El fuego dado del cielo
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Tras la conquista de Babilonia, Ciro escucha a Daniel, reconoce el poder del Dios de Israel y autoriza desde la corte oriental el regreso de los hebreos cautivos a Judea para reedificar el templo. En el camino y ya en Jerusalén o sus cercanías, Nehemías y los suyos recuperan del pozo del antiguo santuario una sustancia acuosa que, por milagro divino, vuelve a ser fuego y permite restaurar sacrificios, altar y culto. Mientras Ciro parte contra Tomiris tras conocer por revelación su muerte futura, la dedicación final del templo se cierra con la aparición simbólica de un niño con fuego en la mano, interpretado por Daniel como figura mesiánica y eucarística.
