Hacén
Rey de Murcia y Cartagena, vencedor al comienzo de la obra y motor del conflicto, pues su atracción por Leonor y su posterior experiencia milagrosa lo conducen del poder y el deseo a la clemencia y al reconocimiento del Dios cristiano.
Juan Bautista Diamante
Fecha de publicación del resumen: 18 de junio de 2026
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Murcia y la Caravaca musulmanas, tras una victoria sobre los cristianos, Hacén recibe cautivos entre los que destacan Leonor, don Juan, el sacerdote Ginés y el gracioso Chicharrón, y la belleza de la cautiva desencadena un conflicto de amor, honra y celos cortesanos. Mientras Leonor y don Juan sufren separación y prisión, Alí y el propio Hacén intentan acercarse a ella, Celima procura apartarla por celos, y una intervención sobrenatural impide al rey consumar su deseo y lo enfrenta con el poder del Dios cristiano. En la fase final, Hacén libera a los cautivos, escucha la explicación de la misa y presencia el milagro de la llegada de la santa Cruz, cuya instalación en Caravaca provoca su reconocimiento del Dios cristiano y el desenlace providencial de la obra.
La obra se abre en territorio musulmán de Murcia y Caravaca, después de una campaña victoriosa contra los cristianos. Alí presenta al rey Hacén los trofeos de la guerra y entre los cautivos destacan Leonor, noble cristiana, don Juan, su enamorado y prometido, el sacerdote Ginés Pérez Chirinos y el gracioso Chicharrón. Don Juan explica que Leonor fue apresada cuando ambos estaban a punto de casarse, tras el asalto de una casa o alquería por las tropas de Alí. Hacén, impresionado por la hermosura de Leonor, le concede una libertad relativa dentro del cautiverio, mientras Alí y también el propio rey se sienten atraídos por ella. La reina Celima advierte enseguida el peligro de esa inclinación y, movida por los celos, procura vigilar a la cautiva. En los jardines del palacio, Alí intenta declarar su amor a Leonor, pero ella lo rechaza con firmeza; poco después Hacén busca también ocasión de hablar con ella, lo que intensifica la tensión entre deseo, honra y poder. Cuando Celima sorprende la situación y comprende que Leonor puede convertirse en causa de discordia, se agrava el conflicto y los cristianos son enviados a las mazmorras.
En la segunda jornada, la acción se concentra en la prisión y en los jardines o dependencias del palacio. Don Juan, encerrado con otros cautivos, lamenta su suerte, recuerda su historia con Leonor y trata de mantener la paciencia cristiana, apoyado por Ginés, que exhorta a todos a sufrir con constancia y a confiar en Dios y en la Virgen. Chicharrón aporta el contrapunto cómico, pero también sirve de enlace entre los personajes, llevando noticias y papeles. Celima, cada vez más recelosa, decide apartar a Leonor en una prisión más rigurosa para evitar que Hacén la vea; sin embargo, también empieza a compadecerla y a dudar de la conveniencia de su propia dureza. Hacén, por su parte, intenta visitar a Leonor de noche para forzar o al menos renovar su pretensión amorosa, pero al llegar a la puerta de la cautiva una fuerza sobrenatural lo inmoviliza: una voz y una presencia vinculadas a la defensa divina de Leonor y de los cautivos le impiden entrar. Esta intervención prodigiosa marca un giro decisivo, pues el rey, aunque no comprende del todo lo ocurrido, queda profundamente turbado y empieza a atribuir sus sobresaltos al Dios de los cristianos.
En la tercera jornada, Hacén ordena abrir las mazmorras y sacar a los cautivos, ya con un ánimo distinto y menos violento. Aunque persisten los equívocos amorosos y los celos de Alí y Celima, el rey declara que quiere aliviar a los cristianos y, movido por el asombro de lo sucedido, pide a Ginés que explique la misa y celebre ese sacrificio en su presencia. El sacerdote describe detalladamente el sentido de cada parte de la liturgia, mientras Hacén escucha con creciente respeto. Cuando falta una cruz para poder celebrar con la solemnidad debida, se produce el milagro central de la obra: unos personajes celestiales traen la santa Cruz de Caravaca y la entregan a Ginés, explicando su procedencia sagrada y su llegada providencial a ese lugar. Ante el prodigio, Hacén reconoce la verdad del Dios cristiano, abandona su anterior resistencia y dispone que la cruz quede en aquel altar con el nombre de Cruz de Caravaca. Finalmente concede la libertad a los cautivos, promete dar cuenta de su decisión al rey Fernando y la obra concluye con la conversión religiosa del ámbito musulmán principal y con la exaltación del poder milagroso de la cruz.
Rey de Murcia y Cartagena, vencedor al comienzo de la obra y motor del conflicto, pues su atracción por Leonor y su posterior experiencia milagrosa lo conducen del poder y el deseo a la clemencia y al reconocimiento del Dios cristiano.
Noble cristiana cautiva, prometida de don Juan, cuya belleza provoca la pasión de Hacén y los celos de Celima; mantiene con firmeza su honra, su fe y su lealtad amorosa.
Caballero cristiano y enamorado de Leonor, cautivo junto a ella; sufre la separación, recuerda el asalto en que ambos fueron apresados y persevera en su fidelidad.
Esposa de Hacén, reina mora que pasa de los celos y la vigilancia sobre Leonor a una actitud más compasiva y finalmente participa en el desenlace favorable.
General de Hacén y vencedor militar, encargado de presentar los cautivos; también desea a Leonor, sirve de intermediario del rey y representa la presión inmediata sobre la cautiva.
Sacerdote cristiano cautivo, figura espiritual de la obra; consuela a los presos, mantiene su fe y explica la misa antes del milagro de la Cruz de Caravaca.
Gracioso cristiano cautivo, de función cómica y mediadora, que lleva mensajes, comenta los sucesos y rebaja con humor la tensión del cautiverio.
Lugar decisivo de la acción y del desenlace milagroso, presentado primero como frontera disputada y finalmente como sede de la santa Cruz que da nombre a la obra.
Espacio cortesano donde se producen los encuentros, ocultamientos, declaraciones amorosas y escenas de celos entre Hacén, Alí, Leonor, don Juan y Celima.
Lugar central del sufrimiento, la oración y la resistencia espiritual de los personajes cristianos, desde donde se prepara el cambio providencial de la trama.
Marco político principal en el que se toman las decisiones sobre los cautivos, se manifiesta la autoridad regia y se desarrolla la tensión entre pasión, gobierno y clemencia.
Espacio litúrgico del desenlace, donde Ginés celebra o se dispone a celebrar el sacrificio y donde se deposita milagrosamente la Cruz de Caravaca.
La obra gira en torno al destino de los cautivos cristianos, su sufrimiento en tierra musulmana y la liberación final propiciada por la intervención divina.
Los personajes cristianos sostienen su esperanza en Dios y en la Virgen, y el milagro de la Cruz confirma de forma visible esa protección sobrenatural.
Leonor defiende su castidad, su nobleza y su fidelidad amorosa frente a las pretensiones de Alí y de Hacén, convirtiéndose en eje del conflicto dramático.
El deseo de Hacén por Leonor y los celos de Celima alteran el orden de la corte y muestran cómo la pasión afecta a las decisiones políticas y personales.
El proceso interior de Hacén conduce desde la soberbia inicial y la incredulidad hasta la aceptación del Dios cristiano tras el prodigio final.
Ginés representa la mediación espiritual de la Iglesia, y la explicación de la misa ocupa un lugar fundamental en la preparación del milagro y de la conversión.