don Íñigo
Uno de los dos galanes principales; ama verdaderamente a Margarita, pero por el error de los retratos es amado por Isabel y se ve obligado a fingir celos extremos para deshacer el enredo.
Agustín Moreto y Cavana
Summary publication date: June 18, 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En el Madrid cortesano, un intercambio accidental de retratos entre dos amigos sevillanos, don Íñigo y don Enrique, provoca que cada hermana ame al hombre equivocado y que todos queden atrapados en un cruce de amores imposible. Para deshacer el error, los galanes, ayudados por Motril, fingen celos y liviandades con la esperanza de cansar a Margarita e Isabel, pero el artificio primero complica más la situación y luego altera de nuevo los afectos. Cuando las damas descubren el engaño, responden con otra estratagema, fuerzan la confesión de los verdaderos sentimientos y el conflicto termina con los matrimonios de don Íñigo con Margarita y de don Enrique con Isabel.
La comedia se abre con la confidencia de don Íñigo a su criado Motril sobre el origen del enredo amoroso que lo atormenta. Don Íñigo y don Enrique, amigos desde las Indias, habían sido destinados por don Gómez de Cabrera a casarse con sus dos hijas, Margarita e Isabel, a partir de un acuerdo entre familias nobles. Antes de conocerse en persona, se enviaron retratos mutuamente, pero por una confusión al cerrar los pliegos, cada galán remitió a la dama equivocada el retrato del otro. Cuando todos llegan a Madrid tras la muerte de don Gómez, descubren que el intercambio ha producido un efecto fatal: Margarita ama al dueño del retrato de don Enrique, Isabel al de don Íñigo, y, al mismo tiempo, los dos caballeros se enamoran realmente de las mujeres que les habían sido asignadas desde el principio. Así, cada uno ama a una dama que corresponde al amigo, mientras recibe el favor de la otra. La situación se agrava porque ni los ruegos, ni la presencia, ni el retiro consiguen corregir el error, y la amistad entre los dos hombres les impide resolverlo por medios violentos o abiertamente competitivos.
Ante este conflicto, Motril propone una estratagema: fingir una devoción tan insistente y unas condiciones tan insoportables que las damas acaben cansadas y rechacen el matrimonio. Don Íñigo, presentado como celoso extremo, y don Enrique, como hombre liviano e inconstante, comparecen ante Margarita e Isabel y exageran esos defectos para hacerse odiosos. Sin embargo, el plan produce el efecto contrario, porque ambas hermanas sostienen que, una vez casadas, sabrán sufrir y obedecer a sus maridos, y llegan incluso a aceptar aquello que debía espantarlas. Los galanes continúan entonces con el engaño y lo intensifican por separado. Don Enrique deja caer cartas comprometedoras y aparenta múltiples galanteos para despertar el desprecio de Margarita, que termina indignada por su supuesta inconstancia. Don Íñigo, por su parte, lleva sus celos hasta el absurdo ante Isabel: sospecha de los criados, de la música que suena en la calle y hasta de una presencia oculta en su cuarto, donde Motril se había escondido. La escena culmina en una explosión de cólera que hace que Isabel rompa su palabra y lo eche de su casa, mientras Motril celebra haber conseguido por fin que las dos hermanas aborrezcan a sus pretendientes.
En la tercera jornada, cuando parecía logrado el apartamiento, la intriga vuelve a invertirse. La persistencia amorosa de los dos caballeros y la mudanza de sus actitudes despiertan en Margarita e Isabel una nueva inquietud, mezcla de amor propio, envidia y deseo de no verse despreciadas por quienes antes las perseguían. Mientras Motril sigue avivando la rivalidad, Marcelo escucha por azar que toda la estrategia de los galanes había sido fingida para cansarlas y se lo revela a las damas. Ofendidas, Margarita e Isabel deciden vengarse con el mismo instrumento del engaño y hacen llamar a los dos amigos para ofrecerles, en apariencia, las bodas cruzadas: Isabel acepta a don Íñigo y Margarita a don Enrique. Los caballeros, desconcertados y a punto de resignarse, terminan confesando entonces la verdad: don Íñigo siempre ha amado a Margarita y don Enrique a Isabel, y solo fingieron para probar y enderezar los afectos nacidos del error de los retratos. Lejos de disgustarse, las damas responden que prefieren ahora a quienes las aman, no a quienes ellas amaron primero por equivocación, y aceptan casarse conforme al deseo verdadero de cada pareja. La comedia concluye con la restauración del orden amoroso y social mediante el doble matrimonio de don Íñigo con Margarita y don Enrique con Isabel, acompañado del tono festivo de los criados, que anuncian también su propio emparejamiento interesado y burlesco.
Uno de los dos galanes principales; ama verdaderamente a Margarita, pero por el error de los retratos es amado por Isabel y se ve obligado a fingir celos extremos para deshacer el enredo.
Amigo íntimo de don Íñigo y segundo galán principal; ama a Isabel, aunque Margarita se inclina por él a causa del retrato trocado, y participa en la ficción mostrándose inconstante y liviano.
Hija mayor de don Gómez de Cabrera; inicialmente se enamora del retrato de don Enrique, rechaza a don Íñigo y acaba aceptando al hombre que de verdad la ama cuando se descubre la verdad.
Hermana menor de Margarita; ama primero a don Íñigo por el retrato recibido, soporta sus fingidos celos y finalmente corresponde a don Enrique tras la aclaración del engaño.
Criado de don Íñigo y motor cómico de la acción; idea y ejecuta gran parte de las trazas con que los galanes intentan cansar a las damas, aunque sus remedios suelen complicar el conflicto.
Criada de Isabel, con presencia relevante en el desarrollo del enredo doméstico y en la circulación de noticias dentro de la casa.
Criada vinculada a Margarita, interviene en conversaciones decisivas y sirve de apoyo a su señora en la evolución del conflicto amoroso.
Criado relacionado con los galanes que, al escuchar la explicación de Motril, contribuye indirectamente a que las damas descubran la traza y preparen su venganza.
Marco urbano principal de la comedia; allí llegan los personajes tras su estancia en las Indias y en Sevilla, y en la corte se desencadena, complica y resuelve el enredo matrimonial.
Espacio central de las entrevistas, discusiones y fingimientos entre damas, galanes y criados; concentra la mayor parte de la acción dramática.
Lugar decisivo de la segunda jornada, donde se desarrolla la escena de los celos de don Íñigo, el escondite de Motril y la ruptura momentánea entre los personajes.
Ámbito de recreo y de música en el que se manifiestan los estados amorosos de las damas y desde el que se sugieren algunas escenas de intimidad cortesana.
Lugar de músicas, rondas, recados y entradas y salidas de los personajes; sirve para activar sospechas, celos y encuentros.
Espacio de origen de los galanes y referencia constante en el relato previo; allí se preparó el intercambio de retratos y hacia allí se menciona en varios momentos la posibilidad de retirarse.
Espacios evocados en la narración inicial que explican la antigua amistad de los caballeros y la fortuna familiar de don Gómez, aunque no son escenarios de la acción presente.
La acción se organiza en torno al intercambio equivocado de retratos, que desvía los afectos de los cuatro protagonistas y provoca un cruce de amores difícil de resolver.
La comedia muestra cómo el rechazo, la insistencia y la aparente pérdida del amante alteran continuamente los sentimientos de galanes y damas.
Los celos, primero fingidos y luego casi creídos por quienes los representan, ocupan un lugar central en el conflicto y sirven para medir hasta dónde puede llegar la sospecha en el amor.
Los personajes recurren a trazas, simulaciones, recados y pruebas indirectas para influir en la voluntad ajena, en un mundo donde el amor se negocia mediante artificios sociales.
La estrecha relación entre don Íñigo y don Enrique impide que compitan abiertamente y condiciona todas sus decisiones, pues buscan resolver el conflicto sin traicionarse entre sí.
La obra vincula el deseo amoroso con la necesidad de casar conforme al decoro social, y hace que damas y caballeros discutan qué pesa más: la inclinación, la conveniencia o el entendimiento.
Los sirvientes, especialmente Motril, convierten el conflicto serio en materia de burla y son decisivos tanto para complicar el enredo como para encaminar su resolución.