Texto digital de El hijo de la cuna de Sevilla
Data de publicação: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El hijo de la cuna de Sevilla. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-hijo-de-la-cuna-de-sevilla.
EL HIJO DE LA CUNA DE SEVILLA
Jornada primera
Pag. 1
Comedia del hijo de la cuna de Sevilla
Leridano, labrador viejo
Rolando, que es el hijo de la cuna
Floriano, duque de Ferrara
Guberto, conde de Barcelona
Florinda, hija del conde
Clinarda, duquesa de Urbino
Gridonio, camarero de Floriano
cuatro bandoleros
un patrón de nao
Frederico, caballero barcelonés
tres moros
Gazen, moro
un príncipe moro
Muley, moro grave
Zaide, moro grave
Estagio, paje del conde
cuatro valentones
otros criados
Salen Leridano como labrador rico y Rolando vestido de camino
¿En efeto que gustas de ausentarte
de mi presencia y de tu patria cara
sin que para estorbártelo sea parte?
Considéralo bien, mira y repara
que dejas pobre y triste a aquesto viejo
que con tu juvenil muro se ampara.
Sabe que eres, Rolando, tú el espejo
a do me miro, y como tal me importa,
antes que muera, darte mi consejo.
El afligido corazón reporta,
amado padre, ten la larga rienda
al triste llanto, el suspirar acorta.
El venerable rostro no se ofenda
con lágrimas, señor, ni ellas sean parte
de no abrir a mi honor una ancha senda.
En mí siento un valor de un nuevo Marte,
de un ánimo orgulloso me provoca
a seguir de mi rey el estandarte.
Con su sonora trompa apriesa invoca
la fama a quien, pisando aquesta tierra,
de su pecho el valor inmenso apoca.
Solo pienso asistir de hoy más en guerra,
guerra me llama, guerra me convida,
solo este nombre dentro en mí se encierra.
Pienso ver por el orbe desparcida
la fama, pregonadas mis hazañas,
si el hilo no se corta de mi vida.
Pag. 2
quedará eternizada en las Españas
el sevillano nombre. Padre amado...
¿Padre me nombras?
Sí, ¿de qué te extrañas?
¿No merezco nombrar el regalado
nombre de padre?
Aqueso y más mereces,
mas, como más mayor cuidado...
Con ese «mas», señor, aquí me ofreces,
aclárame esa duda, no te tardes,
mira, señor, que el alma me entristeces.
Por miedo ni temor no te acobardes.
Temor no me acobarda el pensamiento.
Pues dilo presto.
Que te aguardes
un rato ruego, mientras que te cuento
en un breve discurso, hijo mío,
tu pobre nacimiento, estame atento.
Sabrás que en el invierno helado y frío
una noche mi esposa, al postrer cuarto,
que de gloria gozando está, confío,
tuvo un terrible y doloroso parto
en el cual parió un tierno infante muerto,
cuyo dolor jamás de mi alma aparto.
En la tierra mandé fuese encubierto
el no logrado hijo, recelando
a la recién parida un daño cierto.
En esto se llegaba el tiempo cuando
los plateados rayos de la luna
iba el dorado sol ahuyentando,
cuando, para aplacar esta fortuna,
de la iglesia mayor, a do se ampara
el huérfano, que es pobre, con la cuna,
los médicos mandaron le llevara
un niño que, criándolo a su pecho,
el blanco y fértil manantial gozara.
Fui yo buscallo, do llegando al lecho
te vide, mi Rolando, que entre todos
me dejó tu beldad más satisfecho.
Criote al fin mi esposa con mil modos,
porque, aunque vino envuelto en pobres paños,
diste muestra venir de nobles godos.
No habías cumplido apenas cuatro años
cuando pagó a la tierra el cruel tributo
que pagan todos por pasados daños;
cubrió mi cuerpo y alma un negro luto.
Pag. 3
Faltóte a ti la madre, a mí la esposa,
por coger en agraz la muerte el fruto;
tu legítima madre, que envidiosa
la misma hermosura entiendo estaba,
por ser en todo extremo tan hermosa,
procurando saber quién te criaba,
sacó de rastro aquel su hijo caro
que con materno amor tanto le amaba.
Era de honra y ejemplo valor raro,
dechado de virtud, y aunque pobreza
de sangre noble y de linaje claro,
en las cosas de fe mucha firmeza,
al fin el corazón. Oro de Arabia
cubierto de honestísima corteza.
Holgué de conocer mujer tan sabia,
era un extremo, que mi lengua en todo
por ser tan torpe en cortedad la agravia.
Declaróme Rolando en cierto modo
cómo eres natural, hijo de un padre
entre los más, el más hidalgo godo,
y porque aquesto ser verdad te cuadre,
que fortuna quizás tu bien procura,
este diamante me dejó tu madre.
Díjome que en la ocasión y coyuntura
que la gozó tu padre, aqueste anillo,
en quien estriba toda tu ventura,
tan solo le dejó; que en recibirlo
imagino sería cual de esposo,
pues era de su honor mortal duecillo.
No quiso darle el cielo aqueste gozo,
ni a mí en saber más della; que en la tierra
su cuerpo ha días goza de reposo.
Este discurso breve es do se encierra
tu sangre noble, que es la que te llama
y te incita a seguir, hijo, la guerra.
Procura que de hoy más vuele tu fama,
no intentes de hacer vileza alguna
robando hacienda, ni forzando dama;
que aunque es verdad ser hijo de la Cuna,
tu altivo pensamiento se levante,
sobrepujando al cuerno de la luna.
Tus virtudes y hazañas siempre cante
el maldiciente vulgo, y con tu honra
Pag. 4
Sustenta el cielo como fuerte Atlante
no caiga en ti la mancha de deshonra
que sale tarde. Antes como buen hijo
sin conocerlos a tus padres honra
y perdona Rolando si te aflijo
que son como de padre estas razones
y aunque no tuyo como tal te rijo
Has añadido hoy más obligaciones
a las pasadas con aquesa historia
do mi humildad ante mis ojos pones
no la pienso borrar de mi memoria
hasta que en fuego de mi honor ardiente
renazca el fénix de mi nueva gloria
Dejaré testimonio muy patente
de mis hazañas si quisiere el cielo
a la de agora y venidera gente
Verá de hoy más el sevillano suelo
que ha criado en su cuna otro tebano
de hacienda pobre mas de honroso celo
Pero volviendo al caso Leridano
mi padre cómo ha nombre es vivo o muerto
sabes si es andaluz o castellano
Todo Rolando para mí es incierto
si vive no lo sé menos su nombre
ni rastro de quien es no he descubierto
tu madre dijo que era un grave hombre
El suyo supe.
¿Cuál era?
Leonida.
suceso cierto digno que me asombre
pero la grata luz del sol convida
a que me aparte dame amado padre
pues que no he conocido otro en mi vida
Tu bendición.
La de mi Dios te cuadre.
Hijo al fin de aquella ilustre madre
tu bondad ese pecho hidalgo abona
¿Pretendes ir a Italia?
Eso pretendo.
desde de aquí he de partirme a Barcelona
adonde buen paraje hallar entiendo
porque mi pretensión vaya adelante
que adviertas a quien eres te encomiendo
llevarás hijo mío este diamante
quizás desque te veas cual yo espero
será parte eficaz causa causante
Pag. 5
Recibe, cual de pobre, este dinero,
y ojalá fuera Midas en hacienda,
para que fueras como yo te quiero.
A Dios, querido padre, me encomienda.
Parte en buen hora, mi Rolando caro;
haz que de tu viaje nueva entienda
luz de Sevilla y de este viejo amparo.
Vanse.
Sale Floriano, duque de Ferrara, y una criada dándole agua de manos y otro con una toalla, y Gridonio su camarero con una ropilla en la mano.
Echa aguamanos sin tasa
para amortiguar la brasa
que se enciende acá en mi pecho,
que podría ser de provecho
para templar a quien se asa.
Servirá de algún consuelo
a esta llama el poco hielo,
cuando no aplaque el dolor
que labra en mi pecho Amor
cual fuego del Mongibelo.
De alquitrán es, niño ciego,
tu fuego, pues no sosiego
con el agua que me arrojo,
antes cuanto más me mojo
más me enciendo en vivo fuego.
Mas quien de Troya los muros,
siendo de peñascos duros,
abrasó por una dama,
no es mucho que de su llama
no estén los pechos seguros.
Abrásame, queme y arda
el pecho el fuego encendido;
quizás cual fénix gallarda
tornaré de muerto a vivo
para adorar a Elinarda.
Sosiega, señor, reposa.
¡Ah, Gridonio, poco entiendes
de una pasión amorosa!
O en otro fuego te enciendes,
o te incita nueva cosa.
Sé que la ocasión primera...
aunque de necio me ultrajes,
es...
Detente un poco, espera.
Haz, Gridonio, que esos pajes
que se salgan allá fuera.
Esperad afuera un rato.
¡Oh, Amor, qué falso es tu trato!
Vanse los pajes.
Ya se han ido.
Di, pues,
qué ocasión es la que ves
porque me aflijo y maltrato.
La ocasión más principal
que de una divina empresa
es evidente señal,
es Florinda la condesa,
causa de todo tu mal.
Y ser esta es cosa clara,
y tu venida lo abona,
pues por su belleza rara
viniste desde Ferrara
a servirla a Barcelona.
Y este creo fue tu intento
y el hacer tal movimiento,
señor, a lo que imagino,
pues te pusiste en camino
por pedirla en casamiento.
Por ella, entiendo, suspiras,
y en ella con pecho franco
como en espejo te miras.
Como buen certero tiras,
mas erraste agora el blanco.
Confieso que la condesa
fue ocasión que, aficionado
de ella, siguiese esta empresa;
mas vila y hallé a su lado
quien me tiene el alma presa;
hallé a quien la suma altura
dio de belleza la palma.
Pag. 6
Sale quien me robó el alma,
sale la misma hermosura,
sale quien me dejó en calma,
sale un Venus hermosa.
¿Qué digo Venus? No es cosa
poner a Venus con ella,
porque es del Olimpo estrella
y de las diosas es diosa.
Sale en un rostro fijados
dos luceros esmaltados,
y ante estos divinos ojos
de Febo los rayos rojos
humillados y eclipsados.
Sale un sujeto divino,
de toda alabanza digno,
que mi alma tiene presa,
que es Clinarda la duquesa,
hija del duque de Urbino.
Y apenas su rostro bello
y aquel dorado cabello
(mucho mi lengua lo agravia,
no es dorado, que de Arabia
se ve el fino oro en vello)
cuando de un gozo y contento
casi me faltó el aliento
por hallarse en tanta gloria,
falta el alma de memoria
y suspenso el pensamiento.
Amor, pues que jamás duda
en dar diversos enojos
a quien le pide su ayuda,
como dio flecha a sus ojos,
dio habla a mi lengua muda.
Habléla, pero encubriendo
la carcoma asoladora
que así me está consumiendo,
y conoció, a lo que entiendo,
el dolor que en mi alma mora,
que aunque la lengua encubría
flechas que el alma le envía,
por no dar al conde enojos
brotaban llamas los ojos
del fuego que dentro ardía.
Al fin, Gridonio, yo muero
de amores de la duquesa,
más que a mi propio la quiero,
y de esta dichosa empresa
glorioso suceso espero.
Buen suceso. ¿De qué medio?
Oye lo que digo, advierte:
ya sabes que de Clinarda
el conde es tutor y guarda
desde la funesta muerte
de su padre.
Bien prosigue,
que ya sé que es su tutor.
Pues para que aqueste ardor
de mi pecho se mitigue,
declarándole mi amor,
el hado, que de ordinario
nunca me ha sido adversa,
no quiere que se dilate;
hoy parten a Monserrate
a cumplir un novenario,
y yo con el conde Uberto
hicimos ayer concierto
de ir a hacer esta estación,
mira tú si es ocasión
para darle vida a un muerto.
¿Qué tienes de hacer?
Buscar
un oportuno lugar
en el cual del rapaz ciego
le declare el mortal fuego
en que me veo abrasar;
querrá mi fatal destino
abrir un feliz camino
para gozar tal empresa,
que si soy duque, es duquesa
del grande estado de Urbino,
y merece su persona
con un rey.
Oye, señor,
y si te enojo, perdona,
¿qué dirá de tu valor
el conde de Barcelona?
¿No viniste con intento
de pedirle a la condesa?
Señor, no haga mudamiento
Pag. 7
son ya palabras al viento,
solo quiero a la duquesa,
no me quieras más decir,
que mal puedo resistir
una pasión amorosa.
Digo que en cualquiera cosa
te debo, señor, servir.
Sale Estacio, paje del conde Uberto
A Vuesseñoría esperando,
en la cuadra paseando
está el conde.
¿Y la duquesa?
La duquesa y la condesa
delante van caminando
a Monserrate.
¡Oh, embajada
más que néctar regalada!
Calza presto unas espuelas,
y porque así me consuelas,
toma esta joya preciada.
Dale una joya
Ya dentro del alma siento
un nuevo gozo y contento,
ya me incita nueva gloria,
ya regala mi memoria
un alegre pensamiento,
ya Fortuna me convida
con la ocasión ofrecida
para que goce la palma;
nuevos gozos siente el alma
y el cuerpo apacible vida.
Un nuevo gasto en mí hallo,
han ensillado un caballo.
Todo está ya a punto puesto.
Partamos, pues, de aquí presto,
que tal bien no es de dejallo.
Vanse y salen cuatro bandoleros
La elección ha sido a gusto,
todos contentos lo están.
Que lo gusten es caso justo
porque es grandazo un Roldán,
mancebo fuerte y robusto,
de las escuadras querido,
en los robos atrevido,
en las palabras afable,
entre amigos amigable,
entre enemigos temido,
en extremo diligente
para alcanzar cualquier cosa,
entre contrarios valiente,
siempre sagaz y prudente,
su conversación sabrosa,
en las razones meloso,
mozo fuerte y animoso,
digno por cierto del cargo.
Goce dél por tiempo largo
contento, alegre y dichoso.
Dejemos aparte aquesto,
solo de robar se trate.
Yo para hacerlo estoy presto.
Gente va hacia Monserrate.
¿Por dónde?
Por este puesto.
¿Qué temes, de qué te mueres?
Espérate, ¿qué más quieres?
Mujeres son, que de un coche
se apean.
Aquesta noche
hay gran gira de mujeres.
¿Vienen hombres?
Dos.
No importa.
Esas razones acorta
y a esconder, que no nos vean.
Si traen hombres que pelean,
yo tengo espada que corta.
Escóndense y salen Elinarda y Florinda, que se acaban de apear de un coche en la sierra, y dos escuderos con ellas
No fuera mejor pasar
adelante.
No, señora,
que está lleno este lugar
de bandoleros ahora
y nos podrán saltear.
Y basta que llegue el conde,
mi señor, pues que se espera
en aqueste prado adonde
una fértil primavera
entre sus flores esconde,
gozando de su frescura
y de su muda hermosura
de las flores que en sí encierra.
Pag. 8
viendo brotar de la tierra
una apacible verdura
oliendo un divino olor
de tanta diversa flor
jazmín, violeta, azucena
oyendo la filomena
el canario y ruiseñor
y otras mil diversas aves
que con sus cantos suaves
dejan un gusto extremado
y de un pecho lastimado
quita las penas más graves
un ratillo de la tarde
se puede pasar haciendo
de mil galanes alarde
del otro que está muriendo
y no alcanza por cobarde
y del otro mal galán
a quien un falso ademán
cansado de mil porfías
lo ha convertido en manías
y de otras cosas que dan
a la memoria contento
suspenso el entendimiento
tenía por mi fe
bien habla
bien sus razones entabla
llegan los bandoleros metiendo mano, y los escuderos también
ya de cólera reviento
llegamos, pesia al linaje
de do vengo, y pues es bueno
gocemos deste pillaje
¿no ven que del prado ameno
hay quien impida el pasaje?
si no quieren ver su muerte
por aqueso brazo fuerte
gusten al punto rendir
las armas
antes morir
¡o dura y acerba muerte!
no hubiera una cueva oscura
donde mi corta ventura
procurara de librarme
mas quiero en el monte entrarme
y esconderme en su espesura
Florinda, vente a esconder
en el monte
espera
huye Clinarda y síguenla 3 y 4 bandoleros
tente no huyas mujer
quedan acuchillándose los escuderos con los dos bandoleros
sola me dejó Clinarda
cielos ¿qué podré hacer?
quiero por aqueste lado
pues uno y otro criado
impiden los otros dos
huirme. líbrame Dios
hombre a hombre hemos quedado
mas porque desta manera
en balde palabras gasto
si sois dos, mil quisiera
que para dos mil yo basto
y aun para un mundo que
de quién es, de bandoleros
prez y honor, de que escuderos
defenderos pretendéis
tened fuerte y probaréis
de mi espada los aceros
aguarden vuesas mercedes
que es muy mucha priesa aquesta
sigamos tras la duquesa
villanos pedid mercedes
ya es mucha blandura
ya no puedo resistir
los golpes
pues con esto
se acaba todo
primero
por pies escapar espero
no aquesta vez por suya
huyen los escuderos y siguen bandoleros. y sale Rolando con vestido con que salió de señor
a ningún plazo perdona
el tiempo. gracias al cielo
que se ha visto mi persona
en tierra de Barcelona
pisando apacible suelo
y pues que aquesta tierra
Pag. 9
donde tanto bien se encierra,
llegue con algún solar
en paz, no buscando paz,
quiero procurar la guerra,
y porque no me dilate
el cielo mi pretensión,
antes que buscar la trate
quiero ver esta estación
que llaman de Monserrate.
Hablan dentro el 3 y 4 bandoleros
¿Por qué de escaparte tratas?
¿Piensas que de mí te alejas?
Mas, ¡qué lastimosas quejas
entre estas espesas matas
han llegado a mis orejas!
¿Qué quieres de mí, inhumano?
¿Por qué me quieres matar?
Por los cielos soberanos,
que es mujer, y he de probar
el valor de aquestas manos.
Sale Clinarda corriendo y tras de ella los dos bandoleros
Poco te ha de valer el huir,
por más ligera que seas.
No verás lo que deseas
aunque me cueste el vivir,
y hecha piezas me veas.
Que un hombre y otro persiga
una mujer, que miralla
cualquiera pena mitiga...
¡Vive Dios, que he de libralla,
que la ley de honor me obliga!
Pensabas con tierna planta
e imitar en la huida
a la veloz Atalanta...
¡Quítale luego la vida!
¡Ponle el filo a la garganta!
Muera entre estos fuertes lazos,
hecha menudos pedazos.
¡Cielo, dame tu favor!
Llega Rolando metiendo mano
¿Por qué quieres, di, traidor,
que rinda el alma en tus brazos?
¡Vil canalla, gente infame,
que así merece se llame
quien a mujeres agravia!
Antes que mi mortal rabia
en vuestros pechos derrame,
deja la dichosa suerte,
si no por la ley de honor
que me incita el brazo fuerte
de ejecutar mi furor
en vuestra afrentosa muerte.
Hombre, ¿qué furor de Marte
así te incita y provoca?
¿Quién te trujo a aquesta parte
a que hablase tu boca
por lo que pienso matarte?
¿Qué hado tan inhumano
es contigo tan tirano
que a tal empresa te llama?
¿Quieres librar la dama
porque te mate esta mano?
Librar la dama quiero,
vil canalla afeminada,
y en el cielo santo espero
que probaréis de mi espada
el acicalado acero.
Primero he de ver teñida
de tu sangre atrevida
de aquesto suelo la tierra.
Soy el paladino en guerra,
tengo encantada la vida,
ha echado azar vuestra suerte.
Huyen
Huyamos del brazo fuerte
deste Hércules tebano.
Síguelos
Será el huir en vano
y tengo de daros muerte.
¡Ah, señor! No desampares
la que de ti se valió,
que el cielo aquí te envió,
si es de los doce Pares,
cómo se fue y me dejó...
Mas él va tras los traidores
que me querían matar.
¿Quién le pudiera ayudar?
¿Quién le hiciera favores?
Pag. 10
¡Quién le pudiera hablar!
¡Quién cual la fama tuviera
para alcanzarlo otras alas!
¡Quién segunda vez le viera!
¡Quién fuera otra diosa Palas,
porque su ayuda le diera!
¡Quién su animosa persona
siguiera y acompañara,
siendo otra nueva Bellona!
¡Quién otra vez le mirara,
aunque fuera en Barcelona!
¡Quién, si acaso es cavallero,
supiera! Aunque tal empresa
de menos valor no espero.
Ya me tiene el alma presa,
y le adoro, amo y quiero
su gallarda compostura.
Y emprender tal aventura
me llevó el alma en despojos;
ausente adoran mis ojos
su belleza y hermosura.
Mas rumor de pasos siento,
pasos son, si no me engaña
mi afligido pensamiento.
Sale Rolando con la espada en la mano.
Aunque dos, y en la montaña,
pagaron su atrevimiento
los que con pecho traidor
tan gran vileza intentaron,
justo castigo llevaron.
Dadme que bese, señor,
las manos que me libraron;
no me neguéis merced tanta,
si no, humillaré mi vuelo
hasta a vuestra fénix planta.
Alza, señora, del suelo,
que no es la imagen tan santa
que el usar dél por nobleza,
una deidad en belleza,
mucho a mi persona abona,
y humillarse a mi persona
me será extraña bajeza;
que esa beldad, y divina,
a que os adore me anima;
y a otras hazañas me inclina,
y a que bese con mi boca
tierra que esa planta toca,
y haré poco en besar,
pues vos la gustáis pisar,
la tierra de aqueste suelo,
que si de beldad sois cielo,
cielo es aqueste lugar.
Regalaré mi memoria
de hoy más con la alegre gloria
de Monserrate y su tierra,
pues gozo en aquesta sierra
de vos, de cielo y de gloria.
¡Qué discreto razonar!
¡Qué bellísima mujer!
Bien me sabéis obligar.
Mejor sabré defender
de quien os quería matar.
La hidalguía y honor
que mostráis con el valor
por mí está bien conocida;
pero, decid, ¿habéis nacido
en Barcelona, señor?
No, ni jamás estampé
el pie en ella, sino agora
que a aquesta sierra llegué,
donde os liberté, señora,
del peligro en que os hallé.
Pues vais caminando a solas...
A buscar a quien servir,
que hasta agora nada soy.
Échale una cadena al cuello.
No estiméis, señor, por poco
la que por mi vida os doy;
que sentirá grave pena
mi alma si la humilde estrena
por justo premio estimáis;
suplícoos que recibáis
de mi mano esta cadena.
Yo propia os la he de poner
al cuello por enlazar
quien almas sabe prender.
Pag. 11
que aunque no queréis contar
quién sois, mucho debéis ser
que vuestro valor abona
quién sois, y yo determino
deciros de mi persona.
Yo sirvo aquí en Barcelona
a la duquesa de Urbino
la cual por su devoción
iba hoy a Monserrate
y ella os pagará el rescate
y dará satisfacción
del peligroso combate.
Que acabadas de apear
en este ameno lugar
do gran contento se esconde
y también por esperar
que llegase Roberto el conde
apenas estuvo un rato
regalándose el olfato
con los divinos olores
cuando cuatro salteadores
usaron de su ruin trato.
Yo me procuré escapar
por pies huyendo la muerte
que visteis me querían dar,
aquesa dichosa suerte
por mí se puede contar.
Ha sido en extremo buena
pues solo y en tierra ajena
llevé de victoria palma,
pues que me habéis preso el alma
dejando al cuerpo cadena
que siempre os será constante,
y por la merced inmensa
toma, y no por recompensa,
aqueste pobre diamante
que traía por defensa.
El don que os ofrezco es chico,
el ánimo con que doy
recibí, que a fe que es rico,
y el ser o no ser quien soy
está en él, os certifico.
Del gran bien ha de nacer
y del gran mal resultó
por él entiendo saber
si he de ser el que soy yo
o soy otro que he de ser.
Todo es dar una en el clavo
y ciento en la herradura.
Aquesta enigma que acabo
solo sé que mi ventura
se cifra en ser vuestro esclavo
y porque más bien se entienda
que lo soy mi fe os empeño
que os doy, señora, esa prenda
a vos porque sois mi dueño
y en ella toda mi hacienda
y obligarme a decir esto
el tenerme el alma presa,
toda mi riqueza es esa.
Mas aguarda en este puesto
mientras busco a la duquesa
quizás la ligera fama
a que la libre me llama
viendo que en mí no hay temor.
Mas escucha, qué rumor
suena entre una y otra rama,
tropa de gente parece,
mas si la duquesa fuese...
Sale Florinda corriendo y tras ella los dos bandoleros, y dice Florinda
A ti me vengo a acoger,
destos dos me guarece
pues que me puedes valer.
Ampárate de muralla,
¿piensas que ha de defenderte?
Decí, ¿no podrá libralla
solo aqueste brazo fuerte
de vosotros, vil canalla?
¿Pensáis con voces y grita
turbar el ánimo osado
que a la venganza me incita?
¿Qué tigre hircana ha engendrado
gente que a Nerón imita?
¿Nacisteis de alguna osa
o qué infierno os infundió
Pag. 12
que hagáis semejante cosa
o adónde jamás se vio
forzar una dama hermosa
decí, ¿no bastaba verla,
sino cual diosa adoralla,
para solo no ofenderla?
Si tú pretendes libralla
será en vano defenderla
y así bien te puedes ir
si es que gustas de vivir
vete y déxanos la presa
dejaros la antes morir
que dejarla llevar presa
tírate a fuera, villano,
que por el Dios soberano
que has de probar mis aceros
agora veréis, bandoleros,
lo que vale aquesta mano
Pone mano y acuchíllalos y ellos se van retirando
ya bravatas no escupís
ya arrogancias no decís
dos sois y en una montaña
¿qué Marte, di, te acompaña?
solo estoy, porque huís
Huyen y va tras ellos Rolando y quedan solas Florinda y Elnarda
Florinda
bella Elnarda
¿cómo el ver aquesta ofensa
tu ánimo no acobarda?
porque tengo en mi defensa
¿quién?
el ángel de mi guarda
¿es aqueste?
aqueste ha sido
quien como fuerte guerrero
de otros dos me ha defendido
muestras da de caballero
¿haslo acaso conocido?
que es tanto el valor que encierra
en su pecho, que convida
a decir...
no es desta tierra
por él tengo agora vida
por él tengo agora guerra
si nos volviera a buscar...
pues ¿qué le quieres?
pagar
esta mucha obligación
ya le he dado el corazón
no tengo más que le dar
si desta dudosa suerte
volviera con triunfo y palma...
si volviera, que es muy fuerte,
que quien a mí me robó el alma
mejor dará a esos dos muerte
¿cómo el alma? ¿estás herida
de su amor?
no, por mi vida,
pero quien tuvo perdida
la vida, ¿es mucho que dé
el alma a quien le dio vida?
quien por quitarme enojos
puso la luz de sus ojos
a riesgo que se eclipsase,
¿es mucho que procurase
llevarme el alma en despojos?
Hablen dentro recio la gente del conde, que vienen buscando a Florinda y Elnarda
por esta parte de enfrente
tomando de la maleza
otra senda diferente
que hacia allá se endereza
parece que suena gente
pues procuremos dejar
este intricado lugar
y salgamos al camino
piadoso cielo benigno
tú nos procura librar
¿qué habemos de hacer, condesa,
que el escapar es en vano?
Sale Geridonio
¡feliz y dichosa empresa!
llega, duque Floriano,
que es Florinda y la duquesa
Sale el conde y duque y los escuderos que habían huido y dándoles aviso y
vueseñorías me den
las manos para besar
por tan soberano bien, que
vueseñoría mande alzar
del suelo, que no está bien
Pag. 13
Silla, Florinda.
Señor.
Duquesa Clinarda bella,
¿posible es que un traidor
que con tan hermosa estrella
quisiese usar tal rigor?
¿Posible es que no miró
quien daros muerte intentó
de ese rostro la hermosura?
Mas decí en tal coyuntura,
¿quién fue el que la vida os dio?
Porque del suceso apenas
tuvimos noticia cuando
por las menudas arenas
vino el frisón reventando
y el alma trotando penas.
Como con fuerza violenta
zozobrar la nave intenta
cuando el aquilón se enoja
y en medio del mar se arroja
levantando gran tormenta;
y en esta temeridad
donde la gente padece
terrible calamidad
cuando Santelmo aparece
se acaba la tempestad,
así en la infelice suerte
anunciadora de muerte
cual Santelmo apareció
un mancebo que llegó
robusto, animoso y fuerte,
y apenas puso en la mano
los relucientes aceros
cuando, como tigre hircano,
dio muerte a dos bandoleros
volviendo alegre y ufano;
y ahora va como el viento
tras los dos que a la condesa
tenían confusa y presa.
Él acabará la empresa
llevando tan noble intento.
El valiente hecho abona,
según Clinarda declara,
que merece su persona
ser o duque de Ferrara
o conde de Barcelona,
que hecho de tanto nombre
según a mi parecer
digno es de cualquier renombre.
Ángel creo debió ser,
que no es posible que fuese hombre,
y si lo es, yo repartiera
con él todo mi tesoro.
Y yo, si lo conociera,
todo mi estado le diera.
Yo con el alma le adoro.
Pues al punto en toda parte
que en el monte se reparte
en bosques, llanos, cabañas,
se busque entre estas montañas
a aqueste segundo Marte;
y porque no se dilate,
Guidonio en buscarlo trate
sin tomar ningún sosiego,
y nosotros vamos luego
la vuelta de Monserrate.
Antes, si no es vuestro gusto,
por sentirse mi persona
con un poco de disgusto,
demos vuelta a Barcelona.
Hacer vuestro gusto, justo.
No dice mal la duquesa,
hágalo Vueseñoría.
Su voluntad es la mía,
alto, volvamos, condesa.
Pues antes que salga el día
salgamos hacia lo llano;
en la carrera entraremos.
Bien dijo el duque Floriano.
Pues las dos juntas iremos,
poco a poco, ciego amor tirano.
Vanse y sale Rolando solo con la espada desnuda en la mano.
Por aquesta diestra mano,
en la región tenebrosa
el uno y otro tirano
habitan, duquesa hermosa.
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mas salió mi suerte en vano.
Anda buscándole
qué puede haber sucedido,
qué ocasión les ha movido
a no quererme esperar,
pero si erré el lugar
no dice que es conocido.
pues si no por qué ocasión
agradecer no quisieron
de mi pecho la afición,
al fin cual mujeres dieron
por bueno mal galardón.
por qué tan mal me pagaste,
por qué, ingrata, procuraste
que quedase el cuerpo en calma,
por qué me llevaste el alma
cuando de aquí te ausentaste.
debajo d'esa belleza
hay tan duro corazón
que intentase tal fiereza,
dirás que fue la ocasión
mi humildad y tu grandeza.
bien pudo ser instrumento
para quitarme delante
todo mi gusto y contento,
mas son palabras al viento
querellas de un tierno amante.
A encantadora sirena,
fácilmente me engañaste
cuando con dichosa estrena
cual yugo al cuello me echaste
esta pesada cadena;
mas tu fingida afición
y tu falso corazón
mi pecho bien comprehendía
que fue tesoro de duende
que se convirtió en carbón.
con todo me determino
seguir ese ser divino
aunque sé ques disparatar,
dejando de Monserrate
el empezado camino.
podrá ser que mi ventura
con aquesta coyuntura
me incita, provoca y llama
para gozar esta dama
y de su mucha hermosura.
partir quiero a Barcelona
por ver si aplaco este ardor,
pues que ya me lleva amor,
trocado ser y persona,
deme su ayuda y favor.
Jornada segunda
Pag. 15
Jornada Segunda
Salen el Duque tirando de la ropa a la duquesa y ella defendiéndose.
Suélteme, vuesseñoría,
polilla de la honra mía,
y d'ese intento se aparte.
pues lágrimas no son parte,
quizás será mi porfía.
¿Cómo, hermosa duquesa,
teniéndome el alma presa,
de tanto rigor usáis,
porque a Anaxarte imitáis
en impedirme esta empresa?
vuestra divina hermosura
y tan dichosa ventura
me incita, provoca y llama,
y amor aviva mi llama,
y me mueve a esta locura.
un amoroso deseo,
del alma mortal ruina,
dentro en mi pecho arder veo,
por vos, bella Proserpina,
he de ser un nuevo Orfeo.
por vos Amor me convida
a que goce triunfo y palma
de una victoria adquirida,
y por vos espera el alma
tener de hoy más nueva vida,
tened, señora, clemencia.
Pag. 16
con quien desta humilde suerte
ante esa bella presencia,
está esperando sentencia,
no la pronunciéis de muerte.
Ved en mí tanta humildad,
os mueva, bella Clinarda,
a que no uséis de crueldad;
si mi sentencia se aguarda,
para oírla os levantad.
Hace que se va
Y procurad, Floriano,
dejar ese loco intento,
a que os mueve amor tirano,
que son quimeras de viento
fundadas sobre aire vano;
y no porque aquesa empresa
de vuestro valor se esconde,
pues sois duque y yo duquesa,
sino porque quiere el conde
casaros con la condesa.
Siendo aquesta su intención,
bien veis no será razón
que yo la ley de honor tuerza,
y si la tuerzo, es de fuerza
que ha de haber gran confusión.
Que me dejéis os suplico,
y de hoy más, duque, seguí
este bando que aquí os aplico,
porque pretenderme a mí
es en vano, os certifico.
Oye, escucha mi fatiga.
Vase
De Florinda la amistad
a no escucharos me obliga.
¿Hase visto tal crueldad?
No te vayas, enemiga.
¿Por qué, ingrata, así te alejas,
y vuelves sordas orejas
a un amor firme y leal?
O eres hierro, o pedernal,
pues no te ablandan mis quejas.
Condición tan inhumana
que excede a la de Diana,
siendo mujer tan hermosa,
¿diote leche alguna osa,
o dime, ¿o eres tigre hircana?
¿Cómo, di, no consideras
que de levantar quimeras
nacer suele un grave mal,
siendo noble, y yo tu igual,
por qué imitas a las fieras?
Entiendes que ha de ser parte
para dejar de acosarte
ese desdén que me enseñas.
Primero verás las peñas
ablandarse, que olvidarte;
y primero el alto cielo,
do habita la suma alteza,
cubierto de alegre velo,
querrá trocar su belleza
por las tinieblas del suelo,
que yo deje de adorar
tu hermosura, aunque un desdén
suele un amor acabar,
mas como no dura el bien,
siempre el mal no ha de durar.
Pero ya que amor me fuerza
y mi amante pecho esfuerza
a que sufra su rigor,
he de gozar de su amor
aunque leyes de amor tuerza.
Sale Gridonio
Solo vengo a ver, señor,
qué ocasión tanto te inquieta,
que a voces llamáis rigor.
Es un minotauro en Creta
del laberinto de amor;
es una fiera inhumana,
es una que es tigre hircana,
es un rostro peregrino,
es la duquesa de Urbino,
que es cuanto hermosa, tirana.
No me dirás lo que ha fecho.
Descubríle la centella
que me está abrasando el pecho,
creyendo que por ser bella
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me fuera de algun prouecho
y en lugar de remediar
el fuego en que me ve arder
lo procuro de aumentar
rigor al fin de mujer
mas remedio se a de hallar
No aura ninguno que ynporte
diga Vuestra Señoria
prometo dar traza y corte
con que suspiros acorte
dilo pues por vida mia
cualquier dama si es onesta
al prinzipio que el amante
su fiel amor manifiesta
responde brava arrogante
riguroza cruel molesta
con uno y otro ademan
y mill enfados que dan
al tierno amador cuidado
pero el que esta enamorado
ayer bravo oy mas galan
ya en el caballo ruando
de las agujas sacando
fuego al poner de las piernas
ya con las rasones tiernas
al tienpo que va pasando
ya dando ya prometiendo
ya de noche padesciendo
sin sueño y al sol las siestas
muchas pasiones fingiendo
aguardando las respuestas
trocando la vida en muerte
viene a gozar desta suerte
la dama gusto alegria
que galas fiestas porfia
vence la mujer mas fuerte
quiero al fin decir señor
que si de alcanzarla gustas
triunfar della y de su amor
ordenes luego unas justas
siendo tu el mantenador
que teniendote delante
muy galan brabo arrogante
de mill famozos trunfando
su desden a de yr trocando
en amor firme y constante
que te paresse digo que a
traza y remedio escogido
para mouer a Elinarda
nueva gloria el alma aguarda
de todo el bien que a perdido
el remedio me aseguro
para gozar la duquesa
ocasión y coyuntura
dichosa y felize ynpreza
es si alcanzó tal ventura
vamos sidonio y pregona
oy por toda Barcelona
las justas pues dellas creo
que tendra fin mi deseo
aun que ariesgue mi persona
Vanse y sale Rolando muy galan y frederico caballero barcelones
el bizarro talle basta
y el valor que en vos se encierra
y la discrezion me obliga
a que sin saberlo diga
que sois de hidalga casta
esas palabras suaves
medidas compuestas graves
lo vienen significando
y asi os entrego Rolando
deste corazón las llaves
reciba esta diestra mano
cual si fuera de vn hermano
y por vn dios solo juro
que hemos de ser yedra y muro
no siendo el hado tirano
tratarse en Barcelona
una hidalga persona
cual la mia os certifico
que en ella soy noble y rico
serlo ese pecho lo abona
tanto me habéis encumbrado
y de palabra obligado
con uno y otro favor
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que en mí, sed cierto, señor,
un esclavo habéis comprado
de hoy más la parlera fama
que por serlo así se llama
vuestro valor amplifica
y por el orbe publica,
divulga, extiende y derrama
el valor que en vos se encierra.
dejemos aqueso aparte,
¿cómo os va en aquesta tierra?
fui siempre inclinado a Marte,
y hallome mal sin guerra.
la inclinación es honrosa,
mas nunca os ha dado pena
una pasión amorosa.
un tiempo cierta cadena
atado de una mano hermosa,
me dio un disgusto mortal
que hasta ahora lo lloro.
¿disgustó tan buen metal?
trocose en alquimia el oro.
hubo ausencia.
por mi mal.
es peor que pestilencia
el dolor de mal de ausencia,
dolor es fiero y pesado.
asómase Elinarda, duquesa, en un balcón
espero que hemos llegado
a estar ante la presencia
de la más hermosa dama
que hay dentro de Barcelona.
merece bien esa fama,
gallardo talle y persona.
¿quién es y cómo se llama?
es la duquesa Elinarda.
mírala
que esta es. Espera, aguarda.
¿o engaño, o desatino?
¿sucesora del de Urbino?
mas qué temor me acobarda,
¿no es la que este brazo fuerte
libró de la cruel muerte
que le querían dar por pena,
y me debe aquesta cadena
en pago de aquesta suerte?
ella es sin duda. Engañome.
robome el alma y dejome
diciendo que ella servía,
trocó en pena el alegría,
y al fin cual mujer burlome.
conviene disimular,
que podrá caro costar
este mi amor o locura;
su belleza y hermosura
quiero ahora contemplar.
y hallo que es gran cordura,
pues gozo de su hermosura,
disimular a este punto,
quizás vendré a gozar junto
lugar y tiempo y fortuna.
¿quieres hablarle?
lleguemos,
aunque sé que no merece
mi ventura que la hablemos.
rumor de gente se ofrece,
hacia atrás nos retiremos,
no imaginen que la hablamos.
bien verán que no alcanzamos
al menos yo tal ventura.
A dichosa coyuntura,
si hoy a hablar la llegamos.
suenen atabales, trompetas y menestriles, y sale Guidonio con criados de librea con un cartel
poneldo en presencia mía,
que a lo que el duque os envía
se ha de hacer luego a la hora.
decí, Guidonio.
señora,
¿qué manda Vueseñoría?
¿dónde con tanto cuidado?
pues que de saberlo gustas,
a hacer quede fijado
un cartel de bravas justas
que mi señor ha ordenado.
¿quién es el mantenedor?
quien es el duque mi señor.
¿y por quién?
por una dama,
por quien arde en viva llama.
si son justas por amor,
procure andar diligente.
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con las armas. Testimonio
dará su brazo valiente
mandas más. Vete, Gudonio!
que nos escucha de sa gente
deja fajado el cartelaaendo
justas son que el duque ordena
para aliviar el cuidado
de amor que le da gran pena
Dime está enamorado.
Sí, señor, y en gran cadena
sospecho le tiene pieza
el alma si no me engaño
el amor de la Duqueza
prición será por mi daño
de haberla visto me pera
Bien ha puesto su afición
Huelgo que llegue ocasión
Rolando donde podremos
los que nobleza tenemos
mostrarla hoy. ¿De qué suerte í
en medio del corazón qe lo que digo advierte Federicos en secreto y en tanto dice el imda hablase
Sueño o son vanos antojos.
no están mirando mis ojos.
quien me libró de la muerte.
Con viento en popa naved,
Él es y apenas lo creo
galán talle y gran valor
tiene este nuevo Tereo
por él en el mar de amor
se ha ingolfado mi deseo.
un mortal desasosiego
causado del rapás cugo
En mi pecho se ha incendido
por él seré nueva dido
aunque me consuma el fuego
o si hablarle puudiera
porque a mi amoroza hlaga
algún alivio le diera
Será a fe la vez primera
más vuestro gusto se haga
que como no me he criado
do se hacen tales fiestas
Temo, señor, verme aymas,
mas después de ejercitado
viéndome las armas, pueso
por la fe de hidalgo j
deja fajado el cartelaaendo
que emvestiré con un mío
según fuerza el brazo tien
y guárdese el que mantiene
que no está de mí seguro
armas caballos y lanza
se apresten para ensayarme
de mostraré mi pujanza
que hoy tengo de aventurar
por ver el valor que alea
el corazón de este pecho
Rolando estad satisfecho
de que sois segundo mar
Esperadme en esta parte
que voy a ver que se ahe
en la plaza de palacio
y que se trata de justar
mostrarla hoy. ¿De qué suerte í
que gasto de lo que gusto
toda esta merced elquacio
se er
en secreto y en tanto dice el imda
Solo está solo le veo
dichoso y felice empleo
será si a hablar me lleganar
Con viento en popa naved,
por el mar de mi deseo
la nave de mi ventud
pues para hablar a mi di
dio tan félix coyuntura
qué ocasión tan venturoso
qué gallarda compostura
Plamarélo. Eella
a hablarla no me atrevd
que es muy público el lugar
y como en amor soy nues
no me determino a hablar
no quería que de un sal
cuando más mi amor esma
precipitado me anegue
dentro del mar, dome que
por querer volar tan al
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Afuera temor, que es tarde,
que el amor dice que llegue
a hacer de mi fe alarde,
y cuando en el mar me anegue
no dirán que fui cobarde.
Llega.
Tuviera a suma locura,
dama hermosa, si dejara
por temor y no llegara
a adorar esa hermosura;
que siendo cual sois tan bella,
y la ocasión en la mano,
no fuera razón perdella
por dar fe que vi una estrella
cifrada en un rostro humano;
de todos tan diferente
el cielo haceros quiso,
que como os tengo presente
me miro en vos como en fuente
y me hallo otro Narciso,
y como tal bien alcanza
mi alma, de gloria llena,
llega a vos con esperanza
que remediéis cierta pena
que le causó una mudanza.
Hicisteis mal en llegar,
habiendo en este lugar,
señor, tanto cirujano
a quien no ha de remediar
mal causado de otra mano;
mas ya que favor me distes
cuando hermosa me dijistes,
tanto que desde este suelo
me subistes hasta el cielo,
y pues tanto os atrevistes,
esa vuestra enfermedad,
causada de voluntad,
haré en breve se repare,
si a lo que aquí os preguntare
me dijeredes verdad;
lo que de vos saber quiero
es quién sois, que esa persona
da muestras de caballero,
y si sois de Barcelona
natural o forastero,
qué es lo que hacéis en ella
y por quién esa querella
ante mi señor formáis,
que pues vos tanto la amáis
sin duda ninguna es bella.
Quién soy, por un Dios os juro,
y mi fe y palabra os doy,
sob pena de ser perjuro,
que no he sabido quién soy,
aunque saberlo procuro.
Forastero y caminante
llegué a posar esta tierra,
pretendiendo ir adelante,
y cautivome en la sierra
ver un divino semblante.
Hallé una dama ofendida;
yo por llevar triunfo y palma
de la ocasión ofrecida
le di libertad y vida,
y ella cautivome el alma.
Tan ingrata cuanto bella
era esta divina estrella,
tanto como vos hermosa,
y en cuanto habló engañosa,
pues dijo que no era ella.
Importó al fin ausentarme
por dar vida a otra dama,
que mi bien vino a estorbarme;
gustó en efeto dejarme,
quedé ardiendo en viva llama.
Víneme a aqueste lugar
por ver si podía gozar
otra vez de su hermosura,
y he tenido tal ventura
que hoy la merecí hablar.
¿Os hablo y formáis querella
desa dama?
Sí.
¿Por qué?
Porque siendo cual es bella
no corresponde a mi fe,
viendo que hablo con ella.
¿Con ella habláis?
Señora.
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muy presto os vais alterando,
si dentro en mi alma mora,
no es cierto que está escusando
todo cuanto hablo agora.
Es verdad, pero yo entiendo,
si es que tiene ese valor
que estáis aquí refiriendo,
que os paga amor con amor,
y muere si estáis muriendo.
Y si en el monte os dejó,
quizás fue porque llegó
hora que importó el venirse,
y no pudo despedirse
de vos cuando se partió.
Lo del engaño sería
burlando a lo que imagino
que os dijo, por vida mía.
Díjome que ella servía
a la duquesa de Urbino,
que por cierta devoción
quiso ir a Monserrate.
Ella os pagará el rescate
con justa satisfacción
del peligroso combate.
¿Qué paga me puede dar
con que yo quede pagado,
si se ha el nombre mudado
y gustó de me burlar?
Y al fin me dejó burlado.
Engañome su divino
rostro y su mucha belleza.
Y tiene mucha nobleza.
Sí.
¿Y quién es?
La de Urbino,
mirá si es poca su alteza.
Muy alto, señor, picáis,
mas ¿cómo la conocistes?
Vídela cual vos me vistes,
y hablela cual me habláis.
Y en efeto, ¿os descubristes?
No.
¿Por qué?
Por su valor.
Por su valor, mal hicistes,
no hay valor donde hay amor.
Y si a hablar no os atrevistes,
no alcanzaréis, de temor.
Este consejo tomar
os importa.
Sí haré.
Yo me quiero aventurar,
que aunque es muy profundo el mar
quizás no me anegaré.
Al mar de vuestra clemencia
no haciendo resistencia,
señora, he de aventurarme.
¿Qué mar puede anegarme
estando en vuestra presencia?
Vos sois el mar donde entra
la nave de mi esperanza,
a vela y remo navega,
que si a vuestro puerto llega
segura está de mudanza.
Piloto soy, y el que intenta
con mil máquinas que intenta
surgir en tan feliz puerto,
si quizás un desconcierto
no me levanta tormenta.
Otra de cierto pirata
a vuestra puerta navega,
mas es vano cuanto trata,
que la nave que agora llega
viene cargada de plata.
Piloto sois muy experto
y bien habéis navegado,
y podéis estar muy cierto
que al mar que habéis arribado
os dará seguro puerto.
No recibáis, señor, pena
aunque hoy en vuestra tierra entráis,
aunque os parezca en la arena,
con tal que Ulises seáis
al canto de su sirena.
Que os he de ser fuerte muro,
señor, os prometo y juro,
y en las tormentas amparo.
Pero hablese más claro,
pues el lugar es seguro:
sabed que yo soy la dama,
y la que vuestra se llama.
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desde la dichosa empresa,
y a quien vos llamáis duquesa,
y quien os adora y ama,
la que por vos solo muere,
la que más que el mundo os quiere
y de quien triunfar podréis
con que palabra me deis
que haréis lo que os dijere.
Soy, señora, vuestro esclavo;
desde aquí por buena estrena
al cuerpo echastes cadena
y en el alma ese y clavo.
Y vos salistes de pena,
yo soy quien en este suelo,
y quien hasta el alto cielo
más dicha y ventura alcanza,
pues he levantado el vuelo
con alas de esa esperanza.
Soy quien con pecho robusto
por solo hacer vuestro gusto
intentaré cualquier cosa,
fácil o dificultosa,
en caso justo o injusto.
Soy quien dentro en la región
de la oscura confusión
haré una mortal ruina
y robaré a Proserpina
aunque le pese a Plutón.
Mándame cosas horribles,
temerarias, imposibles,
pues que ya tan vuestro soy,
que mi fe y palabra os doy
que han de ser todas posibles.
Más sospecha me habéis puesto
de que hay en vos gran valor
con lo que habéis prosupuesto;
que el que apriesa echa el resto
gran punto tiene, señor.
Y pues dais en encubrir
quién sois con tanta firmeza,
es lo que os quiero pedir
cosa con que descubrir
el oro de esa nobleza.
Ya sabéis lo que contiene
el cartel.
Bien se declara.
Justas son las que allí tiene,
y que el duque de Ferrara
es quien solo las mantiene.
Así es verdad.
Pues mi gusto
y no es pediros lo injusto,
es que salgáis en las fiestas;
que viéndoos las armas puestas,
probando el brazo robusto,
será fácil de entender
el valor que puede haber
encerrado en ese pecho;
que quien hizo el primer hecho
bien puede aqueste emprender.
Y si del mantenedor
lleváis la palma gloriosa,
mi palabra os doy, señor,
de daros mano de esposa
aunque aventure mi honor.
Bien sé que no se aventura,
antes podré estar sigura
de que si a un duque vencéis,
más que un duque merecéis
gozar de esta coyuntura.
Con uno y otro favor
hoy de suerte me encumbráis
que temo no descubráis
el oro de mi valor
causa que os arrepintáis;
que lo de dentro es muy pobre,
que cuando dicha me sobre
que hoy vencedor me veáis,
imagino que halláis
después oro sobre cobre.
Mas con todo estoy dispuesto
de hacer cuanto me mandáis,
principalmente en aquesto,
y pienso de echar el resto
pues tanto favor me dais.
Y no dudo de volver
ante este divino ser
esta vez con triunfo y palma.
Pag. 23
que quien os lleva en el alma
mil mundos podrá vencer.
Pues ya que cual veis soy vuestra,
porque de mí se os acuerde,
llevad esta banda verde,
la cual os sirva de muestra
porque desto se os acuerde;
ya se alegra mi memoria
con la felice victoria
que la he de tener espero.
Vase.
Adiós, bello aventurero.
Sale Federico.
Adiós, ángel de mi gloria.
¡Ah, grata y felix fortuna,
cómo en ocasiones tantas
a quien fue echado en la cuna
desde el suelo lo levantas
hasta el cuerno de la luna!
¡Oh mi Sevilla famosa,
venturosa patria cara,
leal, ilustre y generosa,
a todos madre amorosa,
que so tus manos se ampara!
¡Cuánto, ciudad, te debemos
estos que, en tu cuna echados,
por madre te conocemos,
pues de principios honrados
honrados fines tenemos!
Por el orbe se derrama,
cuna, tu nombre, pues llama
fortuna a lo que colijo
a tu venturoso hijo
para que estienda tu fama.
¿Heme tardado?
Imagino
que os habéis dado gran priesa.
¿Hablastes a la de Urbino?
No concedió la duquesa
que fuere de tal bien digno;
luego se entró. ¿Qué tenemos
de justas?
Famoso alarde,
casi armarnos ya podemos.
¿Que en efeto justaremos?
Sí, y la justa es esta tarde.
Pues por si el hado siniestro,
por no ser en justar diestro,
yo acaso fuere vencido,
no quiero ser conocido,
ni que soy amigo vuestro;
y así yo solo entraré
a justar, y probaré
a do mi ventura llega,
que si fortuna me niega
este bien, yo moriré;
y si salgo vencedor,
en virtud de un gran favor
vuestra será la victoria,
y del triunfo desta gloria
vos llevaréis lo mejor.
Pues lacayo, armas, caballo,
yo le buscaré prestado,
y con valor esforzado
no quede hombre a caballo.
Ya muero por verme armado.
Pues holgaréis ver la plaza
con tanta invención y traza,
y del uno y otro lado
muy gran lugar ocupado.
Siempre la gente embaraza
de la plaza lo mejor.
A ventana o corredor,
gente noble es la que viene.
¿Es el duque el que mantiene?
Él es el mantenedor.
¿Y a qué fin o qués su intento?
¿Quién le tiene el alma presa?
Pedir quiere en casamiento
a Amarda, la duquesa.
¡A la duquesa! Reviento.
Pues alto, vamos, que quiero
que nos ensayemos.
Vamos.
Vanse, y salen el conde y la duquesa, Elinarda y Florinda y criados, Gerundonio, que van a ver las fiestas.
Por verme en el puesto muero.
Duque, si nos encontramos,
que al suelo habéis de ir espero.
Pag. 24
Parece que Febo quiere
pararse a mirar las fiestas.
Son dignas, por cierto, aquestas
de que por verlas se espere
y tenga el dorado carro.
Son los caballos veloces,
bravos encuentros feroces,
el mantenedor bizarro,
de tanto buen justador.
Ha de sufrillos quien mantiene,
triunfar dellos le conviene.
Yo espero de su valor
que ha de vencer Floriano,
dando dello testimonio.
No es hora de ir, Gridonio.
Señor, sí, aunque es temprano,
salió ya el mantenedor,
ya estará en la plaza puesto.
Pues antes que llegue, presto
subamos al mirador,
que me nombró por juez
entre él y los aventureros.
No faltarán caballeros
que pretendan llevar prez,
por dar contento a sus damas,
los que las tienen delante,
siendo verdadero amante,
si va ardiendo en vivas llamas.
Vamos, señoras, que es hora
que vendrán los aventureros
para mostrar sus aceros.
Vamos, mucho en buen hora.
Vanse, y queda solo Gridonio, en cuanto la Duquesa y la Condesa y el Conde suben a lo alto.
Muy hermosa va Elinarda,
la Duquesa, sí va cierto,
y la heredera de Uberto,
no menos que ella gallarda.
No sé por qué Floriano,
siendo una y otra divina,
más a Elinarda se inclina,
gustos son de amor tirano.
Parecióle la Duquesa
a sus ojos más hermosa,
y ella es tan rigurosa,
que cuando lo ve le pesa,
y por eso a lo que entiendo,
su desdén lo ha de acabar.
Quiérome ir a ver justar,
que parece que oigo estruendo.
Suenen menestriles y trompetas y atabales, y va entrando un trompeta a caballo, y el mantenedor detrás a caballo a la brida, armado de punta en blanco con dos lacayos de librea que el uno le lleva la lanza, y el otro otras dos o tres, y él lleva sobre el yelmo un mundo de bulto con una letra que dice: «Soy señor de todo el mundo, si mi dama me da un sí, y aun es poco para mí». Llega adonde está el Conde y las damas y allí hace su acatamiento con la cabeza, y el lacayo que lleva la una lanza la dará al Conde por la punta, el cual la mirará, y desta misma manera irán entrando por la otra puerta los aventureros que vinieren.
Bravo va el mantenedor,
mucha bizarría lleva,
hoy tiene de hacer prueba
de verdadero amador.
Sí, y la divisa es nueva.
¿Cómo la letra decía?
No lo sé, por vida mía.
¿Vistesla vosotros?
Sí.
Pues decidla luego aquí,
y la traza que traía.
Soy señor de todo el mundo
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si mi dama me da un sí
y aun es poco para mí
por cierto que es sin segundo
nunca otra tal jamás
tornan a tañer y sale Rolando solo armado y a caballo y sobre él un unas alas atadas con la banda que le dio Elmarda y el lacayo con una y dásela al conde y mírala. Haciendo su acatamiento se entró como el primero
veamos este quién es
debe de ser venturero
y parece forastero
muy bien le asienta el arnés
debe de ser caballero
no está mala la divisa
por mi fe, que es avisada
alas lleva atadas
con una banda con que avisa
que todo lo tiene en nada
cómo dice el escripto?
las alas de mi esperanza
van asidas a esta banda
si salgo con lo que manda
tocan trompeta a justar
ya la trompeta apercibe
que es hora de comenzar
sus, veamos justar
para ver quién muere o vive
quién es más firme en amar
suena la trompeta y hacen dentro ruido de justar y esto un rato y el Conde dice desde arriba muy alborotado
prendeldo, o muera, no pueda
en lugar o parte alguna
escapar pues muerto queda
el duque, aunque la fortuna
lo ponga sobre su rueda
el atroz hecho convida
a ser cualquier homicida
del caballero encubierto
pues deja afrentado a Uberto
y al mantenedor sin vida
vanse y sale Rolando a pie, armado, alzada la visera y la espada desnuda en la mano
¡Ah canalla, gente infame!
para qué con tal estruendo
así me seguís, dejadme
venderme han caro siguiéndome
porque esa sangre derrame
¡Ay, Rolando desdichado!
cuán mal tus cosas ensayas
la fortuna y su cruel saña
pero no soy desdichado
pues he llegado a la playa
dejar importa esta tierra
donde mi muerte se trata
y a do mi vida se encierra
y en esta falua o fragata
irme a buscar donde hay guerra
¡Ah de la nave, ah, patrón!
Responden de dentro
quién llama allá
un pasajero
que procura embarcación
viene a muy buena ocasión
espere un poco
ya espero
puesta tengo mi esperanza
por ver qué ventura alcanza
en el cielo, que este mar
lo tengo de atravesar
viento en popa y mar bonanza
sale el patrón
en ocasión milagrosa
vuestra merced ha llegado
do la nave nada ociosa
quiero ya del mar salado
romper el agua espumosa
y adónde hace el viaje?
hasta Génova se allega
yo voy al propio paraje
donde la nave navega
yo llevo matalotaje
pues llévame allá con vos
que me importa el navegar
y salir deste lugar
concertémonos los dos
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no tenéis que concertar
yo os pagaré cual veréis
pues al momento podéis
en el batel os entrar
que es hora de navegar
un amigo en mí tendréis
entranse y sale el conde alborotado con gente
de dolor y rabia muero
de cólera me deshago
que entre tanto caballero
haciendo tan grande estrago
se fuese el aventurero
quien mi presencia intentase
de señalar su persona
y que al duque derribase
sin que hubiese en Barcelona
quien del vivir le privase
¿es posible que primero
que justarse el caballero
ni después pudisteis vello?
no que era viento ligero
cuando fuimos a prendello
mostró valor más que humano
y venir de nobles godos
pues con su espada en la mano
rompió por medio de todos
abriendo un camino llano
apeose muy ligero
haciendo entre todos raya
el valiente caballero
y dicen tomó un lindero
que sale hacia la playa
esto señor es lo cierto
no se ha sabido otra cosa
¡ah desdichado de Huberto!
sale estacio paje del conde
nueva traigo venturosa
el duque señor no es muerto
¿quién lo ha visto?
está atormentado
del golpe que fue encontrado
estaba y fuera de sí
mas agora yo le vi
con buen semblante acostado
y hablar con buen aliento
vamos hacia allá al momento
por ver si es verdad que vive
y aqueste anillo recibe
de albricias de tal contento
vanse y salen elinarda y florinda
nunca tuviera por cierto
si no lo llegara a ver
en el color cuasi muerto
que adoras aunque en mujer
jamás hubo amor cubierto
ocasión harto bastante
me da para sospechar
que el de Ferrara es tu amante
un contino suspirar
y tan pálido semblante
y la causa ha sido aquesta
que muy claro manifiesta
tanta tristeza y dolor
de ver que al mantenedor
le costó cara la fiesta
pues muy propio de la dama
cuando en un público alarde
sale el galán a quien ama
y ella en amorosa llama
de su amor se enciende y arde
esperar de su grandeza
premio y de su brazo fuerte
la deuda a su belleza
mas si se trueca la suerte
es todo luto y tristeza
y como fortuna avara
en sucederle tan mal
se le mostró al de Ferrara
es muy bastante señal
la que muestras en la cara
salud duquesa te sobra
desecha tanta zozobra
que a un dañoso mal convida
y pues él cobró la vida
tu salud y gloria cobra
efectos con tal firmeza
que a tu sentido hacen pausa
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no nacen de esa flaqueza,
de causa nacen que causa
doblada pena y tristeza,
otro mal, otro dolor,
otro disgusto mayor
me mueva a tanto pesar,
no amor, que yo no he de amar
a quien sin duda es tu amor;
celosa imaginación
que en ti engendró tal sospecha
me da bastante ocasión
para quedar satisfecha
que le tienes afición,
de más que a voces la fama
divulga, extiende y derrama,
y entre los suyos pregona,
que vino aquí a Barcelona
encendido de tu llama.
Causas bastantes son estas,
aunque para mí molestas,
para poder sospechar
que el Duque gustó ordenar
por tu ocasión estas fiestas.
Si le ofreciste en despojos
el alma cuando te vio,
había de causarte enojos
procurando poner yo
en quien tienes tú los ojos.
De tu corazón desecha,
Florinda, aquesa sospecha,
que yo por otro mal lloro,
y de que al Duque no adoro
puedes estar satisfecha.
Yo al Duque, elinardo elija aquesto,
sé de Floriano de mano
que es tratar de amor molesto,
y viene el Duque Floriano
con tu padre a este puesto.
Alégrate de mirallo,
qué gentil hombre que viene,
por cierto que el Duque tiene
muy gentil talle a caballo,
y más si acaso mantiene.
Salen el Conde y el Duque
con una banda en que trae el brazo.
Ninguno puede, en efeto,
conocer quién era, duda,
para Duque en tanto aprieto,
por ser más en la caída
que el viento en el mar ayuda;
mostrósele de su parte
fortuna, que es quien reparte
sus bienes por varios modos,
rompiendo por entre todos
cual si fuera un nuevo Marte;
llegó a la playa, y aína
que una nave española
hizo de su esfuerzo prueba,
la cual el viento sur lleva
rompiendo una y otra ola;
pero, pues de la caída
no hay desgracia sucedida
sino el dolor de esa mano,
desechad, Duque Floriano,
la tristeza recibida.
De cosas que ordena el cielo
nunca, señor, en mi vida
recibí algún desconsuelo,
que si ayer di gran caída,
mañana daré gran vuelo.
No puede ser la fortuna,
pues tiene por nombre inestable,
crecer y menguar cual luna,
siempre firme y favorable
y a todos los tiempos una;
solo en extremo gustara
que de aquí no se ausentara
quien tuvo tan feliz suerte,
porque con su brazo fuerte
otra vez me derribara.
Mas quédese aparte aquesto,
que está hablando en el puesto
la condesa, mi señora.
Estará contenta agora
en veros también dispuesto,
es de amorosa pasión
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la dulce conversación
a solas con tanto secreto
antes de un mal que en aprieto
tiene un noble corazón
que está señor la duquesa
que en verla cierto me pesa
muy triste y muy afligida
esto me acaba la vida
qué pesadumbre es aquesa
qué ocasión hay al presente
que ese cristal trasparente
vuelva en pálido color
si tiene algún nuevo amor
señor ninguno hay urgente
solo dentro el alma siento
un terrible descontento
que este disgusto me causa
y de este efecto la causa
que pueda ser no lo siento
melancólico accidente
que suele dar de repente
sin ocasión procedido
sin duda duquesa ha sido
y para que no se aumente
me parece que hagamos
invención con que podamos
dar alivio a este pesar
y es que a la orilla del mar
todos a cazar salgamos
que ver el campo desierto
de verdes hierbas cubierto
y dos mil diversas flores
matizadas de colores
puestas con tanto concierto
y el mar que a veces furioso
y a veces con tal reposo
y mostrando una ancha plaza
al alto cielo amenaza
causa al alma eterno gozo
será bastante instrumento
para cualquier descontento
campo, hierbas, flores, mar
y también ver montear
suele dar gusto y contento
qué respondéis
que es muy buena
la traza de aqueste día
vuestra señoría ordena
para causarme alegría
y dar alivio a mi pena
pues para que un tiempo largo
no se gaste en dar más traza
al duque Floriano encargo
que tome luego a su cargo
el menester de la caza
luego estará apercebido
lo que encargado me ha sido
porque esa estación hagamos
alto pues señoras vamos
hasta que esté prevenido
vanse y salen un moro grave y con
Sasén y otros moros con ruido de cadena
gracias a Mahoma demos
pues qué contentos pisamos
la playa de Argel
sí damos
pues por él la poseemos
no salen, Sasén, afuera
esos esclavos
salen cautivos y entre ellos
Rolando muy triste y cabizbajo
ya vienen
extraña tristeza tienen
por verse desta manera
cautivos y en tierra extraña
por qué, cristianos, no andáis
pues hoy a tierra llegáis
muy mejor que otra España
y si fortuna tirana
con vosotros se mostró
hoy suelo cautivar yo
y ser yo cautivo mañana
al fin ¿no quieres decir
si eres capitán cristiano?
que no lo soy es caso llano
para qué te he de mentir
un hombre soy que a la tierra
de Italia o Flandes pasaba
a vivir por ver si hallaba
quieta paz o mortal guerra
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¿De dónde eres?
De Sevilla,
ciudad sin igual a ella.
Es famosa.
Y extremo es bella.
¿Hay la mejor en Castilla?
No la hay en el mundo todo
ni quien le iguale, señor.
Debe de ser la mejor
que tiene vuestro rey godo.
No posee ningún monarca
tan fértil ni rica tierra;
dentro en Sevilla se encierra
todo cuanto el mundo abraza,
es cifra de las demás.
Hasen, al punto partamos,
y de estos que cautivamos
solo aqueste ocuparás
en que limpie mis caballos
y a ratos vaya por leña,
que lo que su talle enseña
es de saber bien pensallo.
Los demás harás atar
en los bajeles ligeros
al remo.
Son marineros
y sabrán muy bien bogar.
Ponlo, pues, luego por obra.
Caminen.
Vamos.
¡Ay, mi duquesa! ¿Por vos
Rolando tal suerte cobra?
Jornada tercera
Pag. 30
Jornada tercera
Salen el duque y Gridonio solos
Dios de amor, vendado, ciego,
¿cómo consumir no acaba
mi pecho un volcán de fuego,
si una flecha de tu aljaba
me da tan poco sosiego?
¿Cómo, ofreciendo en despojos
el alma por tu ocasión,
me causas tales enojos
y aciertas al corazón
teniendo ciegos los ojos?
¡Ay, Gridonio! Desespero
en ver que a Elinarda quiero
y que no escucha mi mal;
mortal, sin duda es mortal,
y al fin sin remedio muero.
Pensé alcanzar feliz suerte
en las justas, y que diera
ocasión mi brazo fuerte
para ablandar esta fiera
causadora de mi muerte;
y quiso el ingrato cielo
que, cual viste, me encontrase
quien mi levantado vuelo
para mayor desconsuelo
al suelo me derribase.
Trocó en infierno mi gloria
con la adquirida victoria
que en el encuentro alcancé,
y si algo estaba, borró
mi imagen de su memoria.
Vuelvo y revuelvo, y maquino,
trazo, invento, formo, adquiero
de abrir dichoso camino
por ver si acaso atino
de alcanzar por la que muero.
Ya de pedírsela a Uberto
en paso en mortal batalla,
ya de una noche roballa,
y veo que es desconcierto,
y mayor no procuralla.
Tú, como aquel que solías
darme consejo algún día
para aliviar esta pena,
alguna invención ordena
que resulte en alegría.
¿Qué invención dentro en mi pecho,
señor, que no sea ya hecho,
puede haber, qué traza o modo?
Pues lo has intentado todo,
y ninguna es de provecho.
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No hallo camino abierto
que mi pensamiento elija,
si no es pedírsela a Oberto;
mas en negocio muy cierto
que quiere darte a su hija.
Pues róbala a tu sosiego,
no cumple si no estás ciego;
desecha tan grave pena,
no sea esta mujer Elena
y abrase a Ferrare el fuego.
Ella está fuerte, señor,
en no rendirse a tu amor,
no habrá cosa que la rinda;
pon tu afición en Florinda,
pues en belleza y valor
la iguala, y si no, procura
ocasión y coyuntura,
o alguna invención intenta
con que, sin pasar tormenta,
goces de su hermosura.
Que esta es buena, imagino,
que ha de ser causa eficaz
de abrir seguro camino
para gozar la de Urbino,
a solas y en quieta paz.
Invención grata y tan buena
no es el Duque quien la ordena,
Amor solo es quien la traza.
Dilo, pues.
Hoy en la casa
se ha de remediar mi pena.
Dime, señor, de qué suerte.
De aquesta. Escúchame, advierte.
Luego has de buscar cuatro hombres
de los que en talle y en nombres
son verdugos de la muerte;
y en un lugar intricado
del camino, algo apartado
por do habemos de pasar,
cuasi a la orilla del mar,
cada uno esté ocultado.
Avisarásles que cuando
las fieras vamos cazando,
el conde y toda la gente...
Ellos lleguen de repente
de donde estén aguardando,
que yo tengo de fingir
que, con presteza infinita,
una fiera veo salir,
la cual tengo de seguir
con mucho alarido y grita.
Viendo mi veloz carrera
toda la gente ligera,
mis pisadas seguirán
y a Clinarda dejarán
por dar alcance a la fiera.
Quedará con la condesa,
hablando muy sosegada,
esta mi ingrata duquesa;
y allí tiene de ser presa
y de los cuatro llevada,
y de allí la llevarán
a las orillas del mar,
donde la podrán atar
y atada la dejarán,
diciendo la han de matar.
Dejarán la dama bella
formando triste querella
por tanta desgracia al cielo,
y en aqueste desconsuelo
llegaré yo a socorrella.
Quitaré los duros lazos
de sus cristalinos brazos
con muestras de un tierno amor,
y al fin pagará el favor
con regalados abrazos;
y no ha de ser tan cruel,
tan dura y desconocida,
viendo que le di la vida,
que a mi pecho leal y fiel
no se muestre agradecida.
Y cuando mi gusto tuerza,
pues es Amor quien me esfuerza,
y hacerlo no importa nada,
cuando no quiera, rogada,
vendré a gozarla por fuerza.
¿Qué dices desto?
Que es digno...
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ingenio tan peregrino
de alcanzar palma de amor.
Ya te contemplo, señor,
triunfando de la de Urbino.
Pues porque se haga luego,
vamos, Gridonio, y ruégole yo
al cielo, que es quien lo crió,
quite al alma aquesta furia,
aplacando el mortal fuego.
Vanse
Sale Rolando en traje de cautivo con una haz de leña a cuestas
Fortuna ingrata y fiera,
¿qué te pudo mover a tal venganza?
Pues que la primavera
de mi florida y fértil esperanza
marchitaste de suerte
que todo es pena, cautiverio y muerte.
¿Para qué levantaste
mi humilde pensamiento con tal vuelo
que cuasi lo encumbraste
sobre las luces del octavo cielo,
si de tan dulce gloria
había de resultar tan triste historia?
¿Qué pudo, di, moverte
a ponerme en el punto que me veo
desta infelice suerte,
do hizo fin la gloria del deseo,
viéndome así cautivo,
muerto al placer y para el pesar vivo?
¡Ah, mi duquesa bella,
por tu ocasión padezco aquesto agravio!
Mas, ¡oh, divina estrella!,
¿cómo puede mover contra ti el labio?
Si el instrumento fuiste,
padezca alegre el cautiverio triste.
Padezca aquesta pena,
lleve de leña la pesada carga,
y a voluntad ajena
esté sujeta aquesta vida amarga,
que siendo por tu causa
pondré contento a mi sentido pausa.
Para vivir ufano...
pero, ¡válgame Dios!, ¿qué será aquesto?
Tres moros mano a mano,
a pie en el monte y por aqueste puesto.
Quiero esconderme en tanto
que pasan por volver al triste llanto.
Escóndese, y sale un príncipe moro, y con él Muley y Zaide, moros graciosos
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contento en ver la hermosura
de arboleda que se encierra
en toda aquesta espesura,
de cuya encumbrada altura
puede darse al cielo guerra;
y contento en ver la traza
con que la yedra se enlaza
al álamo plateado,
cuyo pimpollo extremado
al alto Olimpo amenaza.
Contento es ver una fiera
que entre acicalados hierros
abre segura carrera
y a unos veloces perros
muestra la planta ligera.
Sácale Zayde la espada al príncipe y con ella en la mano y Muley con la suya se las ponen al príncipe al pecho
Y mayor es ver, tirano,
bárbaro, fiero enemigo,
robador de honra, inhumano,
que te ha de dar cruel castigo
el valor de aquesta mano,
si no me dices muy cierto
en qué lugar encubierto,
traidor, nuestra hermana escondes,
y si verdad no respondes
considérate por muerto.
¿Hay más rigurosa suerte?
¿Hay trance más duro y fuerte?
Al fin, bárbaros sin ley...
¿A un hijo de vuestro rey
así le queréis dar muerte?
¿Es de aquí la alegre caza?
El rigor de esa amenaza...
¿A qué me trujistes fieros?
Siendo nobles caballeros
usáis de traidora traza.
¿Qué hermana pedís? ¿Qué es esto?
Yo a vuestra hermana... Zayde, responde,
dinos dónde está, sea presto.
Cómo mi valor se esconde
que tal sufra viendo aquesto.
Ver tal traición me convida
a ofrecer por él la vida,
vive Dios, que he de librallo.
Aguárdate, buen vasallo,
que no debe ser perdida.
Llega Rolando a Zayde y quítale la espada que trae y con ella en la mano se pone al lado del príncipe contra los dos moros
Ya la paciencia se gasta.
Verte en tal punto no basta
para decir lo que encubres,
bien moro traidor descubres
ser de humilde y baja casta.
Infames dos, ¿y en la sierra
a un hombre sin armas, solo,
pretendéis dar mortal guerra?
Pechos do cabe tal dolo
rieguen con sangre la tierra.
Acuchíllalos
¿Que un vil cautivo se atreva
a defender a un traidor
que mi honor robado lleva?
Quiero que de mi valor
llevéis al infierno nueva.
Debe de ser el demonio
este que aquí apareció.
Eso mismo digo yo.
Bien da dello testimonio,
o ¡pesia a quien me parió!
No huyáis, moros cobardes,
ni tan pequeños alardes
os muevan a tal huida.
Si escapar quieres con vida,
hermano Muley, no aguardes.
Huyen y quiere Rolando seguirlos y lo detiene el príncipe
¿No aguardáis, canalla fiera?
Porque con presteza tanta
movéis la planta ligera...
Cautivo, o vigor que espanta,
venido de la alta esfera,
de Alá mensajero cierto,
pues en tanto desconcierto
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cuando afligido me viste,
a darme ayuda veniste,
solo en aqueste desierto,
verdadero y fiel testigo
de aquesta afligida historia;
ten, no los sigas, amigo,
que adquirida es la victoria
cuando huye el enemigo.
Bien, pero fuera muy justo
tomara el brazo robusto
de la alevosa traición
debida satisfacción,
mas hágase vuestro gusto.
Recibí la aleve espada,
y Dios, que en el firmamento
tiene celestial morada,
sabe bien si fue mi intento
darla con sangre manchada;
mas si acaso no es molesto,
pues veis quel desierto puesto
ofrece quieto sosiego,
señor, os suplico y ruego
me contéis la ocasión desto.
No quiero mostrarme esquivo,
pues que hoy por ti estoy vivo;
la causa desto diré
y verdad te contaré,
escúchame, buen cautivo.
Sabrás que el bravo Selín,
luz de la nación turquesca,
a mi legítimo padre
hizo rey de aquesta tierra,
en cuyo africano suelo
nació una mora más bella
que la que el valiente teucro
llevó robada de Grecia,
más que la que fue ocasión
que pasase a Ytalia Eneas,
y que la que por Sicarza
feneció en ardiente hoguera,
más que la que dio a Vulcano
de Marte justa sospecha,
para que ante falsos dioses
diese adúltera querella,
más que la que hizo a Or[feo]
ir a ver negras tiniebla[s],
la cual trujera sin dud[a]
si a mirarla no volviera,
más que la que al dios d[e amor]
hirió con sus proprias flec[has],
pues su pecho diamantino
lo convirtió en blanda ce[ra].
Al fin concluyo diciendo
con que es la misma bell[eza],
y no te admires, cautivo,
que no es mujer sino est[rella].
A esta quiso mi fortuna,
ojalá nunca quisiera,
pues vi de la acerba pa[rca]
afilada la tijera,
que en tanto estremo la am[aba]
que por solo obedecella,
del hondo abismo del ma[r]
sacara las blancas perl[as]
y atravesara en un pun[to]
desde la ocidental sierra
hasta adonde sus caballo[s]
Febo blancas clines pein[a],
trujera de Arabia el or[o]
corriendo en sus proprias v[enas],
junto con la ave gallard[a]
que por renacer se quem[a].
Al fin que intentara y[o]
cualquier defícil empresa,
y sin duda la alcanzara,
que el amor todo lo allan[a].
Esta, cautivo, es hermana
de los que en esta malez[a]
a traición me dieran mue[rte]
si tú no me socorrieras;
a aquesta Venus, digo, nin[fa],
por quien tengo el alma p[resa],
ha dejado de dar luz
con su divina lumbreza,
podrá haber como seis noch[es]
para mí seis mil de pena.
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pues se juntan en mi pecho
para darme mortal guerra
amor, celos, muerte, rabia
y en efeto mal de ausencia
y imaginando que soy
yo la causa de su perdida
y que por gozar su amor
he procurado escondella
ordenaron sus hermanos
para matarme esta fiesta
saliéndonos a cazar
y al entrar de aquesta selva
dejamos gente y monteros
caballos y aves de presa
y entrámosnos por el monte
viendo esta verde arboleda
llegamos a aqueste puesto
do formando grandes quejas
estaban por darme muerte
cuando aquesa mano diestra
llegó a darme libertad
de que aurá memoria eterna
confuso he quedado cierto
viendo, gallardo africano,
tan estraño desconcierto
causado de amor tirano
por un caso así encubierto
ni le pueden dar los cielos
al qu'en amoroso inflama
más terribles desconsuelos
como es querer una dama
y sentir ausencia y celos
es rigurosa sentencia
amar y tener paciencia
de no ver a quien adora
siente el alma pena y llora
una rigurosa ausencia
tu bien proceder declara
y manifiesta a la clara
un camino abierto y llano
que eres valiente cristiano
de sangre ilustre y preclara
y qu'en tu española tierra
no hay duda sino qu'encierra
alguna hermosa dama
por cuya amorosa llama
tu alma siente mortal guerra
cuéntamelo de so amigo
que a Alá santo y soberano
hago dello buen testigo
si aunque en ley enemigo
no te he de ser más que hermano
son tus demandas tan justas
que aunque fueran injustas
por renovar la memoria
contaré mi triste historia
oye, escúchame, pues gustas
yo nací dentro en Sevilla
ciudad que no tiene par
y no la quiero alabar
solo sé que allá en Castilla
no hay con quien la comparar
de allí vine a Barcelona
adonde me enamoré
de una diosa que hallé
qu'es digna de una corona
y alma y vida le entregué
ordenárome unas justas
donde salí vencedor
pues vencí al mantenedor
y fueron causa, aunque injusta,
a ausentarme de mi amor
la cual ya se me mostraba
animosa en me mandar
y convínome embarcar
en una nave que estaba
presta para navegar
y viniendo navegando
un cosario desta tierra
a uso de buena guerra
me cautivó, y así ando
por leña por esta sierra
y no siento la prisión
tanto como es la ausencia
de mi dama y su presencia
y aflígese el corazón
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sin ninguna resistencia.
Esta es mi pena, señor,
y pues sabes qué es amor,
duélete de este cautivo,
que es milagro que esté vivo
con tan terrible dolor.
Ha causado en mi memoria,
cristiano, tal descontento,
a que por tu triste historia
que dentro del alma siento,
ningún género de gloria
desecha cualquiera pena,
que aunque te imaginas solo,
cautivo y en tierra ajena,
antes que hoy encubra Apolo
su cara de luces llena,
te doy mi palabra y mano,
por el cielo soberano,
que has de partir a la tierra
donde tu dama se encierra,
valeroso sevillano;
que si teniendo perdida
mi vida en aquesta parte,
fui por ti restituida,
con qué podré yo pagarte
si no con darte tu vida.
Vamos donde una galera,
la más veloz y ligera,
se apreste en que tu persona
pisará de Barcelona
la verde y fresca ribera;
llevarás de mi tesoro
de lo que la Arabia cría,
y en mi palabra confía,
que te doy de hidalgo moro,
que por tu gran cortesía
habemos de ser de suerte
amigos, que solo pueda
estorbarlo la cruel muerte.
Vida el cielo me conceda
para que yo vuelva a verte.
Vanse y suena dentro ruido de caza, llamando perros y pájaros por sus nombres, y salen el Conde y la Duquesa, la Condesa, todos de camino, y Gridonio y otros criados como cazadores.
Llama los pelosos perros,
que la fiera se escapó
de entre los agudos sierros,
y entre aquellos altos cerros
por el bosque se escondió, y
estraño disgusto siento
que un adquirido contento
de las manos se nos fuese,
sin que ninguno pudiese
tener su furor violento.
Habla el Duque de dentro.
Dese disgusto me pesa,
y pues que se fue la presa,
qué se ha de hacer, señor.
Por esta parte hay rumor,
monteros, a priesa, a pries[a].
La fiera es sin duda, va[mos],
sigamos al Duque presto.
Vanse todos en seguimiento de la c[aza], y quedan solas Clinarda y Florind[a].
Por aquí, entre estos ram[os].
Pues las dos solas quedamo[s],
Duquesa, en aqueste puesto
gastemos con alegría
lo que nos resta del día
en aqueste alegre selva,
hasta que mi padre vuelva.
Tu voluntad es la mía.
En qué es bien que lo gas[temos]?
Salen los cuatro hombres que el Duqu[e] vio, y llevan a la Duquesa Clinar[da].
En qué, en materia de amor
me parece que tratemos.
La de este lado es, lleguemos.
A dó me lleváis, traidores.
Dónde lleváis la Duquesa.
Ladrones, deja la presa.
Socorro, piadoso cielo.
Puede haber más desconsuel[o],
muy gran villanía es esa.
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Déme el cielo su favor
para sufrir tal rigor;
quiero llamar a gran priesa,
que roben a la duquesa.
¡Socorro, padre y señor!
Rosminda llamando, y como que hay tormenta, suena ruido de gente que dice «amaina», y disparan un tiro y sobre un palo en una gavia que aparece por lo alto del vestuario como nao o galera que se fuese anegando, y sale Rolando en camisa, y hiciese como que sale a nadar con un pedazo de remo.
¡Válgame Dios!, ¿dónde estoy?
¿Es este cielo o es tierra?
¿Soy yo Rolando o quién soy?
¿Es aquesta playa o sierra
por do caminando voy?
Playa es aquesta que piso;
gracias doy al Hacedor,
pues del mar y su furor
agora librarme quiso.
Tú sabes por qué, Señor,
nadando con este remo,
que de bajel me ha servido,
a esta playa he venido,
y otro algún peligro temo,
porque no soy conocido.
Tampoco sé aquesta tierra,
por no haber estado en ella;
mas a mi duquesa bella,
que su amor me hace guerra,
porque temo de perdella.
Mas, ¿qué gente es la que suena?
Della me podré informar
qué sitio es este y lugar.
Quizás mi ventura buena
me ha querido aquí arronjar.
Salen los cuatro hombres con la duquesa atadas las manos atrás.
¡Qué presunción vana y loca
a hacerme aqueste agravio,
traidores, así os provoca!
Cierre al momento la boca
y no mueva más el labio,
si no me hace que intente
darle la muerte, o callar.
Espera un poco, detente,
que allí a orilla del mar
parece que veo gente.
Pues, ¿qué os parece de aquesto?
Que a un árbol de aqueste puesto,
el más cercano a la playa,
porque acaso no se vaya,
la liguemos, y sea presto.
Ese parecer concuerda
con el mío.
Pues la cuerda
es muy mala, llegue, dama,
que para quebrar la rama,
¡por Dios!, que es muy flaca y lerda.
Riñe con ellos con el remo.
¿Qué es esto? ¿Dios es visión
o fantasma la que veo,
o me engaña el corazón?
Yo lo veo y no lo creo.
¡Oh, qué grave confusión!
Cuatro hombres y una mujer
atada, y en este puesto.
¡Válgame Dios! ¿Qué es aquesto?
Quiero mostrar mi poder
y acabar de echar el resto.
Con este remo haré
lo que hiciera con la espada.
Decid, gente afeminada,
sin ley, sin honra y sin fe:
¿por qué la lleváis atada?
Soltalda, perros villanos,
si es que pretendéis vivir.
¡Camaradas, a huir!
¡Escapemos de sus manos!
¿Cómo huir? No hay por do ir,
que hoy he de dar testimonio
de mi persona y quién soy.
Cae.
¡Compañeros, muerto estoy!
¡Allá iréis con el demonio!
Muy buen lance he echado hoy.
Ojos que miráis, ¿es sueño?
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¿no es Rolando mi señor?
vuelve, deja ese furor,
vuelve, pues eres mi dueño.
llégate acá, por mi amor.
Daré fin a aquesta empresa.
Llega, valeroso Marte,
darás vida a tu duquesa.
Desátala y arroja el cordel
¿Cómo, mi duquesa y presa
sola atada y en tal parte?
Sol divino, bello, hermoso,
¿quién fue el traidor alevoso
que a tal maldad se atrevió?
Quien, mi duquesa, os ató
tendrá el vivir muy dudoso.
Y a los que a esa beldad
se atrevieron, mi duquesa,
y usaron de tal crueldad
en pago de tal empresa,
los castigó su maldad.
Haré quinientos pedazos
estos atrevidos lazos
que os ligan, divina estrella.
Libre estáis, duquesa bella,
merezca vuestros abrazos.
Ellos y el alma rendida
a aquesos vuestros ofrece,
con la voluntad debida,
pues ya dos veces merezco
gozar por vos gloria y vida.
Bien ve la dichosa suerte
que este lazo de amor fuerte
con voluntad enlazamos,
pues siempre juntos hallamos
pena, gloria, vida y muerte.
¡Qué goce yo de tal gloria!
¡Qué yo en tal gloria me vea!
¡Ay, tan regalada historia!
¡Ay, tan alegre memoria
a quien de amar se emplea!
Dime, Rolando y señor,
qué ventura te ha traído
a lugar que ha permitido
que muestres tu gran valor
en todo lo sucedido.
Sabrás, pues, duquesa bella,
que como tú eres mi estrella
me guiaste a aqueste puerto,
y aunque llegue cuasi muerto,
he vengado tu querella.
Estame atenta y oirás,
si me prestas grato oído,
lo que me ha sucedido,
y luego me contarás
qué causa aquí te ha traído.
Después que al duque vencí
y de la ciudad salí,
los moros me cautivaron
y preso a Argel me llevaron,
donde de esclavo serví.
Y quiso mi buena suerte
que queriéndole dar muerte
a un príncipe dos villanos,
lo libré con estas manos,
causa del venir a verte.
Quien pago de este servicio
la libertad me ofreció
y una galera me dio,
quedándome muy propicio,
y gran tesoro me dio.
Y viniendo navegando,
viento en popa y mar bonanza,
se me eclipsó mi esperanza,
en un momento mudando
de los vientos la templanza;
y en furia se convirtieron,
y en el batel combatieron
de manera que lo echaron
a lo fondo y lo anegaron,
y allí todos se perdieron,
gente, tesoro y galera,
sin otra mucha riqueza,
y salí de esta manera
a do hallé tu grandeza
atada en esta ribera.
Cuéntame el suceso triste
Pag. 39
como a este lugar veniste,
mi bien, fue amorosa llama.
El conde dentro, que la viene buscando
¡Oh, desventurada dama,
nueva pena el alma viste!
¿Qué voz puede ser aquesta?
¡Demonios, priesa, lleguemos!
Esta es la gente molesta.
Lleguemos, mala respuesta.
Duquesa, no desmayemos,
que por el cielo sagrado,
si llegan, que el brazo airado
con este bastón sin hojas
que tiene de volver rojas
las aguas del mar salado.
No tenemos que temer,
que en la voz he conocido
al conde que anda perdido,
y sin duda debe ser
que alguna fiera ha corrido,
que él y el duque andan cazando,
y yo quedé en este llano
con Florinda mano a mano.
¡Vamos la todos buscando,
y muera luego el villano!
Yo no sé qué me acobarda.
Salen el conde y condesa y criados
Mueve más la planta, aguarda.
A la vista Florinda llega,
si no es que la luz te ciega
de los rayos de Climarda.
Antes su luz me convida
a que la abrace y no sienta
la desgracia sucedida,
pues tras de tanta tormenta
la hallo libre y con vida.
El cielo me fue propicio,
haciendo de padre oficio,
de contento he de abrazaros.
Abrázala
La causa quiero escucharos,
si de ella tenéis noticia.
El indicio que he tenido,
porque en saberlo te asombres...
Conde señor, sola ha sido
arrebatarme cuatro hombres
como la condesa vido,
y llegando a este lugar,
quizás para darme muerte,
hicieron gente junto al mar
y quisieron me dejar
atada en un árbol fuerte.
Tuve el corazón turbado,
el alma muy afligida,
el cuerpo debilitado.
Diome al fin este hombre vida
que del mar escapó a nado.
Con ese palo en la mano,
como Hércules tebano,
con los cuatro arremetió,
y a todos cuatro mató,
y él se quedó libre y sano.
Solo aqueste es el indicio
que tengo, y pues tan propicio
este hombre se mostró,
señor, os suplico yo
se quede en vuestro servicio;
que hombre tan valeroso
y que así se ha señalado
debe de ser hombre honrado,
y él se tendrá por dichoso
que lo aceptéis por criado.
Es lo que pedís tan justo,
Climarda, que solo puede
el mío hacer vuestro gusto,
y así respondo, ¡qué gusto!,
que en mi servicio se quede.
Mil veces a Vueseñoría
por tanta merced le beso
las manos.
Por vida mía
que huelgo de este suceso
porque tengáis alegría.
¿Cómo os llamáis?
Diré el nombre,
no importa, señor: Rolando.
Nombre tenéis de bravo hombre.
No lo soy, mas peleando
gané algún tiempo renombre.
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¿Sois español de nación?
Mis padres no sé si son
españoles, yo a lo menos
lo soy, y de los más buenos.
Bravo sois de corazón.
No he sabido quién soy cierto,
que antes que naciera muerto
me dicen que era mi padre
y así lo creo, mi madre
lo que vivía encubierto
solo sé que quiso el cielo
que naciendo me criase
el fértil andaluz suelo,
y que de él solo heredase
de honor el debido celo.
Para entender que se engasta
el valor que dicho habéis
en vos, esa razón basta;
y como así estáis, queréis
encubrir la fidalga casta.
Mas agora quédese esto
aparte, que no es el puesto
para tratar dello. Vamos.
Señor, no nos detengamos
deste lugar, vamos presto.
Van entrando y queda Rolando atrás
¿Puede haber más feliz suerte?
Que cuando tenía perdida
mi vida en un trance fuerte,
renacer de aquesta muerte
a nueva gloria y nueva vida.
Ya en servirle me acomodo,
y pues gasta el cielo todo
a mi amor abrir camino,
para gozar la de Urbino
yo buscaré traza y modo.
Vase
Sale el duque solo de caza que anda buscando a la duquesa pensando hallarla atada
Este es el sitio y lugar
donde sin duda ninguna
atada la he de hallar.
Halla el cordel, y como no la halla dice
Mas como inestable fortuna
no me acabas de acabar,
que cuando tenía la empresa
en aquesta selva espesa
adquirida por mi suerte,
hallo con qué darme muerte
y no hallo a la duquesa.
Pues si ya fortuna avara
en que muera se declara,
y lo premite mi hado,
muera de un árbol colgado
luego el duque de Ferrara,
acabe mi triste vida
este lazo, o que enlazo
a aquella ingrata homicida,
muera en este lugar yo
que a un funesto mal corrió.
Échase el cordel al cuello y átalo
Lazo duro, de tal suerte
os ligaré al tronco fuerte,
que pues en vos no hallé
mi vida, el cielo me dé
colgado en vos cruda muerte.
Queriéndose ahorcar sale Gridonio
Sin duda la habrá gozado
y satisfecho a su amor,
que vino determinado...
Pero, ¿qué miro? ¡Ah, señor!
¿Quién del seso te ha privado?
Un hombre discreto y sabio
por ilusión del demonio
quiere hacerse tal agravio.
Déjame, suelta, Gridonio,
calla, no muevas el labio.
¿Cómo no, por un Dios santo,
y por quien la tierra y mar
cubre con el azul manto,
que tal fin no te has de dar?
Oye, que de ti me espanto.
Si a quedarte en esta rama,
señor, te incita y te inflama
amor que contigo lucha,
quítate este lazo, escucha,
que hoy gozarás a tu dama.
Pag. 41
A la duquesa.
Y muy cierto
es lo que, señor, te advierto.
Quita el cordel.
¡Oh, reparo de mi vida,
pues, estando ya perdida,
la vienes a dar a un muerto!
Si tanto valor se encierra
en tu pecho, si tu tierra
puede asolar la del conde,
pídesela, y si responde
a tu disgusto, la guerra
se publique a sangre y fuego
contra Barcelona; y luego,
en fin, en campal batalla
podrás entrar y roballa
sin valerte de su ruego.
A Gridonio, fiel espejo
en que me miro, el consejo
por todo extremo me aplace;
vamos, que si no lo hace,
guerra al punto le aparejo.
Vanse y sale Clinarda sola.
Es tanta la ardiente llama
de aqueste vendado ciego
que en mi pecho se derrama,
y tanto lo que me inflama
que un momento no sosiego.
Adoro en extremo, quiero
a Rolando, que me muero
en no viéndolo delante.
Condición de pecho amante,
herido del dios flechero,
siente el alma con su ausencia
un dolor que no hay paciencia
para sufrirlo de suerte
que al de la pesada muerte
no le hace diferencia.
Prometile de aguardar
en este sitio y lugar,
y es ya mucho lo que tarda.
La que bien quiere y aguarda
desespera en esperar.
Sale Rolando muy galán vestido.
Mucho he tardado al concierto
de mi amorosa promesa,
por causa del conde Uberto;
mas ya veo el cielo abierto,
¡oh, mi bien!, ¡oh, mi duquesa!
¡Oh, mi querido Rolando!
Ya estaba con la tardanza
llamas del pecho brotando.
No imagines ser mudanza
que de nuevo os voy amando,
de nuevo el fuego de amor,
cuando aqueste cielo miro,
en mí ejecuta el rigor.
Y yo de nuevo, señor,
ausente os lloro y suspiro,
por ser, señor de mi alma,
tanto que gozáis la palma
de las victorias de amor.
La mía con tal favor
tenéis, mi duquesa, en calma,
y si el inquieto sosiego
causado del niño ciego
queréis que a la cara salga,
lo que con boca hidalga
prometistes, cumplid luego.
Bien os acordáis, duquesa,
que cuando intenté la empresa
de vencer a Floriano,
de ser mi esposa la mano
me distes. Esta promesa
es, señora, la que pido
me cumpláis; y si es que ha sido
atrevimiento el hablallo,
perdonadme, que intentallo
de un amor firme ha nacido.
No era menester pedir
perdón, que quien a morir
por mí mil veces se ha puesto,
merecido tiene aquesto
y quien manda ha de cumplir.
La palabra prometida
es justa razón que aquí
os sea, Rolando, cumplida.
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y asi torno a dar el si
aun que auenture la vida
la mano os doy al ynstante
de cumplirla. y pues que soy
en quereros firme amante
por prenda mi bien os doy
vn precioso diamante
que es prenda de mas balia
esa quel alma tenia
y pues para esta ocasión
darla mayor. es Razon
Recibidla que a fee mia
por ser vuestra la estimaba
mas que a mi vida y estado
y porque el fin deseado
se acabe con que se acaba
tanto disgusto passado
es menester que busqueis
yndustria para que deis
fin a lo que aqui os consedo
quen Barcelona no puedo
cumplirlo que pretendeis
deja de suerte encunbrada
tan divino proceder
mi alma y tan obligada
que no se que Responder
y asi no Respondo nada
solo digo que offressida
estaba y de nuevo offresco
esta voluntad Rendida
pues por vos mi bien meresco
gozar cielo. gloria y vida
y porque mas breue acorte
platicas. Al punto ynuenta
mi pensamiento vn buen corte
que a todos señora ymporte
Estremado estame atenta
cualquier buen suceso abona
la trasa. lo que haremos
es yrnos de Barcelona
a tu estado do daremos
ante el prelado o persona
que por alli se hallare
fin a nuestro casamiento
y si contra aqueste yntento
alguno guerra yntentare
prouara el furor violento
de mi pecho a do se encierra
para dar al conde guerra
y a todo el mundo. valor
y tema cualquier señor
que le asolare su tierra
el Remedio es estremado
del sin duda nacer tiene
fin dichoso y desseado
la condessa es la que viene
bete por aqueste Lado
que no nos halle aqui
que yo quedare trasando
como a de ser la partida
a dios vida de mi vida
la hora quedo aguardando
Vase y Rolando se esconde y sale florinda
quierome apartar aqui
oyre lo que viene hablando
que a dias que ymaginando
anda y hablando entre si
y contino suspirando
de vn amoroso Rigor
forzada. buscando vengo
la causa deste dolor
y segun es el que tengo
mas que Rigor es amor
nunca los cielos me dieran
ocasión. ni permitieran
Rolando que te miraran
mis ojos y que cegaran
antes que en el mar te bieran
nunca escaparas a nado
antes en el anegado
quedara tu cuerpo en calma
pues por tu ocasión el alma
siente amor. pena y cuidado
y que hechizo fue que encanto
el que en los ojos tuuieste
que te adora mi alma tanto
Pag. 43
Tú alegre, yo por ti triste,
tú en gloria, yo en pena y llanto,
afligida, imaginando
cómo podré declararte
el mal que me va acabando.
Quiero por aquesta parte
hacer que estoy pasando,
y llegar más cerca della
para más bien entender
de quién forma su querella.
Contraria hallo mi estrella
en materia de querer.
Pero ¿quién con tanto estruendo
por la sala se pasea?
Cielo, ¿qué es lo que estoy viendo?
¿No es en quien mi amor se emplea,
y por quien vivo muriendo?
Él es, que el alma sentía
mientras dél estaba hablando
un género de alegría.
¿En qué se entiende, Rolando?
Estaba, señora mía,
renovando en mi memoria
una regalada historia
de mucho gusto y placer.
De amor sin duda ha de ser,
pues della nace tal gloria.
Nunca la amorosa llama
que en los pechos se derrama
me causó desasosiego,
que aunque esté muy cerca el fuego
jamás, señora, me inflama.
Fuera de que no es razón
que yo imagine que son
las mujeres cortesanas
en amor tan livianas
que en mí pongan su afición.
Antes, de muy confiado
de que sois galán discreto,
habláis con tan poco enfado.
Pues estoy en grande aprieto,
ya declaro mi cuidado.
Yo sé muy cierto de una
dama que desea hallar
ocasión tan oportuna
en que os pueda declarar
su afición.
Pues, ¿tiene alguna?
¿Cómo alguna? Y que la abrasa
tanto la amorosa brasa
que ya remedio apercibe.
¿Y adónde, señora, vive?
Por vos muere en esta casa.
¿En esta casa, señora?
Probarme queréis ansí.
Prometo os que en ella mora,
y aun está hablando agora
muy cerca de vos.
¡De mí!
Declarado le he mi amor,
plega a Dios me salga cierto.
Cielo, dadme tu favor.
Mudado se le ha el color,
ella se me ha descubierto.
¿Quién esta señora aquí
es, si no sois vos, que hablando
estáis y cerca de mí?
Yo soy, querido Rolando,
que muero y vivo por ti.
Por ti en mi pecho se encierra
de amor el fuego de suerte
que todo gusto destierra,
y hace al alma tal guerra
que temo no ver mi muerte.
Por ti aquesta fortaleza,
viendo tu talle y nobleza,
tu discreción y valor,
la tiene rendida Amor
y sujeta a tu belleza.
Por ti peno, por ti muero,
por ti suspiro, a ti adoro,
y más que a mi vida quiero,
por ti, mi Rolando, lloro,
por ti espero y desespero,
por ti, si no das un medio
bueno en aquesta pasión,
he de morir sin remedio.
Hállome, señora, en medio
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de una grande confusión.
La gloria en que me engrandeces,
la pena que significas,
tanta que por mí padeces,
muerte es que me pronosticas
en la vida que me ofreces.
Has puesto en confusa calma
mi alma, y cuasi rendida,
y en mérito de tal palma,
pero si te ofrezco el alma,
hame de costar la vida.
Demás desto no es razón
que mi gusto al tuyo rinda
por una vana afición,
que al fin eres Florinda,
y haré al conde traición.
Y será razón me acuerde
cuando en la ribera verde
tu padre me recibió,
y en eso honra me dio,
y en esto por mí la pierde.
Y no quiera el cielo santo,
ni el que escurece el suelo
cuando extiende un negro manto,
que por dar gusto a tu llanto
cause al conde desconsuelo.
Al de Ferrara se entregue
esa hermosura del cielo;
ciego amor nunca te ciegue,
no quieras que de gran vuelo
para que en el mar me anegue.
Villano, infame, traidor,
sin fe, sin ley, sin honor,
¿cómo a mí me reprehendes?
Ya imaginabas y entiendes
que yo te tenía amor.
Apenas quise hacer prueba
de tu valor, cuando luego
la ambición loca te lleva,
ya pensabas llevar nueva
de mi amor; estabas ciego.
Ya imaginabas de mí
que tenía puesta en ti
mi afición; camina, infame,
no hagas que se derrame...
Señora...
Vete de aquí,
que por la vida de Ubaldo,
mi padre, el conde, si acudo
a llamar...
Oye, escucha.
Ya es tu desvergüenza mucha.
Ya me voy, sin honra y mudo.
Fuistete ya, ¡desleal!
¿Por qué das tantas zozobras
al dios de amor, a un pecho tal?
Si de mi tributo cobras,
¿por qué me tratas tan mal?
¿Por qué diste atrevimiento
para declarar mi intento
a quien no me quiere ni ama?
Aquesto afición se llama,
llamole furor violento.
O más, ya que mi amor le elige
a Rolando, y pues mi amor
por mi voluntad se rige,
y tanto el amor me aflige,
me he de vengar del traidor.
Ya trazo cierta quimera
que parece verdadera
en mi pecho, y comprehendo,
por ella vengarme entiendo:
muera este Rolando muriendo.
A mi padre he de escribir
un billete, y en él quiero
de aqueste traidor decir
que un noble caballero,
que por poderse encubrir,
y robar a la duquesa,
por quien tiene el alma presa,
aquí aficionado vino,
de quien también se adivinó
por su amante se confiesa,
y usó de la aleve traza
de roballa allá en la casa,
y como no tuvo efeto,
agora con gran secreto
otra entre ellos se traza.
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Sale Estacio, paje
que es sacarla de palacio
dentro de muy breve espacio
y llevársela a su tierra.
Gran traición aquí se encierra.
Oye, paje. Oyes, Estacio.
¿Qué manda vuesenoría?
Que en mi recámara luego
me pon una escribanía.
Voy a hacello.
Poco sosiego,
tanta es la rabia que cría
este pecho diamantino
antes amoroso y blando.
Yo haré que el desatino
os cueste caro, Rolando,
pues os confesáis indigno.
Vase y salen Rolando y Federico
¿Que es posible, caro amigo,
que en esta ciudad os vea?
No puedo creer que sea,
presento a Dios por testigo;
y que todo eso ha pasado
después que al duque vencistes
y desta tierra salistes.
Todo es como lo he contado.
Y ahora al conde servís.
Sí, y muestra que me quiere;
para servirle requiere
la sangre de do venís.
A buen amigo querido,
al fin sois caballero,
y yo en mi ventura espero
de seros agradecido
algún día.
Yo agradezco
este reconocimiento,
y en pago deste contento
de nuevo ahora me ofrezco.
El conde viene. A más ver.
Esta tarde nos veremos
adonde nos juntaremos.
En mi casa podrá ser.
Vase.
Sale el conde y Gridonio y criados
Pedir que le dé la mano
por Clinarda, y tan apriesa,
sin dar parte a la duquesa,
no lo acierta Floriano,
y mucho dello me pesa.
Ya dije que le daría,
si dejare esa porfía,
por mujer a mi Florinda,
y así es justo que se rinda
pues es heredera mía.
Y no es justo así me aflija,
ni que con vanos antojos
por su apetito se rija,
teniendo yo en él los ojos
para entregarle a mi hija.
Demás que nunca perdona
la fama, que es quien pregona
este y cualquier desatino;
pues todos dicen que vino
por Florinda a Barcelona.
Si esto es así, cuasi es llano
que en pretender a Clinarda
no lo acierta Floriano.
¿Qué es esto, hado tirano?
Otro mayor mal me aguarda.
Sale Estacio y da un billete al conde
¿Quién este papel te dio?
Mi señora la condesa
que lo trujese mandó.
Gridonio, ¿decí, acabó
de ofrecelle a la duquesa
mi señor el conde Uberto
al duque Floriano?
En calma
hasta ahora está el concierto.
Y yo en mortal pena el alma;
si se la ofrece, soy muerto.
Leyendo el conde el billete, mira enojado tres o cuatro veces a Rolando
Airadamente a mirarme
ha vuelto el conde, y de suerte
que algún daño ha de causarme.
¿Cuándo, di, enemiga suerte,
acabarás de acabarme?
Que intente hacer tal afrenta
Pag. 46
en mi palazio Rolando
entre si esta mormurando
como tal traision yntenta
y lo puedo estar mirando
que sea cauallero noble
y trata trato tan doble
como es Robar a elmarda
cuando darle muerte aguarda
este corazon de Roble
pues porque su yntento en uano
salga de alcansar la ynpreza
dare que el duque florino
pues que quiere a la duqueza
le de de espozo la mano
y cazar la pues desta suerte
muerte aserba dura y fuerte
al traidor se le apareza
muerte me sono a la oreza
si se trata de mi muerte
ve gridonio y di a floriano
tu señor como estoy llano
y muy conforme a su gusto
que por todo estremo gusto
le de a elmarda la mano
y que de elmarda es marido
y que florinda aguardara
vase
con tal nueua voy volando
tal nueua me acabara
que oiga tal y que pasiencia
tenga sin que en la prezencia
de alberto no me de muerte
transe aserbo . dura suerte
Riguroza y cruel sentensia
salense
salganse todos a fuera
solo se quede Rolando
nueuo mal nueua quimera
sin duda se va trazando
muera ya Rolando muera
de que esa tristeza nase
di . es de amoroza llama
señor amor no me aplase
no traidor . que asi se llama
quien traizion ynuenta y h[aze]
como amar a la duquesa
pretender lleuarla preza
en esse traze encubierto
querrias . siendo yo berto
ynuentauas tal ynpreza
toda la ynuension y traza
que Resulto dela caza
y el sacarla de palazio
e sabido en breue espazio
mortal Rigor te amena[za]
muerte infame te conb[ida]
pagar tiene con la vida
quien quizo afrentar ab[erto]
mi afizion es conoszida
ya sabe todo el conzierto
hacerte fuerte en su tie[rra]
pensauas y hacerme guer[ra]
despues de ser su marid[o]
tal maldad en ti se ensie[rra]
todo el secreto a sabido
tu traizion es conossi[da]
por serte aduersa la sue[rte]
ya bes sercana tu muer[te]
si gustas quedar con bi[da]
haz lo que te digo aduier[te]
yntentar tan alta ym[preza]
como es Robar la duquesa
para onbre vill es gran h[echo]
valor ay en ese pecho
mas no saldras con la p[reza]
dime quien eres muy c[ierto]
y el valor que esta encubi[erto]
en ese pecho atreuido
que pretender tal no a p[odido]
de quien es menos que b[erto]
palabra señor te doy
por quien soy si es que al[go soy]
que ser tan poco me admi[ra]
de no confessar mentir[a]
ante el tribunal que est[oy]
una mujer noble onrra[da]
cuyo nonbre era Leonida
Pag. 47
de un hombre grave engañada
fue la que me dio esta vida,
pobre, triste y desdichada;
este, por sagaz y astuto,
gozó del virginal fruto
de la inestimada palma,
ocasión por quien mi alma
cubre siempre un negro luto.
De Sevilla se ausentó
que della soy natural
y en ella fue do alcanzó
todo este bien por mi mal
y preñada la dejó.
Parió, y quiso mi fortuna,
que siempre me fue oportuna,
por guardar el justo velo
de honor y deudo celo
que me dejasen en la cuna,
y en ella me vio llorando
un hombre que imaginando
lo que por verdad halló
a su casa me llevó
y al fin me llamó Rolando.
Supo mi madre al instante
do estaba su tierno infante
y que era un hombre tan fiel
que se declaró con él
y ofrescióle este diamante.
Mira el conde el diamante y mirándolo conoce
Díxose que aquese anillo
quien fue de su honor cuchillo
le dio por prendas de esposo,
murió y fue tan venturoso
quien era gusto encubrillo.
Crecí, ligeros los vientos
fueron al cielo encumbrando
mis altivos pensamientos,
tanto que siempre Rolando
adquirió nobles intentos,
y yendo a buscar la guerra,
mi pecho ques do se engierra
valor en cualquier empresa,
le di vida a la duquesa
estando presa en la sierra,
y della me enamoré;
por ella luego intenté
probar las fuerzas robustas,
salí en efeto a las justas
cuando al duque derribé,
libróla este brazo fuerte
otra vez saliendo a nado,
por ella estoy desta suerte,
agora dame la muerte
que ya quién soy te he contado.
¡Oh, suceso milagroso!
Dichoso yo que dejé
diamante tan venturoso,
pues por su causa hallé
un hijo tan animoso.
¡Oh, qué ocasión tan milagrosa!
Abrázame, hijo Rolando.
Siento el alma temerosa
con esto que está escuchando.
Los brazos y el alma y todo
aquesos brazos ofresco,
luz, luz de todo el suelo godo,
mas sepa yo de qué modo
tanto bien gozar merezco.
Contarlo espera, aguarda.
Sale Estacio, paje
Solos estáis, señor.
Llegad presto,
moved más la planta tarda,
decí a Florinda y Elinarda
que vengan luego a este puesto.
Gobernado aquesta silla
un tiempo, desde Castilla
partí con grande aparato
a ver la nobleza y trato
de la ciudad de Sevilla,
llegué a verla, y en mi vida
otra tal pisar espero.
Es famosa.
Es escogida,
al fin vi en ella un lucero
que fue a tu madre Leonida;
supe su casa y habléla.
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descubríle ser su amante,
dile palabra, engañéla,
tomó por fe este diamante,
víneme al fin y dejéla,
paguéle en efeto mal,
que de pensallo me aflijo,
y esta es causa principal
porque sé que eres mi hijo.
¡Oh ventura sin igual!
que soy tu hijo, señor,
gracias doy al hacedor;
dame esos pies, pues qu'el cielo
ha corrido d'este velo
la cortina de mi honor.
Salen Florinda y Elinarda
¿Qué's lo que mandas, señor?
Que abraces, hija, a Rolando
como a tu hermano mayor.
¿Mi hermano aqueste traidor?
dime, señor, ¿desde cuándo?
No te alborotes, advierte,
luego diré de qué suerte;
llega, y dale tus abrazos.
¿Que a quien procuré la muerte
le tengo de dar mis brazos?
Bien puede Vueseñoría
llegar, como hermana mía,
a abrazar a este su hermano.
¡Qué mayor bien y alegría!
Yo soy quien en ello gano.
Elinarda aparte como entre sí
¿Pudo más darme en el suelo
el beatífico cielo?
¿ni más regalada gloria
para causarme consuelo
como ver aquesta historia?
Yo le quiero declarar
al conde lo qu'está hecho,
que pues es en el provecho
de Rolando, ha de gustar
y quedar muy satisfecho.
Señor, pues has conocido
a Rolando tu querido
por hijo, con tu licencia
quiero agora en tu presencia,
siendo como es mi marido,
el parabién a Rolando
darle de lo descubierto.
¿Qué's lo que estoy escuchando?
¿que es tu marido?
Sí.
Gran daño se va ordenando.
¿De qué suerte?
A Flo[rinda]
le prometí la duquesa.
Pues saldrá su intento v[ano],
a mi hermana la condes[a]
dará de esposo la man[o],
y en esto gran bien alca[nza],
que ya Elinarda no de[xa]
cumplir su vana esperan[za],
y cuando no, otra vez prue[be]
los aceros de mi lanza.
Sale el Duque muy gal[án]
con él Gridonio y otros c[riados]
Y al fin con mucha ale[gría],
señor, en el puesto aguar[da].
¡Dichoso y felice día
en que gozaré a Elinard[a]!
Bien venga Vueseñoría,
que por mi vida que vi[ene]
en ocasión milagrosa,
pues juntos conocer tie[ne]
suegro, cuñado y esposa.
Saber quién son me convi[ene].
Fortuna que al desead[o]
gran bien le viene anun[ciando],
hoy le ha dado al conde Uba[ldo]
un hijo, el cual es Rolan[do],
que siempre anduvo encub[ierto].
Con Gridonio, fiel, prome[tí],
ofreciéndote la impresa
de Elinarda, te envié,
habléla, señor, y hallé
ser su esposa la duquesa.
¿Cómo qu'es su esposa, Cond[e]?
¿ésta es tu palabra y ma[no]?
Escucha, duque Floriano.
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que la verdad no se esconde
cuando va el camino llano.
Ellos lo tienen tratado
y entre los dos concertado,
sin que yo lo haya entendido;
finalmente es su marido,
y así lo han confesado.
¿Y quién es el hijo?
Yo
soy quien tus fuerzas probó
en la justa que ordenaste;
tú eres quien me derribó,
con tu valor esto baste,
la duquesa es tuya, a Conde.
Esto dijo a solas y agora al Conde.
Como me has dado de mano,
bien tu valor corresponde,
pero ganar por la mano
querría, y no sé por dónde.
Si yo tengo ya probado
deste el valor en la tela,
y Elinarda le ha agradado,
¿qué he de hacer? ¿Olvidarela,
pues nunca le di cuidado?
Si encubierto el casamiento
estaba contra mi intento,
Conde, ¿qué se puede hacer?
Si has mudado parecer,
yo he mudado pensamiento.
A mejor tiempo no pudo
ofrecerse esta ocasión,
que si agora a verte acudo
no es con la misma razón
a que antes llamado he sido.
Si está casada Elinarda,
tu hija Florinda es bella,
honesta, grave y gallarda.
¿Quieres casarte con ella?
Ya el desposorio se tarda,
si es que Florinda quiera.
Basta darme a mí contento.
Yo de la misma manera
gustaré del casamiento
por el bien que dél se espera.
Pues también gusta Rolando,
gustad vos, mi hija, dello.
¿Mándaslo tú?
Yo lo mando.
Pues yo gusto de hacello.
Y yo esas manos demando,
que es tan grande merced esa,
que no la sabré servir.
Muy bien os podéis decir,
Florinda, de hoy más duquesa.
Luego se ha de concluir,
dalde a Florinda la mano,
con que ha de ilustrar su honor.
Vuestra esclava soy, señor.
Yo en ser vuestro soy quien gano.
Yo agradezco ese favor.
Haber yo tal padre hallado
es del cielo maravilla.
Aquí, senado, se ha dado
fin al hijo afortunado
de la cuna de Sevilla.
Finis de la comedia
