La mayor soberbia humana de Nabucodonosor
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Antonio Mira de Amescua Segura
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En la Babilonia de Nabucodonosor, probablemente en el tiempo del cautiverio de Judá, el rey sueña con una estatua de varios metales y el hebreo Daniel le revela que simboliza la sucesión de los imperios y el futuro reino eterno del Mesías. Engreído por esta revelación, el monarca se proclama casi dios, manda adorar su estatua en la corte y en sus dominios y castiga a los hebreos fieles, aunque Azarías, Ananías y Misael salen milagrosamente indemnes del horno encendido. Tras un segundo sueño y su cumplimiento en forma de degradación bestial por los campos, Nabucodonosor se arrepiente, reconoce al Dios de Israel, practica la limosna y convierte su soberbia en confesión y penitencia pública.
