Ramiro
Hermano de los reyes Pedro y Alfonso, primero monje en San Ponce y después rey de Aragón; su paso de la clausura al poder y su durísima afirmación de autoridad articulan el desenlace.
Lope de Vega Carpio
Fecha de publicación del resumen: 18 de junio de 2026
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En el Aragón medieval de la Reconquista, la toma de Huesca y luego la conquista de Zaragoza enmarcan una trama donde la guerra contra el islam se une a conflictos dinásticos, secretos familiares y cambios de poder entre Pedro, Alfonso y Ramiro. Don Fortunio oculta a su hija Elvira bajo identidad masculina y la confía a don Nuño, cuyo amor silencioso por ella se cruza con los celos de la mora Arminda y con el peligro de cautiverio y deshonra durante las campañas militares. Tras la muerte de Alfonso, el monje Ramiro es sacado de San Ponce para reinar en Aragón y, después de sufrir el desprecio de los grandes, consolida su poder con la ejecución ejemplar que da nombre a la obra.
La obra se abre con las campañas del rey Pedro de Aragón contra los musulmanes. Tras la toma de Huesca, se atribuye la victoria a la ayuda divina y a la aparición milagrosa de san Jorge, mientras se premia la intervención decisiva de don Fortunio Lizana, desde entonces llamado don Fortunio de la Maza, que baja de los Pirineos con trescientos hombres armados con mazas y obtiene el perdón del rey y la tenencia de Huesca. También destaca don Nuño por su valor militar. En paralelo, se presenta en el monasterio de San Ponce a Ramiro, hermano de Pedro, que vive como monje bajo la guía del abad Leonardo y se distingue por su humildad extrema. Ramiro sueña con una figura alegórica de Aragón que le anuncia que será su señor, anuncio que él rechaza por su vocación religiosa. Entretanto, se descubre la situación de doña Elvira, hija de una noble linaje perseguido por antiguas querellas dinásticas: su padre, Fortunio, la ha criado como varón con el nombre de don Juan para ocultarla de la persecución regia. Cuando obtiene el perdón y debe volver a la vida política, confía secretamente a don Nuño la custodia de esa identidad, obligándole por juramento a servirla en la corte sin revelar que el supuesto don Juan es en realidad una mujer.
La muerte del rey Pedro y la subida al trono de Alfonso cambian el curso de la acción. Alfonso se propone no ceñirse la corona hasta conquistar Zaragoza, empresa que cumple con ayuda de sus nobles, en especial don Nuño, que coloca el estandarte aragonés sobre la muralla. Durante la campaña, la convivencia entre don Nuño y el paje don Juan se complica por el secreto de Elvira y por el nacimiento de un amor imposible de declarar abiertamente. A ello se añade la aparición de Arminda, mora principal de Zaragoza, que se enamora primero de don Juan, creyéndolo hombre, y luego de don Nuño, lo que provoca escenas de celos, rivalidad y confusión de identidades. Tras la conquista, Alfonso recibe una severa amonestación de su hermano Ramiro por haber permitido abusos militares en iglesias y lugares sagrados; poco después, en la guerra de Fraga, Alfonso muere, y su final se interpreta como castigo ejemplar por esa falta de respeto al culto. Sin heredero claro, Aragón entra en incertidumbre. Los nobles llaman entonces a Ramiro, que intenta esconderse para no abandonar su clausura, pero, tras leer la bula pontificia y entender que su acceso al trono responde a la necesidad del reino, acepta con resistencia y dolor convertirse en rey.
Ya coronado, Ramiro gobierna con ingenuidad y mantiene hábitos de humildad monástica que provocan el desprecio y las burlas de muchos grandes, aunque también resuelve pleitos con una lógica sencilla y ajena a la astucia cortesana. Simultáneamente, el conflicto amoroso y político se encamina a su resolución: Fortunio cree que don Nuño ha traicionado el juramento, deshonrado a Elvira y quizá la ha hecho desaparecer, por lo que lo reta; pero se descubre que Elvira sigue viva, pues en Fraga había caído en manos musulmanas y luego en poder de Arminda, quien la retiene por despecho amoroso. Don Nuño logra rescatarla con ayuda de sus amigos y devolverla a su padre, quedando aclarado que ha guardado el secreto y actuado lealmente. Fortunio lo absuelve del homenaje y consiente su matrimonio con Elvira; Arminda, a su vez, pide la libertad y desea hacerse cristiana. El desenlace principal se centra, sin embargo, en Ramiro, que consulta por carta al abad Leonardo cómo hacerse respetar por unos magnates insolentes. El abad, sin decirlo expresamente, le ofrece mediante una acción simbólica la imagen de cortar las flores más altas de un jardín. Ramiro interpreta el consejo en sentido literal y terrible: convoca a los grandes con el pretexto de mostrarles una campana que se oirá en todo el mundo y manda degollarlos, mostrando después sus cabezas a los descendientes y declarando que esa es la verdadera campana de Aragón. Con este acto sangriento impone definitivamente su autoridad y cierra la obra con el sometimiento del reino.
Hermano de los reyes Pedro y Alfonso, primero monje en San Ponce y después rey de Aragón; su paso de la clausura al poder y su durísima afirmación de autoridad articulan el desenlace.
Noble y guerrero aragonés de gran valentía, protagonista de la conquista de Zaragoza y depositario del secreto de doña Elvira, a quien ama y finalmente rescata.
Hija de don Fortunio, criada como varón para ocultarla de un peligro político; su identidad encubierta provoca buena parte de los enredos amorosos y del conflicto de honor.
Noble aragonés primero desterrado y luego reconciliado con el rey; padre de Elvira, artífice de su disfraz masculino y figura central en el conflicto del juramento y la honra familiar.
Hermano de Pedro y sucesor suyo en el trono; conquista Zaragoza y muere en Fraga, dejando el reino sin sucesión estable y abriendo el camino a Ramiro.
Rey de Aragón al comienzo de la obra, vencedor en Huesca con ayuda de san Jorge; perdona a Fortunio y establece el marco político inicial de la acción.
Mora noble vinculada a Zaragoza que se enamora primero de don Juan y luego de don Nuño; sus celos y su poder sobre Elvira generan un episodio decisivo de cautiverio y rescate.
Abad de San Ponce y guía espiritual de Ramiro; su consejo simbólico sobre las flores del jardín inspira la acción final de la campana.
Marco político general de la obra, territorio en disputa y comunidad cuyo orden dinástico y nobiliario se intenta preservar mediante la guerra y el castigo ejemplar.
Lugar de la primera gran victoria cristiana, de la recompensa a Fortunio y de varios momentos políticos del reino; también se vincula al desenlace institucional de Ramiro.
Ciudad musulmana cuya conquista por Alfonso constituye el centro bélico de la segunda jornada y símbolo de la restauración del poder cristiano en Aragón.
Espacio de retiro de Ramiro y de su formación religiosa; desde allí es arrancado a la vida monástica para convertirse en rey.
Refugio de Fortunio durante su enfrentamiento con el rey y lugar donde doña Elvira ha sido criada como hombre, fuera de la corte y de la vigilancia política.
Escenario de la campaña en que muere Alfonso y donde se desencadenan nuevas capturas y separaciones relacionadas con Elvira y Arminda.
Espacio cortesano del tercer acto donde se manifiestan las burlas de los grandes, se preparan las intrigas políticas y se ejecuta la acción de la campana.
Lugar del gesto alegórico del abad Leonardo al cortar las flores más altas, escena clave para la interpretación que conduce al castigo final.
La obra muestra cómo el poder del rey necesita ser reconocido por los nobles y cómo Ramiro acaba imponiendo su autoridad mediante una violencia extrema que da sentido al título.
El disfraz masculino de doña Elvira, el juramento de don Nuño y las sospechas de Fortunio articulan una trama donde la conservación de la honra depende del silencio y de la apariencia.
Las campañas contra Huesca, Zaragoza y Fraga sitúan la acción en un contexto de lucha entre cristianos y musulmanes, asociado a ideales de valor, expansión política y defensa de la fe.
La trayectoria de Ramiro une vida monástica y realeza, mientras la muerte de Alfonso subraya las consecuencias de no respetar debidamente los espacios y objetos sagrados.
El amor de don Nuño por Elvira y la pasión de Arminda generan equívocos, rivalidades y situaciones de peligro que afectan tanto a la trama sentimental como al honor de los personajes.
Apariciones, sueños, signos y consejos espirituales sugieren que los acontecimientos principales se entienden dentro de una lógica providencial que orienta la historia del reino.