Texto digital

Texto digital de El capuchino de Escocia

Data de publicação: 22 de agosto de 2026

Metadados da obra

Atribuição tradicional
Atribuição estilométrica
No es posible Inconclusivo
Gênero
Comedia
Estado do texto
Transcripción automática de manuscrito
Procedência
El texto procede de la transcripción automática de un manuscrito de la BNE (signatura MSS/16027).

Aviso

Pode incluir erros ou omissões. Se você tiver uma edição melhor, entre em contato conosco conosco para atualizações.

Licença

Este conteúdo é oferecido sob a licença Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilização permitida com citação; usos comerciais não são permitidos.

Licença Creative Commons CC BY-NC 4.0

Citação sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El capuchino de Escocia. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-capuchino-de-escocia.

Primeira página da obra
Primeira página da obra
Última página da obra
Última página da obra

EL CAPUCHINO DE ESCOCIA

Pag. 1

Mss 16027

Pag. 2

Vv 715

Mss. 16027

Pag. 3

Jesús, María

y José

El capuchino

de Escocia

Pag. 4

Lograr desvelos, ostentar honores,

es debido a su ingenio peregrino,

del primero de Escocia capuchino,

que su lira realza sus primores.

Brame el Cerbero, junte sus ardores,

clame Lutero, y el pérfido Calvino

que en la capucha está Leslio divino,

y Noroña publica sus loores.

Su afecto grande modulando admira

virtudes raras en divino acierto

siendo del pobre aprisco venturoso

Del que en la cruz con Cristo vida mira,

glorias inmensas, en sayal envuelto

de este menor mayor, renuevo hermoso.

Virtutes, virumque canis pietate Scociæ verendum

qui Capuccæ adivit ordines sacra primus.

Si pius Aeneas, quod troia incensa Penates

eripit, et humeris carum parentis onus.

Necdum, sicque pius? perfidiæ matremque fratremque

exsurgitat, que summa duxit cœlestia bona.

quibus densissimos passim tulit ille labores,

dum fide incolomes illos videre cupit.

Si tandem divinum vultum animi depinxerat carmen

ingenii et penna genii penicillus est.

Non enim miror que in te concepta nitescunt

calamoque scribis sublimiora facis.

Jornada primera

Pag. 5

Hablan en ella

las personas siguientes.

El Papa. Jorge Lesleo. Roberto.

Dos Cardenales. Henrrique. Garcón viejo.

Guardián capuchino. Eduardo. Graque.

Otro capuchino. Juana. Un criado.

El Duque de Urbino. Beatriz. Un Ministro hereje.

Sale Juana y Roberto.

Juana.

Vuelve a repetir, Roberto,

porque el dolor no se canse,

la causa de mis congojas,

la ocasión de mis ultrajes:

que estoy ya tan mal conmigo

que busco, porque me mate,

el veneno, y bien veneno,

pues que corrompe la sangre.

Roberto.

Salí contento de Escocia

como, señora, mandaste,

cuidando de Jorge Lesleo

tu hijo, y donde en cristales

el Támesis cohecha a Doris

el favor para sus naves:

entré en una, que en ligera,

en pomposa, y en plumajes

de trémulos gallardetes,

pareció otra segunda ave

de Jove, que a Ganimedes

tu hijo, en vuelo prestante

Pag. 6

Roberto.

llevo al cielo de París,

esto es por abreviarte

las grandezas, y excelencias,

que en su vasto ámbito caben.

Ju.

¡Qué necio que estás, Roberto!

¿Otro hipérbole, otra frasis

no hallaste sino del cielo

cuando en París de sus padres

dejó la fe, Jorge ingrato?

Ro.

Sin que el discurso lo mande,

tal vez con mayor imperio

corre la voz, y enojarte.

Ju.

¿Qué es enojarme? ¡Ay, Roberto,

ahora alcanzas, ahora sabes

que para llagas de honor

es mano pesada el aire!

Ya sé que entraste en París,

y que luego procuraste

dar estudio a Jorge, y que,

entre los más estudiantes,

dos nobles hermanos fueron

de su amistad prenda amable;

que con ellos se acompaña,

que todo al trato le es fácil,

que a su religión le inclinan,

que a la nuestra le disuaden,

que cuidadoso le atiendes,

que advertido le mandaste

ir contigo a Charenton

do permite Henrique el Grande

predicar el calvinismo,

que libre, resuelto, y grave

te dijo que no quería,

y que luego al mismo instante

en una iglesia confiesa

ser católico, y apartarse

de nuestra fe. Esto en suma

¿no es lo que pasó?

Ro.

Si examen

haces de mi sentimiento,

hallarás razón bastante

a mi disculpa.

Ju.

Ya te prueba

ver que luego me avisaste,

que con halagos pretendes

como te escribí, apartarle,

que le dijiste mis penas,

y que no siendo bastantes,

le quitaste tu asistencia,

los socorros, y dejaste

sin mi favor, sin mi gracia.

Ro.

Y en tu obediencia al instante

di la vuelta para Escocia.

Ju.

¿Y quedó Jorge sin nadie

que le asista? Sin decoro.

Sin consuelo. ¡Ah, cruel madre,

quién te enseñó tal fiereza!

Dime, Roberto, ¿hay trance

de piedad más riguroso?

¿Su trato, sustento, y traje

era después como noble?

Ro.

En todo ha sido notable,

porque si antes poseía

cortés, modesto, agradable

las voluntades de todos,

después que admitió constante

la fe católica, ha sido

como engastar un diamante

en fino oro, que le acrece

más aprecio a sus quilates.

Todos le aman, y entre todos

el muy generoso padre

de sus dos amigos, luego

que supo que le quitaste

los socorros, cuidadoso,

noble, liberal, y afable,

le llevó a su casa, y dijo,

más que el tiempo, y sus anales

dura el parentesco, Jorge,

que por la fe se contrae:

como a vuestros dos amigos

os recibo, como padre,

que en la sucesión del cielo

no se distinguen las sangres:

tenéis derecho a mi amor,

y pues se obliga, dejad de

el cuidado que conviene

a vuestra persona, y dalde

la fe de hermano a mis hijos,

y en esta casa se guarde

cuanto mandareis, que es justo

que quien, en acciones grandes,

es tan señor de sí mismo,

lo sea deste homenaje.

Mostróse Jorge, señora,

al beneficio agradable,

que es política villana

por no pagar no obligarse.

Continúa con su estudio,

esto vide, y al dejarle

sentí que dejaba el alma.

Ju.

¡Oh, quién tanto bien lograse,

que el alma dejar pudiera

por dejar tantos pesares!

Qué confusiones me afligen,

qué contrarios me combaten,

entre el honor, y el amor

ambos a la ofensa iguales.

Si airada persigo a Jorge,

piadosa me encuentro madre,

Pag. 7

Ju.

¡Si aborrezco la ofensa,

la veo en mi propia sangre;

si del noble caballero

de París deseo vengarme,

me hallo obligada al socorro,

agasajo, y hospedaje

que da a Jorge, y dividida

de estas dos parcialidades

el alma, no acierta el modo

de remitir, o vengarse!

Antes bien, como esos cielos,

mar, y tierra, fuego, y aire

forman un concorde acento,

de contrarias calidades:

así la ofensa, y el amor,

en conforme maridaje,

producen un tal cariño,

que casi se hace estimable

el agravio, porque amor

más su nobleza adelante.

Ea, Roberto, al remedio,

antes que el verdugo infame

del honor (el vulgo digo),

mi cristal su aliento empañe.

Como amigo me aconseja,

y como amigo si hallares

que es sin consuelo mi pena,

que es mi mal irrefragable,

previene tanta desdicha,

saca el puñal abre, abre

este pecho, que es piedad,

cuando otro remedio falte,

no temas de encontrar vida,

que antes sacarás mil males,

que el noble muere a su vida,

luego que su afrenta nace.

Roberto.

Si rendida al sentimiento

desmaya el valor, en balde

buscas remedio a tus penas.

Julia.

¿No quieres que me acobarde

cuando conozco que es la honra

flor tan delicada, y frágil

que siempre vive marchita

si empezó una vez a ajarse?

Roberto.

El sufrimiento, y prudencia

son fuertes inexpugnables

contra la mayor fortuna.

Julia.

También temo incontrastable

la resolución de Jorge.

Roberto.

El que se rinde, es el que hace

al vencedor.

Julia.

Pues, ¿qué dices?

Roberto.

Que es mozo, y podrá mudarse.

Julia.

¿Qué fuerza habrá que le obligue?

Roberto.

Su patria, mayorazgo, y padres.

Julia.

¿Quién le dirá razón tanta?

Roberto.

La necesidad, que sabe.

Julia.

¿No dices que goza todo?

Roberto.

Es prestado, y ha de faltarle.

Julia.

Pues, ¿qué he de hacer?

Roberto.

Con amor,

que al noble es apremio grande,

has de vencer su firmeza.

Julia.

Ya en repetidos pesares

paga el alma los rigores

que usó con Jorge.

Roberto.

Informarte

debes, señora, primero

de su estado.

Julia.

Al mismo instante

haré despachar un criado,

que le busque, y que informarme

sepa de su trato, y vida.

Roberto.

Ese es el primer combate

eso conviene, señora.

Julia.

Pues vamos, que a consolarle

ansiosa empiezo la vuelta.

Roberto.

Si cuerda al remedio sales

has de aligerar la pena,

que embaraza en cualquier lance

el sentimiento al discurso.

Julia.

¿Cómo podré siendo madre?

Vanse.

Sale el Papa, y dos cardenales, y traiga una silla en que sentarse Su Santidad.

Cardenal 1.

Siempre igualmente al estado,

Beatísimo Padre, son

majestad, y obligación

una grandeza, un cuidado.

Cardenal 2.

Por eso el vulgo, que acierta

en lo que solo es vulgar,

cargos los suele llamar,

voz, que el cuidado despierta.

Papa.

Dice bien, que al recibirle

debe cualquiera con seso

medir sus fuerzas al peso

de conservarle, y regirle.

Y luego ha de concertar

la voluntad, y razón,

que corrija a la ambición,

el desvelo de acertar.

Diga dentro uno.

Dentro.

Sabré de Su Santidad

si quiere daros audiencia.

Sale Jorge Lesleo

Pag. 8

muy galán, diciendo.

Jor.

Alcanzada la licencia,

tiene mi necesidad.

Repárese mirando a su Santidad con admiración, como viéndole coronado de un resplandor que se hará para mejor representación, y diga.

Jor.

¿Qué esplendor tan peregrino

por diadema le corona?

¿qué soberana persona?

Sin duda, esplendor divino.

A otro misterio consiste,

que ya sé que a su Santidad

la divina claridad

continuamente le asiste.

Pues no pudo deslumbrarme

luz tan divina, contemplo,

que por llamarme a su templo

se mostró para alumbrarme.

Mi pretensión se confirma

de este admirable lucir,

que hallar quien viene a pedir

rostro alegre, gracia afirma.

Esta última cuarteta la vaya diciendo andando hacia donde está su Santidad, de manera que acabada se arrodille a sus pies, y prosiga.

Jor.

Padre, Padre, si merezco

ser tu hijo, en tanta gloria

da piadoso a mi consuelo

tus entrañas generosas.

Menesteroso te busco,

ansioso llego a tu sombra,

lo más, es haber llegado,

todo alcanza, quien tal logra.

Hoy es mío tan grande impulso,

a mayor respeto toca,

si a mi humildad das aliento,

verás que razón le informa.

Car. 1.

¡Qué bizarro atrevimiento!

Car. 2.

¡Qué hermosa resolución!

Car. 1.

Ya de saber la ocasión

me tiene deseoso, y atento.

Pap.

Levanta, gallardo joven,

que tu gentileza abona

tu nobleza, y libremente

di todo cuanto te importa.

Levántase.

Jor.

En la Gran Bretaña altiva,

que soberbia y desdeñosa

de ser de la Europa parte,

se dividió de la Europa.

Esta que águila se muestra

nevada, no cenizosa,

imperial con dos cabezas,

dos cuellos, y dos coronas.

La una es Ingalaterra,

la otra la ilustre Escocia,

y Aberdón que es patria mía

ciudad en esta famosa.

De dos nobles casas suyas

fabricaron una sola

mis padres, que la nobleza

se fertiliza en sí propia.

Lesleos, y Seiguias juntaron,

resplandecientes antorchas,

que lucen alimentadas

de las riquezas que gozan.

De todo nací heredero,

y todo falsa lisonja

fue para mi nacimiento,

áspid entre frescas rosas.

Porque de la misma suerte

que el veneno se sazona

en vasos más delicados,

en bebidas más sabrosas.

Así mi madre conmigo,

aun mal cruel, que piadosa,

me dio en pomas de cristal,

envuelto en néctar, ponzoña.

Tragué la secta calvina

como de acíbar pelota;

porque si uno la mascara

no es posible que la coma.

De mis delicias apenas

un lustro mi padre goza,

cuando, inexorable parca,

cortó su vida lustrosa.

No sé si el verme al morir

fue más consuelo, o congoja,

mas sé que de su cuidado

fui entonces la razón toda:

porque ordena que en pasando

de aquella risa graciosa

de la puericia sencilla,

índex que del alma informa:

me envíen luego a París,

y de sus maestros oiga

las letras humanas, que

tanto adornan la persona.

Mi madre habiendo quedado

Pag. 9

Jor.

rica, hermosa, noble y moza,

prendas que le granjearon

pasar a segundas bodas,

no olvidando las primeras,

que es común efeto en todas,

porque aquel primer cariño

se imprime en cándida hoja:

observando aquel precepto,

dos olimpiadas nota

a mi nacimiento apenas,

cuando a mi bien cuidadosa,

con criados que me sirvan,

con ayo que me recoja,

con dineros que me asistan,

y en mis mejillas su boca,

colgándome de su cuello,

y derramando copiosas

y ardientes lágrimas, dijo,

tan dulce cuanto llorosa:

«¡Ay, hijo querido mío!

¡Ay, prenda del alma sola

de aquella primera prenda

que siempre mi alma adora!

Andad con Dios a París,

vuestro padre...», y aquí corta

la razón con un sollozo,

y aquel generoso aljófar

vuelve, por salir de nuevo,

al corazón que es su concha.

«Vuestro padre es quien lo manda»,

volvió a decir, «y le importa

a vuestro ser, que sin letras

es la gentileza bronca.

Mirad que sois de alta sangre,

y que por primero os toca

esta casa, y de Aberdón

los magistrados y honras

os esperan. Id con Dios,

y por mí sola una cosa

haced inviolablemente,

que es guardar la fe profesada,

porque sin ella, hijo mío,

ningún otro bien se logra».

No pudo dar más razones,

ni yo responderle con otras

que lágrimas, y con ellas

de mis hermanos y toda

la familia me despido,

y por ser mi edad tan poca,

no ennoblecí el discurso,

o enriquecí la memoria

de noticias peregrinas,

o policías famosas

de la grande Ingalaterra;

y cual dicen, viento a popa

llegué a París, que mis dichas

me traían por la posta.

Entré en la universidad,

y entre aquella noble copia

de estudiantes, dos hermanos

con más virtudes que auroras,

o porque naturaleza

en complexión nos conforma,

o por medios elegidos,

que es lo más cierto a mis glorias,

así me entregan su afecto,

como si en su casa propia

hubiera sido mi vida

registrada hoja a hoja.

Siempre juntos al estudio,

y siempre juntos las horas

dábamos al pasatiempo,

que del estudio nos sobran.

La voluntad creció siglos,

y de gozarlos deseosa,

le enseñó a decirme: «Amigo,

es la amistad tan preciosa

que tiene asiento en el alma,

y entonces vive y mejora,

si como en cristal perfeto,

se están mirando una en otra:

la lumbre de este cristal

es la fe, y está quejosa

mi alma al verse en la vuestra

que no le volvéis su forma:

mirad, Jorge, que está herida

del sol que no causa sombras,

mi alma, y como en cristal

hiriendo su luz, provoca

de caridad esta llama,

que os llama, ruega y exhorta

que aborrezcáis los errores

que os embarazan y estorban

ser también cristal perfeto,

donde estas luces se copian:

ea, juntemos las almas,

sean por la fe una sola,

sed católico romano,

Pag. 10

Jor.

dejad los calvinos dogmas,

veréis otra alma en vuestra alma,

y nuestra amistad más obra.

Oír su razón atento,

quedar mi atención gustosa,

fue el primer paso a mi dicha,

fue dar aliento a que en otras

ocasiones repitiesen

esta piedad generosa.

Cual tierno infante que inquieto

mueve la vista dudosa

hasta que encuentra la luz,

y a su esplendor dando toda

la atención, muestra un secreto

de la razón misteriosa,

pues naturalmente ama

lo que es bueno, sin lisonja:

así estando hasta entonces

en la cárcel tenebrosa

de mi madre, salí al mundo,

y viendo esta luz, gozosa

el alma, le agrada tanto,

que inquieta busca las horas

que su hermosa luz repiten,

y de oírla se enamora

tan del alma que abrasada

su llama haciendo notoria

confesó que es su beldad

la misma hermosura sola.

Sintiéronlo mis criados,

y al instante, en breve copia,

le dieron cuenta a mi madre,

que airada juzga afrentosa

esta acción, y luego ordena

que en disuadirme se ponga

con halagos, o rigores

todo cuidado, que importa

a su honor, y no bastando,

ni me sirvan, ni socorran.

No quedé solo, ni pobre,

porque antes fue mudar pompa

en posesión de riquezas,

que no padecen carcoma.

Llegáronse mis amigos,

que no fastidia ni estorba

al virtuoso la pobreza,

antes logrero en su forma

adquiere ricos tesoros

de la caridad heroica.

Llévanme a su noble padre,

que luego conmigo abona

su ilustre ser, pues ordena,

que sin diferencia o nota,

como hijo suyo, en su casa

se cuide de mi persona.

El cual después, viendo atento

que de flores se coronan

mis hermanos, en su alegre

adolescencia, edad pronta

para entrar en la academia

general, y usanza docta

de la Nobleza de Francia,

guardando el discreto axioma,

que es leer un libro solo,

ver solo la patria propia,

les manda que se prevengan

para ver la grande Roma,

donde ellos ganen lo más,

y él su discreción pregona.

Quedé triste presumiendo

su ausencia, quedó envidiosa

el alma de empresa tanta,

cuando, como clara Aurora,

mi buen padre, a mis desmayos

los colores perfecciona:

Díjome grave y prudente,

La patria es muy licenciosa

a la juvenil nobleza,

y las virtudes se ahogan

entre delicias, que el fruto

entonces más se sazona

cuando la reja primero

la tierra fatiga, y corta,

por eso Jorge pretendo

que experimentados, conozcan

el valor de las virtudes

mis hijos, que se acrisola,

si la estimación amable

con ellas solo se compra:

La Nobleza, es cual diamante,

que labrado hace notoria

su claridad, de otra suerte

queda tan confusa, y tosca,

que es menester pregonarla

para que otro la conozca:

Al labor más primoroso

Pag. 11

Jor.

los envío, do se forja

cada esencia en su verdad,

la gran Madre, y santa Roma,

¿qué dará de mí mismo?

Mi voluntad muy quejosa

si también no os enviara

a vos Jorge, y tan gozosa

quedó el alma en sus razones,

que mucha alma, y voces pocas

fue agradecida respuesta,

que el sentimiento cuando obra

con motivos superiores

las retóricas sufoca.

Dejamos la amena Francia,

y en costumbre rigurosa

de naturaleza, vimos

fatigada, y pedregosa

la habitación de los Alpes,

y después la deliciosa,

y dulce Italia, tan grande,

que con Roma se corona.

Aquí empezamos el viaje,

aquí logramos la costa,

y si todo visto, es menor,

Roma vista, es más famosa:

Es al fin cosa del Cielo,

y del Mundo, es otra cosa,

de uno, y otro magisterio,

y por ambas milagrosa.

Navegando por su golfo,

vi una Provincia, que ahora

nuevas Indias, de alto precio

riquísimas minas brota:

codicié su gran riqueza,

y me dicen que se compra

a precio del propio ser,

la Margarita preciosa

dije, es esta que aquí he hallado

aquí mi dicha se goza,

daré por ella hasta el alma,

pues todo con ella sobra.

Quién duda en lo referido,

quién de tanto bien, ignora,

que es la Capucha, Provincia

que ha estado algún tiempo ignota.

Mis hermanos procurando

por brújula curiosa

de magníficos vestigios,

hallar en Roma otra Roma,

o ya mejorando objeto,

el auge glorioso tocan

del gobierno que admirable

es de las sagradas cosas:

tratan de volverse a Francia,

cuando una llama amorosa

bien nacida en mis entrañas,

pues lo hermoso se conforma

de partes bien ordenadas,

y ningunas proporcionan

más gracia que la Capucha,

se encendió tan vigorosa,

que negué su compañía,

que es tanta de amor la gloria,

que hasta a redimir de ingrato

tiene virtud poderosa.

Ellos la vuelta de Francia,

y yo el camino en la misma hora

de los Capuchinos, y hallo

por norte al Padre Joioca,

que por francés caballero

cuanto obligación forzosa

era verle, tanto a amarle

sus excelencias provocan.

Corrí la cortina al pecho,

y a las luces que le adornan

de ardentísimos deseos,

vido, y mostró sin demora,

mi pretensión, y su afecto,

y en su piedad corrobora

mi vocación con sus brazos,

enternecióse, y rebosa

una suavidad divina,

que la virtud se mejora

en comunicarse, y ofrece

su humildad, preciosa joya,

por empeño a mi deseo,

y armado de ella se postra

ante el Padre Provincial,

y mi intención, y persona

le propuso en relación

discreta, breve, y copiosa.

Que informado le responde,

con gravedad Religiosa,

que el logro de mi deseo

la súplica valerosa

de su ruego consiguiera,

pero que su Regla obvia

por bula sagrada el darse

su hábito, Regla, y forma

al que es abjurado hereje.

Tembló la tierra, y el Joioca

no como réplica vuelve,

que es al superior odiosa,

Pag. 12

Jor.

mas con ruego, que es hechizo

de la grandeza le implora,

que atienda al mejor sentido

de la bula, porque no obsta

contra aquel que nació hereje,

que es desgracia su deshonra,

mas contra aquellos que nacen

en la fe, o en su gloriosa

luz vivieron algún tiempo:

O razón que tanto importa,

pues aquella parda nube,

que amenazó tenebrosa,

derramó graciosa lluvia,

que conglutina, y conforta

mi cuasi disuelto polvo,

y en cielo alegre, a luz docta

de graves Padres remite

la objeción que hace dudosa

mi dicha. Y como las dichas

cuanto mayores más brotan

desconfianza de alcanzarse,

vuelto a mi posada a solas,

todo entregado al cuidado,

cuando la noche se arroja,

más despierto en su silencio,

acusando la espaciosa

vuelta del día, reparo

que el Sol no para, o reposa

para cobrar nueva vida,

pues como a tan clara escolta

no sigo atento los pasos?

Si a otra vida anhela pronto

el alma, no al torpe sueño

de las potencias ociosas:

por ventura duerme el sol!

ojeemos a su antorcha

este libro de mi vida,

sin mérito el tiempo abroma,

qué le tengo dado a Cristo

cuando tanto a manos rotas

me tiene dado? en mi patria

la posesión fastidiosa

comodidad fue dejarla,

no he experimentado que logro

más con la fe, quien más deja.

De las mundanas zozobras

no gozo libre el sosiego?

mi voluntad no es señora

de este breve imperio mío?

no, no, aquí hay tramoia,

aquí se esconde el peligro,

doblemos aquí la hoja:

¿en el teatro del mundo,

y en este grande de Roma,

sirva lo hasta aquí vivido

de exordio, aparato, y loa

a otra representación:

haga la primer persona

mi voluntad como esclava,

siga a Francisco, y su norma

en su Religión Capucha,

las dificultades rompa

la grandeza de la empresa,

en su valor se conozca

su estimación: y al instante

sentí, en pensión lastimosa,

que sin mí, dentro en mí mismo

dijo la contradictoria,

qué es esto Jorge que intentas?

¿piensas que es dejar a Escocia,

dejar tu Madre, y riquezas?

todo es nada, todo es sombra,

para la empresa a que aspiras,

si en la voluntad se cobra

el mejor ser, como quieres

entregarla a extraña forma!

y al deleite lisonjeando,

siguió con traza mañosa,

que los desaires del cuerpo

de ordinario al alma asombran.

¿podrás vestir un burel?

¿podrás vivir una choza?

cuando Palacio es tu casa,

cuando brocado tus ropas.

De este Aquilón fluctuando

entre naufragantes olas,

busco abrigo, busco puerto,

que me asegure, y me acoja,

busco aquel inmenso Nilo

que sangrado en cinco bocas,

son cinco seguros puertos,

que redimen, que reforman,

de cuantas el mundo mueve

tribulaciones penosas:

Arrodilléme a sus pies,

y con voz menesterosa,

dije Señor ante quien

son patentes cuantos forma

dibujos el corazón,

si este os agrada que hoy goza,

dadle Vos aquel principio,

que sin Vos nadie le logra,

Pag. 13

para que en la Ara del pecho

víctima os sirva dichosa.

y en suavísimo sosiego,

con un gozo que alboroza,

llegó el Santo Crucifixo

a mis ojos, pecho, y boca,

y cual solícita abeja

libé de sus cinco Rosas

aquella tierna dulzura,

que suspende, que enamora

en un sentir los sentidos,

que a las palabras no toca.

Quedé en tranquila calma,

como cuando no alborota

el viento al día más claro,

y en claro y distinto idioma

sentí una voz, que me dijo

más que de humana sonora,

no temas que tu flaqueza

será, por Dios, vigorosa,

de otro peso fue el vencer

en París las procelosas

olas del ánimo, que

son las del cuerpo aquí agora,

a Dios das el propio arbitrio,

y en razón bien se acomoda

si en su arbitrio Dios te llama

que tu arbitrio le responda.

Despierto a tan nuevo aliento,

y despierto porque Flora

al espejo del oriente,

sus flores pule, y arrebola,

salí intrépido al convento,

y hallé que estaba en discordia

aquel punto, que principio

era de mi dicha toda.

Quedé perplexo al respeto,

y del relámpago mismo

hallé senda, a luz dudosa,

remítome a juez tercero,

de tan discretas personas,

que determine, o interponga,

si la justicia lo niega,

la gracia más valedora:

e impelido de mí mismo,

desmentí veloz la sombra,

rompí el aire, subí al solio

que divino se remonta:

Alas me dieron veloces

estas voces fervorosas,

no hay Vicechristo en la tierra,

y Gran Pontífice en Roma!

Arrodíllase.

ante cuyos pies postrado,

Padre, y Juez, si es forzosa

la objeción a condenarme

a una pena tan notoria,

a detener mis intentos,

a dilatar mi deshonra,

para adolecer mi vida,

para que el alma se encoja:

Válgame Señor la gracia,

mi estéril tierra cognozca

que el rocío de tu mano

lo más áspero sazona,

lógrese en mí tu piedad,

que el desvalido pregona

en lo nada que merece

la grandeza del que le honra,

en tus plantas asegure

feliz puerto a mis zozobras,

y un principio allá tan grande

que de otra substancia informa,

pues de no ser Capuchino,

por decir cuánto me importa,

a no tener ser alguno,

no hay medio que se interponga.

Card.

El alma de su decir,

y su decir con tanta alma

me dejó el sentido en calma.

Card.

No es posible discurrir,

que embarga la admiración

en gloriosa competencia,

entre una, y otra excelencia,

quál logre más perfeción.

Levántase su Santidad, y pone la mano sobre la cabeza a Jorge.

Échale su bendición.

Pap.

Con deseo me ha dejado

para bolverle a escuchar,

¡qué gracia tan singular!

¡qué espíritu tan sagrado!

Andad hijo al Provincial,

¡O cómo obligáis a amaros,

y si reparare en daros,

(que prenda tan celestial,)

el hábito, le diréis

que yo os admito, andad contento

Dios confirme vuestro intento,

mucho Jorge a Dios devéis.

Pag. 14

Levántase Jorge.

Jor.

¡Qué acción, qué razón, qué afecto

sabrá mostrar merced tanta!

Vanse recogiendo su Santidad, y los Cardenales muy de espacio, y diciendo.

Car. 1.

Por instantes se adelanta

su mérito.

Car. 2.

En su respeto

fue conforme tanta gracia.

Pap.

Glorioso espíritu encierra.

Car. 2.

Bella flor de estéril tierra.

Car. 1.

Admirable es su eficacia.

Vanse.

Jor.

¡Ay Dios, qué me ha sucedido!

¿estoy soñando, o despierto?

mas ya conozco que es cierto,

pues que el sentido he perdido.

¡Ya voy, Religión Sagrada,

ya voy para que tus brazos

me ciñan con tres abrazos

como Madre regalada!

¡Oh, quién sincopar pudiera

estos espacios, que así,

estos instantes, sin ti

mal logrados, no perdiera!

Vase.

Sale Juana sola.

Jua.

¡Qué importuno tormento,

qué pena del dolor más asistida!

parte del sentimiento,

del rigor, algo, con que está oprimida,

la queja no remite,

¿qué hará mi mal, pues quejas no permite?

¿A quién le falta el aire,

que a la vida le quede algún recurso?

Si en extraño desaire,

naturaleza no hace extraño curso,

como en mi mal se advierte,

que sobra vida, porque sobra muerte.

¿Cómo podré de un hijo

dar justa queja, que no sea injusta?

¿Quién del fuero prolijo

de la honra, con quejas honra ajusta?

no muera pues mi pena

la que el tormento a vida me condena.

Regulando los pasos

estoy de Draque, que a ver Jorge ha ido,

y cuando de estos lazos

no afloje el corazón tan oprimido,

lisonja en sus rigores,

es no temer que puedan ser mayores.

Sale Beatriz criada.

Be.

Señora, señora, Draque.

Sale Draque lacaio de camino con botas, y espuelas.

Dr.

Aquí le tienes contento

de besar tus pies, indignos

de que se vistan de cuero.

Ju.

Seas Draque bien venido,

dame cuenta, dime presto,

Pag. 15

¿Jorge?

Dr.

Eso, Señora,

es cuenta que pide un cuento.

Ju.

No le des más pena al alma.

Dr.

Aunque criado, mi intento

fue siempre criado a tu gusto.

Be.

Viene usted tan forastero,

señor Draque, que aun el modo

del bienvenido no acierto.

Dr.

Esto de ausencia, Beatriz,

enseña más que Galeno

a ver la orina de amor.

Be.

Eso es decir por rodeos

que viene usted muy francés.

Dr.

Algo más a lo moderno,

no tan fácil, ni mudable.

Be.

En nuestro lenguaje hablemos,

¿qué me traes de París?

Dr.

Relojitos, espejuelos,

trompas, pitos, cascabeles.

Ju.

¿Qué haces, Draque?

Dr.

Sacudiendo

todas estas sabandijas,

por poder hablar en seso.

Ju.

Ya de escucharte impaciente

me tienes.

Dr.

Ya te obedezco.

Dilatar tu deseo

fuera en mi obligación, ingrato empleo,

exordiar preámbulos sería

alentarme de vana fantasía,

referirte el camino

aun más que todo junto desatino,

y del discreto haciendo,

me hallo dentro en París, que es voz de estruendo.

Todos sus templos registró mi vista

por ver a Jorge, que como es papista,

cada uno ha de buscarse

adonde en su ejercicio pueda hallarse;

mas aunque Jorge en ellos estuviera,

tienen tanto que ver, que no le viera.

Busco sus dos amigos,

y para hallarlos, hallo mil testigos,

que aunque la multitud confusión crece,

el noble donde está, luego parece.

Apenas digo que soy tu criado,

cuando hallo prevenido su cuidado,

y en su casa me hospedan tan de hecho,

que pues no soy papista, nada he hecho.

Pag. 16

Pregunto por mi Amo,

y no se cala tórtola al reclamo

del arrullo querido,

como ellos tan luego a mi gemido,

dando en sus ojos señas cristalinas,

que son de un pecho amante las más finas.

Y después de tan altos contrapuntos,

me refirieron, como todos juntos

por ver del mundo los diversos modos,

fueron a Roma donde se hallan todos.

Y viendo su deseo avergonzado,

de no haber parecido su cuidado

tan altas maravillas,

como en Roma admiraron, por decillas,

volverse a Francia tratan,

y cuando a Jorge su intención relatan,

les dijo que quería

quedarse en Roma, y que no sería

su amistad menos firme,

antes la ausencia su blasón confirme.

Al fin Jorge quedando,

y ellos de Jorge siempre platicando,

multiplican jornadas,

con gusto igual, y igual, todas cansadas,

y por venir de espacio, en el camino

supieron cómo Jorge es capuchino.

Gua.

¿Capuchino, qué dices?

Dr.

Sí señora.

Gua.

¿Que es capuchino?

Dr.

Yo lo diré agora.

Gu.

El alma reconoce un grave efeto,

temblando estoy, di Draque.

Dr.

El respeto

de aumentarte la pena me reporta.

Gu.

Como sea afligirme poco importa.

Sale Henrique galán, hermano de Jorge.

Hen.

Ha venido Draque, y vengo

saber de mi hermano nuevas:

Madre y Señora.

Gu.

Hijo Henrique,

sabrás qué es esto que sea

ser capuchino?

Hen.

¿Qué causa,

con voz tan extraña, y nueva,

te hace reparo?

Gu.

Es que Jorge

fue a Roma, y en Roma queda

hecho capuchino, y es tanto

lo que el corazón se altera,

que deseando saberlo,

de saberlo se recela.

He.

Sin que conozca el daño,

ningún daño se remedia,

di Draque qué es capuchino?

Dr.

No es muy fácil aunque quiera.

He.

Pues qué razón te embaraza?

Pag. 17

Dr.

¿Quieres que pinte una idea

que en mis potencias no cabe?

Bea.

¿Has visto cómo se encrespa?

Dr.

Aprendí en Francia a ser gallo,

¿no ves cómo traigo espuelas?

ya Beatriz es otro tiempo.

Be.

A todo tenemos tretas.

Dr.

Y todas son tretas falsas.

He.

¿Qué dices?

Dr.

Impertinencias

de Beatriz que divertido

no ha tenido contingencia

con tu mano, está mi boca,

ni ha hecho como debiera

lo que mandas.

He.

Ea acaba.

Dr.

Tu admiración se prevenga.

Saliéndome una tarde

a dar en Francia de mi gala alarde,

que bien puede un lacayo,

de extraña primavera, hacerse un mayo,

y viendo una rencilla

entre un jazmín, y entre una maravilla,

que hacían dos francesas

esgrimiendo por armas dos bellezas,

árbitro de sus flores

me entremetí a sentenciar primores:

cuál un tajo rasgado,

cuál otra un vertical, sin más cuidado

que un descuido en sus ojos.

Yo que usaba en París también antojos,

turbado, no miraba

que el golpe cada cual, en mí, empleaba,

con ardid tan extraño, y tan tirano

que al tirar de la piedra, dan la mano.

Y estando en este trance,

aventurero de más nuevo lance,

me empeñan, no te asombres,

dos bultos, dos fantasmas, o dos hombres,

que en traje, y compostura,

para cualquier juicio dan figura.

Junto a mi lado pasan,

y de tal suerte todo me traspasan,

que de verlos, mis flores

me parecen abrojos, y rigores,

Pag. 18

Dr.

y causó tal mudanza su presencia,

que se olvidó del todo la pendencia.

Dos sacos pardos traen por vestidos

ceñidos de una cuerda, y más ceñidos

por su mucha estrecheza,

y del mismo burel en la cabeza

largo capucho, y tan desaliñado,

que para un desaliño, es extremado,

en los hombros se cierra

y como sea de color de tierra,

parecían sus rostros escondidos,

que de dos brutos ceños son ceñidos.

Dentro de esta aspereza,

vieras una espesísima maleza,

que en sus rostros hacían

intonsas barbas, y que parecían

cual dijo el cordobés, tarde, o en vano

surcada, aun de los dedos de su mano,

Sus ojos quebrantaban

hacia así mismo, y solo así miraban,

que en globo humano, es perfección si adentro

corren las líneas de la vista al centro:

No juzgo de colores,

que en no tenerlas, muestran más primores,

que prontos de esta suerte,

al colorido están de vida, y muerte:

Los pies descalzos traen,

y las manos de todo las retraen,

en dos cruzados lazos,

con que sellan sus pechos, sus dos brazos.

De esta forma robusta,

de esta política, a la vista adusta,

de este agregado a nada,

de esta composición que desagrada,

vieras un raro efecto,

una clara señal de un gran secreto,

que agrada el desaliño,

la pobreza, es cariño,

dulzura, la aspereza,

y entre aquella tristeza,

(no sé cómo lo diga) una alegría,

que todo aquello junto desmentía.

Coge mi admiración un francés diestro,

y de lección tan alta hecho maestro,

me dijo: nada miras,

Pag. 19

¡La sombra nomás, es lo que admiras,

esto es solo un retrato

de aquel original, que obra su trato,

repara con cuidado,

cuál lo vivo será, si esto es pintado,

y abreviando el modo,

son Capuchinos, con que dijo todo.

Apenas pronunciada

fue la voz para mí tan deseada,

cuando entendiendo que era

mi Amo alguno, el premio a mi carrera,

más que si el rojo palio allí ganara

fuera aquel pardo palio, si le hallara.

JU.

Basta Draque, poco a poco,

que de tal suerte atropellas

las razones de sentir,

que se embarazan las penas.

Deja que cada una logre

su ejercicio, y al alma deja

que pueda darse también

toda junta a cualquier de ellas.

Que es tan otra mi razón,

que la mayor pena aumenta

mucha más alma al sentir,

que logre la otra que llega.

Jorge tan humilde, y pobre,

Jorge vestido de jerga?

Jorge en su ultraje, y desaliño,

¿Jorge es mi hijo? ah fuerza

de la sangre poderosa,

que así obligas, que así empeñas

al sufrir, al emprender

con porfiada competencia.

Negarse al sentir si es justo,

es cobarde negligencia,

y rendirse al sentimiento

es del ánimo pobreza.

Sea pues papista Jorge,

esta parte al sentir quepa,

mas no sea Capuchino,

que desdice a su nobleza.

Aquí del mismo desmayo

cobren aliento las fuerzas,

como Animal generoso,

que su sangre le despierta.

Ea, mi Henrique, a tu industria

encarga esta grande empresa

tu honra, y tu triste Madre

esta obliga, a aquella empeña.

Luego al punto, que en tal caso,

cualquier dilación es mengua,

has de partir para Italia,

busca a Jorge, si la Tierra,

la Mar, el Cielo, el Abismo,

la industria, el poder, la fuerza,

para mi dolor, se ocultan,

para mi agravio, se encierran.

HE.

Cuando tus mismas pasiones

tan mías propias no fueran,

como a tan tierno dolor

negarme noble pudiera,

ya conforme a tu deseo,

da mi voluntad espuelas

tu gusto, es solo mi gusto,

y tu arbitrio, mi obediencia.

JU.

¡Ay hijo que me enterneces,

pues piadoso el cielo ordena

lo que desmerece un hijo,

que así otro hijo lo merezca.

Sea dichosa en tu parto,

pues Jorge tanto me cuesta,

y si lo ignoras, atiende

para que mejor lo entiendas.

Ya cuento a Jorge perdido,

y de ti la propia cuenta

hago también, si tú no haces

que Jorge contigo venga:

No me tengas más por madre,

no me escribas, no me veas,

no sepas si el sol me alumbra,

o me sustenta la Tierra:

entiende que soy una furia,

una rabia, una fiera,

Pag. 20

JU.

que por faltarle los hijos

a las fuentes, troncos, peñas,

a la tierra, al aire, al cielo,

a los montes, valles, selvas

enturbia, ofende, quebranta,

escarba, atruena, blasfema,

humilla, espanta, maltrata

con su dolor, con sus quejas.

Dr.

Ya caminando va Draque

a servirte.

Ju.

No es pequeña

la razón con que me obligas,

ni será la recompensa

que mereceres.

Dr.

Señora,

tal vez aunque envuelta en flema,

cual chocolate de leche,

mi cólera arde y revienta,

y esto de ser capuchino

me ha enojado porque suena

en toscano a pequeñino,

y tanto menos sintiera

si mi amo un capuchazo

fuese, que la voz dijera

empresa de cavallero.

Ju.

Todo publica mi ofensa.

He.

Oy a Aberdon dejaremos.

Dr.

Parece que algo te pesa,

mira señor que no gasta

tanta nieve las francesas.

He.

Algo le cuesta al cuidado

Be.

Y a usted señor qué le cuenta

Dr.

Soy mui lindo para el galanteo.

Be.

Linda ocasión una ausencia

para tratar de donaires,

así obligas mi firmeza.

Dr.

Los que son cuerdos, Beatriz,

al instante que se ausentan,

como en la muerte conocen

que otros sus bienes heredan.

Ju.

Ea, Henrique, ve con Dios,

y todo bien te suceda,

busca a Jorge, y si le hallas

ojalá que yo le viera,

dile, si no tiene madre,

dile que su madre queda

triste, afligida, llorosa,

que no es posible que crea

que naciera tal crueldad

de sus entrañas tan tiernas,

que vuelva a Aberdon contigo,

que sea mui enhorabuena

papista, que no tendrá

para dejarlo violencia;

que si en quitarle el socorro

le he ofendido, que a esta cuenta

reciba tantos pesares,

reciba esta diligencia:

como truequa sus blasones

tan nobles, y sus riquezas,

por hábito que se forma

de un buriel, y de una cuerda;

como un generoso aliento,

que en dar su naturaleza

consiste, oy se acomoda

a pedir de puerta en puerta,

y como hijo, y como hermano

le dirás lo que no acierta

mi dolor a referirte,

y de mi mano, y mi letra

le llevarás una carta

que entro a escrivir.

He.

Quién pudiera

asegurarte el deseo,

como te aseguro, en prenda

de tu hijo, hacer con Jorge

cuanto de mi parte pueda

para traherle.

Ju.

Ese plazo

queda a mi vida.

He.

No temas

que a tu voluntad se niegue.

Ju.

Mucho fío en tu presencia:

haz que deje luego al punto

de ser capuchino.

He.

Alienta

tu dolor tanto al remedio,

que aun los fueros de la ausencia

se recatan del cariño.

Ju.

No fuera la mía mesma

tu sangre, si en este lance

de otra suerte procediera,

y más si en una acción misma

los dos ánimos se emplean,

nunca se divide el alma,

ambos se van, y ambos quedan;

a escrivir voy.

He.

En mi gracia

el cielo piadoso quiera,

Pag. 21

He.

que logres tanto cuidado.

JUANA.

Plega a Dios, y luego muera.

¡Ay, Jorge, cuánto me debes

pues que en otro hijo me empeñas!

Vase.

BEATRIZ.

Adiós, Draque. ¿Y lo dicho?

DRAQUE.

Es chanza, que soy un Etna.

Vase Beatriz.

HERNANDO.

Vamos, Draque, porque todo

con brevedad se prevenga.

DRAQUE.

Para mí todo está hecho

estando la bota llena.

Vanse.

Sale Jorge con hábito capuchino, llamándose fray Archángelo, y el guardián de Camerino.

GUARDIÁN.

Fray Archángelo, la ciencia

que reduce a perfección

nuestra santa religión,

es la humildad y obediencia.

Como madre, la humildad

a obedecer nos enseña,

y la obediencia es la seña

de la humilde claridad.

A estas dos siempre se arriman

otras dos, de grande altura:

Caridad y fortaleza,

que a un mismo objeto convienen.

Son cuatro Ríos que al alma

hacen un Paraíso hermoso

adonde el Divino Esposo

se recrea en dulce calma.

Por sus márgenes gloriosas

florecen de mil en mil

virtudes, más que el abril

produce hojas y rosas.

Para su mayor firmeza

se hace circunvalación

nuestra Regla y Profesión,

que es celestial fortaleza.

Ni le falta a este Jardín

Serafín, que el paso guarde,

que a su guardia haciendo alarde

es Francisco el Serafín.

Para tanta perfección

dar al alma el beneficio

es la labor y ejercicio

de fervorosa oración.

ARCHÁNGELO.

Vuestro farol asegura,

Padre, si a seguirle acierto,

que haréis con divino acierto

grangear grados de altura;

pues de suerte navegáis,

que, más propiamente vuelo,

adquiriendo mucho cielo,

mucho piélago dejáis.

Y así, en piadosa atención,

a mi pequeñez le ha dado,

Padre, Maestro, y Prelado

en vos nuestra Religión.

Para que esta inútil planta,

siendo por vos cultivada,

hoy deba verse plantada

en jardín de gloria tanta.

GUARDIÁN.

Pues, hijo, una sola flor,

aunque olorosa y agradable,

más suavidad, más amable

se hace entre otras su primor.

Un ramillete conciertan

las virtudes como flores,

que juntas, a sus olores,

unas a otras se despiertan.

Un ramillete en vos veo,

Archángelo, en perfección;

haced, hijo, a mi razón

discreta, con vuestro empleo.

ARCHÁNGELO.

Hierba humilde, inútil suelo,

que por flores lleva espinas,

¿qué gracias tendrá divinas

que den olores al cielo?

Antes, Padre, esta maleza

es embarazo a lo hermoso.

GUARDIÁN.

Para ser buen Religioso,

por esa humildad se empieza.

ARCHÁNGELO.

Ser Religioso deseo,

y para poderlo ser,

Argos seré siempre en ver

vuestras obras.

GUARDIÁN.

Ya me veo

como prelado obligado

a deciros lo que haréis;

no, hijo, no me imitéis,

atended como a prelado.

Observad sencillamente

Pag. 22

GUARDIÁN.

nuestra Regla, y a su querer

estar siempre a obedecer

es obrar continuamente.

Pues la especulación

de las virtudes es tanta,

que el que en ellas se adelanta

es más corto en su lección.

Aprended en la enseñanza

de la práctica, imitando

al que os enseñare obrando,

que es lección que más alcanza.

De cada cual con desvelo,

la flor de más suavidad

coged, y de ellas formad

ramillete para el cielo.

Y haréis también de provecho,

que en la imitada virtud,

dará la similitud

un lazo de amor estrecho.

Que en semejanza es preciso

que amor se venga a engendrar,

que al instante supo amar

que vio su imagen Narciso.

y ese discreto Amador,

por quien tanto el hombre

se vio a su semejanza clara,

para obligarse a su amor.

En ministerios de casa

sed grato en la ocupación,

que servirlos es la acción

donde la virtud se enlaza.

No embaraza el ejercicio

dando a Dios el corazón,

antes, sin esta atención

la soledad es bullicio.

Es Religión militar

Archángelo, donde bien

el que mejor sirve, es quien

más pagas viene a ganar.

Ar.

Cuando, Padre, me alisté,

adelantadas allí

tantas pagas recibí,

que servirlas no podré.

Que fue ver su santidad

todo en mi gracia ocupado,

que fue nuestro gran Prelado

con tan profunda humildad,

confesando por gran culpa

no haberme antes admitido,

postrarse al perdón rendido

todo al ruego, y a la disculpa.

Haga como una portería de convento Capuchino, toquen llamando, y salga un Religioso portero.

Por.

Fray Archángelo, llama

para hablarle un caballero,

que parece forastero.

Sale por la misma portería Henrique, y Draque de camino.

He.

Ya siente el pecho la llama

de la sangre.

Dr.

Yo estoy de hielo.

Gu.

Id fray Archángelo.

Vase el guardián, y vienen andando para donde está Henrique, el Religioso portero, y fray Archángelo.

He.

En todo

muestra el convento un tal modo

que acusa el vano desvelo.

Por.

Ya tiene Vueseñoría

a fray Archángelo aquí.

Vase el portero.

He.

¿Qué veo?

Dr.

No en balde así

se ha vuelto mi sangre fría.

He.

Permitid de mi atención

que atento todo a miraros

pueda agora por mi hablaros

esta carta, y en su razón

cuál es, y quién yo soy

hallaréis con claridad.

Ar.

Gracias por la caridad

a Vueseñoría doy:

lleváresela al Prelado

para que luego la vea.

He.

¿La carta aquí otro la lea?

Ar.

Es estatuto acertado,

que es la común voluntad,

y sin ella, no hay acción.

He.

Oigo con admiración

Pag. 23

He.

y alabo tanta igualdad,

que en voluntad tan unida

virtud no puede faltar,

(ya no es posible callar)

primero os daré leída

la carta, que alegre en suma

es de nuestra madre, y quien

goza en veros tanto bien,

es vuestro hermano.

Ar.

Presuma

dichoso aliento el consuelo

pues siendo mi madre viva

espero en Dios que reciba

la luz que encamina al cielo.

He.

Lo mismo que veo, dudo,

vencer la porción humana

es con virtud soberana:

¿qué hermano, y madre no pudo

al estruendo natural

estremecer la color?

En vuestros brazos mi amor

de hermano halle amor igual,

y el precio de esta jornada

a mi madre agradeced.

Ar.

Dios pague tanta merced,

que yo por mí no puedo nada.

Dr.

Jorge, Arcángelo, señor,

Draque, que te vio lampiño

vestir más blanca que armiño

la holanda de más primor.

Si con el traje, y cuidado

no te olvidas, deja apenas

besar de tus pies las venas

correas de tu calzado.

Ar.

No, Draque, levanta, que

la crianza no se olvida.

Dr.

Cuéntame señor tu vida

deja verte, que juzgué

cuando capuchinos vi

sin comida, ni bebida

por cosa de la otra vida.

He.

Mucho traigo para ti

de mi madre.

Ar.

Su memoria

más me obliga.

He.

En su deseo

te llama.

Ar.

Dichoso empleo

si a Dios de ambos doy la gloria.

Vuelve a salir el Guardián.

Gu.

(He sabido que es hermano

de fray Arcángelo, y vengo

con la obligación que tengo

a hospedarle.) Cuánto gano

de ver a Vuestra Señoría

en este claustro, quisiera

que generoso admitiera

nuestro agasajo, y hallaría,

se conforme a su grandeza,

no magnífico aparato,

pronto afecto, quieto trato,

blanda voz, sencilla mesa;

esto señor ofrecemos,

que alivio corto al camino

sea, en tanto en Camerino

un devoto procuremos

que con su casa, y cuidado

supla nuestra cortedad.

Dr.

(Comer dijo, en verdad

que es un capuchino honrado).

He.

Ya se avergüenza la culpa

contra Jorge, y haber logrado

ver a mi hermano obligado

de mi madre, que en disculpa

de su repetida ausencia

desea verle, fue bastante

premio al término distante

que traje, y Vuestra Reverencia

os le ufana con más gloria,

y en mi obedecer es llano

siendo de Arcángelo hermano.

Gu.

Bien resplandece notoria

vuestra nobleza.

He.

Esta acción

tiene más de interesada

porque la gracia estimada

se trueca en obligación:

y así agradecido aquí

es grangear un interés

con que mi hermano después

gane licencia por mí.

Gu.

Esa instancia tan galana

es bien lograr su primor,

que marchitar una flor

es de condición villana:

que después, confío en Dios,

que hará con su gran poder,

Jornada segunda

Pag. 24

Gu.

conformes en un querer

a mí, a Archangelo, favor.

Y así quede este cuidado

por cuenta de su bondad.

Fray.

Archangelo, mirad

para huésped tan honrado

lo que se halla en el convento.

Ar.

En todo, Padre, sois padre.

Gu.

La religión, nuestra Madre,

nos dará de su sustento.

Vamos, porque descanséis.

He.

Gusto causa obedecerle.

Gu.

Hoy sí que me alegra el verle.

Ar.

¡Ay, mi Dios, cuánto podéis!

Vanse todos tres, y queda solo Draque.

Dr.

Entrose mi amo, y por Dios,

tan bien hallado, que temo

que ha de llevar para Escocia

más barba, y menos sombrero.

Si se fuere, sin llevarse

a su hermano, a este intento,

no le dirán que se vuelve

trasquilado por lo menos.

¿Qué hará Draque en este lance?

¡Por Dios que es mucho el silencio!

Y en quitándome el hablar,

me pueden contar por muerto.

Poco ruido hay para huéspedes,

no oigo almirez, ni mortero,

sin duda que por ensalmo

se come en este convento.

Al fin, es forzoso entrar,

y en entrando no hay dos dedos

para Capuchino, aun bien

que ahorraré lo que más temo.

Razón es que tema un hombre

sacar a plaza su ingenio,

donde, viéndose con muchos,

huye el cobarde más presto;

el presumido ignorante

acuchilla con el gusto;

y el rígido entendido

mata de puro grosero.

El Zoilo todo lo sabe,

y es un zurdo, zambo, y tuerto.

Yo, mas, pues con esta cara

hago papel de grajo.

¡Volviendo a mis temores,

sin acaso, ni denuedo,

es peligro muy civil

dar la garganta a un barbero!

Es más que hacer amistades,

es más que prestar dineros.

¡Bien hayan los Capuchinos

que sin pasar estos riesgos,

gozan intangentes barbas,

ni hacen que el bárbaro estruendo

del mostacho, siendo un turco,

se oiga español halagüeño!

Pues esta puerta me agrada

no hay que detener, ya me entro,

Calvino, quédate afuera,

que este no es lugar de enredos.

Vase.

Fin de la Primera Jornada.

Jornada Segunda,

Sale el Duque de Urbino, y un Criado.

Cri.

Eternice la memoria

de Vuestra Excelencia este día.

Duq.

Para mí fue día de gloria,

que es celestial alegría

darle a Dios una victoria.

Admirable el Escocés

se ha visto en su conversión.

Cr.

Y Vuestra Excelencia en la acción

de celebrarla.

Du.

Todo es

poco en tan grande razón.

A un caballero Calvino,

católico caballero

hacerle, es modo divino.

Cr.

Fue gran triunfo, y peregrino.

Du.

Todo en Dios lo considero.

Sale Henrique, y Draque.

Dr.

Señor, ¿cómo te has hallado

con mudar de Religión?

He.

Solo me causa aflicción

de no haber antes llegado

luego a este uso de razón.

Pag. 25

Mírense el Duque, y Enrique, y háganse cortesía.

Duque.

Mil gracias os debo, sí,

señor Enrique, pues vos

me dais tanta gloria a mí,

de ver que buscando os Dios,

a hallar os viniese aquí.

Y así en la estimación

de tan preciso alborozo,

a mi pecho le es forzoso

detener el corazón,

porque no salga de gozo.

Enrique.

Glorioso Duque de Urbino,

corona de aquella planta,

que cada rama es un héroe,

siendo infinitas las ramas.

De la Rovere lumbrera,

que en el gran cielo de Italia,

de su zodiaco es una

de sus estrelladas casas.

Vos que el veneno, al ocio,

y al trabajo, la atriaca,

buscáis entre las virtudes

animantes, y animadas.

Dándoos todo al empleo

de voces desengañadas

que así persuaden mudas,

como aconsejan sabias.

Juntando a este fin más tomos

que allá celebra la fama

del Egipcio coronado,

que mensuró las distancias.

Consiguiendo, no una gloria,

dos sí, porque se reparta

por premio proporcionado

de quien goza otras dos almas.

Que las urbanas virtudes,

es otro género de alma

que vive resplandeciente,

eterna en la gloria humana.

De ambas animado os veo,

lo que mi caudal no alcanza,

que lo que dos almas merecen,

una alma sola no paga.

Pues siendo apenas llegado

a aquella celeste estancia,

breve compendio que suma

millones de cifras claras.

Allí, entre aquellos sayales

vuestra púrpura bizarra

vi entrar, tan señor, tan luego,

tan humano, y con palabras

tan de príncipe, al prelado

decir, por lo que a esta casa,

y a fray Arcángelo estimo,

Padre Guardián, muy de gracia

os vengo a pedir un huésped,

que al convento esta mañana

llegó, que para hospedarle

ya sé quién es, que esto basta.

Traxístesme a este palacio,

y en lo privado, y en la plaza

parece que estamos juntos

entrambos de camarada.

¿Quién alienta estas acciones,

quién anima estas hazañas,

quién gobierna estas proezas,

y quién reparte estas gracias?

Es alma que eterna vive

de un aura siempre en otra,

en estimación gloriosa aura

como traída en las palmas.

Y de la otra alma tratando,

que asiste en porción más alta,

me distes a Dios. ¡Ay Dios!

quién aquí de ti alcanzara

un término soberano,

una fecunda elegancia,

un concepto comprehensivo,

una voz sonora, y clara

para decir los afectos,

para exponer las palabras,

para cifrar la razón,

para dar la consonancia,

con que glorioso imitando

a Dios en la semejanza.

Vuestro aliento me inspiró

un espíritu, una alma

con que gozo alegre vida,

con que veo, que esto basta,

que hasta aquí, no viendo a Dios,

no vía, aunque más miraba.

Pag. 26

Duque.

Bueno está, señor Henrique,

no rubriquéis en mi cara

con púrpura, tanto logro

para pagar la posada.

A quien sois este palacio

es deuda, y deuda cara

a mi Arcángelo, y no es sobra

para dos deudas, dos almas.

En vuestra nobleza estimo

teneros por camarada,

y Fray Arcángelo es quien

de Dios vuestra gracia alcanza.

A su virtud tiene asida

la voluntad sacrosanta,

que para Dios, es más gloria

rendirla que ejecutarla.

Doctor.

Aquí agora entiendo aquello

de allá, cuando a Roma vayas,

porque hablar tanto de Dios

sin duda es de Italia usanza.

Henrique.

Magnánima la grandeza,

en la merced se adelanta,

retirando más su aprecio

cuando se trata la paga.

Donde se halló satisfecho,

allí el beneficio acaba,

que al juego del generoso

se pierde empatando bazas.

Filosofía que mira,

si política, tan alta,

que la aprendió Vuestra Excelencia

viéndola en Dios practicada.

Duque.

Ea, señor, yo me rindo

como no le quitéis nada

de mérito a vuestro hermano.

Henrique.

Bien conozco que a sus ansias,

a su ruego, a su consejo,

a su fervorosa instancia,

a su oración, y vigilias,

reconocí la falacia

que embargaba mi razón,

y obediente a lo que manda

Vuestra Excelencia, con su gusto,

diré una circunstancia

de cuya luz refulgente

sentí al instante la llama,

que por primera merece,

y aun debe no ser callada:

Cuando tan presto al convento

fue, por hacerme honra tanta

Vuestra Excelencia, admiré luego,

y miré por cosa rara,

ver con más estimación,

que a la rica, y ducal gala,

a un sayal remendado,

pues con devota elegancia

tan cariñoso al respeto,

con vivo afecto mostraba

que bien la mayor grandeza

por aquel sayal trocara:

Gran Príncipe, esta acción vuestra

hizo la primer llamada

a mi rebelde castillo,

y fue de tanta eficacia,

que a golpes el corazón

de mi pecho haciendo caja

publicó guerra al engaño,

que así tanto es de importancia

ver los señores, los grandes,

los Príncipes, y Monarcas

dar culto, dar reverencia

a las personas sagradas.

Doctor.

Señor, bajemos el punto

porque tenga consonancia

para entrar mi punto llano.

Duque.

Cuando en los criados se halla

cual de su amo el mismo afecto

entonces su canto agrada,

tú no quieres ser Romano.

Doctor.

Bueno fuera que empinara

a Vuestra Excelencia en más costa,

cuando la mano enseñada

de su liberal grandeza,

por nuevo triunfo señala

la solemnidad gloriosa,

de la pompa última raya,

apadrinando a mi amo.

Henrique.

Señor, primero salga

a su gran pirata Draque,

Pag. 27

DRAQUE.

con las aguas, que bañan

por el Antartico Polo

a las Indias las espaldas:

lleve desde Thile, a Chile,

en lugar de drogas, armas,

que jase que son en las Indias

estimados los piratas:

y despues que a sudor de otros

traiga de Monte de plata,

de sus intricadas venas,

la dulce leche quajada,

trataremos de otra cosa.

HENRIQUE.

Y dejar para mañana

lo que mas importa es bueno?

DRAQUE.

Aun no sales de la cascara

y ya empiezas a predicar?

DUQUE.

De vuestra vuelta, y jornada,

Señor Henrique, a Escocia,

decidme lo que se trata.

HENRIQUE.

Ha consultado mi hermano

al Prelado, y oy aguarda

su parecer porque en todo

se siga, y luego alcansada

su direción, solo queda

de Vuestra Excelencia la gracia

intercediendo el cuidado

de mi madre.

DUQUE.

Justa causa

sera el dolor de no veros,

porque la señora Juana

redima algo de su pena.

HENRIQUE.

Pues voy señor se os agrada

al convento.

DUQUE.

Andad con Dios,

porque poco a poco vaya

la razon de despediros

abriendo al sentir la sanja.

Vanse por una parte el Duque, y criado, y por otra Henrique, y Draque, con cortesia.

Sale fray Arcangelo solo.

FRAY ARCANGELO.

Que gracias sabre darte, Jesus mio.

Si aun alcansar no se cuanto te debo,

Excede tu Piedad, a mi alvedrio,

mas me retiro, cuando mas me atrevo,

mi propia obligacion, es mi desvio,

no oso a decir, lo que a decirte llevo

cuando viendome a mi, y a tu grandeza,

tan honrada por ti, veo mi bajeza.

Que gracias? aun favor tan soberano,

Que paga? a obligacion continuada,

cuando caído, me alcanzó tu mano,

cuando me abrigas, de la Osa elada,

basta, basta mi Dios, mira que es vano,

que tu des tanto, a quien no te da nada,

o enseñame Señor como obligarte,

para pagarte no, para agradarte.

Si a tanta paga, mi pobreza es suma

mi valor sea, lo que te he costado,

piadoso asi, no pierdas tanta suma,

pues prodigo, por nada tanto has dado,

Pag. 28

FRAY ARCANGELO.

de este término deja que presuma

privilegios de fino enamorado,

que hablando con amor, es cosa cierta,

que mejor habla, el que hablar no acierta.

Asegurado así quede mi empeño,

se de ti mismo tu Señor te obligas,

no me acobarde mi caudal pequeño,

pues a ti no te cansan mis fatigas,

temiera, si pudiera, el desempeño,

como a quien de tu cuenta desobligas,

mas ay mi Dios, que todo te me has dado,

para que dándote yo, quedes pagado.

Sale por otra puerta Henrique solo.

Henrique.

Quién de un piélago oscuro, y tempestuoso,

con frágil leño, feliz puerto goza!

quién por rumbo contrario, y naufragoso

jamás logró navegación gloriosa!

quién surcando al ocaso tenebroso

le sale enfrente la luciente Rosa!

Milagro es todo, y todo en mí se ha visto,

que así tanto hace, por una alma Cristo.

Cual otro Saulo, de la Escocia helada,

helado al bien, e intrépido al engaño,

sangriento lobo, en la fiel manada,

salí a ejecutar rabioso daño,

sacar a una ovejuela regalada

del más caro redil, mejor rebaño,

fratricida cruel, mas quién pensara,

que en tal camino tanto bien se hallara.

Despierto de letargo así engañoso,

con vida al alma, y vida en los sentidos,

Pablo dichoso, al esplendor glorioso

de una voz, que se entró por mis oídos,

ni en ellos, ni en los ojos, los que gozo

bienes, ni en corazón caben crecidos,

porque la fe enseña mil caminos

de altos misterios, raptos peregrinos.

Ya he dejado el caballo que preñado

trajo de horror mi loca fantasía,

y humilde tierra, en la tierra echado,

Pag. 29

respiro alegre, a la luz del día:

siempre a favor mi Dios tan señalado,

se halle en vuestra presencia mi alegría,

mil veces os bendigo, y otras tantas

haced Señor, que siga vuestras plantas.

Míranse los dos hermanos, y vanse el uno para el otro.

Arcángelo.

Henrique, Señor, Amigo,

todo en mi contento cabe,

hermano, hermano del alma,

que es más, que no de la sangre.

Como tan otro te veo,

no sé cómo debo hablarte,

estás muy hermoso Henrique,

deja, deja que te abrace.

Deja que mis brazos gocen

de esa candidez, que sale

más que el aseado armiño,

más que la nieve en los Alpes.

¡Qué bien! pues sales agora

de aquellas manos que saben

sacar de una humilde hiedra

un lirio blanco, y suave

que gozan mis ojos ver.

¿Católico?

Henrique.

Padre, Padre,

que pues me engendras de nuevo

no es bien que hermano te llame.

Hermosa forma me has dado,

tal ser me comunicaste,

que ignorando lo caduco,

vivo inmortal, y constante.

¿Qué obligaciones apuestas

con las mías? que remates

más dificultan la paga.

Solo puedo con llamarte

padre, que es nombre que obliga,

obligando satisface.

Porque pretendes mis brazos,

cuando a tus pies debo echarme,

respeta que solo en Dios

se halla que hijo, al Padre iguale.

Dame el lugar que me toca.

Va a arrodillarse, y detiénele Arcángelo, como que se arrodilla también.

Arcángelo.

¡Oh hermano, que es afrentarme,

que estás más noble por gracia,

yo soy quien debe humillarse,

yo soy quien respetos debe.

Henrique.

Por rendirme, y porque ganes

quiero rendirte mis brazos.

Arcángelo.

A tan divino lenguaje,

deja que en lazos estrechos

me obligue, cuando no pague.

Danse los brazos, y dicen.

Henrique.

¡Qué suavidad!

Arcángelo.

¡Qué dulzura!

Henrique.

¡Qué lisonja al alma le haces!

Arcángelo.

¡Qué suspensión tan divina

causa, mi Henrique, el mirarte!

Henrique.

¡Qué dicha!

Arcángelo.

¡Qué bien!

Henrique.

¡Qué gloria!

Arcángelo.

¡Qué más compuesto descante

para a Dios cantar mil gracias!

Henrique.

¿Qué instrumento puede hallarse

como tú, dulcísima harpa,

de cuya armonía suave

huyó el intruso tirano

de mi pecho al mismo instante?

Arcángelo.

De Dios Henrique es la gloria.

Henrique.

Que en sus siervos Dios se alabe

es de Dios mayor corona.

Sale el Guardián.

Guardián.

Henrique, Arcángelo.

Responden ambos juntos.

Arcángelo y Henrique.

Padre.

Guardián.

Proseguid vuestro contento,

que no es razón que embarace

júbilos que a Dios agradan,

motetes, que a Dios exalten,

amores, que a Dios obligan,

cariños, que a Dios abracen,

Pag. 30

Guardián.

dulzuras, que a Dios ablandan,

que es Dios también fino amante,

¡ojalá que yo supiera

con amores regalarle!

Sale el Duque de Urbino.

Duque.

¿Qué es la amistad, sino amor,

y del amor quién no sabe

que es movimiento continuo,

sin meta, término, o parte

que detenga su razón?

Esta discreta me trae

a no apartarme de Henrique,

que la voluntad se vale

de más vista, y más fineza,

cuando es preciso ausentarse,

por guardar en la memoria,

que es lo mismo ausencia que hambre,

alimentos que le puedan

servir de matalotaje.

Mira a los Padres, y prosigue.

Duque.

Padre guardián, fray Arcángelo,

señor Henrique, ¿en qué parte

se pudiera a la virtud

dar con más vivos realces,

en periodo tan breve,

elogio tan elegante?

Guardián.

Señor, siempre Vuestra Excelencia

de su grandeza reparte

con sus siervos, siendo empeño

de su generosa sangre

levantar a los pequeños,

que si permitiera darse

a la fama esta grandeza,

fuera para tanto inhábil

el pincel más advertido.

Duque.

De ese modo es razón que hable

con su súbdito el Prelado.

Vuestra Reverencia repare

que habla con un capuchino.

Guardián.

Todo ese afecto es bastante

para suplir nuestras faltas,

pues ni aun para sentarse

Vuestra Excelencia hemos traído.

Duque.

No es menester, que más vale

darle descanso al deseo,

porque ha venido a informarse

de lo que ha de hacer Henrique.

Guardián.

El acierto será fácil

si Vuestra Excelencia le ordena.

Duque.

Si fuera entrar en combate

la voluntad, y razón,

todos aquí somos partes,

y solo a Vuestra Reverencia

le toca el determinarle.

Guardián.

A ese gallardo precepto

no hay que replicar que hay lances,

en que el obsequio prolijo

es voluntario ignorante.

Fuego, y plomo trajo Henrique

de oro, y de amor fulminantes,

que contra Arcángelo dieron

sus riquezas, y su madre.

A estos dos por ingenieros

trajo para sitiarle,

que saben minar las fuerzas,

y contraminarlas saben.

A levantar sus trincheras

empezó el oro, y al instante

el Amor sus baterías;

mas como Arcángelo se halle

castillo, en perfecta orden,

con los cinco baluartes,

que por blasón de su fuerza

son cifra de su estandarte,

ceñido de su cordón

contra el cordón opugnante,

le obligó divinamente

a que el sitio levantase.

Parar con el vencimiento

para Dios, no es practicable,

que aventura lo ganado

quien no grangea adelante.

Resistirá Henrique, es poco

si no se vence, y se atrae

a aquel yugo soberano,

que es libertad saludable.

Esgrimir sus propias armas

quiere Dios, que es admirable

hacer del bien estrumento

que fue estrumento de males.

Díjele a Arcángelo que

más amarán a su madre,

si católicos los dos

a ser fiel la persuaden;

que sus riquezas las goce

Henrique, que como guarde

el alma firme, bien puede

usar de bienes mudables.

Pag. 31

Ocho meses salió el Sol,

pienso que dos horas antes,

por ver esta lucha, y pienso

que vio Dios, Cielo, y Ángeles.

Las armas eran sollozos,

lágrimas, suspiros, transes,

un callar, todo hecho lenguas,

y hablar con solo mirarse.

Fue tan a brazo partido

la lucha, que al estrecharse,

viendo inferiores sus fuerzas

Henrrique, empezó a gritarle

a Arcángelo, deja, deja,

doime por vencido, dame

esa bendición que dices,

ya me rindo a arrodillarme.

Rindióse Henrrique; mal dije,

venció Henrrique, y tan triunfante

solennizó este acto

Vuestra Excelencia, Dios le guarde,

que los trecientos, y veinte

que Roma celebra, callen,

al triunfo que gozó Henrrique

aquella dichosa tarde.

de atabales, y clarines,

y de cóncavos metales,

y aclamaciones del pueblo

se llenó de suerte el Aire,

que como el Cielo, y la Tierra

a celebrar se juntasen

este acto, el Aire entonses

pudo aplazer a portarles.

Llegó el gran triunfo a palacio

y por más solennizarle,

a las mesas, cubrió el lino

y al lino dulces manjares.

Repartió el pan Vuestra Excelencia,

para que todos notasen

que Dios, y quien es de Dios,

se ve quándo el pan reparte.

Quiso que a gloria de Dios

los Capuchinos se hallasen,

que banquetes misteriosos

también son de Dios altares.

Dimos las gracias devidas

a Dios, y Henrrique a darle

a Vuestra Excelencia después

también las gracias loables:

yo lo vi Señor, y agora

aún siento el afecto amable,

que allí mostraron sus ojos,

quándo dijo al abrasarle,

Esto Henrrique es solamente

una señal estimable

de aquel gran contento que oy

por vos en el cielo se hace.

Hóy referir estas cosas,

aunque sabidas, en balde,

que es para mostrar por ellas

que aquí anda Dios mui tratable.

De aquél generoso Río

de la gracia, que es bastante

a fertilizar mil mundos,

y millares, de millares:

Saca el Autor Soberano

tal vez copiosos raudales

con que fertiliza más

unas, que otras heredades.

Quién duda? yo no lo dudo,

A sus obreros nos toca

con la azada a sus cristales

hir siempre abriendo los surcos,

porque el bien más se dilate.

Quién duda? yo no lo dudo,

que con estos minerales

quiere Dios fertilizar

la casa humana, y Madre

de Arcángelo: luego, luego

pártase Henrrique al instante,

lleve este turco a su casa,

no le detenga, ó dilate,

que en la tardanza ai peligro,

que aunque por Dios nunca falte,

no se aprovechar al punto

de los dones auxiliares,

es ingratitud que suele

detenerles, y secarles.

Yo también estimo a Henrrique,

y aunque la razón prevale,

he de sentir su partida,

que es el hombre dos mitades.

Este, Príncipe de Vrbino,

es mi parecer.

Du.

Tan grande,

que obligada la razón

de su harmonía tan suave

por celestial le venera.

Pag. 32

HENRIQUE.

Yo pues a empeños que valen

igualmente toda el alma

cada cual, quiero entregarme,

todo sin arbitrio mío

a la causa donde nacen,

porque en sus mismos efectos

se agradezca, estime, y pague:

como fuente, a quien de lexos

por su bien el agua trahen,

que a quien la labró costosa

agradase, y satisface:

pues la misma agua publica

cuyos son estos cristales.

GUARDIÁN.

Vos ¿qué decís fray Arcángelo?

ARCÁNGELO.

Que ya empieza a iluminarse

en divino gozo el alma,

viendo presente a mi madre

abjurando la herejía,

que ese fervor tan brillante

divino aliento respira,

Vaya Henrique, y le acompañe

ese espíritu divino.

DUQUE.

En cada cual miro un ángel

HENRIQUE.

Y en lo que toca a mi hermano

¿qué debo hacer?

GUARDIÁN.

dilatarle

el efecto, con decir

que a algunos particulares

fue detención conveniente

porque no os acompañase,

y que siendo Dios servido

breve le verá.

ARCÁNGELO.

ya darle

respuesta a su carta aguardo

que la obediencia lo mande.

GUARDIÁN.

No conviene fray Arcángelo

que en machinas celestiales

no ha de aver intento alguno

con acción determinable,

más que aquel querer divino

que es acierto indubitable;

solo a Dios tocan los fines.

Señor Henrique abrazadme

andad con Dios hijo mío,

ved el amor entrañable

con que os ama Dios, y noble

pagad también con amarle:

guardad aunque tierna el alma

muy firme a los pedernales

de vuestra rígida Escocia.

HENRIQUE.

Si me ayuda favorable

vuestra bendición no temo.

GUARDIÁN.

El cielo os bendiga, y guarde.

dalle una cadena de oro con un Santo Crusifixo pendiente de ella.

DUQUE.

Señor Henrique yo también

estimara en este lance

poder vencer con razones

dos grandes dificultades:

cifrar lo que merecéis

para sacar deste alcance

lo que os amo, y lo que estimo

vuestra amistad agradable.

Mas como el conocimiento

es tan noble, poco valen

estas mecánicas voces

para el estilo que él sabe.

Y como nuestra amistad

acrisoló sus quilates

al fuego de amor divino

no le ajustan exemplares.

y si el sentir no me engaña

dos hieroglíficos grandes

de amor divino, y humano

me dan las antigüedades:

Aquel nudo que Alexandro

cortó por indesatable,

amor a lo humano fino

que la muerte corta, y parte.

Pero amor a lo divino,

cuando es por divino enlace,

es misteriosa zarza

que sin consumirse arde:

tiene substancia tan firme

que registra eternidades,

ved quien tanto así os estima

lo que sentirá apartarse:

Vivir presente al amado

es la gloria del amante

no hay industria como amor

esta por fineza pase.

Tomad Henrique esta sarta

Que en mejor monte abrasarse

se vio tan entera siempre,

y en ser tan firme, y brillante,

que es el exemplar de amor,

y de memoria haced arte

para acordaros de mí

siempre que un estilo amable,

Pag. 33

DUQUE.

dulce, amoroso, rendido

vuestro amor, su amor le pague.

échase la cadena al cuello

he.

Aquí bien señor que en donde

las voces no son bastantes,

porque los visos divinos

no consienten explicarse:

con este fin tan glorioso

ha llegado a coronarse

la machina más sublime,

que han logrado las edades,

construida en mi favor

sobre los dos pedestales

de voluntad, y grandeza,

que en magnificencia iguales

levantó tan ingenioso

lo liberal, y lo afable

de vuestro ser generoso,

de vuestra piadosa sangre:

que galán a lo divino

amáis, que es muy de este lance

a los fines, lo más fino,

y dar forma a eternizarse:

este que a mi cuello estimo

por yugo tan dulce, y suave

será también collar fuerte

que la obligación señale

que os debo, pues de esta suerte

se eterniza con ligarse

a cadena que deseo

más y más aprisionarme.

Du.

Regaladme siempre Henrique

con nuevas vuestras.

he.

A darle

cuenta a su señor el criado

es obligación.

Sale Draque

Dr.

Que ya trate

de volverse a Escocia mi amo

lo siento porque se acaben

los gigotes del de Urbino,

y las veras de estos frailes,

que el paladar sazonado

me tenían por los aires.

he.

Hermano que me mandáis,

qué queréis que a nuestra madre

le diga, ya esta ausencia

animadme, y aconsejadme.

Dr.

Ya huele esto a despedida.

Gu.

Bien es que Arcángelo gane

aquí agora mucho cielo,

que el prelado vigilante

busca al súbdito la empresa

en que pueda mejorarle.

he.

Hermano.

Gu.

Vamos Arcángelo,

vuestra excelencia Dios le guarde.

hace cortesía al Duque, y vase llevando a Arcángelo consigo sin dejarse despedir del hermano.

Du.

También precio la obediencia,

vamos Henrique que es tarde

para aprestar la jornada.

he.

En todo es Dios admirable.

Vanse por otra puerta el Duque, y Henrique.

Dr.

Solo han dejado al gracioso,

siendo gracia ver a un fraile

como un Duque, y ver a un Duque

como un fraile en su semblante.

Los dos hermanos no es mucho,

siendo hermanos, que aportaren

de Angelitos, que aseguro

que ni las alas les falten.

mas yo duermo o estoy despierto,

ni de averiguarlo es fácil,

porque esto que aquí he visto

no suele en el mundo hallarse.

Sin duda que estoy en Creta

sin que tenga quien me saque

del laberinto, pues no hay

fraile, o Duque que lo mande.

Pidamos hilo al ingenio,

y a mi le dio, Dios delante,

yo me hago aquí fraile, y Duque,

y con voz sonora, y grave,

con un cariñoso gesto

templada, que es importante

para obligar, digo atento

a mi mismo, vamos Draque.

Vase muy de espacio.

Sale Juana, y Beatriz.

Ju.

Qué es esto Beatriz que sea

de Henrique la dilación?

Be.

Querer venir dende Londres

por mar, como te escribió,

y ser la mar toda un monstruo,

que sin regla, ni razón

Pag. 34

JUANA.

procede en su movimiento.

No es en mi pecho menor

el desorden que ocasiona

la advertida confusion

de su carta, pues callando

si trae

a su hermano, o no,

solo en su venida trata.

BEATRIZ.

La duda a la posesion

previene mayor contento.

JUANA.

No excusar vida al dolor

es razon de tirania.

BEATRIZ.

No cabe esa condicion

en mi señor.

JUANA.

Ay Beatriz

la hoja que se movia

es sospechosa al que teme.

BEATRIZ.

Perdona que es grande error

no ajustarme en lo posible

con mi gusto, haz cuenta que hoy

viene Henrique, y viene Jorge,

y que ambos juntos los dos

te dan mas de mil contentos,

y veras cuanto mejor

te hallas dentro de ti misma.

JUANA.

Tambien juzgo a diversion

recelar antes el daño,

que ahi no se hace peor

cuando llega el accidente.

BEATRIZ.

Esa es la supersticion

del que se sangra por Mayo.

JUANA.

Sentir el noble es valor.

BEATRIZ.

Deja eso al tiempo de Arturo

porque en los señores de hoy

no hay otra ley que su gusto.

JUANA.

Quieres que falte a quien soy?

BEATRIZ.

Quiero que mires al cielo,

que a su oscuro pabellon

le ha matizado de estrellas

porque su resplandor

nos divierta la tristeza.

JUANA.

Ya me esfuerzo a tu leccion.

Sale Henrique, y Draque de camino, y salga Draque delante.

DRAQUE.

No ha de ganar esta vez

Beatriz las albricias.

HENRIQUE.

Ni yo

consentir que te adelantes.

BEATRIZ.

Albricias que es mi señor.

DRAQUE.

Tarde piache.

JUANA.

Hijo Henrique.

HENRIQUE.

Señora.

JUANA.

Porque mejor

goce el contento de verte,

no quede en segunda accion

Jorge si viene contigo,

Beatriz ve si se quedo

afuera, dame los brazos.

HENRIQUE.

A su dulce estimacion

es igual aprecio el alma.

DRAQUE.

No vayas Beatriz.

BEATRIZ.

No voy.

DRAQUE.

Ya me entendiste?

BEATRIZ.

Mal año.

JUANA.

Como no entra Jorge?

HENRIQUE.

No

ha venido ahora.

JUANA.

Que?

No viene? por que ocasion?

dime Henrique, dime presto,

mira que en tu turbacion

se derrota mi consuelo.

HENRIQUE.

Sali registrando al Sol

el cariño con que afecta

su tan lucido calor:

maridando en diferencia,

esta, o aquella region:

hasta que por quinta suya,

por su retiro mejor,

por Tempe de sus delicias,

por benigna inclinacion,

y que asi le estima Italia

que en ejercicio su amor

se ve alli rendido a un tronco

y huyendo una blanda flor:

Pomona alli, Flora, Ceres.

JUANA.

Dejemos la relacion,

y vamos a lo que importa.

HENRIQUE.

Siguiendo tu intento voy.

JUANA.

Dime que se ha hecho Jorge,

acaba Henrique por Dios

que me tienes sin sentido.

HENRIQUE.

Quiero darte informacion.

JUANA.

A mi que me importa Italia,

dime solo la ocasion

por que no trajiste a Jorge.

Pag. 35

Henrique.

Mi diligencia le halló

dentro de un claustro, que llaman

convento, en congregación

de otros muchos capuchinos,

vestido cual te pintó

Draque los que vido en Francia,

mas con tanta distinción

en lo estimable, que cuando

pensé anublar el valor

de mi sangre en su presencia,

mas claridad le granjeó

Jorge por ser capuchino,

y en esta parte tu honor

debe mucho a su fortuna.

Julia.

Siempre en la adversa eligió

honesto ejercicio el noble,

mas cuando el bien no encontró

la duda: pasa adelante.

Henrique.

No cabe en humana voz

divino concepto, y fuera

querer echar un borrón,

reducir su esfera a mapa,

es un orbe en conclusión

que se reparte en provincias,

cada provincia esplendor

de hermosísimas ciudades,

y cada ciudad, blasón

de ordenada disciplina,

de un soberano valor,

hay torreones vigilantes,

templos vivos de oración

edificios muy activos,

y jardines de primor

de júbilos regalados,

y hay fuentes, que su licor,

no solo limpia las manchas

mas en la iluminación

dan risueños testimonios

de la alegría interior.

Y al fin a todas provincias

asiste una igual región,

respiran un mismo aire,

y en perfectísima unión

resisten al triunvirato

que al alma persigue atroz.

En una de estas ciudades

hallé a Jorge, y tan señor,

que un duque, habiendo entendido

como era su hermano yo,

fue a su ciudad, o convento

que todo es uno, y a favor

tuvo el llevarme a palacio

en su carroza, que al sol,

aun siendo de oro la suya,

le ocasiona emulación.

Aquí es forzoso señora

decirte cuánto gozó

mi persona en su agasajo,

mas como cualquiera acción

conviene con quien la obra,

mostraré mi obligación

refiriendo su grandeza.

Julia.

¿Acabarás con rigor

de rematar mi paciencia?

(con tan dulcísimo amor

refiere Henrique estas cosas,

que su ardiente exhalación

rayos tira a mi cuidado).

Henrique.

La ingratitud nunca halló

disculpa en forzoso lance,

yo señora soy deudor

al Duque de Urbino.

Julia.

Acaba,

que harto más urbana estoy

en sufrir tus desvaríos.

¿No basta la digresión

de la religión capucha,

sin que con otro rumor

quieras turbar mi sentido?

Aparte.

Henrique.

No sé con qué diversión

logre mi intento, antes veo

que mi cuidado, es mayor

cuidado para mi madre.

Aparte.

Julia.

Mucho teme el corazón.

Henrique.

La verdad mal se cautela.

Julia.

Ya mis cuidados son dos,

y no es menor la sospecha

que da Henrique, y en conclusión

¿Jorge no viene contigo?

Henrique.

No viene, mas prometió

de venir muy breve a verte.

Julia.

¿Y en la misma profesión

de capuchino ha quedado?

Henrique.

Tan luego no pareció

que convenía mudarse.

Julia.

¿Y vio mi carta?

Henrique.

Y le dio

la estimación que debía.

Pag. 36

Gu.

¿Responde?

He.

La pasión

que siente el alma no muestra

un carácter, que formó

tal vez la ingeniosa pluma,

que alegre mira el pintor

la sombra que echó más triste,

y así de mi la encargó,

que cual viva imagen suya,

de al accidente, el color,

al sentimiento, el semblante,

a la variedad, la voz,

al discurso, lo advertido,

al reparo, la atención,

al descuido, mucho de alma,

y al gusto, moderación.

Gu.

¡A tu madre, más cuidado,

más pena, a quien te envió;

mayor desconsuelo, a Juana,

y a mí un colmo de aflicción

pues vengo a ver todo junto!

Muy buena negociación

has hecho, trayendo en drogas

la joya que te encargó

tu madre, Henrique.

He.

Muy presto

fío que con su esplendor

ha de dar luz a tu vida.

Be.

Aun falta esta confusión,

ya no basto a defenderme,

pues que resfriado el vigor

de tu confianza, a mi pecho

en ingrata posesión,

le has entregado al desmayo.

Vete a tu cuarto por Dios,

reposa el cansancio Henrique,

mientras por tu gusto voy

a reventar de mal de hijo,

que es el más vivo dolor.

Van.

Be.

Hasta luego.

Dr.

Tengo sueño.

He.

Vete Draque.

Dr.

No hay farol

más despierto que Beatriz

por saber lo que pasó

en Italia.

Be.

Como diestro

este mañoso traidor

me ha reconocido el juego.

Y por darle este picón

me quito en callar un ojo.

Vase.

Jo.

Yo marchitaré su flor.

Vase.

He.

Qué engaños padece el alma,

a quien no asiste la luz

que en candelero de cruz

luce en dulcísima calma:

por rendimiento, la palma

juzga ciego, y oprimido

de su error, se halla ofendido

de su inquieto pensamiento,

que sin luz, siente el tormento

del daño, y más del sentido.

Quién a mi madre pudiera

¡ay Dios, hacerle entender

que no puede ver, sin ver

por la Romana lumbrera!

Que de la luz verdadera

es la luz de este farol,

y que viera a su arrebol

sus hijos, en prueba igual,

pues como águila real

los va examinando al sol.

Resuélvase esta porfía,

cual suele al amanecer

entre el alba suceder,

y la noche obscura, y fría:

Prevalezca alegre el día,

raye su hermoso esplendor

esta nieve, y a su candor

cante victoria risueño,

que yo hurtaré la noche al

sueño

por ver tan dichoso albor.

Éntrase Henrique

por una cortina, que

ha de estar puesta,

y dentro a modo de u-

na alcoba con una

cama, y un bufete.

Sale Juana como de

noche, con una vela

encendida en la mano.

Pag. 37

Ju.

Qué inquietud padece,

qué mal no recela,

qué temor no admite,

qué alivio no deja,

qué discursos no hace,

qué riesgos desecha,

qué remedio excusa,

qué ocasión no intenta:

El noble ofendido,

el amor con queja,

la fe con desaires,

la razón sin fuerza.

Qué dolor más crudo,

cuando no aprovechan

ni remedios cuerdos,

ruegos, ni finezas.

Que un hijo no baste

a que otro se mueva,

ni letras de madre

merezcan sus letras:

no las vio sin duda,

que no resistiera

mis lágrimas viendo

sin que el color mienta.

Hielos cría Escocia,

que se vuelven cera,

mas la cera Italia

la convierte en piedra.

¡Qué blasón tan claro!

para qué otra prueba

de los capuchinos

que piedad afectan.

¿Negarán que Jorge

hijo mío no sea?

¿negarán que ofenden

la naturaleza?

Tirano dominio

pues sin diferencia,

el hijo del padre

diferente queda.

Pues que ser papista

ya mi amor le deja,

no se encuentra el alma

ya con la obediencia.

Abre la cortina, y parezca dentro un bufete con la ropa de Henrique, y él esté a medio vestir echado en una cama, y tenga otra cortina por delante.

¡Ah, cielos piadosos,

haced que me vuelvan

mis dulces entrañas,

o se rasguen estas!

Mas ya que gustáis

veo que me muera,

pues traigo en la mano

por fin esta vela.

Su luz fue mi gloria

que en humo se queda,

y es bien se consuma

pues me representa.

Por eso la traigo

por mi compañera,

ya a remedio extremo,

para guía extrema.

Ya juzgo que es hora

de que Henrique duerma,

quiere mi cuidado

ver sus faldiqueras:

Que temiendo engaño,

muestre la experiencia,

si esta que hoy me ha dado

es falsa moneda.

Entre sus papeles

quiere ver si encuentra

mi desvelo alguna

cifra, o contraseña.

Quizá que de Jorge

de alguna manera

halle papel suyo,

que me informe cierta.

Aquí está su cuarto,

qué torpe se empeña

quien sin confianza

al peligro se entra.

Durmiendo está Henrique,

Pag. 38

¡Ay, Dios, si me dieras,

con señas de muerte,

de mi vida señas!

Llégase al bufete.

Su ropa un bufete

de marfil sustenta,

o sea mi dicha

del color que muestra.

Vamos registrando

una, y otra pieza,

que es muy vigilante

espía la afrenta.

Mas, ¿qué es esto, cielos?

Halla la cadena

con el Santo Cruci-

fixo, y tiénela en la

mano.

La voz se me hiela,

el aliento calma,

la razón se altera,

los ojos se turban,

la vida tropieza,

aquí de mi agravio,

aquí de mi ofensa.

¡Ah, traidor Henrique!

Llega a la cama

adonde está acos-

tado Henrique, y

corre la cortina que

tendrá por delante.

¡Despierta, despierta!

Levántase Henri-

que con una capa

de grana, y sale Dra-

que, y Beatriz.

Pues mi muerte tratas

despierta por verla.

¿Qué fe no ofendiste?

si enviado a que fueras

nuncio fiel de paz,

me has traído guerra.

Desmentido ingrato,

pues que te conciertas

con el enemigo,

y a tu dueño dejas.

Aquí está el contrato,

aquí está la prenda

del concierto injusto,

que mi muerte ordena.

He.

Si cuando la ira

rigores violenta,

serena sus nubes,

es que humilde ruega:

Servíos, señora,

que es mayor proeza

querer lo que es justo,

que lograr la fuerza;

Volverme, que os ruego,

justo es, la cadena,

por joya, que al alma

le viene de perlas.

Arrójale la cadena.

Ju.

Tómala que quiero

que ella misma sea

por cadena quien

cifre tu vileza.

Vete de mi casa

que insignias que muestran

tu infidelidad

no viven en ella.

Mas que el otro fácil,

se agrava tu pena,

que culpa advertida

nunca fue ligera.

Mi vida do fueres,

si alguna me queda,

te enviará mil rayos

como nube negra.

Ni pienses, ingrato,

que acabe aunque muera

mi justa venganza,

que has de hallarme muerta

horror, que te aflija,

visión, que te ofenda,

pasmo, que te asombre,

encuentro, que temas,

espanto, que huyas,

sombra, que aborrezcas,

desvelo, si duermes,

confusión, si velas:

mas, ¡ay!, que has vencido,

que ya el rigor me deja,

que aborrece el alma

vivir entre penas.

Pag. 39

desmáyase, y cae cerca de la cortina que está a la entrada

Draque.

En fin=

Draque.

y en este paso imagina

Beatriz qué haremos agora.

Beatriz.

Yo cargaré mi señora.

Draque.

Yo correré la cortina.

Van Juana anima da a Beatriz, y Draque corre la cortina, y que da de la banda de adentro Henrique, y vase Draque.= Sale Arcángelo de seglar muy galán.

Arcángel.

Qué jeroglífico así

mejor muestra al mundo en sí

si con verdad se descifra,

todo lo que es gala en mí:

la vanidad halla aquí

(del mundo alma, en lo que ofrezco,

lo que a su modo merezco,

yo muestro en lo que me ofrece,

quien es en lo que parece,

con no ser lo que parece.

Mas esta condición vana,

que así guarda estilo, y modo

es muy diferente en todo

en la escuela soberana:

que la hace honesta, o profana

el intento desigual,

que firme en Dios, es igual

tratado en un mismo grado

el sayal, como brocado,

y el brocado, por sayal.

Así bien conformes miro

para la empresa que intento

la gala que represento,

con el traje que retiro:

predicar a Dios aspiro,

y para que aprovechar

pueda al hombre, he de endulzar

el vaso a su condición,

que sin gala la razón

ninguno quiere gustar.

Sale Henrique, y Draque de camino.

Henrique.

Esta del embajador

es la casa, y aquí he de hallar

a Arcángelo vuelto en Jorge

solo en el traje.

Draque.

Y podrás

conocerle sin las barbas,

cuerda, rosario, y sayal,

y el reclamo de Deogratias,

pero dejando lo más

que embajador vive aquí?

Henrique.

Bien te pudiera informar

su magnífica grandeza,

que era de la Majestad

del gran monarca de España.

Draque.

Y también otra señal

en que ahora he reparado.

Henrique.

Cuál es?

Draque.

saber que aquí está

Jorge, pues siendo papista

cuantos en el norte hay

luego apellidan a España.

Henrique.

Es la Esfera que les da

serena respiración,

y de cuya claridad

reciben luces divinas.

Draque.

Aturdido tienes ya

Calvino de tus desaires.

Míranse los her manos.

Arcángel.

La sangre hace no dudar,

hermano Henrique.

Henrique.

Señor,

quien con la brevedad

agradecer tanta dicha.

Arcángel.

Y juntamente obligar

adeudando mi deseo.

Henrique.

Qué en Londres señor estás!

qué es de aquel traje divino,

que este bizarro disfraz

no es tan gracioso a mis ojos.

Arcángel.

Para mejor te informar

te avisé de que vinieras

luego que con claridad

de tu llegada, y suceso

supe de mi madre.

Pag. 40

Enrico.

¿Que ya

te han dicho su injusto enojo?

Arcángel.

Sin envidia escuchar

la dicha de tu destierro.

Dragón.

Deo gratias.

Enrico.

Calla.

Dragón.

Callar

no podré sin que me digas

si del capucho sayal

ganó Jorge esta riqueza,

que al instante me verás

que voy a ser capuchino.

Enrico.

Pues de mayor calidad

es tu venida, primero

está su ocasión.

Arcángel.

Verás

maravillas soberanas.

Enrico.

De haberlas me dan señal

las señales que en ti veo.

Arcángel.

Óyeme atento.

Enrico.

A escuchar

sale con deseo el alma.

Dragón.

Yo no quiero escuchar más.

Vase Dragón.

Arcángel.

Después que me dio Urbino

la parte de alma que antes me quitabas,

en estilo divino,

más parte con tu dicha me sacabas,

que alegre más sentía

de a mi madre no ver, como te vía.

Mas ve cómo reparte

la Divina Bondad su piedad suma,

y si admirando el arte,

con divinos loores, bien presuma,

que esta machina cuadre

a un edificio tal como mi madre.

Mandome Urbino a Roma,

cuando a Roma llegó carta de Francia,

que cual precioso aroma,

sus hojas daban celestial fragancia,

de celo y reverencia

de una reina que a Francia dio Florencia.

Pide esta reina grande

de Médicis María generosa,

que la capucha mande

un religioso que haga más gloriosa

Pag. 41

Arcángel.

su corte, la dotrina

predicando evangélica divina.

Mira, hermano, y repara

quién pide, lo que pide, y quién envía,

que admira en forma rara,

que tanto empeño sea empresa mía,

y obediente camino

por la Reina, por Dios, por capuchino.

Fui en París recibido

de su gran corte con tan gran respeto,

que en todos hallé unido

de su gran Reina, el piadoso afecto,

que en los mayores fuerza

la imitación, más que razón, o fuerza.

Siempre amor predicaba,

que para la grandeza, que allí vía,

del amor solo hallaba

que su grandeza establecer podía,

que da Dios los estados

conforme en amarle son los grados.

Qué cosa más decente

decía, oh Reina, oh Príncipes famosos,

ni tan conveniente,

pues soberanos sois, qué actos gloriosos

porque en tanta grandeza,

haber amor humano, es bajeza.

¿Qué cetro, qué corona

sin los clavos de Cristo, y sus espinas?

quien de ellos no eslabona

su cetro, su corona, son ruinas;

qué corona galana

la de espinas tanto es, que es filigrana.

Maravillas brotaba

esta fértil semilla fructuosa,

no por quien la sembraba,

mas por caer en tierra generosa,

que el bien en pecho hidalgo

al instante se ve que es hijodalgo,

y de tan alto empleo

a otro mayor (escucha) me levanta,

que se esconde al deseo

el beneficio tanto se adelanta,

que da Dios a servirle

también capacidad de recebirle.

Pag. 42

Subió al sagrado trono,

que siempre igualmente es uno mismo,

para gloria, y abono

de su divinidad, profundo abismo,

que muda de persona,

no el alma, no el gobierno, ni corona.

A Paulo pues sucede

Gregorio Papa hoy, decimoquinto,

que en dignidad procede

inmediato a Pedro, como pinto,

y en dilatado celo,

es propagar la fe sumas desvelo.

Tiempo fue ya, que quiso

este acierto infalible, a este intento,

lo que hoy Gregorio hizo,

fundar a tanto, un consistorio atento,

que al divino decreto

también decreta Dios tiempo a su efecto.

Que bárbaro, que crudo,

que región intratable, ignota, y dura,

que claridad, que escudo,

a su piedad, a su ignorancia obscura,

no dio el santo diploma?

aliento, y luz, que envía el sol de Roma.

Mas que del sol los rayos,

penetró esta luz climas extraños,

o por lexos desmayos,

o por cerca del sol padezcan daños,

y a nuestra Escocia fría,

temblando lo refiero, a mí me envía.

No es posible pintarte

el alborozo, impulso, y movimiento,

ni menos informarte

la suspensión, dulzura, y sentimiento,

siéndome en París dadas

las letras apostólicas sagradas.

Leílas, y turbado

de tanta inmensidad, no sé si leo,

en lágrimas bañado,

mil veces las besé, y con deseo

a leerlas tornaba,

y en lágrimas de nuevo las bañaba.

A la reina impaciente

de inútil dilación, di cuenta luego,

y en modo reverente,

Pag. 43

le enseñé el breve, y en su gracia ruego

favor para Inglaterra,

misión, que también mía, es con mi tierra.

De un rosicler divino

bañó el rostro la Reina en ardor santo,

y loando el peregrino

estilo con que Dios asiste tanto,

empeña a mi cuidado

su favor, sus riquezas, y su estado.

En este tiempo había

dentro en París Embajador de España,

que embajada traía

a nuestro Rey, a nuestra Gran Bretaña,

e intérprete buscaba

al idioma nuestro que ignoraba.

Ocasión, más que acaso,

ésta notó la Reina así oportuna,

si en los astros el caso

de diferentes líneas hacen una

más alta astrología

respeta aquí la conjunción que unía.

Llamóme, y juntamente

llamó al Embajador, y muy gloriosa,

a entrambos, igualmente

nos dijo: os pudo dar suerte dichosa,

ni intérprete más digno,

ni a vuestra entrada a vos, mejor camino.

Satisfecho el hispano

de Majestad tan reverente, y digna

besó a su real mano,

yo también di mis gracias, y ella inclina

la majestad graciosa,

y con gracia lució más majestuosa.

Ninguna parte piensa

que su piedad no logre, y a este objeto,

como el breve dispensa

el traje secular, para su efeto,

con magnífico modo,

me mandó dar lo necesario todo.

Estas joyas, este oro,

estas de seda primorosas flores,

que con gracia, y decoro,

guardan forma, razón, orden, colores,

Pag. 44

toda esta bizarría

de la Reina es, hermano, que no es mía.

Mío solo es, hermano,

aquel dulce sayal vida del alma,

entre galas galano,

como entre todas plantas, es la Palma,

tan dueño de mi empleo,

que otro yugo no traigo, ni otro veo.

Con estos aparatos

tomé de esta ciudad seguro puerto,

guiándome en sus actos,

cuerdo, el Embajador, sencillo, y cierto,

intérprete secreto,

antes que de su voz, soy del concepto.

Así bien asistido

de traza, que en lo humano no cabía,

doy la voz, y el sentido,

como debo, a una, y otra Legacía,

siendo en entrambas visto

voz de un cristiano Rey, y voz de Cristo.

Estos pues son los grados

de mi navegación dulce, y segura,

tan altos, que logrados,

no sé cómo pasé por tanta altura,

que siento a referirlos,

que los cuento no más, como de oírlos.

Deja querido Henrique,

a tanta maravilla no pensada,

deja que humilde aplique

aquella para mí tan deseada,

que ya Dios se halla empeñado

de los mismos favores que me ha dado.

Mi madre impresa bella,

de mi ardiente cuidado prenda cara,

si hoy nebulosa estrella,

que sea espero, refulgente, y clara;

ya sabes mi cuidado,

mi venida, ejercicio, y mi estado.

Henrique.

Dame mil veces los brazos,

porque de verte, y de oírte

quisiera a mi pecho unirte,

con más apretados lazos.

A cualquiera circunstancia

le tributo admiración,

que en su divina razón

hay secreto de elegancia.

Quién pudo en lo referido

alcanzar la traza, y modo

con que Dios dispuso todo,

con que todo ha sucedido.

Mas si en empeño glorioso

como en tu celo reparo,

Pag. 45

Henrique.

bien divinamente avaro,

te entregas más generoso:

Recíbeme jornalero

de tu fábrica, y verás

que para Dios gana más

quien grangea un compañero.

Pues con generosidad,

dando lo que otro merece,

en dejarlo resplandece

más fino en la caridad.

Ar.

Tu caudal tanto en riqueza

mejoras, que en parangón,

las mías, migajas son,

a vista de su grandeza.

Que un tesoro te ha valido

verte de tu patria hechado,

de tu madre despreciado,

de tu casa desposeído.

Mira con cuánta razón

más se debe apetecer

lo que en ti es padecer,

que en mí esta estimación.

Y así, en esta consecuencia,

saber deseo el estado

de mi madre.

he.

Mi cuidado,

después que por su violencia

dejé a Abordón, ha sabido

que en repetido dolor,

es Tórtola con amor,

en soledad, y en gemido.

Ar.

Quién la hiel que la embaraza

le quitara porque fuera

dulce Paloma que diera

paz celestial a su casa.

he.

Si tú la ves me aseguro,

que reparadas las venas

del diluvio de sus penas

ganará puerto seguro.

Ar.

Verla Henrique es mi deseo

y de esta Misión hermosa

es la piedra más preciosa

que adquirir busca mi empleo.

De modo que en Monomuso

asistes.

he.

En su rigor

no halla templanza mi amo

por más que en su amor la busca,

mas con tu venida agora

ya respiro en nuevo aliento.

Ar.

Principio es este, y contento

como del día la Aurora.

Muy breve el Embaxador,

siendo negocio privado

el que traxo, avrá acabado,

y empezaré mi labor

en esa Viña anchurosa

de Escocia, en primer lugar

procurando cultivar

aquella Vid generosa,

que en regalados abrazos,

aunque con informe aliento,

nos dio el primer sustento,

nos sustentó de sus brazos.

Apearme determino

en mi casa, que fingiendo

llevar carta mía pretendo

ganar la entrada, y camino

a mi pretensión.

he.

En todo

tu discurso resplandece.

Ar.

Esto Henrique me parece.

he.

Con ese discreto modo

verás mi madre, que ausente

tantos años no podrá

conocerte, y logrará

tu cuidado atentamente,

de su rigor, o su amor

la posesión de su pecho,

que es atención de provecho,

mientras que juzgas mejor

darte a conocer.

Ar.

El alma

me has visto Henrique, y es bien

que te acompañe también,

pues ya de esta dulce calma

se dividen los sentidos:

Vete a tu destierro hermano.

he.

¡Cómo señor, tan temprano!

Ar.

Ya quedan bien entendidos

tus sucesos, mis intentos,

ya por la vista, y razón

ha ganado el corazón

mil dulcísimos contentos:

lo demás agora fuera

desperdiciar el caudal

del tiempo, daño fatal

que nunca se recupera.

Jornada tercera

Pag. 46

he.

Tu dirección es mi vida,

y acaudalando obediencia

me enriqueces.

Ar.

Tu prudencia

es medida sin medida.

he.

Ordena lo que he de hacer,

ya que gustas despedirme,

que de tu vista partirme

sin merced, no puede ser.

Que ofrece a su complemento

mi memoria el beneficio,

mi voluntad ejercicio,

y el corto mi entendimiento.

Ar.

Ese cortejo divino

dale todo a Dios hermano.

he.

Pues dame a besar tu mano.

Ar.

Mis brazos te doy.

he.

Qué fino

se goza amor en los dos

como de una alma animados.

Ar.

Qué brazos tan bien logrados,

Henrique a Dios.

he.

Jorge a Dios.

Fin de la 2a Jornada.

Jornada 3a

Sale Juana, y Beatriz

Ju.

Dijiste que entrase.

Be.

Sí.

Y su gallarda presencia

se merecerá tu gracia.

Ju.

¿Y no te dijo quién era?

Be.

No más de ser forastero,

y que pedía licencia

para hablarte.

Ju.

Qué más gracia

que forastero.

Be.

Ya entra.

Sale Arcángelo galán de camino.

Ar.

Con razón señora ilustre

acredito mi fineza,

pues adelanto jornadas

trayéndoos buenas nuevas.

La gracia deste cuidado

esta carta la merezca,

que un mar os dará de gusto

aunque os cueste un mar de perlas.

Dale una carta.

Ju.

Un principio tan discreto,

noble caballero, muestra

que os deuen mas sin duda

sabiendo quien sois, y fuera

leer primero la carta,

dudar la correspondencia,

si os sirvo más por vos mismo,

o por lo que dice en ella.

Ar.

Obedeceros es justo:

Mi patria es Londres, y en tierna

edad, dejé las paredes

que oyeron mis niñas quejas:

solo con mi noble sangre

pasé a París, y en su escuela,

a desvelos bien logrados,

gané la firme riqueza:

ya rico me fui a Roma,

y como en la tierra ajena

se amen como siendo hermanos

los que ay de una misma tierra,

sobraua esta circunstancia

cuando bastauan las prendas

de Jorge Lesleo Señora,

para que se obliguen de ellas:

Así dijo se llamaua

mi amigo, porque en la Regla

de Capuchino su nombre

en fray Arcángelo trueca:

Díxome su patria, y padres,

y viéndome dar la vuelta

para Londres me encargó

que esta carta os remitiera.

A su deuido respeto,

y a su amistad no cumpliera

(así le di mi palabra)

que de mi mano a la vuestra

auía de dar la carta,

y tengo confianza cierta

que os traigo con ella el alma.

Ju.

Su ingratitud es la pena

por la cual sin alma vivo,

por quien sois quiero leerla.

Lee la carta.

Ar.

Más gusto juzgué traheros,

y así, con vuestra licencia,

voy señora a la posada.

Pag. 47

Ju.

Todo cuanto aquí se os muestra

es de Jorge, y así es razón

cumplir lo que Jorge ordena:

serviros y hospedaros

me encarga mucho, y me alegra

que no muestre en sus amigos

su ingratitud, si ya no sea

que para usarla conmigo

toda junta la reserva.

Aquí, señor, tenéis cuarto,

y mandad por dueño de ella

toda la casa. (¡Por Jorge,

todo es bien que lo merezca,

que este es el primer alivio

que en tantos años de penas

me ha dado, o sea aurora

que suceda a las tinieblas!)

Ar.

Quien estima el beneficio

le agradece.

Ju.

¿Y Jorge queda

porfiado en ser capuchino?

Ar.

Sí, señora.

Ju.

Esa queja

ofende al nombre de madre,

que aun rogándole no pueda

obligarle a que dejara

ese hábito, con que afrenta

los blasones de sus padres.

Ar.

Vuestra opinión representa

ser con engaño informada,

porque es de virtudes esfera

la capucha, y es también

seminario de nobleza:

no hay príncipe o caballero

que aspire a estima grandeza

que no procure alistarse

en su milicia.

Ju.

Aunque nueva

vuestra información me inclina

a estimarla, y a creerla

por mi deseo y por vos.

Ar.

Alegra, persuade y aquieta

la verdad con su hermosura.

Ju.

Con excelencia celebra

su primer día este huésped.

Beatriz.

Be.

En correspondencia

de esta entrada es menester

que al contrario el fin suceda,

mas con distinción, señora,

que al despedirse la pena

ha de ser porque se va,

no por el gasto que deja.

Ar.

¡Cuántas puertas tiene el alma!

Ju.

Cualquier camino es molestia,

y así, por daros alivio,

mientras se os sirve a la mesa,

avisa, Beatriz, a Eduardo,

que es hijo mío, que venga

a asistir y galantear

a este caballero.

Be.

Yo fuera

más dichosa en asistirle,

que su agradable modestia

es dulcísimo reclamo.

Ju.

Quedad, señor, enhorabuena.

Ar.

El cielo, señora, os guarde.

Ju.

Su vista causa violencia

a mi voluntad.

Vanse las dos.

Be.

Yo siento

que hay más bien en la aldea que en la plaza.

Ar.

Para poderos loar,

mi Dios, es bien ver en mí

cuál de mi casa salí,

y cuál vengo en ella a entrar:

no solo he de reparar

en la donación graciosa

de vuestra luz, que ingeniosa

celó tanto su substancia,

que hasta en la circunstancia

del traje fue escrupulosa.

Con más gala quiso entrara

de la que saqué también

porque alguno de mi bien,

ni en lo aparente dudara:

una se sigue a otra clara

tanta piedad, que no acierto

ni la razón, ni el concierto

con que os debo agradecer,

mi Dios, pues sabéis querer,

solo vos, a pecho abierto.

Ea, finezas de amor,

aquí sí que os sé obligar,

porque empeñaros en dar

es prendaros con primor:

Pag. 48

Ar.

O bien recibid, señor,

esta casa en vuestro agrado,

pues la vuestra me habéis dado;

que si por vos la dejé,

es luego infalible que

quedo de vuestro cuidado.

Sale Eduardo, galán.

Ed.

Siendo el amigo otro yo,

a Jorge en vos, señor, miro,

y como a mayor hermano

soy obligado a serviros.

Ar.

No hay duda que la amistad

es efecto de un principio

tan semejante, que bien

ese axioma le convino.

Y así podéis con razón

pensar que veis en mí mismo

vuestro hermano, el señor Jorge,

siendo los dos tan amigos.

Ed.

Lo que es de naturaleza

privilegio, o beneficio,

no puede comunicarse,

y así no traigo conmigo

aquella parte que toca

a hermano mayor, que indigno

de tal grado, ser menor

profeso, procuro, y estimo.

La gala de vuestro ingenio

así luce que asistiros

habré con doblado empeño,

y de cortés, a prolijo

seré, como interesado.

Ar.

Vuestros nobles ejercicios

no quisiera embarazar.

Ed.

¿Cuál otro será tan digno?

Ar.

¿Cuál soléis más usar?

Ed.

La caza es lo más continuo.

Ar.

Es vínculo de nobleza,

porque representa al vivo

la milicia, y maestros

de los brutos los instintos

enseñan naturalmente

recato, aliento, artificio.

Ed.

Lo más bizarro en las armas

que es la espada sola, esgrimo

sin usar de falsas tretas,

que es buscar su precipicio

buscar solo ajeno daño.

Y así lo recto que es limpio,

lo más seguro, y más fuerte

con desenfado ejercito.

Ar.

Si se puede en una acción

hallar dos actos distintos

que es la defensa, y la ofensa,

no hay duda que es lo más vivo

del arte, y así exactamente

nuestro parecer confirmo,

que el que sabe defenderse

harto ofende a su enemigo.

Ed.

Otros días salgo al campo

donde dejan solo un sitio,

por apartarse a mirar

unos álamos erguidos,

y tan bizarro a un caballo

o le aliento, o le corrijo

lo bruto, o lo generoso,

que aguardar leyes le obligo.

Ar.

Todos son actos gloriosos,

y son públicos testigos

de la nobleza, y entre todos

hacer regular el brío

de un orgulloso caballo

es lo mayor, lo más fino

de la bizarría.

Ed.

La causa,

no hay duda, es ser tan distinto

uno de otro que no hay regla

que pueda ser aforismo.

Ya en el freno, ya en la espuela,

ya en lo arrojado, o remiso,

en más tardo, o más ligero,

en más mañoso, o sencillo,

calidades que otros tantos

practicados ejercicios

hacen preceptos, que logran

maña, fuerza, ingenio, brío.

Ar.

Ya estoy deseando enseñaros,

si no me engaña el ser mío,

uno que Favonio en Betis,

en vistoso, y alegre sitio

engendró, que envidia Apolo

para su coche, o su signo:

del Embajador de España

prenda preciosa, que quiso

presentármele por gracia

de amistad, al despedir

Pag. 49

Ar.

que por todo es estimable.

Ed.

Con un aprecio infinito

se mirará por ser vuestro.

Ar.

Antes, señor, que serviros

quisierais dél fuera mi gracia.

Ed.

Tiraniza el albedrío

quien se empeña, y es crueldad

dorada del beneficio.

Si en vuestra acción generosa

no cabe este desaliño,

no es bien hacer mis afectos

desconfiados por precisos,

que por mi hermano les basta

la ocasión de agradecidos.

Ar.

¡Qué lindo hermano!

Ed.

¡Qué lindo huésped

tan bizarro!

Ar.

Si prolijo

no os empeño en aceptarle,

fuera daros el arbitrio

de mi voluntad, que es más

que el caballo con que os sirvo,

y así de vuestro dictamen

galanamente advertido,

creéis que os obligáis más

en dejarlo, que admitirlo.

Ed.

Nunca enflaqueció la gloria

ganar la plaza a partido,

yo me rindo si aceptáis

uno en trueque de los míos.

Ar.

No hay razón que no me obligue

a estimarle.

Ed.

Pues concluidos

están los tratados ya,

vamos a la entrega.

Ar.

Sigo

nuestro gusto.

Ed.

El alma gana

su discreción, y cariño.

Ar.

¡Ay mi Dios, que a este llaman

hermano por ser vuestro hijo!

Vanse.

Sale Juana, y Beatriz.

Ju.

No sé qué huésped, Beatriz,

es este.

Be.

¡Hijo, señora!

(que es cierto si me enamora

que estoy, cual vidrio, en un tris.)

Ju.

Que halla el discurso advertido

de discretas circunstancias

mil reparos, mil instancias

que le hacen guerra al sentido.

Be.

Lo que mi juicio alcanza

cuando más vuela, y más crece,

es que en todo me parece

nuestro huésped adivinanza.

Ju.

Di la razón, que escuchar

ningún discreto desdeña,

que el diamante en una piña

muy tosca se viene a hallar.

Be.

Gravedad, sin aparato,

discreción, con humildad,

mucha gala, y castidad,

sencillez, con gran recato:

mirar con tal atención

por todo lo que hay en casa,

que parece que la pasa

sin leer ni un renglón:

me da tanto que admirar

que me doy por confundida,

tú, señora, por sabida

lo podrás adivinar.

Ju.

Mayor confusión me dejas,

y no es de todas menor

ver por qué Jorge mejor

acudió agora a mis quejas,

no ha habido otras ocasiones

¿cuando otra más no hubiera,

con su hermano no pudiera

escribirme estos renglones?

Be.

En ese caso advertido,

conociendo haber faltado,

se halla agora mejorado,

quizá como arrepentido.

Ju.

No Beatriz, si tú quieres

se encamina a me agradar

dame que dificultar,

no trates de resolver:

un laberinto al sentir

juzga en mí, que su beldad

se halla en la dificultad,

y acaba toda al salir.

Be.

Conforme a tu pensamiento

Pag. 50

Be.

se muestra hermosa ocasión.

Ju.

¿Por qué?

Be.

Porque con Garzón

nuestro huésped muy de intento

está hablando.

Ju.

Dices bien,

y al laberinto quizá

más otra lonja dará.

Be.

Y aun sin quizá también.

Ju.

Retirémonos aquí

a escucharlos.

retíranse a escuchar, y sale Arcángelo, y Garzón viejo, y sordo.

Ga.

Lo primero

es que para caballero

sois cansado para mí.

Ar.

¿Por qué?

Ga.

Por preguntador

que merece grave pena

quien pregunta en casa ajena,

y aun cansa siendo el señor.

Ar.

Como tengo en mi deseo

volver a Italia, quisiera

de mi informe conociera

mi amigo mi grato empleo.

Que llevarle algo de comer

tuviera por más fineza

según dicen su pobreza.

Ar.

También, si gustáis saber,

en paga os podré contar

de Italia cosas no oídas.

Ga.

Yo las doy por recibidas.

Ar.

Algo más me habéis de dar.

Ga.

¿Qué queréis?

Ar.

Saber deseo

los años que aquí servís.

Ga.

Catorce por san Dionís

cumpliré, y porque os veo

ingenio en cuanto notastes,

luego a los siete perdí

un sentido, cual si aquí

fuera casa de Zoroastes.

Ar.

¿Es sentido, que sentir

hace a los que os han de hablar?

Ga.

Lo que ellos deben callar

gano yo con no oír:

que el escorpión maldiciente,

cuando envenenar procura,

reparte con gran mesura

la voz entre diente, y diente:

no granjea persuasión

desnudo el vicio de engaño,

en alta voz, no hay el daño,

que hay en la murmuración.

Ar.

El gritar es pensión leve

al beneficio de oír.

Ga.

Un escocés qué deciros

podrá que no sea nieve.

Ar.

¡Notable viejo!

Ga.

Agradable

es en todo el caballero.

Ar.

Molestaros más no quiero.

Ga.

Es vuestro trato muy amable:

mandad que os sirva señor.

Ar.

Decidme pues, qué se ha hecho

un palomar que este trecho

abreviaba con primor,

cuando a su matiz de plumas

era este aire lienzo poco?

Ju.

¡Ay Beatriz!

Be.

Más dudas toco

que tiene Thetis espumas.

Ju.

Yo no, que antes el ovillo

a mi laberinto he hallado.

Be.

Quédate aquí.

Be.

Mi cuidado

que no es sordo, ni sencillo,

te seguirá.

Ga.

Mi señora

ha salido al corredor,

y os podrá mucho mejor

responder.

Ar.

Andad en buen hora.

Vase Garzón.

Ju.

De que gustéis de Garzón

muy gran contento he tenido.

Ar.

El viejo es entretenido.

Ju.

Empeñada en su razón

me ha dejado.

Ar.

No, señora.

Ju.

¿Cómo así? no puede ser

que antes he de responder

Pag. 51

Ju.

a vuestra pregunta agora.

Ar.

Con Garzon mi preguntar

fue solo entretenimiento.

Ju.

¿No tiene mas intento

el sitio del palomar?

Ar.

Llevar de todo razon

a mi amigo.

Ju.

Y aver sabido

donde mi primer marido

hizo por su recreacion,

el palomar, quien podria,

a no ser como colijo,

¿no sois vos?

Ar.

Sí soy.

Ju.

¡Ay, hijo!

¡Ya el corazon lo decía!

¡Ay, dulce prenda perdida,

y para mi gloria hallada!

Abrasense, y quedan como desmaiados, y viene Beatriz, y sale Eduardo, y Garzon.

Be.

Aquí esta Beatriz tu criada.

Ed.

Este es mi hermano sin duda.

Ga.

El amo el preguntador

señor ha buelto, señor.

Ed.

Madre, y señora.

Be.

Esta muda.

Ed.

Es admirable el efeto

del alborozo.

Ga.

El suceso

es estraño, y de gran peso.

Be.

Hablando estan en secreto.

Ed.

No dejemos que el aliento

siga al gozo en su carrera.

Be.

Sea mi ama la primera.

Ga.

Mas rendido al sentimiento

esta mi señor.

Ed.

Hermano.

Ga.

Señor, que queda a preguntar,

que ay grandes cosas.

Apartanse.

Ar.

Loar

el gran poder soberano

es deuda, en sus maravillas.

Ju.

¡Que poderoso que es Dios!

Ju.

Jorge, hijo mio, ¿sois vos?

¿Es engaño, o son sensillas

estas glorias?

Ar.

Mi alegria

bien lo asegura, y previene

que aunque soy yo el que viene

no es esta venida mia.

Ju.

¡Que gloriosa que es la ausensia

cuando se logra el deseo,

que ya en vuestra casa os veo

con trage en igual decensia!

Oyidme, vuestra venida,

¿fue mi amor? ¿fue lastimado

de mi pena, y mi cuidado?

¿fue por alargar mi vida?

Pero dejad que primero

se hallen de mi bien testigos

hijos, criados, amigos.

Sale un predicante herege.

Pr.

No es bien que yo sea el postrero,

cuando de esta casa soy

la estimacion mas cresida,

Pr.

a daros la bien venida.

Ar.

Yo tambien confuso estoy,

quisiera (que es lo que siento)

cognosceros, por no errar

del modo que os debo hablar.

Ju.

No se anuble mi contento

con vuestra varia razon,

este hijo es mi predicante,

siga pues de aqui adelante

cualquiera su Religion.

Ar.

¿Vive en esta casa?

Ju.

Sí.

Ga.

Y con trecientos ducados

al año mui bien pagados.

Be.

Y mas crudo que un Nebli

solo de aves se sustenta

a la mesa con mis amas

tus cuñadas lindas damas.

Ar.

No ay razon que lo consienta,

no viven juntos Señora

el Girifalte, y paxarillo

que por su trato sensillo

nuncio alegre es de la aurora.

Pag. 52

Ar.

de mi amor el desengaño

mostrareis con claridad,

que recibe la verdad

quien se descarta el engaño.

PR.

¡Notable resolución!

JU.

Jorge, señor, hijo mío,

dejad libre el albedrío.

AR.

Esa es la falsa ilusión,

que prueba cuánto delira

el herege en su sentido,

pues solo vive oprimido

el que sigue a la mentira.

PR.

Vuestra autoridad es justo

que enmudezca mi razón.

JU.

Yo estimo vuestra atención:

pues Jorge, en todo me ajusto

a vuestro querer, no es bien

que en una misma igualdad

gocéis vuestra libertad,

y no la goce yo también:

la voluntad en su afecto

se alegre sin oprimir

al ánimo en su sentir:

que de el superior efeto

a la propia discreción,

no ocasione desaliño

a nuestro dulce cariño

en su recíproca acción:

y en prenda me habéis de dar

vuestra palabra muy firme,

de nunca más repetirme

sobre este particular.

PR.

Más conforme a mi deseo

no pudo hablar, yo me voy

con vuestra licencia.

Vase el herege.

AR.

Estoy

perplejo en lo que oigo, juro:

mas pues la acción peregrina

de persuadir a creer

toca al divino poder,

que glorioso la ilumina,

conforme a su voluntad

siga el efeto, y a mi intento

cuidadoso mire atento

al nacer su claridad,

que advertido Prometheo,

del fuego de su arrebol,

traiga encendido el farol,

que dé la luz que deseo.

No es inconveniente agora

a mi madre obedecer.

Conforme a vuestro querer

es mi voluntad, señora:

y en prenda de obedeceros

doy mi venida, que es cierto

que ha hecho un firme concierto

entre vuestro bien, y el veros.

JU.

¡Qué segura está mi dicha,

a todos mi bien se aplique,

venga del destierro Henrique,

no haiga cifra, o contradicha

que no diga mi contento

semblante, afectos, acciones,

sobre tantos corazones

les comunique el aliento:

mas pues los ojos, del alma

son los afectos tan vivos,

que alegres, o compasivos

ponen su sentido en calma:

quiero, ¿qué digo?, ausentarme

porque dejando de ver

pueda aliento recoger

para de nuevo alegrarme.

Quedaos, Jorge, en buen hora,

quedad con Dios: y os quedáis.

AR.

Vos, señora, lo mandáis.

JU.

Yo os veré, quedaos agora.

Eduardo, Beatriz.

ED.

Hermano

luego vuelvo.

Vanse Juana, Eduardo, y Beatriz.

GA.

Si tenéis

algo que saber, queréis

quedaremos mano a mano.

AR.

Mucho, Garzón, os estimo.

GA.

Sois mi amo, y sois mi señor.

AR.

Siempre en mi gracia, y favor

os tendré.

GA.

Con tanto ánimo

yedra será mi vejez.

Pag. 53

GA.

rico voy.

Vase Garson.

Ar.

Volvedme a ver.

¡Cuánto es de Dios el poder!

Sale otra vez Garson.

Ga.

A veros vuelvo otra vez.

Ar.

¿Qué se ofrece?

Ga.

Mi señor,

Henrique ahora ha llegado

de su destierro.

Ar.

Este grado

me da Dios más de favor.

Ga.

Ya entra.

Tenga Garson el

paño al entrar,

y sale Henrique de

camino, y vase Garson.

Ar.

Muy prevenido

halláis el gusto de veros.

He.

Muchos quisiera traeros.

Ar.

¿Qué más que haberos traído?

He.

Ya con haberme llamado

mi madre, sé la razón

que hizo vuestra estimación.

Ar.

Su amor dijo su cuidado:

Mas atended, Henrique,

porque a dos deudas el remedio aplique,

que ambas sin diferencia

piden para la paga mi asistencia:

Mi madre a su deseo

quiere a sus ojos, que le asista empleo,

y Dios, que es deuda inmensa,

ni ausencia leve en su amor dispensa,

la ovejuela más fría en su guarida

como a mi madre he de buscar perdida,

que a todos igualmente

mi obligación me llama indiferente:

el tiempo me ejecuta

a que no deje monte, selva, o gruta

que a la Iglesia Romana

no confiese por sola soberana:

Tú, Henrique, da la traza,

que he de salir como el que sale a caza,

que es una fiera harpía,

en cada pecho humano, la herejía:

Rompiendo selvas, y trepando montes,

a oírme he de juntar los horizontes,

Pag. 54

Ar.

Porque la voz divina

erige la selva, y la montaña inclina:

no hay que tener recelo

que logre allí la población del cielo,

que en este tiempo a la virtud es cierto

que es la mayor ciudad, mayor desierto:

así le asisto a Dios, y si merezco

este poco servicio que le ofrezco,

por mi madre le aplico,

y en una, dos acciones multiplico,

que en Dios busco a mi madre, con que es visto

que cuando a Dios, también mi madre asisto,

y la una deuda pago,

cuando a la otra deuda satisfago.

Ea, amigo Henrique, dame avío,

que el tiempo pierdo, y no es el tiempo mío.

Henrique.

¡Qué fervor!

Aristarco.

Más debo a Dios.

Henrique.

¡Qué presteza!

Aristarco.

Es importante.

Henrique.

¡Qué celo!

Aristarco.

Es de Dios la honra.

Henrique.

¡Qué caridad!

Aristarco.

Hay quien llame.

Henrique.

¡Qué osadía!

Aristarco.

La fe no teme.

Henrique.

¡Qué industria!

Aristarco.

Al amor es fácil.

Henrique.

¡Qué empresa!

Aristarco.

Dios es muy rico.

Henrique.

¡Qué riesgo!

Aristarco.

Soy fino amante.

Henrique.

¡Qué conquista tan gloriosa!

Aristarco.

Será cuando a Dios le agrade.

Henrique.

Vamos, porque luego vayas.

Aristarco.

Dios, Henrique, te lo pague.

Vanse.

Sale Juana, y Draque.

Juana.

¿Has visto a tu amo, di, Draque?

Draque.

¿Cuál, señora, Jorge, o Henrique?

Juana.

A Jorge, que es mi contento.

Draque.

¿No ves que es Jorge invisible,

cómo quieres que le vea,

si más que esta casa, vive

la soledad de esos campos,

de esos montes lo terrible,

lo enmarañado de esa selva,

donde animoso resiste

la envidia, que por papista

le anda buscando, y persigue?

Juana.

¡Qué sobresaltos me cuesta,

que el corazón que apercibe

un temor, sus mismos golpes

de ruido al sentido sirven!

Draque.

Ha dado en que han de ser todos

papistas, y tanto dice,

y con tal gracia, que juzgo

que ya todos estos confines

son católicos romanos.

Juana.

¿No es posible reducirle

a que deje ese ejercicio?

Draque.

Es querer un imposible:

¿hasle visto por ventura

después que vino a vestirse

el hábito capuchino?

Juana.

Que en serlo estaba muy firme

me dijo, mas no que trae

el hábito.

Draque.

Diera un chiste

porque le vieras con él.

Juana.

No sé, no sé, si me incline

a tu gusto, aunque aborrezco

tanto ese hábito que dices.

Draque.

Por Dios, señora, que ya vie-

Pag. 55

Draque.

de la campaña.

Julia.

Pues irte

puedes, Draque, que me importa.

Draque.

Pues voyme sin despedirme.

Vase Draque, y sa le Arcángelo, como que viene del campo.

Arcángelo.

El cielo, señora, os guarde.

Julia.

Seáis, Jorge, bien venido.

¿Cómo os va en la campaña?

Arcángelo.

Siempre en su mismo ejercicio

la casa asegura el premio.

Julia.

¿Es premio negarse un hijo

al alivio de su madre

por entregarse a otro alivio?

Tan ausente vivís, Jorge,

que ahora estaba conmigo

preguntándome a mí misma

si acaso os había visto:

y confusas las potencias,

tan extraños los sentidos

hallé, que no hallé razón

que me diera cierto indicio.

Si en casa os busco, no os hallo;

si a la mesa, no os asisto;

si para hablaros, no os veo;

si al reposo, nunca os miro;

y aun viéndoos ahora, Jorge,

no afirman a deciros,

que sois vos, cuando en vos no hallo

vuestro color, ni el bullicio

alegre de vuestros ojos.

Si ya por ser más Capuchino

no hay duda que por Italia

a Escocia habéis elegido;

aquí padecéis más hambres

en esos montes más fríos,

más penas, en esos campos,

más cansancio en sus caminos.

Si como deuda venistes

a esta madre a restituiros,

no es buena restitución

si no os dais libre a ser mío;

no es mi voluntad, no Jorge,

las fatigas, los retiros,

que si os ausentáis, me ausento,

y si os fatigáis, me aflijo.

Volved a venir de nuevo,

tomad diferente estilo,

venid para vuestra madre

pues así me lo habéis dicho.

Arcángelo.

Esas amorosas quejas,

ese agradable sonido,

son los aromas, y el aire

donde, cual fénix, revivo.

Por vos me tenía muerto

aquel precepto prolijo

que me disteis de no hablaros

en la fe con que respiro.

Quisisteis hacer mi pecho

un continente preciso

de la voz, a que esconderse

las forzadas no han podido.

Aquí perdí los colores,

aquí el ardor intensivo

por riguroso, dejaba

mi pecho flaco, y rendido:

no me bastaba el aliento

que cobraba en los suspiros

que a vuestros ojos hurtaba,

cuando ablandaban los míos.

Mas ahora que piadosa

hacéis el pasto prescripto

diciéndome que empecemos

otra vida, y otro estilo:

ahora sí llego a Escocia,

ahora a mi casa estimo,

ahora veo a mi madre,

y ahora con regocijo

me doy dos mil parabienes,

dos mil contentos me aplico,

ahora todo soy vuestro,

mil gracias ahora os rindo.

Julia.

¿Qué es esto, cielos?, ¿adónde

camina Jorge? Que admiro

más a su voz, que el estruendo

del rayo, que baja en giros.

Oírvele, ¿no es obligarme,

si no le escucho, un desvío?

Pag. 56

Julia.

busco su alivio? no hay duda,

si me voy? mas le persigo:

pues entrémonos por todo,

que es vano cuanto está dicho

de otro amor, si se compara

con el amor de los hijos.)

Ya Jorge podéis hablarme.

Ar.

No hay acto más productivo

que de una gracia, otra gracia,

y en esta razón me afirmo

a pedir más.

Ju.

¿Qué queréis?

Ar.

Que tengáis por punto fijo

que no ha de deciros Jorge

sofísticos barbarismos:

Antes la máquina excelsa

de este estrellado edificio,

el Aire, la mar, la tierra

faltarán a sus oficios,

que yo a vuestro bien Señora:

que admitiendo este principio

haréis senda a vuestra dicha,

que os dé celeste camino

de un misterio, a otro misterio

como el Sol de signo en signo.

Ju.

Notable empresa intentáis

no basta Jorge admitiros

la plática, sin querer

que ordenada, sea motivo

de una pretensión tan alta.

Ar.

Estruendo es la voz, y ruido

si utilidad no la informa,

los conceptos, los períodos

que solo sirven al gusto,

son como flores que al grito

del Céfiro se despiertan,

y mueren al grito mismo.

No es de ahora, no Señora

mi pretensión, que esos Riscos

tal vez centellan ardores,

tal vez lloran sensitivos,

o informados de mis ansias,

o heridos de mis suspiros:

Estos efectos mi pecho,

que es de vuestro amor archivo

brotó al instante que alivio

la fe católica sigo.

A esta luz conozco, y luego

vuestra obscuridad, y unida

a la obligación el celo,

cuantas más luces recibo,

son estrellas que pretenden

dar a vuestra noche olvido.

Siempre despierto a este objeto

eran discretos motivos

todos los días, y noches,

estas que su horror nocivo

no os cupiera, y de aquellos

que a su esplendor cristalino

os trajera la verdad,

y a tanto mis sacrificios,

mis oraciones, y ayunos,

y mis lágrimas dedico:

Con ellas vengo Señora

a veros, y si es activo

a sacar, más que por aire,

un suspiro, a otro suspiro,

no hay menos fuerza animada

en lágrimas, resistiros

a no responder piadosa,

fuera mostrar un prodigio.

Dos actos hay de piedad,

dos empleos compasivos,

vos misma sois el primero,

y el otro, que si os lastimó

no es la causa los trabajos

de esas almas a que asisto,

no mi hábito Religioso,

sino ver los desperdicios

de vuestra vida engañada

con los preceptos calvinos:

esto Señora.

Ju.

Tened

que adelantáis el premiso

más del término que es justo.

Ar.

Parar la corriente a un Río

es menos, que de mi afecto,

estas acciones que animo.

Todo vuestro bien procuro,

y porque al espejo fino

veáis la luz que os enseño:

llamad, que es igual partido

Pag. 57

Ar.

a ese que tenéis en casa

por maestro, a que conmigo

de Religión disputemos:

quede arbitro dando oídos

el Príncipe en las razones,

que es el supremo apetito.

Ju.

Todo lográis en mi amor

ola Draque.

Sale Draque.

Nunca he sido

tan puntual.

Ju.

Luego al instante

dirás que venga el ministro

a verme.

Dr.

Y Jorge presente

esto huele a capuchino.

Vase

Ar.

Qué palestra a mi deseo.

Ju.

No tiene amor más delito

que negar algo a quien ama.

Ar.

Hoy despojarle confío

de mi madre a este tirano.

Ju.

Quién tan grande acto pre-

-vino.

Sale el Predicante.

Pr.

Ya vengo señora a veros

por saber lo que mandáis

para en todo obedeceros.

Ju.

Bien en justicia lográis

la estimación de quereros.

Conforme a mi voluntad

se ha mostrado vuestro intento.

Pr.

Serviros es mi contento.

Ju.

Pues tanto os debo lograd

la ocasión que aquí os presento.

Ya sabéis como dejando

Jorge nuestra fe, sigue hoy

la Iglesia Romana, y cuan-

-do

más contenta en verle estoy

me está el placer barajando.

Que si es la fe el corazón

del alma que anima al al-

-ma

cuando más cerca en la al-

-ma

del querer, más quedo en cal-

-ma,

pues no hallo alma a la razón,

y así vos que sois maestro

de esta forma, que me anima

cual sabio, prudente, y diestro,

remediad, pues me lastima

esta llaga, que aquí os muestro.

Jorge quiere disputar

con vos, y lo he prometido,

por ver si de este partido

se puede en dicha lograr

una igualdad de sentido.

Que no debe menos ser

nuestra confianza en vencerle,

que la suya a su querer,

y si esto llegase a verle,

no me queda más que ver.

Ni menos me ha de quedar

hacienda, joyas, o plata

con que os pueda gratular:

Empezad, que dilatar

el remedio, es mal que mata.

Pr.

Por la gracia que me hacéis

de darme esta autoridad,

os advierto que miréis,

que en vana curiosidad,

a la verdad ofendéis.

Si en nuestra fe con certeza

tenéis vuestra salvación,

no es mejorar de razón:

y es proceder con tibieza

mirar la contradicción.

Ar.

Deshacer el beneficio,

que en premio de os agradar

confirmo este beneficio,

es querer tiranizar

una virtud, con un vicio.

No deja el sol de ser sol

porque la nube atrevida

se oponga, y desvanecida,

más glorioso su arrebol

con su hermosura convida:

y así no se ofende aquí

a la luz de la verdad

en la contienda, antes sí

luce más su claridad

como el sol sin nube allí.

Ju.

Es tan noble mi constancia

que se juzgara ofendida

de vuestra frívola instancia

si acreedor de mi vida

Pag. 58

Ju.

le hubiera de dar sustancia:

dar pretendo a Jorge gusto,

y os ruego que a este intento

queráis argüir sin disgusto,

que si me ajusto, o no ajusto

no toca a vuestro argumento.

Pr.

No adelantó mi sentir

el término del respeto.

Ju.

Así lo estimo.

Pr.

Decir

puede Jorge, que al efecto

pronto estoy para argüir.

Ar.

Si en vuestra fe afirmáis

dar cierta la salvación,

es forzosa obligación

que esa fe que profesáis

mostréis con clara razón.

Pr.

Decís bien, y es de Calvino

la fe.

Ar.

¿Y dónde alistado

sus fieles tiene?

Pr.

Ese grado

dio a Ginebra en que convino

la reformación que ha dado.

Ar.

Ahora necesariamente

es ver lo que determina

esa vuestra ginebrina

o contrario, o diferente

de mi Romana divina.

Pr.

En todo es vario el sentir,

mas en lo que más se apura

es que dejando el decir

de los hombres, no admitir

más que la sacra escritura.

Ar.

Si en la escritura sagrada

a Ginebra iglesia vuestra

me halláis, no haré cansada

a mi madre, en otra muestra

que a mi razón la persuada.

Pr.

Sí hallaré, si para hallarle

me dais tiempo conveniente.

Ar.

A mi madre toca el darle.

Ju.

Antes juzgo el señalarle

ridículo, o impertinente:

que es de nuestra fe importante

mucho este artículo, y así

con evidencia al instante,

cual maestro, luego aquí

se ha de dar prueba bastante.

Pr.

Vuestro precepto es violencia,

y por mostrar cuánto es llana

mi propuesta, en consecuencia

vuestro hijo en pronta evidencia

muestre a su iglesia Romana.

Ar.

Yo señora no he ofrecido

mostrarla, mas la verdad

es claridad del sentido,

y el engaño obscuridad

que al paso se halla impedido.

Y así, sin ver la escritura

de su razón soberana

mostraré prueba segura

como la iglesia Romana

en su verdad se asegura:

Es de Pablo en lo primero

de su Epístola a Romanos,

y lo repite muy entero,

que es como dar a dos manos

punto que es tan verdadero.

Empieza a Dios gracias dando

porque la Romana fe

se va al mundo propagando,

y sigue en decir que

a Roma le están llamando:

Que con la iglesia Romana,

que por madre conocía,

deseaba, y pretendía

sobre la fe soberana

conferir lo que ocurría.

Pr.

Yo confieso por verdad

lo que decís, mas también

a mi réplica mirad.

Ju.

Más vale estudiarlo bien

y hablar con seguridad.

Cual fluctuando en la tormenta

donde antes la confusión

el peligro representa,

tal se halla en esta ocasión

mi nave triste, y violenta.

Mas con discreta osadía

buscaré gallarda el puerto,

no ofrece el ministro guía,

Jorge sí, que ha descubierto

Pag. 59

Ju.

un farol como de dia.

Vamos pues a consultar,

pues tanto peligro nota

este tormentoso mar,

si he de mudar la derrota

para mi baguel salvar.

Vase Juana.

Pr.

Pues nuestra madre se ha hi-

la disputa dejaremos (do

a la elecion de su ohido.

Ar.

Que oiga cuando la tratemos

es mi singular partido.

Vase el ministro.

La campaña me an dejado,

y el eco de mi victoria

mui sonoro, y concertado,

sea un himno regalado

con que a Dios cante la gloria.

Mas si es quien le guisa amor

como podre sasonar

un plato de tal sabor,

que sirva a quien con primor

pratica el arte de amar.

Vase.

Sale Henrique, y Draque.

he.

Loco de contento estoi

grandes albricias te ofresco.

Dr.

Para machina tan grande

empiesa a echar los simien-

dame algo pues de contado (tos;

he.

Tota fiansa mi contento

que sabre desempeñarme!

Dr.

Si se ba el gusto que haremos?

he.

No puede ser que es del alma.

Dr.

Pues por mejor dame luego

con que mi cuerpo regale,

y un gusto haras de alma,

he.

Si dare.

Dr.

Si doi acaba.

he.

Cuentame antes.

Dr.

O si ay quento

ya me as dado lo que basta

que no ai mas sabroso premio

para un criado, o una criada

que escucharle su amo un quento.

he.

Al fin se ha hido el minis-

tro.

Dr.

Antes que del Baio el pelo

corrigiera la almohasa:

Diole Jorge a lo que entiendo

sinco tapabocas fuertes,

en otros sinco argumentos,

vido a tu madre confusa,

sin maña, o industria suelen

Jorge mui robusto, y osado,

toda la casa en secretos,

menos asistido el gusto,

marañados los objetos,

sin animo la confiansa,

y escogio por su remedio,

en estas intercadensias,

mudar de temperamiento

porque ya para sus humores

era contrario este cielo.

he.

Y no quieres que te ofresca

el corazón por lo menos

si el alma gano en ohirte.

Dr.

Linda joia para un cuervo.

he.

Dime Draque, y mi madre?

Dr.

Ese es tambien otro quento.

Pienso que ha dado en ser poe-

segun muestran los efetos, (ta

Anda siempre pensativa,

las acciones sin consierto,

ahora sube a las estrellas,

tal ves se sienta en el suelo,

y de tal manera aplica

la vista a su mismo pecho,

que diras que ella esta hablan-

y le responden de adentro: (do,

Al instante se levanta

con una inquietud diciendo

llamadme, llamadme a Jorge,

y al mismo instante bolvien-

no le llameis, y veras (do

que como en tiempo rebuelto

se resuelven siempre en lluvias

las señales, los estruendos,

Asi todas sus acciones,

de un suspiro, como un trueno,

Pag. 60

Los párpagos como nubes

relampagueando, y rompiendo,

derrama tan grande llanto

que cuando la vi, temiendo

un gran diluvio, a escaparme

corrí buscando algún cerro.

He.

Mejorado me has el alma.

Or.

Y el corazón tiene bello

según se está duro en dar.

He.

Es que falta entre todo esto

decirme lo que hace Jorge.

He.

Eso es también otro cuento.

Sabrás que ha dado en espía

de tu madre, y tan atento,

que parece que la come,

como otros beben los vientos:

un envidioso le juzgo,

pues con igual desconcierto

si la ve llorar, se alegra,

cuando muestra más suspensos

los sentidos, Jorge más

le construye el pensamiento:

la menor acción le atiende,

y cual si fuera fullero,

para componer su suerte

siempre anda buscando un cuento.

¿Quieres que te cuente más?

Sí dirá que vuelve de nuevo,

que en llegando a lo más alto

el placer, para su aumento

repetirle muchas veces

es diversión del ingenio:

ya sabía cuanto has dicho,

y quise de ti saberlo

por el contento de oírlo.

Del vocabulario necio

es frasis, ya lo sabía.

¿Estás loco?

Cuando pierdo

más coplas que Juan de Mena

¿quieres que quede con seso?

Pues oye que he de pagarte

con decirte los misterios

de las razones que has dicho.

Eso es lo que traje, llevo.

A Jorge de capuchino

ya le has visto, y en su convento

viste que la caridad

vive como en propio centro.

Este es el imán que ceba

la aguja al cristiano pueblo,

porque en concertados rumbos

navegue al celeste puerto.

De esta calamita hermosa

ornado el cándido pecho,

del que hoy la Iglesia Romana

gobierna, Monarca Excelso,

con Jorge a nuestra Bretaña

manda su piadoso celo,

porque en su mar naufragoso

tenga piloto, y lucero.

A Jorge también le has visto

que no hay cuidado, o desvelo,

cansancio, pena, fatiga,

hambre, sed, calor, o invierno

que detenga la corriente,

que por lograr este intento,

como caudaloso río,

nace de su firme pecho:

Aras consagra en las selvas,

erige en los montes templos,

pueblos junta en las campanas,

pues con amoroso esfuerzo

humil almas ha librado

del calvino cautiverio,

mientras ocho veces Cintia

revive al calor de Febo.

Mas como es naturaleza

del cielo, a quien mira atento,

una inquietud concertada,

como de su móvil vemos:

así esta antorcha divina

en continuo movimiento,

cualquiera punto es principio,

no tiene punto postrero.

Y al fin como fino amante,

que hidrópico en los empleos

más sed tiene de dar más,

cuanto más se ofrece al cielo:

Pag. 61

Or.

mi madre que más estima

desea dar, porque imperfeto

fuera el amor si no diera

lo que más tiene en aprecio.

por conseguir esta empresa,

como Jasón, o Perseo,

monstruos destruye engañosos

de ese hereje, y a su destierro:

Dr.

Tente Señor que lo más

que le falta a ese tu cuento

dirá tu madre que viene

hablando sola.

He.

Escuchemos.

Dr.

No he dicho que ha dado en poeta!

He.

Por no turbarla, en silencio

nos vamos a otra sala.

Dr.

Si es poeta aunque más gritemos.

Retíranse.

Sale Juana.

Ju.

¿Qué es esto Jorge? ¿qué poder estraño

te anima así, que excede otra potencia!

que en resistir tu voz, recelo daño,

y en rendirme a tu voz, no hallo violencia:

Si andando en pleito la verdad, y engaño,

gana el ánimo quieto la sentencia,

pues sosiego interior hallo en rendirme,

fuera hacer injusticia en resistirme.

Osado, valeroso, sabio, experto

del ministro infernal ganas victoria

Si te usurpo el despojo, hago concierto

con el engaño, por negar tu gloria,

si al despojo me rindo, es más acierto

que al mundo tanta hazaña sea notoria,

que seré, cuando de otro sea notada,

por madre del triunfante celebrada.

¡Mas qué digo! ¿qué siento? ¿o qué imagino!

¿cómo hablo de quien soy tan diferente?

Si hasta agora en mi pecho está Calvino,

cómo, si ausente fuera, el pecho siente?

¡Oh maravilla rara! quien previno

tan milagroso efeto! oh claramente

principio soberano, que no fueras,

si principio tú mismo, no me dieras.

Venza mi Jorge pues, logre el trofeo

quien tuvo fuerza tal para obligarme,

y pues la paz es de la guerra empleo,

goce la paz, que Jorge supo darme:

ya desterrado de mi casa veo

quien la guerra me daba en engañarme,

Pag. 62

Ju.

¡Oh amada, oh dulce paz! Cierre mi oído

las puertas a ese Jano fementido.

A Jorge solo quiero, a Jorge llamo,

¿cómo no oyes, mi Jorge, a esta tu madre?

Oh mejor, de esta tórtola el reclamo,

porque el gemido a tu piedad más cuadre.

Pues como madre tiernamente te amo,

respóndeme también dulce cual padre,

como padre te llamo, ¿no respondes?

Si este tu cuarto es, ¿cómo te escondes?

Sale Jorge en hábito capuchino, sin mirar a la madre.

Mas ¿qué miro? ¡Ay, mi Dios, estoy temblando!

¿No es este aquel compuesto capuchino

vino en mi fantasía, desde cuando

aborrecí su traje peregrino?

¿Con qué razón mi culpa está acusando,

cuando ya le respeto por divino?

¡Ay de mí triste! ¿Cuál será disculpa,

si en su veneración hallo mi culpa?

¿Si eres tú, Jorge? Porque mi sentido

de asombro, de confuso, y de turbado,

informar las especies no ha podido,

ni en su necesidad la voz he hallado.

Sin sentido, sin voz, ¿qué otro partido

a este empeño, a este trance, a este cuidado,

con prontitud, con voluntad, con ciencia,

dará caudal, aliento, o inteligencia?

Fr.

Dilatar el consuelo en los rigores,

trazas divinas son maravillosas,

que a una alma esconde amante los favores,

por oír más sus quejas amorosas.

Amante esta alma, ya redobla amores,

coronadla, Señor, de vuestras rosas,

ya me enseñó por Vos, en sus enojos.

Vuelve la cara a la madre.

M.

¡Ay Jorge, nunca tan bello a mis ojos!

No llego, no, como a Jorge,

a Arcángelo es bien que llegue,

porque Arcángelo perdone

lo que a Jorge se le debe.

¡Qué crueldad no usé con Jorge!

hasta llegar a ofenderme

de ser su madre, y el sustento

quitarle, por deshacerle.

Pag. 63

[JU.].

¡Qué piedad no ha usado Jorge

para que más me avergüence!

Porfiando siempre en ganarme,

cuanto yo hacía tema en perderme.

¡Qué trazas no usó divinas!

Y entre todas la presente

de este hábito santo, cuando

pretendo que me remedie.

Qué bien lo advierten los ojos,

o como el alma lo siente,

lo que crece mi confianza,

lo que mi consuelo crece.

Qué contento soberano,

que no es menos si se advierte

dolerse del mal pasado,

que holgarse del bien presente.

No es olvidar el pecado,

antes cierto le aborrece

quien no quisiera acordarle

por el horror de no verle.

Tan agradable a mis ojos

hábito santo pareces,

que no puedo persuadirme

que jamás tu enemiga fuese.

Ea, Arcángelo, que gozas

de tanto bien, pues Dios quiere

que vengas a reengendrar

a quien te trajo en su vientre.

No me dilates la vida,

tu hija soy, cual padre debes

comunicarme tu aliento,

y repartirme tus bienes.

Enséñame lo que sabes,

dame la luz que posees,

porque doradas mis canas

a este Jordán se renueven.

A tu voluntad rendida,

a tu doctrina obediente,

Arcángelo, dueño, padre,

gana tu deseo, posee

lo que tanto te ha costado.

Reina, triunfa, humilla, vence

en mí la herética hidra,

repara, limpia, sostiene

esta carcomida planta,

que para que se sustente,

más que al humor de sus ojos,

de tus plantas se guarece.

Arrodíllase, y Arcángelo alza los ojos al cielo, y dice.

Mira a la madre.

AR.

¡Oh profundidad divina,

oh mar, cuyas olas crecen

en repetir los favores,

siendo un su ser igual siempre!

Cómo se siguen las olas

conmigo así; tus mercedes

unas de otras se proceden.

Y agora que a mi deseo,

ya le has dado el puerto alegre,

en que de la isla del mundo,

mi madre en tu nave se entre:

haz, Señor, que comprehenda

la navegación que emprende,

que navega a tierra firme,

donde son firmes los bienes.

Señora, ver de este modo

el contento también tiene

tal poder en los sentidos

que los baraja, y suspende.

Arrebatóme tan alto,

pero, señora, creedme

que allá os llevo conmigo,

y que desde allá me advierte

que venga muy presto a alzaros,

que quien al cielo se ofrece

le ayuda el cielo con alas,

y alas le da porque vuele.

¡Oh mil veces mi venida

felice!

JU.

¡Oh feliz mil veces

tu venida, padre mío!

AR.

Como a padre obedecedme,

levantaos en mis brazos.

Levántase.

JU.

Cuánto el alma en ellos crece,

sostiéneme en ellos, hijo,

que todo a tu arbitrio entrego,

solo tengo voluntad

en querer lo que quisieres.

Pag. 64

Sale Henrique, y Draque.

Henrique.

¿Viste tan gran maravilla,

Draque?

Draque.

Sí, señor.

Henrique.

Pues vete,

llama a todos los de casa,

porque en acto tan solemne,

para su mayor triunfo,

todos se han de hallar presentes.

Vase Draque.

Julia.

Llega Henrique.

Henrique.

Ya, señora.

Como a la luz que se enciende,

todos en la casa luego

se conocen, y se entienden:

así pues la luz divina

cuando alumbra, y resplandece

luego se entienden las almas

con una vista que excede

con tanta excelencia a la otra,

como efectos que proceden

de una luz que siempre vive,

a una luz que luego muere.

Julia.

Ay, hijo, qué bien has dicho,

que hasta ahora conocerte

no he podido, como es cierto

que en lo obscuro nadie advierte,

mas ya que a mi alma dichosa

el claro sol le amanece,

en mí misma te conozco,

y veo lo que mereces.

Sale Eduardo, Draque, Garzón, y por otra puerta Beatriz.

Eduardo.

¿Qué alborozo es este, Draque?

¿Jorge, mi hermano no es este?

¡Qué en traje extraño, y admirable

miro!

Garzón.

Solo responderte

me toca a mí que a preguntas

tengo gracia gratismente.

Beatriz.

Jorge está de capuchino.

Draque.

Ya que le dio peor vejete

la dama.

Garzón.

Antes con prestura

quitó el asombro que ofreces.

Henrique.

Doyte señor dos mil gracias.

Arcángelo.

Dame hermano parabienes,

que las gracias son del cielo.

Henrique.

¡Qué contentos, qué placeres!

Arcángelo.

Qué día tan señalado

en que de mi vida cuente

este principio tan claro.

Julia.

Otra tanta envidia ofrece

como contento el miraros,

y ¡ay Arcángelo!, previene

lo que ha menester mi alma,

que hasta que a tanto bien llegue

es cada minuto, un siglo.

Arcángelo.

Siglos de méritos crece

ese fervor.

Henrique.

Luz divina

Julia.

Henrique, la luz que adviertes,

que cuando se enciende en casa

para todos resplandece:

pues de mi alma, aunque indigna

de tanto grado, el sol quiere

hacer de sus rayos cielo,

el sol que la esfera breve

de una alma hace más capaz,

que las esferas celestes:

no ha de quedar en mi cara,

quien a esta luz no confiese

por lumbre sola del alma.

Querido Eduardo, tú que eres

remate de mis entrañas,

y punto de mis deleites,

cierra el círculo a mis dichas,

porque en lo esférico muestren

que son tantas, que no hay punto

por donde acaben, o empiecen.

Vuelve a la Iglesia Romana,

que con ella a ti te vuelves,

que en ella te restituyes

lo que a ti mesmo te debes.

Por ella te guía el cielo

al cielo, y siendo rebelde,

ni al cielo pagas la deuda,

y voluntario te pierdes.

Haz este gusto a tu madre,

mis pechos, mi blanca leche,

que cándidos te han criado

pureza, y verdad te ofrecen.

¿Qué me respondes Eduardo?

Pag. 65

Ed.

Que a Dios soy, y a ti obediente.

Gu.

Qué dulce voz, eso basta,

deja que en voces alegres

publique mi dicha a voces,

pues gozo ahora presente

dichosa madre, a tres hijos

que de ganarlos celebre,

que estaban todos perdidos

en edades diferentes.

He.

Oh abismo de Dios!

Ar.

Henrique

la llama divina tiene

tal virtud, que en las entrañas

luego el oro refulgente

cría de la caridad,

y es razón nos avergüence

que al primer rayo este pecho

vuelva reflejos lucientes,

y a su vista nuestra llama

esté ociosa, y negligente:

Draque, Garzón, y Beatriz

ninguno a este bien se niegue,

que es casa muy grande el cielo,

tiene más de mil retretes,

Dios os convida con ellos,

que tanto como a mí os quiere.

Ga.

Yo, Señor, ya estoy rendido,

que desde que os vi de suerte

me habéis llevado el sentido,

que ahora conozco, aleve,

que como estrella divina,

tenéis influencia celeste.

Be.

Yo también.

Dr.

Calla, Beatriz,

que el varón siempre prefiere,

y he de hablar.

Be.

Yo soy Romana.

Dr.

Pues yo soy más.

Be.

Calla hereje.

Dr.

Mientes, porque en ser Roma

vive Dios se las apueste

con el mismo Capitolio.

Be.

Pues, qué es eso que más eres?

Dr.

Soy Capuchino, he ganado!

Ar.

Qué donaires!

He.

Qué sainetes!

Ar.

Tan de corazón,

He.

tan de alma,

Ar.

la heredad de Dios florece.

He.

Si mi madre lo permite,

si tu padre lo concede,

para celebrar este acto

diré lo que se me ofrece.

Gu.

Di Henrique.

Ar.

Cuando no has sido

tú mi compañero siempre.

He.

En lo alto de este palacio

está con alto primor,

por quien los demás que tiene

son uno, y otro escalón.

Tan encima de los vientos

un bellísimo salón,

que platica las estrellas

sin alterarse la voz.

Como tan cercano al cielo

ofrece con perfección

dulce hechizo, copia hermosa

al sentido, y al sabor.

donde con mi madre asisten

continuamente las dos,

que a mí, y a mi hermano el cielo

por esposas nobles dio:

tan Ángeles que hacer pueden

celeste aquella Región:

no se ofenda la modestia,

o exceda el término, o no.

En fe de que han de ser luego

libres de aquella objeción,

como Ángeles ilustradas

del Romano Resplandor.

Aquí pues donde a esos campos

registran de sol, a sol

y trabajo del arado,

la ociosidad de la flor:

las marañas del Arroyo,

que en tan clara condición

la vecindad de la tierra

pudo pegar su sabor.

Tan dueño de todo junto

que ese descollado Albión

Pag. 66

He.

como cándido se ofende

de verle tan mirador.

Esta sala, pues, que goza

de puesto tan superior,

que se olvida del bullicio

del mundo, y su confusión,

sea homenaje donde se haga

la romana confesión,

y abjure solemnemente

a Calvino, y a su error.

Dedicadla vos, señora,

consagradla padre vos,

que de este divino triunfo

sea glorioso blasón.

Arcángel.

Tan ilustrado sentido

es divina inspiración.

Juan.

Hijos, al instante luego

levantad sin dilación

este glorioso edificio:

el religioso fervor

sea la ofrenda más digna,

la piedra de más primor,

que en la fábrica del cielo

manos tiene el corazón.

Mis joyas, mi plata, y oro,

todo cuanto hay de valor,

todo repartid en su adorno:

mejore de estimación

sirviendo a quien le ha criado.

Consagrado templo a Dios,

padre, y rogad también

goce mi alma igual favor.

Hermano.

Que adelante se halla el alma

que empieza a servir a Dios.

Arcángel.

Querida madre, y hermano,

familia amable, en quien hoy

derrama el cielo más gracia

que aljófar vierte el albor.

En tanto que a vuestra dicha

dilata la ocupación

del templo, y en solemnidad

pasáis al grado mejor.

Acompañad a mi canto

que es deuda un inmenso loor,

a una inmensidad de gracias,

y a un diluvio de perdón.

Doctor.

Y otro tanto ha menester

por las faltas el autor,

que con mal cortada pluma

pinta la primer misión

del Capuchino de Escocia,

empeñado del amor

de su afecto, con que humilde

pide a los ingenios que hoy

se cuentan al sol los rayos,

quiera alguno, en noble acción,

hacer la segunda parte

de este admirable esplendor

de la capucha, que enmiende

con su pluma, este borrón.

Pag. 67

Doctor.

como de todo se ofende

de suerte tan mirado

Esta sala pues que goza

de puesto tan superior

que se olvida del bullicio

del mundo, y su confusión.

Es homenaje donde se haga

la Romana confesión

abjure solemnemente

a Calvino, y a su error;

aquí el Diablo Señora,

consagradla, Padre, vos;

Que de este divino trago

un glorioso olvido

Tan ilustrado sentido

es divina inspiración

Hijos, al instante luego

sin que admita dilación

comenzad el edificio

el religioso fervor

sin la ofensa más ligera