Siempre hay que envidiar amando
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En una Chipre pastoril dedicada a Venus, la bellísima Dorinda es escogida como Psiquis de la primavera y, tras un encuentro fortuito en el camino del templo, nombra a Deífobo, pescador fenicio recién llegado, aunque lo hace con intención ambigua y vengativa. Durante los festejos en el bosque sagrado y junto al arroyo, la rivalidad entre Deífobo, Alcino y Melibeo se agrava entre celos, desdenes y certámenes amorosos, hasta que Dorinda retira su favor, provoca nuevos enfrentamientos y somete a los tres a pruebas cada vez más sutiles. En la última prueba, ya en el entorno del bosque y de la estatua de Psiquis, cada galán busca amar a Dorinda sin hablarle directamente, y Deífobo vence al dirigir su amor a la imagen que la representa, con lo que logra finalmente el premio amoroso y el desenlace nupcial.
