Don Juan de Peralta
Alférez sevillano, veterano de Flandes, pobre pero noble y casado con Beatriz; su vida doméstica, su amistad con don Luis y su devoción a la Virgen articulan buena parte de la acción.
Francisco de Villegas y José Rojo
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Zitiervorschlag
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Madrid y sus alrededores, don Luis de Silva conoce al alférez don Juan de Peralta, cuya pobreza honrada y devoción a la Virgen de los Remedios estructuran una trama de amistad, honra y socorro milagroso. La pasión de doña Clara por don Luis se complica cuando se descubre que ella y su hermano, bajo apariencia cristiana, son moriscos implicados en una conspiración situada en los años de la expulsión, probablemente en 1609. Tras un naufragio en la costa de Tetuán, los protagonistas caen cautivos, pero varios milagros marianos, junto con rescates y conversiones finales, conducen a la liberación de la familia de Peralta y al cierre religioso de la acción.
La obra comienza en Madrid, junto al puente Toledano, donde don Luis de Silva, caballero de la Orden de San Juan, y su criado Rincón se detienen antes de ir a una posada. En ese lugar presencian una riña y don Luis socorre a un desconocido, que resulta ser don Juan de Peralta, alférez sevillano pobre y veterano de Flandes. Nace entre ambos una amistad inmediata, y cada uno refiere su historia: Peralta ha servido al rey, se casó con la virtuosa Beatriz y vive con apuros en la corte mientras solicita recompensa; don Luis, tercer hermano sin herencia, fue desengañado por un antiguo amor y acaba de acudir a Madrid llamado por una dama, doña Clara, a quien conoció en las fiestas de Illescas. Cuando el escudero Rosales viene a buscar a don Luis, este se separa de Peralta. Paralelamente se descubre que Fernando de Cabrera, enamorado de Beatriz, intenta derribar su honestidad aprovechando la pobreza del matrimonio y deja a su puerta un bolsillo con oro; Peralta lo encuentra, sospecha una amenaza contra el honor de su casa y, en vez de usarlo, lo entrega a la redención de cautivos de la Merced y se encomienda a la Virgen de los Remedios, de la que su esposa e hija se declaran esclavas devotas.
Poco después se revela que doña Clara y su hermano Fernando no son cristianos viejos, sino moriscos ocultos llamados Zara y Zulema, implicados en una conjura más amplia de los moriscos de España, que el texto sitúa en vísperas de la expulsión decretada por la monarquía. Antes de que esta verdad salga del todo a la luz, Clara intenta atraer a don Luis a su casa fingiendo identidad valenciana y proponiéndole matrimonio con grandes riquezas, pero el engaño se descubre y Rincón, advertido por un tío de don Luis, informa a su amo de que se trata de moriscos. En la segunda jornada, don Luis vuelve solo para despedirse de Clara y entonces ella le declara con mayor franqueza su pasión; sin embargo, él se niega porque la Cruz de San Juan le impide casarse y porque ya conoce la condición de la casa. Al mismo tiempo, Zulema narra a su hermana la derrota de los planes moriscos y la inminente expulsión, por lo que decide huir con ella a Berbería, mientras Hamete, primo de ambos y corsario africano, queda ligado al grupo. Paralelamente, la Virgen sigue socorriendo milagrosamente a Peralta: cada día halla dinero en la capilla de los Remedios, su pretensión en la corte se despacha favorablemente y se le concede plaza en Sicilia con ayuda de costa. Don Luis decide partir también hacia Malta, mientras Rincón, en clave cómica, anuncia su deseo de quedarse en la Merced como lego.
El viaje de Peralta, Beatriz, su hija Margarita y don Luis acaba en desastre cuando una tormenta arroja su embarcación a la costa de Tetuán y son capturados por moros. En tierra africana, Zulema persiste en su deseo de poseer a Beatriz y Hamete retiene a don Luis; cuando Peralta defiende el honor de su esposa con un puñal, es condenado a muerte. La acción entra entonces en su fase milagrosa: en la cárcel, la Virgen de los Remedios se le aparece o se le manifiesta en visión, le deja un hierro con el que rompe las cadenas y huye; Beatriz, por su parte, pide a la Virgen que le quite la hermosura si esta provoca su persecución, y ante los ojos de Zulema aparece monstruosamente fea, mientras para los cristianos sigue siendo hermosa. A Tetuán llegan además un redentor de la Merced y Rincón, que ayudan a encauzar rescates y aportan información. Don Luis rechaza finalmente el amor de Zara por incompatibilidad de fe, honra y estado, pero Hamete, inclinado ya hacia el cristianismo, se alía con él y promete facilitar la fuga. En el desenlace, la Virgen obra otro prodigio cuando tres perlas de Margarita pesan tanto como la niña y permiten rescatarla; Zulema, derrotado y turbado, queda apartado, Zara vuelve a reconocerse como Clara y se dispone a casarse con Hamete después de su conversión, mientras don Luis resuelve profesar en la Merced. Así, tras cautiverio, pobreza, persecución amorosa y milagros de redención, la comedia concluye exaltando a la Virgen morena de los Remedios y convirtiendo la esclavitud padecida en una dicha espiritual y providencial.
Alférez sevillano, veterano de Flandes, pobre pero noble y casado con Beatriz; su vida doméstica, su amistad con don Luis y su devoción a la Virgen articulan buena parte de la acción.
Caballero de la Orden de San Juan, de linaje toledano y escasos recursos por no ser mayorazgo; ayuda a Peralta, es pretendido por Clara y acaba orientando su destino hacia la vida religiosa.
Esposa de don Juan de Peralta, modelo de virtud y firmeza; resiste el acoso de Fernando o Zulema y protagoniza varios de los episodios milagrosos vinculados a la Virgen de los Remedios.
Joven morisca que vive encubierta como dama cristiana; se enamora intensamente de don Luis, participa en la trama del engaño y termina vinculada a una posible conversión y matrimonio con Hamete.
Hermano de Clara, también morisco encubierto; pretende deshonrar a Beatriz, interviene en la conjura morisca y ejerce como principal antagonista de la familia de Peralta.
Primo de Zara y Zulema, corsario o jefe moro en Berbería; cautiva a los cristianos, pero luego se inclina a favorecer a don Luis y a Zara, y se perfila su futura conversión.
Hija pequeña de don Juan y Beatriz, de notable ingenio y devoción; participa decisivamente en el milagro final de las perlas con que se logra su rescate.
Criado de don Luis y figura cómica principal; aporta noticias, desenmascara engaños y acompaña finalmente la acción de rescate en Tetuán.
Escudero de doña Clara, mediador entre ella y don Luis en los primeros encuentros madrileños.
Criado vinculado a Fernando o Zulema, conocedor de varios secretos de la intriga y colaborador en sus maniobras.
Marco principal de la primera parte de la obra; en sus calles, puentes, casas e iglesias se cruzan la amistad entre los protagonistas, el engaño amoroso y la pobreza cortesana.
Espacio devocional central donde se manifiesta la protección mariana mediante limosnas y señales milagrosas, y desde el que se articula la redención de cautivos.
Ámbito doméstico de la pobreza honrada, del peligro que amenaza la honra de Beatriz y de los primeros prodigios relacionados con el bolsillo de oro.
Lugar del encuentro entre don Luis y Peralta, del primer combate y del inicio efectivo de la amistad que sostiene la trama.
Espacio del engaño identitario y de la pasión amorosa de Clara, donde se hace visible la duplicidad entre apariencia cristiana y realidad morisca.
Lugar recordado en el relato de don Luis, donde conoce a Clara durante unas fiestas y se origina la línea amorosa principal.
Escenario dominante de la tercera jornada, donde se produce el cautiverio, la amenaza de violencia, los rescates y la resolución final.
Espacio de máxima opresión dramática, en el que Peralta es encadenado y del que sale gracias a la intervención milagrosa de la Virgen.
Espacio de tránsito entre España y el norte de África; la tormenta y el apresamiento en él transforman la comedia cortesana en drama de cautiverio.
La obra presenta a la Virgen de los Remedios como protectora activa de sus esclavos, capaz de socorrer económicamente, liberar cautivos y alterar de modo milagroso el curso de los acontecimientos.
El paso de los personajes desde la pobreza y la dependencia hasta la prisión física en Berbería convierte la libertad en un bien central, tanto material como espiritual.
La defensa del honor de Beatriz y su negativa constante a ceder ante el acoso amoroso impulsan varios de los conflictos principales de la obra.
Tanto Peralta como don Luis pertenecen a linajes honrados pero viven con escasez, lo que permite mostrar la precariedad de soldados y segundones en la corte.
La relación entre don Luis y Clara fracasa por la oposición entre la Cruz de San Juan, la identidad morisca de ella y los límites del honor cristiano.
Los nombres fingidos, las apariencias cristianas de los moriscos y las tramas de simulación organizan buena parte del enredo dramático.
La obra incorpora de forma explícita la conspiración morisca y su derrota, enmarcando la acción en el clima histórico de la expulsión y de la confrontación entre cristianos y musulmanes.
Varios personajes orientan su desenlace hacia una redefinición religiosa o vocacional, especialmente Hamete y don Luis, lo que da a la comedia un cierre de fuerte sentido espiritual.