
Publication date: August 22, 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El nacimiento del hijo de Dios. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-nacimiento-del-hijo-de-dios.
Canta dentro la Música, y el Ángel.
Los ángeles canten,
los hombres celebren
las glorias de Dios,
del hombre los bienes.
Salen por una puerta la Naturaleza, y por otra la Culpa y representan, sin verse.
Entre alegrías extrañas,
y confusiones alegres
el discurso vacilante,
o se pierde, o se entorpece.
Entre temores confusos,
y temidos contingentes,
alucinando, me ofusco,
y alucino intercadente.
Sin saber qué novedad
el alma gustosa siente,
que la siente, y la conoce
con efectos diferentes.
Ignorando estos efectos,
de qué causa así proceden,
pues, si extraños los admiro,
que la miro me parece.
Pues de un nuevo oculto gozo
va a resultar accidentes,
que, si admirada, la elevan,
elevada, la enternecen.
En una inquietud extraña,
sin que ideas represente,
que parece, que las veo,
y sin verlas me estremecen.
Y aunque, si no como oscuros,
distintos los considere,
en lo interior siento, que
conforme se compadecen.
Y aunque despreciables juzgue,
sin fundamento evidente,
estos discursos, no excuso,
que interiores me atormenten.
De una opresión, que molesta,
pesada prisión, parece
naturalizada en ella,
de que librarse no puede.
De un adquirido dominio,
cuya posesión me viene,
por derecho original,
perpetuo de gente en gente.
Parece, que ya los lazos
se aflojan, si no disuelven,
con que, si no libertad,
esperanza de ella tiene.
Proponiéndome ilusiones
vanas, mas al fin vehementes,
que de ella, aunque irremisible,
puedo despojada verme.
Y entre aprensiones ambiguas,
sin saber quién las fomente,
parece, que un imposible
a ser posible se ofrece.
Y aunque es imposible, cuando
redención equivalente
de empeño, que es infinito,
ningún humano hacer puede.
Pero de aquestas ideas
aunque imposibles no espere,
tampoco quiero dudar,
el que algún misterio encierren.
Una fuerza, que a delirio
de fantasía procede,
parece, que este imposible
medite, que ha de vencerse.
Cuando más, que misteriosa
esta noche, si se advierte,
milagrosa se nos muestra,
y prodigios nos promete.
Y en Noche, que prodigiosa,
todo es portentos, que exceden
lo natural, temerosos
se puede, aunque no se esperen.
Pues en ella maravillas
permiten oírse, y verse
portentosas, compitiendo
el Cielo, y la Tierra alegres.
Pues los que viéndose están,
si se ven, no se comprenden,
porque el orden natural
de Tierra, y Cielo se pierde.
Porque apuntan lucimientos,
y con festejos solemnes
de música los oídos,
como los ojos, suspenden.
Porque a un mismo tiempo el Cielo
todo a la Tierra desciende,
y de su centro olvidada,
la Tierra, ser Cielo quiere.
Mas entre tantos consuelos,
y gozos, como se ofrecen,
Mira hacia donde está la Culpa.
Y hace que vuelve a otra parte.
en lo interior, y exterior
de causas, que no se entienden,
de la propensión, que el alma,
como perpetua, padece,
no se libra; aun olvidada
en los afectos, que siente,
sintiendo remordimientos,
que efectos ocultos mueven,
y sin entender la causa,
como entendida, la teme.
Mas ¡ay de mí! que, porque
a la pena no me niegue,
veo que hoy, si no entendida,
quedar conocida quiere,
dejándose ver en forma
corpórea, o en sombra aparente,
y no es extraña la duda,
si el tacto no la discierne,
está siendo la vez sola,
que la vista la comprende,
y que conocerla pudo;
porque las mismas especies
de las confusas ideas,
que de ordinario en la mente
me representa, en su aspecto
las ofrece aquí vehementes,
horror causando con él,
y asombro, pues obscurece
la noche, que entre los días,
se aventajaba al más alegre.
De su presencia fatal
huir quiero, pues no lo sufre,
o mi suerte, o mi desgracia
que ni huir pueda, ni verme
libre de sus impresiones
desasosiego, que siempre
basta importuno, sin que
también súbito atormente.
A ella.
Aparte.
La Naturaleza allí
se retira, o se suspende,
que, aunque siempre estoy con ella,
no es mucho, que extrañe el verme
en la manera, que ahora
mi asistencia se la ofrece,
ni tampoco, que no vistos
portentos en mí, la alteren,
obligándome a tomar
forma así, por si pudiese
sosegar mis inquietudes,
o en parte, satisfacerme.
Llegar quiero, si es que puedo
más llegada llegar, que atiende
mi solicitud así
alejar inconvenientes,
la posesión afianzando
por todos medios, que tiene
mi derecho en ella, y porque
de tantas dudas ya cese
la confusión, que me asiste,
si noticias adquiriere
con el trato, a que me aplico
familiar equivalente.
Zagala hermosa, que Dios
salve: como lo pretende
hoy mi anhelo: ¿Dónde en hora
excusada, sola vienes?
que si hora, y soledad
aquí ansí mora no temes,
a la decencia a lo menos
uno, ni otro no conviene.
Aparte.
Y ese cuidado excusado,
pues a ti no te compete,
cuando yo no te conozco,
aunque temo el conocerte.
Pues yo te conozco, y ansí
te digo, que no desprecies
mi atención, y esta no dudes,
que ha mucho que me la debes
muy grande, que no es de ahora,
no lo extrañes, ni te alteres.
¿Qué oigo? ¿Tú me conoces?
Mis temores así crecen.
Aparte.
Te conozco tanto, que
apenas de tiempo breve
hubo distancia, en el tiempo
de ser tú, y de conocerte
en la patria, donde fuiste
criada, porque atreverme
pude a entrar, aunque la tierra
mucho de cielo tuviese
hermosa, apacible, y fértil,
porque en lícitos deleites,
nada al dueño faltando,
todo al gusto allí sirviese.
Y de todo al fin, señora,
te rendían obedientes
el vasallaje conformes
aves, animales, peces,
con mil gracias, que de gracia
te adornaban de tal suerte,
que vida de gloria fuera,
si en ella te mantuvieses.
Desgracia mía sería
el no saber mantenerme
en esa felicidad,
aunque de ella no me acuerde,
sin que conozca más patria,
que la que huello, en que crueles
abrojos, y espinas hallo,
penas, y dolores siempre,
y al fin las aves, y brutos,
ni me sirven, ni obedecen,
que aquellas, volando, huyen,
y estos contra mí se vuelven,
y ajena de lo que dices,
de mí enajenada, crecen
dudas, temores, y penas
de verte, escucharte, y creerte.
Aparte.
Que fue desgracia es sin duda,
pero desgracia, que pende
de la culpa, y la tuviste,
como aquí ahora me tienes,
sin que olvido, ni ignorancia
para nada te aprovechen,
porque la culpa, y desgracia
una de otra te convencen,
y no puede la memoria
faltar de hecho tan solemne,
que desde el principio al fin
tu descendencia comprende,
porque en él damnificada
quedó, sin que se reserve
criatura alguna. Miento,
que aunque aquí no lo confiese,
(a mi pesar) preservada
una se libró, que indemne
del contagio general,
que todas por mí padecen.
No pude (¡oh, pese a mis iras!)
lograr, por un solo breve
instante, entrada, siquiera
aquí la cara me viese,
y menos después, que el cielo
siempre de mí la defiende
privilegiada, sin que
la suya pueda atreverme
a mirar; aquí otra vez
mi ira, y rabia se encienden,
no solo, por ver, que libre,
en todas instancias vence,
sino, porque a las demás,
que puedan librarlas, temen,
pero temo un imposible,
en esto mis ansias mienten,
y así lo dejo, aunque no
lo olvido, porque lo deje.
Y ahora al discurso vuelvo,
y así no hay razón, que alegues,
para dudar lo que digo,
y si más señas quisieres,
que tuve parte en tu pérdida
también mi razón te advierte,
conque así es fuerza, que no
el conocimiento niegues,
que de ti tengo, y tampoco,
que de mí debes tenerte.
Aunque individual, no tenga
alguno, veo que pueden
motivarle tus razones,
que con recelos no leves,
que siempre mi mal me dictan,
llegan a hacerle evidente.
Mas en mi desgracia, o pérdida,
qué parte tener pudieses
extraño.
Pues no lo extrañes,
mas que fue ganancia entiende
tu pérdida para mí,
trocando los intereses.
Aunque no es nuevo ganar
unos, en lo que otros pierden,
confusión para mí es nueva
la que ese ignorado trueque
me ocasiona, no sabiendo
cómo, o cuándo tú pudieses
parte tener en mi pérdida,
o qué causa procediese
para ella.
No lo ignoras,
aunque olvidada la tienes
al parecer, como si
con el tiempo prescribiese.
En el olvido, que antes,
a su pesar, permanece,
sin ser posible negar,
por más, que en tu abono alegues,
que fue romper un precepto,
que se te puso bien leve;
tu fácil inobediencia,
esforzando diligente
mi astucia, que cautelosa
te obligó a que la creyeses,
a precio de un apetito,
a que osada te revuelves,
y osada también, si atenta
al furor, que allí me impele,
en ti, por mí, le vengué,
de quien vengarse no puede,
que lo que se hace en la hechura
también a su autor compete.
Ya con eso aquí confiesas,
que de una, y otra suerte
fue traición tuya, en el hecho,
y en el modo de emprenderle,
valiéndote de cautelas,
y astucias; y aunque confiese
mi facilidad, también
tu engaño dice quien eres,
porque ya, conociéndote,
al creerte, y verte me niegue.
Para vencer, la cautela
se introdujo; así quien vence,
sin vituperio en la gloria queda,
que venciendo adquiere,
y cuando culpable sea,
si en la misma culpa tiene
su origen, solo culpado
será aquel que la admitiere,
conque, solo a ti, de ti
quejarte en tal caso puedes;
pues que sin ti no pudiera
ganar yo, ni tú perderte.
Altiva.
Soy altiva.
Eres cruel.
Mi triunfo es ese.
Eres traidora.
Soy brava.
Eres enemiga aleve.
En vano te quejas, pues,
si soy enemiga, soy fuerte.
Huiré de ti.
No podrás.
¿Por qué?
Porque aunque lo intentes
es ya tarde.
A tiempo estoy.
Engáñaste, si tenerle
piensas.
¿Cómo ha de faltarme
el que logro de presente?
Su engaño en eso consiste,
porque tiempo, que aproveche
para librarte de mí,
le perdiste para siempre.
Aparte.
A ella.
Pena terrible, que el alma
a su rigor se estremece
de oírlo solo:
recobrar
hoy lo perdido pretende
mi anhelo, puesto que tiempo
al mismo tiempo sucede.
Intento es vano, pues cuando
quedádote tiempo hubiese,
en todo tiempo ligada
con indisoluble, y fuerte
lazo, me tienes contigo.
Romperéle, aunque te pese,
oh fiera, que habrá poder,
que de esa prisión me suelte.
¿Cómo, o qué poder presumes
a librarte equivalente?
Canta dentro el Ángel esta copla.
De un Dios hombre, que midiendo
su piedad con su poder,
ha ajustado lo infinito
con lo finito esta vez.
Pero por mí ha respondido
voz, que en el aire suspende
a el alma, y aunque ignorada,
su armonía entender quiere.
Pero, ¿qué acentos sonoros,
por serlo tanto, me ofenden,
que sin entenderlos, siento,
que mortalmente me hieren?
Va saliendo el Ángel en una tramoya, y va pasando el
tablado, de modo que cuando acaba las coplas
se entre.
De un Dios hombre, que midiendo
su piedad con su poder,
viene a libertaros, hombres,
os avisa mi voz fiel,
que del triste cautiverio,
en que os dejó aquel primer
hombre, padre universal,
la prisión ha de romper.
Y Adán nuevo, y mejor Padre
viene a daros nuevo ser,
regenerándoos en gracia,
que perdisteis por aquél.
Gracia siendo, que de gracia
os da, puesto que deber
nada os puede, y gracia en fin,
que también gloria ha de ser.
Los Ángeles canten, los hombres celebren
las glorias de Dios, del hombre los bienes.
De el amor solo obligado,
que este es todo su interés,
del hombre, que hechura suya
formó, mirándose en él.
Cuya fineza ha podido
en la humana pequeñez,
su divinidad ceñir
de hombre, como lo veréis,
encarnando en la más pura
Doncella, para hacer,
que conserva siempre ilesa
su virginal candidez.
Pues, como antes, y en el mismo
Éntrase.
parto, y como en él, después
privilegios de pureza
gozó en su primero ser.
Los Ángeles canten, etcétera.
Id a buscarle, que tierno
hoy dos veces le hallaréis,
una por recién nacido,
por amante, otra en Belén.
Donde un humilde portal
su regio palacio es,
y sus guardas militares
son una mula, y un buey.
Porque humildad, y pobreza,
aunque es de los Reyes Rey,
son sus blasones, y quiere,
que todos los tomen de él.
Para hacerlos en su Reino
grandes, de cuya ley
perfecto legislador,
es observante también.
Los Ángeles canten, etcétera.
En el cual los poderosos,
como soberbios, se ven
depuestos, que de él está
desterrada su altivez,
y ensalzada la humildad
en los desvalidos, que,
por pobres, hoy los primeros
son llamados a este bien.
Ya id todos diligentes,
a buscarle acudid, pues
la libertad, paz, y vida
a todos viene a traer.
Gloria a Dios en las alturas,
vuestro fervor, y placer
diciendo, y así en la tierra
paz a los hombres también.
Los Ángeles canten, los hombres celebren
las glorias de Dios, del hombre los bienes.
Mirando a la Culpa.
Voz, cuya dulce armonía
te califica celeste,
luz, que divina acreditan
esplendores refulgentes,
cuando tus ecos me avisan,
cuando tus rayos me advierten
tan ciertas felicidades,
que toda duda disuelven,
declarando aquí misterios,
que han podido al fin tenerme
confusa hasta ora; ahora
como a norte seguiréte,
segura, que me conduzcas,
adonde a lograrlas llegue,
pues ya no pueden dudarse,
y menos deben temerse
los rigores de esta fiera,
ni sus amenazas fuertes.
Vase por la parte, donde se entró el Ángel, como siguiéndole.
¿Qué veo? ¿qué oigo? Pasmada
veo, ni oigo, porque mueve
el discurso, donde nacen
de enigmas, que nunca entiende,
asombros, pasmos, horrores,
que a fuerza de luz me cieguen,
y en armoniosos acentos,
me confundan, y atormenten,
prodigios, de que llevada
la Naturaleza, quiere,
(según lo muestra) de mí
o librarse, o defenderse;
seguiréla, aunque consigo
habitual siempre me tiene,
porque invisible o visible,
de uno y otro me aproveche,
atendiendo a los efectos,
que de causas procedieren
tan extrañas, porque así
nada por hacer me quede.
Vase furiosa y sale Bato soñoliento.
Saca perol y cucharón.
Santo Dios, ¿si me he dormido?
Mas no, que del lado mismo
que me acosté, me levanto
sin rebollirme, y es cierto
que si dormido me hubiera,
que lo sintiera; ¿qué es esto?
Sin sentirlo ha amanecido,
¿y es día, y aun día y medio?
Pero sea lo que fuere,
las migas ahora hacer quiero,
que es lo que importa; otra vez
calzalle echaré al llocero,
que cuasi se me escabulle.
Ahora sí, los aparejos
voy pranzando mientras salen
los otros mis compañeros,
que al zampar es buena fe
que no se descuiden ellos,
aunque no sé dónde andan,
porque tampoco los veo.
Pero ya viene Llorente.
Sale Llorente, mayoral.
Bato, que estabas durmiendo
juzgué, y venía a llamarte,
porque veas lo que vemos
los demás, y que jamás
otra vez se espera verlo,
que a media noche de soles
bordado está todo el cielo,
y entre nubes esmaltadas
la luna su coche negro,
de resplandor su vestido
nos muestra hermosos y nuevos.
Que se deben de casar
el sol y la luna pienso,
Llorente, porque ¿qué otra cosa
será la que estás diciendo?
Pues coche y libreas de gala
es propio de casamientos,
y habrá dejado sus lutos
la luna, galas vistiendo,
y aunque no entiendo lo que es,
sé que he engañado al sueño,
presumiendo que era día,
y de mí quejarme siento,
y así trataba de hacer
las migas, que del mortero
el repicar, es un son,
que se oye por los oteros,
sin que campanas o múrganos
se le igualen, y gruñendo
estaba así un tanto cuanto,
porque el despertador miguero
se me escapó, sin saber
cómo; mas del mal lo menos
dice el refrán, conque al fin
las migas quiero ir haciendo.
No extraño que te engañases,
ni de esta noche el desvelo
debe dar pena, que es gloria
cuanto en ella estamos viendo.
¿No ves de varias colores
aves con alegres vuelos
en el aire? Como flores
tienen los campos amenos,
que en número y en belleza
estrellas son en el suelo,
equivocándose flores,
y estrellas a un mismo tiempo?
¿Deshace toda la nieve
contra vigores del cierzo
de rosas y de claveles,
porque en céfiro se han vuelto?
¿Desatinado el ganado,
uno con otro revuelto,
como en el prado retoza?
¿Y cabritos y corderos
piezas de ajedrez parecen
entreverados a trechos,
los blancos y los oscuros?
¿Y las vacas y becerros
cuáles saltan por la sierra?
Y hasta los lobos y perros
parece que están de fiesta,
pues paz esta noche han hecho.
Dentro grita.
Todo lo veo, y también,
que del revés traigo puesto
el sayo, porque de prisa
se vistió, y parece vengo
de fiesta con el disfraz,
mas no seré solo, creo,
que allí viene Juan Chamorro,
si no me engaño, cubierto
con la manta, que en traer
cama consigo anda diestro,
ya que esto solo le envidio,
pues aunque asiste despierto,
consolarse en la taberna
podrá, si no duerme dentro,
y Peinado por san Junco
es aquel, hecho y derecho
un pantasmón, zambullido
el cogote todo entero
en su capote y zamarra.
Ya parece que el almuerzo
han olido, y no quisiera
verle en tamaño riesgo,
que bastan dando relinchos
por una y otra andabio,
pájaros, que sobre agüita
parece que van corriendo,
y le correrán, si llegan,
zampándole, y más ligero
quedaríamos entonces,
aunque parados estemos.
Notablemente discurres,
de no correr con el miedo,
mas no debes espantar,
que a la novedad atentos,
concurran con diligencia
chicos, grandes, mozos, viejos.
Sale Peinado, mayoral, muy metido en un capotón.
Buenos días, mayoral.
Amigo, tenlos buenos.
Y tales que no han de verse,
ni semejantes a ellos
en los montes de Belén,
ni en parte del mundo pienso.
Sale Chamorro liado en una manta.
Bien hallados, camaradas,
¿cómo tan temprano en estos
estáis? cuando yo presumía,
que el madrugador primero
era yo.
Seáis bien venido,
que todos, dejando el sueño,
pensando que amanecía,
estamos, cual ves, despiertos,
pero juntos día y noche
los vemos, y estamos ciegos,
viendo, y no viendo, y dudando.
En que el hallarnos tan presto
no es maravilla, pues, cuando
con tantas despierta el cielo
a todos, fuera imposible
el que durmiera, y el sueño,
muerte propia, no ya imagen
suya, fuera; así suspensos,
y desvelados estamos
todos.
Que también me han hecho
despabilar todas esas
confusiones, que no acierto
a explicarlas, como vos,
que so al fin un majadero,
pero entendí que era solo.
Come.
Bien pudieras entenderlo,
que también entiendo yo,
que no está sano ese perro,
aunque entre mantas le traigas.
Qué quies, Bato, ansina vengo,
mas en comunidad, y aprisa,
y la prisa de provecho
habrá sido, pues si ayuda
Dios al que madruga, es cierto,
que a mí me ha ayudado agora,
pues a tan buen tiempo llego,
que el almuerzo prevenido
tienes ya.
De eso reniego,
que a mal tiempo, y en hora mala
has llegado; lindo cuento.
Come.
Yo digo, que para ti
lo será, pues solo atento
a zampar, tener no sabes,
ni aun de burlas, cumplimientos
con camaradas, ni amigos.
Que no es ocasión, te advierto,
de burlas, y yo sé bien,
que para nada son buenos
a las horas del comer,
cumplimientos, y ahora temo,
que con cumplida llaneza
mos dejes temblando al fuego.
Temblar, y al fuego?
Pues no?
si nos soplas el almuerzo,
pues el calor por de fuera
qué sirve, si falta dentro?
No seas, Bato, tan mezquino,
porque eso es de ruines pechos,
que si a mi cabaña fueras,
cumplimiento muy entero
de almuerzo, comida, y cena
te hiciera en ella.
Come.
No quiero
yo cumplimientos tan grandes:
con ese hueso a otro perro.
Oh, por eso no quedara,
que si tú quisieras huesos,
entre las migas echar
algún huesezal yo suelo,
y, comiéndome la carne,
los huesos duros, o tiernos
no te faltaran, y así
no riñéramos por eso.
Come.
Dios te guarde; qué cumplido
eres en todo en efeto!
mas para que ya lo entiendas,
de esa obligación deseo
excusarte, ansina ahora
la ocasión quitar pretendo.
Y muy a propósito ésta
de discursos tan groseros
es, como los dos tenéis.
Son como suyos necios.
Mas no me dirás, Llorente,
como leído, y discreto,
que entre los demás pastores,
sois, y más os alumbráis,
qué se podrá discurrir,
o esperar de los misterios
notables de aquesta noche?
A deciros nada acierto,
sino es que llegue a pensar,
(si a pensar tanto me atrevo)
que han llegado ya los días
de aquel prometido tiempo
de Isaías: y que viene
a comer, como entendemos,
miel, y manteca el Divino
Emanuel.
Eso es muy güeno,
porque de manteca, y miel,
que se nos pegue algo espero,
pues para todos traerá
tal Señor, y comeremos.
Aunque no, como lo entiende
tu rusticidad, es cierto,
que viene para dar a todos
sus bienes, mas no por esto
serán para todos, porque,
a los unos escogiendo,
y desechando a los otros,
es como se entiende aquello
de comer manteca, y miel,
solo eligiendo lo bueno,
y lo malo reprobando,
esto, según le obliguemos.
¡Oh! para eso de obligarle,
que audiencia tendré pienso,
porque con sabrosas migas
doradas como el sol mismo
le regalaré, y con leche
pura, y requesones frescos,
y le daré juntamente
algún pintado cordero:
¿pareceos, que soy yo bobo,
y que los modos no entiendo
de negociar?
Bueno está,
y decirte solo quiero
ahora, que el que consiguiere
su Gracia, será el discreto,
y de camino también,
que el tratarle de cordero
puramente, será modo
de negociar muy perfecto,
porque es cierto, que de Sion
el cordero es verdadero.
A comer.
Ni de Sion, ni de no Sion
no entiendo, mas yo me entiendo.
Nadie hay, que no se entienda
en tocando a su provecho.
Mas volviendo, (esto dejado)
Llorente, al discurso nuestro,
que evidente le hacen ya
tan raras señales creo,
y así están los corazones
de alegría, y gozo llenos
de todos, y a todos sacan
de sus cabañas, y pueblos
esta novedad alegre,
y este no visto contento,
al cual no pudo igualar,
aunque fue con tanto extremo,
en casa de Zacarías
el que, el niño Juan naciendo,
causó, como en su montaña
Con regocijos diversos.
Mientras todas estas cosas,
si son, o no son, sabemos,
tratemos de hacer las migas,
que esto que importa: yo llego
de la leña mal enjuta,
Bato, lo que está más seco;
en el entretanto tú
haz que retumben los ecos
del pedernal y eslabón,
y encendamos lindo fuego.
Si esto ha de ser por fuerza,
manos a la obra, empiezo,
y el retumbido se oiga
en los apartados cerros,
para encender, que esta noche
la mucha lumbre del cielo
la misma nos ha matado,
que otra cosa ser no entiendo,
y sería gran descuido,
que los curiosos por yerro
culparan, estar sin lumbre
los pastores en invierno.
Tú migarás el pan,
mientras que a hervir el caldero
pongo yo con el recado,
y mira, que con el queso,
no te lo comas.
Descuida,
que tal no haré.
Es que viejo
tienen pan y queso juntos.
Desconfiado eres; empero
dime, ¿has de echar en las migas
queso?
Sí, que hacerlas quiero
de regalo, y que la noche,
que es de fiesta, celebremos.
Vaya pues, que ese guisado,
antes de probarle, apruebo.
Sale la Naturaleza de zagala, mayorala, cantando.
Gloria a Dios en las alturas
repita alegre mi voz,
y en la tierra paz al hombre
el compás y dulce son,
siguiendo, que lo pregona,
como armonioso veloz,
todo el ámbito llenando
de esa esfera superior.
Y interesados vosotros,
hombres, pues tanto lo sois,
en vuestra paz y su gloria,
que ajustan feliz unión.
Acompañándome todos,
celebrad conmigo hoy
vuestras dichas, que redunden
en alabanzas de un Dios,
que viene humano a buscaros,
obligado de su amor;
y de la paz y la gloria
convida a mutua porción,
para lo cual os convoca
a todos mi obligación,
que con todos y por todos
a adorarle humilde voy.
Nuestra mayorala viene
alegre, según advierto,
puesto muestra su semblante,
y sus sonoros acentos.
No hay duda, y pues que festiva
se muestra con tal extremo,
me persuado, que es anuncio
de favorable misterios.
Venga en buen hora a llenar
de alegría el rancho mío,
que a buena hora viene, cuando
el almuerzo está dispuesto.
Harto es que venga en buen hora,
a la de almorzar viniendo,
mas que el regalo repara
para mí sea, si no pequeño.
Por lo que se te ha de pegar,
que estás comprido, sospecho,
mas para ella yo haré
bien comprido el comprimiento.
Sale la Culpa también de zagala, por donde salió la Naturaleza.
Sigo a la Naturaleza
en el traje de que vengo
prevenida, y disfrazada,
porque sus pasos e intentos
penetrar, y seguir trato,
por si divertirla puedo
de los impulsos, y anuncios,
que en tan no vistos portentos
esta noche ha aprehendido,
o ciertos sean, o inciertos,
cuya novedad influye
en mí desmayos, y alientos
en ella de sacudir
(aunque es imposible) el cuello
del yugo de servidumbre,
con que se le tengo opreso,
convocando a cuantos tienen
de ella ser, que a los misterios
milagrosos, que se ven,
están también atendiendo,
y yo a todos, como a todo,
familiarmente pretendo,
introducida, atender,
porque así por todos medios
me asegure, en forma que,
intentos desvaneciendo,
y pasos embarazando,
ni aun de leve pensamiento
la quede alguna esperanza,
que no frustre mi desvelo,
que si con él me atormenta,
¿qué fuera con el efeto?
A todos, y a cada cual,
como se debe, agradezco
de su buena voluntad
finos reconocimientos,
mas ya, que los consagréis
a quien se deben pretendo
únicamente, porque este
es el único pretexto
de mi venida, avisándoos
la obligación, que de nuevo
os incumbe, sobre cuantas
debérsele considero
a un Dios, que por su inefable
bondad, a su Hijo, y Verbo,
(Dios siendo) a buscarnos hombre
ha enviado, para remedio
de nuestra necesidad,
y hombre esta noche naciendo
en Belén en un portal,
que ha querido hacerle cielo
con su abrigo, y pobreza,
a los rigores expuesto
del tiempo, porque su amor
abrasar puede los hielos.
Y aunque es general a todos
beneficio tan supremo,
mas que todos se ve en él
favorecido hoy el pueblo
de Israel, pues ha elegido
madre en él, de quien naciendo,
la humanidad ha tomado
entre nosotros, por medio
milagroso, porque siempre
virgen, y aunque madre siendo,
intacta, y pura conserva
su integridad, y en efecto,
aunque sea el conformarse
dos extremos tan opuestos
milagro: milagro es mayor
ver unidos los extremos,
distancia habiendo infinita
del hombre, con lo terreno,
lo divino de Dios todo,
sin que le obste lo inmenso.
Y esta es la causa de ver
los milagrosos efectos
de esta noche, que conforman
con tan singular misterio,
que han publicado también
celestiales mensajeros
con música, y armonía
en la tierra, y en el viento.
De que, informada, a informaros
también, diligente vengo,
a vosotros, como a cuantos
el ser de mí recibiendo,
como de segunda causa
proceden, que mis intentos,
a mi obligación conformes,
a todos los enderezo.
¡Oh, bendito sea el Señor
Dios de Israel, Dios inmenso,
que a beneficiarnos siempre
está pródigo atendiendo,
y pródigo más, que nunca
hoy con milagroso exceso!
Eternamente alabado
sea, y la Madre alabemos
ya también, que de tal hijo
mereció llegar a serlo.
Mas ¿no nos dirás, Señora,
quién un grado tan excelso
ha conseguido dichosa?
que con ansias te lo ruego.
La soberana María
de Isabel prima, que a empleo
tan alto fue destinada
con singular privilegio.
La rosa es de Jericó,
que de su virgíneo seno
este encarnado clavel
nos ha dado tierno, y bello,
sin que su pureza haya
padecido detrimento.
Aparte.
Aquí de mis iras crueles,
que de rabia desespero,
no bastaba el que logró
su concepción sin ejemplo,
que, aunque ahora no es notorio,
para mí que lo es confieso,
y negar este segundo
no puedo, porque el primero
facilita los demás.
Solo de pensarlo tiemblo.
Lo mismo la Sibila
vaticinó (a lo que entiendo).
¿Qué pudo vaticinar la Sibi-
la Sibila?
Manifiesto
de su vaticinio ya
está el oculto concepto,
que dijo, que de una virgen
habría aquel supuesto,
de que habló, sin declararlo,
pues ya cumplido lo vemos.
Eso es solo inteligencia
dar a oráculos inciertos,
y más como ese, que al fin
pudo bien dos veces serlo,
cometiendo, por mujer,
y gentil, doblados yerros.
Cuando Dios quiere anunciar
misteriosos sus secretos,
a los más humildes suele
elegir por instrumentos,
porque a sus disposiciones
bastan cualesquiera medios.
Y sin eso, los profetas
infalibles en los textos,
(del espíritu divino
inspirados) lo dijeron,
la venida del Señor
profetizando, y que el medio
de hacer de madre virgen
desde ab initio dispuesto
tenía su providencia.
Aparte.
Cuando de esos fundamentos
aseguréis lo infalible,
que ni niego, ni concedo.
Disimular me conviene,
por excusar argumentos.
Porque, cuando hablen al caso
de su venida, no al tiempo
presente ajustarse pueden,
ni al modo, porque diverso
ha de entenderse, y así
muy diferente lo entiendo.
Lo que yo de su sentir
tan errado a entender llego
es, que te haces sospechosa,
y pues no te conocemos
arguye mayor malicia.
Yo sí, porque mis recelos,
enemiga disfrazada,
tus cautelas previniendo,
te descubren, cuando más
tus alevosos intentos
disimulas, pero ya
mal podrán tener efecto,
aunque veo, que por mí,
de ti librarme no puedo.
Que me conozcáis, o no,
hace poco al argumento.
Pues declárate, y sepamos,
de dónde, o con qué pretexto
has venido a introducirte
con nosotros.
De muy lejos
he venido, y aunque ahora
se os haga aquí tan de nuevo
mi introducción, entended,
que esta ha sido tan de asiento,
que está naturalizada
con vosotros.
No penetro
de tus confusas razones
el fondo, pero sospecho,
que incluyen perjudiciales
fines, en sí tan adversos,
que temerlos ya debamos.
Y tanto, que no debemos
dudar, que oculto enemigo
es, que solo pretendiendo
nuestra ruina, con engaños
se introduce así, y supuesto,
que extraña en todo se muestra,
es justo, que al punto luego
le despidamos, y en caso
digo, que no quiera hacerlo
por bien, la violencia valga.
Aparte.
Por vuestro bien a lo menos
fuera, cuando conseguirlo
pudierais.
A eso me atengo.
Bato amigo, ¿qué me dices
del hermano compañero,
que aquí se nos ha pegado,
sin saber cómo?
Yo pienso,
que huele mal, si no es
que sea yo el que mal huelo,
y aunque en verdad he tenido
un poquillo ansí de miedo,
si se descuida, yo cuido,
que ha de llevar pan de perro.
Excusad las controversias
con seguro presupuesto
de que enemigo es de todos
universal, de que tengo
(con cuánta pena lo digo)
entero conocimiento,
y aunque vosotros ahora
le desconozcáis, es cierto,
que no pueden las noticias
faltaros, por más que el pleno
conocimiento se oculte
con lo exterior del objeto,
que se os representa aquí,
(que no lo extraño) y el medio
de librarse, no es huir,
porque no está ya el hacerlo
en nuestra mano, que el daño
no se ocasiona en el cuerpo,
y que le busquemos solo
conviene, pues le hallaremos
en el Señor, que benigno
El medio con el remedio
eficaz a darnos viene.
Aparte.
Que confiada a mi despecho
está la Naturaleza.
En eso mismo convengo,
y a buscarle presurosos
es bien que partamos luego.
Vamos al punto, que en alas
quisiera ir de mi deseo.
A sacrificarle el alma,
que aun será muy corto obsequio,
pues darle lo que nos dio
es cosa, en que nada hacemos,
y más cuando a aquesta duda
se sigue la que de nuevo
nos impone su piedad.
Ya nada temer podemos,
pues en los muros está
de Belén hoy el guerrero
Capitán de Israel, que
libertar sabe a su pueblo
de aflicciones, y prisiones,
que las de aquel cautiverio
del cruel Faraón rompió,
dividiendo el Mar Bermejo;
y de fuertes enemigos
en ocasiones venciendo
ejércitos innumerables
de asirios, y de caldeos,
madianitas, y amonitas,
y solo con el estruendo
de trompetas, derribó
de Jericó los soberbios
muros, que nos libre ahora
del enemigo más fiero
quién puede dudarlo?
Yo
más fácil es todos esos
prodigios, siendo sin duda,
que no las ruinas del pecho,
que vuestros primeros Padres
os impusieron perpetuo.
Infiel, el Señor, que todo
lo puede, y viene dispuesto
a usar de su beneficio,
sin limitación de inmenso;
lo hará, que de su piedad,
y nuestra fe lo sabemos.
Y cómo, que es Dios de Dios,
Luz de luz, resplandeciendo
sus misericordias tanto,
que los tesoros abiertos
ha franqueado, porque logren
los hombres vida, y consuelo
con libertad, y al hombre
se ha ajustado a su comercio
pasible, y mortal; seguro
haciendo, que así logremos
(aquesto siendo lo más)
todo lo demás, que es menos,
cuando no de sus promesas
debiéramos satisfechos
estar tanto, porque todas,
que se han dirigido a esto
sabemos.
Lo que yo sé
es tan solo, que no entiendo
tanta cosa, como he oído,
mas según lo que me alegro
de oírlas, no soy muy necio,
y que las entiendo digo,
sintiendo, creo, y recreo
que ha nacido nuevo Dios,
que este es buen entendimiento.
Pues ansina yo también
las entiendo, que en defeto
no es menester más, y así
salto, y brinco de contento.
Eso en correr, y saltar
con más de mil escarceos
hacia atrás, y hacia delante
dar ventaja a nadie pienso,
y hacer tantas zapatetas,
volviendo ansí, y revolviendo,
que al dimuño la cabeza
le rompa, hasta echar los sesos.
Presumo, que tendrá duros
los cascos, y que de fuego
los suyos son, y que matan,
este puto allá al infierno
vaya, y a brincos, y saltos,
para que lleguemos presto
a ver al chiquito Dios,
digo yo, que aprovechemos.
Pues iré tan volando,
que no podrá ningún ciervo
alcanzarme, porque ramas,
que me embaracen no tengo.
No te alabes, hasta tanto,
que a cuestas el casamiento
tengas.
Pues si le tuviera
no fuera bastante peso,
aunque desembarazada
la boda anduviera al viento?
Muy malicioso estás, Bato.
Es que dicen, que el que es suelto
bien se lame, y quien me lama
lo que he de comer no quiero,
ni escuchar de los muchachos
llantos, ni el hacer pucheros,
porque en efeto es guisado,
que no ha de entrar en provecho.
A la Culpa.
Cuando tus razones ya
no te hubieran descubierto
por enemigo común
de lo divino, y terreno,
nuestra mayorala próvida,
como sabia, a habernos hecho
aquí capaces bastara,
como a prevenir del riesgo
el reparo en lo posible,
y pues que ya le tenemos
tan posible, como próximo
en quien de todo es el dueño
absoluto, y viene a darle,
dejándote, nos iremos
a lograrle, a tu pesar.
Pues que ya todos dispuestos,
como enterados de todo,
estamos, ved, que es gran yerro
detenernos en buscar
nuestras dichas ni un momento,
De ser cierta la venida
del Mesías, que la temo,
aunque la dudo, y dudando,
a seguirlos no me atrevo,
pues si es cierta, cara a cara
a su presencia no puedo
asistir, aunque mi causa
tiene siempre su derecho,
y mi asistencia habitual
asimismo en ellos tengo,
pues sita en cualquiera forma,
que me hallare, la conservo,
y para mantener aquel
solo a su justicia apelo.
Vase.
Salen Frambullo, y Perusa, gitanos.
Loz ecoz de vozez,
que velozez hienden
el aire, atractivoz
el alma zuspenden,
y hacia zí la arraztran,
cuando maz la zeben,
con dulze armonía,
con violencia leve,
afirmando que oye,
diciendo que entiende
lo que imaginado
aún no lo comprehende,
y aunque ha de ver maz
y entender prometen...
Calla, que ezoz ecoz,
o impulzoz vehementez,
zi no haz entendido,
zi entenderloz quierez,
a loz compañeroz,
y azí digo, atiende.
Ea, gitanilloz,
buzquemoz alegrez
al que Dioz y hombre
a buzcarnoz viene,
y trocando ya
loz malez en bienez,
para nueztroz dañoz,
remedio previene.
En Belén nacido,
que le vean quiere
entre paja y heno
pobre en un pezebre,
que viniendo a dar
riquezaz y bienez,
zobrándole todo
albergue no tiene.
¡Maravilla grande!
Que quitar intente
penaz, quien apenaz
al mundo ze ofrece
que lo zepan todoz
ez lo que pretende,
y de todo el mundo
le buzquen laz gentez,
y azí, aunque gitanoz,
que no ze dezdeñe
de que le buzquemoz
ez tan evidente,
que algún día zediento
puede zer, que llegue
a pedir el agua,
que aunque ze la niegue
alguna gitana,
por eztar doliente
la ofrezca agua viva,
de zu agua en trueque.
Falzaz maravillaz,
Frambullo, refierez,
que admirada el alma
no zabe qué ziente,
puez trocadaz halla
ezta vez laz zuertez,
y en vez de decirlas,
venturaz aprehende,
y para lograrlaz
pazoz diferentez
dimoz con maz fruto,
que otraz muchaz vezez,
y al portal llegamoz
no ziendo, cual zuelen,
el baile y mudanzaz,
puez mudamoz zuerte,
y cáliz le digamos,
cosas reverentes,
que al fin sean bastantes,
para enternecerle.
¡Oh, qué bien, Peruza,
de casto que debes!
Pues ya repitamos
todos juntamente.
Ea, gitanillos,
busquemos alegres,
al que Dios y hombre
a buscarnos viene.
Salen Antón y Gracia, negros.
¿Qué me dice, plima,
de la voz alegle,
que a tolos avisa,
a tolos plebiene,
que ha nacido Dios,
que vayan a beye,
que, aunque so bozal,
yo ben la entiende?
Yo no sé decil
lo que me palece,
que embobada aquí,
so bozal dos vece,
mas tambén dilé,
que aqueya voz quile
hablar con nosotlos,
porque samo genze,
aunque negla, y Dios
para tolos bene.
Eso yo no duda,
que a tolos se oflese,
que de neglos almas,
y de brancos quire.
Vamos a bucalo,
¿por qué detenes?
Haciendo que caminan.
Sígueme, que nada
detenelme puele.
¡Válgame mi Dios niño,
que camina blebe,
aunque buscándote
ninguna palece!
Pero al fin no cansa,
y yo solo senze
lo que mos tardamo,
bástalo Belene.
Ya pleto llegamo
mas, plima, ¿no albielte,
cómo anda camina
tanta dila jente?
Sí, y yo quiseba,
antes que no llegue,
andará al niño,
y mil festa aselle.
Pues, Glacia, camina,
y ligieramente
adilanta pasa.
Vala cuanta pule.
Repara, Peruza,
¿qué negros parece,
que también allá
el camino emprenden?
Sin duda, un poco
de vaya se lleven.
Que estornuda.
¡Achú, achú! ¿Qué es esto,
que tan de repente
me ha dado?
Trambullo,
¿qué es lo que tienes?
No sé, que de humo
narices, y sienes,
las tengo aforradas,
y hace, que reviente.
¡Achú! Yo también
el mismo accidente
parece, que siento,
y se me escurece,
o turba la vista.
Simula, que li siente,
plima, de qué aser
caso, no combene,
y así pasa glabe,
y burlados queden
de su pensamenta
gitanillos.
¿Vuelven?
No por cierto.
Pus,
hacia ellos vente
conmigo: la honrada
compaña, que viene
de prieto, sin duda
que son pretendientes,
y van a la Corte
en ella parientes,
esclavos, que tengan,
Y favores pueden
darnos, pues que ven
que somos probeta,
los gitanos, cuando
allá nos encuentren.
¿Que seamo, o no seamo
qué en eyo se mete?
Pedrada en los blancos.
Que sea en sus dentes,
y a mi plobe bolsa
mas que no la ancielten
las que gitanillos
tiran vus ancedes,
que más esos golpes,
que puyas yo teme.
Oigan, que es el primo
un poco corriente.
Y en poquillo penso
que el color nos mente,
asina con neglo
vosan se reílle
de coltamos uñas,
pol que duras tene.
Y tene como una
plesona, y no mente
su alma, y su sangle
cololada semple,
y aunque se asusta
la colol no pelde.
Vítor los morenos,
que campar bien pueden
entre todo blanco,
y aun azul, y verde.
Y van a ver
al Rey de los reyes,
que en Belén ha hecho
trono de un pesebre,
siendo su camino,
como el nuestro, aqueste,
vamos todos juntos
en compaña alegre.
Vamos, porque el gusto
así se celebre,
y tan grandes dichas,
pregonen placeres
grandes, y muchos.
Pus ansí lo ensuelben,
como quilen sea.
Hagan como quilen.
La fiesta, y el baile
el camino abrevien.
Yo cum plimo Anton
baila zurundequé.
Salen la Naturaleza, Llorente, Peinado, Bato, y Chamorro.
¡Oh, cuánto gusto recibo,
cuánto consuelo me cabe
de ver, que van concurriendo
gentes por diversas partes,
que hacia Belén se encaminan!
Cuando acaso les faltasen
conocimientos, o noticias,
que en avisos celestiales
hemos tenido; ¿no fuera
su llamamiento bastante
a conducirlos?
No hay duda,
pues impulsos naturales,
que se influyen, y más
de un pregón admirable
los ecos, era forzoso
atraerlos, sin que nadie
alegar pueda ignorancia.
Y aunque ese es un homenaje,
que se me debe, no siempre
con él se cumple, y así antes
entiendo, que los impulsos
del Cielo, solo eficaces
Han sido, y como con ellos
cumplan bien, nada desearse
debe más.
Gitanos son
los unos, porque en el traje
lo muestran, los otros negros,
y no suelen conformarse,
mas en la ocasión presente
no hay disensión que embarace:
hablémoslos, y sepamos
si es el mismo su viaje.
Peregrinos extranjeros,
que las muestras y los trajes
lo manifiestan, decid,
sin que nada os embarace,
los intentos que os conducen
a esta parte, a este paraje,
que si es el que yo presumo
de lograr felicidades
tantas, como nos previene
a los años y naturales
nuestro Dios, que hoy ha querido
a todos comunicarse,
viniendo en humano ser,
lo que puedo de mi parte
ofrecer es asistiros,
y guiaros, donde hallen
(siendo así vuestros deseos)
lo que pretenden.
Ya fácil
esta voz, estas razones,
con las que escuchamos antes
nos manifiestan el dueño
de unas y otras.
Reparaste
bien, y también reparo
que deben de ser de ángel,
a nuestro bien dirigiéndose
siempre, luces admirables,
dándonos de los misterios
que hoy ha querido dignarse
obrar Dios.
Por el Dios santo,
que aquesa siora glabe,
Gracia, la be conocido.
Yo duda de su sembrante,
y bella colora, podel
conocella.
Las señales
de su presencia y palabras
que oigo, del propio lenguaje,
con que de Dios la venida
supimos, son ya bastante
a conocella, e genral,
que por algún lado, parte
tengamos con eya, baunque neglos,
que la colora no bace,
pus neglos y blancos
todos tenen una sangle.
Dices ben, pus con nosotros
abró tambén, emepraze
llegar abralla.
Señora,
ninguna aprensión ni extrañez
quisiera aumentaos aquí,
si a las sumas piedades
que viene a usar con nosotros
Dios infinito, se añade
la de los no merecidos
favores que tú nos haces
de tantos modos; y así,
como obligados, puntuales,
a obedecerte dispuestos,
queremos acompañarte,
agradeciendo así humildes
beneficios semejantes.
Y yo tambén, con mi prima,
que con nosotros ablastes,
creo que baunque samo neglo,
que no tiznamos se sabe,
y asina como presona
agradecimenta glande
damo, siora, e quilemo
acompañala adiante.
Es cierto que hablo con cuantas
criaturas racionales
vivientes contiene el mundo,
sin que esto deba extrañarse,
porque es cierto que de mi
ser, gitano o no, tienen parte
todas, y aun digo un todo
en la parte de mortales,
y naturalmente en mí
consiste así el conservarse,
y procurando sus bienes
en lo que es más importante,
a todos llamo, y convoco
a los chicos, y a los grandes,
y así me seguís conformes,
y no desconfíe nadie,
y alentados prosigamos
el camino, cual alcance
nos vemos ya de Belén,
porque casi sus umbrales
tocamos, que divertidos
en discursos agradables
el camino se ha pasado.
Bien se ve que el hospedaje
es, aunque humilde, del sol
divino, pues tantos mares
de rayos, y golfos de luces
se inundan.
a deslumbrarme
llegan de suerte, que temo,
que no he de poder mirarle.
Si no templara sus luces
ningún serafín bastante
fuera a verle cara a cara.
Chamorro, ¿sabrás hallarme?
porque no sé dónde estó.
Calla, que eres ignorante,
si no sabes, que en el cielo
estás.
Digo, que tú sabes
mucho, empero ya veo,
que de rayos relumbrantes
se borda mi probe sayo.
Que sayos, y almas se abrasen,
Bato, será dicha en fuego
divino, que es brando, y suave.
No os detengáis, llegue ya
cada cual a consagrarle
debidas adoraciones
con afectos singulares.
Entrase por una puerta, y todos siguiéndola, y sale por otra y entretanto se descubre el portal con Nuestra Señora, el Niño, y San Joseph, e híncase de rodillas, y dice.
La Naturaleza aquí,
de quien Vos, Señor, quisisteis,
por virtud, que en mí pusisteis,
que procediese de mí
toda criatura, viene,
como primer criatura,
a ofreceros con fe pura
todo el ser, que de Vos tiene,
conmigo también trayendo,
de las que de mí proceden,
las que en esta ocasión pueden
haber venido siguiendo,
reconociéndoos Autor
del ser, que nos habéis dado,
que hoy segundo, y mejorado
viene a darnos vuestro Amor,
y como justas, debidas
humildes sus corazones
os rinden adoraciones,
y alabanzas repetidas,
y fío, que a esta obligación,
(sin que nada se lo estorbe)
ha de concurrir del orbe
la más remota nación.
Levántase.
Lleno aquí de placer tanto
no sé cómo acierte a hablar.
Salve quien viene a salvar
el mundo desde su trono,
salve, soberano abono
de nuestras deudas, y penas,
que hacéis propias las ajenas,
Niño Dios, y sumo bien,
hoy nuevo, y mejor Moisés,
que en la orilla de este río
tiritando estáis de frío,
dejando inmensos espacios
de aquellos sacros palacios,
con tantas armas, y timbres,
y en la cestilla de mimbres
de esta cuna, que de pajas
os da el mundo, en pobres fajas
mostráis con tanta piedad
venir de la inmensidad,
que en todo el Cielo no cabe,
por sacarnos de la grave
prisión de yerros, y clavos,
ya no seremos esclavos
de aquel Príncipe protervo,
pues en la forma de siervo
venís a satisfacer
que solo lo pudo hacer
Dios, a Dios pagando vos,
como Dios, igual a Dios.
¿Cómo os abreviasteis tanto?
agora sí, Niño Santo,
que sois libro, y sois Cordero
vos al principio primero,
y muerto también en él,
como primitivo Abel.
Y porque me persuado,
Señor, que de vuestro agrado,
es cierto que no desdice
oferta, que simbolice
aquesta inocencia, quiero
ofreceros un Cordero,
admitid la cortedad,
mirando a la voluntad,
que con el alma os dedico,
y en víctima os sacrifico.
Emperatriz Soberana,
por quien tanto el Mundo gana,
logrando ya la esperanza
del remedio, que hoy alcanza
a esa Majestad cifrada,
Reina ilustre preservada
de la culpa original,
¿solo este humilde portal,
que albergarle pueda, hallasteis?
Vos que el feudo no pagasteis
de culpa, que no tuvisteis,
¿a dar tributo venisteis
al César mortal de Roma?
¿Cómo, cándida Paloma,
tan pobre el Cielo os dispuso
el nido, en la piedra incluso
de tan humilde mesón?
Maravillas todas son,
que si admirarlas podemos,
en igual grado debemos
alabar la providencia
suma, la suma clemencia,
que por tan diversos modos
al bien atiende de todos.
Llega Peinado.
Como en alabaros cortos,
en la admiración absortos
es fuerza, Señor, quedar,
llegando aquí a contemplar
piedades, que usáis inmensas
tantas a vuestras expensas,
que al fin, para recibirlas,
solo el querer admitirlas
de nuestra parte ponemos,
si es que bien nos disponemos.
Y ahora, Sagrado Niño,
parecéis cándido armiño,
que con el lodo de Adán
los hombres cogiendo están,
y así el Isaac verdadero
tiernamente os considero,
y que vuestro amor prepara
desde aquí la sacra ara
al más alto sacrificio,
que infinito beneficio
nos dispone, y le contemplo
singular, y sin ejemplo,
siendo Sacerdote, y Víctima
que de saludable pócima
contra aquel mortal veneno,
de que el mundo dejó lleno
La venenosa serpiente,
que a una mujer imprudente
engañando, engañó a dos,
mas por eso venís vos,
santa, prudente, y discreta
Abigail más perfecta,
a reparar tantos daños,
trayendo en tan pobres paños
al tierno David divino,
que no quiso, que el camino
prevenga vuestro desvelo,
como la otra en el Carmelo
de regalos, y presentes
sobre camellos valientes,
mostrando con evidencia,
que de su amor la excelencia
liberal se funda en dar,
pues lo que pudo quitar
allí una Eva, aquí en una Ave
restaura, y Ave, que es nave
siempre limpia, y sin recelos,
nos trae el pan de los Cielos,
y pues lo sois todo vos,
por cuyo medio, de Dios
logramos bienes doblados,
os damos multiplicados
parabienes de haber sido
la que tanto ha merecido;
y mi humildad os ofrece,
aunque tanto desmerece,
de higos un pan, y de pan
blancas roscas, que serán
morenas, si es que al candor
se miran de ese esplendor.
Y a vos, Joseph venerable,
dadme licencia que os hable,
pero ¿qué diré de vos,
si sois Rafael de Dios
en este nuevo camino?
Pues ¿cómo al niño divino
le queréis hacer Tobías?
Quitando de la envidia arpías
a su inocencia acomodes,
pretendiendo el pez Herodes
tragársele tierno infante,
¿no es bien que vaya delante
hoy del divino Emanuel
Joseph, como Raphael?
Decís muy bien, y confieso
de mi ignorancia el exceso,
y estos presentes, mi Dios,
aunque humildes para vos,
os dignad de recibir,
porque os podamos decir,
que estas palmas idumeas,
con las ramas giganteas,
no tienen de oro racimos,
de dátiles más opimos,
que, haciendo los brazos palmas,
os damos racimos de almas.
Alevántanse.
Llegan Bato, y Chamorro.
Para llegar a adoraros,
quiero echarme por el suelo,
mas no hallo suelo, que es Cielo
cuando en él llego a miraros.
¿Posible es, que a tal bajeza
venga un Mayoral tan rico,
que vestir quiera el pellico
de nuestra naturaleza?
Mas si el sol, aunque de lleno
dé en el lodo, limpio queda,
no es mucho, que esto os suceda,
siendo sol más puro, y bueno.
Mas ya veo, que a sacarnos
del lodo, en que estamos, venís,
y que por eso os vestís
traje, que llega a admirarnos.
Y vos, de quien se tomó,
Señora, el Santa Santorum,
in secula seculorum
sois, donde se guardó.
Aquí para paladearle
os traigo, Virgen Divina,
esta miel alejandrina,
que más no tengo que darle.
Y aunque yo so un mentecato,
bien sé, mi Dios, y mi niño,
que todo cuanto cariño
es escuchado este rato,
todo es poco, y nada es cuanto
os han estado diciendo,
que al fin se os queda debiendo
infinito, más, y tanto,
y solamente quisiera
abrirvos yo, contemplando,
mis quillotros espricando
por diferente manera,
que tantos dellos me bullen
de crabeles, y de rosas,
y por éstas, y otras cosas
las palabras se escabullen,
mas que rosas ni claveles
se habían de comparar
con quien los sabe pintar
de su mano, sin pinceles,
y en todo lleváis la gala
de hermosura, y de pureza,
porque inocencia, y belleza
solo en vos veo que iguala,
aunque tengo mis barruntos,
si es que mi magín no miente,
que tendréis por inocente
más de mil peligros juntos,
guardavos pues de tal abismo,
que en Jerusalén tetrarca
tenemos, oh monarca,
que él es un Herodes mismo,
y tiene (cosa es sabida)
talle, que no ha de dejar,
como él lo pueda pescar,
ningún inocente a vida,
y aunque vos no lo ignoráis,
como es él tan mala pesca,
yo digo, que de esta gresca,
mal que le pese, escapáis.
Guardadle muy bien, Señora,
y vos también, Santo Viejo,
y si admetís mi consejo,
no esperéis aquí ni un hora,
que yo, que lo diga, abonda,
aunque so un simple, y si es que
queréis mi compaña, iré
con mi cayado, y mi honda,
y si me guiáis la mano,
como en los antiguos días,
cuando al gigante Golías
derribó David, villano,
que aunque a buscaros os salgan
gigantes, ni gigantillas,
de Herodes, ni de Herodillas,
que sus fuerzas no le valgan,
y de Herodes solo no hablo,
que es la Herodillas maldita,
y en bailar, ni hablar, pepita
no tien, que es peor que el diabro,
y de galas no hablo al humo,
porque cabeza segura
no ha de haber de su locura,
si se le antoja, presumo,
y a mi coidado atended,
ya que no os traigo otro don,
y que me deis el perdón
os soplico, de merced,
pues si tengo de decillo,
a Mazarrones un tarro,
que os traía, era de barro,
y se hicieron batorrillo.
Levántanse, y llegan Trambullo, y Antón.
Aunque en todo diferentes
los gitanos y guineos
vienen, Señor, diligentes,
muy conformes en deseos
a adoraros reverentes.
Junto, y alegle venimo,
sen nenguna competenza,
porque solo competimo,
pol llegal a esa plesenza,
a quien tolo no vendimo.
Vuestra piedad alabamos
hoy todos, pues so que todos
obligados lo debemos,
cuando por iguales modos
nos obligan sus extremos.
Cuando damo la alabanza,
como al fin somo obrigado,
conocemo ma gananza,
porque dais biene dobrado
por cualquera bona andanza.
Y que no por ser gitanos
nos desechéis me prometo,
pues por respetos humanos,
para todos en efeto
tenéis abiertas las manos.
Ni tampoco desechado
seamo, Sior, lo glizo,
que aunque de color ahumado
estamo, honrada gentío,
ya todos habéis vos llamado.
Procuraremos lograr
tal ocasión, sin pereza
(entre todas singular)
la gitana ligereza
sabiendo así aprovechar.
En tan dichosa ocason,
que aprobechalo quilemo
se plomete el colason
y que, baunque tolpe, alcansemo,
que le saneis su aflición.
Y que Egipto os ha de ver
alguna vez, y acogida
en él habéis de tener
sospecho, y ya prevenida
os la quedo aquí ofrecer.
Tamben la gente guinea
serviros con bona ley
oflese, aunque allá no os bea,
e pensa, que hasta su rey
en buscaros ya se emplea.
Si la que, siendo de todos,
hacéis vuestra granjería,
lograrla por varios modos
podemos, y en tal porfía
entrarnos hasta los codos.
Sen codos, ne uñas, yo pensa
lograr tan santa codicia,
porque al fin este sospensa
hoy en toda la malicia,
que es arma de mucha ofensa.
Tantas dichas celebrando,
extremos no perdonemos,
que todos son pocos, cuando
las dichas por los extremos
de gracia nos estáis dando.
Toda la dicha e gloriosa,
pero dicha, que la gloria
la llegará a baser gloriosa,
lible de tola disglaria
es dicha más que dichosa.
Levántanse.
Si podremo ya llegar
nosotra, que estamo atenta,
Aquí le voy a mostrar
que tenéis de cumplimenta,
sino también para obrar.
Sí, que pues común hacéis
el bien, sea el alborozo
común también, el debido,
y célebre nuestro gozo,
al que a darnos le ha venido.
Llegan los dos.
A celebrar yo no acierta
tamaña misericordia,
como me entráis por la puerta,
que con palabra concordia
la discurra, no concierta.
Deciros, ya no procura
por costumbre, ni interés
mi estilo buena ventura,
pues, trocado, a vuestros pies
la mayor mía asegura.
Pero con todo eso, quiero
deciros algunas cositas,
que, si bien las considero,
sino en mis libros escritas,
están en mejor letrero.
Clavel os admiro hermoso,
que el pimpollo desplegado,
toda alegría, y reposo,
descubriéndoos encarnado,
nos ofrecéis amoroso.
De esa carita de rosa
no hay gracia, que no la cuadre,
mi lengua, y no fabulosa,
que igual sois a vuestro Padre,
aunque niño, a deciros ha.
Ojos de enamoradito
tenéis, si en ello reparo,
pues rondando desnudito
contra el frío, sin reparo,
venís disimuladito.
Cierta amorosa afición,
por más que disimuléis
cubrís en el corazón,
pero mirad lo que hacéis,
que os matará la pasión,
que amenazan enemigos
vuestra inocencia crueles
me parece, más amigos
no os faltarán también fieles,
quistos, y otros dan testigos
de la noble ejecutoria,
que enemigos, perdonando,
ensalce allí vuestra gloria,
y a los amigos premiando,
todos os canten victoria.
También a Vos digo ahora
Madre, de Hijo el más querido,
de divina gracia Aurora,
que le temo ya perdido,
cuenta pues con Él, Señora.
Mas será sabio, y dotor,
y aunque de otros la desgracia
no le escuche (por su error)
de nueva Ley, muy de Gracia
ha de ser legislador.
Cuánta la cosa sabéis
vosotra la gitanilla,
mas yo pensa no entendéis
la mitad de maravilla,
que a lo presente aquí veis,
Pero yo entender sabrá
con mi ruda entendimenta,
que el Cielo en la tierra está,
pues aunque chica aposenta,
a Dios grande como allá.
ansina no, que le andad
por rodeo, ni en pregunta,
ni respuesta. Ya gastad
El tempo, cuando allá junta
la ventura, sen rodeal,
y ansina aplobechalle tlata
todo en alabanza suya,
pus mi bintula se tlata
de negra en branca, no argüya
mi correspondencia inglata.
Y a vos, a quen confelamo,
que benutanza debemo,
tambén la glaria le damo,
y esclabo nos oflecemo
neglo, que en seio ganamo,
que esclavitud embidiala
de la migol libeltad,
y libeltad, mi solada,
será la nuestra en beldad,
si de vos fuese asetada.
Basel pues, Siñola, ya
branco con tal beneficio
a lo neglo, que selá
branco de vuestro servicio,
que al más branco embidiara.
Pus así camina a tasa
nostla dicha, y ponga fin
el adufe, y la sonada
a nostla plática, sin
que andemo más en balada,
y nostla aliglia empiece
a mostlarse con mil danzas.
Vaya pues, que ya se ofrece
a mudanza, con mudanza
el deseo, y aun parece,
que la castañeta salta
en las manos.
Pues los pies
la cabriola tan alta
harán a la haz, y al envés.
Solo siendo ansí, ¿qué falta?
Solo que a la parte entremos
los demás con la vihuela,
que prevenida traemos,
y que a todos nos desvela,
fiesta tan grande mostremos.
Pues juntos al regocijo
ayudemos, que ninguno
habrá, que a Madre, y a Hijo
no festeje.
Y cada uno
en complillo estará fijo.
Canta Naturaleza.
Venga enhorabuena,
venga a la tierra
el que, Dios inmenso,
humano se muestra,
y el que nuestras dichas
piadoso concierta.
Venga enhorabuena,
venga a la tierra.
Cantan Bato, y una zagala.
Venga enhorabuena,
venga a la tierra
el que, por guiarnos
a la patria eterna,
peregrino viene
a hospedarse en esta.
Venga enhorabuena,
venga a la tierra.
Cantan los gitanos.
Venga enhorabuena,
venga a la tierra
el que todo el mal
hoy quita, y destierra
y todo el bien junto
nos trae, cuando llega.
Venga enhorabuena,
venga a la tierra.
Cantan los negros.
Venga enhorabuena,
venga a la tierra
el que a darnos viene
libertad perpetua,
rompiendo los hierros
de nuestras cadenas.
Venga enhorabuena,
venga a la tierra.
Fin del auto.