
Publication date: August 22, 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La locura. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-locura.
Cubierta del manuscrito. En el lomo hay un tejuelo con la signatura: MSS 16519.
Yy - 2
Mss. 16519
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La Locura Farsa sacramental del Mtro. Josef de Valdivieso.
La Locura
Farsa sacramental del Maestro Josef de Valdivieso.
Lego 1 17 4-6
12
17 † II Auto sacramental de la locura por la honra † del maestro Valdivieso † que haya gloria † † por diferente estilo, que el de Lope
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Farsa sacramental de la locura por el maestro Joseph de Baldivielso, capellán del ilustrísimo señor cardenal don Sandoval, arzobispo de Toledo, mi señor y racionero en su santa iglesia de Toledo. Figuras que hablan: Culpa. Locura. Engaño. Deleite. Luzbel loco. Género humano loco. Envidia loco. Gula loco. Mundo loco. Carne loca. Inspiración. Razón. Cristo. San Pedro. Sello de la Biblioteca Nacional.
Salen la Culpa con manteo y vaquero, montera, espada y daga y escopeta; el Deleite de villano niño; el Engaño de ciego y de sayal; la Locura de loco con capirote.
Locura engañada y falsa,
si de la empresa que sigo
en ser sospechosa das.
Es muy fuerte tu enemigo
y muy desarmada vas.
Sale el Deleite y el Engaño.
Dime, ¿el Engaño no llevo,
con que al más santo me atrevo,
y al malogrado Deleite,
cuyo fantástico afeite
es de los necios el cebo?
¿No llevo aquesta escopeta
en favor del apetito ,
a quien la razón sujeto,
con que los rayos vomito
que vibra el sesto planeta?
¿No llevo este sabio mudo
y este cortesano rudo,
y entre esta nieve mi fuego?
¿No llevo este lince ciego
y aqueste armado desnudo?
¿No llevo en mi pecho tierno
todo el poder del infierno?
Conque sabes que he vencido
cuanto de mujer nacido,
y un hijo, que lo es eterno,
que de uno y otro se libró,
él por ser Dios encubierto,
y ella porque alas tomó,
conque volando al desierto
de mis aguas se escapó.
No es bien, Culpa, que te enojes
con quien tu gusto procura;
ni tú es bien que así te arrojes,
si no es que, como Locura,
conmigo te desenojes.
Pues mi buen ánimo ves,
no hay por qué tan brava estés;
cese tu furia y tu enojo.
Rabia escupo, fuego arrojo,
di qué consejo me des.
Que, pues eres la portera
de los locos que ahí están,
guarda aquesta cárcel fiera,
y destas manos te traerán
al Alma por prisionero.
Parto, Culpa, a obedecerte
como a rey y mi señor.
Parte, Locura, y advierte
no se echen menos su furor.
Vase la Locura.
Guardaré tu cárcel fuerte.
El Deleite de bobo niño villano, y el Engaño de ermitaño.
Gusto, Deleite, me das,
mirando cuán lindo estás.
Con el disfraz que has tomado,
¿no voy bien disimulado?
Tan bien, que me engañarás.
De niño me disfracé
con aqueste sayo tosco.
Extremada traza fue.
Cual culebra aquí me enrosco,
más allá me soltaré;
nadie se teme de un niño,
y aqueste rústico aliño
de amor y gusto provoca;
pondré veneno en mi boca
y carcaj entre el armiño.
¡Qué cauteloso engaño,
letrado de mi consejo!
¡Cuán buen juez y soberano
te finges, un grave viejo,
encubridor de mi daño!
Llevo armado un fuerte lazo
entre este pobre sayal,
de Jael la falsía y el brazo,
y de Joab llevo el puñal,
y de Dalida el regazo.
Del alma que solicito
la victoria facilito,
y vence en esta ocasión
el engaño a la razón.
que el deleite al apetito
Pues partamos, porque creo
que saca al alma el deseo
como suele a recreallos.
Vanse.
Vamos, y desta batalla
espera el lauro y trofeo.
Salen Luzbel, la Gula, el Género humano con capirotes y afectos de locos, y los demás locos también.
Tres partes había de estrellas
encima la empírea bola,
siendo yo de las más bellas,
mas derribé con mi cola
la tercera parte dellas.
Calla, loco.
¡Hola, enemigo,
género humano, conmigo
paso a paso os ponéis vos!
¿Finges Dios?
Yo lo soy, par Dios,
par Dios soy, aquesto digo.
Con Dios te pones, ingrato.
Pues vos lo quisisteis ser.
cuando comisteis sin plato.
Persuadiome una mujer.
Dio con la mano del gato.
Yo me hallé en esta reyerta
enmascarada y cubierta.
Verdad es, bien dices, Gula.
Pues quedo como una mula
y echárose de la huerta.
Obre en mí arrepentimiento,
que no le habrá en vos ni en vos,
y acabar sea mi tormento.
El querer ser yo par Dios,
ni lloro ni me arrepiento.
Envidia, un viejo loco que siempre se pasea.
Buena la trinca ha salido.
¿Dónde vas, viejo podrido?
¿De qué es, Envidia, el pesar?
En los tres no hay que envidiar.
De eso la tristeza ha sido.
Vete, Envidia, a tus desiertos,
haz allá tus desaciertos.
deja estos tristes caprichos
Viejo, ve a enterrar los vivos
y a desenterrar los muertos.
Pues si una culebra saco
y yo haré al borracho glotón
vomite a Ceres y a Baco.
No me como el corazón
como vos, viejo bellaco.
Sale el Mundo muy galán con capirote de loco y una maza en la mano.
Bien mi intento trazo y fundo,
si tantas riquezas tengo
y es mi poder sin segundo,
a ser emperador vengo.
¡Qué perdido viene el Mundo!
¡Hola!, ¿no me respondéis?
¿Es que no me conocéis?
¿Quién ha soltado estos locos?
Manda a potros y pájaros,
y qué poco seso traéis.
¿Qué hace aquí este lloraduelos
por la envidia?
En el margen superior derecho hay unas marcas ininteligibles, posiblemente una invocación o floritura.
Padre infame de los celos,
vaya fuera, que me enfada;
dame tus brazos.
Dáselos.
Pues si yo me quito el freno,
mezclaré al loco patrón
en su gloria mi veneno.
Brindis.
Hace la razón.
Bueno, a fe de mundo, bueno, bueno, bueno.
Con el Mundo.
Loco, ¿ves que estoy aquí,
que casi el mismo Dios fui?
Y tú, ¿no ves que aquí estoy,
y que todo el mundo soy?
Pues, ¿y qué se me da a mí?
No me debes conocer,
pues que conmigo te igualas.
Sabes lo que aquí sé ser.
Bien lo muestran esas alas,
sobradas para caer.
Querrás decir que caí.
En el margen inferior izquierdo se aprecian restos de texto ininteligibles, cortados por la encuadernación.
¿Pues eso yo no lo vi,
que te recogí en mis faldas
cuando cayendo de espaldas
viniste a dar sobre mí?
Caduco y afeminado,
azotado en el diluvio
y en Sodoma chamuscado,
enriza el copete rubio,
que tú morirás quemado.
La Carne viene, loca, muy galana, con capirote y una guitarra.
¡Afuera, afuera, apartad!
Pasará mi majestad
y adoraréis mi hermosura,
mi gracia y desenvoltura,
mi donaire y libertad.
¡Oh, Carne, seas bienvenida!
Despliega, loca, la rueda
para quitarme la vida,
que entre perlas, oro y seda
Mi muerte traes escondida,
¡oh, mi mayor enemigo,
de mis pecados castigo!
Pues, que quiera que no quiera,
abrazado a esta fea fiera
he de llevarla conmigo.
Carne, de abrazar te tengo.
Dame, Gula, mil abrazos,
pues contigo me entretengo.
Yo en aquestos bellos brazos
a estar en mi esfera vengo.
¡Qué trae de galas la loca,
con que a los necios provoca
y entre sus afeites vanos
trae más podre y más gusanos
que tiene listas su toca!
Eché yo a Adán del vergel,
y di favor a Caín
para que matase a Abel,
o, como vos, viejo ruin,
vendí al hijo de Raquel.
No más, ¿quién quedó burlada
cuando, en la cifra, abrasada
daqueste Joseph Hebreo,
halló en vez de su deseo
una capa con nonada?
Desta discreción me espanto,
cabe, y del caso que has hecho
de quien está loco tanto,
éntrase en mi blando pecho,
rendido a tu dulce encanto.
Con el Mundo.
Fanfarrón, mucho me enfada
ver tu atrevimiento loco
por tu apariencia dorada,
hablas mucho y haces poco,
prometes y no das nada.
Habla el vano cascabel,
muy vestido de oropel,
con que a los bobos engaña,
siendo su cetro una caña,
y su corona papel.
Eres tú mayor tormento
que quien colgó del sauco
al apóstol avariento.
¿Quién sois vos, galán caduco?
¿Quién soy?
Un loco sabe ciento,
quieste conmigo igualar,
que hasta el cielo me subí
y hice a Luzbel levantar.
Y aun por abrazarme a ti
vino el cielo a reventar.
Tanto mi culpa le carga
que no me pudo tener
por ser carga que le amarga.
Pesada debía de ser,
pues que se sudó con la carga.
¿Quieres conmigo danzar,
mundo?
Sí, mi amada esposa;
Gula, ¿quieres me ayudar?
Ándeseme la cabeza.
No quisieras tú el vientre alzar.
Pues, da quien dance por ti.
Sí haré, danzará por mí
a la bajada de un cerro,
alrededor de un becerro,
todo un pueblo a quien vencí;
y si no, daré una dama
que es la hija de Herodías,
que sabe un baile de fama.
Esas son hazañas mías,
tales el mundo las llama.
¿Quies danzar?
Un saltarelo.
Y aun saltaste del cielo.
¿Quién es el vil que me ultraja?
Mejor es danzar la baja.
Danzaréisla vos, mozuelo.
Una vez me hiciste el son,
y con Eva de la mano
bailamos el tordión.
Y os volvieron el villano
con la azada y azadón.
Está loco poco a poco.
Yo no sé quién es más loco,
que el que, rompiendo sus fueros,
sin pensarlo, se halló en cueros
y a un ángel que le hacía el coco.
¿Qué quieres, Mundo?
La pavana
hago, el caballero viento.
Pavón de presunción vana,
y caballero hambriento,
pero sois lo de agua y lana.
No podemos que este calle.
¿Queréis conmigo salir
y mostrarnos de buen talle?
Por vos se puede decir:
la loca lozanía que lo saca a la calle.
La zarabanda inventé
y la chacona saqué,
pero todo me ha cansado.
Vaya el arrancapeinado.
Ese un carretero fue.
Sello de la Biblioteca Nacional de España
Bailan sin concierto un poco, viene la Locura con un azote.
¡Hola! La Locura viene,
con el rebenque en la mano
y de sacudirnos tiene.
Podrá esperarla un alano,
así que huir nos conviene.
¡Oh locos desvanecidos,
temerarios, atrevidos!
Mataperros, no nos des.
Yo os castigaré después,
en vuestras jaulas metidos.
Vanse todos. Salen el Engaño y la Culpa con la escopeta cargada.
Culpa, sin ti mal me va,
porque sin ti nada valgo.
Ya que la Razón voces da,
huyendo y corrido salgo
de que rendida no estás.
No quisiste llegarme cerca,
sino andarme por la cerca.
para en hallando la ocasión,
poner la cuerda al fogón
y deslumbrar esa cerca,
como el Deleite lo ha hecho.
Al Apetito movió
con el gusto y el provecho,
mas la Razón nunca dio
a sus desvíos el pecho.
De aquesta necia presumo,
que, por bachillera y sabia,
levanta esas torres de humo;
pues abrasarla ha la rabia
con que al infierno perfumo.
Llama, Engaño, a la Razón
que se asome al torreón,
y déjame hacer a mí,
pues armada traigo aquí
la escopeta Sugestión.
Tras esta fiera escopeta,
de entre las vivas pelotas,
Pólvora infernal secreta
de las regiones remotas,
que a mi grandeza sujeta
y trae de Dios el olvido,
el papel de amor rompido
trae el desprecio del cielo,
que sirve al necio de velo
que encubre lo que ha perdido.
¡Ah, Razón!
¿Qué quieres, Engaño?
Al homenaje se asoma.
Querrás hacerme algún daño.
Cayrá la simple paloma,
aunque pese al desengaño.
Por lo alto.
Entre esa inocente piel
he visto disimulado
un basilisco cruel,
la muerte en vaso dorado
y el absintio entre la miel.
A fe que eres muy discreta.
Por soberbia quies cogerme.
Requiere aquella escopeta,
que sale el Alma.
Holgarse en verme.
Y el Deleite,
la inquieta.
Está con ella abrazado.
No, ni el cielo lo permita.
Un niño te da cuidado.
Pero dentro suena grita,
triste, burlada he quedado,
el Deleite la enamora.
Con la Culpa, en cualquier verso de estos cinco que dé, dispara.
Buena ocasión es agora,
dispara, Culpa, dispara.
Alma querida, repara.
Ya, presumida, llora.
¡Ah, Deleite, de terror lleno!
¿Ansí, infame, das veneno
a quien tus gustos celebra?
Sacude, Alma, la culebra
que se te ha entrado en el seno;
mira cercadas de espinas
esas flores engañosas.
A quien, ciega, te avecinas,
el cuchillo entre las rosas,
el fuego entre clavillinas;
deja aquese amigo aleve,
muradar lleno de nieve,
entosigada manzana,
muerte dulce, sombra vana,
falsa risa y sueño breve.
Que te abrasas, que te quemas,
y el pobre barquillo roto
por un mar de fuego remas;
ciego llevas el piloto,
bien es que perderte temas.
Quítate allá, porfiada,
Quítase.
alma triste y desdichada.
¿Quién hay, Culpa, que te iguale?
Calla, porque el Alma sale
con el Deleite abrazada.
Sale el Alma abrazada con el Deleite, que será un niño que pueda representar. Sale de villano.
Digo que eres como un oro.
¿Un abrazo no me da?
Tu gracia y donaire adoro.
Tía, ¿sabe dónde está?
¿Dónde?
En los cuernos del toro.
Estas manos se me den,
y aquestos brazos también.
No quiero, que no me quiere.
Culpa el corazón la tiene.
A la madre hágolo bien, con la culpa.
No quiero ansí te quejas,
cuando el corazón me robas
y enredicada me dejas;
abrázame, ¿do te alejas?
Abrazándola.
Ansí engañan a las bobas.
Por tu dulce amor me muero.
Aquesta belleza adoro.
Ya me llevas el lucero
presa entre cadenas de oro.
¿Y sabe dónde? Al matadero.
¿Qué tienes en esa boca?
que en su fuego me abraso,
si acaso a mis manos toca,
palomino, paso, paso,
que hará que me vuelva loca.
Esta abuela retozo.
Digo que tienes donaire
y que en tus brazos me gozo.
Apriete bien, que soy aire.
¿No eres mi gozo?
En el pozo.
¡Ay, mi regalo! ¡Ay, mi bien!,
estas dos manos ten,
que entre sus gustos me muero.
Mire, tía, aquello quiero;
so la madre, hágolo bien.
Y estáis bien entretenido.
Es tu madre.
Y mi ventura.
Dichosa madre habéis sido,
quien parió aquesta hermosura
será madre de Cupido.
Pues, ¿y qué hacéis por aquí?
como por vos me perdí
vine en vos misma a buscarme.
por vuestra podéis mandarme.
serviros podéis de mí.
porque cansada estaréis,
aquí en una casa mía
os ruego que descanséis.
no le diga de no, tía.
no haré, si vos lo queréis.
es, Alma, un rico Hospital
del cual ninguno se escapa
que vio del aire el cristal,
desde el sacristán al Papa,
y desde el Rey al zagal.
Jurasen, viéndose en él,
que es la torre de Babel
y es un hospital de locos,
donde sanan los más pocos
de los que vienen a él.
Soy Rector deste Hospital
¿Hay allá enfermos de amor?
Hay los de cualquiera mal.
Tiróme este encantador
con sus labios de coral.
Venga, no tenga disgusto.
Ir con los dos me da gusto,
porque en mirando a los dos
me acuerdo poco de Dios
y mucho de los dos gusto.
Hijo, conmigo te ven.
Abrázala.
Más quiero aquesta pastora
que me ha parecido bien.
Su belleza me enamora.
¡Y a la madre, hágolo bien!
En llegando a la posada
abriremos la empanada,
aunque os ha de dar pesar.
¿Por qué?
Porque habéis de hallar
entre dos platos nonada.
Vos a la Razón guardad,
Puto viejo, allá os quedad,
que yo no gusto de viejos.
No son malos mis consejos.
Abrázala.
Mejor es esta beldad.
Con el Engaño.
Cuenta con la Razón ten.
Tus obras fama te den.
Alma, vos sois alma mía,
y vos la de mi alegría.
Vanse todos.
¡Hola, madre! ¿Hágolo bien?
Sale la Razón ciega con un báculo.
Alma, sabes cómo estás
condenada a eterno fuego,
si no te vuelves atrás;
ciega vas tras otro ciego
y donde él cayó caerás;
como simple corderillo
das la garganta al cuchillo,
y en un laberinto estás
de donde nunca saldrás
si no te ases de mi ovillo.
Alma, enternézcate el llanto
De rodillas.
de aquestos ojos que dejas
ciegos por amarte tanto,
y no cierres las orejas
como el áspid al encanto.
Soberana Inspiración,
que en esta alegre región
vas coronada de estrellas,
inclina tus luces bellas
a ver tanta perdición.
Lo que la importa la inspira,
alumbrando aquestos ojos
a quien cegó la mentira,
mire yo tus rayos rojos
en quien el cielo se mira.
Inspiración de Ángel.
¿Qué es lo que quieres, Razón?
¡Oh, soberana visión!,
dame a besar esos pies
y es justo que me los des,
pues que mi remedio son.
Y sabes que el alma mía
Tras el Deleite se fue;
viendo lo que a Dios debía,
ciego y triste me quedé
a la sombra oscura y fría.
Enmascarado su mal,
la llevan al Hospital,
donde para rematalla
la da continua batalla
un ejército infernal.
Entra allá, que si allá vas
y tus consejos la das,
saldrá a buscar la Razón;
llevarla he a pedir perdón
y en mí un esclavo tendrás.
Razón, por hacerte gusto
y porque mi oficio es
de hacer lo que pides justo.
Dame, Inspiración, tus pies.
Darte un abrazo es más justo.
De mi afición está cierta,
que haré porque se convierta
todo cuanto fuere en mí.
¿Dónde la has de hablar?
Allí
en el sumbral de la puerta,
vete con Dios.
Él te guíe,
y al alma en esta locura
su auxilio eficaz le envíe,
pues la sanará esta cura
aunque la culpa porfíe.
Vase cada uno por su parte.
Salen los seis locos, cada uno con su tema, repetiránlo las veces que les pareciere.
Tagalapatán, tan, tan, tan,
guerra, guerra, guerra al cielo y a la tierra.
Ella la fruta me dio,
mas tengo la culpa yo.
Rector vil, ¿quieres matarme,
que estoy rabiando de hambre?
Todo el mundo tras mí llevo,
¿qué más quiero, qué más quiero?
Sale el Mundo con un caballo de cañas y con un rehilero.
Que por vos, la mi señora, cara de plata,
correré yo mi caballo a la trapa, trapa, pa, trapa, pa.
De manera están, ¡voto a Dios!,
los villanos, los bellacos.
Yo, el mejor de los querubes,
que nació como el aurora,
que oro esparce y perlas llora
con que enriquece las nubes,
a un hombre había de adorar
hecho de ceniza y lodo,
¡pése a mí y al mundo todo
y a quien más puede pesar!
Por un hombre me destierra,
¡buenas sus justicias van!
¡Afuera, zagalazán, zan, zan!
Guerra al cielo y a la tierra, dos veces. Si quieren podrán todos repetir sus temas, acabada la glosa.
Entretanto desconsuelo
Llueva, que el llanto no cese,
todo el cielo, todo el cielo;
la mujer me embebeció
con una manzana bella,
y aunque me hizo comerella,
yo tengo la culpa, yo.
Perro vil, de hambre me muero;
al punto me manda dar
las mesas de Baltasar
y las comidas de Asuero,
o de los hijos de Job
lo que tras su muerte dejas,
siquiera las lentejas
que a Esaú vendió Jacob;
y a mí, si tienes fiambre
del pueblo ingrato que domas,
el estiércol de palomas,
que estoy rabiando de hambre.
Si entre un fingido afeite,
entre mi beleño y mi encanto
Anotaciones marginales tenues e ilegibles en ambos lados del texto.
En anzuelo de llanto
pongo el cebo del deleite.
Si en él pican los Alcides,
los indomables Sansones,
los discretos Salomones
y los invictos Davides,
y si todo el mundo entero,
enlazado en estos ojos,
es de mis triunfos despojos,
¿qué más quiero, qué más quiero?
A aquesta luz que adoro,
consagro aquestos plumajes,
galas, invenciones, trajes,
perlas, piedras, plata y oro;
los peces que la mar cría,
los animales del suelo,
las bellas aves del cielo
y el cielo del alma mía.
Los ámbares, los olores,
los juegos, cazas y pescas,
Las yerbas y flores frescas
y el fruto de aquestas flores
y en fin cuanto el cielo tapa
os daré para gozallo
y correré mi caballo
a la trapa, zatrapa, la trapa.
Dos veces.
Mirad al necio Luzbel
dando voces como loco,
y ese otro necio no poco
padre del que mató Abel,
y allá el borracho glotón
que siempre de hambre se muere,
y la guitarra que aún quiere
herir este corazón;
y el mundo con sus penachos
haciendo muy del galán,
y están todos como están
muy de mañana borrachos.
Los bellacos.
Viene la Locura.
Todos repiten aquí este tema.
Alto, fuera de la sala.
Zarre a la bestia mayor.
Salid, que viene el Señor.
Todos lo dicen.
Venga muy enhoramala
para vos y para él,
y para quien bien le quiere,
para vos y para él.
Mirad, que trae la Alma loca,
que es del mismo Dios estampa.
El Alma cayó en la trampa;
Carne, tu instrumento toca.
Sale el Alma con capirote y la Culpa.
Bueno le está el capirote.
Hola, tus brazos me das.
Alma, huélgome que ya
os dieron en el cocote.
Vuestra venida celebro,
aunque no me conocéis.
Esta noche llevaréis,
Alma, un famoso celebro.
No conozco aquesta gente,
En el margen izquierdo aparecen restos de escritura guillotinada.
Sello de la Biblioteca Nacional.
Dama, decidme, ¿quién son,
quién gasta la colación?
Pagad luego la patente.
Locos, apartaos allá.
Apartaránse.
Ea, pues,
¿Respondes?
Enfurécese.
Pues, ¿no lo ves?
Y bien respondido está,
pues vuélveme a replicar,
o mírame que me enoje,
¡y vivo yo que te arroje
al abismo del penar!
¿Pretendéis, gente cruel,
tras mi pena y desconsuelo,
que arroje aquel monte al cielo
y que a Dios le dé con él?
¡Oh, cómo el traidor blasfema!
Decid, ¿no sabéis los dos
infames, que soy, par Dios...
Cada loco con su tema.
¿Cómo tu lengua se atreve
delante de mi presencia?
Da vueltas paseándose.
¿Eres tú más que la esencia
que adoran los coros nueve?
Que aun con temerarios modos,
cuando mi hermosura vi,
al mismo Dios me atreví;
ansí me lo paguen todos.
Llevadle nuevas prisiones.
Vase con la Locura.
Cuando de diamante fueran,
mis fuerzas las destruyeran,
y a ti, fea, a nuevas regiones.
Humor tiene.
Es un furioso
que, aunque siempre está enjaulado
y con llamas encadenado,
no tiene hora de reposo.
¿De qué tan furioso está?
De una soberbia caída.
Tiene peligro su vida.
Antes me enamorara.
Aqueste loco es de atar.
Atadme vos con hartas.
¿Quién eres, escala marta?
Mono es que sabe trepar.
Bellaco viejo, mal hagas,
y respetad a esta señora.
Pues, ¿quién es?
La perra mora
que viene por vuestras bragas.
Que siempre viene muriendo.
Es su tormento sin fin.
Soy un negro serafín
que vuestras faltas entiendo.
Lástima me da el mirallo.
Yo no la tengo de vos.
¿Sabéis quién soy?
¿Quién?
¡Por Dios!
¡Pardiós, a pie y a caballo!
Ángel diz que quiso gacerme
el que a los demás crio,
y tam germoso me vio.
que tuvo envidia de verme,
volvime un fiero avestruz
mi mismo hierro comiendo,
caí do vivo muriendo,
ciego un lucero sin luz.
Ansí cae el que se atreve.
¿Y vos, viejo, no caísteis?
Aquí Luzbel se enfurece.
En efeto un ángel fuistes.
Soy el diablo, que os lleve;
soy quien sé beberme un río,
y tragarme entero un monte,
espantar este horizonte
cuando al cielo desafío;
soy quien vomita centellas
del infierno de mi daño,
y soy un dragón que empaño
con mi aliento las estrellas.
Locura, este loco ten.
No hayas miedo.
Airado está.
¿Quién os trajo por acá?
Dos veces
El deleite...
Hizo él muy bien.
Alma, deja este insolente
y mira el género humano.
¿Cuál es?
Mira aquel anciano.
Pues es algo mi pariente,
decid, ¿de qué enloqueció?
De ser muy enamorado;
diole su dama un bocado
con que el seso le quitó,
hizo en su estado mudanza.
Ya su desgracia imagino...
¿Quién sois?
Yo soy un pollino,
tras ser de Dios semejanza.
Virrey fui de todo el suelo,
y allá por cierta desgracia
privome el Rey de su gracia,
y, ¡pardiez!, dejome en pelo.
Enojose la razón,
tiró el apetito coces,
dieron los dos muchas voces
y hubo mucho mojicón.
Perdí el ser noble e hidalgo
por seguir mi antojo ciego,
vi un castillejo de fuego
y di a correr más que un galgo.
La tierra produjo abrojos,
frío el aire, el sol calor,
estas entrañas dolor,
y lágrimas estos ojos.
Una mujer me brindó,
que esto me vino a olvidarle,
y aunque ella la causa fue,
yo tengo la culpa yo.
Conciértame esas razones.
Aquesto pasa sin duda.
Pues con todo el cuerpo suda
el señor que cobra terrones.
Pésame de su desgracia,
por el bien que en ella pierdo.
Por la pena será cuerdo.
Mejor dirás por la gracia.
¿Quién soy no me preguntáis?
No importa no conoceros.
Soy a quien le pesa de veros
tan galana como estáis.
¿Cómo me queréis tan bien?
Como es en mí natural
darme gusto vuestro mal
y tormento vuestro bien.
No permitáis que os requiebre
quien no deja hueso sano.
Hacedlo vos, casquivano,
que vendéis gato por liebre.
Deja esta melancolía
y pues eres bella y moza,
mi riqueza y gusto goza,
y los de esta hermana mía.
Esparciré a esta estrellas
de rosas y de jazmines,
alfombras de mis jardines,
que besen sus plantas bellas.
De Armenia, Asiria y Pancaya,
Arabia, Persa y Sabá,
este galante trairá
todos los aromas que haya.
Traeré las flores de Gnido,
de Pafos, Hibla y Turquía,
y las que, al nacer del día,
bordan su rubio vestido.
Daréte arroyos de plata,
piedras, diamantes, rubíes,
los corales carmesíes
y las telas de escarlata,
Las granas, sedas, brocados,
plantas, animales, aves,
dulces músicas suaves
y extraordinarios guisados.
Del mar te daré el tesoro,
de aquestos ojos las perlas,
que, si estas llegan a verlas,
las verás cubiertas de oro,
Sello de la Biblioteca Nacional
Darete lo que me pidas,
darete lo que imagines.
Y yo haré los matachines
con las orejas de Midas.
Mundo, tus brazos me da.
De gusto y contento salto.
Deja el cielo.
Está muy alto,
estese ahora el cielo allá.
Abrázalo.
A Gula, ¿no nos hablamos?
De vuestro cuello me cuelgo.
¿Holgáisos?
Mucho me huelgo.
Pues comamos y bebamos.
Buenos mis intentos van,
Carne al Alma me provoca.
Ya está loca, ya está loca.
Dos veces.
Loca está, tagolatán.
De rosas nos coronemos,
vinos olorosos bebamos,
no haya flor que no cojamos
ni prado que no pisemos.
entreguémonos al gusto,
al ocio, al vicio, al placer,
al deleite, a la mujer.
Mucho de tus cosas gusto.
Vive alegre, alma divina.
Bien me alegro en verte aquí.
Esta vida, ¡pesia a mí!,
no el ayuno y diciplina.
Ande la fiesta, el banquete,
el sarao y la canción,
el juego y murmuración,
el baile, el mote, el billete,
ande la gracia y donaire,
la risa y desenvoltura.
Ven, ventura, ven y dura.
Dos veces paseándose.
Abre la boca y paparás aire.
¡Oh, qué bien los dos lo hacéis!
Toma mi cetro y corona,
y esta sí que es vida bona.
Al freír me lo diréis.
¡Hola, venga la comida!
Venga, que comer deseo.
Bebió el agua del Leteo,
rematada está y perdida.
Repica aquesta guitarra,
y tú el panderete toca,
hoy triunfo del alma loca.
Bebió el zumo de tu parra.
Llégate a mí, amada carne,
tú, Gula, a mí te avecina.
Alma, parecéis espina
metida entre cuero y carne.
Hoy tu victoria publico,
con la culpa.
Andiamo a mangiar, madona.
¿Dónde vamos?
A Chacona.
Pues vámonos, por San Brico.
Canta uno o más y bailan.
Vita, vita, la vita bona,
alma, y vámonos a Chacona,
al Hospital de la Culpa.
Las abreviaturas de los personajes se han resuelto tentativamente: genº. como Género, Emb. como Embuste (o Embriaguez). En el manuscrito "sambrico" se ha transcrito como San Brico, aunque podría referirse al personaje rústico Zambrico.
Vino enferma esta señora,
a quien el sol del deleite
dio una terrible modorra.
A la cama de Cupido,
que es de espinas entre rosas,
llevan a la pobre dama,
que entre sus males se goza.
Es la gula la enfermera,
y la carne la dotora,
que, cual médico ignorante,
la manda que beba y coma.
Es el mundo el boticario,
que las píldoras le dora,
dándole agua del olvido
de sus fingidas redomas.
Ella, cual simple cordera,
lleva arrastrando la soga,
y, con ir al matadero,
repite en voces sonoras:
Vita la vita, etc.
Vanse todos, queda la Locura y la Culpa.
Locura, cuidado ten,
y entre aquesta gloria falsa
ponle la engañosa salsa
que sabe mal y sabe bien.
En medio de la comida,
cuando con más gusto coma,
de los cabellos la toma,
pues no habrá quien te lo impida,
y llevarásla arrastrando
a la más triste prisión
que inventó mi confusión,
donde viva penando.
Enjaulada en una reja,
pondrás entre sus prisiones
tristes desesperaciones
del bien eterno que deja;
el deleite y el placer
no entrarán a visitarla,
que quiero desesperarla
y acabarla de perder.
Quítale la luz del cielo,
represéntale su mal;
parte, ministro infernal,
y haz lo que te he mandado.
Harélo.
Vase la Locura.
Vase.
Será su tema cruel
tal, que la gloria le quite,
y yo haré que la visite
la carne, el mundo, Luzbel.
Sale la Inspiración.
Buscando vengo ocasión
de poder llegalla a hablar,
que nunca ha dado lugar
a ninguna inspiración.
Tiénela a su infame mesa
el mundo falso engañada,
la vil carne embeudada
y el torpe deleite apriesa.
Mas ¿qué es lo que adentro suena?
¿Posible es que llego a vello?
¡Alma, que te han puesto al cuello...!
Una pesada cadena
la carne del rostro le araña,
el mundo vil la atormenta,
la culpa penas inventa,
el infierno la acompaña,
el deleite huye y la deja,
la locura la maltrata
y la pone en una reja,
sus manos bellas la ata.
No está mala esta ocasión,
pues que sola ves que queda,
presa en parte donde oír pueda
mi divina inspiración.
Sale el Alma en una jaula que se vea toda.
Hacia la reja me voy,
que ella hacia la reja llega.
¿Qué es esto? ¿Cómo estoy ciega?
¿Cómo aquí presa estoy?
¡Qué tristes, fieras prisiones
en esta jaula me enlazan!
cómo airadas me amenazan,
negras y horribles visiones.
Infierno, la boca cierra,
¿por qué me quieres tragar?
Sorberme quiere la mar,
ahogarme quiere la tierra.
¡Triste! ¿Qué es lo que he perdido?
¡Triste! ¿Qué es lo que he ganado?
La puerta el cielo ha cerrado
y de luto se ha vestido.
¿Quién se ha muerto? ¿Quién se ha muerto?
Ángeles, ¿de qué lloráis?
¿Para qué voces me dais?
Que es dar voces en desierto.
Buscáis mi remedio en vano,
pues Dios, con ira y no poca,
trae un cuchillo en la boca
y una navaja en la mano.
Envainad aquella espada,
ángeles, poneos en medio.
¡No hay remedio, no hay remedio!
Alma triste y desdichada.
¿Quién me habla? Apártate allá.
Alma amada, ten sosiego.
Temo una espada de fuego
que amenazándome está;
deténla, mancebo rubio;
tenla, del puño la toma,
mira al fuego de Sodoma,
mira al agua del diluvio;
¿vienes preso o estás loco?
¡Huye, que te prenderán
y en cadenas te pondrán!
¡Huye, huye!
Escucha un poco,
que me quemo, que me abraso,
que me abraso, que me quemo;
un monte de alquitrán temo,
una mar de azufre paso.
Alma, dame atento oído,
oye sola una razón.
¿Quién eres?
La Inspiración.
Aunque tarde has venido,
no pierdas la confianza,
pues mientras dura la vida
serás de Dios recebida.
ay, dize dos veces
con alguna esperanza.
Alma hermosa, en Dios espera,
llama a tu Dios.
como que vuelve en sí
¡Ay, Dios mío!
de tu remedio confío,
si lloras desta manera.
¡Ay, miserable de mí,
que ha sido mi culpa mucha!
Alma, tu remedio escucha.
Atenta te escucho, di.
Alma, retrato de Dios,
bello espejo en quien se mira,
para sus cielos criada,
para su esposa escogida,
de la casa de tu padre,
noble en casta, en bienes rica,
pidiéndole su porción,
Saliste a buscar la vida.
Del alacrán del deleite,
que con el extremo pica,
siendo peste su dulzura,
de peste quedaste herida.
Picóte un lagarto cruel,
una modorra continua,
cuyo frenesí furioso
te tiene loca y cautiva.
Desta fiera enfermedad
está a peligro tu vida;
si quieres ponerte en cura,
darte médico y botica:
será el médico divino
la misma Sabiduría,
que dio vida, cuerpo y sangre
para hacer las medicinas.
Es la botica la iglesia,
llena de drogas divinas,
de aromas, simples, compuestos.
de hierbas, flores y epítimas,
de esmeraldas y rubíes,
de topacios, margaritas,
de jacintos, de bezares,
de perlas y piedras finas.
Tiene conditos aureados,
preciosas esencias quintas,
estibio, diambra, alquermes,
triacas, polvos de leticia,
diacoral que al triste alegra,
diamargaritón que anima,
tierra sigilata y lemnia
contra la melencolía,
manus christi siempre abiertas
que amor y perdón destilan,
lágrimas que manchas sacan
y sangre que culpas quita.
Tiene un leño que, por santo
y es el árbol de la vida,
tiene tres clavos de amor.
Azotes, lanza y espinas
tiene entre espinas y sangre,
polvo que es contra caídas,
y de su divino rostro
las afrentas y salivas.
Tiene en un vaso guardado
vino mezclado con mirra,
una esponja con vinagre
y con hiel una bebida.
Tiene en siete cajas de oro
los tesoros de sus Indias,
donde en siete sacramentos
su vida y su muerte cifra.
Tiene el maná celestial
debajo de una cortina
do está su divinidad,
su cuerpo, su sangre y vida.
Es Pedro el despensador
de esta celestial botica;
de gracia da sus tesoros
El texto continúa la intervención de la página anterior.
Alma, llega arrepentida,
mira que del cielo vengo
a remover la piscina
para que, echándote al agua,
pises con salud su orilla;
contra el espíritu inmundo,
que, como a Saúl, te incita,
oye el arpa de mi lengua,
y huirá a las Estigias;
mira que para tus ojos
te traigo el pez de Tobías,
para tu asquerosa lepra
del Jordán las aguas limpias;
del diluvio en que te ahogas
el arco en las nubes mira,
y a la paloma de gracia
que te trae de paz la oliva;
y, pues estás, Alma enferma,
de la culebra mordida,
vuelve a ver la de metal,
que da salud con la vista;
ánimo, de Dios esposa,
porque a buscarte me envía,
y él mismo vendrá a buscarte
como a la oveja perdida.
Inspiración soberana,
que me consuelas y animas,
sácame de aquesta reja,
llévame en tu compañía;
mi error conozco y engaño,
mi pecado y mi malicia;
serán fuentes estos ojos
para llorar mis desdichas.
(Abre y sácala.)
Sal, Alma, que poder tengo,
del que tu bien solicita,
para romper desta jaula
aquestas cadenas frías.
Sal, Alma, llégate a mí,
flaca estás, a mí te arrima;
la Razón te está esperando
Para hacerte compañía.
Vamos, bella inspiración,
llévame aquesta botica,
adonde está mi salud
y el remedio de mi vida.
Vanse.
La Locura por lo alto.
Culpa, que el Alma se va,
que la prisión ha rompido.
Sale la Culpa.
Triste yo, ¿qué es lo que he oído?
La Locura voces da.
¡Corre, Culpa, corre, corre!
Portero, ¿de qué te quejas?
El Alma rompió las presas,
porque el Cielo la socorre.
¿Qué dices?
Aquesto pasa;
corre, porque huyendo va;
corre aprisa, que aún está
a las puertas de tu casa.
Que el Cielo me haga este mal,
sabiendo que es verdad clara...
que es mi esclava y que en su cara
lleva mi hierro y señal,
y que aunque se mire en ella,
mientras no se arrepintiere
y sus pecados dijere,
no pueden sacarme de ella.
Aunque me entre mil prisiones,
voy tras ella. Llama luego
al deleite, al amor ciego,
a la carne y sus traiciones.
Llama a Luzbel, llama al mundo,
al engaño, a la mentira,
a la traición, a la ira,
a las furias del profundo.
Salen todos los locos.
Venid, bandas de la tierra,
que el alma se nos escapa.
A la trapa, la trapa, la trapa,
toca al arma, guerra.
Dos o tres veces. Vanse.
Sale San Pedro con tunicela y ropa.
Vienen la Inspiración y el Alma.
¿Cómo, enfermos, no llegáis
a aquesta insigne botica
donde el cielo comunica
la salud que deseáis?
Llegad si queréis salud,
llegad si queréis consuelo,
llegad si queréis el cielo,
que da el cielo su virtud,
debajo de aquestas llaves
que son del eterno coro;
tengo el divino tesoro
de sus medicinas graves.
Estas llaves os darán
de Dios cuerpo, sangre y vida,
dándose en pan por comida,
sirviendo de velo el pan.
¿Mas qué gente es la que viene?
¡Oh, vicediós en la tierra!
¡Oh, Señora, en quien se encierra
el bien que al alma conviene!
Viene, padre santo, aquí
el alma enferma y herida.
Vengo en busca de mi vida,
que como loca perdí.
La Inspiración me encamina
a que diga que pequé.
La cortina correré
desta botica divina.
Llegan los locos y la culpa, la cual ase al Alma y dice:
¿Piensas, porque huyendo vas,
de estar libre de mis lazos?
Ásese de él.
¡San Pedro, dame tus brazos!
Alma, en los de Dios estás.
Aparece Cristo glorioso con un cáliz y una hostia encima, y del costado seis cintas carmesíes que van a dar a seis sacramentos; caen los locos y la culpa; San Pedro y el alma e Inspiración, de rodillas.
Esposa del alma mía,
En mi casa estás, no temas,
pues te has venido a sagrado;
bien es te valga la iglesia.
A esta ventana te asoma
y podrás mirar por ella
que te tengo en mis entrañas
para tu remedio abiertas.
Abrí la bolsa del pecho
por pagar todas tus deudas,
y como de cuanto tuve
dejéme la bolsa abierta,
entra en lugar de mi sangre
vertida por tus ofensas;
pues ella sale por ti,
bien puedes entrar por ella.
Vertí para tu rescate
el tesoro de mis venas;
sangre di, lágrimas pido,
lágrimas tus ojos viertan.
Tu amor del cielo me trujo
Tu amor me bajó en la tierra,
tu amor me fijó en un madero;
que heridas de amor son estas,
llega a estos abiertos brazos,
hazte de aqueste olmo yedra
para que subas al cielo,
que hasta allá mi altura llega.
Allega, paloma mía,
haz el nido en esta piedra,
que vierte arroyos de sangre
para ablandar tu dureza;
no haya más, dame la mano,
yo perdono mis ofensas,
que me sabe gusto tu llanto,
llora, que en verte me alegras.
Esta botica que ves,
por tu bien dejé en la tierra;
pide para tu salud
sus drogas y sus riquezas,
lo que a tu dolencia importa
es la amada penitencia.
que abre las puertas del cielo
y entra sin llamar por ellas.
Doyte mi cuerpo divino
entre estas especies bellas
para transformarte en mí;
siendo yo tu vida mesma,
quiero, alma, que seas por gracia
lo que yo soy por esencia:
yo soy Dios, y Dios serás
con aquesta diferencia.
Vosotros, fieros ministros,
id a otra cárcel fiera,
que de la confesión santa
quedará más que el sol bella.
Con el Alma.
Cese tu justa fatiga,
pues que salud tienes ya.
Dios su absolución te da,
Él te la bendiga.
Culpa fiera, ¿qué esperamos?
Que no hay ver aquellos ojos.
A nuestro hospital de enojos
desesperados volvamos.
Llego como cierva herida
a aquestas fuentes del amor,
y al hombro del buen pastor
como la oveja perdida,
como el pródigo arrojado
al anillo y a la estola,
y de entre una y otra ola
llego al puerto deseado,
llego como indigna esclava
a segunda redención.
Ya aquí comience el perdón
adonde el auto se acaba.
Fin.
Sub correctione Sanctae Romanae Ecclesiae fecit Toleti magister Joseph de Valdivielso, anno Domini 1602. Joanes de Ausa sua scripsit manu.
Página en blanco.
Vuelve a este hospital de orates a los desatinados, volviendo el alma.
El término "Alma." en el original sirve simultáneamente como final de la acotación y como indicación del personaje que habla a continuación.
Llego como cierva herida
a las corrientes de amor,
y al hombro del buen pastor
como la oveja perdida;
como el pródigo, arrojado
a los pies de las piedades,
y de sus muchas maldades
en el puerto refugiado.
Llego como indigna esclava
llorando a redención,
y granjeó con sangre el perdón,
adonde el auto se acaba.
Fin. Authore suo factum Toleti Magister Joseph de Valdivielso Anno Domini 1622