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Texto digital de La batalla del Albis

Data de publicação: 22 de agosto de 2026

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Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La batalla del Albis. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-batalla-de-alvis.

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LA BATALLA DEL ALBIS

Pag. 1

LA BATALLA DEL ALBIS

Mss 15380

Biblioteca Nacional de España

Pag. 2

V v 278

Mss. 15380

Pag. 3

V v . 278

Pag. 4

Ms. A

La

Batalla de Alvis

3 y

MS de 1694

Fue este MS de Domingo Caro Gil gracioso de una compañia

Pag. 5

La gran Comedia

De La batalla

de el albis

Nueva Detres

Injenios

Jornada primera

Pag. 6

Comedia famosa de

La batalla deel albis

Carlos quinto barba

don albaro galan

bizente gracioso

don Luis

un criado

el duque de alba barba

don Fernando su hijo

el duque de sajonia

la grabe

el palatino

Juan de almao

el fucar

un billano

elena dama

elbira graciosa

Soldados

un sargento

Salen don albaro, y elena, bizente y elbira cubiertas

Elena.

Y yendose el turia ba

de los encarecimientos

Don Álvaro.

antes parece que atentos

para sus cristales da

admirados demi amor

Pag. 7

Elena.

Don Aluaro, si he sentido

tan bien como encarecido

no se abra visto mayor

Don Álvaro.

que si era el alma en bestian

para que mas no decís

pero puestos Ya teneis

desta poder informaros

ay elena troya fue

mi alma entre tantos fuegos

mas no la abrasaron griegos

que yo mismo la abrase.

Bizcocho.

Luego si que ubiendo elena

auer troya era forzoso

y el concepto mas Vicioso

ya que el amor nos condena

todo amante a cargo toma

a la pobre troya viendo

algunos a lo que entiendo

que pudieran a sodoma

el.

malicias no han de faltar

Bizcocho.

el uira, supecho y proa

que los donaires de ahora

se fundan en malicias

pero llegate, y tratemos

si a mi gusto te acomodas

de efectuar nuestras bodas

que a nuestros amos bemos

casi, casi, al yugo asidos

y dicen aunque te asombres

que loran con este nonbre

sucesos algunos maridos

Elena.

Don albaro, siempre ha sido

agradecida a esa fee

aunque siempre ymagine

que era vuestro amor fingido

y ya ay pocos berdaderos

Don Álvaro.

Como os tengo de engañar

si me pretendo casar;

demas, que sera ofenderos

si ofensa temeis en mi

ya ceis agrauio a los dos

a vuestra ermosura en vos

y al entendimiento en mi;

en mi era justo el temor

pues aumentan mis rezelos

los paseos y desbelos

deste nueuo conpetidor

Elena.

quien don luis?

Pag. 8

Don Álvaro.

Cansara se de mis brazos

porque en la ygualdad consiste

el amor de los casados

y entonces soñorita y libre

ara de mi menos precio

no mi elena no permite

la libertad con que tratais

tener peligrosos fines

Sale bizente

Bizcocho.

Señor que azeys aqui

ahora al amor te rindes

cuando todos tus parientes

tus contrarios

Bizcocho.

se preuienen y aperziuen

tomo don luis un caballo

con que presuroso mide

mas pensamientos que leguas

porque los bientos le enbidien

que viendo que a tus parientes

resistir era imposible

a las calzas pone espuelas

para que volando sigue

Don Álvaro.

hacia donde fue Vicente?

Bizcocho.

a cia castilla me dicen

que camina

Don Álvaro.

pues beluego

y un caballo me aperzibe

Don Álvaro.

que si despreciando montes

los rompe de agua matize

sobre montañes que temezen

a la maquina de zirze

he de seguirle y matarle

Vase Uicente

Elena.

mira mi bien?

Don Álvaro.

no supliques

elena que tus ternezas

mas me atormentan

aflijen

Elena.

pues una palabra sola

has de darme

Don Álvaro.

que me pides

cuando a ti dejo mi alma

Elena.

no mas de que has de excusarme

de de cual quiera lugar

donde eres

Don Álvaro.

asi confia me

mi mano lo que promete

Elena.

tiernamente te despiden

Don Álvaro.

adios mi bien

Elena.

el te guarde

Don Álvaro.

un imposible benziste

honor pise de lo parti

lo que adore o lo que quise

Vansey sale el duq de alba y garc Li hijo

Duque de Alba.

don fadrique necio

Fernando.

no he presumido jamas

Duque de Alba.

la enmienda pido no mas

no os pido que os disculpeis.

Fernando.

pues que os han dicho de mi

Pag. 9

Duque de Alba.

la demasia de llaneza

con que ofendeis la grandeza

del noble puerto que os di

porque con vuestros criados

siempre tan afables estais

que apenas diferencias

la sangre, ni los estados

que si alguna cosa mando

con rigor, o con desden

dicen mis criados, bien

aya el prior don fernando:

donosa cosa por dios

vos dais ocasion asi

de maldiciones en mi

y bendiciones en vos:

que sapa seria es esta

de esto que me direis

Fernando.

asi es pero como beis

para daros la respuesta

Descubierto

Duque de Alba.

pues mirad que os esta mal

esa apacible llaneza

que lo que es en vos grandeza

lo juzgan por natural

que esta tan untado de uicio

el decir mal, que en rigor

no diran que soys prior

sino que pobre aueis sido

mas graue altiuo y sebero

Duque de Alba.

que yo os aueis de mostrar

para no dar que notar

al nacimiento primero

cuando un rio conbaliente

curso, corre un doso y frio

todos le tienen por rio

sin mirar que ha sido fuente

y si en grado mas subido

vuestras acciones estan

por lo que sois os testaran

y no por lo que aueis sido

Fernando.

V. Excelencia culpa de mi

lo que deuiera alauar

no me quiero disculpar

sino convencerle a ti

a que vio abra llegado

el humilde peregrino

que rrynpide su camino

pues ruto y alborotado

no le culpe de impaciente

diciendo el tiempo socorre

sus cristales pues que corre

tan brauo el que ha sido fuente

debi riato he leido

que despues que a las historias

dedo sana eclipso sus glorias

no dudo el los cobardios

cuando en la aldequela estaua

el sea que en mi se encubria

Pag. 10

Fernando.

graue y altiuo me hacía

con que a todos los mandaua

y puesto en tan alta esfera

que es acción muy justa se

pues soy salo que pense

el pensar que soy quien era

en mi es lomas importante

ser afable y lineral

con los humildes su ygual

con los soueruíos gigante

yo soy quien soy y por dios

que si otro me repreendiera

no ablara de esa manera

padre os iro al rey y a vos

Descubierto y diga a dos reyes

Duque de Alba.

el mozuelo es alentado:

en onrrosas ocasiones

vuestras discretas razones

algo mi enojo an templado

y a digo que no me espanto

de la llaneza en que dais

bien es que afable seais

mas si puede ser, no tanto

Fernando.

cuando obedecer no ynteute

seran locos desbarior

Ruido de Cajas y pifaros

Duque de Alba.

sentaos fernando y cubrios

que pienso que viene gente

Fernando.

asi gano mas osar

Duque de Alba.

justo medio es el que elido

solo, os ablo como ahijo

Duque de Alba.

despues como a gran prior

Sale un criado

Criado.

el rayo del César

Duque de Alba.

mostrad:

leala buesa onra

Criado.

bien mostro quien la traia

que hay alguna nouedad

en alemania

Duque de Alba.

temor

tengo al fason atreuido

que esta desapercibido

solo, el emperador

Lee fern

Duque a la defensa de la fe y a nuestra persona conviene que con la brevedad posible salgáis de Bruselas con el tercio de flandes yendo aguardando los de Nápoles y Sicilia a quien he enviado orden para que marchen la vuelta de ratisbona donde nuestra persona esta al presente para castigar los rebeldes de Alemania y a aunque en tan santa empresa ha de asistir nuestra persona por el impedimento de la gota y otras causas nos ha parecido nombrar general para cuyo nonbramiento pedimos vuestro consejo como tan azeutado en todas las ocasiones de guerra Dios os guarde = el César = la brevedad es forzosa

Duque de Alba.

no es justo que me detenga

la jornada se preuenga;

sola me falta una cosa

Fernando.

que es señor

Duque de Alba.

mude el correo

Pag. 11

Don Álvaro.

pues quien podia

sino don luis?

Salen D luis y 2 hom arostro y al paño

Lu.

deteneos

que amor entre los deseos

no ree hasido que me guia

Criado.

don albaro esta con ella

y te han onbrado

Lui.

ay de mi

las esperanzas perdí

que tuve de merecerla

dira mal de mi?

Criado.

señor

bien lo puedes rezelar

que no se suele alabar

ausente el conpetidor

Lu.

ya la colera porfia

Criado.

llega, pues tienes criados

preuenidos y obligados

Salen

Lu.

a questa descortesia

perdonad elena bella

Elena.

el fin temeroso espero

Lu.

don albaro, el caballero

al ausente no atropella

mormurando de el en su oror;

bien pudierais resentaros

Don Álvaro.

don luis podeis informaros

Don Álvaro.

de mis palabras mejor

por que de mi sangre onrrada

fuera conocida mengua

ofenderos con la lengua

cuando puedo con la espada

Lu.

con ella ahora po deis

acreditar el balor

Don Álvaro.

si asi mirais por mi onor

muy poco a elena quereis:

callad y benid tra mi

que hay tanta gente en el rio

que es cosas de desbario

que saqueis la espada aqui

Lu.

bien decís, Juntos los dos

detras de esas tapias vamos

Vicente.

bien auisados estamos

Elena.

oy de pesar por dios

que la ocasion es muy leue

que el enojo hay ntro ducido

Lu.

el bes que le ha detenido

con nueuas yras me mueue

Don Álvaro.

perdonad: vamos.

Elena.

ay cielos

Vicente.

por dios que yo me quedara

si elbira no me mirara

Pag. 12

Lu.

oy satisfago mis celos

Uanse

Elena.

no beis entre tanta gente

un caballero que importa

esta ocasion tan temida

elb.

ya los dos paran el puente

ya a un que ban desimulando

algunos han conocido

buenoso, o los han seguido

Elena.

eso estoy yo deseando

ya los dos se han detenido.

mas que es aquello ay de mi

ruido de espadas

Elena.

que desdichada nací

elb.

que de espadas, que de ruido

que enuidia, que confusion

Elena.

en todo es mi suerte auara

porque el golpe de su cara

suene una bofetada

Elena.

siento yo en el corazón

elb.

ya la justia a llegado

y Juntos todos se retiran

sale D albaro con la espada desnuda

Don Álvaro.

nunca los cielos enbian

menos mal a un desdichado

Elena.

que es esto mi bien aguarda

tras quien bienes, o a quien sigues

cuando mis piadosos hojos

hace de mi amor te dicen

Elena.

sino pueden mis palabras

detenerte y persuadirte

deja que mis brazos sean

cadenas que te cautiuen

Don Álvaro.

apenas puedo señora

ablarte, porque me aflijen

agrauios que en ruberguenza

purpura a los 120 aperziuen:

porque soy tuyo lo siento

con dolor mas ynsufrible

pues siendo tu esclaua el alma

mayor tormento aperziue:

A l rrogante don luis

pasado el puente a quien rinden

el turia cristales rotos

espejos donde te mires

siendo al ponible el renio

por la gente que nos sigue

pa los colos del rostro

que nunca contentos finje

se detubo, y dijo, ahora

bereis que quien abla libre

en ausencia, no es onrrado

ni sustenta lo que dice

con este agrauio os respondo

Pag. 13

Don Álvaro.

como mi lengua repite

mi afrenta sin que la muerte

de sentimiento me priue

puso la mano en mi rostro

y yo al acero infelice

pues por auer tanta gente

no le remate se subie

llego la justizia luego

y prender no, a unque hice

lo que pude, no hice nada

vengo loco, ciego, triste

quedate elena a sta tanto

que con su sangre se linpie

esta mancha de mi onor

con que mi a cero a credite

que si con onrra y con gusto

amante fuy tan humilde

que confese no ser digno

de mirarte ni seruirte

ahora con esta afrenta

a un de la tierra que pises

huye tu olor, temiendo

mi ofensa cuando te mire

Elena.

don albaro e scucha aduierte

que el amor constante y firme

Elena.

en la adbersidad se muestra

que no en los tiempos felices

siempre te adore en cubriendo

mi voluntad apacible

y oy bere si mis favores

mi bien de consuelo siruen

tu esposa soy, que bienes

que quien afrenta reciue

si saca luego la espada

y animosamente embiste

si le deda su contrario

el puerto, su onor redime

yo te bi con el acero

mas feroz que hir cano tigre

de esa manera te quiero

y sera benganza y nsique

que te contrario conozca

que a si te rogue y te quise:

llega pues dame la mano

Don Álvaro.

tente elena y no porfies:

mas bien mostraras tu amor

cuando a venganza me incites

disimular su os ferias

es acción de pechos viles

y a un que crees que lo sea

cuando a otro bien me a perzibes

Pag. 14

Duque de Alba.

puertas, mientras

alzas, y conocí

anidada, y muy

Suplico a vuestra

que mi secretaria

esta vez, para

una acción suya

a quien me huelga

Fernando.

a quien quiero entre

Duque de Alba.

para que sepa su alteza, o Majestad, que yo

siempre tuve por muy justo y necesario, y

todo lo hecho ha sido para obedeceros, y

para que me deis; parece a vuestra Majestad

el pero de toda esta guerra, y así, Señor,

denos vuestra Majestad por descargo de mi

conciencia, a quien pueda serlo, sino el Duque

de Alba, a quien me remitiéndome en todo al

servicio de vuestra Majestad. Cuyas pieses.

Cai

Cai.

notable carta

Duque de Alba.

Oh, bando

fecha el mismo

para que marchando

Salgamos brevemente

Fernando.

el don alguna

para que bien paguen

Monólogos. Comienzan los soldados.

Duque

Duque de Alba.

yo sé que está alcanzado

el César, porque él ha prestado

dineros, y conviene

que le ayudemos

Fernando.

todo se previene

Duque de Alba.

venda vuestra

toda mi casa, y venderé

Fernando.

voy a venderla

Cai.

Creo

que a medida, Señor, de vuestro

don Fernando ha salido

ningún hijo se vio tan parecido

al padre eternamente

Duque de Alba.

Él sale a parecerme

para que el mundo vea

que era mi hijo, y bien tuviera

Landgrave.

esta sin duda ninguna

la más conveniente

puesta solo, y sin gente

Danse y den el oro a Doña Ana y la presa y el espacio.

Landgrave.

todas a una hora, y

Duque de Sajonia.

a quien este Carlos de

piensa colocar a

que es un vil y fuerte

que no permite

nuestra religión

sin reparar que amenazan

tantos daños, aunque

presume en edad tan

levantar el imperio

te

Pag. 15

Palatino.

terror y asombro de Asia,

piensa que con Barbarroja,

ladrón, corsario y pirata,

embiste, o que a los Borbones

y muros de Roma asalta.

Su corazón orgulloso

le engaña.

Duque de Sajonia.

Pues si le engaña

será cierta nuestra dicha,

seis le acompañan,

y los enviste en su palacio

en las calles y en las plazas

más de mil he repartido

que la industria los disfraza,

más de veinte mil se encubren

en esas selvas cercanas,

si la ciudad se altera

acudirán a ganarla.

Landgrave.

Aunque de Sajonia ilustre

por tu valor y tu fama

su general te eligieron

los que defienden y amparan

a Lutero.

Palatino.

No os desdigo

con lo mejor de Alemania,

conde Palatino, a todos

os rindo infinitas gracias;

el Lansgrave me obedezca,

con el rey de Dinamarca,

Palatino.

Colonia, Augusta, Argentina,

y Wurtemberg, aunadas

gente y dineros me ofrecen,

¿a qué mi valor aguarda?

Hoy he de prender a Carlos,

si le defiende y ampara

el mundo, que en Ratisbona

donde al presente se halla

muchos luteranos hay

que seguirán nuestras armas.

Landgrave.

Con su prisión solamente

aquestas guerras se acaban.

Ya sale a hablarnos, hablarnos.

Salen Carlos 5.º y don Fadrique de Alba y pónense de rodillas

Almirante.

Señor,

mucho temo una desgracia,

pues no quieres que mi ciencia

te asegure envidias tantas.

Carlos.

Juan Dalmao, no repliquéis

que mi valor me acompaña,

y a los encantos vuestros

no me den sea de importancia;

ya conozco los intentos

de esta gente, pero basta

mi valor para espantarlos,

aunque cien mil hombres traigan.

Almirante.

Vente entre tus enemigos,

y tan solo me acobarda.

Carlos.

Vos veréis que todos tiemblan

Pag. 16

Carlos.

en mirándome a la cara:

Señor, vuestra fe defiendo,

animad mis esperanzas.

Duque de Sajonia.

Disimular es forzoso;

deja que bese tus plantas.

Carlos.

Duque, seáis bien venido,

ya culpaba la tardanza

vuestra, en no venir a verme.

Duque de Sajonia.

Por muchas forzosas causas

me detuve.

Carlos.

Así lo creo;

Lansgrave llegad, que aguarda

vuestro respeto, llegad.

Landgrave.

A tu majestad cesárea

beso los pies.

Carlos.

Mucho estimo

que acudáis a lo que os llaman

honrosas obligaciones.

En una empresa tan santa

vendréis a ofrecerme gente,

con que salir a campaña

a castigar los rebeldes

y no obedientes al Papa;

claro está, que de vosotros

menor valor no esperaba.

Duque de Sajonia.

Mal entiende nuestro intento.

Carlos.

Su turbación me declara

la malicia con que vienen.

Landgrave.

Duque, ¿qué esperas? Acaba.

Palatino.

El duque dirá, señor...

Carlos.

¿Que no hay que decirme nada?

Ya yo sé que dirá el duque

que con la vida, y el alma

ha de defender la fe,

acción de su ilustre casa;

¿no decís aquesto, duque?

Duque de Sajonia.

De cualquier modo me ataja;

diga el Lansgrave su intento.

Carlos.

Hombre de sangre tan alta

¿qué me ha de decir, sabiendo

que si a la defensa falta

de su natural señor,

le ha de castigar el Papa

y yo en su nombre?

Landgrave.

Que es grana,

majestad, turbado estoy,

diga el conde.

Carlos.

Es de importancia

que el conde me ofrezca a mí

gente, dinero, hazañas

e ilustre de un pecho heroico;

será el primero que salga

contra los herejes viles.

Duque de Sajonia.

Él nos afrenta, galana;

Carlos, de gigante que tienes

deidad oculta te ampara.

Pag. 17

Pa.

¿Se defiende y no le prendes?

¿Tienes respeto a sus canas?

Humilde a mi limpio acero...

Landgrave.

Llega; a la villa te abraza.

Duque de Sajonia.

¿Yo temor? ¿Yo cobardía?

¿Yo respeto a quien me agravia? Yo.

Carlos.

¿Qué decís? ¿Qué consultáis?

¿Qué os turba? ¿Qué os acobarda?

Parece que estáis turbados.

Duque de Sajonia.

Anime a la lengua el hada;

la poca gente que tienes

y la que a mí me acompaña

no te admires, Carlos quinto,

de esta suspensión, si espanta

la ocasión que nos provoca.

Carlos.

Declaradme, pues, la causa.

Duque de Sajonia.

Que has enviado por gente

a publicar en Alemania,

y que bajarán a ella

todos los tercios de Italia,

tu hermano el rey de Bohemia

sus estandartes levanta,

el Pontífice te ayuda,

socorro esperas de España,

¿qué es esto? ¿A quién haces fuerza?

¿Contra quién tomas las armas,

cuando la gota y los años

al descanso te llamaban?

Carlos.

Los que fueren obedientes

a Dios, y al Rey, en sus casas

pueden estar muy seguros,

sin que teman mi venganza;

y esta gente que prevengo,

sabed que solo amenazan

a los herejes que siguen

errores y sectas falsas;

contra aquestos me apercibo

y si humildes no se allanan

y piden perdón, la muerte

por castigo les aguarda.

No perdonaré a ninguno,

si una vez la fría escarcha

por grabazón de mi arnés

forma relieves de plata;

si una vez el freno empuño,

si me mira armado el alba,

si en el caballo me veo,

si a caudillo mi ser cuadra,

no habrá rebelde cabeza,

no habrá traidora garganta

que no pise, que no corte,

que no asalte, que no...

Levántase, y empuña la espada

Duque de Sajonia.

Aguarda;

parece que ya peleas,

que ejércitos desbaratas,

que estandartes atropellas

Pag. 18

Duque de Sajonia.

y que banderas arrastras.

¿Piensas que los alemanes

son árabes que se espantan

sin experiencia, y desnudos,

del estruendo de las armas?

Pues mira que los que ofendes

tienen puestos en campaña

cien mil infantes que pueden

conquistar a Europa y Asia;

quince mil caballos tienen;

advierte, si te declaras,

el peligro a que te expones.

Carlos.

Así es mayor la ganancia;

pues yo tengo seis soldados,

y vive Dios si me aguardan

de presentarles con ellos

solamente la batalla.

Y ahora prometo, y juro

por la cruz de aquesta espada,

que al que no me obedeciere

y diere obediencia al Papa,

le he de cortar la cabeza

en una pública plaza,

que en matarlos peleando

honor se diera y no infamia;

ya presumo que no sois

católicos, o mandara

prender a los tres ahora.

Duque de Sajonia.

Sin vida estoy.

Palatino.

Yo sin alma.

Todos.

Señor.

Carlos.

No me repliquéis.

Landgrave.

Duque.

Palatino.

Federico, calla,

y despídete, que temo

sueño es, o nuestra desgracia.

Landgrave.

Advierte que ha de prendernos.

Duque de Sajonia.

Mira, señor, que nos mandas...

Carlos.

Que advirtáis, que la nobleza

no admite traidoras manchas;

que obedezcáis a la Iglesia

y a mí, por vuestro monarca;

que os daré premio, o castigo.

Vanse los 3

Todos.

Señor...

Carlos.

No me habléis palabra.

Almirante.

No ha visto tanto valor

el mundo.

Carlos.

¡Ay Dios, si bastara

aqueste aviso que asombra

de esta piedad que amenaza!

Almirante.

Turbados van y confusos.

Carlos.

Yo espero que el duque de Alba

llegue presto, aunque el dinero

ahora es la mayor falta

por ser nervio de la guerra:

llegó el tiempo de la paga

Pag. 19

Carlos.

que tengo de hacer al Fúcar

y no ha de venir de España

el dinero en muchos días.

Pero tengo confianza

en Dios, que me ha de ayudar.

¡Y ha de volver por su causa!

Cuatrocientos mil ducados

debo al Fúcar.

(Sale un criado.)

Criado.

De la guarda

tu licencia para entrar.

Carlos.

Vendrá a que pague.

Almirante.

En qué extraña

aflicción hoy se ve el César.

(Sale el Fúcar.)

Carlos.

El que debe, satisfaga

con disculpas; entre el Fúcar.

Paguémosle con palabras.

Fúcar.

Dadme, señor, los pies.

Carlos.

Alzad del suelo

mis brazos os esperan; bien venido

seáis, Fúcar, por Dios, que le he temido

más que a los de Vénueldes, que valiente

cruel ejecutor, para quien siente

el no poder pagar.

Fúcar.

Señor.

Carlos.

Amigo,

ya sé que os soy deudor; Dios me es testigo

que más que por mi casa, y mis soldados,

siento por vos la falta del dinero.

Cartas tengo de España, y a la espero

(Vase.)

Carlos.

la fe que me hace falta de manera...

Fúcar.

Señor, señor.

Carlos.

La digo, que se aligera.

Fúcar.

Mal me pagáis, por Dios.

Carlos.

Quien más no puede,

disculpas tiene.

Fúcar.

Los deseos digo

que tengo de serviros.

Carlos.

Sois mi amigo.

Fúcar.

Ahora cuando estáis tan pobre y solo

cercado de enemigos, y de ingente

había de ser yo tan imprudente

que os pidiese dinero; hoy os traigo

seiscientos mil ducados, que no tengo

ahora más, y a suplicaros vengo

que no tratéis tan presto de la paga,

porque si es menester mis propios hijos

sabré vender por vos; a esto he venido.

Carlos.

Por mi fe, que me habéis enternecido;

dadme los brazos, y rogar al cielo

que salga de esta empresa venturoso

veréis si os agradezco tan honroso

y heroico hecho.

(Vase.)

Fúcar.

Soy esclavo vuestro.

Carlos.

Lo que os estimo, en mis ternezas muestro;

¡cielos, yo con dineros, y encerrado!

No está re tal a fe de buen soldado.

Pag. 20

Carlos.

Dadme un caballo, y vamos a campar;

seis soldados no más, si tiende España

tengo, y con ellos le daré a la guerra

principio.

Almirante.

Mira bien que me parece

temeridad notable, ¿en qué te fías?

(Vase, y a los traidores.)

Carlos.

Juan Dalmao, en seiscientos mil ducados;

donde hay dineros, sobran los soldados.

Duque de Sajonia.

Ya he repartido la gente

que esparció por la ciudad

Palatino.

Declarar la enemistad

juzgo que es más conveniente.

Landgrave.

Ya aquí a los emboscados

para que en buen orden vengan,

y a pelear se prevengan

con Carlos y sus soldados

que ganada Ratisbona

queda Alemania segura.

Palatino.

Aquí verá su locura

que vanamente blasona:

y que dará muerto, o preso.

(Suenan cajas.)

Duque de Sajonia.

Más que animosos estamos

Conde, cuando no le asimos.

Palatino.

Esa verdad te confieso.

Landgrave.

Cajas suenan; y sin duda

de nuestros soldados son.

(Tocan.)

Duque de Sajonia.

Gocemos de la ocasión

pues nos anima y ayuda:

hhoy queda en su libertad

Alemania; Carlos muera.

Palatino.

Oye, Federico, espera

que admiro esta novedad.

¿Si escondidos han quedado

en esos montes que tiene

el Danubio, cómo viene

marchando al siniestro lado

aquel escuadrón volante?

Duque de Sajonia.

Mudarían parecer,

o para dejarse ver

porque la ciudad se espante

habrán ocupado el llano.

Landgrave.

No sé.

(Tocan.)

Duque de Sajonia.

De oírte me corro;

¿cómo puede ser socorro

si sé que le espera en vano?

¿Son vasallos por ventura

los soldados imperiales?

Landgrave.

La lealtad en casos tales

se adelanta y se apresura.

Palatino.

Ya realza la ciudad

a las puertas, a los muros

acuden pocos seguros

viendo aquesta novedad.

Landgrave.

Advierte, Duque, que son

aquellas armas de España

que ni la vista se engaña

Pag. 21

Dentro.

Landgrave.

ni ha mentido el corazón.

Carlos.

Abrid, dejadme salir.

Palatino.

Carlos ha reconocido

su gente, y nos ha sentido;

forzoso será el huir.

Duque de Sajonia.

Que todo bien suceda.

Palatino.

Qué venturoso soldado.

(Vanse, y salen Carlos y D. Juan Dalmao.)

Landgrave.

Vamos, Duque.

Carlos.

Lo encerrado

el valor al ciego ceda.

¿Hase de decir de mí

que me he dejado cercar?

Almirante.

Si no puedes pelear,

¿qué piensas hacer aquí?

Carlos.

Morir en el campo.

Almirante.

Advierte

ya que estás determinado

que yo pondré en este prado,

señor, para defenderte,

escuadrones en que vea

el arrogante enemigo

cien mil hombres.

Carlos.

¿Cómo?

Don Álvaro.

Digo

que lo haré.

Carlos.

En buen hora sea.

Almirante.

Déjame un rato apartar

que al conjuro es conveniente.

Carlos.

Y, Juan Dalmao, ¿esa gente

si importa ha de pelear?

Almirante.

No, porque espíritus son

que han de servir de espantar

al que te viene a buscar;

no más.

(Tocan.)

Carlos.

No es buena razón,

ni son seguros extremos;

antes es empresa vil

que acometan a cien mil

y solos seis peleemos;

si envistes, quedo vencido,

dirá que a cien mil venzo

si huyen de diestra, que huyo

de cien mil que yo he traído;

en uno no he de ganar,

en otro tengo a perder,

y así no quiero tener

lo que no ha de aprovechar.

Almirante.

Fuera ociosa prevención;

pierde, señor, tu cuidado,

que estas tropas y soldados

de los imperiales son.

Carlos.

Bien dices; mis llamas veo,

Juan, y estos sí que sabrán

pelear.

Almirante.

Premios se dan

de las obras, de las leyes

bien es que te satisfagas.

Pag. 22

Dentro. - El César es, señor.

Dentro Du. - Tendré este aviso.

Carlos.

Ella no fuera valiente,

pero al menos fuera gente

que no me pidiese pagas.

(Salen el Duque de Alba y su hijo.)

Carlos.

Oh buen Duque, en efeto el primero

de mi socorro en la ocasión venís,

qué prudente y qué cuerdo caballero.

Duque de Alba.

Dadme los pies.

Carlos.

Los brazos apercibo

para muestra mayor de lo que os quiero,

¿cómo venís?

Duque de Alba.

El veros me da vida,

cuando salud bastante no tuviera;

¿tenéis la tos, señor?

Carlos.

Mucho porfía

la gota, pero en fin (dadme un asiento),

la puedo divertir con la alegría

del buen socorro que premiar intento;

no hay mora (por quien soy) que no sentía

dolor ninguno; pero, ¡dale, siento

que el enojo, y la cólera ha cesado.

Duque de Alba.

Venid, gran señor, este soldado.

Carlos.

Por la Cruz de San Juan, ¿quién es, el hijo?

¿es el Prior?

Fernando.

Y vuestro humilde esclavo.

Carlos.

Muy buen padre tenéis, y sois buen hijo,

bizarro talle, su gentileza alabo.

el juvenil ardor, tras el prolijo

camino, muestra bien.

Duque de Alba.

Viene por cabo

de doce compañías.

Carlos.

Poco es eso,

maese de campo alzad.

Fernando.

Tus plantas beso.

Carlos.

Recibir nuestra carta; y os prometo

que estimo el parecer que me habéis dado;

si consejero sois cuerdo y discreto,

no menos animoso y gran soldado,

y así, para tan santo y justo efeto,

capitán general os he nombrado.

Duque de Alba.

Hechura vuestra soy.

Carlos.

En vos estriba

el peso ruidoso de esta empresa altiva;

valor exige; declaradamente

la guerra me publican, la tremola

el aire vuestra, darse no conviene

más dilación a la cólera española;

dragón lucero, con furor ardiente

derribo las estrellas con la cola,

en cuyas sillas, para más señales,

sentaré otros caballos imperiales.

Duque de Alba.

El tercio de Sicilia, y la nerviosa

de Nápoles, y Flandes me acompaña;

el Duque de Ferrara gente envía,

Pag. 23

Carlos.

¡Qué bien de su valor me desengaña!

Duque de Alba.

Ferrara y el Pontífice a porfía

favor te ofrecen.

(Levántase.)

Carlos.

Y si no me engaña,

gente alemana ha de bajar primero

que de la Selva Negra, ya la espero:

sin duda alguna que vendrán cansados

mis españoles, su regalo intento;

vamos, para que todos alojados

después salgamos con mayor aliento,

fase acaso mi pena y mi cuidado.

Duque de Alba.

Sube a caballo.

Carlos.

Bástame el contento

de veros, y ya no siento mal ninguno,

abrazallos quisiera uno por uno:

dar vuelta quiero yo a mis escuadrones,

llegad Prior.

Fernando.

Que el pecho acobardado

abra, señor, oyendo tus razones.

Carlos.

Este valor, España me le ha dado,

hijos, dineros hay, que en ocasiones

como estas, los previene mi cuidado:

bienvenidos seáis.

Fernando.

Allí cautiva.

Duque de Alba.

La salva empiece, viva Carlos.

Fin

Todos.

Viva.

Soy de Domingo Canes el curioso - y el Dueño Rodriguez de Olmedo suprimidero

Pag. 24

X 2.d

de La Batalla del Albis

Juan M.l Palatino D.n Luis

Sargento Ramos

g.l Dalmao Ventusa

Criado Llauet

fucar Vclete

que

Jornada segunda

Pag. 25

Segunda Jornada de la batalla

De el albis

tocan Cajas y salen marchando un sarjento, y un ayudante y don albaro y sacaran picas o alabardas

Ayudante.

la gente enpieza a marchar

andad, en que os deteneis.

Alférez.

no es Justo que me culpeis

pues ya acudo a mi lugar.

Ayudante.

En aquestas ocasiones

han de acudir los primeros

los honrrados Cavalleros

por muchas obligaziones

Don Álvaro.

hoy estoy tan disgustado

que en nada puedo azeitar

Sargento.

En el modo de tardar

bisoño os abeis mostrado

Don Álvaro.

no se admire S.or Sargento

pues es hoy el primer dia

que senté en la Compañia

la plaza y crea que intento

azertar

Sargento.

En esta hilera pues

Seponga.

Pag. 26

Don Álvaro.

hazlo asi

Sargento.

Comienze, pesar de mi

Vase / Salen elena y vize.te

Vicente.

quien Jamas de ti creyera

tan fuerte resoluzion

y de mi tanta lealtad

Elena.

La mayor dificultar

Suele allanar La afizion

Si me escribes que benia

a alemania a uer si allaua

el contrario que buscaua

donde tanta gente había

y lo bi que mis parientes

por fuerza dar me querian

esposo porque temian

mis amantes accidentes

que cosa mas azeztada

puede hacer que auer benido

donde cobre el bien perdido

Vicente.

no hay que replicarse nada

Elena.

Siempre ha sobrado dinero

no tienes que te quejar

que no cansa el caminar

con regalo, antes Infiero

que estas gustoso de ber

tierras estrañas

Vicente.

no estoy

porque ni entendido soy

ni yo lo puedo entender

aunque Huesped onbre de bien

pedi entrando en la cozina

que me diese Una gallina

y me trajo Una Sarten

= binos con nonbre distintos

ofrecen (que desatinos)

Sin auer mas que de dos binos

Uno blanco y otro tinto:

= traenlos con nonbre trocado

dan Seis copas a escudos

y viene vn onbre a beuer

el mismo que ha derechado

Elena.

y lena a este pais no te inclinas?

Vicente.

que diablos me he de inclinar

que si alguno llego a blar

me dice mill bearnardinas

Ay que tierra Divina

Elena.

para quien tiene dinero

mas con que frio tan fiero

el ejército camina

Vicente.

mucha es la nieue; mejor

le ba a la caballería

que a la pobre Infanteria

Elena.

el César muestra Vigor

en lleuarlos de tal modo

Vicente.

y a el ejército le queja

que hay soldado que se deja

los zapatos en el lodo

Pag. 27

Cle.

tu señor donde estará?

Vicente.

ya de acero cargado

a pie, hambriento, y helado.

Cle.

notable pena me da.

entre esta caballería

viene el cesar

Pag. 28

Fernando.

nadie se aflija ni tema

que todos vamos a pie

de la misma suerte nueva

para mi, que para todos.

Pag. 29

Alb.

a quien ha dado apellido

la casa de los centellas:

pretendia para esposa

una dama rica y bella

Pag. 30

Determineme a seguiros

por parecerme que en ella

estaría mi corazón

por ser señalada empresa.

Ayer asenté la plaza,

hoy marché con la bandera,

y cuando aquí hicimos alto,

viendo que el caballo dejas,

volví el rostro, y, señor,

a la ocasión de mi ausencia,

la causa de mi deshonra,

principio de mi tragedia;

quedé suspenso, pensando,

fiera ilusión de la idea,

hasta que acusó la vista

de reconocer las señas,

cegóme la honrosa furia,

y sin reparar en la pena

que merece tal delito,

rompí el yugo a la obediencia,

tírele un bote de pica

con tal furia y tal destreza

que salió de su garganta

asta y cuchilla sangrienta;

quise morir peleando,

viendo que estaba tan cerca

mi muerte, llegué a tus pies,

a quien los reyes perdonan.

Halle en ellos mi delito

piedad, amparo y clemencia,

así de tus enemigos

cortes la altiva soberbia,

y venzas al langrave,

así afiances prendas,

el palatino se rinda,

las ciudades te obedezcan,

el de Dinamarca huya,

el de Hubitenberg te tema,

y así, después de estas glorias,

goces triunfante la eterna.

Cas.

En fin, ¿os dio un bofetón?

Al.

Sí, señor, en la presencia

de todo el pueblo.

Cas.

Y decidme,

¿el que de honrado se precia

supo tan poco, que viendo

su contrario, no viniera

a pedirme campo?

Al.

Son

fuertes las iras primeras.

Cas.

No ha de pagar mi piedad

faltas de vuestra imprudencia:

ahorcalde.

Ele.

Gran señor,

mis lágrimas te enternezcan.

Pag. 31

Si a las mujeres los nobles

es razón que favorezcan,

advierte que quedo sola.

Cas.

Eso no os cause tristeza,

yo os daré cuatro criados

que os llevarán a Valencia

respetada y regalada.

Ele.

En vano, señor, consuelas

la pérdida de mi esposo.

Cas.

Ahorquenle.

Al.

Mi nobleza

honroso pide el castigo,

sangre mi garganta vierta.

Cas.

¡Qué gallardía española!

Aun en la muerte se muestra

honrada y altiva; es justo,

id, cortalde la cabeza.

Ele.

¡Oigan los cielos mis voces!

Al.

El alma te encargo, Elena,

porque en estas ocasiones

son las últimas finezas.

San.

Harán, señor, lo que mandas.

Die.

¡Qué fácilmente se cierra

el proceso en la campaña!

Llévanle, y va Elena y Diego.

Ele.

Denme los cielos paciencia.

Du.

No he visto menos piadoso

en toda mi vida a César.

Cas.

Duque, amigo, ¿cómo haremos

que este soldado no muera?

Du.

Vos solo sois poderoso

a derogar la sentencia.

Cas.

Yo soy juez, Duque de Alba,

y debí, por mi conciencia,

condenarle; que los reyes

de la misma suerte yerran

en perdonar los delitos

que en castigar la inocencia;

yo os doy palabra que hice

a mi piedad mucha fuerza

en no acompañar el llanto

de aquella hermosura tierna.

Duque, vos sois general,

y así podéis en la guerra

más que yo; libradle vos.

Du.

Forzoso es que os obedezca.

Cas.

Id presto, por vida mía,

que fue de aquí de manera

aquella pobre señora

que temo que la suceda

alguna desgracia.

Du.

Voy.

Vase Du.

Cas.

Advertid, que no se entienda

Pag. 32

Car-

Duque, que lo mando yo.

Vase.

Du-

Ya voy con esa advertencia.

Fer-

Tu valor y tu piedad

me suspenden y me elevan.

Car-

No hay cruel que sea valiente;

falso es, cosa cierta.

Cas-

Cuando en el parque prendieron

a Francisco, que pudiera

competir con Aníbal

en valentía y prudencia,

no quise verle, y fingí

que era enojo con cautela;

y no fue sino temor

de llorar cuando le viera.

Carl-

Parecidos en ardid

y mucho, yo y Julio César;

en llorar por los vencidos,

Tocan.

Fer-

es la mayor excelencia.

Car-

Oíd, escuchad, pues

parece que cajas suenan

de esta parte del bosque.

Fer-

Sitios contrarios nos cercan.

Car-

Salid a reconocer

desde el río las riberas

con los caballos ligeros.

Fer-

Ya deseo que se ofrezca

ocasión en que se anime

Vase, y salen Elena.

Car-

Los demás y las fuerzas

en vos han de ser iguales

por la sangre que os alienta.

Ele-

Dejadme besar tus pies,

señor.

Aparte.

Car-

¿Qué contienda viene?

Disimular me conviene.

Ele-

De tu divino valor

solo esperarse podía

tanto bien.

Car-

Pues, ¿qué queréis?

¿A Valencia volveréis

con segura compañía?

Ele-

Con mi esposo, que guardada

Sale el Alb-

Car-

No os entiendo.

Alb-

Hoy, ofrecida

a tu servicio mi vida,

dará alientos a mi espada.

Car-

¿Qué es esto? ¿Quién estorbó

mi orden y voluntad?

Sale el Duque.

Alb-

No fue Vuestra Majestad.

Du-

Necio, no fui, sino yo.

¿A qué venisteis aquí?

Con vuestra licencia, he dado

la vida a aqueste soldado.

Car-

Pues, ¿qué es esto, Duque? ¿Así

Pag. 33

Car-

se cumple lo que yo ordeno?

Du-

¿No veis que en esta ocasión

es importante el perdón?

A los rigores condeno.

Si ya a vista del enemigo

tenemos, y cargo dél

tan grande, que puede ser

el Albis, cierto testigo,

pues le agota sus cristales;

y en trance tan apretado,

¿queréis perder un soldado

que ha dado honrosas señales

de español y caballero?

No sé, no habéis de hacer tal.

Car-

Duque, vos sois general,

vuestro gusto es lo primero.

Vaya, pues lo habéis mandado.

Alb-

Señor...

Car-

Apartaos de ahí;

al Duque hablad, que por mí

ya estuvierais degollado.

Ele-

Denos los pies Vuestra Excelencia.

Car-

Bien el enojo he fingido.

Du-

Por quien soy, que habéis tenido

más ánimo que prudencia;

si yo os di vida, ¿a qué efecto

Du-

venisteis de esta manera?

Y aunque el César os la diera,

no podrá parecer discreto

el hablarle aquesta vez,

que, con razón, se disgusta.

Si por una cosa injusta

le dan las gracias al juez...

Alb-

Ya yo entiendo a Vuestra Excelencia

muy bien.

Du-

Bien se despachó.

Ele-

Heroicamente mostró

la justicia y la clemencia.

Du-

A vuestro puesto volved.

Vanse.

Alb-

Pues creed que he de morir

presto, o tengo de servir

parte de tanta merced.

Car-

¿Pues qué dices?

Du-

Es alentado;

conoce su obligación.

Sale Fer.

Car-

Diciendo está el corazón

que fue el perdón acertado.

Fer-

Salí, como mandaste, a las riberas

del Albis, cuyas aguas presurosas,

claros espejos son de las banderas

que tremolan al aire belicosas,

y impide un bosque el paso a las hileras

de nuestra infantería, con frondosas

ramas, y luego queda un breve prado

desde el bosque a aquel río dilatado:

Pag. 34

Duque.

De esotra parte se baja la campaña

superior en altura a nuestra orilla,

que de su artillería se acompaña,

que parece imposible el resistilla;

cerca del agua, que sus cercas baña,

está un castillo y una antigua villa,

adonde está el contrario pertrechado

y el duque en sus murallas alojado.

El número de gente es atrevido:

cien mil infantes, quince mil caballos;

experto general y prevenido,

que imposible parece el sujetallo;

ni Selín, Solimán, roso, temido

tanto en Viena, ni entre sus vasallos

que invencible Francisco parecía,

como agora se ha visto la herejía.

Duque.

Difícil cosa.

Carlos.

Duque, ¿solo siento?

Duque.

¿Qué, señor?

Carlos.

Que han de huir estos traidores.

Fernando.

¿Heroico y no vencido pensamiento,

de dudas, de recelos, de temores?

Carlos.

Por hoy se plante aquí el alojamiento,

que apenas dará el alba resplandores

del sol anuncios, cuando embista al río.

Duque.

A mí, Dios, soy de tu fortuna, fío.

Carlos.

Póngase la española infantería

en la frente del campo, y rodeado

el escuadrón de la caballería,

descanse del trabajo que ha pasado.

Duque.

Cerca, señor, está una casería

en que podéis estar acompañado

de caballos bohemios.

Carlos.

Eso es bueno;

no temo a nadie, ¿y temeré al Reno?

Duque.

Señor, señor, quien es tan gran soldado

como vos, ¿ha de ser inobediente?

¿No veis el cargo con que estoy honrado?

¿Cómo ha de obedecer la común gente

si vos no obedecéis?

Vase.

Carlos.

Yo estoy culpado;

vuestras órdenes sigo justamente.

Ya voy. Y perdonad por vida mía.

Duque.

Id, señor, a ocupar la casería.

Ya ha llegado la ocasión,

Fernando, mirad por mí

y por vos.

Fernando.

Dudando han

muchos agravios mi opinión;

¿ya olvidáis de que mostré

ser quien soy cuando, atrevido,

solo de valor vestido,

a un muro denso asalté?

Duque.

Y cómo, que en la memoria

tengo el suceso, por Dios;

que entendí quedar sin vos,

vaya en aumento la gloria,

que eso es lo que yo procuro,

que a nuestro honor prefiero

vuestro servicio y el primero;

procurad que esté seguro

Pag. 35

Duque.

y a Dios, que el cielo os oiga.

Fernando.

Seréis de quien soy testigo.

Vanse y sale Álvaro, Elena y Vicente.

Duque.

Muy fuerte está el enemigo,

mucho cuidado me da.

Álvaro.

Mucho, mi Elena, quisiera

de tus favores gozar

en más seguro lugar,

pero aquí el honor me espera;

de no le alterar la vida,

y así, mi alma desea

arriesgarla, porque vea

mi lealtad agradecida.

Elena.

Ya tu valor me ha enseñado;

veo que en lo cierto estás

y te voy queriendo más

cuanto más eres honrado;

al César sirve, que es bien,

pues tanto nos obliga,

que hombre quisiera ser yo

para servirle también.

Álvaro.

A Dios, mi bien, que yo acudo

a mi puesto, que ha encargado

el duque todo el cuidado,

en este silencio mudo,

a los españoles.

Vicente.

Yo

quedo con ella.

Elena.

Imagino

que fuera mejor camino

pues todo bien sucedió,

Elena.

que a este lugar me volviera

que está dos millas de aquí.

Vicente.

Dices muy bien, que es así,

que es húmeda esta ribera

y el tiempo es algo cruel;

habrá sitio que busquéis,

al menos en que dormir.

Vanse, y sale el sargento.

Álvaro.

Ve con Dios.

Elena.

Queda con él.

Álvaro.

Jamás pienso que me vi

tan animoso y contento.

Sargento.

Don Álvaro.

Álvaro.

Señor sargento.

Sargento.

Huélgome de hallarle aquí;

mándame el señor prior

don Fernando, que procure

darle puesto que asegure,

guardándole su valor:

este es el más peligroso

de todo el alojamiento.

Álvaro.

Bien adivino mi intento;

en él estaré gustoso.

Sargento.

Porque he visto albor que está,

ya sabe lo que ha de hacer,

donde engaño puede haber.

Álvaro.

Solo falta el nombre ya.

Sargento.

San Francisco.

Álvaro.

Al gran Pío

se diga, vuesa merced,

que estimo tanta merced.

Sargento.

Quiere aumentar vuestro brío.

Pag. 36

Alb.

Todo el cielo lo dispone

a medida del deseo,

mi honra cobrada veo;

Fernando en puesto me pone

en que a Carlos servir puedo.

Mi esposa está en mi poder,

ya no tengo que temer,

nada puede darme miedo:

aunque más la noche oscura

solicite mi desvelo

cubrir de luto los cielos

con las nieblas que procura,

aquel principal sentido

no goza claros despojos,

ya que no sirven los ojos

den su poder al oído.

Toma la pica y se pasea diciendo centinela.

Dentro Elena.

Elena.

¡Favor, cielos!

Alb.

¿Qué temor?

Aquella voz me da pena.

Que por allí va mi Elena;

mas son fantasmas de amor.

Dentro Elena.

Elena.

¡Ay!

Alb.

¡Quién pudiera dejar

este puesto, y ver si ha sido

vana ilusión del sentido!

Sale Vicente. Endereza la pica a Vicente.

Vic.

No he de poder acertar.

¡Ay infelice jornada!

Muerto vengo.

Alb.

Gente viene, ¡hola!, ¿quién va?

Vic.

Quien ya tiene

el paso y la lengua atada.

Alb.

Diga el nombre.

Vic.

¿Para qué?

Alb.

Para que pase.

Vic.

Vicente me llamo.

Alb.

¡Válgame el cielo!

No sin causa el alma teme:

¿qué eres tú, Vicente amigo?

¿Cómo de esa suerte vuelves?

Vic.

¿Es mi señor?

Alb.

Digo, soy.

Vic.

Antes que nada te cuente,

sígueme, y mira si algunos

de tus amigos te pueden

acompañar.

Alb.

Tente, aparta,

ni quedo ya, ni me llegues,

o te quitaré la vida:

¡cielos!, ¿qué trance tan fuerte?

Di desde ahí lo que pasa.

Vic.

¿Estás loco, qué pretendes?

Alb.

Tente, o por vida de Elena,

que te mate.

Vic.

Bien la quieres

cuando dejas que soldados

de los contrarios la lleven.

Alb.

¡Ay cielos, yo soy perdido!

Vic.

¿A qué aguardas, que no vienes?

Podrá ser que los alcances

Pag. 37

Vic.

y que la presa nos dejen.

Alb.

No puedo, Vicente amigo,

muerto soy, o si pudiese

hacer otro yo, mi honor

mas no hay cosa que remedie

mi mal; cielos rigurosos

en un trance como aqueste,

o dejad libres mis pasos,

o dadme ahora la muerte.

¿Para esto me disteis vida?

¡Oh Carlos, cuánto me debes,

pues cuando el alma me quitan

tienes el cuerpo obediente!

Vic.

Señor, el llanto te obligue

de Elena, pues que por verte

por tan intricados caminos,

con peligros evidentes

tantas tierras ha pasado.

De entre unos altivos verdes

salieron cuatro alemanes,

hablando como ellos suelen

en gallego o en gerigonza.

Y aunque yo animosamente

saqué la espada, y tiré

mis hurgonazos, diere

di más filos a las plantas

que a la espada; porque quede

en su poder mi señora.

Alb.

¡Que esto escuche, y no lo vengue!

Vic.

¡Vive Dios, Elena mía,

gracias a Dios que ya vences

las dudas! Vamos.

Aparta.

Alb.

Aparta.

Vic.

¡Vive Cristo, que parece

loco!

Alb.

Sin duda lo estoy:

¡cielos, haced que se encuentren

los tiranos de mi gloria

con mis suspiros ardientes,

que yo ¡ay! que han de abrasarlos

o sino, porque se aneguen

con las fuentes de mis ojos!

Vic.

¡Qué demanda impertinente!

¿Qué suspiros, ni qué llantos?

¿No será mejor que saliesen

dos amigos con dos picas

y otros dos con dos mosquetes?

Mas yo ¿de qué me apasiono?

¿Soy yo acaso el que la pierde,

si quien es marido suyo

calla; y cuando padece

en su honor, y les permite

cobarde que se la lleven,

yo también quiero callar

y no ser impertinente,

que de las ajenas culpas

se purguen...

Alb.

Cobarde, aleve...

Pag. 38

¡Vive Dios!

Vicente.

Salvo el lugar.

Álvaro.

Que esta pica te atraviese.

Vicente.

Para mí tenéis vos armas,

etcétera.

Sale Fernando embozado.

Álvaro.

¡Oh, injustas leyes

de honor!, llegar no tan juntas

ni tan junta que atropellen

la razón y el albedrío

vuestras acciones cancelen,

pero, al fin, venza el valor.

Fernando.

Aquí me mandó ponerle

mi padre, y yo le di orden

al sargento.

Vicente.

Un hombre viene.

Álvaro.

¡Quién va!

Fernando.

Amigos.

Álvaro.

No hay amigos.

Vicente.

Soy su criado, ¿y no quieres

dejarme parar a mí?

¿Ni a mis venganzas se mueve,

y viene con tanta flema?

Álvaro.

Decid el nombre antes que vengue

agravios de mi desdicha

en vuestro pecho inocente.

Fernando.

San Francisco, a buen soldado.

Álvaro.

Pasad presto.

Fernando.

¿Conocéisme?

Álvaro.

No, a mí no me conozco.

Preguntas impertinentes.

Fernando.

El prior soy.

Álvaro.

Señor,

deja que los pies te bese.

Fernando.

¿Qué tenéis?, ¿qué os ha parado?

Álvaro.

No sé por dónde comience:

este criado llevaba

a Elena, porque estuviese

más regalada a una aldea

cerca de aquí, y quedéme

en aqueste puesto, ansioso

por el peligro que tiene.

Oí voces en el bosque

y, al fin, mi criado vuelve

diciendo que me han robado

a mi esposa, cuatro aleves

de los del campo enemigo,

que a su socorro acudiese,

por no dejar solo el puesto,

y por cumplir lo que debe

un noble, pierdo a mi esposa.

Fernando.

Vuestros males me enternecen,

y vuestro valor me alegra,

y ansí, para que os consuele

el cargo que me dio el cielo,

en irme y dejar la gente

fuera con vuestro cuidado,

y a solo que aquesto debe

Pag. 39

un caballero a su sangre

y al honor de las mujeres,

pero quiero hacer con vos,

por procurar parecerle,

lo que conmigo mi padre

hizo, y no en trance tan fuerte;

yo quedaré aquí por vos

mientras el sargento vuelve,

buscad vos a vuestra esposa.

Álvaro.

Tus plantas beso mil veces.

Fernando.

Dadme esa pica.

Álvaro.

Camina;

los cumplimientos corteses

perdonad.

Vanse.

Vicente.

Vamos tarde.

Álvaro.

Sus alas amor me preste.

Sale el duque de Alba embozado.

Fernando.

Desdichado es este hidalgo,

libróse ayer de la muerte

para sufrir esta noche

desdicha más impaciente;

vive el cielo que he sentido

que mi cargo me impidiese

el hacerle compañía,

que mi juventud ardiente

a esta empresa me animaba.

Ruego a Dios que la encuentre.

Duque.

Aquí le mandé a Fernando

que a don Álvaro pusiese

por

porque un noble caballero

a quien obligan mercedes

vale por muchos soldados,

y quiero hacer que demuestre

en una industria que traigo

para hacer que el puesto deje,

o conocer si es discreto,

que en la guerra es conveniente.

La niebla que engendra el alba

por estos llanos se extiende

y animadas de la noche

más oscuridad prometen;

y más a pesar de las sombras

que cuajan los aires leves

veo a don Álvaro allí.

Endereza la pica contra el Duque.

Fernando.

Forzoso será que apreste

la pica. ¡Quién va, quién va!

Duque.

No des voces ni te alteres,

que es español soldado.

Fernando.

Aparta y responde a este.

Duque.

Apartado estoy, no temas.

Fernando.

Los españoles no temen,

que el procurar que te apartes

es solo acción de obediente.

Español y caballero

soy, pídeme lo que quieres

o el nombre para que pase.

Duque.

Ya deseo que lo muestres.

Pag. 40

Fer.

Solo mostrase si quedo.

Sale Carlos V embozado con mucho silencio y sepárase en medio de los dos oyendo lo que hablan.

Car.

No es posible que se pierda

en ocasión semejante,

pues desta vitoria pende

la paz de toda Alemania.

Sin que nadie me sintiese,

salí de la carestía

dando buelta a los quarteles;

todo está como guiado

de general tan prudente

como el duque de Alba; aquí,

por estar distancia brebe

del río, es bien que aya posta

cuidadosa y diligente.

Fer.

Ya he dicho que español soy,

dime el nombre o pasa o vete.

Car.

La posta habla con vn hombre;

desde aquí no pueden berme

por ser la niebla tan grande,

y lo escucho fácilmente.

Du.

Español, lo que primero

mi valentía te advierte

es que vengo solo.

Fer.

Acaba.

Du.

Sajón soy.

Fer.

Seas quien fueres.

Du.

Sirvo al duque de Saxonia

y estando en Viena a tres meses

que mató a vn hermano mío

vn español tan vilmente

que me obliga a la venganza.

Fer.

Antes pienso que pretendes

acompañar a tu hermano

para que solo no pene.

Car.

Bien responde el soldado.

Du.

No he tenido quien me enseñe

a este soldado español

porque su sangre beviese.

Fer.

Tan alto estás, baladrón,

di, sajón impertinente,

que buscas otras venidas

bien por los filos te yeres.

Du.

Viendo que en rayando el alva

dar la batalla pretende

el de Saxonia, y que entonces

no avrá lugar en que muestre

particular valentía

pasé el Albis.

Fer.

¿Por qué puente?

Du.

A nado.

Fer.

Con tanto frío, ¿nadas?

Mucho calor tienes.

Du.

En los puestos peligrosos

ponen ordinariamente

los más valientes soldados

del más peligroso fuerte.

Pag. 41

Du.

Tú deves de ser sin duda

valeroso, porque si quieres

mi furia te desafía,

sal, adonde esperimentes

el valor de aquestos brazos.

Todos sois viles, gallegos,

desde el mochilero a Carlos.

Sois...

Fer.

No prosigas, detente.

Car.

¡Por la fe de hombre de bien,

que estoy por salir, y hazerle

pedazos acuchilladas!

Du.

Si dexas el puesto, no entiendes

las leyes de la milicia,

y es muy justo que te afrentes.

Fer.

De don Álvaro las dudo

he heredado con ponerme

en su lugar, vive Dios,

que es ansí, y no es bien que dexe

el puesto de ningún modo.

Du.

¿Qué aguardas? ¿qué te suspendes?

¿No dirán que eres cobarde?

Fer.

¿Cómo puedo detenerme,

si por mucho que me agravies,

me corras, y me avergüenzes,

no he de dexar este puesto

hasta que a mudarme lleguen?

Más, si es que tan animoso

aguardas un instante brebe,

que ya es fuerza que el sargento

baya a quien por mí se quede

en este lugar, y al punto

te daré a entender que mienten

tus palabras arrogantes,

buen hombre.

Car.

Bien me parece;

estos son buenos soldados.

Fer.

Que con tanto espacio buelen

las horas. ¡Voto a Cristo!

Car.

¡Por vida mía,

que es acción conveniente

a quien soy, diera sin duda

a aqueste sajón la muerte;

pero no yrá sin castigo.

Du.

Justo será que le premie

con mis brazos.

Fer.

¿Quién va?

Car.

Paso.

San Francisco.

Vase llegando Carlos a la posta y le rinde y se queda en el puesto.

Fer.

Pase.

Muestre

esa pica. Señor soldado:

llegue a ese sajón, déle

muerte, que yo quedo aquí.

Du.

¡Ay suceso como aquéste!

Fer.

¿Quién sois?

Car.

Cavallero soy

que podré favorecerle

en otras cosas mayores.

Pag. 42

Voz no identificada.

vuestro proceder lo advierte

Ahora verás sasón

¿Qué imposibles acometes

en el río

la perdí, pero aquí tiene

brazos en que tus deseos

a Felices fines lleguen

Ánimo solrado, pues

porque pienso deshacerte

entre los míos

amido

estos abrazos merece

tan honrado caballero

cuanto animoso y pudente

es el duque mi señor?

yo des

Pues, señor advierte

que soy yo Fernando

Ahora alisa me mueve

la cólera que he tomado

si me deja el alegría

sin duda que los deleirtes

de amor, quitaron del puesto

a donAlvaro

no intentes

su ofensa, que de lopiro

mayor lealtad no encarecen

después sabrás todo el cao

Por Dios, que ansubo excelente

también aqueste soldado

impórtame conocerle

ahora me riñe e duque

porque he sido y nobediente

Señor, soldado quién es

paror.

si ser puede

no me vea vuestro parre

quedo no se alteré

que he salido de la orden

y ha sido el gusto de suerte

que tengo de haberos visto

cuidadosos y prudentes

que llevo que agradecer

yo callaré más conviene

que me hagáis una merced

muchas tal valor merecen.

que os vais a descansar

Yo loaré así, pues ¿qué quiere

vuestra lealtad, que en descansos

míos, os libre mercedes.

que de ese soldado aquí

y ven tú conmigo

fue se

a un negocio de importancia

Pag. 43

Voz no identificada.

quien era

secan

amigo y pariente

el nombre han rompido la

Venid, señor, donde os deje

satisfecho en todo

ya Fernando enseñar puede

soy de Domingo. l acioso

la escribió di Rodriquez de olmedien

de abrildeede

Jornada tercera

Pag. 44

Voz no identificada.

ala d eno eeo

donde has preciritado

si no has dejado en el dos que

tronco ha que no te abrazaste

con atrevidos furores.

Tragó la tierra sin duda

esta gente

como es conden

rayos de tanta belleza

las tinceblas de la noche.

lamentande

¿Qué es aquesto Elena mía

álamos fresnos y robles

lascivos talamos siempre

de la s aves nunca lobre

abril vuestras esperanzas

no dé esperanza os adorne.

siempe desnudos al hielo

vuestras sombras os asombren

hasta que segur villana

para quemaros os corte

porque encubristeis infames

loatrevidos traidores

que me robaron un duerpo

que lleva dos corazones

lo mal haya la obediencia

la guerra el honor la orden

pues no puede darme viene

con que tantos males borte

no te hacer que es mucho alto

que andan recipes debronce

enviando ala otra vida

los solrados españoles

ruego al cielo que una bala

el curso a mis males conte

ya mi vida.

de eso apelo

deja desesperaciones

Judarcas, vuelve a tu puesto

y aquellas mompetas oye

que la batalla presentan

entre los roncos tambores

y a los contrarios herejes

a sus prepuntas responden

hoy han de ser inmortales

mis desdichas y mi nombre.

para que quiero la vida

sino para que sea roje

a la empresa más difícil

que han intentado loshombres

ya se divisan los campos

ya ordena los escuadrones

el duque de alba

Yo emprendo

dificultades mayores

mate el río tanto fuego

ase desmidando

como en mi pecho se esconde.

hoy alemanes soberbios

mi venganza se dispone

pues me robasteis el alma

sentí del furioso solpe

de mis venganzas y vea

el cielo mi muerte noble

no te afliga por tu vida

no tengo vida perdióse

con llena

el sol se muestra

por las cumbres de los montes.

venalegoercito.

donde a pesar de ilusiones

del vano temor causadas

Danse y ticancajas

Voz no identificada.

Viva triste a muera noble

y salen Carlos y sadados

a españoles, Eahizos míos

Ahora quiero ver si son iguales

a vuestras obras los gallardos bríos,

a Diós y a vuestro rey, soiso y leales

Si el paso impide el albiz con los fríos

veloces al romper limpios cristales

vuestro mismo valor en su corriente

vado os desaubra, y os fabrique puente.

Españoles vosotros, me habéis dado

fama y honor, mi deuda he conocido

bien se quedos imperios me ha ganado

vuestro exoico valor nunca vencido

Pag. 45

Voz no identificada.

Vosotros me enseñáis a ser soldado,

el enemigo está fortalecido

mas si pelea en mi favor España

No es esta en Carlos la mayorazaña

envistamos al río, que el primero

he de morir, por Dios, y su fe santa

que ya que en vormes no mate alutero

sacaré las raices de su planta

el triunfo aguardo la vitoria espero

vuestro rey a la empresa se adelanta

imperio, santiago, cierra España

que está en mi historia es la mayor hazaña.

Santiago santiago.

cale el duque

¿Qué es aquesto, señor

como hasta el río llegáis así donde el contrario encierra

el peligro mayor el orden mío

quebrantáis no advestís que en esta tierra

ranizán valas

Duque en Dios confío

retiraos luego, vuestra guarda trazo

que emperador ha muerto de balaco

queréis ser el primero por ventura

que muera de esa suerte El cielo oyguarde

como la cristiandad pide y procura

Amigo, Duque no me hagáis conarde

Yo sé que mi persona está segura

como, si el aire en viyas llamas arde

considera

Pag. 46

Voz no identificada.

No es bien que hacerlo quiera

calente el

que ya empieza a temer quien considera

Ya es cosa imposible dar

la batalla en tu porfía

pues falta a la infantería

puente por donde pasar

y a los caballos elbado

que algunos conorden mío

han entrado por el río

y han vuelto a salir añado

Mira que piensas hacer

y lo quedamas temor

son las seis barcas, señor,

porque aun llegar a beber

no pueden nuestros soldada

sin que infeliz mentemueran

y los contrantos esperan

bien segunos y alojados

en su misma tierra

las dios

qQuien esas barcas tuviera

que si en esotra ruiera

me hallará yo con los dos

Bien sé que no me aguardara

el enemigo.

a que espero

¿Qué aguardo? ¿Qué considero?

en que mi valor repara?

de la tierra me buscad

e gun

ciena de la

Pag. 47

Voz no identificada.

de que me espanto

en tanto mal

y entre tanto

las escuarras retirado

sois un valiente soldado

Fernando

tus plantes beso

la obligacionos confieso.

A cielos, si halláse vado.

No te letiras, señor.

¿Qué es lo que intentes? ¿Qué haces?

en qué piensas

de una vel

tantas desdichas acaben

Ea orlando de poquito

tenemos, lindo viaje

hemos hecho, yo me quedo

sin mi amo y entre alemanes

que es lo mismo que entre griegos

Españoles a quien hacen

esta tu as el mundo, viendo

vuestro valor admireble.

soldados de Carlos quinto

más dignos de bronce y jaspe

que los romanos antiguos

por sus hechos inmortales

¿Que aguardáis? Si veis que el río

quiere en vano a ser las paces

impidiendo nuestra furia

con su risueño semblante

seis bascas su espalda oprimen,

que los viriles leparten

ase dudando

carras son en que se muestran

los enemigos triunfantes

aquí no vale la industria

Aquí los tiros no valen

muestre ahora la fortuna

que socore a los audaces.

la vida me ha dado el cestar

con ella quiero pagarle

siendo en la muerte y los hechos

agradecido elefante

haced lo que yo españoles

pues sois los que retirasteis

a Celín sobreviene

entre malucos y alfaques

Sanjacos y veler veyes

genízaros y bajaes

los que a francisco perendisteis

en la batalla del parque

los que en la goleta y túnez

a pesar de los alfances

berberiscos de tuvisteis

tanta multitud de alarbes

y a pesar de los ginetes

de fez y detarudante

fue vuestro valor ecipse

de tantas lunas menguantes

los que ganasteis a Roma

snen enre

en el primero conbate

con que anumancia y la junto

tras tantos años vengasteis

Yo sólo una barca ofrezco

aunque semez de mi sangre

queda en jubon

con las corrientes del río

ydoma la espada

porque de coral se es malte. En la toca

otros cinco se desnudan

¡Ay imposible tan grande

al agua Españo les cierra

Voz no identificada.

piadoso el cielo te dngare

sale carlo

Voz no identificada.

eñor, señor

tus ojos han de informarte

gran señor que no mi lengua

admirada y isnotante

las espadas en las bocas

seis hombres, por los cristales

del río a lasbarcas guyan

que tal locura intentasen

no sea roden más, señor,

Duque, dejadme

despara

que si su valor me alegre

lloro al temor que les maten,

Ya de las barcas les tiran

dilparar

Dios os libre, Dios os guarde,

Madre de Dios

santiado

santiado

todo ae

echo una nube de humo

nos impide el postrer trance

¡Vive el cielo que subieron

porqué muchos alemanes

veo caer en el río

siempre contra mí mostraste

Albís tu poder a veces

con nieblas, obscura imagen

de la noche, y con el humo

ahora, aunque ya se espance

desvanecido del sol

Vitoria es paña

no hable

Sevola Mario se corre

llore bruto, oracio calle

que solo mis españoles

merecen queles alaben.

No les veis sobre las barcas

no pinten armado amarte

sino a un soldado español

desnudo de aquí adelante.

que deci

que de una cosa

sola es forzoso pesarme

qua les

que no ha de creerse?

Esto si llega a contarse

muy bien decís, pero duque

Pag. 48

Voz no identificada.

escribase como pase

y creanlo los valientes

si lo dudan los cobardes

hacia nuestra orilla vienen

bancas tengo ya en que pasen

mis españoles, vitoria

No habrá enemigo que aguarde

mi señor es el primero

que del río averte sale

don Alvano

Duque no es el que libres reis?

salena le den

al qul vos disteis la vida

condena

Ya no importa declararse

si le hubiera de pollado

echabamos mi buen lance

aquí genero Cesa

vengo a ofrecerte de parte

mía y de cinco españoles

lo que nuestras fuerzas valen

todos cinco es tán eridos

Yo sólo pude escaparme

por ver en mi barca presa.

la causa de efectos tales.

apenas sobrecubierta

salte, cuando mire el ángel

que me robaron anoche

acudiendo a mis lealtades

por la vida que te debo

invicto César triunfante

toma esabarca en que puedan

ir pasando tus infantes

No digáis más que no puedo

oíros, si no abrazadme

por el hecho más heroico

que acuerdan tantas edades.

por ser uno de los séis

que han hecho acción semejante

dejará de ser quien soy.

¿Qué más premio puedes darles

resátense los heridos

y trevemente se embarquen

los soldados que pudieren

porque a esotra orilla pasen

los caballos, pues no aibado

yendo a la tijera naden

llevándolos por lasbridas

los que en las barcas pasaren

elorden tuyo se siga

aunque el peligro es muy grande

Ea, señor, que los cielos

quieren que está empresa acabes

este labraror se ofrece

ha enseñarvado bastante

para la caballería

los agravios que nos hacen

Pag. 49

Voz no identificada.

Señor, esto luteranos

me han obligado avisarte.

Hoy me llevaron, señor,

sin que quisieran pagarme

cuatro costales de pan.

Sígueme, sin que te espante

la profundidad del río

que elbado es seguro y fácil

ea, que Dios nos ayuda.

en las sarcas los infances

vayan pasando

seguidme

ea, que yo voy delante

cesareres, tu fortuna

voy siguiendo

que descanse

don Álvaro es justa cosa.

Ida mi tienda alberpalde,

más descansa quién te sirve

Triste me muestra el semblante

damos duque

Ya tesigo

ea españoles al albís

vendo

al albis

llega a desatarme

la cuerda se da cuidado

cuando me tienen atado

Pag. 50

Voz no identificada.

mis pesares y mi pena?

Si la cuérdate provoca

a tristeza y a dolor

no me la dará mayor

el alma que tengo loca

desdichas mías han sido

las que el honor me han quitado

vine contento y vengado

para ser más ofendido

y aun tengo más que dudar

porque entonces lo sabía

y aquí no se elena mía

de quien me podré vengar

pero sólo de una cosa

puedo consolarme aquí

que aunque palabra te di

Elena no enes mi esposa

conventos tiene valencia

Allí mi hacienda tendrás

por tuya, y tú me darés

consuelo, si no paciencia

pues mi desventura ha sido

tan incapaz de disculpa

que sin que tengas tu culpa

Pag. 51

que entre el dolor que sentí

no quiero hallar culpa en ti

por no darlas de ignorante.

Cle.

Cuando yo hubiera perdido

mi honor en esta ocasión,

pienso que fuera razón

no darte por entendido.

Siempre aquestos menosprecios

son hijos de confiados,

o de algunos que de honrados

tienen escrúpulos necios.

Yo me iré a mi patria así,

que a no querer ser honrada

bien sola y bien desatada

vine desde España aquí.

O preguntaré si son

causa de más desatino

cinco meses de camino

que tres horas de prisión.

Al.

Tente, escucha, ¿no has de haber

más satisfacciones?

Cle.

No.

El que sola me dejó

se puede satisfacer;

el que se precia de honrado

y de su mujer no fía

siempre esté en su compañía.

o no se juzgue agraviado.

Vic.

Los olvidos verdaderos

no con la corriente van

y sin devoción están

obligados a terceros.

Oíd, por amor de mí,

perdona este desatino;

siendo criatura sin sino,

¿fueras de mi amor?

Cle.

No.

Vic.

Si viendo que llegó

sujeta a su voluntad,

faltara a su honestidad,

¿fueras su marido?

Al.

No.

Vic.

¿Atréveste, siendo así,

con tu casto proceder,

Elena, a ser su mujer?

Muestra, ¿en quién crees?

Cle.

Sí.

Vic.

¿Y tú, viendo que se allana,

borrando reprensión,

a intentar la conjunción,

quiéresla?

Al.

De buena gana.

Vic.

Pues apagas de mi vida,

que aquí no valen dineros.

Pag. 52

Todos.

por buen caballero

y a ti por nunca ofendida

los dos os podéis casar

que a término lo remito

muy breve, pues es delito

tan fácil de averiguar

Elena.

quién es desatarme?

Don Álvaro.

sí.

Elena.

estás temeroso?

Don Álvaro.

no.

Elena.

huye a los.

Don Álvaro.

yo huyo, yo.

Vase y sale el labrador y vuela

Vicente.

mi resto, y venid tras mí.

Vuela y salen Carlos detrás y más soldados

La.

gala corriente furiosa

rugente Carlos pasó

y felizmente llegó

al colmo de su victoria

Corónelase en tu desvelo

pues mereciste los rayos

que te envíe aquí a él

un paraninfo del cielo.

Carlos.

Gracias a Dios que pisé

tu contrapuesta margen al hispano

La tierra beso, hhoy quiso

el cielo concederme el bien postrero

de las hazañas mías

causa dos años, y por si los dos

(se van)

Duque de Alba.

toma el caballo y mira

que el Sol en la batalla nos presenta

Fernando.

la multitud admira

Carlos.

más gloria ofrece mientras más se aumenta

Ji.

dónde estaba el villano

que el vado me enseñó?

Fernando.

búscale en vano,

apenas de la hondura

salió sobre una yegua que prestaba

a las aguas blancura,

que como cisne en ella se mostraba

Ji.

la cabeza detiene

que en lugar de cristal su aliento bebe

cuando vanos hallamos

Almirante.

todo el día es prodigio que ha nacido

el Sol, y le miramos

al parecer de púrpura teñido:

Comience mi desvelo

de esta jornada en medio de su cielo;

sobre triunfante ala;

más largo es hoy el día

nuestra, oh mi ciencia vasallando:

Una águila real, está volando

y al intentar algún vuelo

del campo del contrario salió al vuelo

tres soldados, le han muerto

Pag. 53

Voz no identificada.

pues mereciste lograr

que te viniese aguíar

un para Ninfo del cielo

el duqu almao

Gracias a Dios que piseso

tú contra puesta mirgen altisfiero

la tierra bejo hoy quiso

el cielo concederme el bien postrer

de las azañas mías

cansa dos años y porlijos dios

toma el caballo y mira

que el sazón la batalla nos presenta.

la multitud admira

más gloria ofrece mientras más lagumenta

donde estará el villano

que elbado me enseño?

Pusasle envano

apenas de la hundura

salió sobre una ygua que prestada

a las aguas blancura

que como cisne en ella se mostraba

la cabeza de nieve

que en lugar de cristal si aliento vebe

cuando ya no lallamos

todo el día prodigios que ha nacido

el sol y le miramos

al parecer de puspura tenido.

omiente mi desvelo

o está parado en medio de su cielo,

sobre tu infantería.

más largo eshoy el día

tresoras o mi ciencia ba faltando.

Una águila rea está volando

ya intentan algún robo

del campo del contrario salió un lono

tus soldados le han muerto

anuncios son del bien que deseamos

que has de vencer es cierto

Juandalmao, creo en Dios, pero emvistamos

la gente aún no ha llegado

muy pocos en el albís han quedado.

Dadme un caballo, aellos,

Mas ¿qué es esto? Teneos ¿qué he sentido

decrirados cabellos Sí, por Dios,

deseo suspendido

de la cortina una

de la fiera eregía

con vtro pesto se

ntado como enpen

los efectos se muestran este día

un cristo hecho pedazos

en esta cruz que enseñados caminos

con los abiertos brazos

Bien cante tados

dicelos luteranos desatinos.

de lo dillas

que afrentosos trofeos

Pues, señor, no os bastaron los ebreos

donde tengo mi imperio

os tratan mis vasallos revelados

con tanto vitupenio

vuestros piadosos brazos que clavados

esperan dulcemente

al pecador contrito y penitente

con partesanas duras

han deshecho otra vez cocasor tristes,

las mismas criaturas

que vos con vuestra sangre redimiseis?

aquí vide y sayas

tras pasadas las santas profecías

sigueso no sehabía

de quebrar en el cuerpo sacro santo

como la impía herejía

hoy se ha atrevido a tanto

que la asonos hicieron

que las piernas y brazos os rompiera

corazón humillado

nos pedís por David y yo en el suelo

si no es menos preciado

el que contrito espera su cnsuglo

os ruego en mi esperanza

¿Qué instrumento me hapáis de esta venganza.

Vivis vos de sus mío,

que si me dais licencia la corriente

de ese profundo río

púspara ha de correr, coral caliente

hacedme vuestro atilaa

acote vuestro que la espada afila?

Cinco puertas abrieron

los ebreos en vos, como intentaron

los que así os ofendieron

si en a con de lun

sieno la cona de

cenerto

ee tana

nuevas puestas abrir, si se cerraron

por su engañoso celo

por su mal para ellos las del cielo

a esta cruz abrazado

cabra das

os pido me ayudéis a esta venganza on el

estoy airado.

amigos, ya me ofende la tardanza

no se aguarde más gente

a ellos, cierra españa.

Oye detente

cien mil hombres esperan

y no han llegado dos mil

los tres bastamos

si mandas en bestir a qué aguardamos

a buen Fernando a ellos

que su culpa no más ha de vencellos

Santiago, cierra España

Voz no identificada.

pant y sa lee

serma puen

duelae la de

querra ma

¿Qué quieres Carlos depante

que mis males apresuras

al paso de tus venturas

Pag. 54

Voz no identificada.

atrevido ya rogante

por ti se detiene el sol

¿Qué impalsos nuevos te dan

fuerza en el sol aleman

si eres espureo español

Vuelve Conde palatino

lansgrave que es del valor

morir aquí no es mejor

como morir determino

Cuatro españoles mojados

os atemorican, ¡Cielos,

en vano son mis desvelos

pues miro desbaratados

los armados escuadrones

y con tanto vituperio

sacar pensé del imperio

los imperiales pendones

Vitoria España

aligor

del cielo de mi blaplemo,

ninguna desdicha temo

pues ya llegó la mayor.

si escaparme determino

parece que está delante

aqueste Carlos degante

inpidiéndome el camino

aquel esJuan federico a él

donde do

Españoles, aquí estoy

que soy el duque publico

muerto, pero no vencido

saler el send

me veréis

Estos los aceros son

soldados que siempre han sido

no ha de hallar en mi porfía

la fortuna, sino alcanza

los fines de mi esperanza

principios de cobardía

despara

aciértame bien.

Español que te donviene

quien tan grande valer tiene

para qué preguntas quién?

Quién puede ser sino yo

Ya yo tu horgallo he escuchado

sólo quedas y cansado

do no

Pues di que intentas

me der

Eso forzaso será

Cánsame la vida ya

No vienes que me advertir

sabes quien soy

en tu pecho.

traes escrita tu hidalguía

pues rendete

en mi porfía

he de morir satisfecho

¿Qué espero, señor príos

¡ueseñoría? Muea

seneos

loqunense pues tus deseos

c ela

Pag. 55

Voz no identificada.

esfalta del valor

qQue mofeso esa ventaja

ssolo vencerle imagino

Una bala es el camino

que esoy rodeos ataja

apenas tenerme puedo

ya sin aliento y cansado

oya la muerte has llegado

con mi sangre lo concedo

quitadle la espada

Ay cielos

sucesos son desvería

la discreción

venza a la fortuna arrada

en la notable clemencia

del César, la duda acabe

fernando

lansgrave

al palatino he traído

preso que en su movimiento

veloz, imitando al viento

cayo su caballo herido

a los tres nos ha juntado

así, la fortuna ciega.

decanto

siguiendo el alcance llega

del cesas

Yo estoy turbado.

aquí presentarle quien

de esta guerra el fin dichoso

disimulares forzoso

loco estoy

de pena muero.

ale carlo al

pajas y todala

o piadoso emperador

congo

Ahora el nombre me ha dado

de emperador, ya no soy

como tu decías, Carlos,

Pag. 56

Voz no identificada.

degante

tu prisionero

Soy y te advierto que aguardo

la muerte con más valor

que fuve para tu daño.

piadoo con todos eres

más glorias le dio Alejandro

que la pasada vitoria

llorar la muerte de dario.

yo tengo la culpa solo

que los que están a milado

confieso que por mí fueron

para tu ofensa incitados.

ymerezco perder la vida

pro yo estoy confiado

en tu piedad, si eres sombra

de Dios, yue te dio ese cargo

y en cierta forma te obligo

con mis culpas, pues te he dado

ocasión en que perdones

con que tu nombre dilato

a ño ser tanta la ofensa

no fuera excelente el lauro

que más laclemencia luce

donde son más los agravios.

Duque Duque Dios, mal dice

al que peca confiado

en el perdón, y así debo

justamente castigaros.

fuerza ha sido que se vean

los soberbios deribados

y ensalzados los humildes

su misma causa ha juzgado

Dios, vuestra muerte es forzosa

dea uo

oíd prior don Fernando

Pag. 57

Car.

y ensalzaros los humildes

su misma causa ha juzgado.

Dios; vuestra muerte es forzosa.

Aparte al prior.

Car.

Oíd, prior don Fernando.

¿Está mal herido el duque?

¿Es mortal la herida acaso?

Fer.

No, señor.

Car.

Mucho me quejo,

que ya estaba con cuidado;

bien podré reñirles, mas...

Sax.

De aquesta consulta aguardo

la muerte. (Temblando estoy.)

Car.

Vos no debéis de acordaros

del día que en Ratisbona

os vi a los tres en palacio,

y os avisé de que a una,

aunque estaba desarmado,

de castigar los revuelos

a Dios, y al Imperio sacro.

Pensasteis, por verme solo,

sin españoles soldados,

libraros de mi poder.

Ved si fuisteis engañados.

Al landgrave, y palatino

disculpáis, para mostraros

buen amigo, mas que es fuerza

que los disculpéis en vano.

Car.

Todos tres debéis la muerte.

Solo aquí leal os hallo

en volver por los amigos,

siéndolo conmigo falso.

¿Tan mal amigo era yo?

Hablan el duque y Carlos.

Car.

Duque, yo me voy a la mano,

que los amenazo mucho

y siento que están temblando.

Sax.

Sin duda le manda al duque

que nos dé la muerte.

Car.

Paso.

¿Duque, vos me pedís tal?

¿Yo piedad? ¿Yo perdonarlos?

Diga el prior lo que siente.

Pal.

¡Qué furioso, qué indignado

que está!

Sax.

Por nosotros vuelve

el duque, mas no hace caso

de sus ruegos.

Car.

¿Vos también,

prior, pues tras de los daños

que aquestas alteraciones

en el Imperio han causado,

he de perdonarlos?

Fer.

Señor,

Pag. 58

Fer.

¿viose tan notable caso?

Carlos.

mucho me apretais los dos

Duque de Sajonia.

no hay remedio

Landgrave.

yo fiado

huyo

Carlos.

callar amigos

que en verle humilde, y postrado

en mi sangre, y a mis pies

temeroso y humillado

me ha quebrado el corazon

acabemos y curaldo

que se desangra; ahora bien

sia los dos ordeno tanto

que vos me dais la victoria

y vos preso al mas culpado

yo os remito la sentenzia.

Fernando.

mi Padre por no juzgarlo.

Duque de Alba.

pues atento a que las vidas

les son conzedidas, fallo

que deben?

Carlos.

Duque, piedad.

Duque de Alba.

entregar de sus estados,

las fuerzas mas importantes

y en la eleccion de los quatro

que al emperador eligen

atento de auer faltado

a la fe del sacro Imperio

al de sajonia quitamos

la dignidad de elector

Carlos.

bueno esta duque

Duque de Alba.

Y en canbio

del saco de sus ciudades

de sus tesoros, pagados

sean los soldados nuestros

Carlos.

basta.

Duque de Alba.

y pena de contrarios

y traidores a su Rey

con príncipes Soberanos

no se liguen, por que importa

a la paz de estos estados

Carlos.

Sea lo que vos quereis.

Los tres.

tus pies humildes besamos.

Carlos.

agradecédselo al duque

y al gran prior don fernando

que por mi fe que a los tres

había de degollaros:

curaos luego federico

que estareis ya desangrado.

Fernando.

gran piedad!

Don Álvaro.

pues estas guerras

prosperamente acabaron

y de mi esposa conozco

Pag. 59

Don Álvaro.

el balor heroyco y casto

manda que con ella vuelva

a mi patria y mi descanso

Carlos.

yd en buen ora, y lleuad

para vos y su regalo

veinte mil escudos.

Don Álvaro.

bueno

no hay nabador mas cursado

Carlos.

trauajos de tantas guerras

a quietud me conbidaron

hoy mi hijo don felipe

que benga a bruselas mando

a donde Junto la dieta:

luego a flandes nos partamos

Todos.

y esta es la primera parte

del mayor hecho de Carlos

fin

es de domingo Cano silua

gracioso la escribió diego

dominguez de olmedo en 20

de Abril de 1634 a