No hay castigo contra amor
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En una corte borgoñona marcada por la guerra pasada con Bretaña, Alfonso entra de incógnito en los jardines de Timoclea, ambos se enamoran y tratan de huir pese a la oposición del rey Eusebio y de los pretendientes francés y florentino. La fuga fracasa cuando Timoclea es raptada y llevada a Constantinopla, adonde Alfonso la sigue hasta caer preso, mientras el rey Amurates desea a la princesa y Lucelinda, su hermana, se enamora del príncipe cristiano. Tras prisiones, engaños y rescates nocturnos entre torre, jardines y espacios marítimos, los amantes regresan a Borgoña, se reconcilian los reinos y hasta los personajes moros piden el bautismo, confirmando que no hay fuerza eficaz contra el amor.
