Liberio
Joven egipcio protagonista de la comedia, que recibe su herencia, abandona la casa paterna para entregarse al mundo y al placer en Roma, cae en la ruina y termina arrepentido y reconciliado con su padre y con Celia.
Jerónimo de Cáncer, Agustín Moreto y Cavana y Juan de Matos Fragoso
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Egipto, Liberio abandona a su padre Prudencio y a su prima Celia para ir a Roma con su herencia, pese a los ruegos familiares y amorosos que intentan detenerlo. En la Roma del placer y el engaño, Sirena lo seduce y lo arruina, mientras Celia, disfrazada, intenta salvarlo sin éxito hasta que la desesperación de ambos precipita el desengaño. Tras caer en la miseria en los montes y decidir volver arrepentido, Liberio regresa a la casa paterna, es perdonado por Prudencio y recupera a Celia como esposa.
La obra se abre en Egipto, donde Liberio, joven rico e impetuoso, decide abandonar la casa paterna después de haber recibido su herencia. Ni los ruegos de su prima Celia, criada para ser su esposa, ni las lágrimas de su padre Prudencio logran detenerlo. Celia le declara con intensidad su amor y le suplica que la lleve consigo, pero Liberio la rechaza con dureza, movido por el deseo de conocer mundo y disfrutar libremente de su fortuna en Roma. También su hermano Lidio permanece en casa, obediente y afectuoso, mientras el gracioso Capricho acompaña a Liberio en el viaje. Desesperada por la partida del joven, Celia resuelve seguirlo disfrazada con ayuda de Silvio. Ya en Roma, Liberio y Capricho conocen a un aparente caballero fenicio llamado Lucindo, que en realidad es la propia Celia disfrazada. Este personaje fingido le cuenta una historia muy semejante a la que está viviendo Liberio: la de un joven que dejó a su padre, malgastó su hacienda y fue traicionado por quienes parecían sus amigos. Aunque el relato pretende servirle de advertencia, Liberio se niega a escuchar consejos y entra en la casa de Sirena, cortesana célebre de Roma, atraído por su hermosura y por la promesa de placeres y lujo.
En la casa de Sirena, Liberio se entrega por completo al deleite, al gasto y al engaño. Allí aparece también Experio, otro joven egipcio que antes cayó en la misma trampa, perdió hacienda, honra y crédito, y ahora intenta prevenir a Liberio del peligro, pero tampoco consigue apartarlo de su error. Sirena y su entorno halagan al recién llegado mientras lo despojan progresivamente de dinero, joyas y vestidos. Celia, aún disfrazada de Lucindo, procura protegerlo y hasta finge su propia muerte para probar si la noticia conmueve a Liberio, pero él permanece ciego en su pasión. Finalmente, Sirena, ofendida porque sospecha que Liberio podría abandonarla, organiza un juego y un engaño por el que él y Capricho, vencidos por el sueño y la embriaguez, quedan despojados de cuanto les resta. Cuando Celia ya no puede soportar su fracaso, decide revelarse; pero Liberio, aturdido y obsesionado con Sirena, la toma casi por una aparición y la rechaza de nuevo. Desesperada por tanta ingratitud, Celia se arroja hacia la soledad de los montes con intención de darse muerte. Experio cuenta después a Liberio que la joven, en su desesperación, quiso precipitarse desde una altura. Esta noticia sacude por fin al protagonista, que reconoce su culpa, reniega de su conducta pasada y comienza a desengañarse. Al mismo tiempo se sabe que Sirena ha recibido su castigo: su casa arde y su fortuna se destruye, de modo que el mundo del vicio queda también deshecho.
En la tercera jornada, el castigo de Liberio aparece consumado. Arruinado, hambriento y vestido de harapos, vive en los montes guardando puercos, acompañado por Capricho, y padece en su propio cuerpo la degradación que ha causado su vida pródiga. Tras muchas privaciones, comprende que solo le queda volver a casa de su padre y pedir ser admitido como el más humilde de sus criados. Antes de emprender el regreso, Experio, sin reconocerlo por su extrema miseria, le comunica que Celia no murió, pues fue detenida a tiempo y devuelta a casa; además, Prudencio, creyendo muerto a Liberio por una falsa noticia llevada por el propio Experio, había dispuesto casar a Celia con Lidio si su hijo no regresaba. Cuando Liberio y Capricho se acercan a las viñas de la hacienda familiar, son maltratados por los guardas por creerlos ladrones, y allí Celia vuelve a verlo. Poco después Prudencio llega, reconoce a su hijo entre lágrimas y lo perdona sin reservas: lo abraza, manda vestirlo con los mejores vestidos, ponerle calzado y anillos, y celebrar su retorno con fiesta y banquete. Lidio protesta al principio por el trato privilegiado dado al hermano desobediente, pero Prudencio le explica que la alegría nace de haber recuperado al hijo perdido, como el pastor que se goza más por la oveja recobrada. Finalmente se aclara que el plazo prometido para las bodas de Celia con Lidio aún no se había cumplido, de modo que Celia puede casarse con Liberio. La comedia concluye con el perdón del padre, el arrepentimiento del hijo, la restitución del orden familiar y el anuncio de las bodas felices de los amantes legítimos.
Joven egipcio protagonista de la comedia, que recibe su herencia, abandona la casa paterna para entregarse al mundo y al placer en Roma, cae en la ruina y termina arrepentido y reconciliado con su padre y con Celia.
Prima de Liberio y enamorada constante, criada para ser su esposa; lo sigue disfrazada hasta Roma, intenta apartarlo del error y, tras grandes sufrimientos, acaba unida a él al final.
Padre de Liberio y de Lidio, figura de autoridad y misericordia; lamenta la marcha del hijo pródigo, sufre su ausencia y finalmente lo perdona con generosidad al verlo arrepentido.
Cortesana romana que atrae a los forasteros, especialmente a Liberio, y representa el espacio del engaño, la disipación y la pérdida de hacienda, honra y juicio.
Criado gracioso de Liberio, compañero de viaje y de desgracias, que aporta la dimensión cómica y acompaña al protagonista desde su salida de Egipto hasta su miseria y regreso.
Hermano de Liberio, obediente y constante, enamorado también de Celia; su conducta contrasta con la del protagonista y llega a ser considerado como posible esposo de la joven.
Joven egipcio que antes sufrió en Roma una caída semejante a la de Liberio; intenta advertirle, luego contribuye a su desengaño y aparece al final vinculado al anuncio de su suerte ante la familia.
Servidor fiel de Celia, que la acompaña en su seguimiento de Liberio, participa en sus disfraces y procura moderar sus impulsos desesperados.
Principal escenario del extravío de Liberio, donde busca placeres, gasta su hacienda, conoce el engaño de falsos amigos y cortesanas y acaba despojado de todo.
Espacio inicial y final de la acción, asociado al orden familiar, al amor legítimo y al perdón; de allí parte Liberio y allí regresa arrepentido.
Lugar central de la seducción y la ruina del protagonista; en ella se concentran el lujo aparente, el juego, la música, el engaño y el despojo material de Liberio.
Espacio de soledad, hambre y penitencia en el que Liberio, ya arruinado, guarda puercos y toma conciencia de su culpa antes de decidir volver.
Zona de transición en el regreso final, donde Liberio, aún miserable, es confundido con un ladrón y se produce el reconocimiento previo a la reconciliación completa.
La acción entera conduce desde la rebeldía y el despilfarro de Liberio hasta su reconocimiento de la culpa y el perdón generoso de su padre.
La obra dramatiza la salida del hijo de la casa familiar, el gasto desordenado de su hacienda y la experiencia dolorosa que sigue a ese abuso de libertad.
Celia mantiene un amor firme y sacrificado incluso cuando Liberio la desprecia, la olvida y la hace sufrir repetidamente.
Roma, Sirena y los falsos amigos muestran cómo la riqueza atrae adulaciones interesadas que desaparecen cuando el dinero se acaba.
La conducta de Liberio se contrapone a la de Lidio, que permanece junto al padre, y así se subrayan dos formas opuestas de relación con la autoridad familiar.
El hambre, la desnudez y el trabajo degradado entre puercos convierten en experiencia física el castigo del error y preparan la conversión del protagonista.