
Publication date: August 22, 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La mala inclinación. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-mala-inclinacion.
le. 6 + + el hijo mal inclinado
el Rey la Reyna Jacobo príncipe Mahomero rrey Tarife Arcila rreyna
Geronimo rramo ardayn secretario jamete &a
es de mano de martinez librero
Sale el rrey y la rreyna y secretario y acompañamiento
Sicilia se halla dichosa
de que con vuestra persona
nos honréis, querida esposa;
vuestro es el cetro y corona,
vuestra esta rregión famosa,
y en vos mi gloria se encierra,
desde este día, y en Dios
al sol hace el mundo guerra,
que sin duda os crió Dios
para mi cielo en la tierra.
Oy llegáis y oy os adoro,
todo a vuestros pies lo postro,
y todo es poco tesoro,
pues cría ese bello rostro
un Pirú de plata y oro,
un mar de coral rreciente,
un Eufrates de cristal.
Diáfano y trasparente,
de esmeraldas gran caudal
y de perlas un oriente,
un Pirú de grana pura,
de topacios un Egipto,
una fuente de ventura,
un mar de bien inaudito,
de belleza y hermosura,
una luna celestial,
dos soles que a nuestro suelo
dan nueva luz oriental,
y un retrato, al fin, del cielo
más que todos natural.
A no ser su majestad
quien eso dice de mí,
creyera ser falsedad.
¿Falsedad? Yo daré aquí
testigos desta verdad.
Testigos, ¿cuáles son?
Decid lo que a mí me toca
saber si tenéis razón.
Esos ojos, esa boca,
esa rara perfición,
esa frente, ese cabello,
esas cejas y mejillas,
esos labios, pecho y cuello
y todas las maravillas
dese talle hermoso y bello.
Dejemos aqueso agora
pues por vos tengo valor.
Hable el alma que os adora.
Vos sois mi rey y señor.
Vos mi reina y mi señora,
vos sois mi Lucela amada,
mi bien más raro y profundo,
vos mi vida regalada
y vos sois lo más del mundo
para mi vejez cansada.
Débele un gran favor
al noble rey de Bohemia,
vuestro padre y mi señor,
pues dándome su hija premia
la obligación de mi amor.
¿Qué es lo que el príncipe tiene,
que con los más cortesanos
humilde y galán no viene
a besar los pies y manos
que beso? ¿Quién le detiene?
¿Adónde está, secretario,
pues vos sabéis de su vida?
Fue a su ejercicio ordinario,
ignorando esta venida.
¿A cazar, este temerario?
Todo es romper y matar,
medir el mar y la tierra
sin un punto sosegar,
gran inclinación de guerra,
no sé en lo que ha de parar.
Entra Jacobo, príncipe.
En medio del mayor gusto
que tuve en toda mi vida,
en mi ejercicio robusto
supe de aquesta venida;
y hoy, a hacer lo que es justo,
dadme a besar, mi señora,
esos respetados pies.
¡Oh beldad que el alma adora!
Vuestra reina y madre es;
respetalda desde ahora.
Por hijo os abrazaré,
y por príncipe desde hoy,
Jacobo, os respetaré.
Ay, tal me siento y tal voy
que de mí mismo no sé.
Sin duda que se ha turbado
el príncipe.
Es alegría
que es mucha, lo habrá causado.
¿Es tan bello el sol del día
cuando sale entre un nublado?
¡Ay, inclinación incasta!
¿Que apetezca yo a mi madre?
No es madre, que es madrastra.
Mas si es mujer de mi padre,
¿no es lo mismo? Sobra y basta.
¡Ay, madre! Mal digo, mal.
¡Ay, bella, cruel madrastra,
que ya me tienes mortal!
Para cumplimiento basta.
Vos, Jacobo, no hagáis tal,
que sois mi príncipe, alzad,
y en vuestro justo servicio
como a madre me mandad.
Dejadme hacer sacrificio
de un alma a vuestra beldad.
¿Qué decís?
Que estoy sujeto,
señora, a vuestro valor,
que os he cobrado, os prometo,
por reina, querer y amor,
por madre, miedo y respeto;
y así os juro que os seré
muy tierno vuestro, señora,
que os guardo entera fe.
No, con cierta razón buena,
muy turbado está Jacobo.
Ya el alma padece en pena.
¿A quién hiciera otro robo
siendo Paris de esta Elena?
Cumplimientos escusados,
y porque venís cansada,
vamos, mi Lucela amada.
Vamos, mi Rey.
¡Ay, crueldad!
Vanse y queda Jacobo.
¡Ay, pensamiento terrible,
y de ti, después que viste
aquel semblante apacible!
¡Ay de mí, pues que pusiste
mi remedio en lo imposible!
Mi dolor es sin compás,
furioso mi desatino,
pues mientras que más y más
va mi deseo camino,
siempre me hallo más atrás.
Mi padre no la ha gozado,
muy bien matarlo será,
y seré yo el desposado,
pero ¿qué digo? Que está
matrimonio consumado;
ella es su esposa y mi madre,
y no hay papa, Dios ni ley
a quien justamente cuadre.
que case yo aunque rey
con la mujer de mi padre
pues qué tengo aquí de hacer
heme de desesperar
por lo que no puede ser
yo quiero agotar la mar
la fría nieve vencer
coger a puños el viento
medir lo que hay hasta el cielo
desde su firmamento
matar a soplos del suelo
el fuego del firmamento
que Nero conmigo igualo
que acabo en cuantos nacieron
que Nerva o Sardanápalo
pues de todos cuantos fueron
ninguno ha sido tan malo
pero mal mi razón fundo
que si tanto rey fue fiero
y en maldades sin segundo
no vengo a ser el postrero
que ha sido malo en el mundo
siguiré mi indignación
pretender quiero a mi madre
aunque voy contra razón
contra ley Dios y mi padre
y todos contra mí son
la razón mi intento pide
la ley el trono eterno
la espada mi mide
Dios me apareja el infierno
mi padre justicia pide
todos cuatro están unidos
mirando en qué han de parar
mis deseos atrevidos
todos me han de castigar
porque los tengo ofendidos
a cualquiera mi malicia
ofende si este entero
al apetito codicia
que lo mesmo que Dios es
son razón padre y justicia
sepa el mundo que a Lucela
después de adorar la Cruz
adora mi fe y recela
dónde estás Lucela y luz
que me abrasa y que me hiela
ea que ya perdí el juicio
haced bodas haced fiesta
que a las penas codicio
Entra Jacobo y Ramo
Entra el Rabí.
Señor qué voces son estas
Pues no ves que es de vicio
que bien sabe que padezco
sin consuelo y sin remedio
por quien tanto me ofrezco
quien me pone tierra en medio
del cielo que yo merezco
bien me ves
Yo bien te veo
Pues venme y dame socorro
Cásate
Donoso empleo
no ves que me lleva al corro
la nave de mi deseo
no ves unos ojos bellos
que dan más lumbres de sí
que el sol que se mira en ellos,
¿veslos? pues esos a mí
me arrastran por los cabellos.
¿Y no ves una mano blanca
en quien todo el cielo mira,
que hizo a lanza franca,
pues esa la cuerda tira
que, asida, el alma me arranca?
A mirar sus pechos ponte,
y verás la nieve fría
del áspero horizonte,
que dentro en mi pecho cría
más fuego que cría en su monte.
Míralos bien.
¿Cuáles son?
¿Que no los ves?
Yo de vellos
por fuerza con tu razón...
Yo muero de los cabellos,
por parecer Absalón
en la vida y en la muerte.
¿De quién te quejas, señor?
De la vida, de mi suerte,
de la razón, del amor,
del rey mi padre, de verte,
del cielo, de mí, de Dios.
¡Qué descuidado siente el tal!
Que en tus razones sumas
eres hereje aclarado.
Poco menos, si no es más,
que creerse un enamorado;
mas no es tal, que el insolente,
falso hereje sin decoro,
en cuanto defiende miente.
Yo no, que es verdad que adoro
aquel sol resplandeciente;
por la cual vivo y muero,
por mi madrastra padezco,
por la reina desespero,
a esta mujer amo y quiero,
aqueste ángel no merezco.
Veréles.
Ven acá.
¿Qué mandas desde ahí?
¿Ya te mudas?
Temo el furor en que andas.
¿Qué querías?
¿Por qué dudas
volarte de las barandas?
Yo no me atrevo a bajar
ni aún con trecientas escalas;
si a volar me queréis sacar,
deja que me nazcan alas,
que aún no estoy para volar;
que vive Dios que camino
con pies macizos de plomo,
que yo no soy adivino
pa papar viento, porque como
gruesas lonjas de tocino.
Dejemos burlas aparte
y haremos verás ya;
mis penas quiero contarte,
remedio a mis penas da,
pues eres el todo y parte;
y sabrás con el extremo
que te acudo y que te estimo,
ya sabes, pues...
Dilo.
Temo.
Pues no temas.
Dame ánimo.
Ya me abraso, ya me quemo,
y concluye.
sabrás que quiero
a mi madrastra o mi madre.
¿A la reina?
Por ella muero.
¿Por la mujer de su padre?
¿De qué te espantas?
Caso fiero.
Yo sí, pero de tu buen seso
que mi remedio autorices.
Muy sin remedio es tu exceso.
Pues, villano, ¿qué me dices?
¿No me sabía yo eso?
Vete luego de aquí.
A tal.
Tente, príncipe, ¿qué tienes?
Vete, bruto, irracional,
amigo siempre en los bienes,
nunca hallado en el mal,
consejero sin provecho,
desleal y mal criado,
todo de flaquezas hecho,
para quien se ha declarado
las verdades de su pecho,
vete, pues tan mal conoces
el bien.
Tu furor se aplaque.
Vete.
Detente.
No des voces,
si no quieres que te saque
el alma del cuerpo a coces.
Pues sin eso no me dejas
sano, a golpes y porrazos,
¿no he de dar voces y quejas?
Pues sácanme a mí a pedazos
el alma, y callo, ¿y te quejas?
Un dolor como batalla,
que a mí me tiene perplejo,
en ti menos mal se halla,
y pues que yo no me quejo,
no te quejes, sufre y calla,
mas sufre, que ya te junto
con mi dolor y pugna,
que mientras triste y difunto
te quejas a canto llano
me quejaré a contrapunto.
Pobre desgraciado mozo.
No te quejes, que ya sé
que el toro herido en el coso
y así me consolaré
que mal de muchos es gozo.
Ya me quejo y es de modo
que me matas, señor, tente,
que me rompes este codo.
Quéjate, sufre, algo siente,
que no he de sufrillo todo.
Que me mata, ¿no hay alguno
que acuda?
Sale el rey, y reyna, y secretario.
¿Qué es aquesto?
Castigo aqueste importuno;
si a tantos fuimos molesto,
demándenmelo uno a uno,
que a gran rabia me provoco.
¿Loco?
Grave es su locura.
Pensamiento, poco a poco,
¿adónde vas?, ¿quién te muda?,
que arrastrado de las greñas
me llevas tras ti sin duda;
aguarda, que me despeñas;
¿no hay alguno que me acuda?
Acudid todos aquí.
¿Qué te ofende, si terrible,
hijo mío?, vuelve en ti.
Volver en mí no es posible,
padre, pues de ti salí.
Hijo de mi corazón,
¿hate sucedido algo
que es de tu mal ocasión?,
¿qué es?
Parece que salgo
de la misma confusión,
y amengua mi pesadumbre.
Aquí mis ojos me subieron
desde el centro desta cumbre
y a las tinieblas huyeron;
ya miro del sol la lumbre.
Veis aquí el extremo que
es hermoso en cuanto vemos,
y otro extremo de una fe,
y el medio destos extremos
yo, que nunca le tendré.
Gran mal el alma me cubre.
Bien veo, aún cuando creo
aquel sol que se descubre,
mas ¿qué aprovecha si veo
allí el nublo que lo encubre?
¿Qué dices, príncipe?, espera.
Digo la verdad, lo cierto,
que si este nublo no viera
el sol que digo cubierto,
yo más contento estuviera.
Ya entenderéis estas dudas.
Vuelve en ti, que estás sin seso.
Yo estoy loco.
¿Aqueso dudas?
Es verdad, que por aqueso
digo verdades desnudas.
¿Qué rigor de airada estrella
te mudó la voluntad?
Cerca está, bien podéis vella.
Él les dice la verdad,
y él se engaña con ella.
Príncipe Jacobo amado,
¿do sientes el mal que ofende
y a mi vivir cansado?
El mal fiero que me ofende
de aquí nace, deste lado.
El rey y reina le tienen en medio de los brazos.
Pero esta es mi desventura,
que aunque mi mal y tormento
nace de aquí, siempre dura.
Deste lado bien me siento,
mas deste no tengo cura,
y por eso de mí ajeno
el mal el alma me saca,
que este lado que está bueno...
me emponzoña el África
contra el lado del veneno
ved si habrá quien me consuele
en tan extraño rigor
por más que galeno vuele
pues nace de aquel dolor
y aquesta parte me duele.
¡Ay, desgracia más cruel!
Mal es grande de improviso.
Yo muy bien fuera Luzbel
que alzarse en el cielo quiso
pero temo a San Miguel.
Si os parece confusión
lo que os dice mi recelo
ya claro la conclusión
que vos sois Dios de este cielo
y San Miguel la razón
por el temor que se encierra
en mí, que es justo, pues que manda
por Dios la razón a tierra.
Jacobo, el furor ablanda
que te ofende, que me aterra,
dinos qué sientes, qué tienes,
hijo querido, señor
de mi reino y de mis bienes,
ven, curarte ha un doctor
porque ese dolor refrenes.
No os canséis ahora después,
rey y padre venerable,
buscando aquese interés,
que es mi mal muy incurable.
¿Que es tan sin remedio que...?
Y pues lo queréis saber vos,
o no me puede curar,
mas no podemos los dos
ni él curar, ni yo sanar,
sino ofendo contra Dios.
Hijo, señor, vuelve en ti,
qué ha pasado por ti ahora
que te tiene y turba ansí.
No me toquéis vos, señora,
pues el rey me toca a mí,
que si no se hallara medio
para mi grande desatino,
mas pues no tiene remedio,
habladme como vecino
pues vivís pared en medio.
¿Que más claro ha de hablar?
Él dice que por su padre
no la puede a ella tocar.
Vos, reina, no sois mi madre.
Sí.
Pues no puedo sanar,
y pues esto es incurable,
dejadme que desespere.
Tenedle.
Caso notable.
Llevadle al lecho.
Yo muero.
Llévanle.
¡Qué es aquesto, cielo afable!
¡Qué crueldad y qué inclemencia,
qué rigores hay, qué daños,
contra mí, invidia, inobediencia!
Queréis al fin de mis años
prueba en mi paciencia.
Secretario, luego al punto,
haced juntar los doctores.
de todo mi reino junto,
porque curen los mejores
y mi fiel hijo trasunto,
en las desgracias, en todo
deste que su padre fue,
pues lo pierde deste modo.
Prométele el reino todo
y mi vida también di,
y, pues de todo mi estado
que es bien que me da, allí
la vida en mi hijo amado
le dé la que vive en mí,
y si pudiere ser más
que todo esto le daré.
Servido en todo serás.
Parte luego,
Luego iré.
Mucho lo sientes.
¿Qué más?
Juntos sentimos los dos.
Mi señor, no os aflijáis,
pues a discreción en vos
nuestros, si bien lo miráis,
son regalos que os da Dios.
Mostrad vos más regocijo,
que quizá no será nada
este mal fiero y prolijo.
A Lucela, esposa amada,
que soy padre del mi hijo
y el dolor me desconcierta,
que es mi carne y sangre igual
muy viva, pues lo despierta,
y ansí más siento allí el mal
que en mí la carne muerta.
Y por su accidente,
siendo menor por eterno,
el mal de un pimpollito tierno
muy mal su tronco lo siente.
Siento que este hijo amado
deste frenesí esta vez
lleva el cielo a mi estado,
sin consuelo mi vejez
y sin remedio mi estado.
Esto siento y lloro yo;
pero pues que Dios lo hace
a él mil gracias le doy.
Eso, mi señor, me aplace,
y de la misma opinión soy.
Vuelve el alma y corazón
al cielo, de do nos viene,
y todo el bien que la oración
a Dios las manos le tiene
en medio de su indignación.
Él es justo y él verá
vuestra justicia, señor,
y luego os remediará,
que el que oye al pecador
al justo mejor oirá.
Y vos lo sois, pues se derrama
vuestra fama esclarecida,
y el rey santo el mundo os llama.
¡Ay, esposa de mi vida!
Con razón mi pecho te ama.
quien con aquestas razones
no se alegra y se consuela
en medio de sus pasiones,
pues tengo una luz, lucela
en medio mis afliciones.
Sale el Secretario.
Cual mandaste, los doctores
han visitado uno a uno
los más sabios y mejores
al príncipe, mas ninguno
le conoce sus humores;
porque no tiene accidente
de calentura, y decía
entre ellos el que más siente
ser grande melancolía
el furor que le da ardiente,
y que no saben la causa
de do proceda este efeto
del hablar cual más discreto.
Miedo y confusión me causa
ver tan estraño sujeto.
Y que ha perdido la habla.
A todos, como prudente,
habla y cuerda y les da oído,
pero el decir lo que siente
pierde la habla y sentido.
Que ningún dotor le halla
remedio.
A todos se asconde
medecina para dalla.
Que a todos habla y responde
y solo en aquesto calla;
algún mal tiene secreto
y le procura esconder
sin duda.
No me harás tú un placer,
pues eres sabio y discreto
y nadie es su más leal
amigo en las ocasiones,
por prudente y principal.
¿Qué, señor?
Que con razones
le saques de qué y su mal
que tiene, que de tal modo
nos muestra su sentimiento.
A servirte me acomodo,
que parte de tu mal siento
en el alma, si no es todo;
que la lealtad que mantengo
pide sentimiento tanto.
Pues si a saber su mal vengo
por tu causa, pide cuanto
en mi reino mando y tengo,
que por más que me pidas,
y por más que yo te dé,
de mercedes muy cumplidas,
contino te deberé,
pues me habrás dado dos vidas.
El Secretario es discreto,
él nos dará este placer.
Tus pies beso y te prometo
de hacer todo mi poder.
Quiera Dios que tenga efeto.
Vanse y sale Jacobo.
Con un dolor batallando
estoy a más no poder
mírome de cuando en cuando
que me vi casando ayer
y hoy veo me han casado
y espántame que me deja
Amor entre mil quimeras
de que mi valor sea queja
pues a un matador de fieras
le ha herido una mansa oveja
y herido de este dolor
que siento cual fiero lobo
hambriento del mal de amor
en la oveja el robo
a no ser de tal pastor
que teme el rigor del hado
la vida será consuelo
pues vivo desesperado
y he de alcanzar aquel cielo
hermoso que he deseado
porque esta como se sabe
causa de que yo no medro
cerrada su puerta grave
que me la cerró San Pedro
a quien Dios le dio la llave.
Entra Atauno
¿Puedo hallarte?
Ay, ¿quién te quite
el hablarme?
Tus excesos
que temer, porque no me asuste
no me dejaste los huesos
molidos como alcrebite
y anoche estando acostado
considerando mis males
me miré y hallé cercado
de veinte mil cardenales
sin haber en Roma estado
durante ya todavía
aquella tiranía de amor.
Por Alimia fría
le di al fuego calor
y faltaba la luz al día
Primero se secarán
el ancho mar, y primero
el cielo el curso perderá
y el león valiente y fiero
de la oveja temblará
Primero las nubes negras
ocuparán las lucientes
estrellas que el cielo encierra
y primero entre las gentes
tendrá fin la dura guerra
Primero la mar y el viento
dejarán de batallar
y primero el elemento
del fuego de calentar
y en la pena habrá contento
y al fin primero en el medio
del viento se podrá basar
que yo deje de querer
y mi mal tenga remedio.
Sale el secretario
Aquí escuchándote he estado
y a según he colegido
señor de lo que has hablado
tú quieres bien y has querido
y vives desesperado
quieres bien y aún sin compás
que es cosa nueva a mi humor
desesperarte más,
porque, aunque quieres, señor,
tú nunca lo alcanzarás.
¿Qué mujer habrá tan loca
que, viendo esa majestad,
a tu amor no se provoca,
midiendo su voluntad
con el aire de tu boca?
En todo cuanto ha querido
hacer el cielo excelente
en talle, rostro y aviso,
pues, a no ser tan prudente,
fueras el mismo Narciso.
La doncella si te mira
y a ti te envía el sentido,
la casada, a quien retira
el más celoso marido,
Dios sabe por quién suspira.
Hombres, niños y doncellas,
por do pasas te bendicen,
y, en efecto, todas ellas
mil alabanzas te dicen,
subiéndote a las estrellas.
Si esto es ansí, señor mío,
y mi alma se abrasa y ama,
no has de hacer desvarío,
pues en Sicilia no hay dama
que te niegue su albedrío.
Di quién es, que te prometo
darte, si no quieres más,
su gusto al tuyo sujeto.
Secretario, no lo harás,
si llegamos al efecto.
¿Cómo no? Dime quién es,
que yo me atrevo a traella
a que te bese los pies.
Es muy bella.
Sea muy bella.
Es muy grave.
Séalo, pues,
y pues que tu mal terrible
me dice fiero de curar,
dímelo.
Todo es pusible.
Y eso no, porque es hablar
querer darme un inpusible.
Si tu pasión es grave y fiera,
y así son todas tus quejas,
y aunque gran gusto me diera
de esa mujer que te quejas,
saber el medio quisiera.
Y solo para saber
en quién pusiste tu amor,
y lo que no puede ser,
dame este placer, señor,
dime quién es la mujer.
Este te dará esa cuenta,
que, como con tanto asombro
me ha dado muerte con violencia,
cada vez que yo la nombro
la herida me revienta.
Dímelo.
Pues te conviene,
porque el sabello te cuadre
y tu deseo no pene,
sabrás que aquel padre tiene
no menos que mal de madre.
¡Qué donosa liviandad!
Siempre has de estar de placer.
Yo te digo la verdad,
y, si no me quieres creer,
haz, señor, tu voluntad.
No creyera tal de ti,
pues tu secreto me encubres;
¿qué es esto cosa que así
a tu criado descubres
has lo de encubrir de mí?
Dilo, que me maravillo
de tu loco amor.
Cosa es
que tanto a mí se sella,
me pesa como después
te pesará a ti decillo,
sabrás que mi voluntad
quiere que ni pueda ser
de la reina la beldad.
No te puedo responder
a tu gran temeridad
y así me parto corrido
de oír cosa tan sin ley
y de haberte prometido
remedio.
Advierte que el rey...
Pues por serlo me despido
y quedo desobligado
que el mismo secreto soy
después de ser tu criado,
y queda a Dios, que me voy
de tu accidente afrentado.
Vase.
¡Mas ligera su balanza
va huyendo diligente,
el mismo viento adelanta!
Que tan fiero es mi accidente
que tanto asombra y espanta.
Ya a las medias igual estás,
de ayer acá pena es verte,
lo que en ti ha crecido has.
¿Tan flaco estoy?
Es de suerte
que no te conocerás.
No te espante, bermejo,
tal con este mi mal fiero
que consumiéndome estoy,
tráeme un espejo, que quiero
verme el rostro.
Voy por él.
Vase.
A ningún hombre mortal
cause asombro la pasión
de la mala inclinación
obrada del infernal,
me mueve aquesta traición.
Entra la reina y dice.
¿Qué tal el príncipe está?
Con tal visita, señora,
¿qué enfermo no sanará?
Salud tengo desde agora
que vuestra vista la da.
Y pues quiero os volver vuestro asiento,
dadme, príncipe, cuenta
de vuestro mal y tormento.
Mi mal siempre me atormenta,
pero viéndoos no lo siento.
Que con verme no sentís
vuestro mal, príncipe amigo,
muy a la clara mentís.
Yo la justa verdad digo,
pero pues vos lo decís,
y por que vos no os afrentéis,
yo miento que no soy mas
que aquello que vos me haceis
basta señor no aya mas
que a fe que ya me correis
pues me an salido a la cara
colores si me mirais
que mi verguenza declara
y con ellos afrentais
del sol la luz bella y clara
por mi fe que me da gusto
que me alabeis
si ese bello
rostro alabo es porque gusto
de que os vengais en aquello
que sois señora y es justo
dejad aqueso y decidme
que es de vuestro mal la causa
que ansí os ofende y oprime
la que mi mal fiero causa
no ayais miedo que lo estime
luego quien os causa el mal
es mujer
como sois vos
y tan bella y principal
aunque quiso haceros Dios
toda sobre natural
creolo que mereceis
dama tan perfecta en todo
cuanto vos la encareceis
pesame que de ese modo
de lo que he dicho os vengueis
que antes es mi pena fiera
por no merecerla ansí
porque si la mereciera
nunca el cielo entre ella y mi
un imposible pusiera
que imposible siendo tal
o rigor sepalo yo
un mandar casi igual
al otro que Adan quebro
que nos causa tanto mal
luego mujer es casada
si ser casada tubiera
solo mi mal no era nada
pues si el marido muriera
quedaua franca la entrada
luego el marido ya muerto
no podeis hacer de suerte
que os caseis
que desconcierto
ni en la vida ni en la muerte
puede hacerse concierto
Príncipe no me direis
quien es esa dama
no
aunque cada hora la veis
luego conoscola yo
como vos os conoceis
que en Cecilia esta
y aquí
donde holgarame de vella
aquesta
donde esta aquí
tan lejos estoy yo della
como vos lo estáis de mí.
El que burlarme queréis
no lo veo.
Cosa es clara
que vos retratar podéis
ver a esta dama la cara.
Luego en vano me fatigo
si de mí tanto se asconde,
mas decid, príncipe amigo,
hablad.
Lo que vos responde
que no entiende lo que digo.
Aparte.
¿Que no me haréis placer
de declararme quién es,
Jacobo, aquesta mujer?
Quizá os lo diré después,
que agora no puede ser.
Que esto con vos no podré,
decirlo, a callar me obligo
por vuestro padre y mi fe.
Por mi padre no lo digo,
creed que no lo diré.
Si halláis por darme gusto,
que por el vuestro haré yo
más de lo que fuere justo.
No me atrevo a decir, no,
por no causaros disgusto.
Pues más no lo dilatéis.
Tiéneme el dolor perplejo.
Primero me enojaréis.
Entra Fausto.
Aquí te traigo el espejo,
mirad os en él si podéis.
Salte allá, pues quieres ver
Apártase.
aquella que causa ha sido
de mi mal y la mujer
que así me tiene afligido,
y mira, y verás su retrato
dentro de aquese cristal.
A mí misma me retrato.
Soy sin duda irracional.
¡Adiós, a mi padre ingrato!
Y que tan grande atrevimiento
quepa en tu pecho, y que tú
tengas tanto sufrimiento,
¿cómo es posible que no
te consuma el firmamento?
Quítateme delante,
bárbaro, fiero, atrevido,
vete, porque tu semblante
de tu pecado vestido
no haga alguno agravio, no espante.
Véteme de aquí, sujeto
de diabólicas quimeras,
sois tan cruel y, en efeto,
fiera mayor que las fieras,
aún guardan ese respeto.
Vete... pero quédate,
que el que va contra su padre
va contra su Dios y fe.
Vase.
Espera, bastarda madre,
espera y te mataré.
Tente, señor, ¿dónde vas?
De delante tú te quita,
que también me enojarás.
¿Qué furia te precipita?
Asele.
¡Suelta!
¡Tente!
Es por demás.
Vase.
Sale el Rey, y el secretario.
¿Que por amor pierde el seso
y no sabéis de quién
está enamorado y preso,
quién le trata con desdén?
No quiso decirme aqueso.
¿Pues por qué querrá encubrillo?
Por dicha es tal la mujer
que conviene no decirlo.
Todo aqueso puede ser,
mas de sí me maravillo
que se quisiese encubrir.
Bien, mas que te lo ha dicho creo,
y no lo quieres decir.
No creas tal.
Lo que yo creo,
es fácil de colegir,
y dímelo, pues es ansí,
que yo sé que te lo dijo,
que si no, te juro aquí
de sabello de mi hijo
y de quejar me de ti.
¿No quieres que te lo diga?
Luego es verdad.
Creeme,
que oíllo, pues se me obliga,
te ha de pesar mucho más
que el sabello te fatiga.
¿Pues por qué me ha de pesar?
Cosa que no es de plazer,
ningún gusto puede dar.
¿Es alguna ruin mujer
con quien se quiere casar?
Eso tu Alteza no crea,
que es la mujer noble y bella,
todo cuanto se desea.
Pues casémosle con ella
luego, aunque muy pobre sea,
que por verle con salud,
gusto dello gozará
en su tierna juventud.
Si lo digo, ¿qué hará?
Todo en mí es inquietud;
sácame de confusión,
dime quién es en efecto.
Decírselo en conclusión
claro es muy poco rrespecto,
valdréme desta invención.
¿No acauas de responder?
Dame el caso gran cuidado,
y si lo quieres saber,
sabrás que está enamorado
tu hijo de mi mujer.
¿Burlas, o aqueso es ansí?
Sin falta.
¿Pues cómo mi hijo,
siendo el caso contra ti,
a ti mesmo te lo dijo?
No sepas más, ¡mes de mí!,
que reviento de pasión
diciéndolo; solo digo
que a pura importunación
me lo dijo como amigo,
demandándome perdón.
Caso es que me escandaliza.
A mí me pone temor.
porque me desautoriza,
mas no me espanta que amor
sin pensar su fuego atiza,
y no hay ninguno seguro.
¿Habrá algún medio
que remedie mal tan duro?
¿A mí me pedís remedio
que para mí lo procuro?
Calla, y no quieras, señor,
buscar medio ni partido,
que aún pensallo da temor.
Secretario, no te pido
que vayas contra tu honor,
ni que tu honor se te quite,
mas que por darme placer
permitas, si se permite,
que mi hijo a tu mujer
de cuando en cuando visite
delante de ti.
Estás ciego.
En que lo estoy,
no se ve.
¿Qué dirá el príncipe luego
que pues te llevo y lo ve
que yo mismo se la entrego?
No cae en ley ni razón,
perdóname, que no puedo
oír más.
Por la afición
con que todo a ti te excedo,
a toda nuestra nación,
que mires, amigo, que es
el remedio de mi vida
y de mi reino después,
dar a tanto mal salida.
Déjame, señor, ¿no ves
que aqueso no puede ser,
y para que se conduza,
si como ama a mi mujer
mi hijo amase a la tuya,
querríaslo tú hacer?
Y si como te digo fuese,
sin aventurar mi honor,
no dudo de que lo hiciese.
¿Y perdonarías, señor,
a aquel que te lo dijese?
Luego.
Pues has de saber
que el príncipe tu hijo amado
quiere y sirve a mi mujer.
¡Ay, hijo mal inclinado!
Vete y di que quiere ver
hoy la reina a sus vasallos
en medio de aquese ejido
hacer mal a sus caballos.
Aparte.
Él se da por no entendido,
que es discreto. Iré a avisallos.
¡Ay, desgraciado suceso!
¡Ay, mal hijo!, y ¡qué mal paga
tu amor al que te profeso!
¿Qué haré? No sé qué haga
en caso de tanto peso,
y déme la suma deidad
de Job, para tal tormento,
paciencia y humildad.
Sale la Reina.
Si tan gran apocamiento,
si tan extraña maldad
si tal mal no remedias
si tanta desobediencia
como rey no castigáis
al fin si de mi presencia
a vuestro hijo no echáis
con la razón que me inflama
os jura mi rey y profesa
el alma que mi rey ama
no comer a vuestra mesa
ni dormir en vuestra cama
jamás me veréis la cara
desde hoy alegre si por vos
tan gran mal no se repara
decidme reina por Dios
toda vuestra pena clara
que en confusión me ponéis
en qué os ofendió qué os dijo
ya os digo que no me habléis
basta tanto que a ese hijo
de vuestros reynos echéis
d'ese bárbaro esa furia
sin ley ni virtud y razón
sin Dios ni fe verdadera
vase
a mal hijo mal varón
nunca yo ese ser te diera
para tanta desventura
sin duda alguna resuelto
de su amor y su locura
con ella se ha desenvuelto
alguna desenvoltura
y si será caso justo
comienzo ahora remediallo
hola
entra criado
señor qué disgusto
llama al príncipe
a llamalle voy
vase
terrible disgusto
estraño caso ha de ser
qué novedad jamás oída
esta que quiero saber
oh hijo bien de mi vida
mas hay honor y mujer
pague mi hijo traydor
mas quién hay que me consuele
si en el estraño rigor
aquí mi hijo me duele
y aquí mi mujer y honor
este aflige este inquieta
y en medio de mi deshonra
la justicia me sujeta
que aunque estraga sangre y honra
que y la sangre más perfeta
pero no puede el dolor
dejar mi vejez cansada
aunque veo que es mexor
tener la mujer honrada
que perder hijo traydor
entra el príncipe Jacobo
aquí me tienes presente
tu voluntad sea cumplida
qué entendimiento has ocupado
aquí ay hijo de mi vida
por mi mal inobediente
quién dejará de llorar
si no le falta prudencia
en tal vara y tal lugar
pues he de dar la sentencia
que a mí me he de condenar
de cuál grave su ser
de razón se cante y diga
que tal pudiese hacer
mas donde es tirano el hijo
cruel su padre ha de ser
él es un hecho inhumano
mas no nuevo pues se vio
en Francia que Carlomagno
que de su hijo firmó
la sentencia por su mano
por lo cual ganó renombre
de justiciero y ansí
ganarlo nadie se asombre
porque esto es vencerse a sí
y lo más que hace el que es hombre
Jacobo esas diez galeras
toma y porque he de ver
tu valor las gentes fieras
pártete luego a correr
del mar las anchas riberas
y no vuelvas donde estoy
hasta que yo te lo mande
tal mando soy padre hoy
verdugo ¡ay dolor tan grande!
como el que padezco hoy
pues vesme que estoy mortal
de un mal que sin fuerza y brío
me tien y mandasme tal
y aún para aquesto te envío
porque alivies ese mal
Señor yo no puedo ir
no me lo mandes
es fuerza
ese indigno de sufrir
éste es favor o desprecio
o te tienes de partir
y no me repliques más
buen trofeo triunfo y palma
Señor a mi historia das
ay que se me arranca el alma
hijo viendo que te vas
y no te partes
Señor digo
que iré de contento lleno
el cielo santo es testigo
que te quisiera hacer bueno
por no ser cruel contigo
pártete luego no esperes
que me enoje
yo lo haré
pues que tú señor lo quieres
posible es que te engendré
y que tú mi hijo eres
no es posible
a que este pago
me da mi padre
Yo no,
ni de tal me satisfago,
porque aunque lo digo yo
yo no soy el que lo hago;
quédate, no digo más,
pues tan obligado serás,
mas vete, pues que te vas.
En efeto me destierras,
pues tú me la pagarás.
fin
suena dentro ruido de galeras Jacobo mahometo Secretario Flavio dice dentro esto que se sigue
Boga, chusma vil, arranca,
y suba de la mar sorda
al cielo la espuma blanca;
ea, canalla, aborda,
que yo daré la entrada franca.
Ea, perezosos viles,
embestid por esta parte,
que en mis brazos varoniles
lleváis un segundo marte,
un cipión y un aquiles.
Aquí, moros, gentes fieras,
defended hasta morir.
Ríndete, moro, no quieras
con solos dos resistir
diez invencibles galeras.
Vuestra ventaja es notoria,
mas a verse mil armadas,
no les concedo esta gloria.
Las galeras son emproadas.
Mahoma, Mahoma.
A ellos, victoria.
Ama loma, fementido.
Date, moro fuerte, baste.
A ti que me has conocido,
pues por fuerte me nombraste,
me quiero dar a partido.
Salen Jacobo, Mahometo, Secretario, Flavio
toma pues mi espada y tente
por el hombre más valiente
pues que se rinde un moro
de quien tiembla todo oriente por su fama y su tesoro
dime tu nombre y quien eres
que he mirado tu calidad
moro no te desesperes
que aquí tendrás libertad
las veces que la quisieres
mucho prometes
más doy
siempre de lo que prometo
bien lo muestra tu sujeto
escúchame
atento estoy
Yo soy Mahometo segundo
rey de Argel famoso y fuerte
primo del gran Solimán
señor de todo el oriente
o por decir bien del mundo
aunque el ser yo su pariente
es lo menos que hay en mí
ves lo más que el turco tiene
casé con la bella Arifa
del rey de África ardiente
que el cielo lleno de estrellas
el sol cuando al mundo viene
el rocío entre los ramos
la blanca luna creciente
el mar manso sosegado
en el verano la nieve
el rubio oro en el crisol
y la plata en el acende
el aljófar en sus conchas
labrado el coral riente
el carbunco con la noche
la rosa entre los claveles
es sombra si se comparan
con su luz pecho y frente
pero quiso mi desdicha
que da en perseguirme siempre
que apenas casé con ella
cuando enfermó de tal suerte
que el nácar de sus mexillas
y los rubíes ardientes
de su boca se han vuelto
en colores de la muerte
no tiene hora de salud
ni hora de contento tiene
los pesares le dan gusto
enfádanla los placeres
amotínanla las fiestas
los saraos la entristecen
de que la hable se enfada
de que la mire se ofende
huye de mi compañía
siendo el alma de mis bienes
más que del día la noche
y del fuego la serpiente
que no he echado de reparos
para curar su accidente
que bevidos y atriacas
un mundo de costa tiene
que de yerbas no he buscado
de virtudes excelentes
que de médicos famosos
de Levante y del poniente
del austro del mediodía
no han venido a guarecerme,
mas entre todos ninguno
hubo que el mal le supiese,
hasta que un moro agorero,
en la mágica eminente,
después de largos estudios,
caracteres y papeles,
me dijo que procurase
el cristiano más valiente,
más noble y más principal
que hallarse en muchos pudiese;
y que dándole a beber
la sangre suya caliente,
luego al punto sanaría
de tan peligrosa fiebre.
Yo, deseando su salud
más que mi vida presente,
mandé armar doce galeras
de bastimentos y gente;
y con el ánimo mío,
que al mismo cielo se atreve,
salí en persona a buscar
a este cristiano excelente,
noble, valiente y hermoso,
y a conquistar juntamente
la mayor parte del mundo,
que en todas partes me temen.
Dos años ha que discurro
este mar bravo, impaciente,
desde el golfo de Narbona
al cabo de San Vicente;
y aunque he cautivado muchos
nobles y bellos a oeste,
ha querido mi desdicha
que en tanto tiempo no acierte.
Murió el astrólogo moro,
habrá cumplido dos meses,
y yo, de corrido, hice
un juramento solemne
de no dormir en la tierra,
ni a mi Arcela el rostro verle
(que así mi esposa se llama),
para su servicio siempre,
hasta salir con la empresa,
aunque la vida me cueste.
Salí con esto de Argel
tres días ha solamente,
y apenas perdí de vista
la tierra que me obedece,
cuando un furioso huracán,
por no alargarme y ser breve,
a todos nos dividió,
hallándome solamente,
acabada hoy la tormenta,
con dos galeras de veinte;
que de las vías seguidas
y alcanzados por mi suerte,
que mala permitió el hado,
que se os rindan fácilmente.
Esta es mi desgracia toda,
yo, cristiano, soy este,
tú quien me has de remediar,
pues el cielo así lo quiere.
Gallardo moro, no te dé
pena lo que sientes y
que te juro por la fe
de quien eres y quien soy,
que en nada te faltaré.
en cualquiera adversidad
será mi fuerte camisa
y dame de voluntad
tus brazos porque este día
confirmen nuestra amistad
Tuyos son brazos y pecho
desde hoy más por vuestra suerte
ya de ti me he satisfecho
que un muro de amistad fuerte
en mí tu término has hecho
y pues que saliendo as
de mi vida fiador ley
lo que me pediste y más
de mí te llevo
fuerte eres
mas despacio los abras
que a más te pienso servir
si tú vives y yo vivo
solo te quiero pedir
manda
que por mi cautivo
a tu mismo reino has de ir
que me importa
Yo te juro
por mi Mahoma sagrado
cuya ley guardar procuro
y como Rey te aseguro
que tu cautivo seré
todo el tiempo que de vida
el santo cielo me dé
ya tu palabra cumplida
veo mas doy te mi fe
que he de obedecerte en el
bogo Argel
Sea ansí
mas a qué quieres ir a Argel
no llevo su mujer aquí
pues seguro va con él
Vanse.
Vanse y sale Arala mora y Zardán moro.
vete moro mal nacido
que te vas del pie a la mano
vete cobarde atrevido
vete vil vete villano
altivo y descomedido
vete engreído mozuelo
vete morisco arrogante
el más inútil del suelo
vete encantado gigante
que te opones contra el cielo
vete no pares aquí
moro atrevido y grosero
yo dije a Arala a ti pues
sino que te adoro y quiero
y en esto no te ofendí
eso dices enemigo
todo mi honor aniquila
tu querer a quien maldigo
mira Zardán que soy Arala
tu reina y esto te digo
Por si por ventura entiendes
que soy alguna mujer
de las moras que pretendes
lo que me has de agradecer
señora me reprehendes
Y ha se visto igual locura
yo el agradecerte moro
tan grande desenvoltura
Si pues decís que te adoro
es alabar tu hermosura
Y alabar ese sujeto
es con alma y voluntad
y decir verdad en efecto
y en decirte la verdad
yo no te pierdo el respeto
Y muy de sofístico arguyes
mas no miras que este escudo
y con verdad de ella huyes
lo que hay de ti a mí que es mucho
y lo poco que concluyes
Porque aunque eres de los buenos
mis archivos aquí
de tus hechos están llenos
no te has de igualar a mí
un vasallo siendo menos
Muy de verás a eso vas
si lo miras primero
antes lo agradecerás
pues siendo menos te quiero
para que me hagas más
Si acaso un moro que ansí
de infame casta desciende
di que es mi deudo di
de que serlo el tal pretende
es bien agraviarme a mí
Sí
Tu parecer es cruel
que a un rey se le debe honor
a su intento honrado y fiel
pues publica mi valor
en quererse honrar con él
Famoso el mundo me nombra
pero yo en nada me estimo
antes es verdad que asombra
y ansí a tu árbol me arrimo
porque me ampare tu sombra
Árbol eres y no bruto
del modo que mejor puedas
dame agora este tributo
que no porque me concedas
la sombra me das el fruto
Y deja aqueso y mira agora
que te dejo por mi guarda
el rey
No le seas traidora
dejar el manjar en guarda
de la hambre mi señora
No es muy justo padecer
estar junto del manjar
y dejarlo de comer
pudiéndose aventurar
y llegarlo a merecer
Y mira mi pena crecida
que en llamas de afición
el alma siento encendida
deja aquesa pretensión
o te haré quitar la vida
entra Tarif
Reina, diez rotas galeras
de las veinte que ha llevado
el rey, rotas, sin banderas
a tomar puerto han llegado
a nuestras temidas riberas
¿y viene el rey en ellas?
no,
dicen que en una tormenta
que tuvieron se perdió
y así no saben dar cuenta
si está vivo o se anegó
vase
que algún tiburón le coma
sus entrañas, y no amargas,
ruego a mi santo Mahoma
entra Bame
Con diez galeras cristianas
puerto el rey, mi señor, toma
dame albricias
pues, ¿qué dices?
digo verdad
puedesme, reina, creer
el sol tras la tempestad
y tras el pesar el placer
y dame, señora, licencia
para ir a recebirlo
vete y ten de amor prudencia
vase
desde el mar viene volando
por recibir de tu mano
las albricias, en llegando
si traes mi bello cristiano
todo mi reino te mando
mas, ¿cómo ha de ser posible
que con dos galeras, diez
rinda, su esfuerzo invencible?
esta es la primera vez
que él ha hecho este imposible
y no conoces a tus manos
la grande opinión que tiene
entre todos los humanos
aquí acompañado viene
de moros y de cristianos
entra Mahometo y Jacobo y moros
Con las alas del deseo
reina, volando he venido
gracias al cielo que os veo
vivo estáis, rey y marido
aún lo veo y no lo creo
y que me turbó en este punto
una nueva desabrida
casi el corazón difunto
pero luego me dio vida
otra que me vino junto
¿cómo venís? ¿qué tormenta
fue aquesa que me la dio
en el alma tan violenta?
tiempo fue que se pasó
no hay que hacer dél cuenta
holgaréme de sabello
¿Y este cristiano, quién es?
Mi dueño.
Huelgo de vello,
dueño.
Sabréislo después.
Por mí, si el cristiano es bello.
Soy vuestro humilde vasallo,
y de mi señor, el rey.
Alcaos, podéis respetallo,
que es mi rey por justa ley.
Respetallo y adorallo,
y quien viéndole le ha querido
tanto que ya por él ardo.
Tus manos, señora, pido.
Vos seáis, cristiano gallardo,
dos mil veces bien venido,
y, Alcaos, mandadme a mí.
Habré de ser importuno.
Acabad, Alcaos, de aquí.
Ya no siento mal ninguno
después que al cristiano vi.
Ya sabéis que sois mi dueño,
y que soy vuestro cautivo,
de que está mi fe en empeño,
y a vuestro valor altivo
cualquier servicio pequeño;
cautivo soy de esa mano,
y tanto me huelgo dello,
como gloria en serlo gano.
Quién no se holgara dello
de tan divino cristiano.
Has parecido bien.
Falsa, el cristiano, ¿qué tal
estás mirándole?
¿A quién ha de parecer mal?
Arabia cruel, desdén,
y que por un cristiano ya
me menosprecies a mí.
Calla, que te costará.
¿Qué te costará a ti,
si se sabe el canto allá?
Jacob
Y porque entiendas con las verás
que pretendo tu amistad,
antes que mi intento infieras,
te doy, señor, libertad
y te entrego mis galeras;
y dispon dellas desde hoy,
de cualquiera suerte y modos,
y porque veas lo que soy,
también mis soldados todos
por tus cautivos te doy;
y hacerles prisiones luego,
ponles hierros y ponles clavos,
calzados a sangre y fuego,
que para ser tus esclavos
cuatro mil soberbios te entrego.
Y no tienes de qué dudar
que lo que he dicho haré.
Pues si más haces que hablar,
perdóname si dudé,
que pude muy bien dudar;
y más, pues que te satisfaces
de mi nobleza andaluza.
de mi duda hagamos paces
que haré más de lo que dices
sederi príncipe que haces
príncipe es este cristiano
por tal le obedece y jura
todo el reino ciciliano
y eso más tiene
perjura
suéltate
calla, villano
Y pues me haces la amistad
que es propia de un caballero,
con tan larga voluntad
te respondo a lo primero
que no quiero libertad,
porque tanto te adelantas
con tu gran valor, que quedo
corto por las luces santas
y ansí aunque quiera no puedo
con obligaciones tantas.
Pues si se mira, en mi vida
dos veces en esta dada
rindes la voluntad mía,
una vez con el espada
y otra con la cortesía.
Vivir quiero en tus prisiones,
pues así de deuda salgo,
que son gruesos eslabones
para un pecho que es hidalgo
palabras y obligaciones.
En lo de tu gente es llano
que lo haré cual me mandas,
que por lo que en ello gano
yo mismo por mi mano
mas por que tú me lo mandas
que por lo que en ello gano
estimo tu buen intento
pues por hacer lo que debo
voy a hacer lo al momento.
Quédate, Alejandro nuevo,
en obras y pensamiento.
Prospere el cielo tus bienes.
Son los tuyos a esta cuenta
como muestras te entretienen
con la reina.
Estás contenta con esto.
Ardaz, ¿no vienes?
Soy yo menester allá.
Siempre lo eres.
¡Ah, cruel!
¿No vienes?
Tras ti voy;
al fin te quedas con él.
Pues qué quieres.
Vase.
Bien está.
Cristiano discreto y bello,
que ya por mi dueño trato,
de los cielos un retrato
desde los pies al cabello,
pues eres tan principal,
tan estimado y valiente,
fuera de tu natural
escúchame atentamente
y sabrás todo mi mal.
Ya habrás sabido que soy
hija del rey de Marruecos,
tan estimado en el mundo
como la luna en el cielo,
pues sabrás que de mi fama
muy enamorado y preso
me pidió para su esposa
el rey de Argel, Mahometo,
aunque pedido me habían
muchos reyes estrangeros,
que a mi retrato adoraban
como a su Mahoma eterno,
ordenó la suerte mía
que, de sus heroicos hechos
aficionado mi padre,
le recibió por su yerno.
Dimos palabras y manos,
hiciéronse los conciertos
y, al fin, casada con él,
por otro moro severo,
estando para partir
de Tetuán a este reyno
con gran pompa y magestad
y honroso acompañamiento,
un alfaquí, mi pariente,
en la música un estremo,
que procuraba estorbar
mi infelice casamiento,
a solas llegó y me dijo
que ya que mi hado fiero
me crió tan desdichada,
que bien acertó en aquesto,
por Mahoma me pedía
con gran encarecimiento
que huyese cuanto pudiese
de no hablar cristiano bello,
porque hallaba por su ciencia
que por un cristiano bello
había de negar mi ley
y hacer contra Alá un mal hecho.
En mal hora me lo dijo,
que en mí se engendró un deseo
de ver aqueste cristiano,
causa de mi perdimiento.
Creció el deseo y nació
del gran deseo de verlo
apetito de gozarlo
y de gozarlo el quererlo.
Navegamos Argel,
no con el pensamiento,
todo el mundo navegaba
rastreando mi amor nuevo.
De tal suerte la afición
encendió en mi pecho fuego
y de tal suerte sentí
de amor el dulce tormento,
que cuando llegué a los ojos
de aqueste mi esposo fiero,
si fue del cielo mi rostro
era entonces del infierno.
Procuréme mil reparos,
pero fueron sin provecho,
que siempre estuve mortal
por ser mi mal sin remedio,
hasta que un día hordené
con un moro hechicero
que dijese que, buscando
un cristiano noble y bello
entre los que lo son más
el más valiente y discreto,
dándome su sangre hidalga
en algo a bever, que luego
sanaría de mis males.
Hize aquesto con intento
de que trayéndome nuevas
el mío vendría en pos dellos,
díxoselo el moro al rey,
y el rey al punto oyéndolo
salió en persona a buscar
el cristiano caballero.
Yo, porque no se siguiese
algún desastre secreto,
al moro astrólogo hice
dar la muerte con veneno.
Dos años ha que no para
mi esposo, por su mal necio,
con veinte galeras suyas
de sulcar el mar soberbio,
cautivándome cristianos;
y aunque he visto muchos buenos,
a ninguno me he inclinado
como a ti, cristiano bello,
pues desque te miré
en el alma te adoro y quiero,
y por ti negaré a Alá;
por donde colijo y veo
que eres tú, cristiano, aquel
que me dijo el sabio viejo.
Yo te adoro, no me olvides,
que soy tuya y tú mi dueño.
La causa de tu mal fiero
me huelgo de haber oído,
por la fe de caballero,
pues a tu propio marido
haces de tu mal tercero;
mas, ¿qué no haréis las mujeres
para conseguir el gusto
de vuestros varios placeres?
Lo injusto haremos justo
para conseguir el gusto
de mí, agora, si me quieres,
que anublado el ciego Dios,
mientras respondes, estoy.
Digo, reina, que colijo
que te engañas, que no soy
el que el astrólogo dijo;
pero puesto que lo fuera,
el ser de contraria ley,
que ya es la ocasión primera,
y estando por medio el rey,
con fe de amistad sincera,
y también no haber jamás
querido mujer, impide
saber, siendo por demás,
lo que tu lengua me pide.
Al fin, ¿que no me querrás?
Digo que te serviré
y querré de voluntad,
no yendo contra mi fe,
ni quebrando el amistad
que a tu marido juré.
Si porque eres tú cristiano
y también porque soy mora,
te muestras tan inhumano
a lo que el alma te adora,
yo te doy palabra y mano
de adorarte eternamente,
y trataré de me volver
a esta tu ley excelente,
que, amándote, no es bien ser
de ti en nada diferente.
cautivarme, y ansí
se cumple del adivino
lo que pronosticó en mí,
aunque cristiano, contino
siempre aficionada fui,
lo que toca a la amistad,
por cuya causa no puedes
venir con mi voluntad;
digo, que de amigo excedes,
pero es grande necedad,
que si todos confesáis
que le debéis infinito
a Cristo, a quien adoráis,
y por solo un apetito
sus mandamientos quebráis;
como el cielo santo ve,
y es verdadero testigo,
porque quieres más, porque
guardar la fe de un amigo
que de vuestro Dios la fe.
Y mucho sabes.
Bien espero
más amor del que me ofreces;
seme manso, no seas fiero;
si acaso no me aborreces
por lo mucho que te quiero.
Seamos amigo, cristiano,
que soy cristiana y no mora;
muestra, dame aquesa mano.
Acaba,
vete, señora,
que es todo cansarte en vano,
cogiendo el aire sutil;
porque yo no te parezco,
aunque tu talle es gentil,
todo a gusto, y más merezco
por querer a un hombre vil.
Cruel causa de mi daño,
tan presto quisiste hacer
que viese mi desengaño.
Eso me has de agradecer,
pues pudiendo, no te engaño.
¿Que no me quieres?
No, mora.
¿Ni me has de querer?
Jamás.
Lloraré contino.
Llora.
Yo soy muerta.
Viva estás.
¡Ah, falso de alma traidora,
así desprecias mi fe!
Déjame de importunar.
¿En qué te ofendo?
No sé.
Yo te mandaré matar.
Mátame.
Así lo haré.
Entra el renegado Romero y Zardán.
Todo queda negociado,
del modo que lo mandaste,
que para mí su mandado
y el de Mahoma
baste;
que mejor soy vuestro criado.
Ya sabes mi estómagno,
que esta mi vida es beber
la sangre de aquel cristiano
más noble que pueda ser,
más valiente y cortesano.
Zalo se
pues sigun beo
nadie es mas noble y baliente
en las señas que mea dado
aquel biejo agorero
ques este el xpiano honrrado
que buscas y yo deseo
pues sauida su birtud
nadie es mas noble y baliente
en su tierna jubentud
y ansí su sangre caliente
pido para mi salud
mandalo degollar luego
miraras pues que no bienes
vengo con lo que te ruego
que dizes reyna que tienes
y o pides
yo reniego
de cuantas mujeres ay
no avia hora que lo queria
dando uno y otro ay
y a le mata infeliz día
del que en vras redes cay
que te espantas de que pida
la vida deste xpiano
que me la as de dar cunplida
si pues me a dado su mano
todo su honor y otra vida
luego no haras señor
lo que pido
si es tu gusto
pide me el enperador
de rroma cesar agusto
la vida del gran señor
el rrey de españa el de Hungría
el de francia y negro ponte
cuantos tienen monarquia
en todo aqueste orizonte
del oriente y medio día
y que te los daré en tu mano
para que dellos dispongas
por mahoma soberano
reyna como no te pongas
en pedirme este xpiano
no quiero eso este a de ser
otra cosa se me pida
por ti
mas debes querer
deste xpiano la vida
que no la de tu mujer
en ante lo e de estimar
por amigo
pues yo espero
que muerto me lo as de dar
eso será si yo quiero
que soy quien a de mandar
ya sabe el rrey que a jurado
por su Dios y por su corona
que en todo argel y su estado
como su misma persona
avia de ser rrespetado
y cuando le cautive
digo que es berdad y que a de ser
asi de que alay testigo
pues con aqueste poder
pena de graue castigo
te mando a la rreyna que mas
de pedirme eso no trate
obedecido serás
deja aquese disparate
arcila o me enojara
que si el mandado quebrantas
abrias de pagar la pena
Juro por las luces santas
un cristiano me condena
Tantas desventuras tantas
Tal tratas de esa suerte
Y confesauas no a un hora
quererle no as de entenderte
luego no le quiero ahora
Pues como buscas su muerte
mira tu por que será
será porque enamorado
de otra a ti no te querra
Todo lo ordeno a mi hado
mas el me lo pagara
siempre hallaras verdaderas
mis palabras de otomano
Subirante a las esferas
asi como eres cristiano
fueras moro lo que fueras
no te de aquese pesar
que presto verás cumplido
tu deseo singular
pues de mi padre ofendido
a mi Dios quiero negar
Y ansí dejando la mía
quiero vivir en tu ley
no lo creo de alegría
no pues tu lo verás rey
antes que se pase el día
que como aquesta ocasión
siendo ya mi prisionero
te trage yo en prisión
a tu tierra y asi quiero
ponerlo en execucion
Por eso da orden agora
para que se pueda hacer
Vamos pues luego a la hora
que estoy loco de plazer
ay cristiano
ay bella mora
Vanse Y salen octauio Y el secretario
a esta huerta me an echado
a traer con una bestia
estiercol y con ser criado
oficio es de harta molestia
pero si lo ordena el hado
que e de hacer sino dar
gracias al sumo hacedor
del cielo tierra y el mar
pues siendo yo pecador
me a querido regalar
un oficio en que travajo
dilo a las costillas mias
pues con andar siempre bajas
me hacen todos los días
en ellas un leño rajas
Pesia a la infame quadrilla
sarnoso mahoma malo
que fuerzas tiene sencillas
vive Dios que dan un palo
que hunden una costilla
y al más valiente derrienga
paciencia
de un monacillo
cuerpo de Dios en mí venga
no basta que he de sufrillo
sino que paciencia tenga
y repórtate no hagas tal
y dime quién te compró
que así te trata tan mal
un perro que no comió
puerco fresco ni con sal
y muy vecino soy de ti
que mi dicha lo acierta
porque sirvo a un albañí
que labra de aquesta puerta
la casa que ves allí
doyle ripio y pedrería
a la mano y si se enoja
contra la paciencia mía
más ripio contra mí arroja
que le doy en todo el día
en Dios y en su madre espera
con paciencia
no me basta
sino lo compro a una hornera
pese a la mala casta
si en Cecilia lo cogiera
si tendrá este cruel
en prisión o habrá muerto
a nuestro príncipe fiel
mucho holgara saber cierto
lo que Dios ha hecho de él
o cuando el rey desdichado
sepa esto de su hijo
no sé un moro renegado
por cosa cierta me dijo
que él mismo nos ha entregado
¿creeslo, Stauy?
yo
que no puedo decir eso
que lo oí y lo confieso
de un hombre que renegó
que de un príncipe el mejor
y el más cristiano quizá
creer aqueso es error
estará servil o está
cual nosotros opreso
y quieresle tú argüir
que nos vendió, es tan gran yerro
que no se puede sufrir
y aunque lo dijo aquel perro
tú no lo habías de decir
lo cierto es que el rey cruel
a quien por dueño confieso
al fin como rey infiel
a él y a todas nos ha preso
solo por vengarse de él
luego que vio el juramento
de le guardar el decoro
como a moro
Donde cuento
pedir la palabra a un moro
es pedir firmeza al biento.
¡A, perro Mahoma! ¿Así
en vuestra tierra se miente?
¡A, señor, triste de ti!
Mas ¿dónde va tanta gente?
Retírate, Stavio, aquí.
Retíranse. Salen los moros de dos en dos, y luego en medio el Rey y la Reina, Jacobo, de moro.
Bien, valor comprehendo,
valiente y noble sultán,
que has de ser lo que entiendo,
otro famoso Otomán
de cuya casa deciendo.
Escusemos cumplimientos,
Rey, que os tengo de servir;
quedaos.
A vuestro aposento,
noble sultán, habéis de ir
con este acompañamiento.
Vase.
Vanse con el acompañamiento.
¿No es aquel, va bestido
de moro al lado del Rey,
nuestro príncipe querido?
Sí.
Si a negado su ley...
¿Ves como él nos a vendido?
Aún no lo puedo creer,
hasta que me vea informado.
Dese lo puedes saber.
¿No me diréis, niño honrado,
qué es esto y qué quiere ser
tanta multitud de gente?
Es que el príncipe, resuelto,
de la Cicilea valiente,
dejó su ley, y se a vuelto
a Mahoma omnipotente.
Dios no pierda, entretanto,
lo más que el alma desea,
que al que está presente, espanto,
que uno me niega, gran dea,
gracias con Mahoma santo.
Vase.
¡A, mancebo libre y loco,
que a hacer tal desatino
te has arrojado en tan poco!
Hallarás un mar contino
de lástima me provoco,
¡ay, señor!
Amigo Stavio, ¿lloras?
Y con justa ley
lloro y justamente clamo,
viendo aquí sin fe mi Rey,
y allí a mi Dios agraviado.
Que pierda de Dios la gracia
un mozo que el corazón
le daña con eficacia...
Yo no lloro mi pasión,
por llorar esta desgracia.
Y porque toca de amar
que no quieres que me ablande,
lloremos, pues, sin parar
ambos, porque mal tan grande
mucho se deve llorar.
mas el viene acompañado
de un moro
aquí nos estemos
retirados a este lado
y si nos habla veremos
andas en todo acertado
Sale Jacobo y Ardaez
primeramente te digo
gran sultán por aquel nombre
tan buen intento bendigo
que entre todos ningún hombre
será mas que yo tu amigo
por que desde oy es mi oficio
servirte con alma y vida
que otra cosa no codicio
y asi la tengo ofrecida
toda para tu servicio
y por eso mandame y prueba
lo que te he dicho aunque es
cosa para mi bien nueva
pide que bese tus pies
y lo hare que es harta prueba
y si duda en ello pones
pruebala ya por que pienso
hacer mas
deja blasones
que ya me tienes suspenso
moro mis obligaciones
si algo me quieres manda
para servirte naci
ay quien nos pueda escuchar
dos cristianos ay allí
hazlos sultán apartar
a cristianos
a paganos
con eso nos menosprecias
mas dicen tus dichos vanos
que de serlo no te precias
pues que nos llamas cristianos
en que veis que no me precio
de serlo
en que no conoces
a quien te redimio
necio
en que nos llamas a bozes
cristianos por menosprecio
conoceisme
cuando fuimos
tus vasallos en Chipre
cristiano te conocimos
y agora nos pareciste
que tu voz en otro oimos
hecho un Judas por tus manos
vendiste como sea visto
quatro mil y mas hermanos
pero aquel vendio a Cristo
y tu a Cristo y sus hermanos
no te conozco cruel
después que dando un trabuco
falso bajel traxe infiel
que con hojas de sauco
quien conocera el laurel
porque eres en conclusion
después que obstinado pecas
contra Dios y la razón
arbol inxerto que truecas
la corteza y corazon
en que dime te ofendí
deste en grande a servidum[bre]
que tal nos tienes aquí
no me habéis bien conocido
pues que me habláis ansí
¿sabéis quién soy? pues yo soy
un mago que abaja al suelo
contra los cristianos hoy
soy el azote del cielo
que va en perseguiros voy
soy quien no tiene segundo
y poco en aquesto digo
soy de quien tiembla el profundo
soy el mayor enemigo
que crio contra sí el mundo
pues ¿qué causa te movió
dime a traernos aquí?
el enojo que me dio
en desterrarme de sí
el padre que me engendró
pues si tus padres sabemos
que ese enojo dado te han
¿quieres que todos lo paguemos?
sí que el pecado de Adán
cuantos son los padecemos
¡ay, mocedad engañada!
todo esto puede hacer
si quien trata vida honrada
pero por qué echas de ver
la nobleza acrisolada
hazme cualquier vituperio
dame con la vida muerte
trabajo por refrigerio
que siento mucho más verte
sin Dios que mi cautiverio
buelve a ellos
de ira me abraso
viéndolos tan descompuestos
quitarte sultán
vanse
paso paso
que el castigo para estos
es no hacer dellos caso
salíos ambos allá fuera
o os haré quitar la vida
salid canalla parlera
ya no hay quien hablarte impida
escucha mi pena fiera
sabrás que amo el cielo eterno
de la mesma sin recelo
cielo mas ten buen gobierno
que otro cielo tan hermoso
me ha bajado a mí al infierno
ardiendo
por querer
dejé padre, dejé estados
y negué de Dios el ser
que un amor desatinado
todo aquesto puede hacer
y al fin
siempre mi amistad
esta bella mora ha sido
tratada con crueldad
y como della he sentido
que te cobra voluntad
te he venido a suplicar
pues eres discreto en todo
que para más me obligar
no la hables en ningún modo
aunque ella te venga a hablar,
que si lo haces te prometo
que en mí tendrás un esclavo
a tu obediencia sujeto,
ea, sultán fuerte y bravo.
Sabio eres, noble y discreto,
y pues sabes lo que es
verse un hombre despreciado
del modo que a mí me ves,
hazme este favor sobrado
y dispón de mí después.
Espántome que me pidas,
Ardaz, un moro valiente,
con ofertas tan crecidas,
mercedes que fácilmente
te pueden ser concedidas;
si no quieres más que aquesto,
seguro puedes estar
por esta ley que profeso.
A tus pies me quiero echar.
Ardaz, no hagas eso,
porque tu merecimiento
no lo permite.
Pues toma
aqueste abrazo en descuento,
y quédate con Mahoma,
que voy loco de contento.
Vase.
¡Qué contento que va ahora
con lo que le he prometido,
el petardo que enamora!
Pues porque él me lo ha pedido
he de hablar a la mora,
no porque yo la he de amar,
ni sus prendas me cautivan,
mas por hacerles pesar,
y de todo lo que me privan
procuro siempre buscar.
Y no escapará ella bien
de mis manos, porque es tal
mi diabólico desdén,
que deseo hacer mal
a los que me hacen bien.
Entra Arcila, mora.
Cruel forastero.
Siendo yo a tu gusto fiel,
un justo nombre me das,
pues cuanto he sido cruel,
soy humano mucho más.
¿Luego ya me quieres?
Digo que te adoro.
Según eso,
a mi ventura bendigo,
¿que eres mío?
Soy tu preso.
Pues dame un abrazo, amigo.
Dámelo.
Quítate allá,
que puede venir alguno
y abrazados nos verá.
Calla, no vendrá ninguno,
que Mahoma no querrá;
dame un abrazo suave,
quitarásme mil enojos.
Ello es para mí sarna grave,
mas pasarélo a cierra ojos,
como se bebe un jarabe.
Ay, brazos, dulces instantes,
para mí ya es hora entera.
Que no hubiera un Dios que antes
en uno nos convirtiera,
como aquellos dos amantes.
Bueno estaría yo.
Mi amor,
cuando quieres que despacio
goce de aqueste favor...
¿Dónde?
En mi palacio.
¿Cuándo a ti te esté mejor?
Burlas.
Soy muy verdadero.
Pues aunque algo seria notes,
dentro en mi retrete quiero
que vengas a medianoche.
A la medianoche espero.
¿Quiere holgarse?
En extremo,
pues con solo aqueste abrazo
ya por ti me abraso y quemo.
Basta.
Aparte.
Mas temo este plazo,
que de una batalla temo,
primero la he de esperar,
que vea tal no echa de ver.
Esta galga de cazar,
que la doy este placer
para dalla un gran pesar,
pues ella lo verá presto.
Entra Mahometo.
Oh gran Sultán, oh mi Dios,
en cuyo cielo estoy puesto,
¿qué es lo que tratáis los dos
juntos en aqueste puesto?
Tratamos del nuevo estado;
dígole que se halla bien,
y respóndeme tan bien,
que grande amor le he cobrado.
Luego no le quieres ver
muerto como aqueste día,
ni ya su sangre beber.
Aparte.
Yo me sacaré la mía
si para él es menester,
pues yo, aunque morir le viera,
de mal de rabia confieso,
que no una gota le diera.
No la aprovecha aquesto,
que tengo entrañas de fiera.
Huélgome, amigo Sultán,
que de Arcila los rigores
ya en tu favor están.
Son aceros, son favores;
yo soy la piedra imán.
Tienes dichosa fortuna,
que con ella subir puedes
hasta el cuerno de la luna.
Hacesme muchas mercedes;
tenmellas, me has de hacer una.
¿Qué es?
Como yo soy inclinado
a correr la sierra y mar,
desde la edad de soldado,
no puedo resosegar.
en el ocio afeminado,
y casi licencia te pido
para salir a correr
el mar anchuroso y hondo.
Pues licencia has menester.
¿Qué dices?
Lo que has oído.
Escoge de esas riberas.
Si el que en gusto sultán fía
o de bajel a galeota gracia ten blanda
las naciones extranjeras.
Luego me quiero embarcar.
Aparte.
Causador de mis enojos,
¿adónde vas?
Voy al mar.
Si el mar buscas en mis ojos,
te podrás más bien hallar.
Adiós, rey.
Si así te vas,
la palabra que me diste,
¿cómo me la cumplirás?
Bueno, luego me creíste.
Sí.
Vase.
Pues no me creas jamás.
No eres, Mahometo, prudente,
pues cómo así dejas ir
a un hombre moro aparente.
No ves que se puede ir
con toda tu armada junta
y aún por dicha a tu argel,
solo con esa esperanza,
que en ser cristiano es cruel.
Atala, más confianza
ten, si no la tienes de él,
que es sultán y caballero
en sangre y en majestad.
Y esta contrata ligero,
en los nobles la verdad
segura es de adulterada.
¿Qué confianza he de tener
aunque ya noble cosa,
de un hombre que vendió ayer
sus vasallos, de que hoy
se deje así de vender?
Y tal, que parta un moro luego
a decirle que no vaya,
mira, rey, que te lo ruego.
Ya de medida se pasa,
pasa tu desasosiego.
Y que tú me celo y temor
siento por cosa muy dura,
porque vas contra mi honor
en temer lo que asegura
mi voz de su valor.
Si tuviera esa intención,
no de negar su ley,
no hubo buena ocasión
teniendo cautivo a un rey,
el mejor de su nación,
por dicha estaba arrepentido
de vivir en la ley mora,
por su amor compelido,
y quiere valer ahora
lo que amó, no abras querido.
Esto no puedes decir,
vez que no lleva camino.
No me tienes que argüir.
Digo que es gran desatino
querer aquesto inferir.
déjate de sospechar
pues tan buen ingenio alcanzas,
lo que me ha de dar pesar.
a cómo las confianzas
suelen más a mozo dañar
ya me amohinas con go
bierno que estás insufrible
vase
al menos está sin seso
ay enemigo terrible
que por mi daño confieso
que te vas de quien te ama
quién de mi pena que es mucha
mirad mi amorosa llama
espera traidor escucha
una Olimpia que te llama
yo quiero subirme en un alto
zarzalejo de querer
a mi balcón donde trato
mis pasiones para ver
partir un Eneas ingrato
vase
salen el Rey y la Reyna de caza
como está en la caza creo
que a vuestro gusto se traza
a mí me va mejor que deseo
pues en medio de la caza
continuo a mi lado os veo
basta esposa y mi señora
porque me hallo venado
ya de vuestra cortesía
los monteros se han tardado
que ya sea pasado el día
y no vienen donde fueron
un gamo tras los lebreles
por el monte siguieron
ansias me han dado crueles
fies por ver que nos perdieron
y sé que con brevedad
volverán sino embaraza
viniendo la escuridad
Dios nos la caza
volvamos a la ciudad
no la caza, Rey, no verme
perdida en el monte agora
es bastante a entristecerme
sino que tan bien agora
tomo de placer da pena
qué es lo que sentís
no sé
que la pasión me enajena
oíd el cuerno tocaré
por que vengan
no era buena
mas yo tengo por mejor
por más seguro y más cierto
que no toquéis señor
porque el son que en un desierto
suele aumentar el temor
y como estoy temeroso
os pido que no hagáis tal
El hijo mal inclinado
Salen Jacobo, Tarife y Lamete.
¿Qué es la presa?
Un cristiano,
rico y noble al parecer,
de buen talle, aunque anciano,
y una tan bella mujer
como el cielo soberano.
Mucho me holgara de vellos,
siendo con tanta excelencia;
la cristiana vale por ellos,
Lamete, ante mi presencia.
Al momento voy por ellos.
Vase.
¿Cuánto estaremos de Argel?
Treinta millas estaremos.
Entra Lamete con el Rey y Reina.
Veslos aquí.
¿No es aquel
mi padre?
Reina, ¿qué vemos?
¿No es mi hijo aqueste infiel?
Elevados se han quedado
mirándose sin sentido;
como fue de aqueste estado
rey, habránle conocido.
Y ábranse en verle espantado
Yo he hallado lo que deseo.
Qué mira más puede ser,
mírote, porque en ti veo
lo que nunca pensé ver,
pues lo veo y no lo creo.
Caso es aqueste notable
vengo de ver si lo alcanza
la vista a verlo palpable.
Es del tiempo una mudanza
aunque es del tiempo mudable.
Mudanza del tiempo incierto
puede a ninguno espantar.
Sí que es grave desconcierto
salir el hombre del mar
a buscar agua al desierto.
¿Quién es aqueste luciano
que a tal cosa se ha resuelto?
Un mal hijo, un mal cristiano
que a Mahoma se ha vuelto
y es a moro un pagano.
Por dicha tuvo ocasión
para negar padre y fe
fue mala su inclinación
también yo a Cristo dejé.
Pero tuve gran razón.
Yo en ella de ti me quejo
razón para ser infiel.
Si un can maldito, un viejo
un tan mal padre y cruel
por quien de Cristo me alejo,
con un intento malvado
no mereciéndolo yo
por una mujer mandado
sin causa me desterró
de su reino y de su grado.
Por esa misma ocasión
hizo aqueste el mismo hecho
contra Cristo y su pasión
mas fuele dado el despecho
con justísima razón,
que por la que cometió
debía mil veces morir.
¿No lo mataste?
De lástima.
Hase de reír
el de aquesto como yo.
Si su hierro fue tan fuerte
gran locura fue cautivo
desterrarle de esa suerte
pues por dejarlo tú vivo
él quizá desea tu muerte.
Tú anduviste necio y tosco,
conocesme, habla, di.
Si acaso te conocí
ahora no te conozco.
Mas tú conocesme a mí.
No juraré, así me goce,
que a ninguno de los dos
conoce.
¿Quién me desconoce
más? Quien no conoce a Dios.
menos a mí me conoce.
Apártanse.
Salíos vosotros allá,
ea, pues hablemos claro,
pues yo a quien os desgaza,
viejo infame, viejo avaro,
¿en quién la malicia está?
Padre vil, padre traidor,
juez cruel, hombre sin honra,
triste viejo, sin valor,
cuyas canas son deshonra,
como en estotros honor.
¡Fiera y dura senectud,
que quisiste enternecerte
con mi tierna juventud,
pues dándome a mí la muerte,
procreaste tu salud!
Acuérdate de aquel día
que me desterraste, viejo,
y tu mujer, ¡oh arpía!,
de quien al cielo me quejo,
madrastra y enemiga mía.
Si no te acuerdas también
de la cólera infernal,
de la saña y del desdén
con que me trataste mal,
porque yo te hablé bien.
Acuérdate, viejo honrado,
y tú, acuérdate, mujer,
a pagar lo habéis llegado,
que ningún mal se ha de hacer
que no se pague doblado.
Venido habéis a pagar
pagos cada día por fiesta,
mil palos te he de dar,
y a ti, y a ti, con aquesta,
pero me quiero casar.
Señor.
Hijo de mi amor.
Callad, que no os quiero oír,
perros.
Por aquel Señor
que murió por redimir
al humano pecador;
entró en el pueblo de Israel,
vendido por un amigo,
que no lo seas con él,
Jacobo, ya que conmigo
pretendes ser tan cruel.
Vuelve a Dios y derrama
lágrimas de penitencia,
que él está, porque te ama,
a la puerta de clemencia
para abrírsela a quien llama.
Para el sueño, vuelve en ti,
y vuelve a Dios resuelto
de no le ofender.
Así
gran predicador te has vuelto
después que falto de aquí.
Por Dios te quiero rogar,
y por su madre, Virgen sola.
Callad, no queréis callar.
¡Ay, Jacobo!
¡Al diablo, hola!
Aquí estoy, puedes mandar.
Desnúdame a aqueste viejo,
que no ha de estar de este talle
un hombre vil, sin consejo;
estoy por mandar quitarle
con el vestido el pellejo.
¿A qué aguardáis?, ¿qué hacéis?
Vestidle de un traje vil;
y a esta mujer serviréis,
que por su talle gentil
merece que la adoréis,
pues yo la quiero adorar.
Ea, pues, desnudad al perro.
Quítanle las ropas al Rey y pónenle otras.
¡Ay, Dios!
Si eres, al fin, moro...
Cárgame a este infiel de hierro,
y a esta gallarda de oro;
porque le daré la muerte
a quien aquesta mujer
me tratare de otra suerte.
Mirad, si os he de ofender,
dadme primero la muerte,
y no permitáis que aquí
aqueste lobo cruel
contra vos triunfe de mí.
Cerca estamos ya de Argel,
boga.
Boga.
¡Ay de mí!
Vanse, y entran Mahometo, Arala y Arda.
Arda, no tarda, nadie más
se holgará que yo si él viene,
pero no vendrá jamás.
Que todavía se tiene,
ciega, ese señor, en que das
muy desconfiada. Si eres,
ocho días no hay tardar.
Yo digo que no le esperes.
¿Qué me quieres apostar
que vuelve?
Cuanto quisieres.
Pues yo digo que si el moro
no viene dentro de un mes,
yo te daré un tesoro;
y si vuelve, que me des
veinte abrazos que yo adoro,
¿qué respondes?
Y a vos...
Yo juro por mi poder.
Has de perder.
Bien está.
Yo me holgaré de perder,
a trueque que vuelva acá.
¿De qué parecer está Arda?
¿El Sultán vendrá o no vendrá?
Según soy de desdichado,
digo que el rey ganará.
Ves cómo eres, que no más
quien tiene aqueste recelo.
Venga él, que tú ganarás.
Mas que plega al Santo Cielo
que no venga acá jamás.
y que si acaso viniere
que venga hecho pedazos
y al llegar se despeñe.
Y a por gozar belleza tal
hoy de el alma se muere.
Si él viene, mil te daré.
Y aún esposo darte mil.
Y aún de sabor, a mi fe.
Dame, mi Arcila gentil,
tus pies y los besaré.
Álzate, gran descendiente
de la casa de Otomán,
que no estás así decente.
entra un moro
A verte viene Sultán,
señor, con toda su gente.
¿Pues cuándo ha llegado?
Ahora.
De gozo el alma está llena.
Veis cómo pedís, señora.
Él venga muy enhorabuena.
Él sea venido en malhora.
Yo estoy loca de alegría.
y desesperado.
Dulce bien.
Triste día.
¡Ay, bien!
¡Ay, mal!
Ya he ganado
tus brazos, reina mía,
pues el mayor interés
que se posee en los humanos...
Sultán.
¿Qué es del?
No le ves.
Entra Jacobo con los cautivos de moro vestidos
Dame, rey, aquesas manos,
y tu, reina, aquesos pies.
Álzate, Sultán, no quieras
afrentarnos a la clara.
¿Qué eres, conmigo qué eras?
¿Qué habla, qué talle, qué cara?
¡Ah, perro! Si me quisieras
como yo te quiero a ti.
Sultán bello, aquel Narciso
que se enamoró de sí,
¿que por un advenedizo
me menosprecies a mí?
Vive el cielo, que me huelgo.
¿Cómo por allá te fue?
Que mucho tu ausencia siento.
Muy bien, aunque no te pesa,
presa que sea de momento
mayor que mi persona,
la dejaba de buscar,
que por tu real corona,
que no paré hasta tocar
el muro de Barcelona.
Hice agua en la Formentera,
pasé a vista de Mallorca,
gente belicosa y fiera,
vi a Ibiza, entré en Menorca,
y di en Denia la ribera.
Huyeron, pasé adelante,
causé al remador pena,
con mi vista en Alicante,
llegué hasta Cartagena
y volviendo hacia levante
y en el espacioso cerco
del mar no topé ni vi
nave, galera ni barco.
Y al fin, sin traza, sin mí,
en Cecilia desembarco
doscientos soldados bravos
que la isla discurrieron
apriesa por todos cabos,
donde a questos dos prendieron
que traigo por tus esclavos.
y ansí hasme de hacer un favor.
Y ¿cuál?
He cobrado
aquesta cristiana amor,
y quiérote suplicar
me la des, porque si aquí
la puedo hacer renegar,
dada licencia por ti
con ella me he de casar.
Solo deseo agradarte.
Que delante de mis ojos,
perro, pretendas casarte,
no me des tantos enojos.
Ea, que es amartelarte.
¡Pluguiera a Alá que ansí fuera,
mas no me quiere, también
que me amartela.
Hechicera.
Primero muerte me den
las uñas de alguna fiera;
primero me vea arder
en vivas llamas tendidas,
y al fin la vida a perder,
primero que niegue a Dios,
ni que sea tu mujer.
Tú te ablandarás.
No haré.
Dame, cárgame de cadenas,
que el alma firme se ve,
que con más peso de penas
más hacia Dios me alzaré.
Ánimo, pues, reina amada,
persevera en eso ansí.
¿Qué la dices, perro?
Nada.
Nada; apártate hacia allí.
La cristiana es extremada.
¿Conócesla?
En mi ciudad
la vi por mi perdición.
Luego, ¿tienes la amistad?
Quiero la de corazón.
Es mujer de calidad.
Tanto valor tiene, cuanto
cabe en un pecho real.
Burlas.
Es de su natural.
¿Y este?
Si más no es, tanto.
Luego, es hombre de valor.
Antes es un hombre bajo.
Tiene hacienda.
No, señor.
que vino de su trabajo
Que es su oficio
Leñador
Pues llévenlo a trabajar
al monte
Ansí lo haremos
Quedaos, vades cansar
despacio nos veremos
Siempre estoy a tu mandar
Vamos, reina
Aguarda un rato.
Vase.
Ven, Ardán.
Que has de quedarte
con ella eres buen mozo
Que le dices
Vanse y sale Ardán.
Que es cansarte
Di, mujer
Ay, hombre ingrato
Hola, criados, llevad luego
a ese viejo a trabajar
no esté con tal sosiego
y aunque los lomos baje
al mozo como está ciego.
Camina, perro
Paciencia
espero en esta ocasión
alto Señor de clemencia
que corazón de león
hará a este mal resistencia
Esposa
Firme estaré
Tú, Tarif, a esta cautiva
llévala y persuádele
que en nuestra ley santa mueran
y deje su loca fe
quedándome este contento
por el divino poder
del que hizo el firmamento
juro de luego hacer
con ella mi casamiento
y dándole cuanto en mi vida
me pida su boca bella
siendo contino medida
y ansí solo alcance de ella
lo que a tuya me pida
Digo que lo haré ansí
solo por agradarte
y para verte, partí
Matarme, por qué cansarte
pretender nada de mí
y cómo salga de lo justo
No serás menos cruel
Si eres tú menos injusto
Ven, mujer.
Llévala.
Vete con él
que él procurará tu gusto.
Tirano cruel y soy tanto
que se puede encarecer
y lo que me pone espanto
es ver que deseo ser
más cruel siéndolo tanto.
Yo confieso que atropello
la razón y es cosa igual
aquesto y lo peor de ello
que conozco que soy malo
y que me precio de ello
y que el malo en su obstinación
Como se ve tan presto
por su mala inclinación
da la rienda al apetito
y parará a la razón.
Yo nací mal inclinado
y como a mí me seguí,
he venido a tal estado.
Entra Arcila.
Sultán, ¿qué haces aquí
solo?
Estoy con mi cuidado.
¿Es de la cristiana hermosa?
Continuo a su gusto y postro
mi fe en querer la dichosa,
que excede su bello rostro
a cualquiera humana cosa.
¿Quiéresla mucho?
Con verás
del alma la quiero y amo;
te juro por las esferas.
Dichosa siempre la llamo,
pues merece que la quieras;
porque es gran de sí amada,
y a mí no me puedes ver,
siendo más noble y honrada.
Porque esta es libre mujer
y tú eres mujer casada.
¿Por eso me dejas?
Digo
que esa es la causa primera.
Según este moro amigo,
si yo casada no fuera,
¿tú te casaras conmigo
y me querrías mucho?
Sí.
No me mientas.
Yo no miento,
aunque una vez te mentí,
pues si me haces juramento
que lo cumplirás ansí,
digo que te casarás
conmigo y yo mandaré
matar al rey, cual verás,
y su reino te daré
con mi persona, y a mí me
harás rey de Argel famoso.
¿No seré tu mujer,
siendo tú, sultán, mi esposo?
Yo juro por el poder
de Alá santo y poderoso
de serme ya tu marido,
como tú hagas aqueso.
Presto lo verás cumplido,
está loca, pierdo el seso,
mi sultán, sultán querido,
que lo cumplirás.
Aparte.
Sí haré.
Mátelo ella, y yo me sea,
y luego me casaré
con quien el alma desea.
Dame aquesa mano.
Vase.
Toma,
que ya mi pecho indomado
a tu voluntad se doma,
y vome, que estoy cansado;
queda a Dios.
Ve con Mahoma,
y, ¡ay, día el más venturoso
que los hombres visto han!
pues en él gana a sultán
y mato a mi fiero esposo,
mi mal mengua, mi bien crece;
que no hay dolor tan sobrado
según en mí se parece,
que no tener siempre al lado
un hombre que se aborrece;
este es el mal más urgente
que pide dar la fortuna
a una mujer impaciente,
sino dígalo más de una
que me causa y así lo siente.
Entra Ardayr.
¿Qué haces aquí, enemiga?
¿Has vuelto a ver al cruel
que te ofende y me fatiga?
Calla y no digas mal de él.
¿Tanto sientes que lo diga?
No, porque ya le aborrezco,
y mi voluntad terrible
humilde a la tuya ofrezco.
¿Burlas?
No burlo.
¿Es posible
que ya tu favor merezco?
No lo creo.
¿No crees que esto es verdad?
Ya lo creo.
Pues para que mejor lo veas
y que más tu amistad deseo,
yo quiero ser tu mujer,
y me tendré por dichosa
como hagas una cosa
que es harto fácil de hacer.
Lo imposible haré y más
por gozar lo que me ofreces.
Di de qué dudando estás.
Por ese ánimo mereces
que no te olvide jamás.
Tú te has de determinar
a dar muerte a Mahometo
con el cordón que te he de dar,
y muerto yo te prometo
que nos hemos de casar,
yo y mi bello sultán, digo.
Aparte.
A quien doy el alma y todo,
¡cuánto medio el cielo amigo!
Da la traza, dime el modo
que a darle muerte me obligo.
El orden es que has de entrar
en su cuadra sin estruendo,
que yo te daré lugar,
a que esta noche y durmiendo
le tienes de degollar
y salirte paso a paso,
porque no se sepa quién
es el inventor del caso.
¿Qué te parece?
Muy bien,
quéjome del tiempo escaso,
porque luego no aguardo
la noche con mi deseo,
que al fin seré tu marido.
Mejor que tú lo deseo,
vete y está apercibido
y pierde de eso cuidado.
¿Quiéresme?
Sí.
ardoy
ará
has de olvidarme
no porque nunca he amado,
él piensa que he de casarme
con él, y vive engañado.
Y apenas lo matará,
siendo yo, pues, como fuerte,
que estaré en alerta ya,
daré voces, que lo he muerto,
y la guarda acudirá;
y prendiéndolo in fragrante,
darle la muerte
sin dilatarlo un instante,
y ansí casarme podré
luego con mi dulce amante.
Vase.
Sale Tarife y la Reina.
Es la segunda persona
del rey, y por justa ley,
tanto su valor abona
que no manda el mismo rey
más que él manda en su corona;
es discreto, es bien hablado,
cuerdo, prudente y sabio,
valiente, determinado,
no sufre de humano agravio,
ni aún de Mahoma enojado;
y noble sobre manera,
y en extremo comedido
con la nación extranjera.
Moro, ya le he conocido,
nunca yo le conociera.
Siendo de vuestra nación,
claro es, mas ¿por qué te pesa
de conocer tal varón?
Porque, causa expresa,
de ser moro y mi prisión.
No te entiendo.
No me entiendes,
déjate de persuadirme,
pues con tus ruegos me ofendes,
porque en vano reducirme
a tu ley vana pretendes.
Mira bien que te dará
un imposible supuesto
que aún Mahoma no le da,
y al fin, porque haga el resto,
contigo se casará.
Varia es tu imaginación,
falso, maldito y cruel,
muy varia es tu pretensión,
por no casarme con él
lo haré.
Extraña condición.
Desta suerte me resisto.
Pues la muerte te dará,
es en el término visto.
Y esa la espero ya,
pues es martirio por Cristo.
¿Tú te humanarás?
Jamás.
Ahora bien, quédate aquí
sola y pensarás lo más.
No hay qué pensar.
Vuelve en ti
y no te malograrás.
Vase.
Dios, que al pueblo de Israel
libraste del cautiverio
de Faraón fiero y cruel,
por vuestro santo misterio
me librad de aqueste infiel,
porque han de saber de cierto
que a la mayor aflición
nos sacáis a salvo puerto
y que es desesperación
yo misma me hubiera muerto
Sale el Rey con una carga de leña vestido de esclavo, y Samexón.
no va esa carga cumplida
camina y por otra ven
que aguardo
Vase.
¡Ay, suerte afligida!
¿no es lo que mis ojos ven?
¡ay, esposo de mi vida!
ayúdame en la ocasión
pues para mi bien te he visto
serás de gracia un Simón
que llevo por la que Cristo
llevó en su santa pasión
solo uno somos los dos
muestra, cárgamela a mí
yo la llevaré por vos
como vos mi esposo aquí
la lleváis por vuestro Dios
paciencia, pues que lo ordena
el cielo
¡Ay, dulce mujer!
en hora dichosa y buena
os conocí para ser
siempre alivio de mi pena
¡Ay, Rey!
no tanta ternura
si no queréis que peligre
mi vida en tal desventura
tengo corazón de tigre
soy mármol o piedra dura
que no es de falso sentimiento
viendo a mi querido esposo
padecer tanto tormento
dejad el llanto piadoso
que más que mi mal lo siento
no hagáis extremos tales
que me bañáis con el agua
de sus fuentes orientales
y me avivan de amor la fragua
y reverdecen mis males
¿qué rigor, qué hado fatal
nos trajo a morir a Argel?
¿cómo os va en este mortal
con este hijo cruel
que engendré por mi mal?
hijo le he llamado, pues
yerré mal, mi lengua dijo
no es mío, porque después
que de la iglesia no es
mío tampoco lo es
con un intento cruel
me importuna cada día
me vuelva a su ley infiel
que el malo siempre querría
que todos fuesen como él
¿y qué respondes?
que jamás
él cumplirá su deseo
que es porfiar por demás
de vuestro gran valor espero
todo aqueso y mucho más
estad firme
Peñas, rocas,
combatida de las olas,
y es una inclinación loca
con estas pasiones solas
mi mucha pena se apoca.
Dadme un abrazo, aunque estoy
sucio, roto y destrozado.
Y con el alma os lo doy,
que al hombre no hace el vestido,
aunque es del contrario, hoy.
Y de esta manera os adoro,
aunque andéis ansí,
lágrimas de sangre lloro,
que estos paños para mí
son brocado, tela y oro.
Firme es mi señora y creemos
en Cristo y su santa fe
para que el premio llevemos.
Entra por una parte el escudero y por otra Stacio.
¿No es mi reina?
¿No es mi rey?
Constancia a Dios demandemos
y de su espíritu al fuego,
para que en nuestra santa fe
duremos.
Yo se lo ruego.
Él es, o yo ciego estoy.
Si no es ella, yo estoy ciego.
Reina...
Señor, ¿qué es aquesto?
¿Quién a tal mal os ha traído?
¿Quién en tanto mal os ha puesto?
¿Cómo es esto?
¿Cómo ha sido?
Ha echado fortuna el resto,
hermanos, el verme ansí;
ni os asombre ni alborote,
pues engendré un hijo aquí
para vosotros azote
y verdugo para mí.
Consolaos en mi dolor.
¡Consuelo viéndoos tal
ante!
Entra Tarfe y dice:
Sultán,
mi señor os llama.
¡Ay, hora fatal!
Voyme, adiós.
Adiós, mi amor,
no desmayes.
Primero
la vida me quitará.
Eso y más de vos espero.
Ven, cristiana, acá, avanza.
Ya te sigo, moro fiero.
Vase.
¿Cómo es esto?
¿No lo veis?
¿Quién te trujo a este destierro?
Un hijo, y lo sabéis.
Entra Hamete.
¿Qué hacen aquí los perros?
Y vos, perro, ¿qué hacéis,
en tierra puestos los hinojos?
¿Vos en conversación
así procuráis regalos?
Por el Dios de mi nación
que os he de matar a palos.
Huyamos de aquí.
Vase.
Ansí, perjuro,
mi hacienda tratas.
Pagaráslo.
¡Ay, hado duro!
Tente por Dios, que me matas.
Pues, perro, ¿a qué procuro...?
¡Ay, ay, ay!
Huyes, espera,
aguarda, perro cristiano.
Mira bien y considera.
Vase.
Entra Jacobo con la Reina.
Todos cansaste, tirano.
Eres mujer, eres fiera.
Tú eres tigre o eres hombre,
a Dios dadle el nombre,
porque siendo en ti, no ama,
a quien mi rigor no asombre,
que no te mueve a piedad
tratar a un padre infiel
con tanta inhumanidad,
pero a un tirano cruel
le sustenta la crueldad.
Pues confiesas que a un injusto
no conoce la razón,
procura hacer mi gusto.
Entra el Rey huyendo de Lamec.
Tenme, señor, compasión.
¡Ay, tal disgusto!
¿Hasta aquí puede llegar?
Si de este yerro,
procurarélo enmendar.
¿Por qué le das?
Es un perro
que no quiere trabajar.
No, pues dale, hasta que muera,
dale.
¿Tan cruel estás?
Esto tengo de sufrir.
Muestra acá. ¿Que no le das?
Toma.
Vete, puedes ir,
dale.
¡Ay!
¿De qué te quejas, viejo?
Tampoco mal sientes tanto.
De mi gran rigor me quejo.
Muévate, viejo, mi llanto,
escucha.
Por ti lo dejo.
Con tal que has de volver
a tu severa cadena,
y mi mujer has de ser.
Yo no.
No, pues muera.
Señor, ¿tal puedes hacer
a tu padre, y tal crueldad?
Detén el brazo, señor,
no uses de tanto rigor.
tendrá tu padre piedad
que lave su dolor
que lave el verle sujeto
a la prisión que le das
poniéndole en tanto aprieto.
Mucho me agradas, di más,
por mi fe que es muy discreto,
y para que eches de ver
lo que de placer me da
con esta bella mujer,
mientras yo hago mi gusto,
tente perro, o de dos picas
te haré colgar al momento.
Tente.
Señor.
¿Replicas?
Por Dios, si el atrevimiento
pago con que me predicas.
¿De qué dudas?
Ay vida esclava,
¿a qué punto vas al hombre?
Este de matar acaba.
Que dude así no te asombre,
viendo hacer crueldad tan brava,
que es mi señor.
¡Por Dios!
Siendo mi esclavo...
Mi Dios, mil gracias os doy.
No acabas, perro.
Ya acabo.
Pues que de pena lo estoy,
¿que aquesto puedo mirar
y no mato?
Ay rey cuitado.
Déxate ya de llevar,
que pues no quieres de grado,
por fuerza te he de llevar.
Dios mío, valedme aquí
deste enemigo cruel.
Parece fuego y suena una voz dentro.
Tente, tente cruel, ve en ti
Saulo segundo, ¿por qué
das en perseguirme ansí?
Cae en el suelo Jacob.
Misterios, gran Señor,
son estos con que acudís
a un afligido pecador,
y en ellos convertís
a un Saulo ciego en su error.
Mil gracias todos os damos
con el alma y corazón.
Y tu clemencia alabamos.
Divino Dios de Sión,
hijos vuestros nos nombramos.
Tras la noche viene el día.
Día para el cielo fui.
Cubrióme la noche fría,
amaneció Dios en mí,
ya no soy quien ser solía.
Que este mozo que en tal calma
llueve con alta conquista,
de mi rigor triunfó palma,
hoy me ha quitado la vista
para darme luz al alma.
pequé mi señor pequé
con el alma y corazón
ya me vuelvo a vuestra fe
pues os llamo en la ocasión
que os mejore muy bien sé
que no se espantaréis no
maestro de los maestros
pues que san Pedro os negó
siendo el mejor de los vuestros
que os haya negado yo
hijo del alma qué es esto
una nueva conversión
de un Saulo que a Dios sea opuesto
dichosa pena y prisión
pues he llegado a ver esto
cómo señor pagaré
los regalos y caricias
que me dais en vuestra
entra Arala
dame mi sultán albricias
de qué quieres que las dé
de que el viejo desdichado
la cabeza dividida
queda en su sangre bañado
y el Rey por su omecida
el reyno dejé a muerte condenado
ven conmigo y gozarás
el reyno antes de dos horas
y yo seré que será más
más que ese sol que lloras
qué tienes sultán qué es
vosotros perros decidme
habéis le ofendido acaso
mi sultán qué mal te oprime
si quieres saber el caso
escúchame Arala
dime
baja a su centro al fin la piedra dura
el humo nace y sube a su esfera
la mar saca la arena si incitada y fiera
calma su furia y busca su ribera
el ave que se atreve a el sol conoce oscura
se vuelve el día con veloz carrera
vuelve el hijo que a la madre espera
y viene hambriento al fin a su altura
y aquí xristiano fui y vuélvome a cristo
que habiendo sido piedra en la dureza
humo en la vanidad que me entretuvo
arena varia sol hijo mal quisto
bajo a mi centro y a mi esfera vuelvo
busco mi hondura madre y en la empresa
y aún que muestres fiereza
no puedo ser tu esposo mora hermosa
porque la iglesia santa es ya mi esposa
pues perro a hora que he hecho
por tu gusto y ocasión
un tan atrevido hecho
me das ese galardón
volviendo a tu Dios el pecho
tu infame trato maldigo
mas pues ha sido en vano
tu me as de dar enemigo
o biuo a mi esposo muerto
o as de casarte con migo
que dizes
que con paciencia
espero pues de ofendido
de su rigor la sentencia
no muera yo tiempo os pido
señor para penitencia
todos la tendréis de mi
de mi muerte
tiempo ay hora
mi Dios valed nos aquí
el rey os llama señora
entraranse
mi esposo
digo que si
porque en su aposento entrando
preso el traydor que huya
le hallamos bozeando
a su esposa y todauia
a bozes la esta llamando
acudid señora presto
a ver que quiere o que manda
si acaso es verdad aquesto
vuestro Dios por aquí anda
que sin duda es gran suceso
porque yo le vi a mi esposo
muerto
calla que no as visto
que fue sueño peresozo
gracias os damos mi Cristo
basta vello no reposo
por que no fue sueño vano
ven y verás que es falsedad
su muerte
adios mi cristiano
Vanse
mi Dios si aquesto es verdad
obras son de vuestra mano
milagro es vuestro Señor
este para que esta gente
conozca vuestro valor
hijo tan ynobidiente
malo y grande pecador
yo os he ofendido a los dos
con mi mucha ynobidiencia
padre perdonadme vos
pues soys padre de clemencia
porque me perdone Dios
entra Mahomero y Arcala
yo te perdono hijo alaba
al sumo hacedor
al fin
como te digo soñaua
que con colera amarga
la caueza me cortaua
y que luego decendia
cercada de serafines
una dama mas que el día
hermosa al son de clarines
y celestial armonia
y llegandome la mano
con un valor singular
dijo alegre Stephano
que asi te as de llamar
en boluiendote cristiano
fuese y aquella ocasión
desperte y empece a llamarte
reyna de mi corazon
y solo para contarte
tan milagrosa visión
por la divina clemencia
de Cristo, sumo saber,
perdóname y ten paciencia,
porque me quiero volver
cristiano con tu licencia.
Confieso la humanidad
y divinidad de Cristo.
Bien hace tu majestad,
porque todo cuanto es visto
no es sueño, sino verdad,
que ante mí te han degollado
con un alfanje Ardazín;
no sé lo que había mandado,
por solo casarme al fin
con aqueste renegado,
que ya a su Dios se volvió,
como tú te has vuelto ya
y como me vuelvo yo.
¿Crees en Cristo?
¿Tú crees en Mahoma?
No.
Perdona, rey y marido,
haberte dado la muerte.
Yo estoy, reina, agradecido,
pues de aquesa mala suerte
tan buena suerte ha salido.
Y vosotros, mis cristianos,
dadme a besar humildemente
esos vuestros pies y manos.
Señor, tente.
Rey, detente.
No me llaméis rey, hermanos,
llamadme siervo de aquel
que el alma desde hoy adora,
justo, santo, amado y fiel.
Dejemos esto agora,
y aderécese un bajel
adonde nos embarquemos
para otra tierra, que,
sin que a sospechar lo demos,
llama a Ardazín.
A eso voy.
Y luego que allá lleguemos,
me pretendo bautizar
juntamente con mi esposa,
pues que esa Virgen hermosa
el nombre me quiso dar.
Entra Ardazín.
El rey me llama.
El rey, pues.
Ardazín.
¿Esto es sombra,
fantasma, visión o qué es
él?
Ardazín, amigo.
Por ese nombre las manos
me da.
Levántate, digo.
Has de embarcar los cristianos
que el sultán trujo conmigo,
que el que habemos de hacer
con ellos una jornada
que de importancia ha de ser
de esa tu persona honrada,
pues que me ha de suceder;
quede por rey en Argel
mientras vuelvo.
Estoy subjeto.
con gusto honrado y fiel
creíste que más amor
no es posible que sea él
jamás he de creello
él es digo
puede ser
espantado estoy de vello
y hay quien tal pudo hacer
quien lo hizo pudo hacello
pues encárguese la gente
componga este delito
que es para mí brevemente
aqueste viejo que ves
es mi padre venerable
y aquella mi madre es
por Alá, cosa notable
lo demás sabrás después
bien acertó en lo que dijo
el alfaquí mi pariente
pues negó por ocasión
de un cristiano ley y estado
patria, poder y nación
vamos
ya acábese, senado,
de mi mala inclinación
Fin Laus Deo