Cristo
Figura central de la obra; recibe el bautismo, vence las tentaciones del demonio, comienza a reunir discípulos y se presenta como redentor encaminado hacia la cruz.
Lope de Vega Carpio
Fecha de publicación del resumen: 18 de junio de 2026
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En el Jordán, San Juan Bautista bautiza a Cristo con gran humildad, y la apertura del cielo, la voz del Padre y la paloma del Espíritu revelan públicamente la Trinidad. Después, en el desierto y en Jerusalén, Satanás intenta averiguar si Jesús es solo hombre o también Dios mediante las tres tentaciones del pan, del templo y de los reinos del mundo, pero queda vencido. La acción concluye con el inicio probable de la predicación en Galilea, la llamada de discípulos como Andrés y Simón, un exorcismo en la sinagoga y el anuncio de la Pasión como horizonte de toda la obra.
La obra se abre con la escena del bautismo de Cristo en el Jordán. San Juan Bautista, sobrecogido, reconoce en Jesús al verdadero Dios y hombre y se resiste humildemente a bautizarlo, porque entiende que es él quien debería recibir de Cristo la purificación. Jesús insiste en que así conviene para cumplir toda justicia y presentarse con humildad en condición de siervo. Cuando Juan derrama sobre él las aguas del río, se manifiesta un signo trinitario de gran relieve: se abre el cielo, desciende el Espíritu Santo en figura de paloma y una voz del Padre declara que aquel es su Hijo amado. Tras esta revelación, Juan queda admirado por haber bautizado al mismo Dios y entiende que el bautismo de Cristo anuncia la apertura del cielo para los hombres. Poco después aparecen Andrés y, probablemente, otros discípulos del Bautista, que acuden movidos por la predicación de Juan y por la novedad del prodigio contemplado.
A continuación, la acción se desplaza al desierto, donde Satanás y la figura alegórica de la Confusión deliberan sobre la identidad de Jesús. Ambos vacilan entre reconocer en él a un hombre excepcional o al Hijo de Dios prometido, y recuerdan de manera temerosa las profecías y el daño que su venida puede causar al poder infernal. Satanás decide tentarlo para salir de dudas. Primero, aprovechando el hambre posterior al ayuno, le pide que convierta las piedras en pan; Cristo responde que el hombre no vive solo de pan, sino de la palabra de Dios. Después lo lleva a lo alto del templo de Jerusalén y lo insta a arrojarse, alegando de forma torcida la Escritura; Cristo rechaza la prueba y afirma que no se debe tentar a Dios. Finalmente, desde un monte elevado, Satanás le muestra los reinos y bienes del mundo y se los ofrece si lo adora; Jesús lo expulsa con autoridad. Derrotado, el demonio se retira sin haber alcanzado certeza plena, y unos ángeles acuden a confortar corporalmente a Cristo con alimento enviado por el Padre.
En la parte final, el coloquio enlaza el bautismo y la tentación con el comienzo de la vida pública de Jesús. Andrés recuerda cómo siguió primero a Juan y luego reconoció en Cristo al Cordero de Dios; se evocan también, aunque el texto transmitido está deturpado, episodios de la pesca milagrosa y de la llamada de los primeros discípulos, entre ellos Simón y otros pescadores, a quienes Jesús invita a dejar redes y barca para convertirse en pescadores de hombres. Se añade una escena de expulsión de un demonio en la sinagoga, que confirma su autoridad sobre los espíritus inmundos y provoca admiración entre los presentes. Hacia el cierre, la obra adopta un tono profético y relaciona estos primeros hechos con la Pasión futura: Cristo alude a la cruz, a su sangre y al costado abierto, y parece despedirse de su madre antes de emprender simbólicamente una navegación salvadora. De este modo, el texto presenta de forma unitaria a Cristo como Hijo de Dios humilde, vencedor del demonio, maestro que reúne discípulos y redentor que se encamina ya hacia el sacrificio final por la humanidad.
Figura central de la obra; recibe el bautismo, vence las tentaciones del demonio, comienza a reunir discípulos y se presenta como redentor encaminado hacia la cruz.
Precursor de Cristo; lo reconoce como superior a él, lo bautiza en el Jordán y anuncia su condición divina ante los demás.
Adversario principal; intenta descifrar la identidad de Jesús y probarlo en el desierto para apartarlo de su misión.
Figura alegórica asociada al ámbito demoníaco; expresa las dudas e incertidumbres que provoca en el infierno la naturaleza de Cristo.
Discípulo vinculado primero a Juan y después a Jesús; recuerda el reconocimiento de Cristo y participa en el paso hacia el discipulado.
Pescador llamado por Cristo, probablemente identificado con Simón Pedro; representa el abandono de la vida anterior para seguir a Jesús.
Mensajeros celestiales que sirven a Cristo tras las tentaciones y confirman el favor del Padre.
Personaje funcional del episodio final en el que Cristo demuestra su poder expulsando al espíritu inmundo.
Presencia evocada en el tramo final; su intervención no se identifica con plena seguridad en el texto conservado, pero aparece ligada al anuncio de la Pasión.
Lugar del bautismo de Cristo y de la manifestación trinitaria que inaugura la acción dramática.
Espacio del ayuno y de la confrontación espiritual entre Cristo y Satanás; en él se desarrollan las tentaciones.
Marco de la segunda tentación, donde el demonio propone a Cristo que se arroje desde lo alto para probar su condición divina.
Lugar de la tercera tentación, desde el que Satanás muestra los reinos del mundo y ofrece su dominio a Cristo.
Espacio del llamamiento de los primeros discípulos y de la evocación de la pesca milagrosa, asociado al comienzo de la predicación.
Lugar del exorcismo final conservado en el texto, donde la autoridad de Cristo sobre el demonio se hace pública.
Espacio sobrenatural decisivo en la escena del bautismo; simboliza la confirmación divina de Cristo y la futura apertura de la salvación para los hombres.
La obra insiste en mostrar que Jesús es verdadero hombre y verdadero Dios mediante el bautismo, la voz del Padre, el Espíritu Santo y la derrota del demonio.
Cristo acepta el bautismo sin necesitarlo para someterse humildemente al orden salvífico y ofrecer ejemplo a los hombres.
El enfrentamiento con Satanás estructura gran parte de la acción y presenta a Cristo como vencedor de la tentación y del poder infernal.
Tras el bautismo y las tentaciones, Jesús comienza a llamar discípulos, enseñar y obrar milagros, lo que marca el arranque de su ministerio público.
El final relaciona los primeros episodios de la vida pública con la cruz futura, entendida como medio de redención para la humanidad.
En el bautismo se distinguen Padre, Hijo y Espíritu Santo, presentados de modo visible o audible como fundamento doctrinal de la escena.