Beatriz, reina de Hungría
Esposa del rey Ladislao y eje moral de la obra; padece una falsa acusación de adulterio, defiende su honor con firmeza y es milagrosamente amparada por la Virgen.
Antonio Enríquez Gómez (Fernando de Zárate)
Veröffentlichungsdatum der Zusammenfassung: 18. Juni 2026
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Zitiervorschlag
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la corte de Hungría, mientras el rey Ladislao parte a la guerra contra Polonia, el infante Federico enferma de amor por Beatriz, reina y esposa de su hermano, a quien conoció antes del viaje nupcial desde Inglaterra. Con ayuda del astuto Plutino, Federico intenta quebrar la fidelidad de la reina mediante falsas cartas, músicas y engaños, pero el regreso secreto del rey provoca un error trágico: Ladislao cree deshonrada a Beatriz y ordena su ceguera y abandono en un monte. Salvada milagrosamente por la Virgen en el día de la Concepción, Beatriz recupera la vista, demuestra su inocencia, desenmascara la conjura y obtiene al final el perdón de Federico, que es apartado de la corte y casado con la duquesa Diana.
La acción se sitúa en la corte de Hungría y arranca con la grave melancolía del infante Federico, hermano del rey Ladislao. Llamado a su presencia, el astrólogo y consejero Plutino averigua que la causa de su enfermedad es una pasión ilícita: durante su embajada a Inglaterra para concertar las bodas de Ladislao con la infanta Beatriz, Federico quedó prendado de ella y, ya celebrada la boda y consumado el traslado a Hungría, su amor se volvió obsesión culpable. Cuando el rey parte a la guerra contra Polonia, deja el gobierno del reino en manos de la reina y del infante. Entonces Plutino, enemigo de la fe cristiana y de la devoción mariana de Beatriz, aprovecha la ausencia del monarca para alentar el deseo de Federico y trazar un plan de seducción y engaño. Paralelamente, la duquesa Diana cree, por lo que le sugiere Melocotón, que el infante puede inclinarse hacia ella, lo que añade una línea secundaria de equívocos amorosos en la corte.
Plutino pone en marcha su intriga haciendo llegar una carta supuestamente enviada por el rey, en la que Ladislao ordenaría repudiar a Beatriz para casarse con Libia, princesa de Epiro o de Polonia, extremo que el texto transmitido presenta con alguna vacilación. Con esa noticia pretende quebrar la firmeza de la reina y empujarla a corresponder al infante, pero Beatriz se mantiene leal a su esposo y declara que no puede arrancar de su corazón la imagen del rey aunque este la aborrezca. Federico, sin embargo, insiste y termina confesándole su amor. La situación se agrava cuando el verdadero rey, que ha regresado secretamente a palacio, cree sorprender al conde Octavio saliendo del cuarto de la reina; en realidad, la puerta había sido abierta por la trama del propio Federico y Plutino. Cegado por los celos y por su antigua inclinación hacia Libia, Ladislao manda prender a Octavio y dicta contra Beatriz un castigo terrible: que le saquen los ojos y la abandonen en un monte para morir despedazada por las fieras. La reina, convertida en víctima inocente, acepta el sufrimiento sin renunciar a su honor y se encomienda a la Virgen en el día de la Concepción.
En la tercera jornada se cumple la sentencia y Beatriz es llevada al monte, donde, ya ciega, reafirma su inocencia y su devoción a la Inmaculada Concepción. Allí recibe la visita milagrosa de una zagala que se identifica alegóricamente con María, hija de Ana y madre del Hijo que redime al mundo; esta figura sobrenatural le revela la verdad de la conjura de Federico y Plutino y le devuelve la vista como premio a su fe. Mientras tanto, Federico intenta rescatar a la reina para llevársela a Belflor y hacerla suya, pero Beatriz rechaza de nuevo la propuesta y defiende con energía la integridad del honor conyugal. Cuando el rey prepara sus nuevas bodas con Libia, la providencia permite que Beatriz reaparezca en palacio bajo apariencia confundida con la princesa esperada, lo que conduce al desengaño final. Quedando al descubierto que Octavio era inocente, que la reina fue calumniada y que Federico había abierto el postigo y promovido toda la cadena de delitos, Ladislao ordena castigar al infante y a sus cómplices; no obstante, Beatriz intercede generosamente por Federico y pide clemencia. El rey revoca la pena capital, dispone que Federico se case con la duquesa Diana y sea desterrado de la corte, y restituye plenamente la honra de la reina, cuya inocencia y protección mariana quedan solemnemente vindicadas.
Esposa del rey Ladislao y eje moral de la obra; padece una falsa acusación de adulterio, defiende su honor con firmeza y es milagrosamente amparada por la Virgen.
Hermano del rey y protagonista del conflicto; se enamora ilícitamente de Beatriz, enferma de melancolía amorosa y promueve, con ayuda ajena, la intriga que desencadena la tragedia.
Monarca de Hungría y esposo de Beatriz; su regreso secreto, sus celos y su antigua inclinación hacia Libia le llevan a condenar injustamente a la reina antes de reconocer la verdad.
Astrólogo, mago o consejero de signo maligno, enemigo de la devoción cristiana; incita a Federico, maquina los engaños y funciona como principal agente de la intriga.
Dama de alta condición enamorada del infante o inclinada hacia él; su papel es secundario durante la intriga amorosa, pero resulta decisivo en el desenlace al casarse con Federico.
Criado gracioso vinculado al infante, intermediario en conversaciones amorosas y fuente de noticias y equívocos cortesanos.
Caballero de la corte a quien el rey toma por amante de la reina al verlo salir del cuarto; su prisión evidencia el alcance del error y de los celos regios.
Princesa cuya relación con el rey desencadena los celos y el proyecto de repudio; el texto no permite fijar sin duda absoluta si procede de Epiro o de Polonia, aunque su función dramática sí es clara.
Figura sobrenatural que se presenta como pastora y se identifica alegóricamente con la Virgen María; consuela a Beatriz, le revela la verdad y le devuelve la vista.
Espacio central de la acción cortesana, donde se desarrollan la enfermedad amorosa del infante, el gobierno compartido, los engaños de Plutino y el reconocimiento final.
Lugar decisivo para la intriga, pues allí se concentran la devoción de Beatriz, el postigo secreto, el malentendido del rey y la prueba de la castidad de la reina.
Ámbito próximo a las habitaciones reales desde el que se organizan músicas, serenatas y maniobras de seducción destinadas a conmover o distraer a la reina.
Espacio de suplicio y revelación adonde Beatriz es conducida para ser cegada y abandonada; allí se produce el milagro mariano y el rechazo definitivo de la propuesta de Federico.
Estado o provincia vinculada a Federico, concebida como posible refugio político y amoroso al que el infante quiere llevar a la reina para apartarla de Hungría.
Lugar evocado en la narración retrospectiva donde Federico vio por primera vez a Beatriz al ir a solicitar su mano para el rey, origen remoto de todo el conflicto.
La trama gira en torno a la acusación injusta contra la reina y a la restauración pública de su honra, que ella mantiene intacta frente a amenazas, violencia y calumnia.
El amor de Federico por la esposa de su hermano se presenta como una fuerza culpable que destruye la razón, altera la lealtad familiar y provoca delitos y escándalos.
El rey, movido por sospechas y por una percepción engañosa de los hechos, convierte un indicio falso en sentencia cruel, mostrando el peligro de gobernar desde la pasión.
La obra subraya de manera constante la piedad de Beatriz hacia la Virgen concebida sin pecado y atribuye a esa devoción su amparo milagroso, especialmente en la recuperación de la vista.
Cartas fingidas, disfraces, puertas secretas, músicas y maniobras de intermediarios articulan una trama de fraude que enreda a los personajes y desencadena la crisis.
En el desenlace, la reina no se limita a probar su inocencia, sino que intercede por quien la ofendió, y así la justicia regia se modera mediante la misericordia.