Diana
Princesa de Partana y centro de la acción amorosa y política; es pretendida por el Duque y por Don Juan, y finalmente elige al segundo porque le ha salvado la vida y mostrado mayor lealtad.
Antonio Enríquez Gómez (Fernando de Zárate)
Summary publication date: June 18, 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la corte de Sicilia, probablemente en torno a Palermo y al estado de Partana, Diana es disputada por el Duque Astolfo y por el español Don Juan, mientras el rey y varios cortesanos agravan la intriga con celos, equívocos y maniobras políticas. Tras una sortija pública, un naufragio o accidente marítimo y varios encuentros nocturnos en palacio y jardines, Diana reconoce que quien verdaderamente la merece es Don Juan, porque la salva de la muerte y defiende su lealtad con hechos. En la quinta de Diana, el rey resuelve el conflicto: acepta la elección amorosa de la princesa, la casa con Don Juan y entrega al Duque la mano de Isabela, confirmando que valen más las obras que las palabras.
La acción se sitúa en la corte siciliana y gira en torno a Diana, princesa de Partana, pretendida por el Duque Astolfo y por un caballero español llamado Don Juan de Mendoza, cuyo nombre aparece deturpado en varios pasajes, así como por la inclinación secreta del propio rey. Al comienzo, el Duque manifiesta sus celos porque sospecha que Diana favorece al español, y ella, para probarle, le permite correr una sortija en su calle. Paralelamente, el rey compensa a Manfredo, desposeído del estado de Partana, con el marquesado de Gebelina, pero este, movido por la ambición, insinúa peligros políticos y más tarde se descubre dispuesto a traicionar al monarca. En la fiesta caballeresca organizada ante la casa de Diana, Don Juan vence en la sortija y le ofrece los premios, pero un accidente hace caer al Duque, y Diana, irritada, interpreta el suceso como culpa del español. Poco después, durante una riña entre Don Juan y el Duque, se oye que Diana peligra en el mar; ambos suspenden el duelo para socorrerla, pero es Don Juan quien logra salvarla. Desde ese instante, la princesa reconoce que le debe la vida y empieza a admitir abiertamente la competencia amorosa entre ambos pretendientes.
Mientras crece la rivalidad entre Don Juan y el Duque, la intriga cortesana se complica con los movimientos de Isabela, hermana de Don Juan, enamorada del Duque, y con los celos del rey, que por una descripción física de la dama amada comprende que Don Juan también sirve a Diana. Isabela procura suscitar celos mediante fingidos encuentros nocturnos, y en ese contexto el rey descubre, gracias a escuchas y a la torpeza cómica de los criados, que Manfredo prepara una traición: ha falsificado cartas reales para entregar al enemigo el estado de Partana e incluso atentar contra el rey. Manfredo es detenido, y el monarca, todavía receloso, decide llevar a Diana a palacio mientras manda retirar al Duque al castillo de Guiana. Antes de partir, Diana aclara a Don Juan que el rey no la pretende amorosamente y le pide que defienda su lealtad. Sin embargo, en la jornada siguiente reaparecen los engaños de identidad y las conversaciones nocturnas mal entendidas: el Duque logra entrar en los aposentos y habla con Diana o con otra dama en una escena deliberadamente confusa por la oscuridad, lo que provoca nuevos celos de Don Juan, quien cree confirmada la mudanza de la princesa. Al mismo tiempo, el rey, por razones de estado, resuelve casar a Diana con el Duque para asegurar la sucesión y la estabilidad política de Partana.
El desenlace tiene lugar en la quinta o alquería de Diana, adonde acuden el rey, la princesa, Isabela, el Duque y finalmente Don Juan. Allí el Duque cree recibir promesas amorosas, mientras Don Juan, oculto, oye palabras ambiguas y se consume de celos; pero poco después, ante el rey y en presencia de todos, Diana expone con claridad su decisión. Distingue entre dos formas de amar: la del galán que habla mucho y promete, y la del amante que obra con hechos; afirma que al Duque solo le debió inclinación y palabras, mientras que a Don Juan le debe la vida, porque la rescató efectivamente del mar cuando su rival no llegó a hacerlo. Además, declara que, si el matrimonio con el Duque se justifica solo por conveniencia política y por la herencia de Partana, ella renuncia al estado antes que renunciar al hombre a quien ama. El rey, venciendo su propia pasión y aceptando la razón expuesta por Diana, reconoce que «quien habla más obra menos», aprueba el enlace de Diana con Don Juan y dispone que Isabela se case con el Duque. Así se resuelven a un tiempo la competencia amorosa, la cuestión sucesoria y la tensión entre discurso y acción, con un final de restitución del honor y de orden cortesano.
Princesa de Partana y centro de la acción amorosa y política; es pretendida por el Duque y por Don Juan, y finalmente elige al segundo porque le ha salvado la vida y mostrado mayor lealtad.
Caballero español, rival del Duque y principal galán de la obra; ama a Diana, la rescata del mar, sostiene su honor y acaba casándose con ella.
Noble de alta posición y primer pretendiente de Diana; celoso, locuaz y orgulloso, compite con Don Juan, pero pierde la mano de la princesa y termina unido a Isabela.
Monarca que gobierna la corte donde se desarrolla la intriga; siente una inclinación amorosa que intenta disimular, descubre la traición de Manfredo y al final decide los matrimonios.
Hermana de Don Juan y enamorada del Duque; interviene en los enredos nocturnos y, tras el desengaño de Astolfo, acaba siendo destinada como su esposa.
Marqués de Gebelina y antiguo poseedor o aspirante al estado de Partana; su ambición lo lleva a tramar una traición contra el rey y a convertirse en amenaza política decisiva.
Criada de Diana, muy presente en los diálogos iniciales y en la mediación de avisos y recados; ayuda a poner en marcha acciones festivas y amorosas.
Criada y confidente, especialmente vinculada a Isabela y a Diana en las escenas de palacio; participa en los encuentros secretos y en la circulación de noticias.
Acompañante de Don Juan en la tercera jornada; sirve de interlocutor en la espera final en la quinta de Diana.
Criado del galán, nombrado de forma algo insegura por la transmisión del texto; aporta la dimensión cómica, comenta los celos de su amo y participa en las escenas de vigilancia y confusión.
Espacio central de la intriga cortesana, donde el rey delibera, se descubren traiciones, se producen entrevistas secretas y se decide el destino político y matrimonial de los personajes.
Lugar de encuentros amorosos, festejos y malentendidos; ante su fachada se corre la sortija y en sus cuartos y balcones se desencadenan duelos, rescates y equívocos nocturnos.
Espacio decisivo del peligro de Diana, probablemente junto a la costa siciliana; allí se produce el episodio que permite a Don Juan salvarla y fundamentar su mérito amoroso.
Zona de paso y ocultamiento por donde los personajes entran, espían o acceden secretamente a los aposentos; cumple una función clave en los enredos de la segunda jornada.
Lugar al que el rey manda retirarse al Duque mientras investiga la situación; simboliza la separación temporal del rival dentro del control regio.
Espacio campestre del desenlace, asociado al retiro y a una aparente intimidad amorosa; allí se aclaran los equívocos y el rey fija la resolución final.
Escenario urbano del torneo caballeresco organizado por licencia de Diana; sirve para hacer pública la rivalidad entre pretendientes y medir su lucimiento social.
Más que un simple lugar físico, es el núcleo territorial y simbólico del conflicto sucesorio y político, pues su posesión condiciona alianzas, ambiciones y proyectos matrimoniales.
La acción contrapone al amante que promete y se exhibe con el que demuestra su amor con hechos, especialmente en el rescate de Diana y en la defensa efectiva de su honor.
La trama se construye sobre la rivalidad entre el Duque y Don Juan, los celos de ambos, la inseguridad de Diana y los enredos que provocan sospechas y desafíos.
El matrimonio de Diana no depende solo del afecto, sino también de la herencia de Partana, del equilibrio del reino y de las decisiones del rey como garante del orden político.
Los personajes justifican sus acciones por el linaje, la reputación y el deber de sostener el propio nombre, tanto en el amor como en el duelo y en la obediencia al monarca.
La conspiración de Manfredo introduce un conflicto político que amenaza al rey y vincula la cuestión amorosa con la seguridad del reino y la fidelidad al soberano.
Gran parte de la intriga avanza mediante escenas nocturnas, voces no reconocidas, puertas ocultas y conversaciones mal entendidas que alteran las relaciones entre los personajes.
Diana defiende con firmeza su derecho a escoger esposo según mérito y afecto, incluso frente a la conveniencia política y a la autoridad regia.
La obra muestra cómo el deseo amoroso se mezcla con aspiraciones de ascenso, posesión de estados y control de alianzas dentro de la corte siciliana.