Nabot
Dueño de la viña y figura central del conflicto; aparece como hombre justo, defensor de su heredad y del Dios de Israel, y muere víctima de una acusación falsa promovida para arrebatarle su viña.
Francisco de Rojas Zorrilla
Fecha de publicación del resumen: 18 de junio de 2026
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Samaria, junto al palacio del rey Acab, la viña de Nabot aparece como un espacio sagrado y moralmente ordenado, pero la llegada de Jezabel aparta al rey del Dios de Israel y lo entrega al culto de Baal. Tras la idolatría de la corte, el profeta Elías anuncia una gran sequía, derrota a los sacerdotes de Baal en un sacrificio público y obtiene del cielo fuego y lluvia, aunque Jezabel persiste en su rebeldía. Cuando Acab pretende apropiarse de la viña y Nabot se la niega por ser herencia paterna, Jezabel provoca su muerte con una acusación falsa; después, tanto Acab como ella reciben el castigo divino y la obra cierra con una lectura sacramental de la viña, el pan y el vino.
La acción se abre con la visita del rey Acab a la viña de Nabot, situada junto al palacio real. Nabot la presenta como espacio abierto a todos los que quieran entrar en ella y, mediante un largo discurso alegórico sobre árboles, virtudes y vicios, la define como una viña del señor, regida por un sentido moral y religioso. En este ámbito aparecen también personajes alegóricos como Trabajo, Fe, Esperanza y Caridad, que explican la vida de la viña y el acceso a su mesa de pan y vino. La pieza deja ver desde el comienzo la oposición entre la lógica espiritual de Nabot y la condición vacilante de Acab. Cuando entra Jezabel, princesa soberbia y devota de Baal, Acab queda prendado de su belleza, rompe con los consejos de Nabot y se entrega a ella. Bajo su influencia, se declara adorador de Baal y ordena perseguir el culto del Dios de Israel, mientras Nabot queda vinculado al bando de la fidelidad religiosa y del recto consejo.
La idolatría de Acab y Jezabel provoca el castigo divino. El profeta Elías, tras recordar su retiro y la ayuda milagrosa recibida de Dios, pide justicia contra el reino que ha abandonado al verdadero Dios, y se decreta una larga sequía sobre Samaria. Pasados los años de hambre, Abdías describe la devastación del país y la persecución de los profetas fieles, a quienes protege en secreto. En ese contexto se celebra el enfrentamiento entre Elías y los sacerdotes de Baal: estos sacrifican e invocan inútilmente a su dios para obtener fuego y lluvia, mientras Elías prepara su sacrificio al Dios de Israel y logra que descienda fuego del cielo. El pueblo reconoce entonces la verdad del Dios de Israel y, a continuación, llega la lluvia esperada. Sin embargo, Jezabel no cede en su obstinación, amenaza a los fieles y mantiene vivo el conflicto entre idolatría y verdadera religión, de modo que la conversión del reino resulta incompleta y precaria.
En la parte final, la viña de Nabot vuelve al centro de la trama. Diversas figuras alegóricas como Envidia, Soberbia e Ira intentan entrar en ella, pero los viñadores las rechazan, subrayando que ese espacio no admite tales vicios. Acab, escarmentado por los sucesos anteriores, pide a Nabot la viña para convertirla en lugar sagrado y refugio, pero Nabot se niega porque la considera herencia paterna y, además, una realidad santa que no debe entregarse para otro uso. Jezabel decide entonces obtenerla por la fuerza: utiliza el anillo real, promueve una falsa acusación de blasfemia contra Nabot mediante testigos perversos y consigue que sea condenado y apedreado. Tras la muerte del inocente, Acab y Jezabel entran triunfantes en la viña, pero sobreviene el castigo anunciado: Acab cae mortalmente herido y su sangre es lamida por perros, mientras más tarde Jeú entra victorioso, despoja a Jezabel de poder y la hace despeñarse, cumpliéndose también sobre ella la venganza divina. El desenlace enlaza la sangre de Nabot con la redención cristiana mediante el pan y el vino de la viña, y culmina con la exaltación final de Elías, figura del celo por Dios, en una conclusión plenamente sacramental.
Dueño de la viña y figura central del conflicto; aparece como hombre justo, defensor de su heredad y del Dios de Israel, y muere víctima de una acusación falsa promovida para arrebatarle su viña.
Rey de Israel o Samaria, seducido por Jezabel y apartado del recto culto; desea la viña de Nabot, consiente su despojo y acaba sufriendo el castigo divino.
Esposa de Acab y principal agente de la idolatría y de la violencia política; impone el culto de Baal, persigue a los fieles y urde la muerte de Nabot para entregar la viña al rey.
Profeta del Dios de Israel y gran antagonista religioso de Acab y Jezabel; anuncia la sequía, desafía a los sacerdotes de Baal y se convierte en ejecutor del celo divino.
Servidor vinculado a la corte que, pese al peligro, mantiene fidelidad al Dios de Israel, protege a los profetas perseguidos y sirve de enlace con Elías.
Personaje de relevancia decisiva en el desenlace; entra victorioso, recibe el reino y ejecuta el castigo final contra Jezabel, restaurando el orden político y religioso.
Figura alegórica de gran presencia en el auto, asociada al esfuerzo necesario para sostener la vida y acceder al sustento de la viña; dialoga directamente con Acab.
Alegoría fundamental en la dimensión sacramental de la obra; acompaña y abandona a Acab según su caída, y reaparece en la resolución final vinculada a la salvación.
Espacio central de toda la obra; primero se presenta como lugar de abundancia, doctrina y acogida, y después se convierte en objeto de deseo, usurpación, martirio y lectura sacramental.
Marco político principal de la acción, sede de la corte de Acab y Jezabel y escenario general de la idolatría, la sequía, la disputa religiosa y la restauración final.
Lugar desde el que Acab contempla la viña y donde se articulan las decisiones de poder, el influjo de Jezabel y las órdenes que desencadenan la persecución y el crimen.
Espacio al aire libre donde se enfrentan Elías y los sacerdotes de Baal ante el pueblo; su función es revelar de manera visible qué divinidad posee el verdadero poder.
Espacio de la devastación provocada por la sequía; sirve para mostrar materialmente el castigo divino sobre el reino por su idolatría.
Lugar de refugio mencionado por Abdías para esconder a los fieles perseguidos por Jezabel, señal de la represión religiosa en el reino.
Espacio del castigo final de la reina; concentra visualmente la inversión de su soberbia y el cumplimiento de la justicia divina.
La trama gira en torno al deseo del rey de apropiarse de la viña de Nabot y a la violencia política y judicial empleada para arrebatarle su heredad.
La obra contrapone de forma continua el culto al Dios de Israel y la adoración de Baal, mostrando sus consecuencias religiosas, políticas y morales.
Nabot es presentado como justo perseguido, falsamente acusado y muerto sin culpa, lo que convierte su final en núcleo dramático y espiritual de la obra.
Acab y Jezabel, dominados por la ambición y el orgullo, reciben finalmente una pena proporcional a sus culpas, conforme a la justicia de Dios.
El auto interpreta la viña de Nabot en clave religiosa y eucarística, relacionando sus frutos con la gracia, la Iglesia y, en el desenlace, con la sangre del justo.
La presencia de figuras alegóricas como Fe, Esperanza, Caridad, Trabajo, Envidia, Soberbia e Ira convierte la acción en un combate moral visible dentro de la trama.
La negativa de Nabot a vender la viña subraya el valor de la heredad paterna y la imposibilidad de disponer de ciertos bienes como si fueran simple propiedad negociable.