La Fama
Figura alegórica central que anuncia, interpreta y difunde las victorias del rey de Portugal, además de recibir y esparcir al final los versos proféticos sobre el príncipe.
Bartolomé Torres Naharro
Summary publication date: June 18, 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En una sala cortesana de Roma, según se infiere de varias alusiones del texto, la Fama proclama las conquistas del rey Manuel de Portugal y discute con Ptolomeo sobre el alcance extraordinario de su poder. Mientras unos pastores cómicos preparan y comentan la fiesta, desfilan ante el monarca numerosos reyes africanos y asiáticos que le ofrecen obediencia, tributo y su deseo de recibir bautismo y leyes cristianas. En la parte final, otros pastores presentan dones simbólicos al príncipe don Juan y la Fama difunde un pronóstico sobre su porvenir, cerrándose la obra con una celebración de la gloria política y religiosa de la casa real portuguesa.
La obra se abre con un prólogo pastoril y burlesco en el que un pastor rústico, con lenguaje deformado y tono jocoso, entretiene al auditorio con chanzas, recuerdos amorosos y pullas contra clérigos, ricos y falsos prestigios. Tras ese arranque cómico anuncia la representación de una comedia en cinco jornadas dedicada a ensalzar al rey de Portugal, identificado en el texto como Emanuel. En la primera jornada entra la Fama, figura alegórica que proclama por el mundo las victorias del monarca y enumera una larga serie de ciudades, islas y reinos sometidos a su poder en África y Asia. A su discurso responde Ptolomeo, traído desde el infierno, asombrado de que las conquistas del rey excedan lo que él mismo había descrito por escrito. Entre ambos se entabla una disputa sobre quién merece el crédito de tales hazañas: Ptolomeo reprocha a la Fama que solo ensalce a los grandes y olvide a los humildes, mientras ella defiende que pregona la verdad según la dignidad de cada cual. La discusión queda en suspenso cuando la Fama invita a Ptolomeo a presenciar la prueba de su relato: la llegada de numerosos reyes que acuden a rendir vasallaje al soberano portugués.
La segunda y la tercera jornada desarrollan esa demostración con un fuerte contraste entre lo alto y lo bajo. Primero aparecen dos pastores, Caxcolucio y Juan Tomillo, llamados para barrer la sala donde se celebrará la ceremonia; su ignorancia, sus insultos mutuos y su irreverente curiosidad ante la silla real proporcionan un extenso intermedio cómico. Un paje los reprende, pero termina tolerando sus cantares y prometiéndoles introducirlos más adelante si llevan presentes al príncipe. Después la acción pasa al plano solemne: un intérprete presenta ante el rey de Portugal a una sucesión de monarcas de Guinea, Monicongo, Mandinga, Gelof, Adén, Ormuz, Cefalá, Cambayá, Goa, Caúl, Abul, Narsinga, Cananor, Cochín, Malaca, Cilán y otros territorios nombrados en el texto. Todos declaran su obediencia, ofrecen tributos y se muestran agradecidos por haber sido incorporados al dominio del rey. El punto más insistente de sus peticiones no es solo político, sino religioso: desean recibir el bautismo, leyes cristianas y amparo de la Iglesia romana, para lo cual se menciona la mediación de Tristán da Cunha y la cercanía del monarca portugués al papa León. Así, la obra presenta la expansión portuguesa como empresa de conquista, gobierno y cristianización a la vez.
La cuarta y la quinta jornada regresan al registro pastoril para enlazar la grandeza regia con una celebración festiva de tono popular. Cuatro pastores, Juan Tomillo, Caxcolucio, Mingo Oveja y Gil Bragado, comparecen con regalos destinados no al rey, sino al príncipe don Juan: una raposa, un gallo, un cordero y un águila. Cada uno explica el valor ejemplar de su presente mediante una breve enseñanza: la raposa aconseja prudencia frente a los engaños, el gallo simboliza vigilancia y capacidad de convocar a los suyos, el cordero representa mansedumbre cristiana y el águila se asocia con la liberalidad y la majestad. Un paje los conduce luego al interior, prometiéndoles comida y bebida. Finalmente entra Apolo en carro triunfal y entrega a la Fama unos versos proféticos sobre el príncipe; cuando la Fama comienza a difundirlos, el pastor Mingo Oveja, intrigado por aquella figura alada, le pide explicaciones e incluso intenta volar con sus alas, cayendo ridículamente al suelo. Antes del cierre recupera el papel con los versos y se dispone a llevar el mensaje, de modo que la obra termina uniendo encomio cortesano y comicidad rústica. Un villancico final resume la idea central: quien ha ganado tantos reinos en el mundo tiene también ganado el reino de Dios.
Figura alegórica central que anuncia, interpreta y difunde las victorias del rey de Portugal, además de recibir y esparcir al final los versos proféticos sobre el príncipe.
Destinatario del elogio dramático y eje de toda la acción, presentado como conquistador victorioso, soberano de numerosos reinos y promotor de la expansión cristiana.
Personaje alegórico o semialegórico que sale del infierno para discutir con la Fama y comprobar si las conquistas del rey exceden lo que él había escrito sobre el mundo.
Mediador en la tercera jornada que presenta uno por uno a los reyes vasallos y traduce sus ofrecimientos, peticiones y muestras de obediencia al monarca portugués.
Hijo del rey y de la reina, destinatario de los presentes pastoriles y de la profecía final pronunciada por Apolo y difundida por la Fama.
Pastor de gran relieve cómico en la parte final, portador de un cordero como presente y protagonista del episodio burlesco con la Fama y las alas.
Pastor rústico que interviene en las escenas cómicas de la segunda y cuarta jornada, primero como barredor y luego como oferente de un gallo al príncipe.
Pastor compañero de Caxcolucio, implicado en riñas, cantares y burlas; más tarde ofrece una raposa al príncipe y extrae de ella una lección política.
Uno de los cuatro pastores que acuden con presentes, encargado de ofrecer un águila y de asociarla con la liberalidad propia de príncipes y reyes.
Servidor de la corte que organiza la entrada y salida de los pastores, los reprende, negocia con ellos y facilita su participación en la fiesta cortesana.
Figura alegórica que aparece en carro triunfal para pronosticar por escrito la grandeza futura del príncipe don Juan.
Espacio principal de la representación y de la acción dramática, donde se preparan las ceremonias, comparecen los reyes vasallos y se desarrollan las escenas cómicas con los pastores.
Marco político de toda la obra, asociado a la recepción de embajadas, al homenaje de los reyes sometidos y a la exaltación del poder regio y dinástico.
Conjunto de lugares evocados por la Fama y por el intérprete para mostrar la amplitud del dominio portugués; funcionan como horizonte geográfico de la expansión imperial.
Espacio alegórico de la parte final, desde el que se legitima simbólicamente la gloria de la monarquía y se anuncia el porvenir del príncipe.
Ámbito alegórico mencionado en la primera jornada para subrayar la resonancia universal de la fama del rey, capaz de hacerse oír incluso en el mundo infernal.
Lugar probable de representación y referencia activa en la tercera jornada por las alusiones al papa León, a embajadas y a la propia ciudad, aunque el texto no siempre lo precisa de forma inequívoca como único espacio escénico.
La obra celebra al rey Manuel como vencedor, gobernante prudente y señor de numerosos territorios, presentando su figura como centro de orden político y prestigio universal.
Gran parte de la acción consiste en enumerar ciudades y reinos sometidos y en mostrar a sus soberanos ofreciendo obediencia, tributo y servicio al rey de Portugal.
Los reyes presentados no solo aceptan la autoridad política del monarca, sino que piden bautismo, leyes cristianas y apoyo de Roma, de modo que la expansión aparece ligada a una misión religiosa.
La obra no ensalza solo al rey, sino también a la reina y al príncipe don Juan, cuyo futuro glorioso se anuncia para asegurar la continuidad de la grandeza de la casa real.
Las escenas solemnes de embajadas y triunfos se alternan con episodios rústicos de pastores que rebajan cómicamente la pompa y acercan la celebración al público.
La raposa, el gallo, el cordero y el águila sirven para traducir en imágenes sencillas cualidades deseables en el gobernante, como prudencia, vigilancia, mansedumbre y liberalidad.
La figura alegórica de la Fama encarna la circulación de noticias y elogios, y plantea cómo las hazañas del poder se convierten en memoria perdurable ante el mundo.