Texto digital de El cid
Data de publicação: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El cid. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-cid.
EL CID
Pag. 1
7
M. A y
Auto sacramental
del
Cid
Pag. 2
Página en blanco
Jornada primera
Pag. 3
Figuras del
El deseo
La verdad que es el Cid
El desengaño
El poder
Un Ángel
Jesús
El hombre
Doña Jimena
El deleite
El conde
Salen la verdad y el deseo
¿Ya sabes, verdad, quién soy?
¿No eres el deseo?
Sí.
Pues, ¿a quién buscas?
A ti,
que siempre en tu busca voy,
porque en lo que más me empleo
es en saberte entender,
que el filósofo al saber
llama natural deseo.
Esta pena y confusión
del mundo, tan triste y grave,
me admira, porque no hay nave
sin gobernalle y timón.
Perdidas las jarcias, roto
el boso, y en alta mar,
aunque le llegue a faltar
con la esperanza el piloto.
¡Que tan triste y peligroso
puede estar como parece
el mundo, que aún no merece
una esperanza dudosa!
El hombre, dudoso, está feo,
si le vees y le conoces,
los animales feroces
vengando en él su deseo.
El día se ha escurecido,
la noche se ha eternizado,
y aquel reloj concertado
ha disparado el ruido.
Y todos los elementos,
ruedas del tiempo prudente,
hacen señal diferente
Pag. 4
con pesados movimientos
y la confusión mayor
que en tantas desdichas crece
es la pena que padece,
que parece, mi señor.
Y pues el temor profundo
tan tristes efetos hace,
Dios padece y se deshace
esta máquina del mundo,
vengo a pedirte la cuenta
desta terrible mudanza,
de siete horas de mudanza,
en mil siglos de tormento.
Siempre vencedor Deseo,
para responderte bien
te he de poner los principios
que enseña la mesma fe.
El primero, que si es Dios
infinito como es,
no ha criado entendimiento
que le pueda comprehender.
Y si los seis serafines
con tener alas los seis,
cubrían, no penetraban,
con ellos de Dios los pies;
y si el serafín que vuela
aun no le alcanza a entender,
un pesado entendimiento
¿cómo ha de llegar a él?
Y si le importa llegar,
pues amar y conocer
a Dios es para los hombres
suma gloria y sumo bien,
¿qué ha de hacer con su discurso
sino ayudarse y poner
los medios proporcionados,
como corto, aunque cortés?
Que si el ángel, cuando quiere
entender lo que no ve,
lo espiritual a su modo,
y así lo entiende después;
y para ver lo espiritual
el hombre puede también
materializarlo y darle
modo conforme a su ser,
usar de comparaciones.
Pag. 5
que indicios y formas den
de la verdad indicio
que estima ya menester,
no solo el entendimiento,
la voluntad puede hacer,
para gustar más de Dios
diversos manjares del,
hoy gusta llamarle esposo,
amante y galán ayer,
una vez lo quiere muerto,
recién nacido otra vez.
Hay en la esfera de Dios
tanto que ver y que ver,
que del hombre, que es un punto,
van muchas líneas a él,
y así de todas las cosas
se puede inferir y ver
una vislumbre de Dios,
aunque más oculta esté.
Sombra de Dios es el mundo,
bosquejo es de su pincel,
que algunos de aquella idea
y promesas de aquel bien,
no solamente eran sombras
de Dios en la vieja ley,
Adán en sus dulces bodas,
en su sacrificio Abel,
en su obediencia Abraham,
en su esperanza Noé,
en su templo Salomón,
en su celo Finees,
en su victoria Jacob,
en su altar Melquisedec,
en su sacerdocio Aarón,
en su gobierno Moisén,
en sus palabras David,
en sus guerras Josué,
en sus hazañas Sansón,
y en sus fortunas Joseph.
Mas la serpiente, el cordero,
el blanco vellón, los panes,
el águila y el león,
el tierno animal y el pez,
en las piedras insensibles
y en los árboles también,
como en hojas de sus libros,
se deja ver y leer;
y en las historias profanas
Pag. 6
Siendo el ingenio el juez
se hallan sombras de Dios,
como en el león la miel;
y de estimarse el descuido,
cuando acertare a coger
entre dañosas espinas
una rosa y un clavel.
Todas las cosas escritas,
dice un testigo fiel
que para dotrina y sombra
del mismo Dios lo han de ser,
y ansí no hay que desechar
de cuantas cosas se ven,
pues su libro todo entero
se le comió Ezequiel,
y el libro que vio San Juan,
todo está escrito en él
por de dentro y por defuera,
porque todo es de comer.
Dios hace todas las cosas
por su gloria y por quién es,
y así en ellas deja escrito,
como el artífice, quién.
Dijo Séneca que el agua
criada en el mundo fue
para espejo en que se viese
el Sol, si se quiere ver.
Si a un tiempo en tan varios ríos
se mira el Sol y se ve,
y si en el pequeño arroyo
resplandece el Sol su ser,
Dios, que puede más que el Sol,
bien puede resplandecer
poniendo en varias historias
su matiz y rosicler.
Pero la comparación
no en todo ha de proceder
con semejanza, y no hay árbol
que fruto sin hoja dé.
No hay oro fino de Arabia
que, si se llega a poner
en el crisol, no se halle
tierra que quitarle dél;
y así en profanas historias
semejanza puede haber
de Dios, no en lo que siempre
un signo y con el nivel.
Pag. 7
El filósofo tenía
ese mismo parecer,
que ninguna semejanza
entera y perfecta fue.
Si para entender a Dios
puede usar y disponer
varios discursos el alma,
pues sus potencias son tres;
también para declararse
puede decir y tener
el lenguaje que permite
su ingenio, a su modo y ley.
Pésale a Dios de ver medias,
oféndese Dios estos
declarar tales efectos
animado de entender.
Que ya se sabe que en Dios
no hay pasión, y no hay quien
le afrente aunque dispute
del ofensor pudo ser.
Que si el pájaro celeste
no tiene cuerpo ni pies,
Dios no ha de tener pasión,
aunque las muestras se den.
Ya con estos dos principios
que pienso yo que los sé,
puedes responderme agora
a mi duda, escucha, pues.
Mi señor el Santo Viejo,
que parece en su vejez
con poder y hermosura,
que no pasa un día por él.
Aquel que tiene tres hijos,
siendo el uno de los tres
el ángel que nació el día
de la luz, por serlo él.
Y el hijo sigundo el hombre,
que nació el viernes, después,
siendo de aquellos seis días
el último de los seis.
De cuya generación,
que fue engendrado, otra vez,
aún no se atreve Esayas
a declarar cómo fue.
Pag. 8
Este santo viejo tiene
un enemigo cruel
llamado el conde Lozano,
que no es mucho que lo esté;
paréceme en su palacio,
en su jardín y vergel,
le desmintió y le ofendió,
como ingrato y descortés.
Retiróse el santo viejo
a su casa a pretender
la venganza del agravio
que sus hijos se la den.
Toda esta tristeza y luto
y esta confusión que ves,
es que está quejoso y triste
mi dueño, y tiene por qué.
Ha de durar esta pena
hasta declararse quién
de sus tres hijos tendrá
para vengarle poder.
No puede vengarse el padre.
Muy bien, pero quiere hacer
una venganza prudente
y tan cuerda como él es.
Que si a la imagen del Hijo
crió al hombre, es menester
que asimismo baje el Hijo
y reforme al hombre también.
Esta es la suma de todo,
ya he dicho lo que yo sé;
pero ya sale mi dueño
quien os hará más merced.
Sale el padre.
El más justo sentimiento
es sentir la ingratitud,
y mayor lo que yo siento,
pues ha tenido virtud
un bruto atrevimiento
de darme, con su ocasión,
un dolor íntimo y grave
en mi noble corazón,
por el modo que ya sabe
quien entiende mi pasión.
Bien me pudiera vengar
Pag. 9
Pues hay dolor en mi pecho,
mas ¿quién me dio este pesar?
Pues me pesa de haber hecho
cosas que he visto quebrar.
Ofendió principalmente
mi antigua sabiduría,
pues dice que engaña y miente,
y por sus hijos quería
vengarme como prudente.
Atribúyese el saber
al hijo, y esta venganza
mi hijo la puede hacer;
que si es cierta la esperanza,
experiencia puede haber.
Llamadme al hijo mayor
de los que un tiempo he tenido,
al ángel.
Vase.
Yo voy, señor.
Pues aunque yo he conocido
de todos tres el valor,
quiero dar esta experiencia
al mundo, porque la estime,
tanto amor y diligencia;
y porque a servir se anime
al que envío a su presencia.
Sale el ángel con la Verdad.
Padre, señor.
Tómale la mano.
Ángel mío,
de cuya obediencia, a fe,
tantas empresas confío,
que en los efectos se ve
con el amor que os envío;
dame la mano, que quiero
dar la prueba del poder
que en vos, hijo, considero.
Señor, ¿qué pensáis hacer?
Mostrar yo la fuerza quiero.
Aprieta la mano.
No sabéis mejor que yo
lo que puedo hacer.
Yo sí,
y el mundo hasta agora no.
Afligiéndose y turbándose.
No me apretéis, ¡ay de mí!,
que la empresa me venció.
Pag. 10
Suéltale.
Desterrar del paraíso,
con una espada de fuego,
a quien ofenderos quiso;
llevarle a su dueño luego
que le receptó el aviso.
A hacerle guarda empecé
con diluvio general
y matar hombres sin fe;
que en su ejército real
de Senaquerib maté
ciento ochenta y cinco mil
en una noche; librar
de su cautiverio vil
a Israel, saber guiar,
columna y nube sutil.
Deshacer el mundo yo,
si importa, el último día,
es el poder que me dio
el cielo, esta fuerza es mía;
y satisfaceros no;
siendo infinita la ofensa
porque lo fue el ofendido,
infinita recompensa
os pide; yo estoy rendido
que pide una fuerza inmensa.
Yo sé que no sois valiente
como pide la ocasión,
no fuera medio prudente;
y quien para la creación
del hombre fue suficiente,
él pudiera redimir,
que es mayor dificultad;
quien le hizo ha de suplir
esa falta.
Vase.
Así es verdad,
que él sabe hacer y decir.
Llamadme al hijo segundo.
¿Al hombre, señor?
Sí, a él;
que en medio del mar profundo
del pecado hay un Abel,
un hombre justo en el mundo.
Sale el Hombre con la Verdad.
Pag. 11
Padre y señor.
Tómale la mano.
Apriétale.
Hijo amado,
ya vos podéis entender
que siempre es significado
en los dedos el poder,
si en los dos el cuidado.
Dios con sus dedos formó
este mundo, y dello pende
todo el peso que le dio,
y pues el poder se entiende,
haga esta expiriencia yo.
Señor, mucha fuerza es esa,
no hay tanta fuerza en mi pecho;
no es mío tanto interés,
cuanto menor me habéis hecho
que al ángel, dejadme, pues,
que si el ángel no pudiera
vengaros, el hombre menos,
y aunque justo y santo fuera,
siendo sus deseos ajenos,
de su valor no cumpliera.
Vase.
Vase la Verdad.
Y vos, ¿por qué sois cobarde
naturalmente, que ya
me dice el mundo que es tarde?
Si a mi honor no se le da
quien le defienda y le guarde,
llamadme al hijo postrero
en otra generación,
mi unigénito primero,
porque tan fuerte ocasión
solo en su valor espero.
Sale el Cid y la Verdad.
Padre y señor.
Apriétale la mano.
Hijo mío,
dame esa mano, que es justo
mostrar tu ánimo y brío,
y en el de mi agravio injusto
la satisfacción confío.
¿Qué es esto? Ya no puedo,
ya no sentir y clamar,
tan desamparado quedo;
pues pudo el rey Baltasar
temer de mirarme un dedo,
Tan bueno soy como vos.
Pag. 12
que esto puedo yo deciros
y pide su hijo a Dios
si de mí queréis serviros
no una, sino dos,
en mi brazo habéis de hacer
la fuerza de vuestra mano
y quedarme el brazo sano
para morir y vencer.
Suéltole
Amado hijo, imagen de mi idea,
natural y legítimo espejo,
donde en el cielo yo me goce y vea,
resplandor de rostro, en quien dejo,
sin perder yo mis bienes, la honra mía,
como en el ángel de mi gran consejo,
sabrás que me ofendió con tiranía
aquel hombre enemigo que pretende
que pierda yo un amigo que tenía.
Deseo castigar al que me ofende,
y mediar al justo desengaño
al que quiere perderme y no se entiende.
Bien puedo remediar el grave daño
por mi persona yo, pero conviene
seguir el orden de prudencia grande,
que si el amigo a dar los pasos viene
será intercesor por su persona
que el oficio que mi hijo tiene
castigo al enemigo, mas perdona
al amigo mudable que desea
saber la paz y darle la corona;
no pudo saber el ángel este empleo,
no pudo el hombre solo vencer tanto,
porque tuyo ha de ser tan gran trofeo.
Ea, pues, hijo, causa al mundo espanto,
en esos nervios aviva tanto brío,
tiemble el infierno de tu nombre santo.
Abrázale y déjale pensativo y vase.
Bien le mostró su valor
a su hijo a quien le llama
Señor por nombre la fama,
y Cid, que es decir Señor.
Pag. 13
Para prevenir los daños,
busca en el alma un ardid;
pensativo estaba el Cid,
viéndose de pocos años,
no saldrá el cuidado en vano,
siempre que a su honor le cuadre,
para vengar a su padre
matando al conde lozano.
Eso ha de ser, que es decreto
de Dios, de mi padre y mío,
Señor, en quien yo confío,
y ansí vengaros prometo;
si valió Samuel por siete,
valió David por diez mil,
pues más vale el varonil
corazón, que os lo promete.
Señor, ¿no nos dais licencia
que os sigamos?
Verdad, sí,
porque siempre vais en mí,
como sabéis de expirencia,
Y el deseo.
Vase.
En mis empleos,
no puedo yo estar sin él,
pues me parece Daniel
en ser varón de deseos.
Pero solo he de triunfar
con mi natural valor,
pues se alaba el labrador
que él solo pisó el lagar.
Vamos, pues, pero allí veo
del parque una hermosa dama,
de quien, por valor y fama,
más amor que celos tuve.
De paso la quiero hablar,
que no será cortesía
despreciar la prenda mía,
aunque me excusa el pesar.
Sube doña Ximena de un jardín.
Llega a hablarle de paso.
¡Ay de mí, que me ha visto inadvertida
el dueño de mi vida y mis amores,
cuando, cogiendo flores olorosas
y de las más hermosas la hermosura!
Pag. 14
baje a la par que figura de sus ojos.
Mi bien, no os cause enojos el sentirme,
porque nunca más firme ni más vivo
que eterno amor y voluntad os muestro.
Tenéisme mucho amor.
Yo, señora,
no dijistes agora lo contrario,
porque ser firme y vario no es pusible.
Es mi amor invencible, de tal suerte
que en amor me convierte, y en su abismo
yo soy el amor mismo, y de mí aprende
quien ser amor pretende, y ansimesmo
convertido en amor, que no le tengo.
¿No dicen que el amor se pinta luego
niño, desnudo, ciego, un arco y flecha
en su mano derecha?
Sí, señora;
y en mí hallaréis agora esas señales:
fui desnudo, y mortales enemigos
de mi pasión testigos me quitaron
la ropa, y la jugaron por despojos;
los que vendaron ya mis tristes ojos.
Niño me llamo yo por estas llagas,
y de las flechas mías David canta
una experiencia santa, y deste modo
seré al amor en todo parecido.
Pues, amante querido de mi alma,
hasta que en dulce calma y tierno sueño
os goce yo por dueño venturoso,
perdonad mi temor, porque es forzoso;
mi padre el conde y su rigor me admira.
Que soy hija de ira, y me parece,
pues por momentos crece en tiranía.
De vuestra gloria y mía, lleno agora
el cuidado, señora, aunque mi pecho
que vuestro tierno pecho, no constante,
ni amor semejante, no quisiera
que esta venganza rigurosa espera.
¿Queréis librarme de mi padre ingrato,
enemigo en su trato, y padre aleve?
Y mi propio honor me mueve a la victoria.
Dadme para memoria alguna prenda.
El alma os encomienda a quien os ama;
adiós, hermosa dama, que ya os dejo.
Pag. 15
Por un favor muy nuevo.
¿Adónde, esposo?
En el pecho y el brazo victorioso.
Vanse la Verdad y el Deseo y sale el Deleite.
Oh, mi señora doncella,
pues aunque en alguna cosa
es moneda que no pasa,
en esta se labra y sella.
¿Quién eres?
Soy el Deleite.
Ya me puedes conocer,
porque yo no soy mujer
que me disfraza el aceite.
He venido como un rayo
delante del conde agora,
porque Deleite, señora,
ya es en la corte lacayo,
que lo primero que mira
el rico, si no es muy justo,
es su deleite y su gusto,
y a este blanco sigue y tira.
Bien dijo mi padre.
Sí,
mas las hijas por casar
no gustan de ver ni hablar
a sus padres, no, y ansí...
Yo no te pido consejos.
Sale el Padre.
Quisieras más a tu lado
tener medio desposado
que un ciento de padres viejos.
Seáis, mi doña Ximena,
muchas veces bien hallada,
pues en vos miro aumentada
mi honra, de gloria llena.
Diego Laínez me ha dado,
a costa del suyo, honor,
pues le dejó sin valor,
desmentido y evitado.
No pienso yo que ha de ser
seguro el blasón que sientes,
que son sus hijos valientes.
Vos, temerosa mujer...
Pag. 16
Y el vecino que es el Cid,
es un valor semejante,
si eres filisteo gigante,
al venturoso David.
Pienso que has puesto los ojos
en el Cid.
Yo lo sospecho,
por que el amor siempre ha hecho
padecer, alma, antojos.
Pero bien quisiera yo
que te hallases prevenido;
que si el padre es ofendido
y a su hijo el Cid llamó,
tengo por mejor remedio
huir tu mala fortuna,
que no se eclipsa esta luna
poniéndole tierra en medio.
¿No eres el deleite?
Sí.
¿Pues no me has aconsejado
que procure ser vengado,
que es deleite para mí?
Es verdad y no me pesa,
que en cuanto deleite trato,
venganza es el mejor plato
que tiene el mundo en su mesa.
¿Pues cómo dices agora
que me esconda?
¿Por qué no?
Sois dos filósofos yo,
que uno ríe y otro llora;
nunca has visto una pintura
hecha con ingenio y arte,
que enseña por cada parte
muy diferente figura.
Que, mirada por un lado,
parece un lindo pavón,
por otro lado un capón
y por medio un licenciado.
Pues el deleite es ansí,
cuando al principio se mira.
Pag. 17
Por el primer lado admira
que es muy lindo por allí,
y mirado por el fin,
por el lado que pasó,
a todos les pareció
feo, asqueroso y ruin.
Por la parte de la ira
parezco yo un fanfarrón,
y por parte del corazón
parezco miedo y mentira.
Pues yo no me he de ausentar,
que al Cid ni a su padre temo.
Feros, valiente en extremo,
puedes salir a triunfar;
no quede por mí el deleite,
sale a triunfar o morir,
que yo me sabré escurrir
como al calor el afeite.
Ni temer ni triunfar quiero.
Sí quiero, en dos o tres calles
desta ciudad, donde halles
el gusto de un lisonjero,
que te dé la enhorabuena
de tu bravo atrevimiento,
que necio toma contento
de lo que merece pena.
Pasea la calle Ancha
de la riqueza, y veros
a don Jadono asnos,
como se estiende y se ensancha
el hijo don motilón,
que un caballero le saca
a volar, y oro don saca,
ayer y hoy tiene halcón.
Pasa la calle Mayor
que llaman del gusto, donde
el pícaro como el conde
sabe de gusto y de amor.
Donde está el hospital
que por un castigo justo
pagan réditos del gusto
con perpetuo y largo mal.
El gotoso que calzó
por gusto suyo apretado,
el otro, estómago helado
de lo frío que bebió.
La otra dama del galán
que tiene la cara azul.
Pag. 18
que gasta en vida un baúl
por gusto de solimán,
luego a la calle real
de la fortuna, esto sí
es muy de ver, porque allí
se alquila el bien por el mal.
Allí se alquilan vestidos
para danzantes desnudos
que van contentos y agudos
por ver que van proveídos.
Vanse a danzar y beber,
pero acábase la fiesta,
y la ropa que trae puesta
la han de pagar y volver;
que la plata y el oficio
les dio alquilar la fortuna,
que alquila sin duda alguna,
y en prendas toma el juicio
del que se vistió de loco.
Con todos se encuentra y topa,
y el al que le da la ropa,
y la danza dura poco,
que el uno la está esperando
y pregunta qué le quiere,
que cuando le deja muere,
y el otro que está danzando.
Ni quiero triunfar, ni quiero,
un medio quiero escoger,
porque virtud suele ser
cuando es vicioso.
Cantemos danza, que aquí
los músicos que yo tengo,
porque el gusto con que vengo
le quiero aumentar aquí.
Llamándoles.
Que cantemos, que me place,
que quiero saber el camino
y paz entre el agua y el vino,
que es sana paz, si se hace.
Agua y vino, hombres de bien,
son estos dos compañeros,
que como el vino ande en cueros,
muertos y vivos también.
El agua a correr se inclina
por los campos y los ríos.
Pag. 19
que pocos amigos míos
la tienen por medicina
Mas no saldrán si primero
los músicos que previenen
no les dan a beber que tienen
silencio que cantar quiero.
Va saliendo una dama y sale el agua, cantan.
canta agua.
Sale danza
y párese
Si el agua derramo al vino
para madre de las viñas
el agua aquella del vino
danza y sale a la visita
si agua faltara
el vino ya corre
agua, a Dios, agua
sale el vino / vino
danza el vino
párese su madama
Temiendo a su agüela el vino
que no le azote y le riña
dice que se va a la escuela
y pide pan y camina
pan y vino andan camino
que el buen vino, si lo es,
sabe andar y mudar pies
llególe su agüela a dar
agua
del vino sin cortesía
volvió el rostro y da ocasión
que con enojo le diga
agua, a Dios, que ruge semeja,
y mojábase de camino
en sus vejigas el vino
danza
parose
parose
enojose el vino, entonces.
y respondió con malicia
también yo hablaré si quiero
que toda mitad es mía
mi jarrita de buen vino.
ni tiene tapa ni taponcito
Cond.
Pero dejado un momento
es alegre competencia
que llegan a mi presencia
los ecos de otro instrumento
Aunque no se yo quien venga
a vengarse con valor
Da. Xa.
ese buen Cid campeador
que Dios con salud mantenga
Pag. 20
Cid señor le llamó
el árabe temeroso
y campeador esforzoso
pues en el campo nació.
Salen la Verdad de paje del Cid con lanza, escudo y morrión.
Hombre enemigo y bárbaro arrogante,
que te atreviste como simple abeja
a ofender persona semejante,
que al fin sin armas y valor te deja.
Oso, aunque ya sin ojos, arrogante,
lobo que robas esa mansa oveja
y contra el buen pastor vuelves los dientes,
él te viene a quebrar, si bien lo sientes,
o Holofernes, dormido filisteo,
confiado en tu alfanje y en tu escudo,
dragón soberbio y en las uñas feo,
furioso tigre, aunque cobarde, agudo,
vengo a llevar de ti mayor trofeo
que de las armas de Saúl desnudo
el padre de Israel, que con famosa
honda venció gigantes, tigres y osos.
Tú eres el Cid de quien me dio noticia
el que nació tu padre, viejo,
que conozco tu envidia y tu malicia,
y de tu mucha presunción me quejo,
y no temo el rigor de tu justicia,
para loco y fantástico te dejo,
pues tu ambicioso padre pretendía
que te adorase yo desde aquel día.
Si vienes a vencerme, como dices,
tú vienes a morir, y no a vengarte,
que si eres campeador con los matices
de tu sangre en el campo he de dejarte,
estos serán las bodas infelices,
pues prenda mía no he querido darte,
por no darle a mi hija un triste empleo,
ni los fines de Andrómeda y Perseo.
Pag. 21
Vase.
Ea, cobarde, mi valor se muestre
contra la fuerza de sus nobles astros,
vaya contigo un ángel que te adiestre,
que a todos sigo los medrosos astros,
tiemble a mi voz la máquina terrestre,
y los mármoles, jaspes y alabastros,
y las columnas, pórfidos y bronces
de todo el cielo, temeroso entonces.
No me puede faltar valiente espada
para vengar en ti tantos agravios,
porque la mía viene ya templada.
Esposo mío, prenda deseada,
si tiene una mujer consejos sabios,
escuchadme, no os vais, porque deseo
pequeña paz y no mayor trofeo.
No puede arrepentirse el conde ingrato,
ni yo dejar de ser amante vuestro;
adiós, mi bien, que de serviros trato,
pues amor y valor os tengo y muestro;
si pudierais comprarme más barato...
Y sin mostraros tan valiente y diestro
lo estimara yo en más.
Toma el escudo de la verdad.
Mayor victoria,
por fuerza ha de alcanzar mayor la gloria.
Fuese, y mostrará quién es
contra el conde, que si es monstruo,
arroja rayos del rostro
como del suyo Moisés,
y parece que le ha muerto.
Dentro.
Vencido soy.
Es sin duda,
porque la razón le ayuda,
siendo su golpe el más cierto.
Parece que se ausenta
mi esposo.
Señora, sí.
¿Por qué? Y que,
¡ay de mí!,
que toda ausencia es violenta.
Pag. 22
Voy a darle justa queja
a su padre valeroso;
pediré al Cid por mi esposo,
pues que sin padre me deja.
Huyamos todos,
no amigos,
que aunque Deleite huyamos,
cuando lleguéis a sus manos
seréis de su amor testigos.
Vamos a darle señales
de amor, y le serviremos,
y legítimos seremos
si hasta agora naturales.
Vanse.
Sale el padre.
Ya, mi valeroso Cid,
cumplió bien mi pretensión,
medido a mi corazón,
mejor que al suyo David.
Ya con el costoso ardid
de su pasión amorosa,
deja mi venganza honrosa
con tanto extremo cumplida,
y su más pequeña herida
fue bastante y poderosa.
Pero si en vasos de oro
los Ángeles han cogido
la sangre que él ha vertido,
cuyos quilates no ignoro,
haráse della un tesoro,
y tantos merecimientos
de obras y pensamientos
depositados se quedan,
pues de tales fuentes puedan
nacer muchos sacramentos.
Sale Ximena.
En esta ocasión, señor,
yo no podré hablar, sin duda,
pues juntos me vuelven muda
el temor y el gran dolor;
tuve atrevido amor.
Creí, si mi fe se alaba,
ser su esposa, y deseaba,
más bien que merezco agora,
pues su esclava es mi señora,
no menos que esperaba.
Pag. 23
Pero su amor me ponía
alas de esperanza igual,
porque es águila caudal
y grandes alas tenía.
Fundó la esperanza mía
en una fuerte afición,
que esta rinde el corazón
más bizarro y varonil,
pues con Dalida gentil
hizo casar a Sansón.
Dile al fin mano de esposo,
y con dulce voluntad
ordenó su caridad
en mi alma generosa.
Y la suya valerosa
se ha mostrado de tal suerte
que a mi padre airado y fuerte
por vengar se le venció,
y mi amor le perdonó
que es más fuerte que la muerte.
Pero ausentóse de mí
y ausente de sus favores
crecen ansias y dolores,
martirios y pena en mí.
Si piensa dejarme ansí,
justicia vengo a pediros,
que fe, sé, y ley serviros
es mi cuidado amoroso,
sola, sin padre ni esposo,
con lágrimas y suspiros.
Alzad del suelo, bien mío,
que en mi seso me agrade
y por el decoro sale
tierno amor, y heroico brío,
aunque en su ausencia confío.
Que como Judith valiente
venceréis el mal de ausente,
que si el valor se declara,
no es tan grave el mal que es vara
la que parece sarmiento;
los sentidos os darán,
si quieren contradecir,
qué temer, y qué sentir,
porque muy libres están,
pero el Cid. es capitán.
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Que si a prisión los condeno,
los dejará en la cadena
de vuestra fe tan rendidos,
que todos cinco sentidos
no os puedan dar una pena.
Hacer justicia es forzoso,
y así os daré por sentencia
que será breve su ausencia
del Cid, vuestro eterno esposo.
Sacad mucho más hermoso,
como en juicio hizo Dios,
vuestro rostro, y no halle en vos
señales de su enemigo,
que al fin Jimena y Rodrigo
para en uno sois los dos.
Sale el Deleite, el Vino y el Agua, la Verdad y músicos.
¿Adónde me traes, Verdad?
Mira que el Deleite soy,
y mal parece que estoy
con gente de autoridad.
Cualquier hierro puede ser
dorado, y cualquier deleite,
si Virtud le pone su afeite,
tendrá muy buen parecer.
Entra, pues, muy confiado,
como te sepas templar,
que el Deleite puede estar,
si es santo, canonizado.
¿Verdad, no viene ya el Cid?
Venció al conde y fuese luego,
porque viene a emprender fuego
este animoso adalid,
y quiso también vencer
cinco poderosos reyes,
cuyos sentidos y leyes
son de sentir y temer;
pero triunfando con ello,
viene, ya que la ocasión
le dio mejor que a Sansón
la virtud en sus cabellos.
Suenan cajas. Sale el Cid vestido con el traje y señas que se dirán después, y los cinco reyes como siervos.
Poderoso Señor, cuya obediencia
me señaló la vida, el día, la hora,
victorioso y triunfante vuelvo agora
a gozar descubierta tu presencia.
No fue de Abel la cándida inocencia
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ni de Abrahán la fe, con que te adora,
ni de David las lágrimas que llora,
iguales en valor, con mil paciencia.
Alegre estoy de verte satisfecho,
más con mi sangre que con cielo y tierra,
ni cuantas almas, ni ángeles has fecho,
si en mi persona tanto bien se encierra;
vuelve a guardarme dentro de tu pecho,
que traigo el mi roto de la guerra.
Abrazándole.
Su victoria y sacrificio,
sacerdote y capitán,
Melchisedec, Abrahán,
pues los dos te dan su oficio,
no me dejan más lugar
que de oír cuando me ves
que los de amos me des,
pues los supiste ganar;
lo mejor que en este abismo
de gloria puedes tener,
pues lo sabes merecer,
es darte gloria a ti mismo.
Y vos, mi querida esposa,
si el gusto en verme consiste,
ya no es tiempo de estar triste,
sino alegre y cuidadosa.
Porque de mi amor tan fiel
tenéis tantos desengaños
que os sirvió treinta y tres años
y no catorce Raquel.
Y porque estos cinco reyes
y cinco libres sentidos
se mostraban atrevidos
con sus ignorantes leyes,
quise vencerlos también,
porque han de serviros unos
tan rendidos y cautivos
que en ninguna pena os den.
Señor, sentir vuestra ausencia
no ha sido falta de amor,
sino la muestra mayor
de mi afición y prudencia.
Así mis ojos dirán
lo que yo no os digo a vos,
que yo lloré por mi Dios
por sus ídolos Labán.
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Los admirables despojos
que me presentáis estimo,
aunque mi bien más me estimo
con que os volváis a mis ojos.
Verdad.
Deleite.
Entre tanto
que mi señor y señora
hablan, pregunto yo agora
qué reyes y qué conquista
es la del Cid.
Es en la mano.
En la mano.
En el morrión.
Oye, pues,
que el Rey primero es
el sentido de la vista.
Trae un espejo por señal,
y un águila por blasón,
y se rinde a la oración
de nuestro Sol celestial.
El otro Rey es el gusto
y por señal suya lleva
un ramo de fruta nueva,
y por blasón fuera justo
ponerle una simia.
Un mico, y lo entenderé,
que mona no lo diré
porque no haya alguna aquí.
En la mano.
En la mano.
Otro Rey es el oído,
este es más prudente y grave,
porque acomodarse sabe
a lo pasado y leído.
Su señal es la vihuela;
su blasón un ciervo, el cual,
con oído natural,
oye al cazador y vuela.
El tacto es el cuarto Rey,
su señal es una mano
de algún tahúr, que no en vano
siempre ha traído sota o rey.
Su blasón una serpiente
puede verse fácilmente.
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en la mano
en el morrión
la agudeza con que siente
cuando se pliega y se arruga,
el olfato es sepultura.
Señal, flores y blasón
un perro de condición
que huele y corre ligero;
pero todos ellos llegan
a conocer a la esposa
por señora que piadosa
los honre a todos, la ruegan.
No sintáis cautiverio
sentidos, porque vense
que os quiere ocupar la fe
en su divino misterio.
Mas sin ninguna violencia,
que el discreto como vos
más fe le ha de dar a Dios
que a la engañosa apariencia.
¿Qué os falta ya, prenda mía,
de gusto?
Cosa ninguna,
pero la ausencia importuna
siempre amenaza y porfía.
Bien sé yo que mientras veo
a mi esposo, es mi poder
bastante para vencer
el más heroico deseo.
Pero faltando mi esposo,
si sigunda vez se ausenta,
será forzoso que sienta
mi corazón temeroso.
Dice muy bien vuestra esposa,
dadle, Cid, el consuelo
que le ha prevenido el cielo
en vuestra ausencia forzosa.
Si de mortales heridas
he sido muerto en la guerra,
y para quien ama tanto
también es muerte el ausencia,
no quiero que me lloréis,
porque la mi gente buena
viendo que falta mi brazo
no huya y deje mi tierra.
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No sientan los enemigos,
aunque con fingidas fuerzas,
que es la estatua de Micol
y falta persona en ella.
Por más que venga furioso,
con aparente soberbia,
monstruo de varios metales,
que le desbarate una piedra.
No temáis, salid al campo,
porque Jael os enseña
cuando a Sísara valiente
muerto y clavado le deja.
Pero si de cuerpo a cuerpo
la batalla se presenta,
y él viniere en su escuadrón,
hidra de siete cabezas,
subid vos, aunque mujer,
más que Lisuarte, a mi diestra,
en algún blanco unicornio
donde ha de triunfar mi iglesia.
Que el generoso animal
ama tanto la pureza,
que, estando airado, se amansa
con mirar a una doncella;
es tan liberal y franco
que él mismo se rompe y quiebra
el tesoro saludable
que le dio naturaleza;
castifica las aguas
primero que beba en ellas,
y él, finalmente, no hace
a nadie ninguna ofensa.
Y si este animal, Señor,
tan al vivo representa
a mi iglesia en el poder,
salís a tan alta empresa;
llevaréis en una mano,
si vuestro enemigo lleva
el vaso de su veneno
con cuyo licor deleita,
mi cuerpo y sangre en un cáliz,
por hacer verdad más cierta
que el Cid ausente y muerto,
en cuerpo y alma es el Cid.
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Señor, la serpiente viene.
Ahora se va 14
Subid y haced experiencia
desta verdad misteriosa,
que en mí quiero hacer la prueba.
Vos, deleite sacristiano,
prevenid con diligencia
instrumentos, porque el Cid
se sirve de ver fiesta.
¿O qué pueden hacer sus pares
para acabar sus diferencias?
El agua y el vino si ambos
se conforman y se mezclan.
Sí, que en este sacramento
que el Cid venturoso ordena,
entran el agua y el vino,
y sus accidentes quedan.
Agua de ángeles será,
si el vino tan bien se emplea.
Di, vino, que eres divino,
que adivino que lo sea.
Ea, templad instrumentos,
que bien podéis, pues se templan
las iras de Dios también
con tan justa recompensa.
Ya el monstruo y un dragón fiero
sube del infierno y llega,
y ya baja en su unicornio
su esposa Dios a la tierra.
Tirado del carro esté un dragón de 7 cabezas y el conde con un vaso de veneno en la mano.
¿No estabas muerto, enemigo,
pues sin cuerpo te dejas
a la Iglesia? Es imposible
que en ningún tiempo le venza.
Sale la Esposa en un unicornio blanco con una custodia en la mano.
Sube, no viertas veneno,
mientras mi cáliz conserva
el cuerpo divino del Cid,
aunque accidentes le cercan.
Sentidos, ahora importa
la humildad y la obediencia,
porque tan gran sacramento,
a los sentidos sujeta.
Todopoderoso Dios,
obedientes te celebran.
Todos de rodillas sino es el Padre.
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Den paz el agua y el vino.
Cantan al fin esta letra.
Llueve, llueve, llueve,
palomica verde;
escampa, escampa, escampa,
palomica blanca.
Hágase mudanza y párase.
Palomica de Noé,
que con el ramo de oliva
pareces verde que envía
tu verde esperanza y fe.
Hace su mudanza y párase.
Palomica del diluvio,
blanca, alegre, limpia y pura,
que ya anuncias la hermosura
y venida del sol rubio.
Llueva el mundo y el rocío
si de tu pecho procede;
llueve, llueve, llueve, etcétera.
Serena los justos rayos
que el sol de justicia fragua;
escampa, escampa, escampa,
etcétera.
Finis laus.
Jesús, María, Joseph.
