Daniel
Profeta hebreo cautivo que interpreta los sueños de Nabucodonosor, desenmascara la idolatría, sobrevive al lago de los leones y salva a Susana demostrando la falsedad de sus acusadores.
Guillén de Castro y Bellvís
Summary publication date: June 18, 2026
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Suggested citation
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Babilonia de Nabucodonosor, Daniel interpreta el sueño de la estatua de los imperios y asciende al poder mientras entre los hebreos cautivos se celebra el casto matrimonio de Joachín y Susana. La acción pasa de la corte y los espacios del culto idolátrico al lago de los leones, el horno y el jardín de Susana, donde se manifiestan tanto los milagros del Dios de Israel como la violencia de la falsa acusación. Tras anunciar Daniel el castigo del rey soberbio y salvar a Susana mediante la prueba de la contradicción de los testigos, Nabucodonosor se arrepiente, reconoce a Dios y permite el retorno de los hebreos a Jerusalén.
La acción se abre en la corte de Babilonia o Asiria, donde Nabucodonosor aparece turbado por un sueño terrible que no logra recordar ni interpretar. Sus sabios fracasan y el rey amenaza con castigarlos, hasta que algunos hebreos cautivos le hablan de Daniel, presentado como profeta capaz de declarar el sueño y su sentido por inspiración del Dios de Israel. Daniel comparece, exige al rey apartarse de la idolatría y después revela la visión de una gran estatua compuesta de diversos metales, símbolo de la sucesión de cuatro monarquías, finalmente derribada por una piedra no cortada por mano humana que representa al Mesías y su reino eterno. Admirado ante esta revelación, Nabucodonosor exalta a Daniel, le entrega honores y poder en su imperio y reconoce la superioridad del Dios hebreo. Paralelamente, entre los cautivos judíos se desarrolla una trama doméstica: el anciano Joachín se enamora honestamente de la casta Susana y, con ayuda de la gitana Fínez o Fínea, consigue declararse; Susana acepta el matrimonio como unión legítima y ambos celebran sus desposorios con aprobación familiar y comunitaria.
En la continuación, el favor otorgado a Daniel provoca tensiones religiosas y políticas. Nabucodonosor, influido por sus vasallos y por su propia soberbia, intenta hacer que Daniel y todo su reino rindan culto a los ídolos de Babilonia; Daniel desenmascara la falsedad del dragón adorado como dios y lo derriba por virtud del Dios verdadero. El pueblo se amotina entonces contra él y el rey, pese a su afecto, lo entrega al lago de los leones. Allí Daniel es milagrosamente preservado, y el profeta Habacuc, trasladado por un ángel desde Judea, le lleva alimento y noticias de la ruina de Jerusalén. Al mismo tiempo, Nabucodonosor erige una estatua de sí mismo y ordena su adoración universal bajo pena de ser quemados en un horno, pero tres hebreos amigos de Daniel se niegan y son arrojados al fuego, del que salen indemnes gracias a la protección divina. En otra línea argumental, dos ancianos jueces, Acab y otro viejo identificado de forma no siempre inequívoca en el texto, espían a Susana en su jardín y, vencidos por el deseo, intentan forzarla cuando sale del baño; al rechazar ella con firmeza su propuesta, la amenazan con acusarla falsamente de adulterio con un joven esclavo.
La tercera jornada concentra los castigos y restituciones finales. Nabucodonosor, cada vez más ensoberbecido, discute con Daniel, lo despoja de sus honores y lo expulsa; poco después vuelve a necesitarlo para interpretar un nuevo sueño, el del gran árbol abatido, que anuncia que el rey perderá la razón y vivirá como bestia durante siete tiempos por su soberbia. Antes de cumplirse del todo este castigo, el rey firma también la sentencia de muerte contra Susana, condenada por adulterio según la ley mosaica a partir del falso testimonio de los dos viejos. Cuando va a ser ejecutada públicamente, Daniel interviene, separa a los acusadores y demuestra su mentira al hacerles declarar por separado bajo qué árbol vieron el supuesto delito: uno menciona un lentisco y el otro una carrasca, contradicción que prueba la inocencia de Susana. El pueblo la aclama, los falsos jueces quedan condenados y Joachín recupera a su esposa. Finalmente se cumple la humillación de Nabucodonosor, reducido a condición bestial hasta que, arrepentido y guiado por Daniel, reconoce al Dios del cielo. Recobrada la razón, concede la libertad a los hebreos cautivos y les permite volver a Jerusalén para restaurar su culto, con lo que la obra concluye uniendo justicia, castigo del orgullo e intervención providencial en favor del pueblo fiel.
Profeta hebreo cautivo que interpreta los sueños de Nabucodonosor, desenmascara la idolatría, sobrevive al lago de los leones y salva a Susana demostrando la falsedad de sus acusadores.
Rey de Asiria o Babilonia, poderoso y soberbio, que primero honra a Daniel, luego persigue a los fieles al Dios de Israel y finalmente es castigado con una degradación bestial hasta arrepentirse.
Mujer hebrea presentada como hermosa, honesta y ejemplar, esposa de Joachín, perseguida por dos viejos jueces y acusada falsamente de adulterio antes de ser públicamente vindicada.
Hebreo anciano y noble, pariente y esposo de Susana, cuyo matrimonio casto ocupa una parte importante de la primera jornada y que sufre después la acusación contra su mujer.
Gitana aguda y desenvuelta que media en los amores de Joachín y Susana y aporta un elemento de comicidad y de intriga en los preparativos del matrimonio.
Profeta de Judea que, llevado por un ángel, alimenta a Daniel en el lago de los leones y le transmite noticias de la desolación de Jerusalén.
Uno de los viejos jueces lascivos que desean a Susana, participan en la tentativa de violencia y sostienen la acusación falsa de adulterio.
Segundo anciano que actúa junto a Acab en el acoso y falso testimonio contra Susana; el texto conservado no siempre permite fijar con plena seguridad su nombre.
Tres hebreos amigos de Daniel que se niegan a adorar la estatua del rey y son librados milagrosamente del horno ardiente.
Marco general de la obra y sede del poder de Nabucodonosor, donde se desarrollan las principales acciones políticas, religiosas y judiciales.
Espacio donde el rey sueña, consulta a Daniel, decreta honores y castigos, y donde se manifiesta con mayor claridad su soberbia y posterior humillación.
Ámbito doméstico del matrimonio con Joachín y, después, lugar del intento de seducción y de la falsa acusación que desencadena el proceso judicial.
Lugar de martirio frustrado de Daniel, convertido en escenario de milagro y de prueba del poder protector del Dios de Israel.
Espacio de castigo para quienes rehúsan la idolatría, del que salen indemnes los tres hebreos, confirmando la intervención divina.
Espacio donde se lee la sentencia contra Susana y donde Daniel desmonta la acusación mediante el interrogatorio de los testigos.
Espacio evocado de la patria perdida de los hebreos, asociado al templo destruido, al exilio y a la esperanza final de retorno.
La obra muestra repetidamente la intervención del Dios de Israel en la historia mediante sueños revelados, rescates prodigiosos y castigos ejemplares.
Nabucodonosor pretende recibir adoración divina, persigue a los fieles y termina humillado hasta reconocer que su poder depende de una autoridad superior.
Daniel y los hebreos se niegan a adorar ídolos, dragones o estatuas y sostienen su fe aun bajo amenaza de muerte.
El caso de Susana presenta cómo una mujer honesta puede ser víctima de una acusación falsa y cómo la verdad acaba imponiéndose por medio de una investigación justa.
La relación entre Joachín y Susana se presenta como amor casto orientado al matrimonio, en contraste con el deseo ilícito y violento de los viejos jueces.
La memoria de Jerusalén destruida, la cautividad en Babilonia y la liberación final de los hebreos articulan una dimensión colectiva de pérdida y consuelo.