Doña Costanza / Laura
Infanta natural, hermana de don Sancho, que huye de la persecución real y se oculta como labradora en las montañas burgalesas; su identidad secreta sostiene el enredo político y amoroso de la obra.
Antonio Enríquez Gómez (Fernando de Zárate)
Summary publication date: June 18, 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En las montañas de Burgos, la infanta doña Costanza, perseguida por su hermano el rey don Sancho tras la división del reino, se oculta como villana con el nombre de Laura en casa de Pedro Hurtado. Allí se enamora de Fernando, mientras el rey intenta cortejarla y después decide llevarla a la corte para fingir que es la infanta desaparecida y así contener una crisis política con sus hermanos y con Francia. Al final se descubre que Laura era verdaderamente Costanza, se deshace el equívoco entre amor y parentesco y se restablece el orden con los matrimonios de Costanza y Fernando, y de Feliciana y don Tello.
La obra se abre con el conflicto político entre el rey don Sancho y sus hermanos tras la partición del reino hecha por su padre. Don Sancho considera ilegítimo ese reparto y, además, teme que su hermana natural doña Costanza pueda convertirse en un peligro si se casa en Aragón, por lo que ordena prenderla. Costanza logra huir y, con ayuda de Fabela y de una carta del conde de Villorado, se refugia incógnita en una aldea de las montañas burgalesas, en casa de Pedro Hurtado, bajo el nombre de Laura y vestida como villana. Allí conoce a Fernando, hijo de Pedro Hurtado, joven inclinado a la vida cortesana, y ambos se enamoran con rapidez. En la misma casa viven Feliciana, hermana de Fernando, y el gracioso Perote, mientras Pedro Hurtado representa el ideal de nobleza antigua, leal y militar. Cuando el rey llega a la aldea y consulta en secreto a Pedro Hurtado sobre la conveniencia de hacer la guerra a sus hermanos, este le aconseja respetar la voluntad testamentaria del padre y no emprender una guerra injusta. Sin embargo, la visita del rey cambia de rumbo cuando don Sancho ve a Laura, queda prendado de su hermosura y empieza a cortejarla, al tiempo que don Tello se enamora de Feliciana.
En la segunda jornada se intensifica el enredo amoroso y político. El rey intenta hablar a solas con Laura y declararle su amor, pero ella se resiste con prudencia, insistiendo en la desigualdad entre una villana y un monarca y defendiendo su honor. Fernando, celoso, interpreta mal algunas palabras de Laura al rey, aunque ella le aclara que solo podría haber querido a don Sancho como señor natural y no como amante. Entonces Laura y Fernando se prometen mutuamente como esposos, sin que él conozca todavía su verdadera identidad. Paralelamente, se desarrolla la intriga cómica entre Perote y Gila. Mientras tanto, desde la corte llegan noticias alarmantes: como Costanza no aparece, los hermanos del rey y el rey de Francia sospechan que ha sido asesinada y pueden alzarse en armas. Para evitarlo, don Tello propone aprovechar el extraordinario parecido entre Laura y la infanta desaparecida, llevándola a la corte fingida como Costanza mientras se gana tiempo. El plan sirve además al deseo del rey de sacar a Laura de la aldea. Cuando Tello vuelve de noche para llevársela sin mostrar mandato escrito, Fernando defiende la honra de la casa y se enfrenta violentamente a él; en la confusión, los hombres de Tello raptan por error a Gila en vez de a Laura. El rey, irritado por el fracaso y la desobediencia aparente, acaba regresando a la aldea para aclarar la situación.
En la tercera jornada, mientras Gila cuenta cómicamente su paso por la corte, el rey oye la defensa que Feliciana y Pedro Hurtado hacen de Fernando, y termina perdonándolo. Después revela la verdadera razón del intento de llevarse a Laura: necesita presentarla como si fuera Costanza para apaciguar a Francia y a sus hermanos. Laura acepta de forma cauta, pero le advierte que, si ha de fingirse hermana suya, debe cesar cualquier pretensión amorosa, pues de otro modo la apariencia pública rozaría el incesto. Poco después, en conversación con Fernando, Laura insinúa que es noble y que guarda un secreto cuya revelación podría costarle la vida. El desenlace llega cuando, ante la necesidad urgente de mostrar a Costanza, Laura declara finalmente que ella misma es la verdadera doña Costanza, refugiada desde el principio bajo nombre fingido en casa de Pedro Hurtado para escapar de la persecución de su hermano. Así queda deshecho el equívoco central: la montañesa de Burgos era en realidad infanta de Castilla. Don Sancho, reconocido ya el vínculo familiar, abandona toda pretensión amorosa y actúa como rey y hermano magnánimo: da a Costanza en matrimonio con Fernando, premia a Pedro Hurtado por su lealtad, concede a Feliciana el matrimonio con don Tello y permite también la boda cómica de Gila y Perote. La obra concluye con la restauración del orden político, familiar y amoroso.
Infanta natural, hermana de don Sancho, que huye de la persecución real y se oculta como labradora en las montañas burgalesas; su identidad secreta sostiene el enredo político y amoroso de la obra.
Rey de Castilla, enfrentado a la partición del reino hecha por su padre; persigue a Costanza por razones de estado, se enamora de Laura sin saber inicialmente quién es y termina reconociéndola como hermana.
Hijo de Pedro Hurtado, joven noble criado en el ámbito rural pero atraído por la corte; se enamora de Laura, la defiende frente a don Tello y finalmente se casa con Costanza.
Hidalgo retirado y padre de Fernando y Feliciana; representa la nobleza leal y experimentada, aconseja al rey con libertad y acoge a Costanza en su casa sin conocer al principio su identidad plena.
Privado y consejero del rey, colaborador en la persecución de Costanza y en el plan de presentarla como infanta; se enamora de Feliciana y acaba unido a ella.
Hija de Pedro Hurtado y hermana de Fernando; interviene en la defensa de su hermano ante el rey y despierta el amor de don Tello.
Criado rústico y personaje cómico principal, ligado a Fernando y a la casa de Pedro Hurtado; participa en los enredos amorosos y termina emparejado con Gila.
Criada aldeana de función cómica, pretendida por Perote; su rapto por error ocupa una parte importante del enredo y refuerza el contraste entre corte y aldea.
Espacio central de la acción, refugio de Costanza bajo el nombre de Laura y lugar donde se cruzan el conflicto político, los amores y el choque entre mundo cortesano y mundo rural.
Centro del poder regio y destino al que el rey quiere trasladar a Laura para convertirla en figura política útil y para satisfacer su deseo amoroso.
Marco simbólico y operativo de la ambición, la apariencia y el lenguaje cortesano; se opone constantemente a la vida aldeana y condiciona las aspiraciones de Fernando y los planes del rey.
Lugar mencionado en relación con los desplazamientos del rey y con el escenario político derivado de la división del reino; subraya el alcance territorial del conflicto dinástico.
Espacio político más amplio al que remiten las noticias sobre Aragón, Vizcaya, Navarra y Francia, fundamentales para entender el peligro internacional creado por la desaparición de Costanza.
La acción se sostiene sobre la ocultación de Costanza bajo el nombre de Laura y culmina con el reconocimiento final de su verdadera condición.
El deseo de don Sancho de corregir la partición del reino y controlar a sus hermanos provoca la persecución de Costanza y condiciona todas las decisiones políticas de la obra.
Laura protege con firmeza su honra frente al poder del rey y frente a cualquier lectura interesada de su conducta, convirtiendo la honestidad en eje de la acción.
Las relaciones entre Laura y Fernando, y entre el rey y Laura, muestran cómo el amor se ve limitado por diferencias de rango, apariencia social e intereses de poder.
La obra contrapone el artificio, la ambición y el lenguaje cortesano con la aparente sencillez del mundo rural, aunque revela que en la aldea también habitan nobleza, deseo y conflicto.
Pedro Hurtado encarna la fidelidad al rey unida a la franqueza moral, pues distingue entre obedecer al monarca y aconsejarle rectamente.
El desenlace resuelve los conflictos de identidad, amor y jerarquía a través de enlaces que reordenan las relaciones familiares y sociales.