Doña Juana de Vitoria
Noble de Fuenterrabía y figura heroica central de la defensa; anima a las mujeres de la ciudad, combate en la muralla y encarna la unión entre honra, patriotismo y fervor religioso.
Cristóbal de Morales y Guerrero
Summary publication date: June 18, 2026
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la frontera guipuzcoana del Bidasoa, el Príncipe de Condé invade desde Francia con un gran ejército y pone cerco a Fuenterrabía tras amenazar Irún, Rentería y el Pasaje. Dentro de la plaza, soldados, vecinos y mujeres encabezadas por doña Juana de Vitoria resisten los asaltos, improvisan la defensa y convierten el sitio en una lucha por la honra, la fe y la fidelidad al rey. Con la llegada del Almirante de Castilla y de nuevos socorros, la acción culmina en una gran batalla campal que obliga a huir a Condé y asegura la victoria española, atribuida también a la protección de María.
La obra se abre con la entrada del ejército francés al mando del Príncipe de Condé, que se dispone a cruzar el Bidasoa para invadir Guipúzcoa y tomar Fuenterrabía. En un extenso parlamento, el príncipe proclama su fuerza militar, apoyada por el arzobispo de Burdeos y por Agramonte, y anuncia la devastación de Irún, el Pasaje y Rentería antes de poner cerco a la plaza principal. Pese a algunas cautelas sobre el estado del río, ordena el paso de tropas escogidas y se instala en territorio guipuzcoano. Frente a esta amenaza, en Fuenterrabía se movilizan los defensores españoles y guipuzcoanos, entre ellos don Diego Isasí, Domingo de Guía, Diego Buitrón, don Miguel de Huvilla y el gracioso Santillán. Destaca de modo extraordinario doña Juana de Vitoria, noble de Fuenterrabía, que se presenta como capitana de doscientas mujeres guipuzcoanas decididas a defender su honra y la de su patria frente a la violencia francesa. Aunque el gobernador no permite que salgan de inmediato al combate, la ciudad se pone en armas y una primera salida de los defensores intenta impedir el avance enemigo hacia Irún y el paso del río.
En la segunda jornada se recuerda y amplía el primer choque, en el que los guipuzcoanos, muy inferiores en número, causan graves bajas al enemigo antes de retirarse ordenadamente cuando llegan refuerzos franceses. Después la acción se concentra en el cerco de Fuenterrabía. Van llegando socorros y jefes españoles, entre ellos el Almirante de Castilla, así como otros mandos mencionados en la obra, y todos escuchan el relato de la resistencia de la plaza. Se subraya entonces la participación heroica de los vecinos y especialmente de doña Juana y las mujeres, que durante los asaltos rechazan a los franceses desde la muralla, disparan, improvisan proyectiles con rejas, balcones, piedras e incluso con las joyas arrancadas de sus sortijas, y arrojan a numerosos enemigos desde lo alto. También se pone de relieve la lealtad material de los sitiados: ante la falta de balas, se funden platos de estaño y se ofrece plata para convertirla en munición. Paralelamente, la obra insiste en la sacrílega violencia del enemigo, que ocupa un convento de capuchinos, maltrata imágenes sagradas y ultraja el espacio religioso, lo que intensifica la dimensión devota de la defensa. En medio de la noche, un pequeño socorro consigue entrar en la plaza tras cruzar el río en condiciones muy peligrosas; el episodio, acompañado por la persecución francesa y por la valentía de doña Juana, muestra que la ciudad, aunque acosada y dañada, no está aislada ni dispuesta a rendirse.
La tercera jornada conduce al desenlace. Al amanecer, los defensores encomiendan la victoria a la Virgen María, cuya honra ha quedado comprometida por las profanaciones francesas. Llega el Almirante de Castilla y, tras una arenga, transmite un desafío del campo enemigo: se ofrecen condiciones de rendición, batalla general o combate concertado. Los españoles aceptan el desafío, pero al mismo tiempo preparan cuidadosamente una operación de mayor alcance, distribuyendo a sus fuerzas entre diversos capitanes y sectores del terreno. El combate comienza con una escaramuza de cuarenta contra cuarenta, pero pronto se extiende a una batalla abierta en la que intervienen Torrecusa, el marqués de los Vélez, Mortara y otros mandos, mientras el Almirante dirige la acción principal. La lucha se describe como extremadamente sangrienta: los franceses retroceden, pierden sus posiciones, sus cuarteles se deshacen y el propio Príncipe de Condé reconoce su derrota y huye hacia el río para salvar la vida. La victoria corresponde a Fuenterrabía y a España; se afirma que mueren millares de franceses, mientras las bajas españolas resultan comparativamente reducidas. La plaza celebra entonces su liberación, devuelve el triunfo a Dios y a María, promete reedificar el templo ofendido y consagra la memoria de la jornada como ejemplo de lealtad al rey, defensa de la patria y resistencia colectiva de soldados, nobles y mujeres.
Noble de Fuenterrabía y figura heroica central de la defensa; anima a las mujeres de la ciudad, combate en la muralla y encarna la unión entre honra, patriotismo y fervor religioso.
Jefe del ejército francés y principal antagonista de la obra; dirige la invasión, el cerco y los asaltos a Fuenterrabía, pero termina derrotado y obligado a huir.
Mando español que llega como gran refuerzo en la fase decisiva del asedio; organiza la respuesta final, acepta el desafío enemigo y conduce la ofensiva victoriosa.
Capitán o soldado principal de los defensores guipuzcoanos; destaca en los primeros combates junto al río y en la resistencia militar contra los franceses.
Coronel de la provincia de Guipúzcoa en la obra; participa en la organización de la defensa y en las salidas contra el enemigo.
Combatiente destacado entre los defensores; informa de los movimientos franceses y participa activamente en los enfrentamientos iniciales y en la narración de lo sucedido.
Caballero guipuzcoano relevante en la defensa de la plaza, asociado al grupo principal de resistentes y a las acciones militares contra el cerco.
Soldado andaluz de función cómica y bélica a la vez; interviene en la lucha, se vanagloria de sus hazañas y aporta episodios burlescos en medio del conflicto.
Prelado que apoya la empresa francesa y acompaña el cerco; su presencia refuerza el aparato político y religioso del bando invasor.
Noble francés aliado del Príncipe de Condé; participa en el cruce del río, en las primeras maniobras y en las operaciones del ejército sitiador.
Espacio central de la acción y objetivo del cerco francés; en sus murallas, puertas y plaza interior se concentra la resistencia militar, cívica y religiosa.
Frontera natural entre Francia y Guipúzcoa; su vado permite la entrada del ejército francés y también condiciona socorros, retiradas y persecuciones.
Marco territorial general de la obra; aparece como provincia amenazada cuya defensa colectiva articula el conflicto patriótico.
Primer punto importante amenazado por el avance francés; funciona como zona de choque en los combates iniciales y como acceso hacia Fuenterrabía.
Lugares vinculados a la expansión de la ofensiva francesa en la frontera; completan el mapa estratégico de la campaña militar.
Espacios concretos del combate defensivo, donde los sitiados rechazan asaltos, improvisan proyectiles y sostienen la resistencia cuerpo a cuerpo.
Altura estratégica ocupada sucesivamente en la campaña; sirve para instalar tropas, artillería y posiciones desde las que se ataca o se domina la plaza.
Espacio religioso violentado por los franceses; su profanación intensifica el motivo del sacrilegio y justifica moralmente la respuesta de los defensores.
La acción gira en torno a la protección de Fuenterrabía y de Guipúzcoa frente a una invasión extranjera presentada como amenaza militar y política.
Los personajes vinculan constantemente su resistencia con el servicio al monarca y con la fidelidad a la Corona española.
La defensa no se plantea solo como cuestión militar, sino también como preservación de la honra de la ciudad, de las familias y de las mujeres frente al enemigo.
La obra concede un lugar sobresaliente a las mujeres de Fuenterrabía, especialmente a doña Juana, que participan activamente en la guerra y en la defensa de la plaza.
La victoria se asocia a la protección de María y a la justicia de una causa que se entiende como defensa de lo sagrado frente al sacrilegio francés.
La profanación de imágenes, templos y espacios religiosos por parte del enemigo refuerza la legitimidad moral de su derrota.
El texto insiste en la desproporción entre las fuerzas francesas y los defensores, subrayando que el coraje y la disciplina compensan la inferioridad numérica.
El desenlace convierte el triunfo en hecho digno de celebración, escritura y monumento, para conservarlo como ejemplo para la posteridad.