La acción se inicia cuando el conde de Belflor es atacado de noche en el camino por varios hombres y es socorrido por don Juan Ladrón de Guevara, soldado recién vuelto de Flandes. A partir de ese encuentro ambos se reconocen como caballeros nobles y traban amistad. El conde cuenta entonces la causa del peligro en que se ha visto: durante una estancia en un lugar de su señorío cercano a Toledo, y después de asistir a unas fiestas en la ciudad, siguió al anochecer a dos mujeres hasta su casa; desde una ventana contempló a una joven de extraordinaria hermosura, entró temerariamente en su aposento y, aunque ella le pidió que se retirase por respeto a su padre, quedó prendado de ella. Tras salir de la casa fue acometido por varios hombres, y al ser llamado de vuelta a Toledo por una carta de la dama, regresó con presteza. Mientras tanto, don Juan refiere su propia historia: su padre, don Alonso de Guzmán y Guevara, empobrecido por antiguos gastos, quiso casarlo con una mujer rica pero de baja condición para remediar la hacienda familiar; él se negó por honor, salió a servir al rey en Flandes y prometió no volver a presentarse ante su padre y su hermana hasta haber ganado honra y mercedes suficientes. Ya de regreso a España, y sin haber llegado aún a Toledo por fidelidad a esa promesa, acompaña al conde a Madrid como huésped y amigo.
Pronto se descubre el nudo del conflicto. La joven amada por el conde es doña Ana, hija de don Alonso y hermana de don Juan, aunque en un primer momento este parentesco no se conoce plenamente entre los personajes. El padre de Ana, celoso de su honor, sospecha por las cuchilladas oídas y por la presencia nocturna del conde junto a su casa; cuando intenta castigar a su hija, el conde irrumpe, la libra de sus brazos y la saca de Toledo, llevándola a Madrid y ocultándola en casa de don Juan. Allí el conde le declara amor y le da palabra de casarse con ella cuando antes haya puesto en estado a su propia hermana Elvira. Paralelamente, Elvira se enamora de don Juan al tratarlo en la casa, y con ayuda de su criada Julia procura atraerlo; sin embargo, don Juan, aunque reconoce sentirse inclinado, rehúsa corresponderle por lealtad al conde, su amigo. La situación se complica cuando Julia hace introducir a don Juan a oscuras en una estancia de la misma casa para un encuentro amoroso y, al descubrirse el engaño, el conde cree ver confirmada la deshonra de su hermana. En medio del tumulto, don Juan sostiene su inocencia y el conde, dividido entre la obligación de vengar su honor y la palabra dada de no ofender a Ana, termina ocultando a su hermana en lugar secreto mientras ambos aplazan la solución. Entretanto, don Alonso recibe noticias confusas según las cuales su hijo, ya vuelto de Flandes, vive como gran amigo del mismo conde que lo ha afrentado, por lo que viaja a Madrid desesperado por la aparente pasividad de don Juan.
En la tercera jornada, Ana oye que el conde tramita licencia para un casamiento secreto y cree que va a abandonarla para unirse a otra mujer; por ello se presenta airada en casa del conde y lo acusa públicamente de haberla engañado. Ese estallido coincide con la llegada de una carta de don Alonso a manos de don Juan, traída por su alférez, en la que el padre le ordena vengar en sangre la afrenta de sus canas y el rapto de su hija. Debatiéndose entre la amistad debida al conde, el amor de Elvira y la obligación filial de restaurar el honor, don Juan cita al conde a un duelo y le pide que, como amigo, le aconseje qué debe hacer. El conde, sin rehuir su responsabilidad, le responde que un caballero desafiado no puede volver atrás y que la satisfacción del honor está en la espada; pero llegado el enfrentamiento, advierte en don Juan tal nobleza y contención que reconoce su altura moral. Don Alonso, que ha presenciado oculto parte de la escena, comprende entonces que su hijo no ha sido traidor a la casa. Finalmente todos se reúnen y el anciano, poniéndose a los pies del conde, solicita reparación. El conde la concede aceptando a doña Ana por esposa y, a la vez, favorece la unión de don Juan con su hermana Elvira, con lo que se restauran el honor del padre, la amistad entre los caballeros y el orden familiar. La obra concluye con esta doble concordia, completada por la trama cómica de Zerote, criado cobarde y casado a la fuerza con Julia, que queda integrado en el desenlace festivo.