Ficha de obra

No se pierden las finezas

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En la Nápoles cortesana vinculada al Estado de Salerno, Leonarda favorece al marqués Carlos mientras el español Enrique la sirve con constancia, en medio de fiestas, celos y rescates ocurridos en una quinta junto al mar. Ricardo acusa traidoramente a Leonarda ante el rey Fernando, la hace desterrar y la deja sin hacienda ni honor, pero Enrique, ya arruinado por amor, la socorre en el monte y renuncia incluso a honores y matrimonio ventajoso por permanecer fiel a ella. Cuando se descubre una nueva falsificación de Ricardo y se prueba la inocencia de Leonarda, el rey restituye a la princesa, premia a Enrique con su mano, casa a Sirena con el propio monarca y a Carlos con Isbella, afirmando que las verdaderas finezas no se pierden.