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Texto digital de El mayor monstruo del mundo (primera versión)

Data de publicação: 2 de novembro de 2026

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Atribuição tradicional

Obra atribuida a Pedro Calderón de la Barca.

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Gênero
Comedia
Estado do texto
Transcripción automática de impreso
Procedência
El texto procede de la transcripción de la primera redacción incluida en la Segunda parte de las comedias de don Pedro Calderón de la Barca (Madrid, Carlos Sánchez, 1641), conservada en la Biblioteca Nacional de España, signatura TI/17, fols. 145r–167v, reproducida por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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Citação sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El mayor monstruo del mundo (primera versión). BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/mayor-monstruo-del-mundo-el.

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EL MAYOR MONSTRUO DEL MUNDO (PRIMERA VERSIÓN)

Primera jornada

Pag. 1

El Tetrarca; Otaviano, Aristóbolo, Filipo. Tolomeo. Capitán, Malacuca. Dos soldados. Mariene. Fileno. Libia. Arminda.

Salen los músicos cantando, y el Tetrarca detrás.

Músicos

La divina Mariene,

el Sol de Jerusalén,

por divertir sus tristezas,

vio el campo al amanecer.

Las aves, fuentes, y flores

le dan dulce parabién,

repitiendo por servirla

todos juntos de una vez,

Sea triunfo de sus manos

lo que es pompa de sus pies;

fuentes, sus espejos sed,

corred, corred, corred,

Aves, su luz saludad,

volad, volad:

Flores paso prevenid,

vivid, vivid.

Pag. 2

Tetrarca

Hermosa Mariene,

a quien el Orbe de zafir previene

ya soberano asiento,

como estrella añadida al firmamento:

no con tanta tristeza

turbes el rosicler de tu belleza;

¿Qué deseas? ¿Qué quieres?

¿Qué envidias? ¿Qué te falta? ¿Tú, no eres

querida gloria mía?

¿Reina en Jerusalén? Su monarquía,

en cuanto tiñe el Sol, el mar abarca,

¿no me aclama su ínclito monarca?

como dan testimonio

letras de Marco Antonio,

y firmas de Otaviano:

porque los dos intentan, aunque en vano,

repetir el Imperio

que dilata, y estiende su Hemisferio,

desde el Tíber al Nilo,

y yo con cauto pecho, y doble estilo

de Antonio, no defiendo

la parte, porque ansí turbar pretendo

la paz, y que la guerra

dure, porque después cuando la tierra

de tus huestes padezca atormentada,

y el mar cansado de una, y otra armada,

pueda yo declararme,

y en Roma tú a mi lado coronarme,

¿tu hermano, y Tolomeo,

no son a quien les fío mi deseo,

y ley de mi albedrío?

pues con los dos socorro a Antonio envío,

y en tanto, oh cielo hermoso,

que al triunfo llega el día venturoso,

¿no estás de mí adorada?

¿de mis gentes no estás idolatrada?

¿no vives esta quinta,

que sobre el mar de Jasé el cielo pinta?

pues no tan fácilmente,

se postre todo el Sol a un accidente

liberal restituya tu alegría

Pag. 3

Tetrarca

su luz al Alba, su esplendor al día,

su fragrancia a las flores,

al campo sus colores,

sus matices a Flora,

sus perlas al Aurora,

su música a las aves,

mi vida a mí, pues con discursos graves,

a celos me ocasionan tus desvelos,

no sé qué más decir, ya dije celos.

Mariene

Tetrarca generoso,

mi dueño amante, y mi galán esposo,

ingrata al cielo fuera,

y a mi ventura ingrata, si rindiera

el sentimiento mío

a pequeño accidente su albedrío:

La pena que me aflige,

de causa, ¡ay cielos!, superior se rige;

tanto, que es todo el cielo

depósito infeliz de mi desvelo,

pues todo el cielo escribe

mi desdicha, que en el granada vive,

en papel de cristal con letras de oro,

no con causa menor mi muerte lloro.

Tetrarca

Menos entiendo agora yo, y más dudo

el mío, y tu dolor; y si es que pudo

tanto mi amor contigo,

hazme ya de tu mal, mi bien testigo,

sepa tu pena yo, porque la llore,

y más tiempo no ignore,

muerte que ya con mis sentidos lucha.

Mariene

Nunca pensé decirlo, pero escucha,

Un doctísimo Hebreo

tiene Jerusalén, cuyo deseo,

siempre ha sido estudioso,

apresurar al tiempo presuroso,

la edad, como si fuera

menester acordarle que corriera.

Este pues, vigilante,

en láminas leyendo de diamante,

caracteres de estrellas,

hoy los futuros contingentes dellas,

Pag. 4

Mariene

a todos adelanta,

tanta es la fuerza de su estudio, tanta,

que es oráculo vivo

de todo ese cuaderno fugitivo,

que en círculos de nieve,

un soplo inspira, y un aliento bebe.

Yo que mujer nací, con esto digo,

que amigo de saber docto testigo,

le hice de tu fortuna, y mi fortuna;

porque viendo, que al orbe de la Luna

hoy empinas la frente,

el futuro previne contingente.

Con el mío juzgó tu nacimiento,

y a los delirios de la suerte atento,

halló, aquí el labio mío

torpe, muda la voz, el pecho frío,

se desmaya, se cansa, y desfallece,

y aquí todo mi cuerpo se estremece:

halló en fin, que sería

trofeo injusto, yo que tiranía

de un monstruo el más cruel, horrible y fuerte

del mundo, halló también que daría muerte,

que daño no se teme prevenido.

Ese puñal que agora te has ceñido,

a lo que más en este mundo amares,

mira, si tales penas, si pesares

tan grandes, es forzoso,

que tengan mis discursos temeroso,

muerta la vida, y vivo el sentimiento,

pues infaustos los dos con fin sangriento,

por ley de nuestros hados,

vivimos a desdichas destinados,

tú, porque ese puñal será homicida,

de lo que más amares en tu vida,

y yo siendo con llanto tan profundo,

trofeo del mayor monstruo del mundo.

Tetrarca

Bellísima Mariene,

aunque ese libro inmortal,

en once hojas de cristal

nuestros discursos contiene;

dar crédito no conviene

a los secretos que encierra,

que es ciencia, que tanto yerra,

que en un punto solamente

Pag. 5

Tetrarca

mayores distancias miente,

que hay desde el cielo a la tierra

Desa ciencia singular,

solo se debe saber

el mal que se ha de temer,

mas no el que se ha de esperar.

Sentir, padecer, llorar

desdichas que no han llegado,

ya lo son, pues tu cuidado

no puede haberte oprimido,

después de haber sucedido,

a más que haberlas llorado.

Y si agora tu desvelo,

lo que ha de suceder llora,

tú haces tu desdicha agora,

mucho primero que el cielo.

Que llorar con desconsuelo,

que por imaginarla, o dicha,

o la desdicha, o la dicha,

ya es hacer cara en rigor,

pues no hay desdicha mayor,

que es esperar la desdicha.

Con otro argumento yo,

vencer tu dolor quisiera,

si ventura acaso fuera

la que el Astrólogo vio,

diérasla crédito, no,

ni le estimaras ni oyeras.

Tetrarca

Pues ¿por qué en nuestras quimeras

han de ser escrupulosas,

las venturas mentirosas,

las desdichas verdaderas?

Dé crédito el llanto igual

al favor como al desdén,

ni aquel dudes por ser bien,

ni este creas porque es mal.

Y si en argumento tal,

no estás satisfecha, mira

otro cual discurso admira,

esta predista crueldad,

o es mentira, o es verdad,

dejémosla si es mentira,

pues nada nos asegura,

y aunque sea verdad vamos,

porque siéndolo arguyamos,

que es el saber la ventura.

Ninguna vida hay segura

un instante, cuantos viven,

en su principio aperciben

tan contados los alientos,

que se cumplen por momentos

los números que reciben.

Yo en aqueste instante no,

si, si mi cuenta cumplí,

ni si la vi, yo a tu sí

a quien el cielo guardó,

para un monstruo, luego yo

llorar debiera ignorante

mi fin, tú no, si este instante

a ser tan dichosa vienes,

que seguro el vivir tienes,

pues no está el monstruo delante,

y pasado al fundamento,

de lo que sabes de mí,

¿cómo es compatible, di,

que aqueste puñal sangriento

dé en ningún tiempo violento

muerte a otro que yo más quiero?

y así un monstruo ver no espero

cosa de mí más querida,

luego amenazan tu vida,

aquel monstruo, y este acero.

Pues si hoy el hado importuno,

que es de los Gentiles Dios,

te ha amenazado con dos

fines, no temas ninguno.

no hay más rigor para el uno,

que para el otro piedad:

Luego será necedad

temer alguna mentira,

cuando es fuerza que uno mienta,

que el otro diga verdad.

Pag. 6

Tetrarca

Y porque veas aquí

cómo mienten las estrellas,

y que triunfar puedo dellas:

mira el puñal

Mariene

¡ay de mí!

tente señor.

Tetrarca

¿De qué ansí

tiemblas?

Mariene

Mi muerte, advierte,

mirarle en tu mano fuerte.

Tetrarca

Pues porque no temas más,

desde hoy inmortal serás:

yo haré imposible tu muerte,

sea el mar campo de hielo,

sea el orbe de cristal,

deste funesto puñal

monstruo acerado, del suelo

sepulcro.

Dentro Tolomeo.

Tolomeo

¡Válgame el cielo!

Mariene

¡Oh, qué voz tan triste he oído!

Filipo

Aire, y agua han respondido

con asombro, o con desmayo.

Libia

El trueno fue de aquel rayo

un lastimoso gemido.

Mariene

¡qué mucho que a mí me asombre

acero tan penetrante,

que hace heridas en las ondas,

y impresiones en los aires!

Tetrarca

Los pequeños accidentes

anucian prodigios grandes,

acaso la voz se queja:

y porque, te desengañes,

iré a saber lo que ha sido,

penetrando a todas partes

las entrañas de los montes,

los combates de los mares.

Vase el Tetrarca, Filipo, y Malacuca.

Mariene

Toda soy horror,

Libia

El mar

es monumento inconstante

de mísero, que tendido

entre sus espumas trae.

Sire.

Ya tu esposo el gran Tetrarca

movido el bajel humano,

puerto ha tomado en la margen.

Mariene

El puñal, que fue cometa

de dos esferas errantes,

arpón del arco del cielo,

clavado en un hombro trae;

Libia

¡Tolomeo es, ay de mí!

mas bastaba ser mi amante,

para ser tan infelice;

¡qué prodigio tan notable!

¡qué espectáculo tan triste!

Mariene

¿qué asombro tan admirable?

vamos de aquí, que no tengo

ánimo para mirarle.

Vanse.

Tetrarca

Ya del mar estáis seguro

infelice navegante,

así la mortal herida

diera treguas a mis males.

Tolomeo

Detente, señor, detente,

ese puñal no me saques,

porque al ver la puerta abierta

sus espíritus, no exhale

el alma, ya que los cielos,

solamente en esta parte

son piadosos, pues me dan

para verte, y para hablarte

tiempo, no se pierda el tiempo,

mi muerte, y la tuya sabe.

Tetrarca

Tolomeo.

Tolomeo

Sí señor.

Tetrarca

Llevalde de aquí, llevalde

a curar.

Tolomeo

Aqueso no,

que cuando el riesgo es tan grande

menos importa mi vida

que la tuya: y así antes

que acabe mi poco aliento,

desdichas que son tan grandes.

Pag. 7

Tolomeo

Oye las tuyas, señor,

y cuando helado cadáver

me falte el tiempo, al decirlas,

al saberlas, no te falte.

Otaviano en tierra, y mar,

ondas ocupando y valles,

llegó al Piro, salió Antonio

con tu socorro a buscarle,

De Cleopatra acompañado,

en el Bucentoro, nave

que labró para el Cleopatra,

de marfiles, y corales.

A los principios fue nuestra,

¡suerte pena! ¡injusto trance!

la vitoria: pero cuando

estaba firme un instante.

Enojáronse las ondas,

y el mar Nembrot de los aires,

montes puso sobre montes,

ciudades sobre ciudades.

La armada del enemigo,

como estaba hacia la parte

del puerto abrigada en él,

quiso el cielo que se ampare.

Mas la nuestra dividida,

desecha, y sin orden sale

a la campaña del mar,

donde impelida mi nave:

caballo fue desbocado,

que no hay freno que le pare.

Atormentada en efeto,

desmantelado el velamen,

los árboles destroncados,

enmarañados los cables;

y trayendo, finalmente,

arena, y agua por lastre,

A vista ya de las torres

de Jerusalén la grande,

fue ruina de un escollo,

y aquí una tabla a los aires

repetidos, fue Delfín

enseñado a sus piedades.

Quién creerá, que la fortuna

era un hombre, que se vale

de la piedad de un fragmento,

pudiera hacer otro lance.

Yo lo afirmo, pues yo vi

de acero un cometa errante,

contra este humano bajel,

correr la esfera del aire.

Este pues, que de mi vida

tasando está los instantes,

solo el decir no permite,

que tu enemigo triunfante

queda en Egipto, y Antonio,

o rendido, o muerto yace,

que de Aristóbolo hermano

de tu esposa no se sabe:

y en fin, que tus esperanzas,

como el humo se deshacen.

Y ya que de tus desdichas,

siendo el todo, no soy parte,

dale sepulcro a las mías,

aunque las mías son tales,

que ellas se harán su sepulcro,

pues tienen para labrarle

sangre, y acero, y podrá

enternecer un diamante,

que aun los diamantes se rinden

al acero, y a la sangre.

Tetrarca

Ser un hombre desdichado,

todos han dicho, que es fácil,

y yo digo, que es difícil,

porque es estudio tan grande

aqueste de las desdichas,

que no le ha alcanzado nadie.

Quitadme ese asombro, ese

funesto horror de delante,

llevalde donde le curen,

Llévanle.

Tetrarca

y aquese puñal guardadle,

que importa saber, que debo

Pag. 8

Tetrarca

hacer de él, que ya él me hace

tenerle por prodigioso.

¡Ay Filipo!, hagan alarde

mis suspiros de mis penas,

mis lágrimas de mis males.

Filipo

Señor, los grandes sucesos

para los sujetos grandes

se hicieron, porque el valor

es de la fortuna examen.

Ensancha el pecho, que en él

cabrán todos tus pesares,

sin que a la voz, ni a los ojos

se asomen.

Tetrarca

Ay, que no sabes

Filipo, cual es mi pena.

pues quieres darle esa cárcel.

Filipo

Sí sé, pues sé que has perdido

tal República de naves.

Tetrarca

No es su pérdida la mía.

Filipo

Seralo, el mirar triunfante

a tu enemigo.

Tetrarca

No tengo

miedo a las adversidades.

Filipo

De Aristóbolo tu hermano,

ni de Marco Antonio sabes.

Tetrarca

Cuando sepa que murieron,

tendré envidia a bien tan grande.

Filipo

Los prodigios del puñal

preñeces son admirables.

Tetrarca

Al magnánimo varón,

no hay prodigio que le espante.

Filipo

Pues si prodigios, fortunas,

pérdidas, y adversidades

no te rinden, ¿qué te rinde?

Tetrarca

¡Ay Filipo!, no te canses

en adivinarlo, puesto,

que mientras adivinares,

que el amor de Mariene

todo es discurrir en balde,

todos mis intentos son

entrar con ella triunfante

en Roma, porque no tenga

que envidiar mi esposa a nadie;

porque ha de gozar belleza,

que no hay otra que la iguale,

error del mérito, un hombre,

que hay otro que le aventaje.

Piérdase la armada, muera

el César, Antonio falte,

Aristóbolo Otaviano

de un Polo a otro Polo mande,

contra frías prevenciones

hoy los cielos me amenacen.

Vuelva el prodigioso acero

a mi poder, que a postrarme

nada basta, nada importa,

siempre con igual semblante,

sino solamente el ver,

que yo no ha sido bastante

a hacer Reina a Mariene,

del mundo, y ya en esta parte

dirás, y diranlo todos,

que es locura, no te espantes,

que cuando amor no es locura

no es amor, y el mío es tan grande

que temo, advierte Filipo,

que pasando los umbrales

de la vida y que llegando

de la muerte a esotra parte,

ha de quedar en el mundo

por un prodigio admirable

de las fortunas de amor

a las futuras edades.

Vanse.

Salen soldados y Otaviano.

Otaviano

Felice es la suerte mía,

pues de Egipto, vitorioso

dilato la Monarquía

de Roma, dueño famoso

de los términos del día.

Cante pues, vitoria tanta

Pag. 9

Otaviano

la fama, y en testimonio

de que a todas se adelanta,

sea triunfo de un planeta

hoy Cleopatra, y Marco Antonio,

Presos a los dos procura

llevar mi heroica ventura,

porque lidiador bizarro,

sean fieras de mi carro,

el poder, y la hermosura.

Salen Malacuca y Aristóbolo, y un Capitán.

Capitán

Aunque habemos discurrido

de Cleopatra el gran Palacio,

hallarla no hemos podido,

ni a Antonio porque su espacio

laberinto de oro ha sido.

Solamente hemos hallado

a Aristóbolo, cuñado

del que hoy en Jerusalén

Tetrarca asiste, de quien

nos informó este criado.

Tu contrario fue y ansí

porque averigües aquí

tus disignios, le traemos

de la parte en que le habemos

hallado, llega.

Malacuca

¡Ay de mí!

¡cuál diablo me metió, cuál

cielos, en engaño igual!

¿no son notables errores,

que otros vivan de traidores,

y yo muera de leal?

Aristóbolo

Si a mí la vida me das,

no temas, seguro estás,

que yo a ti te la daré:

disimula.

Malacuca

Yo lo haré

hasta que no pueda más.

Aristóbolo

Grande César Otaviano,

cuyo renombre inmortal

el tiempo asegura ufano,

en láminas de metal,

que intenté tomar en vano.

No manches, no, riguroso,

los aplausos que has tenido

con sangre, que es ser piadoso

vencedor con el vencido,

ser dos veces vitorioso.

Otaviano

Aunque pudiera, oh valiente

Aristóbolo vengarme

en tu vida dignamente,

de ti y tu hermano, mostrarme

quiero piadoso, y clemente.

Álzate del suelo, y pues

el fin de mis glorias es

entrar en Roma triunfante,

con Marco Antonio delante,

y con Cleopatra a los pies:

dime dónde están, que no

he sabido dellos yo,

desde que aquel Bucentoro,

armada nave de oro,

de la batalla salió.

Malacuca

Yo de los dos te dijera,

si yo de los dos supiera,

pues por mis discursos hallo,

que hiciera más en callallo:

yo, que en decírtelo hiciera:

mas desde que llegué aquí

nunca más a los dos vi.

Otaviano

Eso no es agradecer

mi piedad yo he de saber

dellos, y ha de ser ansia,

¿hola?

Capitán

¿Si no?

Otaviano

Al Infante

Aristóbolo, llevad

a una torre, y ni un instante

goce de la claridad,

del Sol, su noche le espante

de su noche.

Malacuca

Aquí llegó,

señor, de tu engaño el fin.

Aristóbolo

Sufre.

Malacuca

corre este rayo

Pag. 10

Otaviano

Llevalde.

Malacuca

El demonio sin

duda me Aristoboló,

que yo.

Capitán

Calla.

Malacuca

¿Qué es callar?

vive Baco, que he de hablar,

yo, príncipe, muy errado,

muy errado, y muy culpado

soy.

Otaviano

¿Qué tenéis que esperar?

y el criado primero

padezca un tormento fiero,

o muera en él de leal.

Malacuca

¿Qué es tormento? Mal por mal

torre pido noche quiero:

vamos a la torre, yo

soy Aristóbolo, no

Príncipe errado, Sigon

decid, sin duda algún

Ángel me Aristoboló.

Aristóbolo

Enfrena un poco el rigor,

sabrás de los dos señor,

y de mi voz advertido,

oirás, que los dos han sido

funestos triunfos de amor.

Apenas rota tu armada

vio Antonio, cuando la hallada

nave, haciéndose a la vela,

nada, pensando que vuela,

vuela, pensando que nada,

pues con ligereza suma,

pez sin escama nadaba,

ave volaba sin pluma,

tan veloz, que aun no dejaba

un solo rizo a su espuma.

A Menfis en fin llegó

donde rehacer se pensó

de la pérdida, y tornar

a la campaña del mar,

que tantas desdichas vio,

mas viendo que le seguías

hoy a Menfis, y que traías

de tu parte a la fortuna,

pues al orbe de la Luna,

con alas tuyas subías,

lamentando mal y tarde

la pérdida de su gente,

sin que a ser despojo aguarde

del estremo de valiente,

dio al estremo de cobarde,

pues ciego, y desesperado,

al Panteón colocado,

a Egipcios Reyes entró,

y una sepultura abrió,

donde vivo y enterrado,

dijo, sacando el acero,

nadie ha de triunfar primero

de mí, que yo mismo así

triunfo, yo mismo de mí,

pues yo mismo mato, y muero.

Cleopatra que le seguía,

viendo, que ya agonizaba,

bañado en su sangre fría,

cuyo aliento pronunciaba

más, cuanto menos decía.

Muera dijo, yo también,

pues por piedad, o por ira,

no cumple con menos, quien

llega a querer bien, y mira

muerta a la que quiso bien,

ya siendo un áspid mortal

de las flores de un jardín,

dijo, si a otro de metal

dio Antonio trágico fin,

tú serás vivo puñal

de mi pecho, aunque sospecho,

que no moriré a despecho

de un áspid, pues en rigor,

no hay áspid, como el amor,

y ha días que está en mi pecho:

Y él contra sed venenosa

hidrópicamente bebe,

cebado en Cleopatra hermosa,

Pag. 11

Aristóbolo

cristal que esprimió la nieve,

sangre que esprimió la rosa.

Yo lo vi todo, porque

así como aquí llegué,

el Palacio examinando,

a Aristóbolo buscando,

hasta el sepulcro me entré,

donde él, rendido al valor,

y ella postrada al dolor,

yacen, porque desta suerte,

aun no divide la muerte

a dos que junta el amor.

Otaviano

Aquí dio fin mi esperanza,

aquí murió mi alabanza,

pues por asombro tan fuerte,

no ha de pasar mi venganza

los umbrales de su muerte.

Ya triunfar dellos no espero,

que yo solamente quiero

saber, ¿qué intento ha obligado

al Tetrarca tu cuñado,

para que sañudo, y fiero,

te enviase contra mí?

Malacuca

Si tú estás diciendo aquí,

que es cuñado, no es error

preguntarme qué es, señor,

su intento, pues dice ansí,

que lo que a esto le ha obligado,

es el verme desta suerte,

pues solo me habrá enviado,

a que tú me des la muerte,

propia alhaja de un cuñado.

Capitán

Si examinar su intención

quieres, yo te la diré,

pues con aquesta ocasión

este cofre les quité,

joyas, y papeles son

las que hay en él.

Otaviano

Muestra a ver,

cifra es del mayor poder,

su inestimable riqueza,

mas la pintada belleza

de una extranjera mujer,

es la más noble, y mejor

joya la de más valor.

No vi más viva hermosura,

que es alma de la pintura.

Aristóbolo

Atento el Emperador

mira el retrato: fiel;

mas ¡ay fortuna cruel!,

ver los papeles porfía,

mal haya el hombre que fía

sus secretos a un papel.

Lee.

Otaviano

En esta facción está el fin de mis deseos, pues no espero para declararme Emperador de Roma, sino que Otaviano rendido, o preso.

Otaviano

¿Qué tengo que saber más?

y pues sospechoso estás,

y aun convencido conmigo,

mientras pienso tu castigo,

en una torre estarás.

Malacuca

No son buenos pensamientos

andar pensando tormentos:

¿no será mucho mejor,

que no castigos, señor,

pensar gustos, y contentos?

Otaviano

Llevalde de aquí.

Malacuca

Escuchar debes, que:

Otaviano

No hay que aguardar.

Malacuca

Sí hay.

Otaviano

Di.

Malacuca

Solamente digo,

que no hay que esperar castigo;

pues no me dejas hablar.

Vanse.

Otaviano

Tú partirás al momento

con gente, y armas, y atento

Pag. 12

Otaviano

a mi Cesárea obediencia,

traerás preso a mi presencia

al Tetrarca que es mi intento,

que como a César me dé

del tiempo que ha gobernado

residencia, y tú, porque

en efecto eres criado

en quien tal lealtad se ve,

darte libertad espero;

pero por rescate quiero

que ya liberal me des,

el decirme, cúyo es

este retrato.

Aristóbolo

Aquí muero

de confusión, si le digo

quién es, a amarla le obligo;

desesperalle es mejor,

halle imposible su amor,

al principio, ansí consigo

su quietud, esa pintura,

sombra ya de una escultura,

ceniza de un rayo ardiente,

es memoria solamente

de una difunta hermosura.

Otaviano

¿Muerta es esta mujer?

Aristóbolo

Sí.

Otaviano

¡Para qué amor, ay de mí,

sin esperanza la veo!

Aristóbolo

Bien se logró mi deseo.

Otaviano

Libre estás, vete de aquí.

La muerte, y el amor, una lid dura

Tuvieron, sobre cuál era más fuerte,

Viendo que a sus arpones, de una suerte

Vida mi libertad vivió segura.

Una hermosura amor, divina, y pura

Perfección, donde su triunfo advierte,

Pero borrando tanto Sol la muerte,

Triunfó así del amor, y la hermosura.

Viéndose amor entonces excedido,

La deidad de una lámina apercibe,

A quien borrar la muerte no ha podido.

Luego bien el Laurel amor recibe,

pues de quien vive y muere dueño ha sido,

y la muerte lo es solo de quien vive,

Sale Libia sola por una puerta.

Libia

Por las faldas lisonjeras

destos elevados riscos,

que son del puerto de Jafa

enamorados Narcisos.

A divertir mis pesares

melancólica he salido,

por no escuchar los ajenos,

pudiendo llorar los míos;

Sola estoy, salga del pecho

en acentos repetidos,

mi dolor, ¡ay Tolomeo!

en tanto que lloro y gimo,

desdichas tuyas, admite

este llanto que te envío,

bastaba quererte bien

para que, ¡rigor impío!

te sucediese mal todo,

tropezando en tus peligros,

Pag. 13

Libia

cuando vitorioso, ¡ay triste!,

te esperaba el pecho mío,

dulce fin de tus amores,

muerto has llegado, y vencido.

Sirene

Casta Venus destos montes,

si a divertir has venido

con la música, las flores,

los ojos, y los oídos.

La atención vuelve, y la vista

a ese bruto cristalino,

pues son flores sus celajes,

y música sus bramidos.

Mariene

Nada puede para mí

servir, Sirene, de alivio.

Salen Felipe, y el Tetrarca.

Felipe

Este es, señor, el puñal,

que ya una vez despedido

de tu mano, vuelve a ella.

Tetrarca

Ya con asombro le miro

como a fatal instrumento:

mas di, ¿cómo se ha sentido

Tolomeo?

Felipe

No es la vida,

señor, de tanto peligro,

como la falta de sangre.

Tetrarca

¿Mariene?

Mariene

¿Esposo mío?

Tetrarca

Girasol de tu hermosura

la luz de tus rayos sigo,

bien como la flor del Sol,

cuyos celajes, y visos,

iluminados a rayos,

tornasolados a giros

le va siguiendo, porque

imán del fuego atractivo,

le hallan su vista, o su ausencia,

ya luciente, o ya marchito.

Mariene

Ya que del fuego te vales,

sea amor, o sea artificio,

yo también, pues como aquella

ave, que tuvo por nido,

y por sepulcro la llama,

enamorando el peligro,

bajel de púrpura, y oro

bate los remos de vidro:

ansí yo, que a tantos rayos

vida muriendo recibo,

hasta que abrasada muera,

me parece que no vivo.

Vanse todos.

Tetrarca

Dejadnos solos ya pues,

que serán mudos testigos

de mis lágrimas, y voces,

estos mares, y estos riscos.

Salgan, Mariene hermosa,

afectos del pecho mío,

en lágrimas a las ondas,

y a las peñas en suspiros.

Este sangriento puñal,

sacre de acero bruñido,

que no con poca razón

sacre de acero le digo;

pues cuando desembrazado

de mi mano le despido,

con la presa vuelve a ella,

de sangre, y de horror temido.

Es aquel que la Duquesa

ciencia de un Astro previno,

para homicida de quien

más adoro, y más estimo.

Y aunque es verdad, que constante

a peligrosos juicios,

no doy crédito, y desprecio

los contingentes delirios

del hado, y de la fortuna,

Dioses que coloca el vicio:

no sé qué nuevo temor

en mi pecho ha introducido

verle volver a mi mano,

que ya le temo, y le admiro;

y entre el miedo, y el valor,

Pag. 14

Tetrarca

ya cobarde, ya atrevido,

sitiado dentro de mí,

me quiero dar a partido;

porque aunque bien, yo no creo

los acasos prevenidos.

No los dudo, que no ignoro,

que este estrellado Zafiro,

República de Luceros,

vulgo de Astros, y designios.

A quien le sabe leer,

es encuadernado libro,

donde están nuestros alientos

asentados por registro.

Y ansí, ni dudando bien,

ni bien creyendo imagino,

que el perfeto varón debe

a los sucesos previstos.

Darlos al crédito en una

parte, y en otra al olvido,

aquí para no esperarlos,

y allí para prevenirlos.

Pues señor de las Estrellas

por leyes de su albedrío,

previniéndose a los riesgos,

puede hacer virtud del vicio.

Yo pues, entre dos afectos,

vacilante, y discursivo,

ni creyendo, ni dudando,

el puñal a tus pies rindo.

Tú eres bellísima Hebrea

la luz hermosa que sigo,

la beldad que sola adoro,

la imagen que sola admiro.

No es posible que yo quiera,

si inmortal al tiempo vivo,

otra cosa más que a ti,

tanto, que mil veces digo,

que el mayor monstruo del mundo,

que te amenaza prodigios,

es mi amor, pues por quererte

a tantas cosas aspiro,

que temo, que él ha de ser

ruina tuya, y blasón mío,

pues si lo que yo más quiero

eres tú, y el cielo mismo,

no puede ser que no seas,

sin borrar lo que ya hizo.

Tú eres a quien amenaza

este hermoso basilisco,

que en tus pies se disimula,

entre dos cándidos lirios.

Yo quise hacer imposible

tu muerte, cuando atrevido

arrojé al mar el puñal:

pero habiendo una vez visto,

que aun él no está seguro,

pues por casos esquisitos

podrá llegar, donde estés

siempre ignorando el peligro

para más seguridad

tuya, cuerdo he prevenido,

que tu arbitrio de tu vida

traigas tu muerte contigo.

¿Qué mayor felicidad,

nadie en el mundo ha tenido,

que ser a pesar de hado,

el juez de su vida él mismo?

La parca que nuestras vidas

tiene pendientes de un hilo,

para que el tuyo no cortes,

pone en tu mano el cuchillo.

En tu mano está tu suerte,

vive tú sola a tu arbitrio,

pues al cercarse el aliento

podrás embotarte el filo.

Si es verdad, o si es mentira,

el hado no lo averiguo,

mas prevengo los dos males;

pues prudente, y advertido,

si es mentira la sospecha,

de que la temas te alivio,

si es verdad, con la razón

Pag. 15

Tetrarca

a hacerla mentira aspiro.

Luego mentira, o verdad

para todo prevenido:

yo no puedo darte más

que tu vida, esa te rindo.

Este acero, y ese amor

son hoy tus dos enemigos,

pues mientras yo te corono

de mil laureles, y arbitrios,

triunfa tú dese, y al fin

dueño tú de tu albedrío,

guárdate tu vida tú,

húyete tú, tu peligro,

hazte tú, tu duración,

lábrate tú tus disinios,

cuéntate tú, tus alientos,

y vive al fin tantos siglos,

que este amor, y ese puñal

triunfen de muerte, y olvido.

Mariene

Oye, señor, oye, espera,

que aunque agradezco, y estimo

el don que a mis plantas pones,

ni le aceto, ni le admito,

que de púrpura manchado,

y entre flores escondido,

tanto me estremezco, tanto

en verle me atemorizo,

que muda, y helada creo,

torpe el labio, el pecho frío,

que soy de aquestos jardines,

estatua de mármol vivo.

Mas rompiendo a mi silencio

las prisiones, y los grillos,

con que en cárceles de hielo

el temor los ha tenido,

quiero declararme, y quiero

argüirte, que no ha sido

cuerda determinación,

si bien de tu amor indicio,

la que contigo has tomado,

y ejecutando conmigo,

dejo a una parte, si es bien

el darse por entendido

hoy mi amor, de que yo sea

del tuyo sujeto digno,

y creyéndote cortés,

pues por amante, y marido,

me está también el creerlo:

en mi argumento prosigo,

sin tocar si es bien, o mal,

tampoco haberlo creído,

pues por verdad, o mentira,

ya tú en esta parte has dicho,

que el prevenirle es cordura,

esperarlo desatino,

y providencia discreta,

no esperarlo, y prevenirlo.

Y así esto aparte dejando,

vuelvo a mi argumento, y digo:

Si ese sangriento puñal,

es el que cruel, y esquivo,

el hado esquivo, y cruel

contra mi pecho previno,

¿quién te persuadió, Tetrarca,

quién te informó, quién te dijo,

que era la seguridad

de mi vida, traer conmigo

la ejecución de mi muerte,

y que podrán ser amigos,

ni hacer buena compañía

la vida, y el homicidio?

Si este mi suerte amenaza,

con asombros, ¿es arbitrio

para escusar que se encuentren,

hacer que anden un camino

los dos, siguiéndose siempre

el acaso, y el peligro?

¿Fuera buena prevención

en el humano sentido,

para estorbar que se abrase

Pag. 16

Mariene

este supremo edificio,

acompañarle del fuego?

¿fuera acierto conocido,

para escusar que un espejo

no se quiebre junto a él mismo;

poner piedras en que tope?

pues piensa que es esto mismo

lo que intentas, pues intentas

que nunca estén divididos

este puñal, y este pecho,

y han de ser siempre enemigos

por más que juntos los veas,

seguridad, y peligro,

vida, muerte, y impiedad,

sombra, y Sol, virtud, y vicio,

homicidio, y homicida,

torre, y fuego, piedra, y vidro.

Confieso, que la razón

es fuerte, cuando advertido

dices, que no es ocultalle

remedio, pues ya le vimos

volver del mar a tu mano,

y que será gran martirio

confieso también, estar

dudando siempre afligido

un pecho, ¿quién será agora

dueño de los hados míos?

pero entre apartarle tanto,

que ignore quién habrá sido;

y acercarle tanto, que

sepa que viene conmigo:

hay un medio, que es ponerle

con tal dueño, y en tal sitio,

que le sepa, y no le tema:

tú le has de traer ceñido,

pues si del juicio me acuerdo;

el Mágico no me dijo,

que dudarías la muerte

a lo que más has querido

con él, sino que con él

moriría, y pues colijo,

que otro podrá aborrecer

lo que tú quieres, delito

fuera, echándole de ti,

dar armas a tu enemigo,

pues podrá venir a manos

de quien me haya aborrecido:

Y así, señor, yo te ruego,

y así, señor, te suplico,

que tú Alcaide de mi vida,

traigas el puñal contigo.

Con eso seguramente

sabré, que aquel tiempo vivo

que tú le tienes, que escuches

el argumento te pido.

O tú me quieres, o no;

si me quieres, no peligro,

pues a lo que tú más quieres,

no has de dar muerte tú mismo:

si no me quieres, no soy

a quien arrastra el destino

de tu amor, y al mismo instante

de la amenaza me libro.

Luego, olvidada, o querida,

mi seguridad te pido,

mis temores desvanezco,

mis quietudes facilito,

mis deseos aseguro,

mis contentos solicito;

mis recelos acobardo,

mis esperanzas animo,

cuando tu amor, y mi vida,

te infunde muerte, y olvido.

Tetrarca

Tanto tu vida deseo,

que a ser tu Alcaide me obligo:

ojalá fuera verdad,

no prevención este estilo;

para que nunca murieras,

y así a tus voces movido,

en tu nombre Irene hermosa

Pag. 17

Tetrarca

segunda vez me le ciño.

Cajas.

Tetrarca

Pero válganme los cielos,

¿qué alboroto, qué ruido

es este?

Mariene

El cielo parece

que se hunde de sus quicios.

Tetrarca

¡Qué asombro!

Mariene

¡Qué confusión!

Sale Filipo.

Felipe

¿Señor?

Libia

¿Señora?

Tetrarca

Filipo, ¿qué es esto?

Mariene

¿Qué es esto Libia?

Libia

No sé, si sabré decirlo.

Felipe

Gente del Emperador,

Otaviano tu enemigo

a Jerusalem ocupa,

y ya todos sus vecinos,

sabiendo que Antonio es muerto,

parciales, y divididos

te buscan para prenderte,

diciendo a voces, que has sido

la causa de sus traiciones.

Mariene

¡Ay de mí!

Tetrarca

Pierdo el sentido.

Mariene

Huye, señor, ese monte

sea tu sagrado asilo;

porque mejor las desdichas

se vencen en los principios.

Tetrarca

¿Qué es huir? Viven los cielos

que tengo de recebirlos.

Mariene

Mira, señor.

Tetrarca

Qué he de ver.

Mariene

Que es un vulgo.

Tetrarca

Ya lo miro.

Mariene

alborotada

Tetrarca

¿Qué importa?

Mariene

Tu vida.

Tetrarca

Mi vida libro.

Mariene

¿Cómo?

Tetrarca

Poniéndome.

Mariene

¿Dónde?

Tetrarca

Delante de él.

Mariene

Es desvarío.

Tetrarca

No es.

Mariene

¿Por qué?

Tetrarca

Porque con verme

verás que su orgullo rindo.

Tocan.

Tetrarca

A Dios, que ya

segunda vez dan aviso

las cajas.

Mariene

Tente.

Tetrarca

¿Qué temes?

Mariene

Temo, señor, tu peligro,

que vas solo.

Tetrarca

No voy tal,

tú vas, señora, conmigo,

y este acero que resbala,

si es de la muerte ministro

a dar asombros al mundo,

a dar al cielo prodigios.

SEGUNDA JORNADA.

Pag. 17

Salen dos soldados con un retrato grande de Mariene.

Soldado 1

Pongamos Licio el retrato

sobre el marco desta puerta;

porque cuando entre, y salga

el Emperador le vea.

Soldado 2

Que el más perfecto de cuantos

de la lámina pequeña

se ha copiado, el Liste, ponle

presto, que pienso que llega,

con la prisa que me das,

no sé si bien puesto queda.

Pag. 19

Póngale colgado sobre una puerta, y sale Otaviano.

Otaviano

Mal se rinde una pasión,

mal se vence una tristeza:

¡Que tantos triunfos, que tantos

laureles parte no sean

a echar de mí una memoria,

tan imposible, y tan necia!

Soldado 1

Como mandaste, señor,

hice luego se hicieran

deste pequeño retrato

mil copias, mas solo esta

ha salido parecida.

Otaviano

Perfecta está, no pudiera

haberla mejor copiado,

cuando ingenioso corriera

los rasgos, y los bosquejos,

al lienzo, desde la idea:

¿Que nunca me hayáis sabido,

o con maña, o con cautela,

de Aristóbolo, quién fue

alma desta sombra muerta?

Soldado 1

Con ese intento mil veces

a la torre que le encierra

entré, pero nunca pude

saberlo, que de manera

Aristóbolo ha perdido

el juicio, desde que en ella

está, que es en vano ya,

que hable en razón, ni de veras.

Otaviano

¿qué dices?

Soldado 1

que todo el día,

desatinos dice, y piensa

solamente.

Otaviano

no me espanto,

si la causa que le fuerza

a perder el juicio ha sido,

el perder esta belleza,

¿cómo es compatible, di,

que hoy un mismo efeto sientan

dos; uno, porque te halle;

y el otro porque te pierda?

qué mal hice cuando necio

de amor, y de su violencia,

culpé a Antonio, que adoraba

aquella Gitana, aquella

que en los teatros del mundo,

hizo la mayor tragedia,

¡oh qué bien vengado está

de mi altivez, y soberbia,

pues para mayor trofeo

con instrumentos se venga,

tan fácil con un retrato,

y este de una beldad muerta!

mas válgame el cielo, cuando

repito con tal tristeza,

muerta beldad me responden

Tocan cajas destempladas.

Otaviano

las cajas, y las trompetas

destempladas, si los cielos

cuando mi voz les acuerda,

que muerta beldad, piadosos,

confusamente celebran

desta difunta hermosura,

las honras, y las exequias.

Tocan.

Otaviano

Otra vez Dioses divinos

destempladamente suenan.

Un Capitán.

Capitán

¿Señor?

Otaviano

¿qué es aquesto?

Capitán

Espántome que las señas

no te lo digan, pues es

ceremonia usada esta,

de los Bárbaros Gitanos,

siempre que rendida, o presa

alguna persona Real,

en Egipto sale, o entra.

Otaviano

¿Quién entra, o sale rendido?

Capitán

El Tetrarca, que gobierna

a Jerusalem.

Otaviano

Más precio

ver prestrada esa soberbia,

que el triunfo que Egipto, y Roma

a mis vitorias celebra,

Pag. 20

Otaviano

entre él solo, y los demás,

queden Patricio allá fuera,

que por si acaso mi enojo

tras sí mis acciones lleva,

no quiero que nadie, airado

con un rendido me vea,

templad vos, pues sois mi espejo

mi cólera.

Capitán

Allí está, llega.

Entra el Tetrarca, séntase.

Otaviano

Aquí es menester valor.

Tetrarca

Aquí es menester paciencia:

Invicto Otaviano, cuyo

nombre en láminas eternas

el tiempo escriba, dictado

de las plumas, y las lenguas,

a tus pies llego ofendido;

porque para que vinieran

mi lealtad, y mi valor

a rendirte esta obediencia,

no era menester que fuesen

por mí, y el que hacer intenta

por fuerza lo que por gusto

pudo, a sí mismo se afrenta,

pues quita a la voluntad,

lo que se añade a la fuerza,

dame tus manos, mas cielos,

¡qué es esto! ¡qué miro en ellas!

Otaviano

Si yo de ajenos afectos,

oh Tetrarca, no estuviera

informado, a tus razones

bastante crédito diera;

pero si son destempladas

cláusulas que en ti disuenan

esta presente humildad,

con la pasada soberbia,

no violencia, ne rigor

la prevención te parezca,

que con vasallos, que son

de los que viva quien venza,

es fuerza que contra ellos

me aproveche de la fuerza.

Tetrarca

Mortal estoy, dadme cielos

valor, que quizá no es ella,

que ahora me la ocultase,

si contra mí te aconsejas,

¿quién pretende?

Otaviano

no presumas

que mal informado hiciera

estremos de ti, de ti,

sé las traiciones que intentas;

estas firmas te convencen,

dellas lo sé, pues con ellas

pretendía Aristóbolo, a quien

de aqueste Palacio cierra

una torre, tuyas son,

míralas.

Tetrarca

Ya miro al vellas

mi muerte.

Otaviano

Tu turbación

acredita mis sospechas.

Tetrarca

Y tu indignación las mías.

Otaviano

¿Es presunción, o evidencia?

Tetrarca

Evidencia, y presunción.

Otaviano

Pues cuando todo lo sean,

yo soy Otaviano, yo

soy el que en Egipto llega

a triunfar de Marco Antonio,

ese Gigante de piedra,

que el azul dosel del cielo

le abolla, si no le quiebra,

urna es breve a sus cenizas;

no mi valor, no mi fuerza

le dio muerte, el temor sí,

de haberme hecho competencia;

yo le vencí, yo triunfé

de él yo soy invicto César

de Roma, el Tíber, y el Nilo,

humildes mis plantas besan,

yo soy tu Rey, y tu dueño;

por mí Tetrarca gobiernas,

estrella eres de mi Sol,

aunque aborrecida estrella:

y así cuantos contra mí,

Pag. 21

Otaviano

con traiciones, con cautelas

quieran aspirar negando

a mi poder la obediencia,

haré guien cuantos Dioses

esas azules esferas

asisten, que de laurel

se coronen, porque sean

con un impulso a mis plantas,

con una acción a mis huellas,

dos trofeos de una vez,

el laurel, y la cabeza.

Va poco a poco a la parte donde está el Tetrarca.

Tetrarca

Que esto escuché mis oídos,

y aquello mis ojos vean,

sin que el valor me despeñe:

yo he de morir, cosa es cierta,

o a sus manos, o a mis celos;

pues él a mis manos muera,

y a mis celos.

Cae el retrato, y sale Otaviano.

Otaviano

¿Qué es aquello?

Tetrarca

Es un agravio, una ofensa,

un rencor, una desdicha,

un delirio, una violencia.

Otaviano

¿Tú con el desnudo acero,

cuando yo la espalda vuelta?

y entre tu acero, y mi espalda

esta hermosa imagen puesta;

tú turbado, yo seguro,

y ella herida, tú con muestras

de venganzas, yo de agravios,

y ella de piedad, tú muerta

la color, yo vivo, el riesgo,

y ella la deidad sujeta,

no sé, no sé cómo pueda

dejar de vengar mi ofensa;

por ti, por ella, y por mí,

pues en mi vida te vengas,

me ofendes, y si en la suya

también, luego ya a mi cuenta

corre el tomar la venganza,

o por mí, o por ti, o por ella.

Tetrarca

Es tan noble mi dolor,

que aunque disculpar pudiera

su furia, por no dejar

de haberlo hecho, no lo hiciera

por ti, por ella, y por mí;

por ti, porque cuando intentas

mis agravios, cara a cara

también mis venganzas veas

por ella, porque no piense

de mí tan grande bajeza,

que vi dos retratos suyos,

y tuve al verlos paciencia;

por mí, porque a mi dolor,

hoy me arrastra, hoy me despeña

a hacer estremos celosos,

que han de ser en la defensa

de Mariene un asombro:

luego el haber hecho, es fuerza

tan determinada acción,

o por ti, o por mí, o por ella.

Otaviano

Cielos, qué es esto que escucho;

mayor confusión es esta,

Mariene es la luz una,

a quien yo adoraba muerta,

engañome aquel criado,

mudar el estilo es fuerza,

mal Tetrarca te disculpa

la piedad, o la nobleza

de tu dolor, pues sin causa

a tantos riesgos te empeñas

una belleza divina

por sí sola se respeta,

sin que haya más ocasión,

que ser divina belleza.

Tetrarca

Con todo es mucho cuidado

tenerla en dos partes puesta,

pues como un hermoso espejo,

si está entero representa

Pag. 22

Tetrarca

un rostro, y si está quebrado,

dos, pero de tal manera,

que se turba el uno al otro

así a que te venza, y ese

la una, si fueran uno,

fuera de su fama eterna

un cristal que retratara

sus divinas excelencias;

pero en dos partes, señor,

tengo por agüero el verla,

porque es espejo quebrado,

que pierde la luz primera,

y siempre dice desdichas

el espejo que se quiebra.

Otaviano

Por mi sagrado laurel,

que no supe cuyo era

el retrato de tus miedos;

bastante disculpa es esta,

así, así de mis agravios,

la tuya Tetrarca fuera,

para que no me obligara

a tu castigo mi ofensa,

pues es fuerza que este acero

que aquí horrores representa

sea, como fue instrumento

de tu atrevida violencia,

de mi piadosa venganza,

pues desde este pecho apela

a tu cuello, porque así

el que me agravia me venga.

Tetrarca

Ya aqueste castigo tarda,

cuanto mi vida le espera.

Otaviano

Nunca tardan las desdichas,

presto vendrá, si lo es esta.

Tetrarca

Plega al cielo, porque así

se desdiga, y se desmienta

el hado deste puñal.

Otaviano

¿Qué hado?

Tetrarca

El que su temple encierra.

Otaviano

¿Qué es?

Tetrarca

Que morirá con él.

Otaviano

¿Quién?

Tetrarca

La cosa que él más quiera.

Otaviano

Nadie a otro más que a sí quiso,

él cumplirá su promesa,

hola, llevalde a la torre,

Soldados.

Otaviano

donde su hermano se encierra,

ella será su sepulcro.

Tetrarca

Cuando mi sepulcro sea,

la vida debo a un puñal,

yo le pagaré con ella.

Otaviano

Y yo la mía a un retrato

yo le pagaré la deuda.

Soldados y Malacuca.

Soldado 1

¿Grande es tu melancolía?

Malacuca

¿Melancolía decís?

bergantonazo, mentís.

Soldado 2

Pues ¿qué es esto?

Malacuca

Hipocondría,

que un Príncipe como yo,

no había de adolecer

vulgarmente, ni tener

mal que tiene un sastre, no.

Sale el Tetrarca, y el Capitán.

Tetrarca

¿Dónde Aristóbolo está?

Capitán

¿No es el que presente tienes?

Tetrarca

A burlas mis penas, vienes

con nuevos tormentos ya,

tú en este traje, ¿qué es esto?

Malacuca

Una cautela fingida,

que me ha de costar la vida.

Tetrarca

¿Quién a todos ha propuesto

engaño tan declarado,

que este no es mi hermano?

Capitán

Pues

¿quién este Príncipe es?

Tetrarca

Es un loco su criado.

Capitán

Pues ¿cómo te has atrevido

a hacer este fingimiento?

Malacuca

¿Quién no tendrá atrevimiento

de ser Príncipe fingido?

pues, y esto a ninguno asombre,

Pag. 23

Malacuca

más, en cualquiera suceso

vale ser Príncipe preso,

que pícaro libre un hombre.

Capitán

Tal engaño habías de hacer.

Malacuca

Si tan ofendido estás,

de ser Príncipe habrá más.

Capitán

¿Qué?

Malacuca

Que dejallo de ser.

Capitán

Al César conviene dar

nuevas al instante desto,

cerrad esas puertas presto,

y solo dejad entrar

un criado, que mandó

que en la prisión asistiera

al Tetrarca, y considera

de que hoy tu vida acabo.

Malacuca

No quiero considerallo,

porque no me ha de obligar

nadie a mí a considerar:

en nuevas dudas me hallo,

¿quién te hizo venir así

a deshacer el Estado,

señor, de mi Principado,

pues era Príncipe aquí?

no lo hiciera yo contigo.

Tetrarca

Esto es matar, y morir:

¿hay recado de escribir?

Malacuca

Sí.

Tetrarca

Pues déjame conmigo.

Malacuca

Pluguiera al cielo pudiera

dejarte aquí tan dejado,

que dejara mi cuidado:

mas supuesto que allá fuera,

no puedo irme por un poco,

dentro habré de retirarme,

que no hay por donde escaparme

si no me escapo por loco.

Vase.

Sale Filipo.

Filipo

Licencia, señor, de entrar

en la torre, que de guarda

tiene un criado, y de cuanto es

sombra de tu luz helada

te siguen, yo me prefiero,

porque a la lealtad agravia

el amigo de criado,

que no lo es hasta las aras.

Tetrarca

Yo Filipo te confieso,

que si algún consuelo en tantas

fortunas pudo seguirme,

fuiste tú, si es que en ti hallan

un alivio mis desdichas.

Filipo

Humilde estoy a tus plantas.

Tetrarca

¿Harás por mí una fineza?

Filipo

Doy a los Dioses palabra,

con juramento imposible

de romperla, y de quebrarla,

de dar la vida por ti.

Tetrarca

Pues menos, menos te encarga

mis sucesos, cuanto va

de dar la vida, o quitarla.

Filipo

¿Qué dices?

Tetrarca

Que aunque debiera

pedir consejo a tus canas,

fuerzas pido, y no consejo

en mi pena, oye, y sabrasla.

Si todas cuantas desdichas,

si todas cuantas desgracias

ha inventado la fortuna,

deidad de los hombres varia,

se perdieran todas juntas,

en mi sujeto se hallaran,

que soy epílogo breve

de las miserias humanas.

Yo que ayer de Mariene,

esposo, y galán, contrarias

muestras de amor, coroné

de vitorias mi esperanza,

hoy lloro agravios, sospechas,

recelos, desconfianzas,

y celos iba a decir,

ya el imaginarlos basta.

Yo que ayer de Palestina

Pag. 24

Tetrarca

Gobernador, y Tetrarca,

no cupe ambicioso en cuanto

el Sol dora, y el mar baña;

hoy pobre, rendido, y triste,

entre dos fuertes murallas,

aprisionándome el vuelo,

tengo batidas las alas.

Yo que del laurel sagrado

ayer pretendí las ramas,

siempre verdes, a pesar

de los rayos que las guardan

hoy, de aquel funesto acero,

que desdichas amenaza.

Ya vitorioso de mí,

tengo un hilo a la garganta;

pluguiera al hado, pluguiera

al cielo que en él para

sus prodigios, porque en mí

se desmintiera la ingrata

indignación de un destino;

pues muriendo yo a la saña

de aquel acero, pudiera

persuadir a mis desgracias;

que ya de lo que más quise

tomó la suerte venganza.

Mas ¡ay de mí! ¡ay de mí!

que no soy yo quien más ama

mi misma vida, porque

llena de cólera, y rabia

me aborrece, por ser mía,

y no porque muera paran

mis desdichas, que inmortales

más allá del morir pasan.

Otaviano adora pues

a Mariene, pintada

en su aposento gentil,

dos veces pues idolatra,

una vez a un Sol sin luz,

y otra a una beldad sin alma:

mal haya el hombre infeliz,

y otras mil veces mal haya,

el hombre que con mujer

hermosa en estremo casa,

que no ha de tener la propia

de nada opinión, pues basta

ser perfeta un poco en todo;

pero con estremo en nada,

que es armiño la hermosura,

que con su riesgo se guarda,

si no se defiende muere,

si se defiende se mancha.

No pues mi ambición Filipo,

no mi atrevida arrogancia,

no el ser parcial con Antonio,

no mi poder, no mis armas

le han puesto en este cuidado,

me ha puesto en esta mudanza;

el ser, sí, de Mariene

esposo, o caigan, o caigan

sobre mí mares, y montes,

aunque si de ofensas tantas

el peso no me fatiga,

no me rinde, no me cansa,

el de los montes, y mares

no me agraviara la espalda;

esta es la causa por quien

me aborrece, esta es la causa

por quien ya está de mi muerte

la sentencia declarada.

Yo viendo pues que a minutos

cuenta mi vida la parca,

viendo que a brazo partido

en esta caduca estancia,

luchando estoy de mi muerte

con las sombras, y fantasmas.

Viendo al fin, que apenas hoy

en una pública plaza

seré horror de la fortuna,

seré del amor venganza,

cuando él sea, ¡ay de mí triste!

en tálamo de oro, y grana,

heredero de mis dichas,

Pag. 25

Tetrarca

dueño de mis esperanzas,

muero de agravios, y celos,

que matan, porque no matan,

dirasme, que qué me importa,

pues con mi vida se acaban

mis sucesos, ay Filipo,

¡cuánto esta opinión engaña!

que amor en el alma vive,

si ella los Eliseos pasa,

no muere el amor sin duda,

puesto que no muere el alma,

él vive por una estrella

ya propicia, o ya contraria,

pues ¿cómo faltara amor,

mientras la estrella no falta?

¿quieres ver cuál es la mía?

pues si pudiera apagarla,

hoy con el último aliento

lo hiciera, porque faltara

del cielo, y otro ninguno

en su Horóscopo, y desgracia,

no naciera como yo;

porque como yo no amara;

y en fin, ¿para qué discurre

mi voz, para qué se cansa?

otra pena, otro dolor,

otro tormento, otra ansia

en el corazón no llevo,

sino solo el ver que aguarda,

ser Mariene despojo

de otro amor, de otra esperanza

sea barbaridad, sea

locura, sea inconstancia,

sea desesperación,

sea frenesí, sea rabia,

sea ira, sea letargo,

o cuanto después mis ansias

quisieren, que todo quiero

que sea, que todo es nada,

como no sean mis celos:

y así, pues que la palabra

me has dado de obedecerme,

haz lo que mi amor te encarga

vuelve a Jerusalem, vuelve

a la esfera soberana

del mejor Sol de Judea,

y en diciéndote la fama

que he muerto, en el mismo instante,

con mortal eclipse, apaga

a la tierra el mejor rayo,

al cielo la mejor llama,

al campo la mejor flor,

la mejor estrella al Alba,

para Tolomeo, ya

escrita venía esta carta,

esperando que viniese

ocasión en que enviarla,

de él te fía solo, que él

te guardará las espaldas;

muera yo, y muera sabiendo,

que Mariene gallarda,

muere conmigo, y que a un tiempo

mi vida y la suya acaban;

pero no sepa que yo

soy el que morir la manda,

no me aborrezca al instante,

que pida al cielo venganza,

quién creerá que hay en el mundo

una pasión tan estraña,

que del amor al rigor,

de un estremo al otro pasa,

pues el hombre que más quiere,

más adora, y idolatra,

por no tener aun después

de muerto celos, por manda

deja de su testamento,

que muera lo que más ama,

así alivia sus desdichas,

así sus iras descansa,

así desmiente sus penas,

así deshice sus ansias,

así mejora sus miedos,

Pag. 26

Tetrarca

así sus sospechas mata,

así finge sus temores:

y así sus celos engaña,

pues no hay marido, ni amante,

salgan todos a esta causa,

que antes más quisiera ver,

muerta, que ajena a su dama.

Filipo

¡Quién pudiera responderte!

pero no puedo, que baja

mucha gente a la prisión.

Tetrarca

Pues sal tú della, ¿qué aguardas

Filipo?

Filipo

Señor.

Tetrarca

No tienes

que decirme.

Filipo

Mira.

Tetrarca

Calla,

ya sé que tienes razón;

pero está la suerte echada.

Filipo

Sí pero echada a perder.

Tetrarca

¿No es posible remediarla?

Filipo

Decidme, ¿qué debo hacer

cielos, en desdichas raras?

Vase.

Sale Malacuca.

Malacuca

Señores, que se anden otros

de aqueste mundo en la farsa,

haciendo Príncipes, Reyes,

Duques, Obispos, y Papas,

Marqueses, Condes, Vizcondes,

y una vez sola, y cuitada,

que hice un Príncipe yo,

me va saliendo a la cara.

Tetrarca

¿Qué hay Capitán?

Capitán, y soldados.

Capitán

Que aunque hoy

tú cauteloso callaras,

quién era aqueste villano,

lo hubiera dicho una carta

que Otaviano ha recebido,

en que le dicen, que anda

Aristóbolo moviendo

de Jerusalem las armas,

para darte libertad,

cuya novedad estraña

su indignación ha crecido

de tal manera, que manda,

que aqueste loco que fue

de su libertad la causa,

den cuatro tratos de cuerda.

Malacuca

Pésame de que tal haya

mandado su Majestad.

Capitán

Y que pendiente en la plaza

esté un día.

Malacuca

¿Qué es pendiente?

Soldado 1

Vamos de aquí.

Malacuca

El Turco vaya,

vive Dios, que han de llevarme

que es necedad muy usada,

el irse uno por su pie,

donde la muerte le aguarda,

pendiente el alma de un hilo,

si estar es desdicha estraña,

¿qué será de una maroma,

pendiente el cuerpo, y el alma?

Tetrarca

¿Y qué rumor es aquel

de trompetas, y de cajas?

Vase.

Tocan.

Capitán

Que Otaviano con su gente,

hoy a Jerusalem marcha,

a donde quiere, que tú

preso en una nave vayas.

Vase.

Tetrarca

A Jerusalem el César,

donde, ¡los cielos me valgan!

halle a Mariene viva,

quien la idolatró pintada,

él vitorioso, yo preso,

y ella amada, ¡oh suerte ingrata!

él amante, yo marido,

y ella hermosa, ¡oh pena airada!

él poderoso, yo pobre,

y ella mujer, pues ¿qué aguarda

un rayo, que de una nube

Pag. 27

Tetrarca

aborto de luz no rasga,

siendo víbora de fuego,

una nube las entrañas?

¿no hay un rayo para un triste,

pues si agora no lo gastas,

para cuándo, para cuándo

son Júpiter tus venganzas?

Vase.

Salen soldados y todas las mujeres, Aristóbolo, y Mariene detrás marchando.

Aristóbolo

Dadme otra vez los brazos,

porque coronen tan hermosos lazos

hoy la vitoria mía.

Mariene

Mi vida hermano a tu valor se fía,

publiquen tus memorias,

que vitorias de amor son mis vitorias.

Aristóbolo

La palabra te he dado,

y otra vez te la doy determinado

de morir animoso,

o traerte libre a tu adorado esposo.

Mariene

Oh, cúmplamela el cielo,

y pues el campo de cristal, y hielo,

de aquí a Egipto es tan breve,

por ese pasadizo, que de nieve,

o se encrespa, o se eriza,

cuando el copete de su frente riza,

presto la nueva espero,

de quien mi amor desempeñó tu acero.

Aristóbolo

Si tu amor va conmigo,

fácil empresa, fácil triunfo sigo.

Tolomeo

Ya el campo cristalino,

tanto pez de madera, ave de lino

admite en sus esferas,

que parecen las ondas lisonjeras

por estos Horizontes,

una baja República de montes.

Aristóbolo

Tú fuerte Tolomeo,

en tanto que me aclama este trofeo,

aquí es bien que te quedes,

donde guardarme las espaldas puedes.

Tolomeo

Obedecerte espero.

Mariene

Y yo veros partir a todos quiero,

porque os den para iros,

Pag. 28

Mariene

agua mis ojos, viento mis suspiros.

Quedan Libia, y Tolomeo.

Libia

Permita la ocasión a mi deseo.

que ya de tu salud, oh Tolomeo,

el parabién te dé, si bien pudiera

recebirle mejor, pues de manera

yo tu pena he sentido,

que más, que darte el parabién le pido.

Tolomeo

Yo agradezco, señora,

a esa beldad mi vida desde agora,

y ya como a milagro

suyo, mi vida a tu deidad consagro,

pues mi muerte sentía,

no Libia hermosa, no, porque moría,

sino porque sin verte,

pagaba con dos vidas una muerte.

Libia

Responderte quisiera,

mas la Reina que ocupa la ribera

me echará menos, solo te prevengo,

que ya ganada para hablarte tengo

de esos jardines llave,

que ser ladrón amor de casa sabe.

Tolomeo

Dame esa llave agora,

y agora desdoblar verás, señora,

la falda, que arrugó la noche fría,

sobre la hermosa variedad del día,

cuando entre en el jardín serán sus flores

testigos mudos, pues de tus favores

siendo en esferas bellas,

de noche flores, y de día estrellas.

Libia

Has de advertir, que si entras, mas no puedo

proseguir, adiós, pues.

Tolomeo

Confuso quedo

sin oírte.

Libia

Pues espera en esta parte,

que aquí de todo volveré a avisarte.

Vase.

Tolomeo

Aunque en la paz me quedo,

tener más guerra en mis sentidos puedo,

que tienen mar, y tierra.

pues se incluye más guerra,

que en el mar, y en la tierra, en el cuidado

Pag. 29

Tolomeo

de un pecho enamorado,

que Cid como un deseo

yo adoro a Libia hermosa.

Dentro Filipo.

Filipo

Tolomeo.

Tolomeo

Cielos ¿llamáronme?

Filipo

Sí.

Tolomeo

¿Quién?

Filipo

Un hombre que ha llegado

en un bajel que ha volado

desde el mar de Egipto aquí,

y tiene a solas que hablaros.

Tolomeo

Pues bien solo me tenéis,

¿quién sois?

Filipo

Después lo sabréis.

Tolomeo

¿Quién vio sucesos más raros?

Filipo

Seguidme, donde ninguno

me vea hablando con vos.

Tolomeo

Solos estamos los dos,

y el sitio es tan oportuno,

que es apartado lugar.

Filipo

Pues leed este papel,

que en viendo lo que hay en él,

tenemos mucho que hablar.

Tolomeo

Cada punto, cada instante

añadís al corazón

otra nueva confusión.

Filipo

Pues más quedan adelante,

leed, que más daño os espera.

Tolomeo

Por piadoso, o por cruel

del Tetrarca es el papel.

Filipo

Oculto desta manera

descubriré su intención,

lo que hay en él he de ver,

por ver lo que yo he de hacer.

Tolomeo

¡Qué notable confusión!

Lee.

Tolomeo

A mi servicio conviene,

a mi honor, y a mi respeto,

que muerto yo, con secreto

deis la muerte a Mariene,

hombre que de asombros lleno

en una carta sucinta,

traes con papel, pluma, y tinta

rosa, áspid, y veneno,

si conjuración ha sido

el desta temeridad,

y a examinar mi lealtad

desta manera has venido,

no solo rigor previene

este acero; pero piensa,

que he de morir en defensa

de mi Reina Mariene,

traidor eres vive Dios,

que el rostro no te encubrieras,

si leal y noble fueras,

y cuerpo a cuerpo los dos

te tengo de hacer pedazos

entre mis brazos.

Filipo

No harás

que yo no esperaba más,

para darte mil abrazos.

Tolomeo

Filipo, ¿qué es lo que veo?

tú desta suerte, ¿qué miro?

ya con más causa me admiro,

ya con más causa lo creo.

Filipo

El Tetrarca para ti

con este papel me envía,

que de nuestra lealtad fía,

la traición que viene ahí,

muerto él, nos manda que muera

Mariene; pero ya

que de tu valor está,

vista la fe verdadera,

quédese el caso encubierto,

que si él vive, así está bien,

y si acaso muere, ¿quién

ha de obedecer a un muerto?

Tolomeo

Mucha es mi confusión, mucha

mi pena, dime, ¿qué es esto?

Pag. 30

Tolomeo

¿quién en tal error le ha puesto?

Filipo

Si quieres saberlo escucha,

Otaviano, enamorado,

de un retrato que.

Tolomeo

Detente,

que por aquí viene gente.

Filipo

Pues a los dos ha importado

que no me vea: y así

por desmentir la sospecha,

quédate a hacer la deshecha,

y vente después tras mí,

que en ese monte te espero,

y mil prodigios sabrás.

Vase.

Tolomeo

¿Qué tengo que saber más,

si ya de pensarlos muero?

la Reina era, y ya torció

a los jardines el paseo,

y yo suspenso del caso

que me ha sucedido, no

sé de mí, ilusión cruel,

¡qué de cosas anticipo!,

mas seguir quiero a Filipo,

volviendo a leer el papel.

Sale Libia.

Libia

Discurriendo esta ribera

del Mayo florido albergue,

registrando de las flores,

Sol suyo anda Mariene,

Tolomeo, y pues me da

lugar el amor, advierte,

que para entrar.

Tolomeo

¡Ay de mí!

Libia

Mas di, ¿qué papel es ese,

que con tanta turbación

de mí ocultar le pretendes?

Tolomeo

No es nada Libia.

Libia

Con eso

me das más gana de verle.

Tolomeo

Tú ofendes así mi amor.

Libia

Y tú un papel me defiendes,

cuando yo de mi albedrío

las llaves te doy dos veces.

Tolomeo

No es de amores vive Dios.

Libia

Ello dirá.

Tolomeo

No has de leerlo.

Libia

Tú conmigo tan cruel.

Tolomeo

Tú conmigo tan aleve.

Libia

Suelta el papel.

Sale Mariene.

Mariene

¿Qué papel?

Tolomeo

Grave mal.

Libia

Desdicha fuerte.

Tolomeo

Qué pudiste engendrar Libia,

sino venenos crueles.

Libia

Es verdad, que engendré celos.

Mariene

Pues ¿qué atrevimiento es ese,

así mi luz se respeta?

¿Así mi sombra te ofende?

¿Mi decoro así se trata?

¿Y mi respeto se pierde?

¿En mi casa, y a mis ojos

vuestras acciones se atreven

a profanar un Palacio,

que es Templo de honor, y a verle

el Sol se atreve con miedo,

y entra dentro, porque viene

a traerle luz, que el Sol

aún no entra de otra suerte?

dame tú esa parte, y tú

esotra, dellas conviene

informar a mi recato.

Tolomeo

Que es una víbora, advierte,

que dividida en mitades,

con la lengua, y cola hiere,

no le juntes, no le juntes,

que será el daño más fuerte,

vete tú Libia de aquí

ahora.

Libia

¡Ay de mí!

Mariene

Y tú vete.

Tolomeo

Si por ventura han podido

mis servicios merecerte,

alguna merced que sea

capaz de muchas mercedes,

rompe ese papel, ¡ay triste!

no le leas, mira, advierte,

que cuanto por velle agora,

darás después por no velle.

Mariene

¿Por qué?

Tolomeo

Porque ese papel

Pag. 31

Tolomeo

tal veneno en sí contiene,

que matará a quien le mire,

tu vida está en que no llegues

a leerle, y es verdad,

porque en él está tu muerte.

Mariene

El que advierte de un peligro

nunca suplicando advierte,

porque el beneficio manda

al superior, luego mientes,

que si estos estremos haces,

cuando me acuerdas los bienes

¿qué dejas que hacer, qué dejas,

cuando los males me acuerdes?

letra es del Tetrarca ya,

que viva, o muera he de verle.

Tolomeo

¡Ay infelice de mí!

Mariene

Dice a partes desta suerte,

muerte es la primer palabra

que he topado, honor contiene

esta, Mariene aquí

se escribe, cielos valedme,

que dice mucho en tres veces,

Mariene, honor, y muerte.

Tolomeo

¡hay hombre más desdichado!

Mariene

mas ¿qué dudo?, ya me advierte

los dobleces del papel,

a donde están los dobleces,

llamándose unos a otros.

Lee.

Mariene

A mi servicio, ¡mal fuerte!

conviene, ¡estraño temor!

a mi honor, ¡hados crueles!

y a mí, ¡tiranos asombros!

respeto, ¡infelice suerte!

que muerto, ¡infeliz mujer!

yo, ¡tiranías aleves!

con riguroso precepto,

secreto, ¡estrella inclemente!

deis, ¡todo el cielo me valga!

deis la muerte a Mariene:

¿Quién este papel te dio?

Tolomeo

Filipo, que con él viene

de Egipto; pero señora,

estar satisfecha puedes

de su lealtad, y la mía,

porque los dos.

Mariene

Mientes, mientes,

que él, ni tú, no sois leales;

pues cobardes, pues aleves,

no le habéis obedecido,

¿quién es más cómplice en este

decreto?

Tolomeo

Nadie, señora.

Mariene

Pues mira lo que te advierte

mi voz, que ninguno sepa

que yo he llegado a saberle,

y vete.

Vase.

Tolomeo

Un mármol seré.

Mariene

¡Oh infelice una y mil veces

la que se ve aborrecida

de la cosa que más quiere!

¿en qué te ofende mi vida,

esposo, en qué, en qué te ofende,

que te pesa de que viva?

fuerte agravio, pena fuerte,

cuando yo tu libertad

trato, y a imperios de nieve,

doy Semíramis del agua,

Babilonias de bajeles,

cuando compitiendo a montes

iba a repetir alegres,

mas no lo son para mí

después que vives ausente,

adorando estoy tu sombra,

y a mis ojos aparente,

por burlar mi fantasía

abracé el aire mil veces,

tú en una obscura prisión,

funesto, y mísero albergue,

para abrazar mis desdichas,

estás trazando mi muerte,

o te quiero, o no te quiero,

si no te quiero, ¿qué tienes

que perder en mí, aunque mueras?;

Pag. 32

Mariene

pues poco, o nada se pierde

en perder una mujer,

cuando ni estima, ni quiere;

si te quiero, ¿para qué

después de muerto pretendes

mi muerte?, yo sabré, ¡ay cielos!

matarme yo, si tú mueres,

sí, que quien llega a perder

lo que ama, y no lo siente

tanto que pierde la vida,

no puede decir que quiere,

luego aborreciendo yo,

o queriendo, de una suerte,

ofendes mi vanidad,

o mi ingratitud ofendes,

matarme mandas matarme,

si por influjos celestes,

el mayor Monstruo del mundo

mi vida amenaza en ese

pavimento encuadernado,

que nuestras vidas contiene

blanca beldad de los Dioses,

mentira azul de las gentes,

y tú de sus astros puros,

que solo un suspiro mueve,

cumples el rigor que anuncia,

las desdichas que prometen,

para ser tú el mayor Monstruo

repites, cuyas crueles

armas serán el fatal

acero, que al lado tienes;

¡ay de mí!, que repetido

el dolor, una y mil veces,

lo que antes fue en mis acciones,

sentimiento solamente,

se va pasando a venganza,

pues de suerte, pues de suerte,

tu desconfianza en mí

ha trocado el accidente,

que ya a pesar del amor,

los rigores, y desdenes

te quieren echar del pecho,

propio afecto de mujeres,

pasar de un estremo a otro,

en los males, o en los bienes,

mas ¿qué digo?, que no soy

yo mujer solo, que debe

la Real sangre escluirse

de lo común de las leyes:

y así en dos partes constante

dudosa, y indiferente,

como mujer ofendida,

y como Reina, prudente

mujer, cumpliré conmigo,

en quejarme, y ofenderme

Reina, cumpliré con todos

en no mostrar que lo siente

mi pecho y pues mis desdichas

fin determinado tienen,

ira, rigor, y venganza

del cielo, el hado, y la suerte,

con puñal monstruo, y veneno,

disponga, ejecute, y piense,

fortuna, amor, y desdicha,

porque siga, alcance, y llegue

de aquel Monstruo, y este acero,

esta prevenida muerte.

TERCERA JORNADA.

Pag. 33

Descúbrese una tienda, tocan cajas, dicen dentro, y salen después Otaviano, y soldados.

Capitán

Viva Otaviano.

Todos

Viva.

Capitán

Sacro el laurel pacífica, la oliva

ciña su Augusta frente.

Otaviano

Salve, oh tú gran Metrópoli de Oriente,

Ciudad de Asia, señora,

que en el rosado Imperio del Aurora,

con voz, y lengua muda

el Sol, en su primera edad saluda,

salve otra vez, y admire

tu César, cuyo nombre que compite

con el tiempo, y olvido,

dos veces al laurel restituido

besa tu muro, una

a pesar del poder, y la fortuna,

y otra por más blasones

a pesar de cobardes sediciones,

pues cuando presumas,

que del Romano yugo sacudas

la cerviz, con haber hoy enviado

a Aristóbolo en tanto leño alado

a librar su Tetrarca,

vengo yo, que soy brazo de la parca,

dos veces vitorioso,

donde aunque piedad el nombre generoso

de magnánimo espero,

con este que gané fatal acero,

por eso le he guardado osado, y fuerte,

dará tu vista a tu Tetrarca muerte

de ese bajel a donde

vivo, cadáver su ataúd le esconde,

le sacad, que hoy procuro

Pag. 34

Otaviano

con su cabeza saludar el muro.

Vanse.

Capitán

De la ciudad abiertas

a tu nombre, señor, todas las puertas

están, y si los ojos no han mentido,

un escuadrón de damas ha salido,

y hacia tu tienda viene.

Otaviano

Y entre todas, ¡ay cielos!, Mariene,

más gallarda, y hermosa,

entre pálidas flores, es la rosa,

y yo a sus rayos mi temor ignoro,

mirando viva a quien pintada adoro:

Mintió el pincel aleve

ofensas deste fuego, y desta nieve.

Salen todas las mujeres que pudieren, y detrás Mariene con luto.

Mariene

Turbada al César miro.

Otaviano

Cobarde al Sol admiro.

Mariene

Que pasma su grandeza.

Otaviano

Que ciega su belleza.

Mariene

Y ya un temor con mis sentidos lucha.

Otaviano

Mucha es mi turbación.

Mariene

Mi pena es mucha.

Ínclito César, cuya heroica fama,

Al un cabo se estiende de la Luna,

Cuando con labio de metal te aclama

Tu Júpiter, y dios de tu fortuna:

Iris son, que serenan a su acento,

Mares de agua, y páramos de viento.

Ya que tu nombre en láminas se escribe,

Que el tiempo que más vuela, que más corre,

Ni con las torpes alas las derribe,

Ni con las plantas trágicas las borre;

Vive piadoso, generoso vive,

Y del Sol coronada la alta torre,

Que al Águila Romana le dio nido,

Prisión sea del tiempo, y del olvido.

Yo soy la desdichada Mariene,

Dijera bien, la desdichada esposa

De aquel contra quien ya tu enojo tiene

Pag. 35

Mariene

Blandida la cuchilla rigurosa,

Si una línea de púrpura detiene

Del más noble animal, la más furiosa

Acción, detén el paso a mis enojos,

Pues son líneas de púrpura mis ojos.

Mas ¡ay!, que en vano a tus rigores pido

La vida que has de darme generoso,

Que eres Rey, y has de ser enternecido,

Que eres valiente, y has de ser piadoso,

Que eres noble, y has de ser agradecido,

Que eres tú, y has de ser tan virtuoso,

Que veas, que merece menos gloria,

El que con sangre mancha la vitoria.

No pues, el que te espera heroico asiento,

Se constituya cadalso duro, y fuerte,

No el triunfal carro, humilde monumento,

No el triunfo en ceremonias de la muerte,

No la música con mísero lamento,

No la vitoria en miserable suerte,

Las galas lutos, llanto el alegría,

No eches pues, a perder tan feliz día.

Entra triunfando, no, señor, venciendo,

Entra venciendo, no, señor, vengando,

Que más honor has de ganar, entiendo,

Perdonando, señor, que castigando:

Halle piedad la que lloró pidiendo,

Halle piedad la que pidió llorando;

Hombre eres, yo mujer que a tus pies lloro,

Otro camino de obligarte ignoro.

Otaviano

Bellísima Mariene,

milagro hermoso del tiempo,

ejemplo de la fortuna,

y de la belleza ejemplo.

Agravio ha sido escucharos,

porque un generoso pecho

no ha de esperar que le compren

las mercedes con los ruegos.

Mal hice en no adivinar

antes vuestros sentimientos,

que os costase la vergüenza

de decirlos el vencerlos.

No lloréis, que valen mucho

lágrimas de ojos tan bellos,

y murmurará la tierra

de ver cómo llora el cielo.

Una vida me pedís,

y aunque es verdad que lo siento,

remedie el pesar de oíros,

el gusto de obedeceros.

Si bien es error, que yo

nada os doy, señora, en esto,

Pag. 36

Otaviano

pues una vida no os doy,

sino pago otra que os debo,

que entre su acero, y mi vida

pintada os miré en un tiempo,

Mariene, pero viva

entre su vida, y mi acero,

que es más dichoso que yo,

cuando dice aquel proverbio,

de lo vivo a lo pintado,

pues vence con tanto exceso,

cuanto hay de un alma a una sombra,

cuanto hay de una vida a un lienzo.

El Tetrarca vuestro esposo

es este pálido ejemplo

de la fortuna del hado;

Sacan al Tetrarca con prisiones.

Otaviano

este mísero trofeo

deste pequeño bajel,

que fue su ataúd pequeño;

salía a mirar trocando

la razón, pues siempre vemos

dar el muerto al ataúd,

mas no el ataúd al muerto.

Viva, pues vos lo queréis,

y por no dejar a riesgo

vuestros ojos de que lloren,

otra vez perdón concedo

a Aristóbolo, y repito

en su honor, y en el gobierno

al Tetrarca, así le admita

Jerusalem, que no quiero

barajar a mi fortuna

tan ilustre vencimiento;

sepa él, que vive por ti,

sabe tú, que por ti muero.

Vase.

Tolomeo

Ya no tengo que temer,

pues pidió su vida, es cierto,

que tener quiero su agravio

esta cárcel del silencio.

Tetrarca

¡Oh humanas honras del mundo,

cuánto es vuestro lustre incierto

pues os sabéis vender honras

de los agravios a precio,

y siendo honras sois agravios!

¡cuánto mejor fuera, ah cielos!

morir, que no que pidiera

mi vida, Mariene, a trueco

de una lágrima, si bien

solo queda este consuelo.

Que pues pidió Mariene

mi vida, estará secreto

aquel monstruo de mi honor,

y prodigio de mis celos;

disimulemos desdichas.

Mariene

Agravios disimulemos.

Tetrarca

Tiempo habrá para quejarnos.

Mariene

Para llorar habrá tiempo.

Tetrarca

Aunque me has dado la vida

no sé si te la agradezco,

pues si es tuya, y tú la guardas,

nada a tus finezas debo.

Dame los brazos, en quien

pedazos, viven los cielos,

te hiciera, para que logre

mi amor tan feliz empleo.

Mariene

Tuya es el alma, y la vida,

porque aquí, ingrato me veo,

te doy los brazos, que antes

pedazos te hiciera en ellos.

Tetrarca

¿tú ofendida?

Mariene

¿tú quejoso?

Tetrarca

¿tú cruel?

Mariene

¿y tú severo?

Tetrarca

Yo tengo razón.

Mariene

yo no,

porque más que razón tengo.

Tetrarca

cielos, ¿qué es esto que escucho?

Mariene

¿Qué es esto cielos que veo?

Tetrarca

¡Tened el curso desdichas!

Mariene

¡Fortunas, parad el vuelo!

Tetrarca

Que dice mucho callando.

Mariene

Que dice mucho sintiendo.

Pag. 37

Vuelve por la otra puerta.

Otaviano

¡Oh ejemplo de la hermosura,

y qué soberano imperio

es el tuyo, pues que obligas

al más generoso pecho

a tu obediencia, que en ti

es valor el rendimiento!

Sale Malacuca con muletas, y manco.

Malacuca

Señor, ya que tu piedad

con todos cuantos tuvieron

parte en estos alborotos,

es tan liberal, te ruego,

que mandes, que se me quiten

los tratos que se me dieron,

que son muy bellacos tratos.

Soldado 2

Aparta de aquí.

Otaviano

¿qué es eso?

Soldado 1

No es nada.

Malacuca

¿No es sino mucho?

Otaviano

¿Quién sois?

Malacuca

Un Príncipe güero,

un Capitán de la legua,

un Caballero de viejo,

en efeto, soy un

Aristóbolo contrahecho,

que sin haberme mojado,

a enjugar estuve puesto,

en tal maroma, que apenas

me vio levantar del suelo,

que siempre yo me levanto

a semejantes sucesos,

cuando rechinó entre sí,

como quien dice, yo quiero

hacerle a aqueste una burla,

y se quebró, dicho, y hecho,

con que después de sacarme

los brazos por el pescuezo,

me hizo quebrar las piernas,

y en dos muletas parezco

al tiempo, y bien parecido,

según que anda ruin el tiempo.

Otaviano

Yo he usado de mi piedad,

si padecisteis primero,

quejaos de vuestra fortuna.

Malacuca

He aquí señor, que me quejo

y no me sirve de nada.

Sale Aristóbolo.

Aristóbolo

Humilde a tus plantas llego,

a donde a los Dioses juro,

que la vida que te debo

siempre viva agradecida

a la piedad de tu pecho.

Malacuca

Que este, por decir, que era

yo, se está tan sano, y tan bueno,

y yo por decir, que era él,

me estoy agora muriendo,

¡oh vil fortuna!

Otaviano

Levanta

Aristóbolo del suelo,

que si hubiera de vengarme

del daño que tú me has hecho,

no bastaran muchas vidas.

Yo te perdono, que quiero

vivir antes bien quejoso,

que mal vengado.

Aristóbolo

no entiendo

tus razones.

Otaviano

Son enigmas

que las descifro yo mesmo.

Vase Otaviano.

Malacuca

¿Señor?

Aristóbolo

¿Quién llama?

Malacuca

tu estatua.

Aristóbolo

Pues Malacuca, ¿qué es esto?

Malacuca

Una gran superchería

es, que contigo se ha hecho

por debajo de la cuerda,

y por encima del viento,

y no la siento por mí,

que por ti solo la siento,

pues conmigo no se hizo,

no sino contigo esto.

Pag. 38

Malacuca

porque yo hacía tu papel.

Aristóbolo

Pues si conmigo se ha hecho,

yo se lo perdono así,

que tú no te quejas dellos.

Malacuca

Sí, pero duéleme a mí,

y por aqueso me quejo.

Aristóbolo

Luego no se hizo conmigo.

Vase.

Malacuca

Probado está el argumento:

Tahures, los que pedís

monedas, ved en mi ejemplo

una suerte que troqué,

de qué manera me ha puesto.

Salen todas las damas el Tetrarca, y Mariene.

Tetrarca

Después de dar mala vida,

que yo tan a costa compro

de los agravios que callo,

de las desdichas que lloro,

torciendo las blancas manos,

humedeciendo los ojos,

turbada la voz del pecho,

pálido el color del rostro,

hasta el Palacio has llegado,

y en él a lo más remoto

de sus cuartos, pues ¿qué es esto?

mira que es afecto impropio

del beneficio, cobrarle

tan presto, no riguroso

tu pecho aquel bruto sea,

que viendo el veloz arroyo

de una fuente, inficionado

del áspid, noble y piadoso

le enturbia, porque no beba

el caminante, que absorto

de ver enturbiar la plata

que le brindó con sonoro

acento, a beber cristal

en penada copa de oro.

Maldice al bruto ignorando

el favor, y así dudoso

no agradeceré la vida,

si con agravios la logro,

que es turbar los beneficios

embozarlos con enojos.

Mariene

ya hemos llegado hasta el cuarto

prevenidos, salíos todos.

Vanse todos.

Mariene

Tú tenme abierta esta puerta,

en tanto que yo dispongo

cerrar estotra.

Tetrarca

Fortuna,

¿qué es esto?

Mariene

Ya estamos solos.

Tetrarca

¿Qué miras?

Mariene

Miro el puñal,

que del reloj presuroso

de mi vida fue el volante.

Tetrarca

En un peligro notorio

le perdí.

Mariene

Pues oye.

Tetrarca

Ya te oigo.

Mariene

Bien pensarás, oh cobarde

amante, oh tirano esposo,

aleve, cruel, sangriento,

bárbaro, atrevido, y loco.

Bien pensarás, que pedir

a aquel Monarca famoso,

a aquel valiente Romano,

a aquel Capitán heroico,

en cuya vida el ave sea

el sagrado Mausóolo,

nace, vive, dura, y muere,

hijo, y padre de sí propio,

la tuya comprando a precio

de suspiros, y sollozos,

ha sido piedad y amor

de mi pecho generoso.

Pues no ha sido, no piedad

ni amor afecto rabioso,

y venganza sí, porque

no hay otro estilo, no hay otro

camino de castigar

Pag. 39

Mariene

un ingrato pecho, como

pagarle con beneficios

cuando ofende con enojos,

que merced hecha a un ingrato,

más que merced, es oprobio.

No pues por librarte, no,

del veneno riguroso,

turbé el cristal, aprendiendo

piedades del Unicornio,

antes para que le bebas

te le enturbié con embozos,

y al revés de la piedad

de aquel animal piadoso

procedí, pues él cubrió

el beneficio de polvo.

Y yo de halagos la ofensa,

mira lo que hay de uno a otro,

que desdora las piedades,

y yo las crueldades doro.

No me diera, no, venganza

verte morir, cuando noto,

que es la muerte en los afanes

última línea de todos,

verte vivir, sí, ofendido,

aborrecido quejoso;

porque en el mundo no hay

castigo más riguroso

para un ingrato, que verse

olvidado de lo propio,

que se vio amado, el que llega

a esto, ¿cómo vive, cómo?

fuera desto, por mí misma,

por mi honor, por mi decoro

pedí tu vida, encubriendo

las causas con que me enojo,

que saben todos quién soy,

y quién eres uno solo,

y no por ganar con uno,

había de perder con todos.

Tu vida pedí en efeto,

porque sepas que no ignoro,

que has vivido en esta ausencia

de mi muerte cuidadoso,

este papel, esta firma

te convenza, ¿con qué asombro

le miras, quedando viva

estatua de nieve, y plomo?

en mi mano está, no tienes

que examinar estudioso

cómo vino a ella, porque

la tierra viendo el adorno,

y la hermosura que debe

a ese cristalino globo,

que parte la Luna a giros,

que el Sol ilumina a tornos,

le ofreció de no encubrirle

nada en su centro más hondo,

que aun los cielos, con ser cielos,

dan las mercedes a logro.

Tú eres aquí de mi aliento

tu desmayo al primer soplo,

con mis lágrimas me anego,

con mis suspiros me ahogo,

de Jerusalem Tetrarca.

Tú eres rama de aquel tronco,

que dice bien, el que dice,

que eres bajo, y afrentoso

Idumeo, cuya cuna

bárbara es, que más apoyo

desta opinión, que tus celos

infames, como alevosos.

¿Qué fiera la más cruel,

qué bruto el más riguroso,

qué pájaro el más aleve,

qué bárbaro el más ignoto,

mató muriendo?, pues antes

de hombres, fieras, y aves oigo,

que mueren dando la vida:

dígalo en bramidos roncos

la víbora, que mordiendo

sus entrañas, poco a poco

se despedaza, sacando

Pag. 40

Mariene

muchas vidas de un aborto.

Dígalo el ave, que muestra

el pecho en mil partes roto,

y por dar la vida muere

desangrado entre sus pollos.

Dígalo el bárbaro, pues

que al peligro más notorio,

espuesto el pecho a su espalda,

pone a su esposa, y piadoso

es escudo de su vida

contra la pluma, y el plomo:

mas tú, más que todos, fiero,

mas tú, más bruto que todos,

mas tú, bárbaro en fin,

no solo apenas, no solo

favoreces lo que amas;

pero avaro de los gozos,

a un marido no los dejas,

bien como el que codicioso

amante de sus riquezas,

porque no las goce otro,

manda, que después de muerto

le entierren con su tesoro;

supuesto que fue fineza

este decreto, supongo,

que fue con celos, que nada

quiero dejarte en tu abono,

quien muriendo, pues previno

avariento, o cauteloso,

llevar desde aqueste mundo

prevenciones para el otro.

Si es nuestra vida una flor,

sujeta al más fácil soplo

de los alientos del Austro,

de los suspiros del Noto,

que en espirando ella espira

todo cuanto vemos, todo

cuanto goza, mas ¿qué error

dispuso que tú celoso,

qué hazaña de amores esta?

Y pues examino, y toco,

que podrá vivir mi pecho

más seguro, y más dichoso,

aborrecido que amado.

Desde aquí a mi cargo tomo

el hacer que me aborrezcas,

que aunque pudiera con otro

medio huir de ti, y vivir

en el clima más remoto,

donde el Sol avaramente

dispensa sus rayos rojos,

o donde pródigo abrasa,

menudas arenas de oro,

más feliz sin ti, no

ha de dar con tal divorcio,

que decir al mundo, y esto

se quedará entre nosotros.

En tu vida, ni en mi vida

me has de mirar sin enojos,

me has de hablar sin sentimientos

me has de escuchar sin oprobios

ver sin suspiros los labios,

ver sin lágrimas los ojos,

y este obscuro velo puesto

siempre delante del rostro,

estorbará el que te vea,

siendo mis Reales adornos

eternamente este luto,

y en aqueste cuarto solo

viviré con mis mujeres,

guardando viudez en todo,

y nunca me entres en él,

que por los Dioses que adoro,

que de la más alta almena,

me arroje al sepulcro undoso

del mar, donde dividida

de mi muerte en breves trazos

a los átomos, que son

jeroglíficos del ocio,

y no me sigas, porque

te miro con tanto asombro,

con tanto temor te hablo,

Pag. 41

Mariene

con tanto pavor te oigo,

que pienso que ya se cumple

de aquel judiciario docto,

echado pues, si él me dijo,

que tu acero prodigioso,

y el mayor monstruo del mundo

me amenazan, hoy conozco

la verdad, pues si entras dentro

huyendo del uno al otro,

o me ha de matar tu acero,

o el mar, que es el mayor monstruo.

Vase.

Tetrarca

hasta aquí pudo, hasta aquí

llegar un hado cruel,

el papel mismo, el papel

que con Filipo escribí

a Tolomeo, ¡ay de mí!

tiene Mariene, ¡fuerte

dolor! y ella, ¡injusta suerte!

de mi rigor ofendida,

me ha dilatado la vida,

por dilatarme la muerte.

No me quejo del rigor

con que se queja a los cielos,

bien lo merecen mis celos,

bien lo merece mi amor.

Mas quéjome de un traidor

tan aleve, y tan cruel:

mas ¡ay de mí!, que no es de él

la culpa, que solo es mía,

que esto merece quien fía

sus secretos de un papel.

Ni sé qué hacer, ni decir,

que entre uno, y otro pesar,

ya ni me puedo quejar,

ni dejarlo de sentir:

desenojarla, es mentir;

porque es mi amor de manera,

mi pasión tan dura, y fiera,

que si en tanta confusión,

hoy volviera a la prisión,

hoy al delito volviera.

Porque ella al fin no ha de ser;

ni vivo, ni muerto yo,

de otro nuevo dueño, no:

y si alguno quiere ver

lo estremo deste querer,

en parte gusto me ha dado;

el que se haya declarado,

pues en esta ocasión ya,

sin escándalo estará

siempre este cuarto cerrado:

Cerrarele por defuera,

y yo mismo no entraré

en él, porque yo aún no sé

si a mí otros celos me diera:

y si hiciera, sí, si hiciera,

pues si a mirarme llegara

a sus brazos, y pensara

que era tan dichoso allí

me desconociera a mí,

y que era otro imaginara.

De suerte, que mis desvelos

enseñados a desdichas,

tuviera miedo a mis dichas,

pues ellas me dieran celos:

¿quién sin estos desconsuelos?

¿quién es aqueste rigor?

¿cuya pena, cuyo horror

que no es discurso prolijo,

ni envidia, ni amor, es hijo

de la vida y del amor?

Hecho de heridos despojos

tiene de sirena el canto,

y de cocodrilo el llanto,

del basilisco los ojos,

los oídos para enojos

del áspid, luego bien fundo,

siendo monstruo sin segundo

esta rabia, esta pasión

de celos, que celos son

el mayor monstruo del mundo.

Pag. 42

Sale Filipo, y Tolomeo.

Filipo

Cómo te daré, señor,

el parabién de tu vida.

Tetrarca

Viendo la tuya rendida

a manos de mi rigor.

Filipo

¿En qué te ofendí?

Tetrarca

traidor

poco leal, menos fiel,

qué hiciste, di, de un papel

que.

Tolomeo

ya mis desdichas creo.

Filipo

¿no era para Tolomeo?

Tetrarca

Sí.

Filipo

pues él te dirá de él.

Tolomeo

¡Qué poco duró, ay de mí!

el secreto en la mujer.

Tetrarca

Di tú traidor.

Tolomeo

¿Qué he de hacer?

Tetrarca

Un papel que te escribí,

¿qué es de él?

Tolomeo

La verdad aquí

es la disculpa mejor:

una dama.

Tetrarca

Di.

Tolomeo

Señor,

a quien sirvo para esposa.

Tetrarca

prosigue.

Tolomeo

de mí celosa,

necios delitos de amor,

me le quitó de la mano,

y ella.

Tetrarca

No prosigas, no,

y castigue ese error yo.

Filipo

tente señor.

Tetrarca

por mi mano

Tolomeo

Ya esperar aquí, es en vano,

la fuga mi vida guarde.

Vase.

Filipo

Huye Tolomeo.

Tetrarca

Ah, cobarde,

si al mismo cielo te subes,

campaña serán las nubes

que hagan de mi honor alarde

Tolomeo

¿Dónde de tanto rigor

estaré seguro?

Vase tras de él, y vuelve a salir Filipo deteniéndole.

Filipo

Advierte,

que huyendo tu acero fuerte,

al campo salió, señor,

y ya del Emperador,

hasta la tienda ha llegado.

Tetrarca

Pues valga ese sagrado

por agora, aunque no sé

cómo un punto viviré,

ofendido, y no vengado.

Vanse el Tetrarca y Filipo, salen Otaviano y Tolomeo.

Otaviano

hombre, que te has atrevido

hoy a penetrar mi tienda,

perdido el color, robadas

las acciones, siempre puesta

la mano en tu acero, cuando

al sueño rindo las fuerzas.

Si por dicha, o por desdicha

alguna traición intentas,

ejecútala conmigo,

solo estoy

Tolomeo

Señor espera,

que es lealtad, y no traición

la que a este lance me fuerza.

Otaviano

¿quién eres?

Tolomeo

soy un soldado

hijo infeliz de la guerra.

Otaviano

¿Qué pretendes?

Tolomeo

No mi vida,

que nada me importa esta,

la de Mariene, sí,

que es mi señora, y mi Reina.

Otaviano

Buenas cartas de favor

traes, di, y lo que fuere sea.

Tolomeo

El Tetrarca enamorado

tanto de su esposa bella,

que son milagro los dos

del amor, y la belleza.

Viendo que ya de su muerte

declarada la sentencia

estaba, y viendo que no

enamorado de verla

Pag. 43

Tolomeo

en un retrato la amabas,

que todo aquesto me cuenta

a quien él se lo contó,

porque aun muerto él no pudieras

lograrla, mandó matarla,

si fue rigor, o fineza,

no lo sé, que en este caso

cualquiera disputa es necia:

mandómelo a mí, y la carta

que destos delitos era

cómplice, llegó a sus manos;

no importa que él, como sepas

o bien los rigores de él,

o bien los agravios della,

que esto no se han publicado,

de sus celos la violencia,

con cuyo afecto es forzoso,

sino es que el discurso mienta,

que esté a peligro su vida,

mejor lo dirán las señas,

de ver, que en un cuarto sola,

con sus mujeres la encierra,

donde apenas entra el Sol,

y entrará cuando entre apenas.

Pues eres César, señor,

y tan generoso César,

que para vitorias tuyas

faltan hoy plumas, y lenguas.

Libra, libra de un tirano

su vida, que el que en ausencia

mandaba matarla a otro,

mejor lo hará en su presencia

por su mano, ampara pues

su beldad, porque te deba

el cielo su mejor rayo,

la Aurora su mejor perla,

el Abril su mejor flor,

y el Sol su mejor estrella.

Otaviano

¡Expuesta pues, Mariene,

y por mi ocasión expuesta!

a tanto riesgo, qué espero,

no soy quien soy si por ella

no pierdo la vida, iré

donde más con más prudencia

lo he de mirar, que no es bien

que la información primera,

me lleve tras sí, soldado,

mira si verdad me cuentas.

Tolomeo

Tanto, que a la misma torre

te llevaré a que la veas

afligida, y retirada,

por no decirte que presa.

Otaviano

¿Dentro de la torre?

Tolomeo

Sí,

porque yo tengo.

Otaviano

Di aprisa.

Tolomeo

¡Para qué de cosas hoy

sirvió mi amor! llave maestra;

con que cada noche entraba

a hablar en un jardín della,

con una dama, que fue

de todo causa primera.

Otaviano

Pues guíame tú, que nada

temo, ni recelo, sea

esta traición, o lealtad,

a todo mi amor se arriesga.

Y pues ya el ave noturna

estiende las alas negras,

haciendo sombras, y el Sol,

Fénix renace de estrellas,

en hogueras de zafir,

vamos Mariene bella,

a darte la vida voy,

quiera Dios que la agradezcas

Vase.

Salen todas las mujeres, y Mariene desnudándose.

Mariene

dejadme morir.

Libia

advierte

que esta pena, este dolor,

más que tristeza es furor,

y más que furor es muerte.

Pag. 44

Mariene

Es tan fuerte

este mal, es tan penoso,

que no me matara si él,

viendo él,

que ser conmigo piadoso,

no es dejar de ser cruel.

Sir.

¿Quieres mientras desafía,

al Sol, resplandor tan bello,

desobligado el cabello

de las prisiones de día,

que armonía

dulce te divierte?

Mariene

Yo

para desdichas nací,

viviendo así,

no he de oír músicas, no,

suspiros, y penas, sí.

Sale Tolomeo, y Otaviano.

Tolomeo

Pisando las negras sombras,

en el silencio noturno

de la noche, has penetrado

el jardín, y hasta lo oculto

de su cuarto llegas.

Otaviano

Ya

de tus verdades no dudo:

retírate tú a esa puerta,

que menos ruido hará uno,

mientras de otras señas yo

más informarme procuro.

Tolomeo

no te sientan.

Otaviano

no podrán

desde aquí.

Tolomeo

pues bien seguro

quedas, a la puerta espero.

Vase.

Otaviano

Y yo más cobarde dudo,

si ha sido dicha, o desdicha,

tener la ocasión que busco,

porque tanto la deseo,

y tanto en ella me turbo,

que no sabré discurrir,

si este es ya pesar, o gusto:

verdad sus desdichas son,

pues que vestida de luto

está, y como de las sombras

sale el Sol más bello, y puro,

así con la oposición

del traje está tal, que juzgo,

que ha buscado su hermosura

las desdichas con estudio:

mas qué hecho, válgame el cielo

Retirándose tropieza en un bufete, y cae un azafate.

Mariene

¿Qué ruido es aquel?

Otaviano

No escuso

ya que me vean.

Sir.

Señora,

yo no sé.

Mariene

Y yo apenas.

Otaviano

Oh, qué a punto,

para tropezar en él

aquí este bufete estuvo.

Mariene

Dad voces, hola.

Otaviano

Detete,

no des voces.

Sir.

Veloz huyo.

Arminda

Llama Libia.

Libia

yo no puedo

Vanse las mujeres, dejando cada una la parte que le ha tocado de los vestidos de Mariene.

Otaviano

Mariene.

Mariene

Oh, cielo injusto.

Otaviano

Segura estás.

Mariene

Pena fuerte.

Otaviano

Que quien desta suerte pudo

entrar solo aquí, no viene

a ofenderte, mas le trujo

deseo de darte vida.

Mariene

Mucho es mi temor, y mucho

mi valor, pues señor, cuando

yo, como apenas pronuncio

razón, en mi cuarto vos,

¿vos en el jardín?

Otaviano

Que si supo

antes de veros amaros,

después de veros bien dudo,

que dejar de amaros sepa.

Mariene

no son de un César augusto

Pag. 45

Mariene

estas hazañas.

Otaviano

Sí son,

que antes el César dispuso,

que en mí del daño se quede

la causa, y esto procuro

enmendando vuestro riesgo,

de que fui causa.

Mariene

ya arguyo

que sois vos el que mi vida

en tantas desdichas puso,

y queréis remediarlas,

ya de todas os disculpo,

con que os vais de aquí.

Otaviano

sí haré,

como para blasón sumo

dejéis tocar esa mano.

Mariene

Es atrevimiento injusto.

Otaviano

No es, sino justo deseo.

Mariene

Antes a los Dioses juro,

con este puñal que ciñes,

Saca el puñal.

Mariene

que ya en mi mano desnudo

está, me romperé el pecho.

Otaviano

Ya de verte me confundo:

Detente mujer, detente,

que eres un vivo trasunto,

que me repite a los ojos

de aquel trágico dibujo

las especies.

Mariene

¡Ay de mí!

¿qué es lo que miro, qué dudo?

el puñal es este, cielos,

que siempre fatal indujo

mi estrella contra mi vida:

Déjale caer.

Mariene

oh riguroso, oh sañudo

ministro, ya con más causa

de dos enemigos huyo.

Vase.

Otaviano

Espera, detente, aguarda,

bien sé que mi muerte busco,

pero tengo de seguirla,

ni bien vivo, ni difunto.

Vase, y sale como cayendo el Tetrarca.

Tetrarca

¿Quién en el mundo ladrón

del mismo tesoro suyo,

quiso dentro de su casa

gozar sus bienes por hurto?

Por las tapias del jardín

he entrado, que así procuro

ver, si con amor obligo,

a quien con celos injurio.

Ofendida Mariene

de mi decreto, propuso,

que ya la tenga por muerta,

quien por perdida la tuvo:

este es su cuarto, y en él

a una escasa luz, noturno

Lucero, que late horror

en repetidos impulsos,

veo un bufete quebrado,

y por la tierra aquí juntos

de mujeriles adornos,

distintamente confusos,

lleno el suelo, mas no es este

informado, ay Dios, presumo,

que casa que se despoja

de las riquezas que tuvo,

sin orden, y sin concierto,

es materia al fuego, o injusto

pensamiento, pero ya

no dudo, ay cielos, no dudo,

ni la tormenta, ni el fuego,

siendo de los dos asunto:

la tormenta, pues que no

en sus piélagos fluctúo:

el fuego, pues que ya siento

la llama en que me consumo.

Luego hay tormenta, y hay fuego

donde hay agravio sumo,

para zozobrar suspiros,

Pag. 46

Tetrarca

y para hacer llorar humo.

¿Qué es esto, ay de mí, no es este

el puñal sangriento, y duro

que previno el cielo, sí,

en los celestes coturnos,

por ministro de los Astros,

por aguja de sus rumbos?

¿No es este el que yo a Otaviano

dejé?, sí, pues ¿quién le trujo

entre pompas afectadas?

pero ¿para qué discurro,

si de un hombre desdichado

es homicida el discurso?

Tarde hemos llegado celos,

tarde, tarde, pues ya juzgo

que quien arrastra despojos,

habrá celebrado triunfos.

Pues ¿qué espero?, este puñal

mi pecho penetre agudo,

si es dichoso el desdichado,

que siéndolo, nunca supo

que lo era, nunca sepa,

ay de mí, lo que presumo,

darme muerte.

Mariene

detente

señor.

Tetrarca

¿Qué voz escucho?

Otaviano

Advierte.

Mariene

Yo he de matarme,

antes que el intento tuyo

logres, mas ¿qué es lo que veo?

Sale huyendo, y ve al Tetrarca.

Otaviano

pues yo, mas ¿qué es lo que escucho?

Mariene

esposo, señor.

Tetrarca

turbado

he quedado.

Otaviano

Y yo confuso.

Mariene

Yo confusa, y yo turbada

entre dos peligros juntos,

entre dos muertes vecinas

estoy, pues huyendo de uno

doy en otro y ya no sé

cuál dejo, ni cuál procuro,

cuál pierdo, cuál solicito,

cuál hallo al fin, ni cuál busco,

pues siempre tengo peligro,

cuando paro, y cuando huyo.

Tetrarca

Pues no temas, que a tu honor

este pecho será muro.

Otaviano

No temas, que ya tu vida

este pecho será escudo.

Tetrarca

Cumple pues lo que prometes.

Otaviano

Así verás si lo cumplo.

Saca la espada.

Mariene

¡Ay de mí!, para salir

hoy de duelo tan injusto,

he de apagar esta luz.

Anda a cuchilladas.

Tetrarca

¿A dónde, César perjuro

estás?

Otaviano

¿A dónde tirano

te ocultas?

Tetrarca

Yo no me oculto,

búscame.

Mariene

valedme cielos.

Tetrarca

No te hallo, aunque te busco

la espada perdí, no importa,

con este puñal agudo

muere a mis manos.

Tópala.

Mariene

Ay triste,

yo soy muerta, Dioses justos

tened piedad, si sois Dioses.

Dala, y cae en el suelo.

Otaviano

¿Qué es lo que oigo?

Tetrarca

¿Qué escucho?

Sale toda la compañía.

Sir.

Llegad presto, llegad todos.

Aristóbolo

¿Qué es esto?

Tetrarca

Yo me confundo

con esto, ¿qué es lo que he hecho?

Pag. 47

Aristóbolo

Oh, aleve.

Otaviano

Oh fiero, oh perjuro.

Aristóbolo

la mayor belleza has muerto

Otaviano

Eclipsado al Sol más puro.

Tetrarca

Yo no la he dado la muerte.

Otaviano

Pues ¿quién?

Tetrarca

El destino suyo,

pues que muriendo a mis celos,

que ellos fueron los verdugos,

vino a morir a las manos

del mayor monstruo del mundo

Otaviano

Matalde.

Tetrarca

No hay para qué

solicitud a ninguno

le deba aquesta venganza,

que no ha de costar estudio

mi muerte, pues que yo mismo

vengarme de mí procuro.

desta torre despeñado,

el mar será mi sepulcro,

porque los celos se acaben,

viéndome en el mar profundo,

que ellos fueron solamente

el mayor monstruo del mundo.

Vase.

Otaviano

Seguilde todos, seguilde.

Tolomeo

Desesperado, y confuso

se echó al mar.

Otaviano

Retirad todos

aquese cielo caduco

donde sea un monumento

para los siglos futuros,

desengaño de que son,

o ya justos, o ya injustos,

los celos, dígalo yo,

el mayor monstruo del mundo.