Don Diego
Caballero enamorado de Doña Ana que, inducido por ella, mata al clérigo Don Juan, huye, se hace salteador y termina arrepintiéndose hasta alcanzar la salvación.
Desconocido
Summary publication date: June 18, 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un marco urbano y religioso que luego se desplaza al monte y a los caminos, Doña Ana, despechada porque el clérigo Don Juan rechaza su amor, persuade a Don Diego para que lo asesine en una iglesia. Convertido en fugitivo y después en capitán de bandoleros, Don Diego descubre la falsedad de Doña Ana y, tras un milagro vinculado al rosario, abandona el delito y emprende una vida de penitencia. La acción culmina con la oposición entre salvación y condena: Don Diego, aunque homicida, se arrepiente y alcanza la gloria, mientras Doña Ana, obstinada en el vicio, recibe un castigo ejemplar.
La obra comienza con el amor desordenado de Doña Ana hacia Don Juan, un clérigo, mientras en paralelo se perfila la relación amorosa y más ligera entre los criados Constanza y Roncón. Don Juan, apartado ya del mundo, responde al requerimiento de Doña Ana con un espejo acompañado de un escrito moralizador: en vez de corresponder a su pasión, le recuerda la vanidad de la hermosura y la necesidad del desengaño cristiano. Doña Ana recibe el mensaje como una afrenta intolerable y, dominada por la ira y el deseo de venganza, llama a Don Diego, caballero enamorado de ella, y le promete su favor si mata a Don Juan. Don Diego vacila por tratarse de un sacerdote, pero la presión de Doña Ana y la incitación alegórica de la Envidia lo arrastran al crimen: entra en la ermita o iglesia donde Don Juan oficia misa y lo apuñala, huyendo luego perseguido por la gente y por la justicia.
Tras el asesinato, la justicia organiza la persecución del homicida, mientras Roncón huye también por temor a las consecuencias del delito de su amo y adopta disfraz de peregrino. Don Diego, fugitivo y desesperado por haber perdido honra, patria y hacienda por seguir a Doña Ana, cae en manos de unos bandoleros y, tras contarles su historia, es acogido entre ellos y llega a mandar la cuadrilla. Convertido ya en salteador, endurece su conducta en el monte, aunque conserva junto a Roncón parte del tono cómico de la acción. En ese estado descubre, por un retrato hallado a un viajero llamado Don Feliz, que Doña Ana ha transferido su afecto a otro galán; entonces comprende con mayor claridad que ha sido instrumento de una mujer mudable y cruel. Poco después, un labrador le habla del espanto causado por la muerte del sacerdote y de la posibilidad del arrepentimiento; ese encuentro, unido a un rosario que el campesino lleva consigo, provoca en Don Diego una crisis espiritual. Cuando intenta arrojar el rosario, su brazo queda milagrosamente impedido, y el prodigio lo mueve a invocar a la Virgen del Rosario y a renunciar a su vida criminal.
A partir de ese momento, Don Diego se arrepiente de veras, resiste las tentaciones del demonio y recibe, por mediación sobrenatural, la orden de abandonar el monte, hacer penitencia y advertir a Doña Ana del castigo que la espera si no enmienda su vida. Acompañado por Roncón, deja el bandidaje y vuelve a la ciudad con hábito humilde; allí busca a Doña Ana y le exhorta a convertirse, pero ella se burla de sus palabras, persiste en su vida deshonesta y desprecia tanto el aviso como la justicia divina. Más tarde, cuando se dispone a divertirse con Don Feliz y sus acompañantes, se produce la intervención final de la justicia celestial: el texto conservado presenta de modo algo abrupto y espectacular la condena de Doña Ana, destinada al infierno, mientras Don Diego, ya preso y penitente según el anuncio previo, alcanza la salvación por su contrición y por la devoción al rosario. El auto concluye subrayando así el contraste entre ambos destinos: el salteador homicida resulta venturoso porque se arrepiente y obtiene gloria eterna, mientras la mujer que provocó el crimen muere sin corregirse y queda condenada.
Caballero enamorado de Doña Ana que, inducido por ella, mata al clérigo Don Juan, huye, se hace salteador y termina arrepintiéndose hasta alcanzar la salvación.
Dama cuya pasión por Don Juan desencadena la acción; al verse rechazada, busca venganza, manipula a Don Diego y persevera en su mala vida hasta su condena final.
Clérigo o canónigo de vida ejemplar que rechaza el amor de Doña Ana mediante un mensaje de desengaño y muere asesinado mientras oficia misa.
Criado de tono cómico que acompaña primero el mundo amoroso inicial y después a Don Diego en su huida, su etapa de bandolero y su salida penitencial.
Criada y confidente de Doña Ana, mediadora en varios lances amorosos y testigo cercano de la pasión y de la cólera de su señora.
Galán posterior de Doña Ana, probablemente soldado o caballero en tránsito, cuya relación con ella confirma para Don Diego la mudanza y falsedad de la dama.
Figura alegórica que interviene para empujar a Don Diego al asesinato y representar la fuerza diabólica que alimenta el mal.
Figura sagrada cuya intervención milagrosa provoca la conversión de Don Diego, protege su arrepentimiento y determina el sentido doctrinal del desenlace.
Espacio inicial y final de la acción, donde se desarrollan los amores de Doña Ana, el asesinato se investiga y tiene lugar la advertencia penitencial y el desenlace.
Lugar sagrado en el que Don Juan celebra misa y donde Don Diego comete el sacrilegio central de la obra al darle muerte.
Ámbito de fuga, ocultamiento y bandolerismo en el que Don Diego se convierte en salteador y desde el que inicia después su proceso de conversión.
Espacio de tránsito donde se producen asaltos, encuentros con viajeros y episodios decisivos como la captura de Roncón y el trato con Don Feliz y el labrador.
Lugar anunciado por la intervención sobrenatural como destino de Don Diego para ejercer humildad, pedir limosna y reparar su culpa, aunque el texto no desarrolla ampliamente su estancia allí.
La obra muestra que incluso un homicida sacrílego puede salvarse si reconoce su culpa, hace penitencia y se acoge sinceramente a la misericordia divina.
El amor de Doña Ana y Don Diego aparece como pasión engañosa y destructiva, capaz de arrastrar al crimen, a la pérdida del honor y a la ruina espiritual.
La devoción mariana y el rosario son presentados como instrumento eficaz de conversión, protección frente al demonio y acceso final a la gracia.
El asesinato de un sacerdote en el altar constituye el mayor delito de la trama, y su gravedad se contrapone al castigo final de quien persiste sin arrepentirse.
La trayectoria de Don Diego pasa del mundo cortesano al bandolerismo y de ahí a la humildad penitente, subrayando la posibilidad de mudanza moral.
La persecución legal del homicida corre paralela a un juicio superior, en el que el desenlace definitivo no depende solo del castigo civil, sino del estado del alma.