Susana
Protagonista de la comedia; esposa de Joaquín, modelo de castidad e inocencia, perseguida por una falsa acusación de adulterio y finalmente vindicada.
Francisco de la Torre y Sevil
Veröffentlichungsdatum der Zusammenfassung: 18. Juni 2026
Warnung
Nachfolgend wird eine noch nicht redigierte automatische Zusammenfassung des Werks vorgestellt, die mit ChatGPT erstellt wurde (Modell 5.4) aus dem verfügbaren Text. Sie kann Fehler und Auslassungen enthalten. Wenn Sie Probleme oder Unstimmigkeiten feststellen, kontaktieren Sie uns bitte, damit wir Aktualisierungen einarbeiten können.
Zitiervorschlag
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un jardín de Babilonia que funciona como imagen del paraíso, Susana y Joaquín viven apartados de la corrupción mientras la Verdad y la Justicia combaten alegóricamente al Tiempo y al Engaño. La acción entrelaza la historia de Susana con episodios de Daniel ante Nabucodonosor, de modo que los sueños, el horno, los leones y las falsas apariencias refuerzan una defensa de la pureza y de la exención del pecado. Cuando los jueces Acab y Sedequías intentan forzar a Susana y la acusan falsamente de adulterio, Daniel demuestra la contradicción de sus testimonios, salva su honra y conduce a un desenlace de castigo para los calumniadores y de victoria para la verdad.
La obra se abre con un amplio marco alegórico en el que la Verdad y la Justicia expulsan del paraíso al Tiempo y al Engaño, porque la inconstancia y la mentira no pueden permanecer en el ámbito de la pureza. A partir de ese conflicto inicial se expone una ley general: todos pecaron en Adán, aunque existe una exención singular para dos figuras, Cristo y María, simbolizados como sol y azucena. Esta doctrina se anuncia mediante una larga serie de ejemplos tomados de personajes bíblicos y santos, y se declara que la historia de Susana y Joaquín servirá para probar dramáticamente esa excepción. En ese contexto aparece el Cuidado de Dios, que presenta a Joaquín y a Susana como esposos hebreos que viven en Babilonia, apartados de la corrupción general en una estancia-jardín que funciona como figura del paraíso dentro del mundo cautivo. Susana, aunque libre de culpa, se duele por la suerte de su pueblo sometido por Nabucodonosor, y Joaquín la consuela exaltando su pureza y su condición privilegiada. Paralelamente se introducen personajes alegóricos y cómicos, como Pergamino, criado del Tiempo y del Engaño, cuya intervención sirve para tramar papeles, recados y burlas, así como para anunciar que los jueces del pueblo son los perversos Acab y Sedequías.
La acción se amplía con episodios tomados del libro de Daniel. Nabucodonosor recibe en su palacio al joven Daniel, cautivo hebreo, y, tras un primer diálogo en el que el muchacho distingue entre la obediencia del cuerpo y la libertad del alma, el rey sueña con la estatua de diversos metales destruida por una piedra. Daniel adivina y explica el sueño, interpretándolo como anuncio de la sucesión de los imperios y de la venida del Mesías; sin embargo, el rey, en lugar de humillarse, manda levantar una estatua de oro para que todos la adoren. La negativa de los tres jóvenes hebreos a rendir culto al ídolo lleva a su condena al horno, del que salen indemnes, y este milagro es leído por la Verdad, la Justicia, la Exención y la Ley como figura de la inmunidad de María frente al pecado original. Mientras tanto, en el jardín de Joaquín se desarrolla una serie de escenas en las que Acab y Sedequías, y antes incluso el ridículo Pergamino, manifiestan un deseo desordenado hacia la Verdad o hacia Susana. La burla preparada contra Pergamino castiga su atrevimiento, pero la amenaza más grave viene de los dos jueces, que acuden al jardín con intención de seducir a Susana. Antes de consumarse el conflicto principal, la obra insiste en su dimensión alegórica mediante cantos y parlamentos en los que la hermosura de Susana se identifica con una pureza sin mancha y con la defensa de una verdad superior.
En la tercera jornada los dos jueces vuelven al jardín y, al descubrir que ambos desean a Susana, deciden unir sus fuerzas. Cuando Susana se dispone a bañarse y hace salir a sus acompañantes, Acab y Sedequías salen de su escondite, le declaran su pasión y, al ser rechazados, la amenazan con acusarla falsamente de adulterio con un joven. Susana, aunque comprende que su honra y su vida corren peligro, prefiere morir inocente antes que ceder y manchar su alma. Los jueces ponen entonces en marcha la calumnia, afirman haberla visto con un mancebo junto a un árbol del jardín y logran que sea llevada a juicio y condenada, en una escena que subraya la ausencia provisional de Justicia y Verdad y la intervención hostil de la Duda y el Rigor. Al mismo tiempo se presenta en paralelo la prisión de Daniel entre los leones, de donde también será librado. Cuando Susana está ya sentenciada, Daniel interviene en nombre del juicio divino, separa a los dos acusadores y los interroga por separado sobre el árbol bajo el cual habrían visto el supuesto delito. Como uno responde que fue un granado y el otro un almendro, queda patente la contradicción de sus testimonios y, con ella, la inocencia de Susana. Los jueces son condenados, Nabucodonosor aparece finalmente degradado a condición bestial, y la obra concluye con la restitución del honor de Susana, el triunfo de Joaquín y la proclamación festiva de que este caso demuestra, en clave alegórica, la verdad y la justicia de una concepción sin mancha atribuida a María.
Protagonista de la comedia; esposa de Joaquín, modelo de castidad e inocencia, perseguida por una falsa acusación de adulterio y finalmente vindicada.
Esposo de Susana, noble hebreo residente en Babilonia; protege, alaba y simboliza el amparo legítimo de la protagonista, aunque su defensa efectiva se consuma a través de Daniel.
Joven hebreo favorecido por Dios, intérprete de sueños y juez decisivo en el desenlace; desenmascara a los falsos acusadores y salva a Susana.
Uno de los dos jueces del pueblo; representa, además de su papel histórico en la intriga, una fuerza de engaño y corrupción que desea a Susana y fabrica la calumnia.
Segundo juez cómplice de Acab; comparte el deseo lascivo, participa en la amenaza y sostiene el falso testimonio contra Susana.
Rey de Babilonia, tirano idolátrico en los episodios de Daniel; su soberbia y sus sueños sirven como marco paralelo y alegórico de la acción principal.
Personaje alegórico de gran peso dramático; custodia la pureza del jardín, interpreta los sucesos y sostiene doctrinalmente la inocencia y la exención de Susana.
Personaje alegórico asociado al castigo recto y a la defensa del orden; acompaña a la Verdad y participa en la proclamación final de la inocencia.
Criado del Tiempo y figura cómica; actúa como mensajero, secretario y comentarista burlesco, enlazando la intriga alegórica con la acción humana.
Espacio central de la obra; en Babilonia funciona como lugar de retiro, pureza y recreo, pero también como escenario de la tentación, la amenaza y la falsa acusación.
Marco general de la acción histórica y alegórica; representa el mundo de la cautividad, la confusión y el poder tiránico de Nabucodonosor.
Lugar donde se desarrollan los episodios de Daniel, especialmente los sueños del rey, su interpretación y las decisiones idolátricas que afectan a los hebreos.
Espacio de prueba y milagro en la historia de los tres jóvenes hebreos; adquiere un valor ejemplar dentro de la lectura alegórica de la obra.
Lugar de castigo de Daniel en la tercera jornada; su función es establecer un paralelo con el peligro de Susana y con la intervención salvadora de Dios.
Espacio simbólico de la apertura, donde Verdad y Justicia expulsan al Tiempo y al Engaño y fijan el marco doctrinal de toda la comedia.
La acción gira en torno a la defensa de Susana frente al deseo ilícito de los jueces y frente a una acusación que pretende destruir su honra.
La obra opone de forma constante la verdad de los hechos y del juicio divino a la mentira, la apariencia y la manipulación de los malvados.
El conflicto culmina cuando Daniel somete a prueba a los acusadores y demuestra su contradicción, restaurando el honor de la inocente y castigando la calumnia.
Según la alegoría dominante, el caso de Susana sirve para ilustrar una exención singular de la culpa común heredada de Adán, aplicada explícitamente a María.
Dios protege a Susana, a Daniel y a los jóvenes hebreos, convirtiendo los episodios de riesgo en manifestaciones de amparo sobrenatural.
La figura de Nabucodonosor muestra la soberbia del poder terreno, su pretensión de dominio absoluto y su oposición al verdadero Dios.