La obra comienza en Málaga, en casa de Juan de Mesa, hidalgo venido a menos que reprende duramente a su hijo Domingo por su vida violenta, pendenciera y desordenada. Aunque el padre lo acusa de haber arruinado la hacienda familiar, de mezclarse en riñas y de deshonrar el linaje, acaba ofreciéndole una salida: hacerse cargo de una antigua casería o torre heredada, situada a unas leguas de Málaga, rica en tierras y próxima al mar, pero temida por estar encantada y expuesta además a incursiones de moros. Domingo, pese a sospechar que su padre lo envía a una empresa peligrosísima, acepta por obediencia filial y parte con su criado y compañero Bonete. Paralelamente, se presenta la trama morisca: el gallardo Bencerraje viaja con Zoraida, de quien está enamorado, para embarcarse hacia Orán, mientras sus acompañantes comentan su valor y su relación amorosa. Antes de retirarse al campo, Domingo resuelve además un conflicto doméstico: Lisardo se niega a reparar la deshonra de Aldonza, a quien ha comprometido; Domingo la ampara, la introduce en la casa de su padre y dispone que habrá de casarse con ella, gesto que muestra una mezcla de arrogancia justiciera y sentido del honor. Instalado ya en la torre, Domingo organiza la defensa y el trabajo, cultiva la hacienda y se encomienda a la Virgen del Rosario para resistir los ruidos, apariciones y temores nocturnos del lugar.
En la torre se cruzan pronto el peligro sobrenatural y el peligro fronterizo. Bencerraje y Zoraida llegan cerca del edificio para embarcarse, pero Domingo sale a su encuentro, combate con los moros y consigue capturar al propio Bencerraje. Admirado por la nobleza y valentía del cautivo, lo trata con cortesía; Bencerraje le refiere su identidad, su linaje granadino y su amor por Zoraida, y le pide que libere a la mora y a su séquito, ofreciéndose él mismo como rehén hasta pagar rescate. Domingo, movido por la honra caballeresca, acepta su palabra y le devuelve la libertad, con lo que nace entre ambos una amistad fundada en el respeto mutuo. Entretanto, Bencerraje acude a Málaga para pagar generosamente el rescate, pero allí queda prendado de Aldonza; esa inclinación desencadena un nuevo conflicto, pues, engañado por noticias falsas o precipitadas, cree que Domingo retiene a Zoraida y ofende a Juan de Mesa. Domingo, avisado por su hermano Miguel, sale al encuentro del moro y, tras una emboscada y un duro combate, mata a varios de sus hombres, derrota a Bencerraje y podría matarlo, pero le perdona la vida para demostrar que su intención no era traicionar, sino mantenerse honrado. Después de reconciliarse con su padre, Domingo vuelve a la torre, mientras Zoraida, despechada por la negativa del cristiano a corresponderla por lealtad a su amigo, intenta más tarde acercarse a él; Domingo rechaza cualquier trato amoroso con ella y se mantiene fiel al vínculo de amistad y a su condición cristiana.
La acción culmina con la resolución de los dos grandes conflictos de la obra. En la segunda noche decisiva en la torre, Domingo, ya solo y agotado, se enfrenta otra vez a las visiones y a los ruidos del encantamiento; armado de valor, de su obediencia al padre y de su devoción religiosa, rompe finalmente el hechizo. Una figura sobrenatural le revela que, por su piedad, el rezo del rosario y su conducta obediente, merece que desaparezca el encanto y pueda descubrir el tesoro escondido en la torre. Gracias a ello, Domingo enriquece la hacienda y cree haber asegurado el porvenir de su padre y de Aldonza. Sin embargo, la fortuna vuelve a volverse contra él: las autoridades reales, informadas de sus hechos, de su fama de bravo y del hallazgo del tesoro, lo mandan prender por orden del rey Fernando. En el camino es atacado de nuevo por los moros y Bencerraje, aunque esta vez el moro, ya desengañado gracias a Zoraida y a una carta que prueba la rectitud de Domingo, lo deja libre y reconoce su noble proceder. Finalmente, Domingo comparece ante los Reyes Católicos, explica sus acciones y recibe el apoyo de Bencerraje y de Zoraida, que piden el bautismo. Fernando, admirado por su valor, obediencia y servicios contra los moros, le concede conservar el tesoro y los rescates, le da como apellido de honor el de Verdugo en Málaga, lo nombra maestre de campo y caballero, dispone el matrimonio con Aldonza, hace a Juan de Mesa regidor perpetuo y eleva también a Bonete. La obra concluye así con la transformación del joven pendenciero en servidor reconocido de la Corona y fundador honrado de un linaje noble malagueño.