Catalina
Protagonista de la obra; mujer famosa en Roma por su hermosura, riqueza y vida escandalosa, que pasa de la vanidad y el deleite mundano a una profunda conversión penitente.
Juan Bautista Diamante o Pedro Lanini y Sagredo
Veröffentlichungsdatum der Zusammenfassung: 18. Juni 2026
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Zitiervorschlag
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Roma cortesana de la obra, Catalina vive entregada al lujo, al amor mundano y a la ostentación hasta que santo Domingo de Guzmán entra en su vida, le da el rosario y prepara con su predicación el camino de su cambio. Tras varios prodigios, una comedia sobre la Magdalena y una visita decisiva de Cristo a la casa de Catalina, la protagonista abandona sus galas, rechaza su vida pasada y se convierte en penitente. En la fase final, entre engaños del Demonio, la muerte de Lupercio y el retiro espiritual de Catalina, la gracia vence, varios personajes se corrigen y la heroína muere santamente en Roma como nueva Magdalena.
La acción se sitúa en Roma y comienza en el ambiente mundano de Catalina, mujer hermosa, rica y escandalosamente entregada al lujo, al galanteo y a las fiestas. Entre sus pretendientes destacan Lupercio, valentón arrogante favorecido por ella, y Leonardo, que sufre sus desdenes; también la acompañan Porcia, Rosaura y sus criados. Frente a ese mundo de vanidad aparece santo Domingo de Guzmán, predicador español que mueve a devoción a Roma y promueve la construcción de un convento dedicado a la Virgen. Durante las obras se derrumba una parte del edificio antiguo y un peón queda muerto; Domingo lo resucita por intercesión mariana y el prodigio impresiona a todos, aunque Catalina persiste en su soberbia. Poco después, el santo entra en casa de Catalina y le entrega un rosario, explicándole con detalle sus misterios; ella queda interiormente turbada, sin atreverse todavía a rendirse. Domingo, viendo la dureza de su corazón, pide auxilio divino, y una revelación celestial le asegura que la conversión de Catalina está ya dispuesta por Dios.
En la segunda jornada prosigue por algún tiempo la vida festiva de Catalina, que prepara diversiones para celebrar sus años, incluso una comedia sobre María Magdalena. Sin embargo, al representar el episodio evangélico del arrepentimiento, Catalina se siente de pronto conmovida y pronuncia palabras de penitencia que sorprenden a los presentes; aunque intenta reducir el hecho a un efecto pasajero, la inquietud espiritual ya ha comenzado. Paralelamente, Leonardo mata a Lupercio y oculta el crimen, mientras el Demonio decide servirse de la muerte del galán para estorbar la gracia divina y precipitar a varios personajes en nuevos engaños. Disfrazado con apariencia de Lupercio y favorecido por una previa visión en la que Cristo mismo había prometido rescatar a Catalina, el proceso de conversión llega a su punto decisivo: al anochecer, Cristo, primero bajo forma humana atractiva y luego manifestándose como crucificado, cena en casa de Catalina, deja visible la sangre de su sacrificio y la reprende amorosamente por su vida pasada. Ante esta presencia, Catalina rompe con sus adornos, abandona sus pompas, se declara penitente y decide trocar su antigua identidad profana por la de una nueva Magdalena de Roma.
La tercera jornada muestra a Catalina ya entregada a una penitencia extrema, despojada de sus galas, dada al llanto, a la oración y al retiro. El Demonio, todavía bajo la figura de Lupercio y también mediante falsas apariencias de Rosaura, Porcia, Filipo y Leonardo, intenta persuadirla de que vuelva al amor humano y al mundo, e incluso procura desacreditar su virtud haciéndola pasar por fingida; sin embargo, Catalina resiste, y santo Domingo descubre y deshace el engaño diabólico ante todos. La protagonista exhorta entonces a los demás a abandonar el cautiverio del pecado, y sus palabras, unidas a los prodigios de Dios, mueven a conversión a varios de los personajes, que se encaminan hacia matrimonios ordenados o hacia una vida más recta. Finalmente se revela también el destino de Lupercio: muerto a manos de Leonardo, su alma sufre hasta que Catalina, contemplando a Cristo en el sepulcro, le aplica el fruto de su oración y le ayuda a alcanzar descanso. Avisada por la Virgen de que su fin se acerca, Catalina muere santamente, consolada por la certeza del perdón y por la enmienda de quienes la rodean; así culmina su tránsito de cortesana soberbia a figura penitente y ejemplar, la «Magdalena de Roma».
Protagonista de la obra; mujer famosa en Roma por su hermosura, riqueza y vida escandalosa, que pasa de la vanidad y el deleite mundano a una profunda conversión penitente.
Predicador y guía espiritual de Catalina; impulsa la devoción del rosario, obra milagrosamente en Roma y actúa como mediador principal de la gracia divina.
Galán favorecido por Catalina al comienzo, hombre pendenciero y valiente; es asesinado por Leonardo y su figura sirve después de máscara al Demonio para tentar a la protagonista.
Pretendiente despechado de Catalina y antes vinculado a Rosaura; movido por los celos, mata a Lupercio y contribuye al conflicto amoroso y moral de la obra.
Amiga de Catalina que, influida por los sermones de Domingo, muestra primero inclinación devota; su trayectoria vacila y queda implicada en los engaños y desengaños del grupo.
Amiga cercana de Catalina y participante en sus fiestas y representaciones; forma parte del ambiente mundano del que la protagonista acaba apartándose.
Caballero relacionado con Porcia, integrado en el círculo festivo y amoroso de Catalina; termina encaminándose a una resolución más ordenada al final.
Criada de Catalina, observadora cercana de los cambios de su señora y mediadora práctica en escenas domésticas decisivas, como la cena con Cristo.
Fraile o hermano vinculado a santo Domingo, con función cómica y auxiliar; participa en la petición de limosnas y en varias escenas conventuales.
Fuerza antagonista central en la última parte; adopta apariencias ajenas, especialmente la de Lupercio, para impedir la conversión de Catalina y confundir a los demás.
Marco general de la acción, presentado como ciudad de corte, devoción y escándalo, donde conviven el lujo mundano de Catalina y la predicación reformadora de santo Domingo.
Espacio decisivo de la vida profana al inicio y del encuentro transformador con Cristo después; en ella se celebran banquetes, ensayos, recepciones y la cena que precipita su conversión.
Lugar asociado a la caridad, la devoción mariana y los milagros; allí se produce el derrumbe del edificio y la resurrección del peón, que anuncian el poder espiritual del santo.
Espacio de recogimiento desde el que el santo suplica por Catalina y recibe revelaciones celestiales sobre su futura conversión.
Lugar espiritual y escénico ligado a la meditación de Catalina sobre Cristo muerto; allí culminan su penitencia, la ayuda al alma de Lupercio y la preparación de su tránsito final.
Espacios de saraos, músicas, máscaras y sociabilidad urbana donde se manifiesta la vida mundana de los personajes y donde también se despliegan algunos engaños del Demonio.
La obra narra el paso de Catalina desde una vida de soberbia, sensualidad y escándalo a una existencia de arrepentimiento, oración y mortificación.
Dios busca activamente a la pecadora, la corrige con amor, la llama por medio de Cristo y de la Virgen y muestra que ningún pecado queda fuera de su perdón si hay arrepentimiento verdadero.
El rosario aparece como instrumento de enseñanza espiritual, protección y gracia, especialmente por mediación de santo Domingo y de la Virgen.
La acción se organiza como combate entre la intervención salvadora de Dios y las trampas del Demonio, que intenta frustrar la conversión mediante engaños y apariencias.
Fiestas, galanes, adornos, riqueza y fama son presentados como bienes inestables que Catalina abandona al comprender su vacío y fragilidad.
La obra insiste en la incertidumbre de la vida, en la necesidad de prepararse para la muerte y en el destino eterno de las almas, como se ve en Catalina y en Lupercio.
Los amores humanos, marcados por celos, violencia y posesión, son corregidos o desplazados por un amor superior, orientado hacia Dios y hacia vínculos legítimos.