Temístocles
General ateniense desterrado y protagonista de la obra; busca amparo en Persia, defiende su inocencia ante Jerjes y sostiene hasta el final que un hijo noble no debe vengarse de su patria.
José de Cañizares
Veröffentlichungsdatum der Zusammenfassung: 18. Juni 2026
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Zitiervorschlag
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la corte de Susa, durante los preparativos bélicos de Jerjes contra Grecia, Egipto y Lidia, el desterrado ateniense Temístocles se presenta voluntariamente ante el rey persa mientras su hijo Neoclides reencuentra allí a Eufrosine y entra al servicio musical de Cleonisa. Ante la acusación del embajador ateniense Lisandro, Jerjes escucha en público la defensa de Temístocles, rechaza entregarlo a Atenas y, admirado por su grandeza, lo honra con premios y dignidades en vez de castigarlo. Cuando Jerjes intenta obligarlo a mandar la guerra contra Grecia o a beber veneno, Temístocles prefiere la muerte antes que vengarse de su patria, y esa firmeza provoca la reconciliación final entre Persia y Grecia y la boda de Neoclides con Eufrosine.
La acción se inicia en la corte persa de Susa, en un momento de movilización militar ordenada por Jerjes contra Grecia, Egipto y Lidia. A ese espacio llegan como extranjeros Temístocles, célebre general ateniense desterrado por su patria, su hijo Neoclides y el criado Tulipán, ocultando al principio su identidad. En las puertas del palacio son protegidos por Artabano, capitán de la guardia, que les facilita el acceso. Temístocles explica a su hijo que, aunque Atenas le haya perseguido injustamente, un hijo noble no debe vengarse de su patria, afirmación que da título moral a la obra. Mientras tanto, Jerjes manifiesta ante sus cortesanos tanto su odio hacia Temístocles, vencedor suyo en el pasado, como su preocupación por la tristeza de su sobrina Cleonisa, que vive en duelo por la muerte de su padre Aquémenes en la rebelión de Egipto. En el ámbito palaciego se introduce además Eufrosine, noble ateniense cautiva y dama de Cleonisa, a quien Neoclides había amado en Atenas y que reaparece inesperadamente; ambos, junto con sus criados, se reconocen con sorpresa en el jardín y aposentos de las damas. Cuando finalmente Temístocles comparece ante Jerjes, finge primero ofrecer la entrega del propio Temístocles para asegurarse audiencia, y enseguida se revela a sí mismo con extraordinaria audacia, dejando suspendidos al rey y a toda la corte.
En la segunda jornada, el centro de la acción pasa al juicio político y moral de Temístocles. Antes de la audiencia se desarrollan varias intrigas afectivas: Neoclides, admitido como músico al servicio de Cleonisa, intenta proteger a su padre; Eufrosine le ayuda, aunque entre ambos persiste la tensión amorosa; y Cleonisa, cada vez más interesada en el joven, empieza a recordar que él fue probablemente quien la salvó durante la sublevación egipcia. En el gran salón real comparecen también Lisandro, hijo de Aristides y embajador de Atenas, enemigo declarado de Temístocles y hermano de Eufrosine. Lisandro presenta una larga acusación oficial contra el héroe ateniense, culpándolo de ambición, abuso de poder, enriquecimiento, maniobras políticas y traición, además de advertir a Jerjes del peligro de acogerlo. Temístocles responde punto por punto con una defensa en la que convierte sus supuestos delitos en servicios prestados a Atenas: la construcción de naves, la política de reconciliación interna, la interpretación del oráculo y la resistencia frente a Persia. Reconoce haber vencido a Jerjes, pero niega toda traición y denuncia la ingratitud de su patria. Jerjes, tras escuchar el parecer de los persas, decide no castigarlo, sino premiarlo, porque considera que perdonarlo sería insuficiente si en realidad no ha cometido culpa alguna. Por ello lo abraza públicamente, le concede ciudades y dignidades, rechaza la petición ateniense y declara que su clemencia y grandeza quedan engrandecidas precisamente por el valor de Temístocles. Pese a este favor inmenso, el ateniense insiste en que no puede obrar contra su patria, y vuelve a proclamar que no hay venganza legítima contra ella, aunque ella haya sido ingrata.
La tercera jornada lleva el conflicto a su forma extrema. Temístocles, ya colmado de honores y consultado por Jerjes en asuntos de gobierno, sigue siendo presionado por distintos personajes: Lisandro quiere marcharse de Susa y recuperar a su hermana Eufrosine; Rojanes solicita ayuda para obtener permiso de partida; y en el plano amoroso se aclara definitivamente que Eufrosine ama a Neoclides y que Cleonisa, pese a sus celos y vacilaciones, se inclina también hacia él. Pero el nudo decisivo llega cuando Jerjes, preparando sus campañas contra Egipto, Lidia y Grecia, decide que Temístocles sea precisamente el general de la expedición contra Grecia. Temístocles se niega con firmeza y razona que, si vence, destruirá a su patria y será un traidor; y si no vence, también será tenido por traidor a Persia. Jerjes aparenta ceder, pero en una escena solemne de banquete público le ofrece una elección brutal: aceptar el bastón de general contra Grecia o beber una copa envenenada. Temístocles toma el bastón solo para devolverlo y reafirmar que antes prefiere morir a vengarse de su patria; incluso sostiene que la ingratitud hacia Jerjes sería menor mal que la venganza contra la madre patria. Cuando se dispone a beber el veneno, después de despedirse de su hijo, de Lisandro y de todos los presentes, Jerjes detiene su mano, vencido por una constancia que ya no puede someter. Entonces ratifica la paz entre Persia y Grecia, proclama la gloria de Temístocles y transforma el conflicto en reconciliación. El desenlace une además a Neoclides con Eufrosine en matrimonio, mientras Cleonisa reconoce generosamente esa unión y recibe compensación regia con otra alianza política; así, la obra concluye con la exaltación del heroísmo, la clemencia real, la paz entre enemigos y la imposibilidad moral de tomar venganza contra la propia patria.
General ateniense desterrado y protagonista de la obra; busca amparo en Persia, defiende su inocencia ante Jerjes y sostiene hasta el final que un hijo noble no debe vengarse de su patria.
Rey de Persia, antiguo enemigo de Temístocles; oscila entre el rencor y la admiración, lo somete a una prueba extrema y termina reconociendo su grandeza con clemencia y honores.
Hijo de Temístocles; acompaña a su padre en el exilio, entra en palacio como músico y mantiene una relación amorosa con Eufrosine, además de despertar el interés de Cleonisa.
Noble ateniense cautiva al servicio de Cleonisa; antigua amada de Neoclides y hermana de Lisandro, interviene en las tramas amorosas y en la mediación entre los personajes griegos y persas.
Sobrina de Jerjes e hija de Aquémenes; vive en Persia sumida en tristeza por la muerte de su padre, protege el espacio cortesano donde actúan Neoclides y Eufrosine, y se interesa afectivamente por el joven.
Embajador de Atenas e hijo de Aristides; acusa a Temístocles en nombre de la república y procura también recuperar a su hermana Eufrosine para llevarla de vuelta a Grecia.
Noble persa cercano a Jerjes; participa en las decisiones políticas y militares, favorece algunos contactos cortesanos y representa una voz influyente en la corte.
Capitán de la guardia real; protege inicialmente a los extranjeros, facilita su entrada en palacio y sirve de intermediario entre Jerjes y Temístocles.
Criado gracioso de Neoclides y Temístocles; aporta comicidad, comenta los peligros de la acción y sirve de acompañante en los enredos palaciegos.
Marco central de la acción política y dramática; allí se desarrollan la acogida de Temístocles, su juicio, los debates militares y la resolución final.
Espacio principal de encuentros, audiencias y conflictos cortesanos; sus accesos, salas y aposentos organizan la trama de reconocimientos, sospechas y favores.
Lugar de las audiencias públicas donde Lisandro acusa a Temístocles, este se defiende ante Jerjes y se deciden su perdón, sus honores y la política persa hacia Grecia.
Ámbito de la trama amorosa y musical; allí se producen el reencuentro entre Neoclides y Eufrosine, los cantos cortesanos y los celos de Cleonisa y Darieo.
Escenario solemne de la prueba definitiva impuesta por Jerjes, donde Temístocles debe elegir entre encabezar la guerra contra Grecia o beber la copa envenenada.
Espacio ausente pero decisivo, constantemente evocado como patria de Temístocles, origen de la acusación política y objeto moral del conflicto sobre la venganza.
Territorio recordado por la rebelión en la que murió Aquémenes y donde, según se refiere, Neoclides salvó a Cleonisa; su memoria influye en varios vínculos afectivos y políticos.
La obra gira en torno a la idea de que ni siquiera la ingratitud, el destierro o la persecución justifican que un hombre noble se vuelva contra su propia patria.
Jerjes pasa del deseo de castigo a una clemencia que presenta como superior a la simple venganza, y su relación con Temístocles sirve para pensar el poder como juicio y magnanimidad.
Temístocles se ve dividido entre el agradecimiento debido a Jerjes y la fidelidad debida a Atenas, lo que crea un problema de honra imposible de resolver salvo mediante la firmeza moral.
Atenas aparece como una comunidad capaz de desterrar y acusar al mismo héroe que la salvó, mostrando el contraste entre el servicio público y la recompensa política.
La acción se sitúa en un contexto de campañas militares, pero culmina en una paz negociada y simbólica entre Persia y Grecia gracias a la conducta de Temístocles.
Las relaciones entre Neoclides, Eufrosine y Cleonisa desarrollan una trama afectiva de reencuentros, favores, canciones y malentendidos que acompaña la acción principal.
La llegada de Temístocles y los suyos como extranjeros desconocidos, así como los sucesivos reconocimientos entre griegos y persas, sostienen buena parte de la tensión dramática.