María
Figura central de la obra; virgen consagrada en el templo, de santidad excepcional, cuyo voto de virginidad y posterior desposorio articulan toda la acción.
Juan Caxés
Veröffentlichungsdatum der Zusammenfassung: 18. Juni 2026
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Zitiervorschlag
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Jerusalén, y de modo principal en el templo, se anuncia con júbilo celestial el matrimonio de María, joven consagrada de linaje davídico cuya vida santa hace esperar la redención futura. Cuando los sacerdotes quieren casarla conforme a la ley, María defiende su voto de virginidad, y la disputa se resuelve consultando a Dios, que ordena elegir esposo mediante el milagro de una vara florecida. Entre los descendientes de David reunidos para la prueba, José resulta elegido al florecer su vara, y así se celebran sus desposorios con María como unión santa, castísima y providencial.
La obra presenta, desde el comienzo, una celebración cósmica del inminente desposorio de María. Cielo, tierra, mar y criaturas aparecen convocados a alegrarse porque en María se prepara el remedio de la caída de Adán y el cumplimiento de antiguas profecías. Regocijo, figura alegórica que expresa la alegría universal, dialoga con personajes que ayudan a situar la acción en Jerusalén y en su templo, donde María vive consagrada. Un personaje rústico evoca su infancia, la santidad extraordinaria de la niña y la admiración que despierta desde su nacimiento. También se recuerda su linaje davídico y su presentación en el templo, donde lleva una vida de oración, trabajo y lectura de los profetas. Todo ello prepara el conflicto principal: llegada ya a la edad en que la ley dispone su matrimonio, los sacerdotes tratan de casarla, mientras se subraya que su pureza y su elección divina la distinguen de cualquier otra mujer.
El núcleo del auto se desarrolla cuando María manifiesta con firmeza que ha ofrecido a Dios voto de virginidad y que no desea apartarse de lo prometido. Frente a ella, la autoridad sacerdotal le recuerda la obligación de salir del templo y acomodarse a la ley común de Israel, apoyándose incluso en ejemplos de mujeres santas del Antiguo Testamento que fueron esposas y madres. María responde que su determinación no nace de capricho, sino de obediencia a la voluntad divina. Ante una situación tan nueva, los sacerdotes deciden consultar a Dios. La respuesta llega por medio angélico: se dispone que comparezcan los varones descendientes de David y que cada uno lleve una vara; aquel cuya vara florezca será el esposo señalado por el cielo. Mientras se anuncia esta prueba, la obra insiste en que el matrimonio de María no anulará su virginidad, porque su verdadero y misterioso vínculo con Dios permanece intacto y el futuro esposo deberá encajar en ese designio sobrenatural.
En la parte final acuden numerosos pretendientes, nobles y mozos del linaje de David, con sus varas y esperanzas puestas en la elección. Entre ellos destaca José, que se muestra humilde, reacio a pretender a María y consciente de su propia pobreza e indignidad ante una mujer tan excelsa; aun así, acepta obedecer la voluntad divina. Se realiza entonces la prueba y florece milagrosamente la vara de José, señal inequívoca de que ha sido el elegido. El prodigio provoca admiración general, deshace las dudas y acalla la rivalidad de los demás pretendientes. A continuación se celebra el desposorio de José y María en el templo, con intervención del sacerdote y bajo la aprobación del cielo. El auto concluye presentando esta unión como matrimonio santo y castísimo, causa de alegría para el cielo y de esperanza para el mundo, porque de ella dependerá el futuro cumplimiento de la Encarnación y, en consecuencia, la redención humana esperada desde antiguo.
Figura central de la obra; virgen consagrada en el templo, de santidad excepcional, cuyo voto de virginidad y posterior desposorio articulan toda la acción.
Descendiente de David elegido milagrosamente como esposo de María; se presenta humilde, obediente y consciente del carácter extraordinario de la unión.
Personaje alegórico que expresa la alegría universal ante los desposorios y vincula el matrimonio de María con la futura redención del mundo.
Autoridad del templo que interviene en la decisión sobre el matrimonio de María, consulta a Dios y confirma finalmente los desposorios.
Mensajero celestial asociado al anuncio y ordenación divina del proceso, especialmente en lo relativo al sentido providencial del matrimonio.
Personaje vinculado al templo y al desarrollo ceremonial de la elección; el texto conservado no permite precisarlo de forma inequívoca, pero participa en la comprobación del signo milagroso.
Conjunto de mozos y varones convocados para la prueba de las varas; representan la competencia humana que queda anulada por la elección divina.
Personaje que recuerda la niñez de María y testimonia, desde una perspectiva popular, la admiración que suscita su pureza desde el nacimiento.
Espacio principal de la acción; allí vive María, allí surge el conflicto sobre su futuro y allí se realiza la elección de José y la celebración del desposorio.
Marco urbano y sagrado en el que se sitúa la obra; su alegría colectiva subraya la importancia pública y religiosa del acontecimiento.
Ámbito desde el que se contempla, celebra y dirige la acción mediante voces angélicas y señales divinas, en estrecha relación con el destino de María.
Espacio genealógico y simbólico del que proceden María, José y los pretendientes convocados; fundamenta la legitimidad de la elección matrimonial.
Conjunto de tierra, mar, campos, flores y criaturas que reaccionan al acontecimiento y convierten el desposorio en un hecho de alcance cósmico.
La obra desarrolla la tensión entre el voto de virginidad de María y su matrimonio con José, resuelto como designio divino que no destruye su pureza.
El conflicto humano se decide por una señal sobrenatural, la vara florecida de José, que muestra que el verdadero criterio de elección procede de Dios.
Los desposorios se presentan como paso previo y necesario para la venida de Cristo y para el cumplimiento de las promesas de salvación.
Tanto María como José aceptan lo que Dios dispone, incluso cuando supera sus propios deseos o su comprensión inmediata.
La acción enlaza las exigencias legales del pueblo de Israel con las antiguas profecías, mostrando que ambas convergen en la historia de María.
El desposorio no afecta solo a los personajes inmediatos, sino a toda la creación, que celebra en él el comienzo del remedio para la caída de la humanidad.