Jesús / Christo
Centro de la acción, desde la cena hasta el entierro. Anuncia y acepta su muerte por la redención humana, enseña la caridad, rechaza la defensa violenta y ofrece perdón en medio del suplicio.
Desconocido
Aviso
A continuación se ofrece un resumen automático no revisado de la obra, generado con ChatGPT (modelo 5.4) a partir del texto disponible. Puede incluir errores y omisiones. Si detectas problemas o incoherencias, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
Jesús celebra la Pascua con sus discípulos en casa de Simó, les lava los pies e instituye el recuerdo de su cuerpo y su sangre. Anuncia la traición de Judas y las negaciones de Pera. Tras la oración en el huerto, acepta el prendimiento, impide la defensa violenta y cura a Malcus. Annàs y Caifàs impulsan su condena; Pera se arrepiente de haberlo negado y Judas, desesperado, se ahorca. Pilat reconoce su inocencia, pero cede a las presiones después de enviarlo a Erodes y hacerlo azotar. María y sus compañeras siguen el camino al Calvario, donde Jesús muere entre burlas, lamentos y prodigios. Josep Arimatia y Nicodemus obtienen permiso para desclavarlo, entregan el cuerpo a María y lo sepultan. Los guardias quedan junto a la tumba; los fieles adoran la cruz y acompañan a la madre hacia la ciudad. La obra concluye con el entierro y la soledad de María, sin representar la resurrección.
Jesús dispone la celebración de la Pascua y envía a Pera y Juan a preparar la cena en casa de Simó, que recibe con reverencia al maestro y a sus discípulos. Durante el convite, Jesús les lava los pies, explica el valor de esa purificación y distribuye el pan y el vino como su cuerpo y su sangre, dejándoles memoria de su muerte próxima. Anuncia que uno de los presentes lo traicionará, identifica a Judas mediante el bocado que le entrega y advierte a los demás de que huirán y lo dejarán solo. Pera promete defenderlo hasta morir, pero escucha la predicción de que lo negará tres veces antes del canto del gallo. Tras despedirse de Simó, Jesús exhorta a los apóstoles al amor fraterno, a evitar el rencor y a practicar la caridad con los pobres; les encomienda también a su madre. En el huerto, llamado Gericó en la obra, reza mientras sus acompañantes se duermen y acepta la voluntad del Padre pese a la angustia. Un ángel lo conforta y muestra al público el lienzo con el sudor de sangre. Entretanto, Judas concierta con Annàs, Caifàs y sus colaboradores la entrega por treinta dineros, comprueba la moneda y guía al grupo armado. Después de que las palabras de Jesús hagan caer tres veces a sus perseguidores, el beso de Judas da paso al prendimiento. Pera corta una oreja a Malcus, pero Jesús lo reprende y cura al herido, que aun así participa en su captura.
Llevado ante Annàs y después ante Caifàs, Jesús sufre interrogatorios, golpes y falsas acusaciones. Su declaración sobre su condición divina se toma como blasfemia y sirve para reclamar su condena. Mientras tanto, Pera niega conocerlo y, al oír el gallo, reconoce su culpa y pide misericordia entre lágrimas. Judas intenta devolver el dinero y recuperar al maestro; rechazado por quienes pactaron con él, arroja las monedas, se cree sin posibilidad de perdón y se ahorca con ayuda del demonio tentador. Ante Pilat se presentan acusaciones de alteración del orden y de usurpación de la realeza. El gobernador no encuentra culpa que merezca la muerte y remite a Jesús a Erodes, que exige un milagro, se irrita ante su silencio y lo devuelve vestido de blanco como objeto de burla. Pilat propone liberar a Jesús, pero los acusadores eligen a Barrabàs; manda entonces azotarlo y los verdugos añaden la corona de espinas, el manto y el cetro de caña. Tampoco su exhibición desfigurado los apacigua. Aunque su mujer le recomienda que no lo dañe, Pilat cede a la presión y al temor por su cargo, se lava las manos y sentencia la crucifixión entre dos ladrones. Juan comunica la noticia a María, que sale con sus compañeras a seguir al hijo. Camino del Calvario, Jesús cae bajo la cruz, Verònica le enjuga el rostro y conserva su imagen estampada; Simó Sinareu ayuda a llevar la carga. Jesús dirige palabras de advertencia a las mujeres que lloran por él.
En el Calvario, María abraza la cruz y contrapone a los tormentos del presente los recuerdos de la infancia de Jesús. Él la confía a Juan, sufre sed, prueba y rechaza la bebida que le ofrecen, pide perdón para sus perseguidores y promete el paraíso al ladrón arrepentido, Dimas. Los soldados se burlan y juegan su vestidura a los dados. La oscuridad y un terremoto acompañan la muerte; aparecen Abram, Moisès y Noè ofreciendo sus sepulturas. Longinos atraviesa el costado de Jesús y la salida de sangre y agua le devuelve la vista, lo que mueve al reconocimiento de su divinidad. El centurión refiere a Pilat los suplicios y prodigios, declara que Jesús era hijo de Dios y lamenta haber participado en su muerte. Pilat permanece inquieto y trata de descargar su responsabilidad, pero autoriza a Josep Arimatia a retirar el cuerpo y ordena custodiar la tumba por temor a que los discípulos lo sustraigan. Josep y Nicodemus desclavan a Jesús con ayuda de Juan y Magdalena, lo depositan en el regazo de María y, después de su despedida dolorosa, lo amortajan y llevan a la nueva sepultura del huerto de Josep. Los acompañantes saludan el sepulcro y regresan a adorar la cruz, mientras los guardias, atemorizados por los prodigios, se disponen a dormir junto a la tumba. María acepta un consuelo religioso en medio de su soledad y pide que la acompañen a la ciudad. La representación termina con ese acompañamiento y la petición de disculpas a los espectadores: la resurrección, anunciada anteriormente por Jesús, no llega a escenificarse.
Centro de la acción, desde la cena hasta el entierro. Anuncia y acepta su muerte por la redención humana, enseña la caridad, rechaza la defensa violenta y ofrece perdón en medio del suplicio.
Madre de Jesús, acompañada por Juan y las tres Marías. Sus extensos lamentos, sus recuerdos de la infancia del hijo y su despedida del cuerpo sostienen la dimensión afectiva de la Pasión.
Apóstol que promete defender a Jesús y hiere a Malcus. Después lo niega tres veces, reconoce su culpa al cantar el gallo y pide misericordia.
Discípulo cercano a Jesús. Prepara la cena con Pera, avisa a María, permanece junto a ella y ayuda en el descendimiento; recibe el encargo de tratarla como madre.
Apóstol que negocia la entrega de Jesús por treinta dineros. Intenta deshacer el pacto, pero, tras el rechazo de sus cómplices, desespera y se ahorca ayudado por el demonio.
Autoridades religiosas que organizan la captura y promueven la acusación contra Jesús. Presionan a Pilat, sostienen la exigencia de muerte y participan en los comentarios hostiles durante el suplicio.
Colaboradores de la detención, los interrogatorios y los traslados. Malcus recibe de Jesús la curación de la oreja cortada por Pera, sin dejar por ello de participar en su captura.
Gobernador que declara no encontrar culpa suficiente en Jesús, pero lo manda azotar y acaba condenándolo por presión y temor a perder su cargo. Su intento de exculparse no elimina su inquietud.
Gobernante al que Pilat remite a Jesús. Pretende verlo hacer un milagro y, ante su silencio, lo devuelve vestido de blanco como señal de escarnio.
Compañeras de María en el seguimiento y el duelo. Participan en los lamentos, en el acompañamiento del cuerpo y en las oraciones ante el sepulcro y la cruz.
Figuras de auxilio durante el camino al Calvario: ella enjuga el rostro de Jesús y recibe su imagen estampada; él ayuda a cargar la cruz.
Condenados a ambos lados de Jesús. Frente a las burlas del segundo, Dimas reconoce la inocencia de Jesús y obtiene su promesa del paraíso.
Militares vinculados a los signos posteriores a la muerte. Longinos recupera la vista al herir el costado de Jesús; el centurión reconoce su divinidad y refiere los hechos a Pilat.
Seguidores que consiguen autorización para retirar el cuerpo, lo desclavan con ayuda de los presentes y preparan su entierro en la sepultura del huerto de Josep.
Ejecutan los tormentos y acompañan los traslados. Sus burlas, disputas y juegos contrastan con el dolor de los fieles; los prodigios los atemorizan y algunos quedan de guardia en el sepulcro.
Lugar de la cena pascual, el lavatorio de los pies, la distribución del pan y del vino y los anuncios de la traición y las negaciones.
Nombre que recibe en la obra el lugar de la oración, el sueño de los apóstoles, la aparición del ángel y el prendimiento de Jesús.
Ámbitos de la negociación con Judas, los interrogatorios, los falsos testimonios y las primeras agresiones. En su entorno se producen las negaciones de Pera.
Escenarios de los interrogatorios políticos y de la oscilación de los gobernantes ante la acusación; en el ámbito de Pilat se disponen los azotes y se dicta la condena.
Recorrido público del condenado, marcado por la proclamación de la sentencia, las caídas, los encuentros con mujeres compasivas y la ayuda para cargar la cruz.
Lugar de la crucifixión, los lamentos de María, las palabras finales de Jesús, la muerte y los prodigios. Después acoge el descendimiento y la adoración de la cruz.
Destino del cortejo fúnebre y lugar de las despedidas del cuerpo. Queda custodiado por los soldados mientras los fieles se retiran.
Jesús interpreta su muerte como entrega voluntaria para salvar a la humanidad; la cruz se convierte en instrumento de victoria sobre el pecado y la muerte.
El lavatorio, la enseñanza de amor al prójimo, la atención a los pobres, la curación de Malcus y el perdón en la cruz definen la conducta propuesta a los fieles.
Las caídas de Pera y Judas producen respuestas opuestas: el primero pide misericordia, mientras el segundo se considera sin perdón y se entrega a la desesperación.
Los lamentos de María invitan a compartir el sufrimiento de la madre y del hijo, contraponiendo la ternura de la infancia a la violencia de la Pasión.
Pilat reconoce la debilidad de la acusación, pero sacrifica la justicia a la conservación de su cargo; sus remordimientos cuestionan la eficacia de lavarse las manos.
Las curaciones, la imagen del rostro, la oscuridad, el terremoto y la salida de los difuntos sostienen el reconocimiento religioso de Jesús por quienes contemplan su muerte.
Las oraciones, los cantos, la exhibición de la sangre, el cortejo y la adoración de la cruz enlazan la acción representada con la contemplación de los espectadores.
La obra contrapone la santidad de Jesús a unas autoridades acusadoras tratadas con hostilidad y extiende reiteradamente esa censura al pueblo hebreo.
Los tormentos se acompañan de bromas, disputas y fanfarronería de los ejecutores, que intensifican el contraste con la mansedumbre de Jesús y el duelo de sus allegados.