El Rey
Padre de Serenisa y Matilde y figura que dirige la acción desde su obsesión por la honra familiar; prende a Escalante, encierra a sus hijas y provoca gran parte de los enredos con su autoridad disparatada.
Melchor Fernández de León o Manuel de León Marchante
Fecha de publicación del resumen: 18 de junio de 2026
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un palacio cortesano de localización imprecisa, probablemente en un reino imaginario, el Rey sorprende a sus hijas Serenisa y Matilde con Escalante y convierte el episodio nocturno en un conflicto de honra y encierro. La llegada del Príncipe, destinado a casarse con una infanta, complica la acción con celos, desafíos, visitas a la prisión y disputas amorosas que se desarrollan entre aposentos, sala y dependencias del palacio. Tras una academia burlesca y varios intentos fallidos de duelo y castigo, el desenlace reparte las parejas por un juego azaroso y confirma el motivo central del título: cada personaje acaba emparejado con quien le corresponde.
La acción arranca en un ambiente palaciego y disparatado, cuando las infantas Serenisa y Matilde intentan ocultar a Escalante después de haber sido sorprendidas de noche en su compañía. El Rey, que además es padre de las jóvenes, interpreta la escena como una grave afrenta a su honra y recorre el palacio buscándolas con furia. Mediante equívocos y diálogos cómicos, logra prender a Escalante y decide dejar para el día siguiente el castigo de sus hijas, con la idea de restaurar públicamente su autoridad antes de la llegada del Príncipe, llamado a casarse con una de ellas. Poco después entra ese Príncipe, personaje ridículo y fanfarrón, acompañado de un lacayo; el Rey le comunica de forma confusa el supuesto deshonor de Serenisa y la prisión de Escalante, mientras el recién llegado manifiesta su deseo de obtener la mano de la infanta. La jornada concluye con la preparación de nuevas tensiones amorosas y políticas, en una corte dominada por el absurdo, los celos y la obsesión del monarca por el control familiar.
En la segunda jornada, Serenisa visita a Escalante en prisión, confirmando así el vínculo afectivo entre ambos, pero su encuentro se ve interrumpido por la llegada del Príncipe. Este, creyéndose ofendido en sus pretensiones amorosas, desafía a Escalante; sin embargo, la rivalidad queda suspendida entre amenazas grotescas, cobardías mutuas y malentendidos. Paralelamente, el Rey intenta leer y responder cartas, administrar justicia y gobernar, pero cada intervención acentúa su incompetencia y su desatino. Cuando comparecen las infantas, vuelven a enfrentarse verbalmente con el padre, que las mantiene presas y sospechosas sin escuchar razones. Finalmente, Serenisa y Matilde intervienen para impedir el duelo entre el Príncipe y Escalante y proponen una academia nocturna en la sala palaciega, donde ambos galanes deberán concurrir, lo que desplaza provisionalmente el conflicto del terreno del honor al de la exhibición cortesana y burlesca.
La tercera jornada se desarrolla primero en esa academia festiva, donde los personajes improvisan versos y pullas que reavivan la competencia entre el Príncipe y Escalante y la rivalidad entre las dos hermanas. La comicidad verbal desemboca otra vez en intentos de pelea y en un nuevo exceso del Rey, que incluso llega a amenazar con azotar al Príncipe como si fuera un muchacho sometido a su autoridad doméstica. Más adelante, Matilde procura quedar a solas con el Príncipe, mientras Serenisa hace lo propio con Escalante; en ese contexto, Escalante intenta atacar al Príncipe, y la confusión provoca el desmayo de una de las infantas, sin que el lance llegue a resolverse trágicamente. En el desenlace, para evitar más violencia y ordenar los emparejamientos, se recurre a una prueba cómica con los ojos vendados: cada galán debe tomar una mano, y el azar determina las parejas finales. Así quedan asignados Escalante y Serenisa por un lado, y el Príncipe y Matilde por otro, mientras un personaje subalterno reclama también su acomodo y la comedia cierra con la fórmula que le da título: cada uno queda finalmente con “su cada cual”.],
Padre de Serenisa y Matilde y figura que dirige la acción desde su obsesión por la honra familiar; prende a Escalante, encierra a sus hijas y provoca gran parte de los enredos con su autoridad disparatada.
Infanta enamorada de Escalante, implicada desde el comienzo en la ocultación del galán y en la resistencia frente al control del padre; finalmente queda emparejada con Escalante.
Galán perseguido por el Rey y amado por Serenisa; su prisión, sus encuentros secretos y su rivalidad con el Príncipe articulan buena parte del conflicto cómico.
Hermana de Serenisa, también muy activa en la trama; participa en los engaños, discute con el Rey y termina formando pareja con el Príncipe en el desenlace.
Pretendiente real llamado a casarse con una de las infantas; compite con Escalante, oscila entre la fanfarronería y la cobardía, y acaba unido a Matilde.
Criado o personaje subalterno de función cómica que interviene en recados, comentarios y escenas de servicio, contribuyendo al tono burlesco de la comedia.
Figura femenina de servicio vinculada al espacio palaciego y a la academia final; su presencia es secundaria, pero participa en las escenas cómicas del último tramo.
Espacio central de toda la comedia; en él se concentran la vigilancia del honor, los encierros, las audiencias, los encuentros amorosos y la resolución final.
Lugares donde se esconden los personajes, se producen equívocos nocturnos y tienen lugar conversaciones privadas decisivas para el enredo amoroso.
Espacio clave de la segunda jornada, pues permite la visita secreta de Serenisa, la irrupción del Príncipe y la reactivación del conflicto entre ambos galanes.
Marco de la reunión festiva de la tercera jornada, donde los personajes improvisan versos y la competencia amorosa se transforma en certamen burlesco.
Espacio degradado y cómico que subraya el carácter arbitrario del castigo paterno y la humillación a la que el Rey quiere someter a sus hijas.
Más que un sitio estable, funciona como espacio cómico imaginado para los desafíos entre Escalante y el Príncipe, siempre anunciados y nunca cumplidos de manera heroica.
La acción se organiza en torno al choque entre los deseos amorosos de las infantas y la voluntad del Rey de imponer obediencia y controlar sus matrimonios.
El Rey interpreta la presencia de Escalante como una mancha intolerable, pero la obra ridiculiza continuamente ese discurso de honor mediante exageraciones y disparates.
Los afectos cruzados, los celos y la competencia entre pretendientes conducen al desenlace matrimonial que da sentido al título de la comedia.
El monarca aparece como una figura autoritaria pero inepta, incapaz de leer, juzgar o mandar con sensatez, lo que convierte la corte en un espacio de caos risible.
Escondites, prisiones, visitas secretas, confusiones de identidad y acciones a oscuras sostienen la progresión del enredo dramático.
La obra explota un lenguaje disparatado, certámenes poéticos burlescos y situaciones ilógicas que definen su comicidad y su dinámica dramática.