La acción, ambientada principalmente en Tolosa y en el sur de Francia durante la lucha contra la herejía albigense, presenta al conde de Tolosa como un noble rebelde contra la Iglesia y enfrentado abiertamente al papa Inocencio III. En su entorno inmediato destacan su hermano Balduino y doña Blanca, esposa de este. Desde el comienzo se percibe un doble conflicto: por un lado, la oposición política y religiosa del conde a la autoridad pontificia y a la futura cruzada; por otro, su deseo ilícito por Blanca, que alimenta una rivalidad con su propio hermano. Balduino rehúsa secundar la guerra contra la Iglesia y defiende una postura de obediencia religiosa, mientras el conde intenta apartarlo y enviarlo al campo. Paralelamente, en el ámbito doméstico, varios galanes o intermediarios tratan de poner a prueba la firmeza de Blanca, pero ella se mantiene leal a su esposo. Cuando el conde visita la casa de su cuñada y acaba declarando su pasión, Blanca rechaza con energía su propuesta y se horroriza cuando él llega a insinuar la muerte de Balduino como medio para poseerla. Desde ese momento, el deseo amoroso del conde queda inseparablemente unido a su violencia política y familiar.
Mientras en Roma y en la corte pontificia se tramita la respuesta a la expansión de la herejía, el papa envía como legado a un religioso —identificable en el texto como un enviado de gran autoridad, probablemente Pedro de Castelnau— para actuar en Tolosa con apoyo de la cruz y de la justicia eclesiástica. La obra alterna entonces escenas graves y otras de tono cómico o popular, pero el eje argumental se centra en la extensión del conflicto religioso: se muestran predicaciones, resistencias de los herejes y la dificultad de sostener la fe en tierras dominadas por la disidencia. El legado procura reducir al conde, exigirle obediencia y lograr que persiga a los albigenses o al menos deje actuar a la Iglesia. El conde, sin embargo, persiste en su soberbia, exige absolución sin someterse y termina siendo excomulgado. Al mismo tiempo, sus sospechas sobre Blanca crecen a raíz de un equívoco nocturno en su casa, y su violencia se vuelve aún más extrema. Llega incluso a prender a Balduino por católico y por oponerse a su política. Blanca suplica por la vida de su esposo, acompañada por su hijo pequeño, pero el conde se niega a ceder: manda encarcelar a su hermano, lo condena y finalmente ordena su muerte. La ejecución de Balduino, seguida de la entrega macabra de su cabeza a Blanca, constituye el punto culminante de la crueldad tiránica del conde y confirma la destrucción del orden familiar por la mezcla de herejía, ambición y deseo incestuoso.
En la parte final, el legado prosigue su misión pese al peligro, animado por visiones proféticas que anuncian la futura expansión del Santo Oficio y una larga serie de defensores de la fe. El conde, lejos de arrepentirse, prepara su venganza y hace tender una emboscada al legado. Durante el trayecto, el religioso es herido de muerte por hombres del conde; aun así, perdona a sus agresores, encomienda a Blanca y a su hijo al cuidado de los católicos y muere como mártir abrazado a la cruz. Poco después llega el conde de Montfort, jefe de las fuerzas cruzadas, demasiado tarde para salvarlo, pero a tiempo para recoger su bastón y asumir la defensa de la Iglesia. El legado le entrega simbólicamente la continuación de la empresa y encarga también la protección de Blanca y del niño huérfano. De este modo, la obra concluye con la muerte ejemplar del enviado pontificio, la caída moral del conde de Tolosa y la afirmación de que la violencia contra la Iglesia desencadena una respuesta providencial. El pasaje conservado no permite precisar todos los detalles posteriores, pero sí deja claro que el martirio del legado se presenta como origen y legitimación de la represión inquisitorial y de la ofensiva católica contra la herejía.