No hay bien sin ajeno daño
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En el Madrid cortesano de la obra, don Pedro de la Cerda llega herido a casa de Leonor y, tras huir de la justicia, rescata después a doña Ana de una muerte que su hermano quería darle por sospechas de deshonra. Doña Ana revela que ama a don Diego Manrique y que su encierro nace de ese amor secreto, pero la convivencia de los personajes entre casas, jardines y aposentos provoca celos cruzados y errores de interpretación entre Leonor, don Pedro, Ana y Diego. En la resolución final, cuando don Luis quiere vengar su honor con la espada, se aclaran los equívocos y se propone el matrimonio de don Diego con Leonor como remedio principal de una trama donde honor, amor, apariencia y reparación se enlazan constantemente.
