Felisardo
Galán noble pero pobre, hermano de doña María y enamorado de Violante; su desesperación amorosa lo lleva al juego, a la ruina y finalmente a una salvación milagrosa por su devoción a la Virgen.
Ángela de Acevedo
Fecha de publicación del resumen: 18 de junio de 2026
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Oporto, dos casas nobles viven conflictos de amor, pobreza y honor: Felisardo ama a Violante, doña María sostiene su vida con devoción a la Virgen, y don Nuño rechaza al primero por pobre mientras favorece al rico indiano don Fadrique. Tras una promesa hecha en el mar a la Virgen, don Fadrique debería casarse con la doncella noble y pobre María, pero se desvía hacia Violante; entonces Felisardo intenta recobrarla por medio del juego, gana mucho, luego lo pierde todo y llega a jugar a su propia hermana. Cuando la desesperación lleva a Felisardo hasta el Demonio y don Fadrique intenta deshonrar a María, la intervención milagrosa de la Virgen corrige los desórdenes, restaura el honor y conduce al doble matrimonio final de María con don Fadrique y de Violante con Felisardo.
La obra comienza en casa de doña María de Azevedo y su hermano Felisardo, donde durante la noche se produce una falsa alarma causada por sueños de ladrones y celos de honor. El episodio sirve para presentar el carácter de la casa: una familia noble venida a menos por la ruina causada por el padre, jugador empedernido, y sostenida ahora por la devoción mariana que la madre les dejó como último legado. María se entrega con particular fervor a la oración ante una imagen de la Virgen, y Felisardo confía en que esa devoción traerá remedio a su pobreza y permitirá algún día mejorar el estado de su hermana. Sin embargo, Sombrero, criado de Felisardo, le aconseja buscar fortuna fuera, incluso en las Indias, aunque este proyecto tropieza con dos impedimentos: la necesidad de proteger a María y el amor que Felisardo siente por Violante, hija del rico don Nuño Ossorio. Paralelamente, se muestra la casa de Violante, vigilada severamente por su padre. Allí se revela que Violante ama a Felisardo, mientras su criada Belisa se inclina con ligereza hacia Sombrero. Cuando Felisardo visita a Violante aprovechando una ausencia fingida o breve de don Nuño, el padre los sorprende y reprende, lo que deja claro que, aunque reconoce el mérito del joven, su pobreza le impedirá ser aceptado como esposo. En esta primera parte se introduce también la acción del Demonio, que se queja de la protección de la Virgen y decide apartar de la devoción a Felisardo y a María por medio de enredos amorosos.
Más tarde llega a Oporto don Fadrique de Miranda, que ha vuelto riquísimo de las Indias con su criado Tijera tras sobrevivir a una tormenta en la que encomendó su vida a la Virgen y prometió casarse con la doncella noble y pobre que hallase. Al desembarcar ve a María a la salida de una iglesia y recibe noticia de que es precisamente una mujer noble, honrada y pobre, de modo que parece destinada a cumplir su voto. Sin embargo, la fama de Violante, su riqueza y la ambición de don Nuño lo desvían del compromiso espiritual, y termina aceptando casarse con ella. Esta decisión desencadena el conflicto central. Violante, fiel a Felisardo, sufre por el enlace impuesto y le escribe para pedirle remedio; María, por su parte, confiesa a Rosela que también se ha enamorado de don Fadrique desde el primer encuentro, aunque calla por honestidad y por el dolor que causaría a su hermano. Felisardo intenta convencer a don Nuño para que suspenda las bodas y le conceda tiempo para mejorar su fortuna, pero el padre rechaza su petición y fija la boda con prontitud. Desesperado, Felisardo recurre a una solución temeraria: desafía a don Fadrique al juego, confiado en un pronóstico astrológico que le promete ventura y en la idea de arrebatarle por el azar la riqueza que el mundo exige para alcanzar a Violante. Al comienzo vence y gana una gran suma, pero su codicia y su obstinación lo llevan a seguir apostando hasta perderlo todo; finalmente, en un exceso trágico, llega a jugar y perder a su propia hermana. Don Fadrique, todavía cegado por el deseo, se dirige entonces a casa de María para tomar posesión de aquello que cree haber ganado y, movido por resentimiento hacia Felisardo y por pasión desordenada, pretende convertirla en dama suya aun casándose con Violante.
La tercera jornada muestra las consecuencias extremas de esa cadena de errores. Hundido por la pérdida de Violante y por la afrenta causada a su hermana, Felisardo abandona la ciudad con Sombrero y, en un acceso de desesperación, invoca al Demonio. Este se le aparece y le ofrece riquezas superiores a las de don Fadrique a cambio de renegar de Dios y de la fe cristiana; Felisardo, cegado por la pasión, acepta esa primera condición, pero cuando se le exige renegar de la Virgen se niega resueltamente. Por esa fidelidad parcial pero decisiva, la Virgen interviene, arrebata a Felisardo del poder infernal, le alcanza el perdón de Dios y le anuncia el remedio de todos los males. Mientras tanto, en la casa de María, don Fadrique entra dispuesto a ofenderla, pero la encuentra dormida junto al altar de la Virgen y la oye hablar en sueños de su promesa incumplida, de la protección de María y de la imposibilidad de manchar su honor. Sobrecogido por lo que entiende como aviso divino, se arrepiente, renuncia a su proyecto infame y le da la mano de esposo para cumplir por fin el voto hecho en el mar. Poco después comparecen Violante, que había huido para buscar a Felisardo, y don Nuño, que la sigue enfurecido; llega asimismo Felisardo y se aclara el prodigio de su salvación. Don Fadrique reconoce públicamente sus errores, explica su voto y, viendo que el cielo dispone otro orden, entrega a Violante a Felisardo. Don Nuño acepta finalmente el enlace, de modo que la trama concluye con los matrimonios de don Fadrique con María y de Felisardo con Violante, a los que se añaden los de los criados. El desenlace convierte la desdicha causada por el juego y por la ambición en dicha restaurada por la devoción a la Virgen, el arrepentimiento y la restitución del honor.
Galán noble pero pobre, hermano de doña María y enamorado de Violante; su desesperación amorosa lo lleva al juego, a la ruina y finalmente a una salvación milagrosa por su devoción a la Virgen.
Hermana de Felisardo, doncella noble y pobre, modelo de recato y de intensa devoción mariana; su honor corre peligro tras ser jugada por su hermano y acaba casándose con don Fadrique.
Caballero enriquecido en las Indias que llega a Oporto tras hacer voto de casarse con una doncella noble y pobre; olvida su promesa, pretende a Violante y casi deshonra a María, pero termina arrepintiéndose y cumpliendo el voto.
Hija de don Nuño Ossorio, rica y noble, enamorada fielmente de Felisardo; su padre intenta casarla con don Fadrique por conveniencia económica.
Padre de Violante, caballero principal y ambicioso, que antepone la riqueza al afecto de su hija y promueve su matrimonio con don Fadrique.
Criado de Felisardo, figura cómica y a la vez testigo decisivo de la acción; acompaña a su amo, comenta sus errores y relata su trato con el Demonio y su liberación.
Criado de don Fadrique, de función cómica, compañero del viaje desde las Indias y mediador en varias escenas; observa críticamente los impulsos de su amo.
Criada de Violante, confidente de su señora y mensajera entre los amantes; participa en los enredos amorosos con tono vivo y pragmático.
Criada de doña María, asociada a la vida doméstica y devota de la casa; sirve de confidente de María y proporciona información clave a don Fadrique y a otros personajes.
Agente sobrenatural antagonista que intenta apartar a los devotos de María por medio del amor, el juego y la desesperación, pero fracasa ante la protección de la Virgen.
Espacio central de la primera parte y lugar donde se manifiestan la pobreza noble, la preocupación por el honor y la devoción doméstica a la Virgen; allí culmina también la conversión de don Fadrique.
Núcleo espiritual de la obra dentro de la casa de María; allí se reza, se recuerda el mandato materno y se hace visible la protección mariana sobre los personajes.
Ámbito del control paterno sobre Violante y de los conflictos entre amor y conveniencia matrimonial; en ella se organizan las bodas proyectadas con don Fadrique.
Lugar donde don Fadrique ve por primera vez a doña María a la salida del rosario y donde se refuerza el marco devocional que orienta la acción.
Marco urbano general de la trama, identificado expresamente como ciudad portuguesa; concentra las relaciones entre linaje, riqueza, fama social y vigilancia del honor.
Espacio previo pero decisivo para la acción, pues en la tormenta don Fadrique formula el voto que condiciona toda la intriga posterior.
Lugar apartado donde Felisardo, desesperado tras perder en el juego, invoca al Demonio y recibe la intervención salvadora de la Virgen.
Espacio funcional donde se consuma el giro de fortuna de Felisardo y se materializa la temática del juego como causa de dicha y desdicha.
La obra presenta a la Virgen como amparo constante de sus devotos, capaz de frustrar las trazas del Demonio, obtener perdón para el pecador y enderezar los conflictos humanos.
El juego aparece como práctica peligrosa que promete ascenso rápido pero conduce a la pérdida del dinero, del juicio y del honor, repitiendo la ruina ya sufrida por la familia de Felisardo.
La acción insiste en la defensa del honor de las mujeres, especialmente el de María y Violante, sometidas a vigilancia social, autoridad paterna y amenazas de apropiación masculina.
Se contraponen los amores de Felisardo y Violante o de María y don Fadrique a las decisiones dictadas por la riqueza, la dote y la conveniencia social.
La obra subraya cómo la nobleza sin hacienda queda desvalida en el mercado matrimonial y en la vida pública, pese a conservar honra, virtud y linaje.
Los personajes cometen errores graves, pero el reconocimiento de la culpa y la intercesión divina permiten reparar el daño y reordenar sus vidas.
La trama cuestiona los enlaces impuestos por interés y defiende, dentro de los límites del decoro, que el gusto y la voluntad de los contrayentes deben ser considerados.
El Demonio intenta aprovechar las pasiones humanas para apartar a los personajes de la fe, mientras la gracia asociada a María actúa como fuerza contraria y victoriosa.