Lot
Protagonista de la obra, sobrino de Abrahán y modelo de varón justo, hospitalario y temeroso de Dios, que vive en Sodoma rodeado de corrupción y termina salvado del castigo divino.
Álvaro Cubillo de Aragón
Veröffentlichungsdatum der Zusammenfassung: 18. Juni 2026
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Zitiervorschlag
Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un marco bíblico situado en Sodoma, en la ribera del Jordán y sus ciudades vecinas, Lot vive como hombre justo, socorre a pobres y peregrinos y reprende sin éxito a un pueblo entregado al lujo y al pecado. Tras la intercesión de Abrahán, dos ángeles llegan a casa de Lot para comprobar el estado de la ciudad, y la violencia del pueblo contra esos huéspedes confirma la corrupción general y la inminencia del castigo. Lot huye con parte de su familia hacia Segor, mientras sus yernos incrédulos perecen y su mujer queda convertida en estatua de sal, al tiempo que Sodoma es destruida por fuego divino como escarmiento de soberbia y desenfreno.
La obra presenta a Lot como ejemplo de varón justo en medio de una sociedad corrompida. Tras una victoria militar atribuida por el rey de Canaán al auxilio de Abrahán y Lot, este rechaza todo honor humano y afirma que solo Dios merece la gloria. Su actitud contrasta con la soberbia del rey y con el ambiente de placer de Sodoma, ciudad entregada al lujo, la sensualidad y el desprecio de la ley divina. Lot vive allí con su familia, dedicado a la hospitalidad y al socorro de los pobres, mientras reprende sin descanso los vicios públicos. También se dispone el posible matrimonio de sus hijas, Noela y Bartena, con Nacor y Taré, a quienes Lot exhorta a mostrar virtud verdadera mediante la caridad y el temor de Dios. En paralelo, el rey y sus cortesanos convierten el deleite en norma de gobierno, organizan fiestas y mascaradas y reciben con irritación las advertencias morales de Lot, que llega a recordarles el diluvio y otros castigos divinos para moverlos al arrepentimiento.
En la segunda jornada la acción se amplía con la intervención divina. Dios, manifestado en tres personas ante Abrahán, le anuncia el nacimiento de Isaac y le revela el propósito de examinar y castigar a Sodoma por sus culpas. Abrahán intercede con insistencia para que la ciudad sea perdonada si en ella se encuentran justos suficientes, y obtiene la promesa de que bastarían diez para suspender la pena. Mientras tanto, en el entorno de Lot continúan las relaciones amorosas entre sus hijas y los dos pretendientes, pero el padre insiste en que sin obras de misericordia y obediencia a Dios no habrá matrimonio. La corrupción de Sodoma se hace entonces más visible: el rey funda una especie de academia del gusto y sus consejeros defienden el ocio, la satisfacción del apetito y el desprecio de toda obligación moral. En ese contexto llegan a la puerta de la ciudad dos peregrinos de extraordinaria belleza, que Lot acoge en su casa. La multitud, excitada por un deseo desordenado, exige que le sean entregados; Lot intenta defender a los huéspedes y contener al pueblo, y entonces los visitantes muestran su poder sobrenatural, dejan ciegos a los agresores y salvan a su anfitrión.
En la tercera jornada los peregrinos revelan a Lot que son ángeles enviados para destruir las cinco ciudades de la comarca, pues ni siquiera se han hallado en ellas los diez justos pedidos por Abrahán. Le mandan que avise a su familia y abandone Sodoma sin demora. Lot comunica la amenaza a sus futuros yernos, pero estos lo toman por loco y desoyen el aviso, de modo que quedan excluidos de la salvación. Sus hijas y su mujer, en cambio, obedecen y se preparan para huir. Lot pide refugiarse no en el monte, sino en la cercana Segor, y obtiene esa gracia. Mientras el rey y su corte persisten en el banquete, el canto y la exaltación del placer, empiezan a manifestarse señales terribles en el cielo. Finalmente cae sobre Sodoma el castigo anunciado: fuego y ruina consumen la ciudad y a sus habitantes. En la fuga, la mujer de Lot desobedece la orden de no volver la vista atrás y queda convertida en estatua de sal, mientras Lot y sus hijas alcanzan Segor y reconocen, entre lágrimas, la misericordia de Dios que los ha librado.
Protagonista de la obra, sobrino de Abrahán y modelo de varón justo, hospitalario y temeroso de Dios, que vive en Sodoma rodeado de corrupción y termina salvado del castigo divino.
Figura principal del poder político de la ciudad, entregado al placer, la soberbia y la blasfemia; se opone a las advertencias de Lot y encarna el desorden moral colectivo.
Tío de Lot y siervo ejemplar de Dios, cuya fe y obediencia son exaltadas; intercede ante Dios para intentar salvar Sodoma si en ella hubiera justos suficientes.
Dos mensajeros celestes que llegan con apariencia humana, son hospedados por Lot, castigan la violencia de los sodomitas y ejecutan la orden de salvar al justo y destruir las ciudades culpables.
Una de las hijas de Lot, pretendida por Nacor; obedece a su padre y participa en la huida final de la ciudad.
La otra hija de Lot, pretendida por Taré; comparte con su hermana la obediencia familiar y la salvación concedida a la casa de Lot.
Pretendiente de Noela y personaje importante en el entorno de Lot; aunque inicialmente aspira a emparentar con él, desprecia sus avisos y no cree en el castigo anunciado.
Pretendiente de Bartena, paralelo a Nacor; su incredulidad ante las palabras de Lot lo deja fuera de la salvación.
Favorita del rey y figura destacada del ámbito cortesano del deleite, asociada a las fiestas, lisonjas y placeres que dominan la vida de Sodoma.
Pastor criado de Lot, de función cómica, que comenta con lenguaje rústico los sucesos y sirve de contraste con la gravedad del argumento principal.
Espacio central de la acción, ciudad donde vive Lot y donde se concentra la corrupción moral, la vida de placer y finalmente el castigo de fuego.
Lugar decisivo de hospitalidad y refugio, donde Lot acoge a pobres y peregrinos, protege a los ángeles y se manifiesta su virtud frente a la violencia exterior.
Espacio de tránsito y vigilancia donde Lot espera a los peregrinos necesitados y donde encuentra a los dos ángeles antes de llevarlos a su casa.
Escenario de fiestas, banquetes, música y debates sobre el deleite, que representa el poder político de Sodoma y su oposición a la moral defendida por Lot.
Ciudad cercana a la que Lot pide retirarse y en la que encuentra amparo mientras las demás ciudades son destruidas.
Refugio inicialmente indicado por los ángeles para escapar del desastre; su mención subraya la urgencia de abandonar la llanura condenada.
Marco territorial asociado a la fertilidad que atrajo a Lot a esta región y que explica el asentamiento en unas tierras prósperas convertidas luego en escenario de pecado.
Espacio no descrito con gran detalle en el texto conservado, pero fundamental como lugar de la teofanía y de la intercesión que antecede al juicio sobre Sodoma.
La obra muestra cómo Dios, después de admitir la intercesión de Abrahán, castiga finalmente a Sodoma al no hallar en ella justos suficientes para suspender la sentencia.
Lot aparece como ejemplo de caridad, humildad, hospitalidad y fidelidad a Dios en medio de una sociedad hostil a esas virtudes.
El rey y los habitantes de Sodoma viven dominados por el placer, la vanidad y el apetito, hasta convertir esos vicios en norma pública y motivo principal de su ruina.
La acogida de forasteros y necesitados define la conducta de Lot y se presenta como señal concreta de justicia frente a la dureza de los sodomitas.
La negociación de Abrahán con Dios subraya que la justicia divina no es arbitraria, sino que da lugar a la clemencia y busca fundamento para perdonar.
Se salvan quienes obedecen el aviso celestial y perecen quienes lo desprecian, como los yernos de Lot y, de otro modo, su mujer al volver la vista atrás.
Los discursos de Lot insisten en que la pompa, la riqueza y el poder humano son pasajeros y quedan anulados ante la muerte y el juicio de Dios.
La conducta del rey convierte el gobierno en administración del deleite y de la lisonja, renunciando a la justicia y favoreciendo el desorden moral de la ciudad.