doña Ana
Hermana de don Pedro y uno de los motores del enredo; pasa de corresponder a don Juan a enamorarse de don Carlos, lo oculta en su casa y provoca buena parte de las confusiones.
Sor Juana Inés de Cruz
Summary publication date: June 18, 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En el Toledo de la comedia, la casa de doña Ana y don Pedro se convierte durante una noche y un día en escenario de fugas, depósitos, ocultamientos y malentendidos cuando Leonor huye con don Carlos y cae por engaño en poder de don Pedro. Ana, enamorada primero de don Juan y luego de Carlos, protege al galán en su casa y fomenta celos y equívocos, mientras Leonor teme haber sido traicionada y don Rodrigo intenta reparar la honra de su hija forzando un matrimonio con don Pedro. Tras nuevos disfraces, riñas nocturnas y confusiones de identidad, se aclara que Carlos ama a Leonor y Ana a don Juan, de modo que el desenlace restituye el honor familiar mediante ambas bodas.
La acción comienza en Toledo, en casa de doña Ana, hermana de don Pedro de Arellano. Mientras esperan de noche la llegada de este, Ana confía a su criada Celia que en Madrid correspondió al amor de don Juan de Vargas, quien la siguió después a Toledo; sin embargo, ya se siente mudable porque se ha enamorado de un galán al que ve pasar por la calle, don Carlos de Olmedo. Al mismo tiempo explica la intriga urdida por su hermano: enamorado sin ser correspondido de doña Leonor de Castro, ha sobornado a una criada para saber que ella va a huir con su amante y ha dispuesto una falsa intervención de la justicia para separar a los fugitivos, depositando a la dama en su propia casa. Así sucede: Leonor es llevada allí y, una vez acogida, relata su historia. Noble, hermosa y celebrada por su ingenio, se enamoró de don Carlos, con quien había concertado fugarse para casarse, ante el peligro de que su padre, don Rodrigo, la entregase a otro. Durante la fuga, dos embozados los atacaron; uno de ellos, don Diego de Castro, primo de Leonor, cayó herido por don Carlos, y este fue prendido. Leonor queda entonces depositada en casa de Ana, sin honra aparente y temiendo por la suerte de su amado. Poco después llega a la misma casa el propio don Carlos, que ha conseguido escapar y pide amparo; Ana, al reconocer la ocasión de favorecer al hombre que ahora desea, lo oculta en un cuarto con salida al jardín. A continuación comparece don Juan, también escondido en la casa, y por una serie de encuentros nocturnos y equívocos coinciden sin reconocerse bien Ana, Leonor, Carlos y Juan, hasta quedar todos ocultos en distintas habitaciones cuando regresa don Pedro.
En la segunda jornada se complican los enredos amorosos y familiares. Don Carlos, oculto con su criado Castaño, cree haber visto a Leonor en casa de don Pedro y decide averiguar la causa. Doña Ana, movida por sus celos y por el deseo de apartar a Leonor, procura que Carlos observe desde una reja cómo don Pedro corteja a la dama, esperando despertar en él la pasión celosa. Al mismo tiempo, mediante Celia, hace llegar a Carlos la falsa impresión de que Leonor está en casa de don Pedro como objeto de sus galanteos. Leonor, por su parte, sufre al saber que Ana pretende atraer a Carlos y teme haber sido traicionada por él. Paralelamente, don Rodrigo, padre de Leonor, creyendo que quien la ha sacado de su casa ha sido don Pedro, visita a este acompañado de don Juan para exigirle una solución honrosa. Don Pedro, que efectivamente tiene a Leonor en su casa por la traza inicial de su hermana y por las circunstancias posteriores, se ve obligado a fingir que ella entró allí por voluntad propia para ver a Ana, y acaba comprometiéndose a casarse con Leonor si ella acepta. Don Carlos escucha parte de esta conversación sin poder manifestarse abiertamente, de modo que se ve cada vez más confundido y agraviado. El conflicto se multiplica porque cada personaje interpreta lo que ve desde una información parcial: Carlos cree que Leonor favorece a don Pedro; Leonor cree que Carlos corresponde a Ana; don Pedro procura convertir en boda ventajosa la presencia de Leonor en su casa; y don Rodrigo intenta restaurar su honra mediante un matrimonio inmediato. Todo ello se desarrolla en los aposentos, galerías y jardín de la casa, convertida en un laberinto de encierros, puertas cerradas, mensajes engañosos y escuchas ocultas.
La tercera jornada conduce al desenlace a través de nuevos intentos de fuga y de un gran reconocimiento final. Leonor, desesperada al saber que su padre quiere casarla con don Pedro y persuadida por los embustes de Celia de que Carlos busca a Ana, desea huir hacia un convento. Celia, que sirve a la estrategia de su ama pero también procura no comprometerse del todo, aparenta ayudarla mientras avisa a don Pedro. Entretanto, Carlos decide escribir a don Rodrigo para declararse verdadero autor de la fuga y reclamar a Leonor como esposa; su criado Castaño, para salir sin ser reconocido por la justicia, se disfraza con las ropas de Leonor y, en ese traje, es confundido con la dama por don Pedro, que llega incluso a recibir de él una promesa burlesca de matrimonio. A la vez, de noche se producen nuevas peleas, apagones y errores de identificación: Carlos intenta sacar a Leonor; don Pedro busca a los intrusos en su casa; Ana corre peligro por haber ocultado a Carlos; y Rodrigo recibe sin saberlo a su propia hija creyendo proteger a Ana. Finalmente, todos confluyen y se aclara la maraña. Don Rodrigo expone a don Pedro que, ya que también doña Ana ha salido con don Carlos, lo conveniente es que este se case con Ana y Pedro con Leonor; pero Carlos rechaza con energía esa salida y declara que solo puede ser esposo de Leonor. Entonces Ana reconoce que su verdadero dueño es don Juan de Vargas, y que Carlos no le pertenece; Leonor confirma su amor por Carlos; y se descubre que la supuesta Leonor con la que trataba don Pedro era en realidad Castaño disfrazado. Restablecida la verdad, don Rodrigo acepta a Carlos como yerno, don Pedro da por buena la burla y consiente el matrimonio de su hermana con don Juan, y la comedia concluye con las dos parejas legítimamente formadas: Leonor con Carlos y Ana con Juan, mientras Castaño cierra festivamente la acción.
Hermana de don Pedro y uno de los motores del enredo; pasa de corresponder a don Juan a enamorarse de don Carlos, lo oculta en su casa y provoca buena parte de las confusiones.
Galán principal y verdadero amante de Leonor; huye con ella, hiere a don Diego al defenderla, se refugia en casa de Ana y lucha por recuperar a su amada.
Dama noble, culta y celebrada por su hermosura e ingenio; ama a don Carlos, huye con él y queda retenida en casa de don Pedro, donde su honra corre peligro por los equívocos.
Hermano de Ana y enamorado de Leonor; idea al comienzo la traza para apoderarse de ella y luego intenta convertir la situación en matrimonio.
Primer galán de Ana, que la siguió desde Madrid a Toledo; aparece oculto en la casa y termina siendo el esposo de Ana tras el desengaño final.
Padre de Leonor, preocupado ante todo por la honra de su hija; cree al principio que don Pedro la ha sacado de casa y procura remediar el escándalo mediante el matrimonio.
Criada de Ana y pieza esencial de la intriga doméstica; guarda secretos, transmite mensajes engañosos y coopera activamente en los enredos de su señora.
Gracioso y criado de don Carlos; acompaña a su amo en el refugio y en la confusión general, y su disfraz de mujer resulta decisivo para el desenlace cómico.
Espacio central de toda la comedia; en sus salas, cuartos y corredores se ocultan los personajes, se cruzan por error y se concentran los conflictos amorosos y de honor.
Lugar de acogida y secreto donde Ana protege primero a Leonor y luego a don Carlos, con lo que convierte su aposento en foco principal del enredo.
Habitaciones donde se encierra o esconde a distintos personajes para evitar encuentros peligrosos; su distribución sostiene los equívocos de identidad y los malentendidos.
Vía de entrada y salida clandestina de la casa; permite fugas, accesos nocturnos y movimientos ocultos de personajes como don Carlos y don Juan.
Espacio exterior desde el que arranca la acción visible del conflicto, con la fuga de Leonor y Carlos, la herida de don Diego y la falsa intervención de la justicia.
Lugar evocado en los antecedentes de la trama, donde nació la relación entre Ana y don Juan antes del traslado a Toledo.
La acción se articula en torno a amores cruzados, fidelidades puestas a prueba y cambios de inclinación, especialmente en el caso de Ana y en los celos de Carlos y Leonor.
La fuga de Leonor, su depósito en casa ajena y la presencia oculta de hombres en la casa comprometen la reputación de las damas, de modo que gran parte de la trama busca restaurar el honor mediante aclaraciones y bodas.
La casa funciona como un espacio de puertas, cuartos, escondites y entradas secretas que producen confusiones continuas y sostienen la comicidad de la obra.
Muchos personajes actúan movidos por lo que creen ver u oír más que por hechos comprobados, lo que provoca decisiones precipitadas, agravios imaginados y nuevas intrigas.
La falsa justicia, los ocultamientos, las identidades confundidas y el disfraz de Castaño muestran cómo la apariencia gobierna temporalmente la acción.
Doña Ana, Leonor y Celia intervienen activamente en la trama mediante relatos, decisiones, estrategias y réplicas agudas, influyendo de forma decisiva en el desarrollo del conflicto.