Los toros del alma
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En un marco alegórico y sacro, probablemente situado entre el palacio celestial, la casa del Alma y una plaza convertida en coso, Lucero se rebela al ver que Dios ha desposado al Alma y la honra con el Sacramento. Durante la fiesta eucarística, el demonio intenta seducir al Alma y luego suelta toros que representan los pecados, frente a los cuales actúan figuras bíblicas asistidas por Fe, Amor, Justicia y Misericordia. El desenlace llega cuando Dios baja al coso, vence al Pecado y a la Muerte a costa de su propia sangre, redime al ser humano y permanece en el pan sacramental como alimento eterno del Alma.
