Josefo
Gobernador de Jotapata y después cautivo honrado por los romanos; su figura articula la relación entre Jerusalén y el ejército imperial, y concentra el dolor por la destrucción de su patria y el padecimiento de su familia.
Francisco de Rojas Zorrilla
Summary publication date: June 18, 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En tiempos de Nerón, entre Roma, Jotapata y Jerusalén, Vespasiano y Tito reciben el encargo de someter la rebelión judía y vengar la muerte de Cristo, cuya pasión se presenta como causa decisiva del castigo de la ciudad. Mientras el ejército romano avanza sobre Judea, Jerusalén se desgarra por dentro: Juan y Eleázaro tiranizan al pueblo, acosan a María y Micol, encarcelan a la familia de Josefo y desoyen los múltiples presagios de ruina. Tras la caída de Jotapata y el asedio final de Jerusalén, Tito conquista la ciudad y el templo arde; los zelotes son castigados, Josefo recupera a los suyos y la victoria romana se interpreta como cumplimiento histórico y religioso.
La obra comienza con Nerón contemplando con crueldad el incendio de Roma, mientras la Fama le anuncia que Jerusalén, sometida al Imperio romano, se ha alzado de nuevo y que el cielo dispone su castigo. Vespasiano y Tito comparecen ante el emperador y le piden encargarse de la campaña de Judea. Para justificarla, recuerdan extensamente la vida, pasión y muerte de Cristo, presentado como profeta santo e hijo de Dios, y subrayan que Jerusalén será castigada por haber participado en su muerte, tal como él mismo anunció camino del suplicio. A ese motivo religioso se añaden las rebeliones políticas, los abusos de gobernadores romanos y, sobre todo, la violencia de los zelotes, encabezados por Juan y Eleázaro. Nerón, conmovido por el relato y decidido a vengar tanto la rebeldía política como el crimen sagrado, encomienda a Vespasiano y Tito el castigo de Jerusalén y les ordena llevar la guerra hasta sus últimas consecuencias.
Paralelamente, la acción se traslada a Jerusalén y sus alrededores, donde se muestra la descomposición interna de la ciudad. Juan y Eleázaro, jefes zelotes, desean a María, esposa de Josefo, y a Micol, hija de Simón y hermana de Josefo; al ser rechazados por ellas y reprendidos por Simón, juran vengarse. Aparece además un loco o visionario que repite la amenaza de la ruina de Jerusalén, así como otros presagios funestos, cantos lastimeros y señales celestes que anuncian el desastre. Mientras tanto, Tito asedia Jotapata, gobernada por Josefo, y tras una defensa heroica logra tomarla; Josefo, aislado en una cueva, acaba rindiéndose a Tito, quien lo trata con honor, y el propio Josefo profetiza el futuro imperio de Vespasiano y la destrucción de Jerusalén. La caída de Jotapata agrava la tragedia familiar: los zelotes acusan a Josefo de traidor, prenden a su padre Simón, a María, a Micol y a los hijos pequeños de Josefo en la torre de David, y Jerusalén, lejos de unirse frente al enemigo, se llena de violencias, fiestas inquietantes y divisiones internas mientras el cerco romano avanza.
En la tercera jornada se consuma la catástrofe. Vespasiano es proclamado emperador y deja el final de la empresa en manos de Tito, mientras Josefo contempla con dolor el hambre extrema dentro de Jerusalén, donde la guerra civil entre facciones y la escasez llevan a escenas de crueldad y desesperación. Desde la torre de David, la familia de Josefo padece prisión y hambre; Josefo logra hablar con ellos desde fuera y promete socorrerlos, y Micol, en un acto de desesperado valor, sale del encierro para buscar sustento y desafía públicamente a los romanos. Tito prosigue el asalto, cae herido sin abandonar el combate y finalmente entra victorioso en la ciudad. Juan y Eleázaro se atrincheran en el templo, pero son vencidos; el fuego alcanza el santuario y Roma culmina así la venganza anunciada desde el comienzo. Tras la toma de Jerusalén, Josefo recupera a su padre, a su esposa, a su hermana y a sus hijos; ruega por el templo y por los suyos, y Vespasiano y Tito ordenan castigar ejemplarmente a los caudillos zelotes. La obra concluye con la procesión triunfal hacia el sepulcro de Cristo, presentado como verdadero destinatario de la victoria, y con la afirmación de que la ruina de Jerusalén responde a la vez a la tiranía de sus jefes y al castigo divino por la muerte del profeta santo.
Gobernador de Jotapata y después cautivo honrado por los romanos; su figura articula la relación entre Jerusalén y el ejército imperial, y concentra el dolor por la destrucción de su patria y el padecimiento de su familia.
Hijo de Vespasiano y principal caudillo romano en escena; dirige el asedio, trata con nobleza a Josefo y culmina la conquista de Jerusalén.
General romano y luego emperador; comparte con Tito la empresa militar contra Judea y representa la autoridad imperial que ejecuta el castigo de Jerusalén.
Uno de los principales jefes zelotes; ambicioso, violento y movido también por el deseo amoroso, contribuye decisivamente a la guerra civil y a la ruina de la ciudad.
Caudillo zelote asociado a Juan; participa en la persecución de la familia de Josefo, en la violencia interna de Jerusalén y en la resistencia final del templo.
Esposa de Josefo; sufre el acoso de Juan, la prisión y el hambre, y encarna el dolor doméstico provocado por la guerra y la caída de Jerusalén.
Hermana de Josefo e hija de Simón; rechaza a Eleázaro, es encarcelada con su familia y protagoniza una salida desesperada y valerosa en busca de alimento y defensa del honor familiar.
Padre de Josefo y de Micol; anciano noble que reprende a los zelotes, recuerda la muerte de Cristo y padece prisión junto con su casa.
Emperador romano al comienzo de la obra; autoriza la campaña contra Jerusalén tras escuchar el relato de la pasión de Cristo y la rebelión de Judea.
La ciudad aparece también personificada en visiones y lamentos; como personaje alegórico, anuncia su propia ruina y da sentido trágico y providencial a la acción.
Espacio central de la obra; allí se concentran la rebelión, las luchas internas, los presagios, el hambre, el asedio romano y la destrucción final.
Ciudad defendida por Josefo al comienzo de la campaña militar; su caída anticipa la suerte de Jerusalén y marca el paso de Josefo al bando vencedor como cautivo protegido.
Lugar decisivo de la resistencia zelote y del desenlace; su asalto e incendio simbolizan la culminación del castigo de la ciudad.
Prisión de Simón, María, Micol y los hijos de Josefo; concentra el sufrimiento familiar y la dimensión íntima de la tragedia.
Espacio de mando y operaciones desde el que Tito y Vespasiano organizan el cerco, reciben noticias y formalizan la victoria.
Marco político inicial de la acción; desde allí, bajo Nerón, se decide la expedición punitiva contra Judea.
Lugar al que se dirige la procesión final; funciona como cierre religioso de la obra, pues la victoria romana se ofrece como venganza de la muerte del profeta santo.
Espacio mencionado al inicio como lugar donde se hallan Nerón, Vespasiano y Tito cuando se decide la empresa contra Jerusalén.
La acción presenta la destrucción de la ciudad como cumplimiento de una pena providencial ligada a la muerte de Cristo y confirmada por profecías, visiones y prodigios.
La obra desarrolla la campaña militar de Vespasiano y Tito, desde la rebelión de Judea y la toma de Jotapata hasta el asedio y conquista de Jerusalén.
La ruina de Jerusalén no procede solo del enemigo exterior, sino también de la violencia de los zelotes, de las divisiones entre facciones y de los abusos cometidos contra los propios habitantes.
El relato de la vida y muerte de Cristo estructura la justificación moral y religiosa de la empresa romana y da sentido al desenlace de la obra.
El conflicto amoroso y violento de Juan y Eleázaro con María y Micol muestra cómo la guerra degrada las normas de parentesco, honra y nobleza.
La prisión, el hambre y la separación de Josefo, su esposa, su padre, su hermana y sus hijos convierten la tragedia histórica en drama doméstico.
El cerco de Jerusalén lleva a una miseria extrema que el texto presenta de forma reiterada como signo del derrumbe material y moral de la ciudad.
Los personajes interpretan los acontecimientos como parte de un designio superior que sobrepasa la voluntad humana y orienta la historia hacia la caída de Jerusalén y el triunfo romano.