual, de pobre insigne

te dan los privilegios.

San Pascual.

Mas porque se conozca

que solamente anhelo

a morir pobre y desnudo,

el hábito que llevo

dejaré y por otro

pues que veo

que me dais fiel doctrina

rasgadas, y en el pecho

Demonio.

Pues vayas para cuando

los guarda ahora los Cielos

que lleve los castigos

buscando los trofeos.

Ángel.

Aun no te desengañas,

pues a tu heroico ejemplo

aun hace ver acciones

que aviven tus incendios.

San Pascual.

Hoy por mis enemigos,

Señor amante, os ruego;

perdonad sus pecados,

no permitáis que ciegos

de los auxilios santos

la luz vayan huyendo.

Lujuria.

¿Te acuerdas los ultrajes

que a tu persona hicieron,

que las indignaciones

te dieron por recelos?

Ruega a Dios que castigue

sus bárbaros excesos,

que es acto de justicia

el castigo severo

que da Dios a los malos

por sus pecados fieros.

campeones invictos que el mundo no llevó mas que lo que me sirve a mis funestos encierros

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San Pascual.

El juzgar no me toca

los pecados ajenos,

el perdonarles solo

les toca a mis afectos.

Caridad.

Al prójimo por Dios

has de amar atendiendo

que son hechuras suyas

los que en el universo

dan a los beneficios

desagradecimientos.

San Pascual.

Es verdad, sois mi bien,

mi norte verdadero;

sois en vuestras acciones,

y cuando al Padre Eterno

ansioso le rogabais

perdonase los yerros

de vuestros enemigos,

me diste fiel ejemplo

para que yo os imite

en lo que errar no puedo.

Pero ¡qué tristes ansias!

Apenas los acentos

puede formar la voz.

Dadme, Señor, esfuerzo,

para que en vuestra gracia

este mísero aliento

empiece nueva vida

y acabe la que tengo.

¡Oh Corazón amante!

Recibe los incendios

que en gratos sacrificios

os reconocen dueño.

Por lo que merecéis,

por lo mucho que os quiero,

porque me habéis criado

y redimido, ¡ah, Cielos!

son pulsos las acciones,

ya casi hablar no puedo;

a lástima os provoquen

de aqueste mortal feudo

las pasiones sensibles,

mirad que yo no tengo

otra que la esperanza

de que por mí habéis muerto.

Tenéis para abrazarme,

por la piedad, abiertos

vuestros divinos brazos,

y entregándome a ellos,

os digo confiado,

no en mis merecimientos,

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San Pascual.

Sí, en tus misericordias

y las de aquel lucero

que ilustran los mortales,

que alumbra todo el cielo,

nuestra madre piadosa,

hija del padre eterno,

que en tus divinas manos

mi espíritu encomiendo.

Demonio.

Ya de mis desengaños

llegó el conocimiento;

¡malhaya mis astucias,

pues cobardes se vieron!

Solo para los daños,

solo para escarmientos,

la tierra infiel, caduca,

sepúlteme en su centro,

y vuelvan mis congojas

a rigores más nuevos.

Húndense

Vicios.

Y contigo nosotros

sepultarnos queremos.

Ángel.

Y pues que ya por nosotros

ha quedado el vencimiento,

subiendo a la corte santa

su espíritu puro y bello,

digamos cantando alegres

en apacibles conceptos.

Suben en una apariencia los ángeles el alma del santo

A cuatro.

Sube dichoso Pascual

a gozar del bien eterno,

coronando tus virtudes

de Dios los rayos inmensos,

en donde goces feliz

hoy sus favores eternos,

convirtiendo en alegría

de tu penitencia el celo.

Tarabato.

Y aquí tendrá fin dichoso

de Pascual Bailón los hechos.

Si el poeta no supo

encontrar con el acierto,

lo que ha errado la ignorancia

por lo torpe de su ingenio,

súplanlo esta vez animosos

la devoción, perdonéis.

Finis laudem Dei Anno Domini En Palencia 1694 En 24 de mayo

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Voz no identificada.

en la blanca, hermosa esfera,

mansión luciente de rayos,

hallarás de un amor puro

los más heroicos milagros.

Amor que, entre sus ardores,

de incendios volcán sagrado,

respirando en blanca nieve

oculta el fuego en sus ampos.

Memorias de su pasión

está aquí representando,

y el quedar tan blanco ha sido

porque quedó desangrado.

Fineza fue de Dios hombre

morir por un vil esclavo,

mas fineza de finezas

fue quedar sacramentado.

A quien el Cielo y la tierra

fueron corto y breve espacio,

por fijar en los accidentes

todo lo inmenso ha estrechado.

Por el hombre dio la vida

muriendo a un tiempo y matando,

que triunfar con el morir

fue en lo divino lo humano.