Texto digital de Nuestra Señora de la Varga de la villa de Uceda
Data de publicação: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Nuestra Señora de la Varga de la villa de Uceda. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/nuestra-senora-de-la-varga-de-la-villa-de-uceda.
NUESTRA SEÑORA DE LA VARGA DE LA VILLA DE UCEDA
Jornada primera
Pag. 1
Nuestra Señora de la Varga en Uceda. Uceda. Auto.
Desdichas, ¿qué puede hacer,
ya de España la invasión
fiera, hasta Uceda ha llegado?
La muralla ha asaltado
el enemigo escuadrón
de Tarfe, que es general
de aquesta fiera conquista.
No hay que hacer revuelta,
tiene saqueado el arrabal.
Pues adiós, señora,
que allí me llama mi fama,
cuando aquí tu amor me llama.
Repara, prudente, agora
la diferencia que habrá
de honor y de amor, en mí,
cuando tan noble nací,
y cuando en tal trance está
mi patria.
Don Diego aguarda,
y ampara aquí con valor
a mi honor.
Es ciego amor
que al más valiente acobarda,
cuando da el honor ejemplos,
y ansí mi valor se avisa.
No es bien que le compita
a amor con flacos pertrechos.
Señor...
Del arma el apremio,
que a mi infamia me advierte.
Vase.
¡Ay, mi bien!, temo mi muerte.
Otra desdicha temo,
que como solo entre brazos
el brío de Uceda feroz,
temo que los de mi amante
serán los últimos lazos.
Mira si temiendo tanto
quedaré sin ti afligida.
Salen Tarfe y Setud sultana y moros.
No ha de quedar hombre a vida,
por Mahoma sacrosanto,
que desta canalla infame
tan ofendido me hallo,
y solo está mi contento
en que su sangre derrame.
¡Cielos!, ¿por qué nos combate
con batalla tan tirana?
Dale muerte a esa cristiana;
mas detente, no la mates
y llévala presa.
Ahora.
Porque desta vil canalla
saldrán muchos a libralla,
y en todos me vengaré.
Muerte será para mí
su prisión por varios modos.
Pues en dando fin de todos
también le daré de ti.
Moriré alegre y ufana,
que a cualquier mal voy dispuesta.
La primer mujer es esta
que muere de buena gana.
Llévala.
Vamos, mi sultana bella.
Ya te sigo.
Vase.
Desta vida,
sabes que la mía se acrisola
como del cenit la estrella,
y a las veras muestras,
que eres descendiente heroico
de mil luceros afectos,
en cuyos valientes hombros
toda la máquina estriba
de tus muros, y destrozos,
que ocasionando asombro,
con ciego furor, y enojo
la invasión de toda España,
que pensó llegar al polo;
y cuando por otra causa
yo no la intentara, solo
por quitar de aquesta villa
un santuario, y abuso,
que de España se aventaja
de una virgen con exceso;
la nombro, y de la Varga
es su apellido dichoso;
no afloja tú, más contenta,
del orbe sus ruidos locos.
Pag. 2
Con mis guerras intentan
reducir a leyes, godos,
la secta de Mahoma
entre el alarbe y el moro,
gentilidad con el indio,
herejía en los contornos
de Flandes y de Alemania,
Luzbel en los sacros coros
de este celestial Olimpo,
y Lucifer en el trono
de mis intentos locos.
Y aquesta ocasión escojo
para vengarme del hom-
bre, y en él de su Hacedor propio,
pues a mi furia incitan
aun los celestes polos.
No basta verme arrojado
de ese soberano emporio
cuando mi silla creí
poner en su imperial solio.
No basta verme hecho esclavo
del hombre, vil barro y lodo,
y él colocado en mi asiento,
por mejor no, mas dichoso.
No basta, digo, haber sido,
con desprecio y con oprobio,
desterrado tantos siglos
de mil reinos poderosos,
adonde espantantes bultos
fui adorado, ya en Apolo,
ya en Marte, Mercurio o Venus,
sino, ya porque el dolo
haciendo mil abusiones
en España por mil modos,
de sectas he introducido;
pues mezclado con el moro
y cristiano, bajo su nombre,
dé resabios, aunque el modo
sea con capa de piedad,
y jueces, ministros del dolo,
Juez de Mozárabes, sabio,
sino salgo mentiroso,
intento con el tiempo hacer
que él es quien lo muda todo.
Solo esta Varga prohíbe
con sus milagros, mis logros,
con sus propios misterios,
pues como a Dios presuponen
ese velo azul no empaña
y esos efetos no nombro,
como la tierra nos cubre
de glorias, de horror y asombros,
que no se consienta a Dios
con que congoja lo lloro,
con que suspiro y digo,
y con pasión, con enojo,
de haber dejado al hom-
bre, en manjar único y solo,
por quien se da el hom Dios,
y él es el hombre propio.
No se contenta en mi afrenta,
ni se contenta tampoco,
que la imagen de su hijo
reverencie el mundo todo.
No se contenta haber hecho
tanto sacramento heroico,
tanto divino asombro,
ni que con igual decoro
un palo se reverencie
un tiempo infamia y oprobio,
hasta honrarle con su sangre,
sino (¡ay de mí!) con sonrojo,
obre por él maravillas,
mas no es de asombrar de todo,
y mal saben que colgado
que coronó de despojos
el Cielo hace una hechura,
un palo de roble apodo
se corren de una vil mano
un rasgo de un pincel tosco,
una pintura en tabla,
una que altera penoso,
en bosques de confusión,
una sombra de asombro,
que reverencian aún más
el hombre, vano y loco.
La adoran en los altares,
ya oráculos fabulosos,
y maravillas depuestas,
afectos angélicos,
da el alma, dando asombros,
Mas vientos, raudos y locos,
de rabia broto, ciego suspiro,
y en asombro, rayos formo,
finja
que una mujer me haga guerra,
o cómo se cumple, o cómo
en la cabeza experimento
las amenazas y oprobios
que de la boca escucho
de Dios; a las plantas, asombro,
tanta altivez y soberbia,
tanto brío, tanto trono,
de vanidad, tanta pluma,
de presunción, tanto tono,
tanta beldad y hermosura,
a lo que más (riesgo, arrojo),
tanta ciencia, pues compite
con el arquitecto Dios,
de esta luminar esfera:
qué rumbo del cielo ignoro,
a qué cometa no encaro,
a qué planeta no informo,
qué mineral no refino,
qué centro del mar profundo,
sin mi aljófar forma perla,
qué virtud de planta o monstruo,
que a sus efectos no asista?
Qué línea de un polo al otro,
no fatigo, no examino?
Qué paralelos no exploro?
Qué cenides se me esconden?
y todo me importa poco,
pues deshechas se ven,
y que inventa causas, nuevos modos,
de irritar más mis enojos,
y de aumentar el despojo
espíritus de los hombres,
pues con hechos milagrosos,
mis asechanzas deshace,
mis tramas reduce a polvo,
mis ardides amedrenta,
caliginoso desvelo,
embargos asesta y deja,
mis esperanzas sin fruto,
mis deseos sin efeto,
y mis audacias sin logro.
La Varga, oh, Varga, se escapa,
de un piélago de asombros,
hizo tal vez naufragar,
del cielo, con nueve coros,
La Varga, oráculo invicto,
al que al cristalino imperio
con sola mancha sorda,
zozobrar hizo a un escollo.
La Varga, oh barca sagrada,
de un león rugiente, o un toro,
que se formó de las olas,
no teme la presa y dolo.
Una barca, de favores,
el cielo levanta en hombros,
para encerrar en su nicho
tanto sol, tantos asombros.
Tanto esplendor, rayos, oros,
tanto candor, pomas, pomos,
qué Varga es aquesta, ¡Cielos!
por quien tal fuego deshojo?
Por qué encanto, o por qué asombro,
por quien tal aliento, y ahogo,
si a la Varga, o barca admiro,
Distingo unas letras, si leo,
Si es la que guarda a Noé,
del diluvio proceloso,
cuando ocultó, no mintiendo,
el borrón del mundo todo?
Si es la que a Moisés libró,
de aquel bando riguroso,
que Faraón mandó hacer,
para extinguir disimulos,
al nombre hebreo? (¡Ay!)
Pag. 3
la nave por los golfos
deleitoso el bando vil
y triunfo al hombre dichoso.
Pues todo lo he escrito
que bien se llana con dolo,
que bien con penas lo advierto,
que bien con rabias lo lloro.
Pues, Barga, si me atormentas,
yo te quitaré a los ojos
del hombre, si aprehende
la gloria de que despojo
a Uceda de tus favores.
Lograré en tu mal mi antojo,
quitaré al cielo su gloria,
turbaré el celeste globo,
y aun en ti me vengaré
y agora tu altivez postro.
Todo el tiempo que en mi cuello
calcé tu coturno de oro,
haciendo que aquesta Barga
sea desde hoy tu mausolo,
y lo quitaré, y aquesta vara
de Aarón, a que su cogollo
de la zarza que florio
ardiendo frescos favonios.
A esta rosa de Jericó,
de su corona, del pimpollo,
la rama inextinguible
del plátano y cinamomo
que al mundo dio Dios, no falten
tantos cultos y elogios
y tanto celeste encomio.
Valga lo que a mi pesar
en aquel empíreo trono
perdí, y le están cantando
en alternativos coros.
Tanto divino tesoro,
tanto rezo, señor canoro,
tanta copla acordada
y tanto instrumento heroico.
Sale el sacristán con la imagen de la Virgen.
Ya que la villa está entrada
del moro, y muchas ciudades
lo están por nuestras maldades,
y sola reservada
sea de la fiera invasión,
pues el muro opones de
los cielos, no forméis queja,
madre de consolación,
de no llevaros conmigo,
que tiene de resguardo,
y cuanto se saca sin saber
si acierta a hallar conmigo.
Hoy al salir temo agora
mil sacrilegios comete,
como ellos sus ritos miden.
Mas es de mis culpas paga,
aquí detrás de este altar
pienso que un nicho ha de haber,
que el arca tiene de ser
que al mundo ha de reservar.
Este precioso tesoro,
siendo nave de Noé,
pues ella es barca que no
ha de sumirse, que ignoro
debe de estar corrompida
la clavazón, sea lo que fuere.
Cuando parezca a quien quiere,
podéis, Virgen escogida,
a algún tiempo a vuestra igle-
sia de cristianos volver,
sus templos a enriquecer
y desterrar sus altares.
Barca de Barga os dicen,
nicho santo y soberano,
pues de la bárbara mano
aquesto os ha de defender.
Una lámpara de faro
que sirva, que os alumbrará
pues siendo vos Sol, tomará
rayos de luz más claros.
Una arquilla me excusa,
pequeña es pero no importa
que no esté en decoro a costa,
abreviado Dios, pues crece
con divinísima virtud
todo, y quien guardó a el fuego
a aquel pueblo cautivo y ciego.
Mientras en los claustros
estuvo, le guardará
mejor que no a su figura
luz al altaraque y mesura.
Pero ¿quién me ayudará
a arrimar el nicho?
Yo.
¿Quién eres, bella señora?
Quien la misma causa lloro,
que de rabia deja a do
aqueste.
Sálvate, yo pondré
en parte a do se asegura
esa divina escultura
y divina pronuncies.
Note que vuelva al nombrar
a mi enemiga sentencia,
mas que quiere Dios que esta
de sus contrarios se honre.
Sin duda algún ángel eres
que aquí el cielo ha trazado,
a nuestra ciudad sagrado
de refugio y guarda quiero.
Esta peregrina bella
que por forastera de lito
va huyendo con su hijo a Egipto
y de Herodes se destierra.
(Aparte)
Yo quedo
que con su presto en libertad.
Templo de la Trinidad,
palma, vid, lirio y cien
quedad con vos, y a Dios
está en vos, muy bien quedáis,
ricas dondequiera que estáis.
A Dios, fiando de vos.
(Aparte)
Curioso lance. Ved que
no venga el moro.
Señora.
Claro sol, que a nuestra aurora
lo quitara, a mi pesar,
que trago, mas no me dejes.
(que fuego exprimo)
Vete a callar
por los ojos.
A el ánimo
de promisión, en poder
del fiero enemigo dejo,
con que de irme
acabe.
La Barga en su barga está,
la luna hermosa en su espejo,
y la lámpara que dé
luz a la madre del Sol
guarde.
Siempre el cristiano a fe,
así como duro fiel
en tomar cosa liviana,
es protervo y pertinaz,
y guardarla.
Queda en paz.
A una hermosa soberana
llegando que padre hizo,
que otros tiempos más dichosos
una invención generosos
celebren suntuosos.
(apenas ha creído, ay)
Vete
a Dios.
Quiera la prima deidad bella
que me suelta, serme ha con cle-
mente polo de aguas vivas,
a Dios.
Qué porfía tan poltrona,
con barca o no despuntar,
en que poder navegar
al cielo, o farol de oro.
Haré en que mi ofensa cese
pues la deja en mi poder
a Dios has de reponer.
Pag. 4
quitásele la corona
quitásele el niño
(a cielos)
A mi envidia corona
mas el cielo no consiente
que insignia se representa
beldad, padezca afrenta
aun cuando mi envidia lo intente.
Serenos santos corales
de quien adornada estáis.
No tenéis menester, pues dais
luz a claustros celestiales,
y el hijo que en vuestros brazos
tenéis, que cual sol parido
el alba madre le disteis
le veis y a quien en pedazos
como la corona, no,
y el hijo rompe entre piedras?
Mas, ¿qué mucho, si imitáis
al padre que le ha engendrado?
O quien, como en la hechura,
puede vengarse, pudiera
ser la imagen verdadera
de la celestial escultura.
Mas, pues de vos mi cabeza
quebrastes, con qué brava
furia, mi sed pondrá
en vez de vuestra grandeza, hoguera,
que en su inmóvil pie
está una estatua de hielo,
y cuando es más fiero,
que un vasallo no me ofenda.
Para vengar mi dolor,
para detener mi furia,
cielos, hoy no consentiré injurias.
Madre, es de la de Dios favor.
Que una hechura de madera
vil, a mi rabia se oponga,
que el cielo en ella hoy ponga
toda la luz de su esfera.
Que una sombra, un oscuro
baste a asombrar el infierno,
que todo de fuego eterno
contraste así, ¡oh Dios duro!
Si de la que es la mujer
que vio Juan del sol vestida,
quiero que su ser se pierda
para poderla ofender.
La zarza que Moisés vio
arder sin quemarse, ha sido
del hijo la que ascondió
fuego, mi ardor no le asombra.
Mas no, si a vista del sol,
a mi despecho, la alabo,
si el hijo divino, el clavo,
fue de mi tropa el farol.
¡Ay, qué es mujer valerosa!
Quedó encubierta en su manto
mi altiva voz y arrogancia,
corta, con mano furiosa.
¡Oh, ser divino, feroz,
no sujeta a ley humana!
Pues la vara soberana
dio privilegios, la de
a los justos, fue el juez
del hombre a quien yo dejé
mi rabia os ha de ocultar,
venga el cielo a defender
una causa de mi gloria,
del hijo que venga a quedar,
roca, en en medio del mar,
y monte, que el viento infiere,
quien en el golfo cerró,
llegotará a aquesta roca.
Pero mi mano no afloja
lograr un mayor empleo.
A las bolillas quiero echar
que ella ha de andar tapada
luz, de la eterna inmensa,
rayos no la han de faltar,
pero si os echo un guedo
matar una luz, ¿qué mucho,
si con tal contrario lucho,
armado de tanto miedo?
Mariposa de esos rayos,
pues son mis tornos y giros
contra del valor, suspiros,
contra tal fuerza, desmayos.
Que unos relámpagos,
de mil alientos, desfallecen,
que un valor, que en mí ofenda,
a luz del sol, a maravilla,
a la lechuza intestina.
Obstinada en sus pecados,
tan en tinieblas ha quedado,
que mirar al sol no osa,
con tierra y piedra tapar
la quiero y porque no pueda
el tiempo a veloz rueda
dar a mi asombro rebeles.
Aquí estará sepultado
este divino arrebol,
que, si es sol, ofusca al sol,
mi furia estará eclipsado.
Pero al cielo, a mis partes,
el tiempo, a pesar, descubre,
tapando, cumple un deseo.
Cuando siento más el fuego,
valor condes de Castilla
y por reyes de León
vuelven al primer blasón
sus estados, la cuchilla
española fiera, ahuyenta
los moros de toda España,
ya con grandeza extraña,
en Madrid tiene asiento
el quinto Carlos; Felipe
segundo le ha sucedido.
Pero por tristes, yo
mis desdichas anticipo.
¿Qué se ha de hacer, si por mi cuenta
el año de mil, si era
de su perdición la era
y quinientos y cincuenta,
sobre mil son, enseguida
Dios, desembarque a la Varga
de navegación tan larga
y salga en el paraíso
y se dé a luz en su nombre
de Uceda, pues sus riberas
gozan tiempo de primavera
con tres ríos de nombre
Menor, si de igual decoro,
goce hoy otra vez en su iglesia
esta maravilla tesoro,
a pesar del turco fiero
que, nacido entre los patones,
otras Batuecas tenidos,
cien misterios más profundos
por más glorias, más blasones,
un don Esteban, que a
quien santa simplicidad
vuelva a su antigua deidad
el cinamomo y jazmines,
y a su fe, en lo fanático,
el nombre de hoy en adelante,
y vuelva a poner sus plantas,
la flor de la maravilla
sobre mi frente, que puedo
verse sobre el aquilón,
vuelva a su veneración,
vea el ciego, hable el mudo,
por María, que por no ver
pena de tanto dolor,
volver me será mejor
a mi eterno padecer;
y de fieras rabias hoy
¡fuera de mí!
Abrasá el infierno, aquí,
pues rayo de fuego soy.
Vase y salen don Esteban, Marina su mujer de labradora
Ignoro lo que vos buscáis
en la iglesia cada día.
No es sin causa, mujer mía.
Pues ¿acaso barruntáis
un envidar cajeros, ciego?
No en mis días
cosa cierta
y notoria, sin ser muerta.
voz
Antes quedaréis ciego,
y ciegos tengo de asir
por dos, mis dudos...
Do. nombre de Dios
Pag. 5
No sea el demonio mujer,
que sin ser hombre lo quiera.
Dome un nillo de encina,
y os haga ser adivina
dese trago.
Guarda afuera.
Mas ¿cómo lo podéis
que quedaréis y dar,
faltar a quien responsar?
No os veréis en tal placer.
Pues la mosca el diablo
os tiente, y a muecos
emberrinchado, y noto
dos dedos de ser vocablo.
Dios delante, yo he de ser
viuda por un nigromante.
Me lo dijo
Dios delante.
Malo es, Marina, a mi ver.
¿Malo?
Y más quiero asilla
y que se saque tal vez,
Dios delante, de la nuez
hacer sin ser cabrillas.
Calla, de Dios seas bendito.
Pardiez, que desearé eso,
que menos quisiere yo
ser bendito que maldito.
¿Maldito?
Sí, así lo pruebo;
pues mil veces convidado,
según soy de desgraciado,
cuanto en el jarro hay me bebo,
y si no hay más, alcahueta,
diciendo: "Él no se ha bebido",
maldito seas, yo silo
bien para mí el ser maldito.
Calla, de Dios, y mala
comparación.
Solo a vos
os vala, Marina, a Dios,
que no quiero que me vala.
¿Qué decís?
Muy bien lo fundo.
Y esto lo podéis ver,
pues diz que al que va a caer
va la de Dios y la del mundo.
Y si paso pobre vida,
y desmedrada, y sin
Dios, luego se determina
que he de dar mala caída.
Dios os guarde, de caprichos
como sois; habéis usado
tres leguas de descarado
con honra, o dicho dichos.
Nunca os falta malicia.
Vamos, dijo.
Como a Dios,
así no os falte Jesús,
nunca os falta esa codicia
que está tan introducida
en el mundo, y tan señora,
y a pocos pasos agora
donde no se halle escondida.
Saltas en mi morador,
marido, habéis dado ya.
Y poco aprovechará,
pues no me vale el señor.
No hace el alcalde justicia,
y el asesor no sentencia.
Pues ¿quién?
Solo entra en audiencia
el engaño y codicia,
y agora he meditado
que a la codicia miente,
y una vez no topa,
con la justicia riñe;
y a la justicia armada
de vara, peso y medida,
por hallarse impedida,
hace omisión castigada
con un no, y la codicia
en sagrado se metió,
y así en la presa quedó
ella y su tal justicia.
No se puede hablar con vos.
Ni aun yo quiero me habléis,
pues nunca hacerlo soléis
sin pedirme.
Vámonos
afuera, está el alberca
llena. Y secas las legumbres.
Esto es dar pesadumbres
y gruñir más que una puerca.
Cerebro os lo quitara.
Si se pierde el cebollino,
si se regara con vino,
mejor se subiera allá.
Ciertas plantas produjeron.
Con vino se regaran,
por lo menos no se helaran,
aunque más hielos vinieran.
Pero ¿quién os dijo a vos
que estas plantas quería
regar?
Vuestra bobería.
Solo dos cabos saco;
luego reparme con él.
Dice que quisiera
ahogo
en el cangilón;
pues, luego,
tráeme mejor arambel,
ni gallego, ni alemana;
pues dicen en sus escritos
que es mejor que de mosquitos
ande la barriga llena,
que no de vanos resoplos;
pues esto en Castilla cría
infantes y caballería,
y otros dos mil gusarapos.
Esos son reglas de Baco
y de la borrachería.
tómale
Vamos de aquí
a otra quimera,
a tomar un poco tabaco,
porque es contra la humedad
del agua, y cuando me quito
de aquesto siento infinito.
Dios os lo haga en salud.
Vadefuera.
También yo
tengo los míos.
Como dice allá el refrán.
Que es de nacidos:
Cuando moriscos había
en Uceda, hubo uno dellos
que corrió de los cabellos
de la iglesia a cofradía;
al cual de esto reprehendió
de su secta el alfaquí.
Le respondió mal en humor,
vecino sabéis con él:
Yo soy muy buen cristiano,
sino por mi luengo infierno,
que me hiela en el invierno,
ni calor en el verano
en ella; ahogaos los dos.
Responderos
me ofusca a mí,
pues ponéis en metros
cualquier gerifalte de dos.
Si en Roma un letrado
de Papa fuera proveído,
que a haceros Papa os traen,
a vos desde el azadón,
como al otro del telar,
que así nos lo dice el refrán.
Vamos, y por ventura
en esta iglesia he de hallar...
Vanse, y salen [...]
Dios con
Pag. 6
Entre estas gratas flores
que tributan de Chipre los amores,
De vistosos hibleos,
pompas del Mayo, del Abril trofeos,
reinas del alba,
hacen a tu salida alegre salva.
A quien la azul violeta
de la celosa se hace menos perfecta,
y la encarnada rosa
acredita de grata y vergonzosa,
a la azucena, tímida,
procura competir, mas no se atreve.
Mejor dirás que al prado
gentileza y verdor da aumentado,
pues tu gracia y donaire
ensalza al día, al sol, lisonjea al aire.
La nieve del acanto,
del lirio el esplendor, del alba el llanto,
del tornasol el oro,
pobres matices son, bajo tesoro
para mí; pues tú solo
demás rendido suspirara Apolo.
Retrato la ribera
con tu vista la alegre primavera,
y guijas de oro
son remedo de cielos, y desdoro.
Las hondas balbucientes
de cristal desatado en corrientes
y la dulce armonía de las aves
en canciones süaves
roban el alma, elevan el sentido,
publicando el favor que yo he tenido,
pues con tan dulces lazos
como mi fe se alaba entre tus brazos,
nuevos ecos conceden, vida nueva.
Bien la verdad de tu fe se aprueba,
ay, Licio querido,
como en el alcázar de mi fe metida,
no sientes lo que siento.
Pues de qué es gran favor a mi sentimiento?
No te espantes que sienta, como es justo.
Ver el retrato augusto
de esta más alta y más divina palma,
mi madre y tu señora,
que en nada igualas,
en un nicho escondida,
puedo decir que sepultada en vida,
donde por estos llanos
no oye más que los clamores,
habiendo un tiempo estado asido
ojos del ciego, piernas del tullido,
manos del manco, auxilios del leproso,
pues se ve congojoso
de que falte tan grande intercesora
cuando mi fe sus gracias atesora,
y mi sangre con ella redimida,
el hombre que a sus plantas se ha rendido,
por mi bondad y por su amor servida
y en que padece España sus pecados,
se sume y se arrepiente
y arroja el yugo de la infausta gente
con que el moro la tiene avasallada.
En la invasión de España,
con devoción extraña,
de un leño mío, una fiel hechura
del rosal, de quien rosa,
del puerto, de quien lirio,
del esposo que en celo divino,
de la fiera cerasta, y cruel serpiente,
me saca de mi fundo y Tridente,
pues pretende ocultarla;
y cuando yo determino celarla,
aquel hombre afligido
por tantos lustros de su mal rendido,
privado por ventura,
queda esta ocasión donde parece
a un sencillo hortelano;
el instrumento sea, aunque villano,
es quien la ha de dar a aquesta villa,
tu piedad y amor hace maravilla:
y yendo a ver al labrador,
de aquí le aguardo,
Entra dentro un hombre.
mas escucha, entretanto,
al que de las tinieblas ciego se espanta
como viene a caballo.
Temo, le espero armado, aunque me callo
contigo agora.
Dale un barrón o hecho púas
Sale Liseo de galán (de donde respondió)
Toma este tridente,
y pisarás con él rebeldes frentes.
Hace el sordo
Qué es esto, galán forano?
qué es esto, la diosa de oro,
corre el limpio cristal
y nevada plata el otro,
quien ocasiona cuidado,
(aunque he sabido de todo)
no he de fingir como sordo proceder.
De conocer de este sordo
es voz que dice
los ecos
de aquesa sierra.
Pues cómo
mi nombre sabéis?
Quiero
dejar que hable, aunque tardo
que ahora, pues albedrío
le di libre
es tan notorio
en las remotas riberas
que de decirlo me pongo
a hablar, os daré razón
no solo de promontorios,
oros, pero de las guijas
que encerráis en esos pozos,
de las aves que veis,
de las arenas, que en hombros
os sustentan, de los dioses
de vuestros ciegos ídolos,
de los átomos que beben
al sol en búcaros de oro,
de las ninfas ocultas,
del sudor de los escullos,
y donde nacéis, y de...
Calla,
que siendo eso de este modo,
no seréis hombre.
No soy.
Sois Dios marino?
Tampoco.
Y sois espíritu?
Mas soy.
Sois el hacedor hermoso
de los orbes?
Calla
Que te pierde!
Punto menos, pues soy todo
lo que no es Dios.
Y os creo
que un talle brioso,
es presunción de este desengaño,
lo acreditan a mis ojos.
Y también sé que al llamar
puedo el Nilo, y paludoso
al mar entra en siete bocas
para tragársele a sorbos;
pero yo el río Leteo
cuyo curso presuroso,
desgajado de las aguas
de aquellos celestes copos,
no escogí el mar por mi centro,
como le escogieron todos,
pues trae ofensa de enojos;
con mi propio aliento formo,
que saliendo de mí mismo,
a mí mismo acento torno
sin volver a mi principio.
Por mi deidad que me asombro,
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Nilo; pues las siete bocas
cuellos de tantas cabezas,
hidra fiera ha sido sirviendo,
te cuadra bien, y el Leteo
río de olvido, no poco;
pues olvidado del fato
que de aquel mar fue prodigio
hiciste, y vamos todas
a hallar camino a su polo.
Allí responda y a Apolo
y el dragón espante al lito
de su dorada planta.
Que jamás faltará un estorbo.
Mas id, y el Dios seáis,
que eso nos importa poco;
y sabed que fío cuidado
porque siendo como somos
un alma, una vida, un cuerpo,
pues desde el yermo a los polos
y el criador nuestros bultos
juntos a un yugo unió,
habitamos tan unidos
que los géminis del polo
nos pasman; y si acaso
del vital aliento un cordio
se divide, vuelve a unirse
con lazos más amorosos
que suele el muro y la hiedra,
que suelen la vid y el olmo;
y tanto el amor en ambos
es, que un mismo mausolo
y un túmulo, y una pira,
(en aquel piélago undoso
de su divinidad santa
nos cubre a los dos el rostro)
y prueba tanta amistad
de un empeño que forzoso
a todos nos da la afrenta.
Y pues ya llegamos todos,
el caso
porque sabéis
tanto como vos propio,
¿a mí más, eso ignoráis?
De la dama no lo ignoro.
Y para que lo veáis,
que anima, está el deseo
de una hechura que oculta
de ese cargo, un pino añoso.
De la Virgen sacrosanta
en todo este territorio,
Esposa de Dios y Madre,
María, del cielo adorno,
y del sumo bien consuelo,
como del infierno asombro,
vedle: y si no sabéis
hablar, oiremos cómo
habéis de hablar.
Al portal.
¿Creéis que tiene loco?
Harto más locos a vos;
pues serán vuestros asombros
seca y vana hoja al viento,
nube al sol y al agua el globo.
Mal conocéis mi poder.
Antes porque le conozco,
también hablo de esa suerte.
Nosotros con el enojo
no cabiendo, decidir quiso
a igualar el alto solio.
Nosotros, aquella serpiente
que tomando humano rostro
engañó a la primer madre,
¿a quién le imputa que solo
vuelva a hollar la cabeza,
y la cabeza, vueltos solos
nosotros a aquella astucia,
y de innumerables modos
con el toque de una piedra
vaso reducida en polvos.
Y nosotros aquel gigante
que David puso del todo
con el canto y la honda
al que quitó de los hombros
Goliath la bruta cabeza.
Y Jael, al de Onfalo astuto,
pasó con un clavo; pues
porque usan vana gloria,
deciros vuestro poder
o flaqueza, no conozco.
Mucho me pesa de ver
maltratar aqueste mozo.
Salen Do. y Marina.
Lo que ha de mí, parece,
ya que se va perdiendo todo.
Ya que he topado, taquito,
Marina, dejadme un poco.
Aqueste es
el labrador, Portelano.
Qué zonzo,
de veniros a la iglesia
a veniros a dormir, tonto,
en casa no tenéis cama.
Mejor en aqueste poyo,
que me sabe bien, sé adónde,
más que alcanza de este amo
la sombra en él, está tapada;
por mi cabecera pongo,
que si vela la de Jacob,
mas no lo es, yo tan dichoso,
mil bienes me prometiere
de aquel sueño a lo zoco.
Me podéis cantar, Marina,
que con un rebenque de toro...
Ya viene, que quiere hablar.
Yo me duermo.
Vase.
Y yo me acuesto.
A Do.
Durmiendo, entre sueños.
Señor.
Sé atento
a lo que te digo.
Sí, oigo.
Quién sordo pudiera hacerle,
que este es el galán dichoso.
Por cuenta con alojamiento.
En este sagrado emporio,
detrás del altar, está
un nicho, con piedras todo
cubierto, donde la Imagen
de mi madre, a quien adoro,
te levantas, y al Prelado
a que con el clero todo
venga a sacarla, porque ella
es el asilo devoto
de aquesta tierra.
Yo voy.
Mas juro al Leteo, poco
has de poder obedecer,
que te impide el sueño.
Levántase.
Pues loco,
¿en mi presencia te atreves
a usar artes cautelosas?
Contra lo que he mandado,
anda, ve.
Vase.
¡Oh, tesoro,
que tantas veces soñé,
y con mil ventajas hoy gozo!
¡Oh, señor, dónde mandará
con tan alegre gozo!
Pues reveláis a los simples
secretos tan misteriosos.
Tal he podido escuchar
sin que los celajes rojos
de tus basas no desquicie,
y esa augusteza derroque,
y no trastorne de estos quicios,
que esos volubles antojos...
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¡Si no escurezco, y empaño!
Que siempre el cielo corona
a este sol, que me abrasa,
a este volcán, que me ahoga.
¡Pesia al cielo! ¡Pesia
a mi pena en invidia!
Pues si los pies me trastorna
en la sacrílega lengua,
deja cárcel engañosa
de escuros negros luceros,
por batir alas, y todas
no bastarán a estorbar
aquesta piadosa ara,
a Guadalajara, Custodio, Toledo y Val.
Aquí
esa infernal boca
cierra aqueste monstruo
atrevida
desalumbrada, de ira
no es fuego sin lava
como en tu presencia está
derrama diablos, pues sabe
quien a la vencedora
Varga ahollar la serpiente vuelve
que ha salido de las sombras
en que tu envidia la tuvo
sepultada, a nuevas glorias.
Y a pesar a quien canta
tanta capilla sonora,
Santa, Santa, a imitación
de aquel Dios, que en tres personas
se adora una sola esencia,
cantarán en sonorosas
músicas los nueve coros
esta invención milagrosa
de la excelsa Virgen da
con doce estrellas por orla
de su cabeza, a sus plantas
así gala luna postra.
¿Que de un ángel inferior
en mi jerarquía sea
pesar, y me atormenten
desaires que me fatigan?
¿Que a Dios aun ser igual me atreva,
y que pudo con ligar estraño
abrumar a la de la Varga,
alentar mi vana gloria?
Pues mi noche, que apenas
sabe el cielo que le informa,
sabe el faro que le asiste,
sabe el móvil que le adorna.
Y todos la rinden parias
que de igual a Dios blasona.
Pues como mi bizarría
un solo espíritu adora,
un solo espíritu ofende,
un solo espíritu enoja.
Aquí el cielo te condena,
por más que te hable jactanciosa.
Envidia tan indomable,
que es la alabanza más propia.
Sea aparecida la Virgen
con recato de, la rosa,
en el rosal, y en su vida
una lámpara tan tosca
pudiera ser a los cielos;
pues sin faltar una gota
del aceite que la echaron,
luce en la misma forma
quinientos años ha,
que luz da.
caduca.
Y gente de Uceda, Señor,
llegan como a intercesora
universal, a pedirle
remedio a sus penas todas;
antigua Virgen de la Varga,
madre de misericordia.
Con aqueses capellanes
limpiada a una leprosa
por devoción y esperanza,
el escapulario toma
de la Virgen.
Y a la par
se insignan en la Cofradía.
Verónica, con el paño
la saca y le queda el rostro
leproso.
Señora,
la sana, y así libre
Rabio de pesar.
La boca
cierra venenosa hidra.
Un mudo sale a dar gracias
a la imagen.
Y le habla.
Todos.
Las jerarquías alaben
vuestra gran misericordia.
Todo el mundo,
y los que al sentir de su alma
con la Virgen de la Varga
Sus milagros ocasionan
mayor pesar a mi envidia.
Mayor rabia a mis congojas.
¿Que, Henares, a qué te quedas?
A darle más enojos
a esta fiera, por los dos,
sin que el sol se le conceda.
Vea los milagros que hace
mi madre.
A pesar del cielo,
calla fiera, monstruo bruto,
abate tu
Y me alabe,
que me ha dotado a desta
historia otra maravilla.
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Le tienen a la traílla
que apenas oso chistar,
y aun así sino reportaros,
que el atarle, es mancebo,
que salta a ver San Benito,
Henares no sabe de toros,
que publique mi maldad.
Al eterno, Dios amado,
antes que os partáis de aquí,
que si mis livianos pasos
del amor chocarreros,
de mi esposo sacrosanto,
que es Jarama, y en problema
y alegoría, ha tomado
de nombre, por centro
que es Uceda, pues vamos
a él, en donde perdemos
el nombre, y como en el Tajo
que al divino supuesto
juntándose al ser humano
queda en tanta inmensidad
de piélagos anegado,
esta hipostática unión
al del Espíritu Santo
unida, en un ser, y esencia
se hace un inmenso océano.
También quedará el Henares
con Guadiela confirmado,
pues río, y ríos lleva
a los tres imitando,
esta Trinidad inmensa,
a que el ser inefable,
somos otra Trinidad
de las aguas, pues los tres
de un amor, los tres unidos,
el pozo esposo criado,
tres ríos en uno solo
nos unimos, y juntamos
y a la Virgen de la Varga
fin da aquí.
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con indisoluble nudo
pues vos se los dais cuando
de la militante iglesia
que entre tormentas y naufragios
anda en el mundo; la oveja
que huyendo deste rebaño
buscó mil despeñaderos
y la esposa que lavando
mis pies, me asiste en mis vicios
cuando mi esposo sagrado
a la puerta me llamaba
las guedejas de oro escarchando
casi iglesia, oveja, esposa,
mis graves pecados publicando,
mi maldad reconociendo,
mi ingratitud confesando,
me vuelvo a mi amante Dios,
feliz puerto, fiel descanso.
Vuelvo, pues, a mi pastor;
aprisa, dichosos pasos
de mis errantes desvíos;
y vuelvo a mi esposo amado,
pues Dios es pio pastor
dejo, que os está esperando
el fiero cocodrilo
que con lágrimas y halagos
procura mi muerte fiera
y me alcance, y preguntando
falsos emblemas me prende
sirena, que cantando
mis sentidos entorpece
y el entendimiento atado
a una entena me amarrastes:
y a gloria a mi esposo salgo
contra cocodrilo, esfinge
y sirena en vuestros brazos
salud, vida, libertad,
favores, amor, aplausos,
perdón, descanso, consuelo,
contra tus fieros engaños.
Vuelve, paloma que ha huido
a los nidos que los llanos
en esta piedra angular
no sientan con rigor tanto
que sube al Castillo y se queda
Ven, ciervilla sedienta
bebe en estas cinco fuentes
las aguas de tierna vida
y hambre y sed de ellas saciando
Ven, tortolilla al bosque
sosiega, que este es el ramo
que secó en tu fruto culpa
con mi sangre he lavado
Ven, hija de Sión
que aquí te hallarás coronada
de mejor salomón
de espinas y agravios tantos
Cuelga de la planta el cabello
no a un lugar reservado
si en la conversión se alegra
el cielo y cuida de darnos
de un pecador, y será aquel
que le ha costado tan caro?
El padre al hijo pródigo
los bienes le repartió
y de su legítima que es
su albedrío, y la ha gastado
tan mal: no arrepentido
vuelve a casa tornando
en ti; al pecho inmudable
yo a tu cuello en brazos largos
prevengo, y hago dino
del convite soberano
que del cordero de Dios
en mi mesa se hace plato
Con tales bodas yo espero
que se ha de sacar de mi enojo
el vientre, a quien envidia
amor se ha despachado
del favor de vuestra gracia
y mucho más del hallarnos
de la Virgen de la Varga
nombre que aqueste adoro
trocando sus movimientos
sus efetos alterando
No haré, que aunque las nubes
en lugar de agua, guijarros
en dos deshechos yelos
yo en dos me quiero rajar
Qué respondéis buena pieza?
Padre, que con un infante
vos ha dejado loco.
Pueden ser del fariseo
que os ha preso? o judío vendido
Del buen Jael a Sísara
peor que soberbio Amán
Susana al viejo bellaco
Pensáis porque a una mujer
vencedes, que no os han quedado
otras mujeres que os venzan
pues cuchillos acerados
Con que os rompan la cabeza
para no morir rabiando
déjame ir
Espera un poco
que para ofensa te hago
testigo de aquesta fiesta
de mi madre, y sus milagros.
Vamos esposa querida
por quien se ha comenzado
pues querrá sellarnos en ella
ya que con mi gracia os sello
A todos los que tenéis sed
venid, que en los cinco caños
de mis manos, pies y pecho
saciaréis de licor sacro
vuestra sed, venid, venid
por siempre glorificado
de los cielos y la tierra
Seas: y obispo y pastor
vase
Yo he quedado por su guarda
hasta el perro encadenado
para que aún no se le
no puede morder
pues rabio
el aliento, y el respiro
del duro y hondo exhalo
e infestará el arboledo
pues yo rabias y sudores
con el arpa con que David
a Saúl sanó, con el palo
santo de quien yo temblaba
en aquel monte calvario
que un villano se me atreva?
que mucho si tal amparo
Bestia fiera y horrible
soberbio leviatán, e imposible
saciar la sed que tiene
de envidia y de rabia lleno
tú que al primero
maestro y lucero
la más noble llama, bella y rica
que el sol mendiga de ti hermosura
por herética y rota
dragón te hiciste, que por la fiera boca
y a todos blandeando, furias vomitando
sangriento capitán del fiero bando
robaste a las estrellas
la luz, a que en antes las más bellas
que pareces serpiente, que pareces diablo
pues ofendiendo al hombre, al hijo
y hoy hecho a Dios hombre
del hombre celos, cuyo renombre
Sabe el empíreo y sube
porque tu envidia apocada quede
se opone a tantos rayos
Rey del cielo que sin consejo
llorastes que es de Dios, y a darnos queja
y se humilla todo en lo que es fiesta
pues a sangre de Dios le ha redimido
a su gran siervo y redimido
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con mayor eficacia
pues la previno la divina gracia
del amparo del Sol que perfecciona
cuando sumos caciques
con envidia y herejía
fuerza es resucitar dándole su favor
al mudo es lengua, al sordo oído,
brazo al manco, y pierna da al tullido
da a lepras salud, al muerto vida,
la que viose en un nicho estar metida.
Mírala, a la Virgen desta,
que asiste y rige, Uceda, a questa
viniendo en oraciones a rogalla
los que presentan a sus plantas cuitas.
Justicia y regimiento
jueces íntegros, con igual contento
y su digno prelado
de tan gran pectoral el pecho armado
no perdiendo de vista
las que a las almas a su amor conquista.
Mira la fe de España
y devoción cristiana
con que a esta insigne villa
juntando maravilla a maravilla.
La procesión empieza.
Guárdales, Jueces, que en nos la pobreza
porque aquesta maravilla se asombra
doblando lises, mejor que el sol asombra.
Ya sale de su casa
la Virgen.
Ya mi carne me abrasa.
Oye la letanía.
Dentro.
Que quisiera ensordecer.
Santa María, ora pro nobis.
Menos el mochuelo.
Ni quiero que por mí sea ya tu celo
rabio de pena de parar el viento
como mi horror al claro pavimento.
De los cielos no empaña
y cómo no me vence su fazaña
pues a despecho mío
juntó la devoción al albedrío.
Con qué de las setenas
cómo no se hinca aquí a quien aquí reyna?
¿Quién mi furor resiste?
Dentro.
Es fábula, dragón fiero.
Mater filii, ora pro nobis.
Ya yo lo confieso.
Dentro.
Mas no, sino negarás el dragón.
Turris davidica, ora pro nobis.
Pues de David torre
y a ti te enoje, yo, donde el sol corre
que aun no ahuyenta el poblado
de natural del sol, aun no asombrado.
¿Quién te hace vengador?
Calla, molino,
pues sabes que sería abatir tus bríos
solo diciendo: ¿quién luz desvaría
escondidos?
¿Quién más fiel retrato
hizo que un tiempo?
Ya su luz borraste.
Quien a ti ya Miguel hizo contraste.
¿Cómo?
A penitencia
el solo suyo al par glorificarse.
¿Quién igualó sea fiera
con Dios, sino Miguel?
El pensamiento.
Cayó, obró lo eterno,
que es inferior el infierno.
Ya por lo menos huye
gloria da aventaja fiera al que vuela
o será el vuelo.
Faltóle para dar mayor el salto.
No adores furioso. Caerás, villano.
Prepara el calabozo.
Desprecia tus fierezas.
Tiene el cielo tan vanas grandezas,
sí, pero entre hechuras
vuelven ya (que asisten a Dios puras).
Como eres perro muerdes.
La piedra echaremos,
no se lo acuerdes.
Qué rabia de pensarlo.
Hácelo iragio.
Que aquí me has a achicharrar mío.
Quiero hacer vuestra alzada.
Del fiero aliento tuyo
Ya han acabado.
Ya a cantar vuelven
y mis trazas en humo se resuelven.
Músicos cantan al bajar del camino:
¡Oh, admirable Sacramento,
oh gloriosas, dulces prendas!
Sea tu nombre alabado
en los cielos y en la tierra,
y la Purísima María
del que de gracia es llena,
sirviendo virgen pura,
por siempre alabada sea.
Todo faltaba a mi tormento.
¿No es deidad del S. Sacramento?
¿Quién podrá ver, oh triste,
cáliz celeste, si mi furor resiste?
Permita, Guadalest, sus fuerzas tantas
al caos del gran Cerbero, las espanta,
me asombre de que se note no lloro,
dame en ello rigor, sin reposo.
Ya tienes la licencia.
Hace huida al sol, echando fuego.
¿Cuándo vuelve
acá, sino que en humo se resuelve?
Al cielo santo ruego,
lo apartes... y poniéndose ciego.
Aguardad, míos, que me voy cayendo
y que arde luego que encuentra con el Sol
A ti, los criados tan
sabios, primero de estas villas vean.
Atalaya he vi soberana,
merced a D. Pedro, más humano,
y aquel cielo te ha hecho
sin duda a ti muy satisfecho
que fue confusión mía, un trofeo.
Y aquí, señores, de plácemes buen efeto
y con las pocas que das no han podido,
de mis faltas el perdón os pido.
Los Ucedas, hijos y de Dios puertos La misma Yglesia de Cadedra Casar por ser guapos, en lo de forama
De parte del B.do L.do... Ldo. de la Orden de Santo Domingo... Francisco Barzena... Domingo de Marcos, escribano de su Majestad... por no haber faltado... en un caso ora...
