San Francisco de Paula
Protagonista hagiográfico de la obra; ermitaño calabrés, fundador religioso y taumaturgo que viaja a Francia, cura al rey, vence las asechanzas del demonio y restablece la paz entre los nobles.
Juan de Matos Fragoso y Francisco de Avellaneda
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Francia de Luis XI, probablemente entre la corte de París y una alquería cercana, Blanca de Valois ama a Astolfo de Bullón, pero el rey favorece al duque de Memoransí, que la rapta mediante engaño y provoca una guerra entre bandos nobiliarios. Desde Calabria llega san Francisco de Paula, llamado por el papa y por la necesidad del monarca enfermo; durante el viaje y en Francia obra milagros, cura al rey, socorre a pobres y apestados y desenmascara las trampas demoníacas que intentan destruir su fama. La intervención del santo restituye el orden político y moral: corrige al rey, descubre la inocencia de Blanca, reconcilia a Astolfo y Memoransí antes del combate y muere santamente en París, dejando asegurada la paz y el matrimonio de los amantes.
La obra entrelaza desde el principio una trama cortesana francesa con la futura intervención milagrosa de san Francisco de Paula. En una alquería cercana a París, Blanca de Valois vive retirada mientras el rey Luis XI prepara su visita y favorece su casamiento con el duque de Memoransí. Sin embargo, Blanca ama al duque Astolfo de Bullón y ambos deciden huir secretamente, seguros de que ya se han dado palabra de matrimonio. La criada Flora, movida por interés, descubre el plan al de Memoransí. Paralelamente, el rey, aquejado de gota y desesperado por la ineficacia de la medicina, oye hablar de Francisco de Paula, ermitaño calabrés famoso por sus milagros. Un largo relato expone su origen noble en Paula, su temprana vocación eremítica, la fundación de su orden y varios prodigios, entre ellos curaciones y resurrecciones. Mientras tanto, una figura demoníaca que ha tomado la apariencia de Lucidoro decide combatir la fama del santo y sembrar desorden en Francia. En la noche convenida, el falso Lucidoro aparta con engaño a Astolfo y Memoransí suplanta la seña amorosa, roba a Blanca y la conduce fuera de la alquería, con lo que se desencadena el conflicto entre ambos duques.
En la segunda parte, la acción se desplaza a Calabria, al mar y luego a Francia. Francisco recibe en su ermita al enviado pontificio de Sixto IV, que le ordena viajar a la corte francesa para sanar al rey; el santo obedece con pesar por dejar la soledad, pero acepta por obediencia. Antes y durante el viaje se muestran nuevos milagros, como dar forma humana a una masa informe nacida de una labradora y salvar milagrosamente del naufragio a sus compañeros al cruzar hacia Francia. Ya en territorio francés, pasa por pueblos apestados para asistir a los enfermos, cura a un niño mudo y a otro ciego, y rechaza la pompa con que desean recibirlo. En París, Luis XI sale a encontrarlo y queda instantáneamente aliviado de su enfermedad. Francisco rehúye toda gloria personal, atribuye la curación a Dios y gana enorme ascendiente moral sobre el monarca. El santo descubre además la falsedad de Lucidoro cuando el dinero destinado a un convento se convierte en sangre, signo de la violencia y culpa escondidas bajo la apariencia cortesana, y exhorta al rey a gobernar cristianamente, a combatir la herejía y a reparar injusticias políticas. Mientras tanto, en otra línea de la acción, Astolfo y Memoransí preparan su enfrentamiento armado por el rapto de Blanca, que permanece fiel a su primer amor y resiste en cautiverio cualquier intento de seducción o fuerza.
La jornada final insiste en la autoridad espiritual de Francisco dentro de la corte, en contraste con la intriga demoníaca y la guerra civil latente. El demonio, todavía bajo engañosas apariencias, intenta desacreditar al santo fingiendo la presencia de una mujer en su celda, pero Francisco desenmascara la ilusión y obliga a los espíritus infernales a confesar públicamente la verdad. Restablecida la confianza del rey, el santo le impone como remedio moral la restitución del Rosellón a su legítimo dueño y le advierte también del peligro que el caso de Blanca supone para Francia. Con licencia regia, sale a mediar entre Astolfo y Memoransí justamente cuando Blanca, disfrazada y huida de su prisión, ha buscado a Astolfo en el campo de batalla y le ha demostrado de palabra y de obra la limpieza de su honor. Cuando ambos ejércitos están a punto de trabarse, Francisco detiene el duelo, persuade a los dos rivales para que depongan el odio y consigue la reconciliación, dejando a Astolfo satisfecho de la honestidad de Blanca. Finalmente, llegado el término de su vida, Francisco se prepara piadosamente para morir; recibe consuelos celestiales vinculados a la Virgen y a la futura devoción de la Soledad, y muere santamente en París. El rey lamenta la pérdida de su gran amigo y, en el cierre, se restablece la paz entre los bandos con la unión de Blanca y Astolfo, mientras la figura del santo queda consagrada por sus milagros, su humildad y su caridad política y espiritual.
Protagonista hagiográfico de la obra; ermitaño calabrés, fundador religioso y taumaturgo que viaja a Francia, cura al rey, vence las asechanzas del demonio y restablece la paz entre los nobles.
Dama noble francesa, eje de la intriga amorosa y política; ama a Astolfo, resiste con firmeza el rapto de Memoransí y defiende constantemente su honor.
Galán principal y amado de Blanca; proyecta huir con ella, intenta rescatarla y acaba reconciliado con su rival gracias a la mediación del santo.
Pretendiente favorecido por el rey que, movido por los celos, engaña a Astolfo y rapta a Blanca, originando el conflicto armado entre ambos bandos.
Monarca enfermo que llama a Francisco para curarse; tras su sanación se somete al consejo moral y político del santo y autoriza la pacificación final.
Figura cortesana cuya identidad aparece ligada a una posesión o suplantación demoníaca; sirve de instrumento a las fuerzas infernales para engañar, dividir y desacreditar a Francisco.
Criada de Blanca que traiciona a su señora por interés y comunica a Memoransí el plan de fuga con Astolfo, desencadenando el rapto.
Religioso de tono cómico que acompaña a Francisco; introduce el contrapunto gracioso, pero también participa en episodios del viaje y de la acción cortesana.
Centro político de la obra, donde el rey enferma, recibe a Francisco, se desarrollan las intrigas demoníacas y se resuelven los asuntos de gobierno y honor.
Lugar inicial de la acción amorosa, de la visita del rey y del plan de fuga de Blanca y Astolfo, frustrado por el engaño de Memoransí.
Espacio de origen de Francisco, asociado a la vida solitaria, la fundación de su orden y varios milagros que acreditan su santidad antes del viaje a Francia.
Espacio de prueba donde el demonio intenta impedir la llegada del santo mediante una tormenta y donde se manifiesta su poder milagroso al salvar a los navegantes.
Ámbito del cautiverio de Blanca y del intento de rescate de Astolfo, además del escenario en que ella reafirma su honestidad frente a Memoransí.
Lugar del enfrentamiento entre los ejércitos de Bullón y Memoransí, donde Blanca reaparece disfrazada y Francisco impone finalmente la reconciliación.
La obra presenta a Francisco como santo capaz de curar, salvar, profetizar y vencer al demonio, pero siempre subordinando sus prodigios a la voluntad de Dios.
Blanca sostiene su fidelidad a Astolfo frente al rapto, la presión política y la violencia, y la restauración pública de su honra resulta esencial para el desenlace.
Los celos y rivalidades de Astolfo y Memoransí amenazan con convertir un asunto amoroso en guerra civil, de modo que la mediación del santo protege al reino entero.
Francisco rechaza el lujo y se orienta hacia pobres, enfermos, apestados y necesitados, haciendo de la compasión el criterio principal de su acción.
Las intrigas de Lucidoro y de los espíritus infernales intentan deformar la realidad y destruir la fama del santo, pero acaban desenmascaradas por la verdad providencial.
La curación del rey se vincula a una reforma moral y política: restitución de lo injustamente retenido, defensa de la fe y ejercicio de la clemencia con justicia.