Juan de Serrallonga
Protagonista de la obra, caballero catalán convertido en bandolero por una cadena de agravios de honor y enemistades de linaje; ama a doña Juana y oscila entre venganza, nobleza y arrepentimiento.
Antonio Coello y Ochoa, Francisco de Rojas Zorrilla y Luis Vélez de Guevara
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Cataluña de los bandos de Narros y Caderes, entre Barcelona, sus quintas cercanas y los montes vecinos, Serrallonga vuelve del destierro movido a la vez por la venganza familiar y por el amor a una dama a la que salvó de un incendio. Cuando descubre que esa dama es doña Juana Torrellas, hermana de su enemigo don Carlos, la acción enfrenta amor, honor y obediencia filial, y el protagonista oscila entre la violencia bandolera y gestos de inesperada clemencia. Perseguido por la justicia del duque de Cardona y del Veguer, Serrallonga acaba refugiándose en Carroz, se entrega tras una admonición sobrenatural de su padre muerto y muere en Barcelona con fama de bandolero valeroso y penitente.
La obra presenta a Juan de Serrallonga, hijo de Bernardo de Serrallonga y vinculado al bando de los Narros, en el momento en que, oculto y perseguido por la justicia como bandolero, vuelve secretamente a Barcelona. Allí confiesa a su aliado Fadrí la doble causa que lo mueve: la venganza contra los Torrellas y los Caderes, enemigos hereditarios de su linaje, y el amor hacia una dama desconocida a la que salvó de un incendio en una quinta. Serrallonga explica que años atrás mató a don Félix Torrellas tras una afrenta relacionada con su honor, hecho que reavivó la vieja enemistad entre facciones y lo obligó a huir por Francia, Flandes e Italia. A su regreso, decidido a adelantarse a la venganza de don Carlos Torrellas, encontró por azar la quinta incendiada, rescató a una joven desmayada entre las llamas y volvió a verla después en Barcelona, bajo la identidad fingida de don Alonso de Chaves. El conflicto se agrava cuando Bernardo, horrorizado por los planes sanguinarios de su hijo, le reprende, intenta reconciliarse con don Carlos y propone incluso un enlace entre Serrallonga y doña Juana Torrellas. La embajada termina en humillación: don Carlos y la propia doña Juana rechazan con desprecio la propuesta, y Bernardo, ofendido, devuelve a su hijo la espada que antes le había quitado y le encomienda vengar la afrenta sufrida por su casa.
En la noche de Carnestolendas, los Torrellas y sus parciales celebran una fiesta en una quinta cercana a Barcelona. Serrallonga, enardecido por la ofensa hecha a su padre y acompañado por Fadrí y sus bandoleros, irrumpe en el festejo para matar a los Caderes y Torrellas. En medio del asalto reconoce que la dama a quien ama es doña Juana Torrellas, hermana de don Carlos, precisamente su mayor enemigo. Cuando tiene ocasión de matar a don Carlos, queda atrapado entre la obediencia al padre, que le exige venganza, y el amor de Juana, que le pide clemencia para su hermano. Para resolver ese choque, vuelve sus armas contra los suyos, favorece la entrada de la gente de Barcelona y salva a don Carlos, aunque luego huye al monte con Fadrí. La segunda jornada muestra ya a Serrallonga plenamente instalado en la vida bandolera, acompañado por Juana, que ha abandonado su posición para seguirlo y aparece transformada en mujer feroz y cómplice de la violencia del monte. Serrallonga, sin embargo, comienza a mostrar cansancio moral y remordimiento por sus delitos, por el abandono de su padre y por la deshonra en que vive. En ese espacio agreste se multiplican las persecuciones del Veguer y las fuerzas del duque de Cardona, mientras Alcaraván, criado ambiguo y codicioso, oscila entre la fidelidad y la traición. Bernardo y don Carlos caen prisioneros de los bandoleros, pero Serrallonga, en un gesto de nobleza contradictoria, se niega a matarlos y libera a ambos: a su padre le ruega que vuelva a Francia con él, pero no acepta abandonar el monte; a don Carlos le perdona la vida y declara que será su amigo por fuerza, sin lograr por ello reparar la ofensa que pesa sobre todos.
La tercera jornada conduce al derrumbe final del protagonista. Cercado por las tropas del Veguer y por las disposiciones del duque de Cardona, Serrallonga se entera de la muerte de su padre, fallecido en Carroz tras sus disgustos, y recibe la noticia con un dolor que convive con su endurecida fama de bandido. Poco después, las fuerzas reales incendian y talan el monte para capturarlo; en la confusión pierde de vista a Juana y, herido, se refugia de noche en la iglesia de San Juan de Carroz, donde está enterrado Bernardo. Allí, en una escena de fuerte sentido providencial, oye la voz de su padre muerto, que le ordena no resistirse y entregarse para salvar el alma; Serrallonga obedece y es apresado. En la cárcel de Barcelona mantiene una actitud desafiante y constante, hasta que recibe la sentencia de muerte. Antes del suplicio se encuentra con Juana, se despide de ella y la convierte en su esposa para morir; ambos aceptan con dolor la separación inmediata. Finalmente, el duque de Cardona presenta la ejecución como un servicio al rey y como garantía de pacificación en Cataluña: Juana es encerrada en un monasterio, otros bandoleros son enviados a galeras y la muerte de Serrallonga, afrontada con extraordinaria firmeza cristiana y caballeresca según insisten los personajes, pone fin a la trayectoria del célebre bandolero catalán.
Protagonista de la obra, caballero catalán convertido en bandolero por una cadena de agravios de honor y enemistades de linaje; ama a doña Juana y oscila entre venganza, nobleza y arrepentimiento.
Hermana de don Carlos Torrellas y dama salvada por Serrallonga del incendio de una quinta; se enamora de él, lo sigue al monte y queda dividida entre su amor y la lealtad a su familia.
Padre del protagonista, defensor de la moderación y de la reconciliación entre linajes; reprende a su hijo, sufre por su conducta y aun después de muerto orienta decisivamente su entrega final.
Hermano de doña Juana y principal enemigo de Serrallonga tras la muerte de don Félix Torrellas; encarna la defensa del honor familiar y mantiene con el protagonista una rivalidad persistente.
Amigo íntimo de Serrallonga y capitán de bandoleros, leal compañero en sus planes de venganza, sus huidas y sus acciones en el monte.
El texto identifica a la amante bandolera de Serrallonga con el nombre de Juana; de manera probable coincide con doña Juana Torrellas, aunque algunos pasajes pueden resultar ambiguos en la transmisión conservada.
Criado y figura cómica de la trama, interesado y mudable, sirve de enlace entre la ciudad y el monte y pone de relieve, con su codicia y ambigüedad, la inestabilidad del mundo bandolero.
Máxima autoridad política y virreinal en la obra, dirige la persecución contra Serrallonga y presenta su ejecución como remedio de orden público y pacificación.
Oficial encargado de perseguir y capturar a Serrallonga en los montes y finalmente de cercarlo hasta su apresamiento.
Espacio central de la vida bandolera, refugio de Serrallonga y de su cuadrilla, escenario de persecuciones, emboscadas, cautiverios y del progresivo desgaste moral del protagonista.
Marco urbano decisivo donde se originan los agravios entre linajes, donde Serrallonga vuelve disfrazado, donde se organiza la represión política y donde finalmente es encarcelado y ejecutado.
Lugar en el que Serrallonga salva a la dama desconocida y donde más tarde se celebra la fiesta de Carnestolendas asaltada por los bandoleros; funciona como punto de cruce entre amor y violencia.
Espacio de encuentro secreto entre la dama y Serrallonga en Barcelona, y también lugar en que se evidencia el peligro de su relación al irrumpir don Carlos y luego Bernardo de Serrallonga.
Aldea vinculada al linaje de Serrallonga, patria de su padre y punto al que remiten sus recuerdos familiares; allí muere Bernardo y allí mismo se produce la entrega final del protagonista.
Espacio sagrado de asilo y revelación, junto a la tumba de Bernardo; en ella Serrallonga escucha la voz del padre muerto y decide entregarse para salvar el alma.
Lugar del encierro final de Serrallonga y de varios bandoleros, donde se muestra su constancia antes de la sentencia y del tránsito a la capilla y al suplicio.
Ámbito último del desenlace, en el que Serrallonga se despide de Juana, dispone su muerte cristianamente y consuma su final público como ejemplar castigo.
La acción nace de agravios personales y de la antigua enemistad entre Narros y Caderes, que empuja a los personajes a una espiral de represalias familiares.
La relación entre Serrallonga y doña Juana queda atravesada por el hecho de pertenecer a casas enemigas, de modo que cada acercamiento amoroso reactiva conflictos de honra y sangre.
La obra muestra la vida en los montes, los asaltos, las cuadrillas armadas y el desorden público asociado a la figura del bandolero célebre en la Cataluña del momento.
Serrallonga queda repetidamente dividido entre seguir sus impulsos violentos o escuchar la autoridad moral de Bernardo, cuya voz determina incluso el final de la trama.
La persecución dirigida por el duque de Cardona y el Veguer presenta la represión del bandolerismo como una razón de gobierno y de restablecimiento del orden en Cataluña.
En la parte final, el protagonista reconoce sus culpas, acepta la prisión y la muerte y orienta su final hacia la salvación del alma, sin borrar por ello la gravedad de sus delitos.
Serrallonga aparece como figura compleja: feroz y criminal en sus actos, pero también capaz de gestos de clemencia, fidelidad amorosa y firmeza ante la muerte.