Gofredo
Caudillo de los cruzados y principal dirigente de la conquista de Jerusalén; sostiene la empresa en nombre de Dios, rechaza la paz ofrecida por los defensores y ordena el asalto final.
Antonio Enríquez Gómez (Fernando de Zárate) o Agustín Collado del Hierro
Summary publication date: June 18, 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
Durante la Primera Cruzada, en Jerusalén y sus alrededores de Palestina, Gofredo cerca la ciudad para liberar el Santo Sepulcro, mientras Aladino, Argante, Clorinda y Arminda organizan su defensa entre armas, desafíos y engaños. El asedio se complica cuando Arminda aparta a Reinaldos con una falsa petición de ayuda y, en una salida nocturna, Tancredo mata sin reconocerla a Clorinda, que pide el bautismo antes de morir o de quedar al borde de la muerte, según sugiere el texto conservado. Tras rescatar Tancredo a Reinaldos del palacio encantado de Arminda, los cruzados lanzan el asalto final, vencen a Argante y Aladino, entran en Jerusalén y culminan la restauración cristiana del Sepulcro, acompañada por conversiones y un cierre amoroso-religioso.
La obra presenta el cerco de Jerusalén por el ejército cruzado mandado por Gofredo de Lotaringia, que declara como fin supremo de la empresa la liberación del Santo Sepulcro y de los cristianos cautivos. Tras evocar los lugares santos de Palestina, Gofredo rechaza la embajada del rey Aladino, señor de Jerusalén, que por medio de Argante le ofrece paz y alianza a cambio de que abandone el asedio. La negativa desemboca en desafío abierto y prepara la guerra entre cristianos y defensores musulmanes. Dentro de la ciudad, Aladino confía en la fortaleza de sus muros, en la violencia de Argante y en la ayuda mágica de Ismeno y de su sobrina Arminda, princesa de Damasco, cuya hermosura y saber encantatorio han de desbaratar a los principales capitanes enemigos. A este frente se suma Clorinda, guerrera célebre que llega para ayudar a Jerusalén y que recibe de Aladino el mando de las tropas. Paralelamente se perfila el conflicto amoroso de Tancredo, caballero cristiano enamorado de Clorinda desde encuentros anteriores; ambos se reconocen de noche junto a los muros y, aunque pertenecen a bandos opuestos, se confiesan una inclinación recíproca que queda sometida a la guerra. Poco después, Arminda entra en el campo cristiano fingiendo pedir auxilio para recobrar el reino de Damasco usurpado por Aladino, y su engaño consigue apartar de la empresa a Reinaldos, que la sigue cautivado pese a las advertencias de Gofredo.
En la segunda jornada se agravan los peligros del campamento cruzado. Clorinda y Argante llevan a cabo una salida nocturna y prenden fuego a la gran torre de asalto cristiana. En la confusión de la noche, Tancredo combate con un enemigo al que no reconoce y, tras un duelo encarnizado, hiere mortalmente a Clorinda. Solo al amanecer descubre con horror que ha matado a la mujer amada. Entonces ella, ya desfallecida, pide el bautismo, y Tancredo se lo administra con agua cercana antes de llevarla herida a la tienda de Gofredo. El relato de Tancredo transforma la tragedia amorosa en conversión religiosa, pues Clorinda muere o queda a las puertas de la muerte reconciliada con la fe cristiana, según permite inferir el texto transmitido, que en algunos pasajes resulta deturpado. Mientras tanto, la situación militar de los cruzados empeora por el hambre, la falta de bastimentos y el envenenamiento o esterilidad de las aguas causado por los encantos de Arminda. Gofredo, sin embargo, mantiene la confianza en el auxilio divino y encomienda a Tancredo una nueva misión: partir hacia Oriente con un escudo providencial para rescatar a Reinaldos del palacio encantado de Arminda. Tancredo obedece, acompañado por Tristán, y deja atrás a Clorinda. En el palacio de Arminda hallan a Reinaldos entregado al deleite amoroso, pero el espejo y la reprensión de Tancredo le devuelven la conciencia de su deber; así rompe el hechizo, abandona a Arminda y regresa al campamento cristiano, pese a las súplicas de la maga enamorada.
La tercera jornada conduce al desenlace militar y sentimental. Arminda, ya no como simple instrumento de engaño sino como mujer despechada, vuela o llega con medios mágicos a Jerusalén y ofrece su ayuda a Aladino y Argante para vengarse de Reinaldos. Sin embargo, la recuperación de Reinaldos fortalece decisivamente al bando cristiano. Gofredo reúne a sus capitanes, celebra el regreso de Tancredo y Reinaldos y dispone el asalto final a la ciudad. Antes de la batalla definitiva, Argante desafía públicamente a Tancredo para vengar a Clorinda, a la que atribuye la culpa del cristiano, y ambos fijan el combate. En la gran jornada final se entrecruzan el duelo singular y el asalto general: Gofredo combate a Aladino; Tancredo se enfrenta a Argante y acaba por vencerlo; Reinaldos destaca en la toma de las defensas y en la apertura de las puertas; y el ejército cruzado entra por fin en Jerusalén, conquista la torre de David y planta la cruz sobre los muros. La ciudad queda restaurada al culto cristiano y los vencedores se encaminan devotamente al Sepulcro de Cristo para cumplir su voto. En los últimos pasajes, además, se resuelven los conflictos amorosos: Clorinda aparece ya integrada en la ley cristiana y unida a Tancredo en formulación que el texto no siempre permite fijar con plena seguridad entre vida restituida, visión final o cierre alegórico; de modo más claro, Arminda pide el bautismo y su unión con Reinaldos se proyecta hacia unos desposorios que cierran la obra con conversión, pacificación y triunfo religioso.
Caudillo de los cruzados y principal dirigente de la conquista de Jerusalén; sostiene la empresa en nombre de Dios, rechaza la paz ofrecida por los defensores y ordena el asalto final.
Caballero cristiano de gran valor, enamorado de Clorinda; protagoniza su relación trágica, la hiere sin reconocerla, la bautiza y después rescata a Reinaldos del encantamiento de Arminda.
Uno de los mayores campeones cristianos; es seducido y apartado del ejército por Arminda, pero vuelve al deber y participa decisivamente en la toma final de Jerusalén.
Guerrera mora al servicio de Jerusalén, célebre por su hermosura y su fuerza; ama y combate a Tancredo, incendia la torre cristiana y su destino culmina en una conversión vinculada al bautismo.
Princesa de Damasco y maga aliada de Aladino al comienzo; engaña a los cristianos para apartarlos del cerco, enamora a Reinaldos y termina transformando su hostilidad en amor y, finalmente, en acercamiento al cristianismo.
Embajador y principal guerrero de Jerusalén; desafía a Gofredo, combate con gran fiereza en el asedio y muere o queda definitivamente vencido en su duelo con Tancredo.
Rey de Jerusalén en la obra, responsable de la defensa de la ciudad; confía en sus muros, en Argante, en Clorinda y en Arminda, y acaba derrotado en la caída final de Jerusalén.
Escudero de Tancredo, de tono parcialmente cómico, que lo acompaña en la expedición al palacio de Arminda y comenta con agudeza los peligros de la empresa.
Consejero y mago de Jerusalén, asociado a Aladino y a Arminda; impulsa el uso del engaño y de las artes mágicas contra el ejército cristiano.
Figura vinculada al origen y crianza de Clorinda, que revela su nacimiento y advierte del peligro que la amenaza; su papel se concentra en la explicación de la identidad de la guerrera.
Espacio central de la acción, ciudad sitiada cuyo dominio decide el conflicto religioso y militar de la obra.
Lugar desde el que Gofredo organiza el asedio, recibe embajadas, sufre hambre y encantamientos, y prepara el ataque final.
Escenario de embajadas, defensas, desafíos, incendios, combates nocturnos y del asalto culminante a la ciudad.
Meta espiritual de la empresa cruzada y sentido último de la conquista, al que se encaminan los vencedores al final.
Espacio mágico donde Reinaldos queda retenido por el amor y del que Tancredo lo rescata rompiendo el engaño.
Marco geográfico evocado con lugares como el Jordán, el monte de los Olivos, Belén o Josafat, que refuerza el carácter santo de la campaña.
Espacio de mando y deliberación donde se reciben embajadores, se escuchan relatos decisivos y se ordenan las principales acciones.
Terreno donde se libran los choques entre escuadrones, el duelo de Tancredo y Argante y la derrota final de los defensores.
La acción gira en torno al asedio y toma de la ciudad para restaurar el Santo Sepulcro al culto cristiano y cumplir un voto religioso.
Las relaciones entre Tancredo y Clorinda, y entre Reinaldos y Arminda, cruzan la frontera entre bandos opuestos y condicionan decisiones militares y personales.
La obra insiste en el paso desde la fe musulmana o pagana hacia el cristianismo, especialmente en los casos de Clorinda y Arminda.
Los defensores de Jerusalén recurren a conjuros, ilusiones y trampas amorosas para debilitar al ejército cruzado y apartar a sus mejores caballeros.
Desafíos, duelos y combates singulares muestran una continua afirmación del valor personal de los capitanes de ambos bandos.
Los personajes principales deben escoger entre el amor y la obligación militar o religiosa, conflicto visible sobre todo en Tancredo y Reinaldos.
El avance de la empresa cristiana se presenta como guiado por la voluntad de Dios, que sostiene a Gofredo en los momentos de mayor peligro.
La muerte o herida mortal de Clorinda convierte un episodio bélico en una escena de dolor, arrepentimiento y salvación espiritual.